Miguel Delibes: “El disputado voto del señor Cayo”; análisis y propuesta didáctica

MIGUEL DELIBES – El disputado voto del señor Cayo (1978)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
I
Estamos seguramente en 1977, en una capital de provincias, en plena campaña electoral, parece que la primera tras la recuperación de la democracia en España (1977). Víctor es el candidato de un partido político para el congreso de los diputados. No es de la provincia; fue enviado desde Madrid. Hace poco ha finalizado la dictadura franquista. No tiene buena salud. Es un hombre sereno y razonador. Charla con Arturo, trajeado y altivo, candidato al senado. Hacen publicidad a lo Kennedy, en plan escenas espontáneas y familiares. Cierta tensión entre ellos. Entra en la sede, un piso destartalado, pero lleno de gente, militantes que preparan carteles y sobres electorales. Actividad frenética. Saluda a Carmelo, un calvo fuerte que dirige la actividad que allí se realiza. Rechazan el borrador de una carta a los electores porque es muy larga y está llena de sermones. Carmelo y Víctor piden algo más claro, breve y directo. Habla con Rafa, un cuadro medio activo y muy ideologizado; también con Laly, la atractiva mujer de Arturo. Critican a Alianza Popular y al Partido Comunista por oportunistas. Hay ruido en el piso convertido en cuartel general; suena música y una tele; fragor. Citan a Suárez, con una potente maquinaria electoral.
II
Dani es el jefe del partido en la provincia. Lidia por teléfono con los jefes de Madrid. Trata de imponer orden y concierto en la campaña electoral; mítines en pueblos, pegadas de carteles, distribución de folletines, entrevistas en los medios de comunicación, etc. Organiza una batida electoral para unos pueblos del norte. El “ plan es comer en Refico y, por la tarde, subir a Cureña, Quintanabad y Martos. A la hora de la cena podemos estar de vuelta”, dice Rafa. Van en un 124 (se entiende, un Seat). A Rafa le gusta Laly, que no le hace mucho caso; esta es feminista.
III
Víctor Velasco tiene 37 años; de los cuales, siete estuvo en la cárcel. Especialista en la Edad Media, o eso parece. Estamos en 1977. Toman el coche y se dirige al norte, a los pueblos, tras el páramo, un descenso a un valle. Escuchan en una casete zarzuela que pide Víctor; luego, Pink Floyd, de Rafa y Laly. Discusión sobre el feminismo; Laly es combativa; Rafa y Víctor, más conciliadores. Se cruzan con unos conocidos de otro partido, liderados por Agustín, aparcados al lado de la carretera; se insultan y aceleran.  Al fondo, las montañas blancas por la nieve. Toman un vino en Berrueco. Toman un vino; dos viejos y el tabernero medio se ríen de ellos, medio desconfían y les contestan ambiguamente si ha pasado por allí alguien del partido pegando carteles; se referían a Ángel el Cojo. Cogen el coche y se dirigen a Refico.
IV
Laly oposita; había estudiado Exactas; prepara unas oposiciones. Rafa tiene 23 años y está en segundo de derecho. Es “hijo de viuda y cuatro hermanitos a su cargo”, dice él de sí. Rafa tontea con Laly, le pide besitos, le pasa la mano por la cadera. Ella le llama “cacho puto”. Laly se casa a los diecinueve y su matrimonio ha fracasado. Rafa reniega del matrimonio. Quiere vivir bien y disfrutar de la vida, lo ve compatible con su ideología progresista. Se ven las contradicciones de una ideología “socialista” y las ganas de vivir bien sin trabajar mucho ni grandes esfuerzos. Víctor escucha a María Dolores Pradera y Cucho Sánchez. Paran a contemplar el paisaje de la hoz del río, los farallones, el bosque de robles al fondo. A Víctor le gusta mucho. También a Laly, casi nada a Rafa. Ya son las cinco y llegarán tarde a Cureña; los asistentes al mitin llevarán esperando media hora.
V
 Cureña está aparentemente abandonando; casas desportilladas, tejados caídos, cristales rotos. Atraviesan el pueblo por una calle estrecha, en el coche; da a una plazuela, por donde pasa un arroyo. Los saluda el señor Cayo. Hay otro vecino, con el que no se habla. Va a recoger un enjambre y meterlo en una colmena. Se ayuda de un saco de paja (“escriño”) y un fuelle con humo. Baja el enjambre de la punta de un roble y las mete poco a poco en el “dujo” (colmena). Mata un lagarto con un palo, porque les gusta mucho la miel. Víctor le ayuda con el fuelle.
VI
Se dirigen a un huerto. Entresaca remolacha y la replanta en un trocito excavado. Le mete el agua. Se acerca a un remanso del arroyo, saca de un retel dos docenas de cangrejos. Va a cumplir ochenta y tres años. Tiene dos hijos, con coche; él vive en Baracaldo; ella, en Palacios, donde lleva la tienda y el bar. Les da el nombre de plantas y árboles. La malva sirve para aligerar el vientre. Rafa protesta por el tiempo que llevan, pues Dani se enfadará si no van a los otros pueblos, pero a Víctor le da igual. El pueblo se ha ido despoblando desde la guerra civil. A un vecino lo entierra allí cerca, porque él solo no puede subirlo al cementerio. Una pareja de cárabos anida dentro de una caseta, del horno.
VII
Visitan la gruta escondida por la cascada. Es espaciosa; allí se refugian cuando vienen los soldados, de cualquier bando, durante la guerra; siguen el consejo del cura, un hombre prudente. Fusilan a los dos alcaldes en siete días. Paulino, un vecino, por los sesenta, extrae una fecha jugando con la baraja y se apuesta que muere ese día; en efecto, se suicida y el perdedor paga su funeral. Un soldado, en la guerra, deja a su hija (de Paulino) embarazada; le afecta mucho. Luego suben a la ermita románica, al lado del cementerio. Es coqueta, hermosa, noble y pura. Víctor y Laly la admiran y disfrutan; Rafa protesta con un lenguaje chabacano que ya está bien de visita y se quiere volver. De vuelta al pueblo, cae una tormenta y se mojan.
VIII
Vuelven a casa del señor Cayo. Los invita a cenar. Prende fuego en el lar  y cuelgan las ropas mojadas. Rafa está desnudo de torso. Comen chorizo y queso y unos roscos, todo hecho en casa. No lee (su mujer sí lo hace), tiene labor; si nieva mucho, ve cómo lo hace. Baja a Refico a las cosas importantes. Habla el quince de cada mes con Manolo “el de la Coca Cola”. Se casa en 1923. Se entera de la muerte de Franco tres semanas después, y, en el fondo, le da igual, porque su vida es la misma, con Franco o sin él. No sabe si irá a Refico a votar. Rafa se excita y le larga un pequeño mitin, pero el señor Cayo queda perplejo. No se considera pobre. Víctor arroja al fuego las papeletas de votar. Se acerca un coche.
IX
Es un tal Mauricio y Goyo, y otro más, de un partido de la derecha, casi extrema. Discuten. Le meten un pasquín en la boca al señor Cayo; otro a Víctor. Pegan un cartel encima de otro de Víctor. Al final, le dan una patada en las partes a Víctor y salen pitando. Los tres se despiden del señor Cayo. Es de noche, cerca de las once. Pasan Quintanabad. Llegan a Martos; la cantina está abierta, con una señora hermética que la atiende. Víctor y Rafa se emborrachan con coñac “Veterano”. Rafa acosa a Laly, que lo aparta llamándole “cacho puto”. Rafa se duerme en el coche. Víctor se siente mal. Paran y vomita. Se despeja y habla de su admiración por el señor Cayo. Él sí tiene una gran cultura, sabe nombres de animales y plantas, y su uso. 
X
Llegan a la ciudad, a la sede del partido. Al salir del coche vocean y trastabillando por el alcohol. La gente de una cafetería de al lado mira divertida la situación. Los suben a la sede. Dani se enfada al ver la situación. A Rafa, que ahora repite la frase de Víctor, “Hemos ido a redimir al redentor”, lo cogen y se lo llevan a casa. Víctor, muy borracho, habla del señor Cayo como un sabio, un hombre perfecto. Si no hubiera nada en el mundo, el señor Cayo podría sobrevivir con sus conocimientos naturales, pero los demás morirían, incluido él, Víctor. Lo llevan a casa de Laly, a hurtadillas, para que los periodistas no se enteren. Le dan dos valium y lo echa en la cama. Ángel Abad y Ayuso ayudan a la operación. Cuando ya está en la cama, los llama, se rasga la camisa y les enseña dos costurones en su pecho, todavía sanguinolentos, que le habían hecho los de Mauricio, de un partido de ultraderecha. Todos quedan petrificados. Víctor dice que “esto no tiene remedio. Es como una maldición”, refiriéndose al cainismo español.
1.2. Temas
Los temas que plantea la novela son:
-Defensa del mundo rural, olvidado de todos, pero digno en su vida miserable, con un sistema de valores firme y claro. Se denuncia la inmigración
-Alabanza de la vida natural del campesino, en compenetración con el campo. El señor Cayo no se siente pobre para nada.
-Crítica y burla del pensamiento ligero, fanático y expresado burdamente de los urbanitas, y en concreto, de los políticos.
-Necesidad del sosiego y la reflexión, junto con el diálogo, para establecer bases sólidas de una sociedad sana.
1.3. Apartados temáticos o estructura narrativa
El texto posee una estructura clásica:
-Introducción o presentación de los personajes, el contexto y el conflicto  (los dos primeros capítulos): España, en 1977, en plena campaña electoral. Un partido, parece que puede ser el PSOE, organizando y ejecutando su campaña electoral. Víctor y Laly son los cabezas de lista para el congreso. Van al día siguiente a hacer campaña a unos pueblos de la sierra, en la montaña, aislados y medio vacíos por la inmigración.
-Nudo o desarrollo (capítulos III-IX): Laly, Rafa y Victor se dirigen en coche a los pueblos elegidos. En Cureña se encuentran con el señor Cayo. De ese encuentro surge una profunda lección moral para los urbanitas políticos. El viejo campesino les enseña su modo de vida con sus pequeñas faenas agrícolas diarias. Cenan con él y su mujer y emprenden el camino de vuelta.
-Desenlace o resolución y cierre de la trama (capítulo X): se emborrachan los dos hombres por el camino, llegan a la ciudad y sus compañeros han de esconderlo para que nadie lo vea y salga en los periódicos con su borrachera. Reconocimiento de la superioridad moral del señor Cayo sobre los demás.
1.4. Personajes
-El señor Cayo: viejo campesino que va a cumplir ochenta y tres años en unos meses. Se ha dedicado a la agricultura y ganadería de subsistencia. Casado con una mujer muda, de la que no se dice el nombre. Dos hijos que han emigrado. Vive de su labor agrícola, sin mayores complicaciones. Posee el viejo pensamiento del campesino tranquilo y conforme con su destino. Dice que no es pobre; no lo es en saberes y conocimiento natural; sí lo es desde el punto de vista económico, pero le da igual. Vive muy aislado; ve al de la Coca Cola una vez al mes, pero no se siente solo. Tiene un vecino con el que no se habla. Su mujer y sus hijos ocupan un papel secundario en la novela, aunque importante en su universo; piensa que los hijos han de cuidar de los padres cuando son mayores.
-Víctor Velasco: venido de la capital, de Madrid, es candidato de un partido político innominado, pero parece el PSOE. Tiene sus años de cárcel por sus actividades antifranquistas. Es un hombre reflexivo. Al final, cae rendido ante los valores morales y existenciales del señor Cayo. Su borrachera es su derrota. Es educado y comedido con todos; se siente algo desplazado en un tiempo en que los jóvenes ya escuchan otra música y leen otras cosas. Digno, al final enseña las cuchilladas que le asestan los fanáticos de ultraderecha, hasta entonces escondidas. Cae en el fatalismo sobre la historia de España.
-Laly: es la segunda candidata de ese partido. Es una mujer guapa y atractiva, pero con un matrimonio roto con el candidato al senado, Arturo. Es feminista, lo que provoca cierta compasión de los hombres. Tiene un sentido práctico de las cosas y exhibe mucha paciencia para soportar a los dos hombres; Rafa, sobón; Víctor, patético.
-Rafa: joven militante del partido, muy comprometido. Abandona la carrera en la universidad en segundo y está entregado al partido. Su habla avulgarada, que él cree muy moderna, delata su superficialidad ignorante. Piensa que la bondad de sus ideas políticas perdonan todos los deslices, incluido su afición a la buena vida y a las mujeres; casi es sobón; Laly lo tilda de “cacho puto” en varias ocasiones.
-Dani: es el jefe del partido político. Manda sobre los demás para tratar de obtener rédito electoral en todas sus acciones. Es el típico político que trata de tenerlo todo controlado, pero se ve pillado por la presión de los jefes en Madrid, se entiende. Pide practicidad para salir adelante ante los reveses. Sus ayudantes, Ayuso y Ángel Abad son del mismo corte; gente más bien joven que se entregan a una causa política esperando también recibir sus beneficios.
1.5. Lugar y tiempo
El lugar está bien delimitado: en parte, una capital de provincias castellana, como Burgos, Palencia o León; las tres presentan la misma característica geográfica común: la provincia tiene una franja montañosa calcárea en el norte, con pueblos en la sierra. La mayoría de la novela discurre en el pueblo de Cureña (en León existe el río Curueño); un enclave semiabandonado, flanqueado por la montaña. Tranquilo por haber sido abandonado por sus viejos habitantes.
El tiempo de la acción narrativa se puede acotar alrededor de 1977, momento de las primeras elecciones democráticas libres en España. Se mientan políticos como Adolfo Suárez y José María de Areilza, personajes históricos que, en efecto, fueron protagonistas políticos de esos momentos. La duración de la acción se circunscribe a un día, desde el anochecer de una jornada, hasta la siguiente
1.6. Narrador
La acción nos llega a través de un narrador en tercera persona, no del todo omnisciente, ni objetivo, ni externo. El narrador focaliza a través de Víctor al principio y al final; a través del señor Cayo en la parte central de la novela. No disimula su admiración por la sabiduría natural del señor Cayo, ni por la flexibilidad de pensamiento de Víctor. Es mayor que Rafa y Laly, pero es quien mejor entiende al viejo campesino. Su modo de expresarse está empapado del léxico del señor Cayo, de modo que parece que es éste quien cuenta cuando están en el pueblo.
Ocurre como que el narrador renuncia a su rol de observar y contar para dejar que sean los dos personajes citados quienes entren en su conciencia y relaten como ellos desean. Es como si el narrador también apreciara la superioridad moral de los dos personajes y cediera gustoso su papel narrativo. El resultado es asombroso, original y muy convincente. Intensifica la verdad poética del texto.
1.7. Comentario estilístico
El autor, Miguel Delibes, utiliza los tres procedimientos narrativos: narración, descripción y diálogo, con extraordinario acierto y proporción. Los diálogos del señor Cayo, breves y sentenciosos, recogen muy bien el modo de ser y hablar del rural castellano: pocas palabras y con la claridad meridiana requerida.
Delibes emplea gran cantidad de recursos estilísticos con un extraordinario acierto. Veamos un extracto tomado del capítulo VIII como muestra:
La vieja, que se había sentado en una sillita de paja, un poco apartada, orilla de la alacena, les observaba, inmóvil, con sus ojillos afilados, cercados de patas de gallo. Aclaró el viejo:
    —Los roscos son de la fiesta del domingo.
    —¿Hicieron fiesta?
    —La Octava, de siempre, desde chiquito la recuerdo.
    —Octava, ¿de qué?
   —De Pentecostés, claroó. O sea, por mayor, bajamos todos a Refico en carros o en borricos, donde se tercie. Y a la puerta de la iglesia se subastan los roscos y los mojicones. Y lo que se saca, para la Virgen. No crea que tiene más ciencia.
    Hizo un alto el señor Cayo, que se había sentado en un tajuelo, cerrando el corro, y se quedó mirando fijamente para las llamas. Al cabo de una larga pausa, añadió:
    —De regreso de una de estas romerías, el año que llevé el pendón, o sea, el veintitrés, que ya ha llovido, nos comprometimos. Yo la aupé a ella al borrico y la dije: «Sube». Y ya se sabía, que así era la costumbre, si ella subía era que sí y si ella no subía era que no. Pero ella subió y para diciembre nos casamos.
    —Estaba por usted, vamos —dijo Rafa, prendiendo un cigarrillo con un ascua de la chimenea.
    —Mire.
    Volvió a llenar las tazas el señor Cayo. Luego se levantó, salió y volvió con una brazada de leña que depositó sobre las brasas, en el hogar:
    —¿Todavía tienen frío? —preguntó.
    Víctor se palpó los bajos de los pantalones, que humeaban:
    —Ya están casi secos —dijo.
    La llama rompió ruidosamente entre los sarmientos. Rafa apartó la cara. Laly miró en derredor y dijo:
    —¿No tienen ustedes televisión?
    El señor Cayo, acuclillado en el tajuelo, la miró de abajo arriba:
    —¿Televisión? ¿Para qué queremos nosotros televisión?
    Laly trató de sonreír:
    —¡Qué sé yo! ¡Para entretenerse un rato!
    Dijo Rafa, después de mirar en torno:
    —¿Y radio? ¿Tampoco tienen radio?
    —Tampoco, no señor. ¿Para qué?
    Rafa se alteró todo:
    —¡Joder, para qué! Para saber en qué mundo viven.
    Sonrió socarronamente el señor Cayo:
    —¿Es que se piensa usted que el señor Cayo no sabe en qué mundo vive?
    —Tampoco es eso, joder, pero no estar incomunicados, digo yo.
    Víctor seguía el diálogo con interés. Intervino, conciliador:
    —Entonces, señor Cayo, ¿pueden pasar meses sin que oiga usted una voz humana?
    —¡Quiá, no señor! Los días quince de cada mes baja Manolo.
    —¿Qué Manolo?
    —El de la Coca-Cola . Baja de Palacios a Refico, en Martos todavía hay cantina.
    —Y ¿entra en el pueblo?
    —Entrar, no señor, bajo yo al cruce y echamos un párrafo.
    Víctor se mordió el labio inferior. Dijo:
    —Pero vamos a ver, usted, aquí, en invierno, a diario ¿qué hace? ¿Lee?
    —A mí no me da por ahí, no señor. Eso ella.
    Rafa cogió el cabo de un palo sin quemar y lo colocó con las tenazas sobre las ascuas. Luego, sopló obstinadamente con el fuelle de cuero ennegrecido hasta que hizo saltar la llama. La vieja, junto a la alacena, ladeaba mecánicamente la cabeza, como para escuchar o para dormitar, pero en el instante de cerrársele los párpados, la enderezaba de golpe. Víctor bebió otra taza de vino y se la alargó, luego, al señor Cayo para que la llenara de nuevo. Añadió al cabo de un rato:
    —Pero si usted no lee, ni oye la radio, ni ve la televisión, ¿qué hace aquí en invierno?
    —Mire, labores no faltan.
    Insistió Víctor:
    —Y ¿si se pone a nevar?
    —Ya ve, miro caer la nieve.
    —Y ¿si se está quince días nevando?
    —¡Toó, como si la echa un mes! Agarro una carga y me siento a aguardar a que escampe.
    Víctor movió la cabeza de un lado a otro, desalentado. Laly tomó el relevo:
    —Pero, mientras aguarda, algo pensará usted —dijo.
    —¿Pensar? Y ¿qué quiere usted que piense?
    —Qué sé yo, en el huerto, en las abejas… ¡Algo!
    El señor Cayo se pasó su mano grande, áspera, por la frente. Dijo:
    —Si es caso, de uvas a brevas, que si me da un mal me muero aquí como un perro.
    —¿No tienen médico?
    —Qué hacer, sí señora, en Refico.
    Saltó Rafa:
    —¡Joder, en Refico, a un paso! Y ¿si la cosa viene derecha?
    El señor Cayo sonrió resignadamente:
    —Si la cosa viene por derecho, mejor dar razón al cura —dijo.
    A Rafa se le habían formado dos vivos rosetones en las mejillas que acentuaban su apariencia infantil. Hizo un cómico gesto de complicidad a Laly:
    —Alucinante —dijo.
    El señor Cayo aproximó un rosco a la muchacha:
    —Pruebe, están buenos.
    Laly partió un pedazo con dos dedos y lo llevó a la boca. Masticó con fruición, en silencio:
    —Tienen gusto a anís —dijo.
    La vieja asintió. Emitió unos sonidos guturales, acompañados de un desacompasado manoteo y sus manos, arrugadas y pálidas, con la toquilla negra por fondo, eran como dos mariposas blancas persiguiéndose. Al fin, de una forma repentina, se posaron sobre el halda. El señor Cayo, que no perdía detalle, dijo cuando la mujer cesó en sus aspavientos:
    —Ella dice que lo tienen. Y también huevos, harina, manteca y azúcar.
    —Ya —dijo Laly.
    Víctor volvió a la carga:
    —Díganos, señor Cayo, ¿cómo baja usted a Refico?
    —En la burra.
    —¿Siempre bajó en la burra?
  —No señor, hasta el cincuenta y tres, mientras hubo aquí personal, los martes bajaba una furgoneta de Palacios. Y, antes, hace qué sé yo los años, estuvo la posta —sonrió tenuamente—, donde Tirso cambiaba los caballos.
    Víctor apartó los pies de la lumbre:
    —Y ahora ¿quién le trae el correo?
    —¿Qué correo?
    —Las cartas.
    El hombre rompió a reír:
    —¡Qué cosas! —dijo—: Y ¿quién cree usted que le va a escribir al señor Cayo?
    —Los hijos, ¿no?
    Hizo un ademán despectivo:
    —Ésos no escriben —dijo—: Tienen coche.
Del texto anterior se pueden deducir los rasgos básicos del estilo delibeseano. El léxico es de una precisión asombrosa, muy visible en las descripciones y narraciones del mundo natural, referidas a las actividades agrícolas del señor Cayo. Los diálogos caracterizan con mucha contundencia a los personajes; quedan retratados con su modo de hablar, vulgar (como el de Rafa), excitado (cualquiera de ellos cuando se acaloran, hablando de política u otro tema), sereno y reflexivo o sentencioso (como Víctor cuando está sobrio, el del señor Cayo en todo momento), etc. 
Delibes emplea el lenguaje con una propiedad asombrosa. Las descripciones resultan exactas, vivas y plásticas. Sean referidas al mundo, sean al urbano, o a las personas, ofrecen una imagen significativa y potente del objeto pintado (la presentación del señor Cayo, por ejemplo, es muy feliz). A los objetos y seres se les llama por sus nombres exactos, casi siempre de uso reducido, o francos arcaísmos ya. Las narraciones cuentan acciones con viveza y precisión, sin rodeos ni omisiones. 
Un enorme acierto de este texto (y otros muchos de nuestro escritor) es que, bajo una estructura narrativa aparentemente sencilla, casi intranscendente por momentos, se atesoran trozos de vida, de verdad poética. Asimismo, la carga reflexiva es de una potencia ineludible. Aquí, se dirige hacia la defensa del mundo natural, el respeto a los mayores que viven medio apartados en pueblos semiabandonados, la crítica burlona a gente de la ciudad que piensa mal y habla peor, etc. 
1.8. Interpretación y valoración
El disputado voto del señor Cayo es una maravillosa y profunda novela que no deja indiferente al lector. Aborda varios temas de gran calado y significación: el abandono del mundo rural, la emigración masiva de posguerra, que dejó semidesértico muchos pueblos del rural español; la falta de diálogo constructivo entre los distintos partidos políticos (aquí, la pulsión cainita de los españoles se expone con toda crudeza, clamando por una respuesta colectiva); el papanatismo de muchos jóvenes que desprecian lo viejo o lo antiguo; el arribismo de políticos oportunistas que pronto adoptan las costumbres burguesas que critican en sus discursos políticos, etc. Como siempre en Delibes, prefiere la presentación a la demostración; deja que sus personajes hablen y actúen con libertad. La obra se erige en una defensa del mundo natural rural y tranquilo, en este caso, en el ámbito castellano. No es que todo allí sea perfecto, pues son dos vecinos en Cureña y no se hablan, pero se vive en  armonía con el mundo natural.  Sin embargo, quien aparece en la novela, el señor Cayo, vive equilibrio, con respeto, hacia el mundo natural.
La vida urbana se dibuja con tintes más bien negativos. El engreimiento y sentimiento de superioridad de los urbanitas cuando se acercan al mundo rural es notable y se hace desagradable para el lector; pronto comprendemos que la sentencia de Víctor: “el redimido es el redentor”, referido al señor Cayo, está lleno de verdad y belleza, que a él lo sobrecoge. El final de la novela es muy amargo, triste y preocupante. ¿No puede existir la concordia entre españoles? ¿Acaso la convivencia respetuosa y asentada en el diálogo y la transacción no es posible entre nosotros? Víctor ha sacado de su experiencia rural heridas físicas, pero, sobre todo, morales, comprimidas en la lección de dignidad del señor Cayo: para una vida plena y con sentido, no hace falta tanta parafernalia ni tramoya política, verbal, ideológica, etc.
Las dimensiones, más bien reducidas, de la novela hacen de ella una lectura muy amena y ligera; no existen digresiones ni rodeos, lo que permite abordar el asunto principal directa e incisivamente. El estilo concentrado y el magnífico empleo del registro coloquial (y hasta vulgar, en boca de los políticos urbanitas) frente al rural, depurado, claro y sentencioso transforman la lectura en un viaje a un mundo rural en vías de extinción.
Por eso la lectura nos deja un poso de amargura y nostalgia. Sabemos que los especímenes como el señor Cayo desaparecieron del todo. Pero vivían en su humilde verdad y en su sintonización serena y amable con la naturaleza. La novela, en efecto, es un prodigio narrativo.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en el dúo formado por el señor Cayo y por Víctor. 
5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué idea de la vida del campesino rural nos llega de esta novela? 
2) El hecho de que los políticos de diferentes partidos se peleen entre sí, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social? 
3) ¿Qué actitudes de los urbanitas se observan ante la vida apartada del señor Cayo y su mujer?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la armonía y equilibrio entre el mundo natural y el hombre? 
5) El tiempo, ¿discurre igual para los campesinos que para la gente de ciudad? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión
6) ¿Qué significación se encierra en la embriaguez de Víctor y Rafa?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida natural y su contraste con la de la ciudad, de una persona corriente y moliente. Puedes imprimir un sentido crítico, como ha realizado Miguel Delibes.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de una vida en armonía con la naturaleza, con respeto mutuo, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.
2.4. Comentario de texto específico
(Extracto tomado del capítulo V)
Una voz levemente empañada, comedidamente cordial, les alcanzó desde el otro lado del riachuelo:
    —Buenas…
    Los tres se sobresaltaron. Un hombre viejo, corpulento, con una negra boina encasquetada en la cabeza y pantalones parcheados de pana parda, les miraba taimadamente, desde la puerta, bajo el emparrado de la casa. Víctor, al verle, franqueó la lancha que salvaba el arroyo y se dirigió resueltamente hacia él:
    —Buenas tardes —dijo al llegar a su altura—: Dígame. ¿Podríamos hablar un momento con el señor Alcalde?
    El hombre le miraba con sus azules ojos desguarnecidos en los que aparecía y desaparecía una remota chispa de perplejidad:
    —Yo soy el Alcalde —dijo jactanciosamente.
    Portaba una escriña en la mano derecha y una escalera en la izquierda. Víctor se aturdió:
    —¡Oh!, perdone —dijo—: Venimos por lo de las elecciones, ¿sabe?
    —Ya —dijo el hombre.
    —¿Sabrá usted que el día quince hay elecciones, verdad?
    —Algo oí decir en Refico la otra tarde, sí señor.
    Víctor observaba los bordes pardos, deslucidos por el viento y las lluvias, de la boina del hombre, su hablar mesurado y parsimonioso. Vaciló. Al fin se volvió atropelladamente hacia Laly y Rafa:
    —Éstos son mis compañeros —dijo.
    En el rostro del hombre, de ordinario impasible, se dibujó una mueca ambigua. Adelantó hacia ellos, a modo de justificación, la escriña y la escalera:
    —Tanto gusto —dijo—: Disculpen que no les pueda ni dar la mano.
    En la puerta de la casa apareció un perro descastado, la oreja derecha erguida, la izquierda gacha, el rabo recogido entre las patas y se dirigió a Víctor rutando imperceptiblemente.
    —¡Quita, chito! —dijo el hombre, moviendo enérgicamente la cabeza hacia un lado.
    El perro cambió de dirección y se parapetó tras él. El viejo apoyó los pies de la escalera en el suelo y penduleó la escriña. Dijo Víctor:
    —Diga usted, ¿no habrá por aquí un local donde reunir a los vecinos?
    —¿Qué vecinos? —preguntó el hombre.
    —Los del pueblo.
    —¡Huy! —dijo el viejo sonriendo con represada malicia—: Para eso tendrían ustedes que llegarse a Bilbao.
    —¿Es que sólo queda usted aquí?
    —Como quedar —dijo el viejo indicando con la escriña la calleja—, también queda «ése», pero háganse cuenta de que si hablan con «ése» no hablan conmigo. De modo que elijan.
    Rafa, tras Víctor, le dijo a Laly a media voz: «Ahora sí que la hemos cagado». Sacó del bolsillo del pantalón un paquete de tabaco y ofreció al hombre un cigarrillo:
    —Gracias, no gasto.
    Víctor insistió:
    —¿De modo que sólo quedan ustedes dos?
    —Ya ve, y todavía sobramos uno. Aquí contra menos somos, peor avenidos estamos.
    Víctor puso el pie derecho en el poyo de la puerta y se acodó en el muslo. Dijo forzadamente, con notoria incomodidad:
    —En realidad nosotros sólo pretendíamos charlar un rato con ustedes, informarles.
    Brilló de nuevo el asombro en las pupilas del viejo:
    —¡Tóo!, lo que es por mí, ya puede usted informarme.
    La cabeza de Víctor osciló de un lado a otro:
    —Bueno —dijo, al cabo—, así, en frío, mano a mano, no es fácil, compréndalo… Pero, en fin, lo primero que debemos decirle es que estas elecciones, las elecciones del día quince, son fundamentales para el país.
    —Ya —dijo lacónicamente el viejo.
    —O sea, que es una oportunidad, casi le diría «la» oportunidad, y si la desaprovechamos nos hundiremos sin remedio, esta vez para siempre.
    El rostro del viejo se ensombreció. Parpadeó por dos veces. Se tomó un poco de tiempo antes de preguntar:
    —Y ¿dónde vamos a hundirnos, si no es mala pregunta?
    Víctor se acarició las barbas:
    —Bueno —respondió— eso es largo de explicar. Nos llevaría mucho tiempo.
    Bajó el pie al suelo y dejó caer los brazos a lo largo del cuerpo, desalentado. Laly se llegó al riachuelo y metió la mano en el agua. La sacó al instante, como si se hubiese quemado:
    —Está helada —dijo.
    El hombre miró a la gruta:
    —A ver, es agua de manantial.
    Laly se aproximó a él:
    —¿Es éste el arroyo que arma la cascada ahí abajo, a la entrada del pueblo?
    —¿Las Crines?
    —No sé, digo yo que serán las Crines.
    —Esta agua es —sentenció el hombre.
    En el hueco negro de la puerta, bajo la parra, apareció, una mujer vieja, de espaldas vencidas, enlutada, con un pañolón atado bajo la barbilla y una lata entre las manos temblorosas. El hombre ladeó la cabeza y dijo a modo de presentación:
    —Aquí, ella; es muda.
    Laly y Víctor sonrieron:
    —Buenas tardes.
    La vieja correspondió con una inclinación de cabeza, se adelantó hasta el borrico, bajo el nogal, y comenzó a emitir unos ásperos sonidos guturales, como carraspeos, al tiempo que desparramaba, a puñados, el grano de la lata. Las gallinas rojas de la cascajera acudieron presurosas a la llamada y comenzaron a picotear en torno a ella. Rafa miró a lo alto, a las chovas de los cantiles:
    —¿Y no les hacen nada los bichos ésos a las gallinas?
    En la boca del viejo se dibujó una mueca despectiva:
    —¿La chova? —inquirió burlonamente—: La chova, por lo regular, no es carnicera.
    Al concluir el grano, la mujer dio vuelta a la lata y sus dedos descarnados tamborilearon insistentemente en el envés, y dos gallinas rezagadas corrieron hacia ella desde la gruta. Víctor se sacudió una mano con otra. Le dijo al viejo:
    —Bueno, creo que estamos importunándole.
    —Por eso, no —replicó el hombre. Y añadió como justificándose—: Iba a coger un enjambre, si ustedes quieren venir…
    A Víctor se le iluminó la mirada:
    —¿De veras no le importa que le acompañemos?
    —¡Tóo! Y ¿por qué había de importarme?
    —En realidad —prosiguió Víctor, intentando de nuevo una aproximación—, todavía no nos hemos presentado. Yo me llamo Víctor, mi amiga Laly y mi amigo, Rafael. ¿Cuál es su nombre?
    —Cayo, Cayo Fernández, para servirles.
    —Pues nada, señor Cayo, si me permite, le echo una mano —asió la escalera por un larguero.
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).
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Federico García Lorca: “La zapatera prodigiosa”; análisis y propuesta didáctica

F. GARCÍA LORCA – La zapatera prodigiosa (Farsa violenta en dos actos) (1930)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Estamos en un pueblo español, en las primeras décadas del siglo XX, aunque no hay acotaciones que precisen estos extremos. En el escenario, el taller y el hogar de un zapatero. El Zapatero del lugar, 53 años, es un hombre tranquilo y juicioso. Se ha casado unos meses antes con una chica joven y guapa, de 18 años de edad. Se llevan mal. Ambos lamentan su matrimonio porque están descontentos y les gustaría volver a su vida pasada; ella echa la culpa a un tal Manuel por sus consejos; él culpa a su hermana, difunta en el momento del drama, que lo ha empujado a este matrimonio. Ella se llama tonta muchas veces, por haberse casado; él se califica de desgraciado por lo mismo.
La Zapatera solo tiene un amigo, el Niño, que la consuela y le lleva noticias. La Madre del Niño trata de aprovecharse de la buena voluntad del Zapatero en el arreglo de unos zapatos de charol.
La Zapatera flirtea con Mirlo, un señor mayor, el Alcalde (que ha enviudado cuatro veces y le aconseja al Zapatero mano dura y empleo de la fusta, con la que él se pasea como signo de autoridad) y un mozo arrogante de sombrero de ala ancha y plana, caído sobre la cara. La requiebran, ella escucha, pero no cede. Las vecinas son fisgonas, entremetidas y despiadadas. Se burlan de la blandura de carácter del Zapatero y de la vida alegre e infiel de la Zapatera. Se distinguen por el color de sus ropajes; tenemos: Vecina Amarilla, Roja, Verde, Negra y Morada. Al final del acto I el Zapatero hace un hatillo y se va de casa porque no aguanta más la presión social y las pullas de su mujer, que le llama pobreto, viejo y apocado. El niño y la Zapatera tratan de capturar una mariposa, pero huye; es el símbolo del Zapatero.
En el acto II aparece la Zapatera reconvertida en tabernera. Al desaparecer su marido, ha montado la taberna para sobrevivir. Los hombres que ya conocemos van allí a requebrar, pero ella no cede a sus pretensiones. El Niño le informa a la Zapatera que los mozos y otros han sacado coplas donde cantan la huida del marido y la infidelidad y vida desordenada de la Zapatera. El Niño ha recibido una pedrada por defenderla. Ella pretende comprar un revólver para matar a los maldicientes. El Alcalde trata de conquistarla ofreciéndole una casa lujosa para ella sola. En el acto V llega el Zapatero disfrazado de titiritero. En la taberna, recita un romance de un talabartero de Córdoba que le pasa lo mismo que a él con su mujer: ingratitud y amenaza de infidelidad. Relata que un pretendiente va a matar al talabartero. Se oye ruido fuera, riña de mozos. Corre la sangre; se pelean por ver quién se queda con la tabernera. Quedan a solas Zapatero y Zapatera. Él reconoce que tiene una mujer que adora; ella, lo mismo respecto de su marido. Al final, él se descubre como quien es, y se abrazan, pues se quieren. La Zapatera juega con su desgracia de que lo quiere, o no lo quiere, en plan broma, en el cierre.
1.2. Temas de la pieza
Esta obra presenta los siguientes temas:
-La necesidad de la comunicación sincera y clara mantener una relación sólida, máxime cuando están en juego relaciones amorosas.
-En las relaciones humanas, la valoración de los elementos positivos ha de prevalecer sobre los negativos.
-La presión de la opinión ajena (el malhadado “qué dirán”) lleva a las personas a tomar decisiones equivocadas y contraproducentes.
-El amor es una fuente inagotable de felicidad, por lo que conviene cuidarlo con perseverancia.
1.3. Apartados temáticos
La obra se organiza en dos actos y catorce escenas en el primer acto y once en el segundo. La disposición de la materia es casi clásica (aunque dos actos y tantas escenas rompe el ritmo clásico; aquí avanza en forma de uve invertida; el vértice se sitúa en el cambio de acto. Observamos, entonces:
– Un prólogo a cargo del autor, que es una captatio benevolentiae al público, es decir, una solicitud de atención y cierta comprensión con la representación (o lectura) que se disponen a realizar. Es original porque una personaje, la Zapatera, reclama con insistencia que comience la representación, pues ella desea actuar.
– Introducción o presentación de los personajes, su contexto y su conflicto (once primeras escenas): el Zapatero quiere a su esposa, pero está se muestra descontentadiza porque su marido es mayor, es apocado y no tiene tantas riquezas como ella deseara y ve que sí ostentan algunos pretendientes que la cortejan desvergonzadamente (como se aprecia en la undécima escena, donde el mozo de sombrero de ala baja la requiebra).
-Nudo: el Zapatero abandona su casa y nadie sabe dónde ha ido a parar. Vuelve disfrazado de titiritero. La Zapatera se ha hecho tabernera para poder sobrevivir; los hombres la requiebran cada vez con más impertinencia. Abarca desde la duodécima escena del primer acto hata la décima del segundo.
-Desenlace (undécima escena y final del segundo acto): reconciliación del matrimonio, al reconocer que se quieren y que han tomado decisiones equivocadas por falta de reflexión o por haber sido débiles a la presión social.
1.4. Personajes
-Zapatera: chica joven y atractiva, de dieciocho años. Es muy impulsiva y tornadiza (en una palabra, intemperante) en sus opiniones, pero mantiene una línea coherente de conducta sentimental, no tanto la social. A pesar de las muchas presiones recibidas, se mantiene fiel a sí misma, hasta reconocer y valorar el amor que siente por su marido.
-Zapatero: es un hombre juicioso, tranquilo, trabajador y responsable. Su matrimonio, al que fue influido por su hermana, ya difunta cuando comienza la obra, es una fuente de insatisfacción y amargura. Es paciente, pero las continuas destemplanzas de su mujer lo desesperan: lo califica de pobre, apocado y viejo; las dos primeras acusaciones no son verdaderas; la tercera sí, pero ella sabía con quién se casaba. Abandona el pueblo y se hace titiritero para poder soportar su amargura. En su actuación principal con este oficio, en realidad cuenta su propia historia.
-El Niño: posee mucha importancia porque simboliza la amistad franca y la generosidad transparente. También lo paga caro, pues su madre lo riñe y la gente lo agrede físicamente por su lealtad para con la Zapatera, pues la defiende de los bulos malintencionados entre la gente, que la trata de ligera de cascos.
-Los pretendientes de ella son tres: Mirlo, el Alcalde y el Joven de sombrero de ala baja. Los tres ofrecen a la Zapatera una vida regalada, con tal de que acceda a sus pretensiones más o menos amorosas. Obviamente, representan al sector de hombres embrutecidos y un tanto agresivos que fuerzan a los demás para cumplir sus deseos. Por ello, no se hacen muy agradables al lector.
-Las vecinas (cinco, cada una distinguida por el color de su ropaje: roja, morada, negra, verde y amarilla): personifican el “qué dirán”, la opinión social, la chismorrería colectiva; en general, malsina y dañina. Casi funciona como de antagonista respecto del matrimonio.
1.5. Lugar y tiempo de la acción dramática  
El lugar más concreto es una zapatería, con su taller y su expositor, donde el Zapatero desarrolla su trabajo; desde allí, se accede a otras dependencias. En sentido amplio, estamos en un pueblo español, seguramente andaluz. Aparenta una atmósfera rural, conservadora e inmovilista en usos y costumbres.
El tiempo de la escritura se remonta a 1930 (año del estreno) y años previos. El tiempo de la acción dramática es contemporáneo al de la escritura. Existe, en este sentido, una sincronía evidente entre ambos tiempos: las dos primeras décadas del siglo XX español.
La duración de la acción dramática es de varios meses, pero con un desarrollo muy especial. Cada acto dura apenas unas horas, pero entre uno y otro pasan meses, que son los que median entre el abandono del Zapatero de su hogar y negocio y su vuelta a modo de titiritero.
1.6. Comentario estilístico
Como no podía ser de otro modo, el manejo del lenguaje por Lorca es admirable y delicado. Los personajes son rurales y poco instruidos y aparentan hablar como tal. Sin embargo, bien mirado, Lorca poetiza el uso lingüístico muy intensamente. Todos los personajes hablan con una enorme expresividad y propiedad significativa. Dicen lo que quieren decir en un aparente nivel coloquial, con frases cortas, muchas exclamativas, elípticas, como es de esperar. Pero bien mirado, el uso intenso de los recursos retóricos más variados –metáforas, símiles, hipérboles y personificaciones son los más recurrentes, creemos– son los responsables de un nivel de significación más profundo y sutil; aportan belleza, pero también trascendencia significativa.
Lorca es un dramaturgo y poeta muy simbólico. Gusta de tomar objetos, animales o percepciones –-colores, olores, etc.-– y asignarles una significación superior: el Niño, la mariposa que no atrapan, el modo de vestir y los colores del ropaje de los personajes, etc. Por ejemplo, fijémonos en la ropa del Zapatero, expresado en una acotación muy intencionada (acto I, escena III): “Aparece por la izquierda el Zapatero. Viste traje de terciopelo con botones de plata, pantalón corto y corbata roja. Se dirige al banquillo”.
El planteamiento argumental es muy original y novedoso. Un ámbito rural, al estilo de la tragedia clásica española de Lope de Vega, dos personajes humildes han de enfrentarse a sus carencias y a la presión social (al fondo, el deseo de vivir felices y el mantenimiento de la honra es un hilo conductor firme; la tensión entre ambos polos es evidente).
La viveza y la chispa de los diálogos es bien visible. Los personajes hablan como si no actuaran; es decir, la naturalidad y llaneza expresivas, pero intensa y disimuladamente poetizada, crea un efecto estético muy interesante.
1.7. Contextualización
Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 1898 – Granada, 1936) es considerado como uno de los más excelsos poetas y dramaturgos de la literatura española del siglo XX. Su originalidad y perfección estilística han sido justamente celebradas por público y crítica. Su trágica muerte, en circunstancias muy violentas, en el entorno de la guerra civil, ha contribuido a la mitificación de su vida y su obra.
La casa de Bernarda Alba (compuesta en 1936, estrenada en 1945) es una de los tres “dramas rurales”, junto con Bodas de sangre y Yerma. Pero antes había compuesto otras piezas de gran valor y mérito, como Mariana Pineda y la que ahora nos ocupa, La zapatera prodigiosa (1930).
La faceta poética de su producción también es de gran relevancia. Aquí solo recordaremos tres composiciones: Romancero gitano (1928), de corte costumbrista y tradicionalista, Poeta en Nueva York (compuesto entre 1929 y 1930, publicado póstumamente en 1940), poemario elaborado bajo los supuestos de las vanguardias, especialmente del surrealismo y, finalmente, Sonetos del amor oscuro, una serie de composiciones intimistas y desgarradas donde Lorca vuelca sus sentimientos de amor. Seis poemas galegos es un título importante en el que podemos apreciar la increíble adaptabilidad y talento de Lorca: tras una breve temporada en Galicia, escribe en gallego con delicadeza, autenticidad y belleza.
1.8. Interpretación
Esta “farsa violenta en dos actos” ofrece una tragicómica fotografía muy precisa de la sociedad rural española de principios del siglo XX: un zapatero vive dignamente de su oficio, se casa medio por amor, medio empujado; a ella, pobre y bella, le pasa otro tanto. Los hombres la acosa y la gente critica sin más pruebas que barruntos inducidos por la envidia y el resentimiento. El subtítulo recoge muy bien la naturaleza de la obra: una “farsa” (obra tragicómica, breve, popular y humorística), pero “violenta”, advirtiendo que la risa pronto se transmuta en llanto.
La estratificación social es clara y estática; don Mirlo y el alcalde, junto con el cura, arriba; los demás, en una zona más o menos inferior. Es muy interesante la figura del Niño; representa la inocencia y la verdad, mancilladas ambas por los adultos con frecuencia. La Zapatera simboliza el deseo de vivir y experimentar por su cuenta, pero aquí la presión social y la complejidad de la vida misma la someten a una dura prueba, cual es el abandono del hogar por parte de su marido. No hay buenos y malos en el matrimonio (pero sí en el pueblo); ambos cónyuges tienen una parte de la responsabilidad en el fracaso de su matrimonio.
La trabazón y desarrollo argumental es de una perfección asombrosa: Lorca imagina y plantea pequeñas escenas de la vida cotidiana doméstica que, rápidamente, adquieren un sentido mucho más amplio a la luz de las tensiones que recorren a las personas. El zapatero vuelve al pueblo representando en guiñol o cantando como un ciego su propia realidad, más o menos disfrazada. Es el único modo de aliviar su dolor (y reconocer sus propios errores, al ser pusilánime aguantando la presión social) y de que la Zapatera comprenda que ha actuado con ligereza y atolondramiento.
1.9. Valoración
Un acierto estético de primer orden, en La zapatera prodigiosa, es que la farsa aborda las dificultades de vivir con autenticidad (libertad y plenitud) la propia vida en un medio social cerrado, hostil, envidioso y áspero. Incluso los personajes más humildes (como un zapatero y su esposa) no hallan acomodo en este medio social tan atosigante.
La zapatera prodigiosa es una tragicomedia moderna de una perfección estimable. Lorca aborda temas de hondo calado, desde una visión pesimista, crítica y más bien negativa (las posibilidades de mejora son escasas o nulas, aunque no imposibles). Partiendo de una mera situación cotidiana de un matrimonio normal y corriente, nos permite comprender la necesidad de amor, fuerza y templanza para alcanzar algo parecido a la plenitud de vida. El acoso de algunos poderosos, o impulsivos, no debería romper los lazos de amor, como los que une a esta pareja que necesitan una farsa para comprender que, simplemente, se quieren, con sus defectos y anomalías (el marido casi triplica en edad a la esposa). 
En resumen, estamos ante una pieza dramática interesante, lograda y plena de interés para conocer una sociedad poco halagüeña.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) ¿Dónde y cuándo se desarrolla la acción dramática?
2) ¿Qué le reprocha la Zapatera a su marido el Zapatero? 
3) ¿Quién requiebra a la Zapatera? ¿Cómo lo apreciamos?
4) ¿De qué lado está el Niño, de la Zapatera, o de las Vecinas?
5) ¿Quién influye en ambos cónyuges en tomar la decisión de casarse, que luego lamentan? 
6) ¿Qué animal tratan de capturar la Zapatera y el Niño? ¿Qué simboliza? 
7) ¿Por qué el Zapatero abandona a su mujer y al pueblo?
8) ¿Qué historia ficticia recita el Zapatero, como titiritero? ¿Qué intención tiene?
9) ¿Qué hacen los hombres entre sí mientras el Zapatero se reconcilia con la Zapatera?
10) ¿Cómo podemos entender la intervención final de la Zapatera? 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Influye mucho el “qué dirán” en el desarrollo de la obra?
2) ¿Por qué las Vecinas se entrometen en la vida de la Zapatera y su marido?
3) ¿Qué pretenden los hombres que se acercan a la Zapatera?
4) ¿Por qué introduce la captura de la mariposa en una escena?
5)  ¿Es fácil la reconciliación entre los cónyuges?
6) Explica el sentido moral de la pieza. 
2.3. Comentario de texto específico
ESCENA IV 
Zapatero, Vecina Roja y Niño. 
ZAPATERO.- (Mirándose en un espejo y contándose las arrugas.) Una, dos, tres, cuatro… y mil. (Guarda el espejo.) Pero me está muy bien empleado, sí señor. Porque vamos a ver: ¿por qué me habré casado? Yo debí haber comprendido, después de leer tantas novelas, que las mujeres les gustan a todos los hombres, pero todos los hombres no les gustan a todas las mujeres. ¡Con lo bien que yo estaba! Mi hermana, mi hermana tiene la culpa, mi hermana que se empeñó: ¡«que si te vas a quedar solo», que si qué sé yo! Y esto es mi ruina. ¡Mal rayo parta a mi hermana, que en paz descanse! (Fuera se oyen voces.) ¿Qué será? 
VECINA ROJA.- (En la ventana y con gran brío. La acompañan sus Hijas vestidas del mismo color.) Buenas tardes. 
ZAPATERO.- (Rascándose la cabeza.) Buenas tardes. 
VECINA.- Dile a tu mujer que salga. Niñas, ¿queréis no llorar más? ¡Qué salga, a ver si por delante de mí casca tanto como por detrás! 
ZAPATERO.- ¡Ay, vecina de mi alma, no me dé usted escándalos, por los clavitos de Nuestro Señor! ¿Qué quiere usted que yo le haga? Pero comprenda mi situación: toda la vida temiendo casarme… porque casarse es una cosa muy seria, y, a última hora, ya lo está usted viendo. 
VECINA.- ¡Qué lástima de hombre! ¡Cuánto mejor le hubiera ido a usted casado con gente de su clase!… estas niñas, pongo por caso, a otras del pueblo… 
ZAPATERO.- Y mi casa no es casa. ¡Es un guirigay! 
VECINA.- ¡Se arranca el alma! Tan buenísima sombra como ha tenido usted toda su vida. 
ZAPATERO. (Mira por si viene su Mujer.) Anteayer… despedazó el jamón que teníamos guardado para estas Pascuas y nos lo comimos entero. Ayer estuvimos todo el día con unas sopas de huevo y perejil: bueno, pues porque protesté de esto, me hizo beber tres vasos seguidos de leche sin hervir.
VECINA. ¡Qué fiera! 
ZAPATERO.- Así es, vecinita de mi corazón, que le agradecería en el alma que se retirase. 
VECINA.- ¡Ay, si viviera su hermana! Aquélla sí que era… 
ZAPATERO. Ya ves… y de camino llévate tus zapatos que están arreglados. (Por la puerta de la izquierda asoma la Zapatera, que detrás de la cortina espía la escena sin ser vista.) 
VECINA. (Mimosa.) ¿Cuánto me vas a llevar por ellos?… Los tiempos van cada vez peor. 
ZAPATERO. Lo que tú quieras… Ni que tire por allí ni que tire por aquí… 
VECINA.- (Dando en el codo a sus Hijas.) ¿Están bien en dos pesetas? 
ZAPATERO.- ¡Tú dirás! 
VECINA. Vaya… te daré una… 
ZAPATERA.- (Saliendo furiosa.) ¡Ladrona! (Las Mujeres chillan y se asustan.) ¿Tienes valor de robar a este hombre de esa manera? (A su Marido.) Y tú, ¿dejarte robar? Vengan los zapatos. Mientras no des por ellos diez pesetas, aquí se quedan. 
VECINA.- ¡Lagarta, lagarta! 
ZAPATERA.- ¡Mucho cuidado con lo que estás diciendo! NIÑAS. ¡Ay, vámonos, vámonos, por Dios! VECINA. Bien despachado vas de mujer, ¡que te aproveche! (Se van rápidamente. El Zapatero cierra la ventana y la puerta.) 
ESCENA V 
Zapatero y Zapatera. 
ZAPATERO.- Escúchame un momento… 
ZAPATERA.- (Recordando.) Lagarta… lagarta… qué, qué, qué… ¿qué me vas a decir? 
ZAPATERO.- Mira, hija mía. Toda mi vida ha sido en mí una verdadera preocupación evitar el escándalo. (El Zapatero traga constantemente saliva.) 
ZAPATERA.- ¿Pero tienes el valor de llamarme escandalosa, cuando he salido a defender tu dinero?
ZAPATERO.- Yo no te digo más, que he huido de los escándalos, como las salamanquesas del agua fría. 
ZAPATERA.- (Rápida.) ¡Salamanquesas! ¡Huy, qué asco! 
ZAPATERO.- (Armado de paciencia.) Me han provocado, me han, a veces, hasta insultado, y no teniendo ni tanto así de cobarde he quedado con mi alma en mi almario, por el miedo de verme rodeado de gentes y llevado y traído por comadres y desocupados. De modo que ya lo sabes. ¿He hablado bien? Ésta es mi última palabra. 
ZAPATERA.- Pero vamos a ver: ¿a mí qué me importa todo eso? Me casé contigo, ¿no tienes la casa limpia? ¿No comes? ¿No te pones cuellos y puños que en tu vida te los habías puesto? ¿No llevas tu reloj, tan hermoso, con cadena de plata y venturinas, al que doy cuerda toda las noches? ¿Qué más quieres? Porque, yo, todo; menos esclava. Quiero hacer siempre mi santa voluntad. 
ZAPATERO.- No me digas… tres meses llevamos casados, yo, queriéndote… y tú, poniéndome verde. ¿No ves que ya no estoy para bromas? 
ZAPATERA.- (Seria y como soñando.) Queriéndome, queriéndome… Pero (Brusca.) ¿qué es eso de queriéndome? ¿Qué es queriéndome? 
ZAPATERO.- Tú te creerás que yo no tengo vista y tengo. Sé lo que haces y lo que no haces, y ya estoy colmado, ¡hasta aquí! 
ZAPATERA.- (Fiera.) Pues lo mismo se me da a mí que estés colmado como que no estés, porque tú me importas tres pitos, ¡ya lo sabes! (Llora.)
 ZAPATERO.- ¿No puedes hablarme un poquito más bajo? 
ZAPATERA.- Merecías, por tonto, que colgara la calle a gritos. 
ZAPATERO.- Afortunadamente creo que esto se acabará pronto; porque yo no sé cómo tengo paciencia. 
ZAPATERA.- Hoy no comemos… de manera que ya te puedes buscar la comida por otro sitio. (La Zapatera sale rápidamente hecha una furia.) 
ZAPATERO.- Mañana (Sonriendo.) quizá la tengas que buscar tú también. (Se va al banquillo.) 
ESCENA VI 
Por la puerta central aparece el Alcalde. Viste de azul oscuro, gran capa y larga vara de mando rematada con cabos de plata. Habla despacio y con gran sorna. 
ALCALDE.- ¿En el trabajo? 
ZAPATERO.- En el trabajo, señor Alcalde. 
ALCALDE.- ¿Mucho dinero? 
ZAPATERO.- El suficiente. (El Zapatero sigue trabajando. El Alcalde mira curiosamente a todos lados.) 
ALCALDE.- Tú no estás bueno. 
ZAPATERO.- (Sin levantar la vista.) No. 
ALCALDE.- ¿La mujer? 
ZAPATERO.- (Asintiendo.) ¡La mujer! 
ALCALDE.- (Sentándose.) Eso tiene casarse a tu edad… A tu edad se debe ya estar viudo… de una, como mínimum… Yo estoy de cuatro: Rosa, Manuela, Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última: buenas mozas todas, aficionadas al baile y al agua limpia. Todas, sin excepción, han probado esta vara repetidas veces. En mi casa… en mi casa, coser y cantar. 
ZAPATERO.- Pues ya está usted viendo qué vida la mía. Mi mujer… no me quiere. Habla por la ventana con todos. Hasta con don Mirlo, y a mí se me está encendiendo la sangre. 
ALCALDE. (Riendo.) Es que ella es una chiquilla alegre, eso es natural. 
ZAPATERO.- ¡Ca! Estoy convencido… yo creo que esto lo hace por atormentarme; porque, estoy seguro…, ella me odia. Al principio creí que la dominaría con mi carácter dulzón y mis regalillos: collares de coral, cintillos, peinetas de concha… ¡hasta unas ligas! Pero ella… ¡es siempre ella!
ALCALDE.- Y tú, siempre tú; ¡qué demonio! Vamos, lo estoy viendo y me parece mentira cómo un hombre, lo que se dice un hombre, no puede meter en cintura, no una, sino ochenta hembras. Si tu mujer habla por la ventana con todos, si tu mujer se pone agria contigo, es porque tú quieres, porque tú no tienes arranque. A las mujeres, buenos apretones en la cintura, pisadas fuertes y la voz siempre en alto, y si con esto se atreven a hacer quiquiriquí, la vara, no hay otro remedio. Rosa, Manuela, Visitación y Enriqueta Gómez, que ha sido la última, te lo pueden decir desde la otra vida, si es que por casualidad están allí. 
ZAPATERO.- Pero si el caso es que no me atrevo a decirle una cosa. (Mira con recelo.) 
ALCALDE.- (Autoritario.) Dímela. 
ZAPATERO.- Comprendo que es una barbaridad …. pero yo no estoy enamorado de mi mujer.
ALCALDE.- ¡Demonio! 
ZAPATERO.- Sí, señor, ¡demonio! 
ALCALDE.- Entonces, grandísimo tunante, ¿por qué te has casado? 
ZAPATERO.- Ahí lo tiene usted. Yo no me to explico tampoco. Mi hermana, mi hermana tiene la culpa. Que si te vas a quedar solo, que si qué sé yo, que si qué sé yo cuánto… Yo tenía dinerillos, salud, y dije: ¡allá voy! Pero, benditísima soledad antigua. ¡Mal rayo parta a mi hermana, que en paz descanse! 
ALCALDE.- ¡Pues te has lucido! 
ZAPATERO.- Sí, señor, me he lucido… Ahora, que yo no aguanto más. Yo no sabía lo que era una mujer. Digo, ¡usted, cuatro! Yo no tengo edad para resistir este jaleo. 
ZAPATERA.- (Cantando dentro, fuerte.)
 ¡Ay, jaleo, jaleo, 
ya se acabó el alboroto
 y vamos al tiroteo! 
ZAPATERO. Ya lo está usted oyendo. 
ALCALDE. ¿Y qué piensas hacer? 
ZAPATERO.- Cuca silvana. (Hace el ademán.) 
ALCALDE.- ¿Se te ha vuelto el juicio? 
ZAPATERO.- (Excitado.) El zapatero a tus zapatos se acabó para mí. Yo soy un hombre pacífico. Yo no estoy acostumbrado a estos voceríos y a estar en lenguas de todos. 
ALCALDE.- (Riéndose.) Recapacita lo que has dicho que vas a hacer; que tú eres capaz de hacerlo, y no seas tonto. Es una lástima que un hombre como tú no tenga el carácter que debías tener. (Por la puerta de la izquierda aparece la Zapatera echándose polvos con una polvera rosa y limpiándose las cejas.) 
ESCENA VII 
Dichos y Zapatera, 
ZAPATERA-. Buenas tardes. 
ALCALDE.- Muy buenas. (Al Zapatero.) ¡Como guapa, es guapísima! 
ZAPATERO.- ¿Usted cree? 
ALCALDE.- ¡Qué rosas tan bien puestas lleva usted en el pelo y qué bien huelen! 
ZAPATERA. Muchas que tiene usted en los balcones de su casa. 
ALCALDE.- Efectivamente. ¿Le gustan a usted las flores? 
ZAPATERA.- ¿A mí…? ¡Ay, me encantan! Hasta en el tejado tendría yo macetas, en la puerta, por las paredes. Pero a éste… a ése… no le gustan. Claro, toda la vida haciendo botas, ¡qué quiere usted! (Se sienta en la ventana.) Y buenas tardes. (Mira a la calle y coquetea.) 
ZAPATERO.- ¿Lo ve usted? 
ALCALDE.- Un poco brusca… pero es una mujer guapísima. ¡Qué cintura tan ideal! 
ZAPATERO.- No la conoce usted. 
ALCALDE.- ¡Psch! (Saliendo majestuosamente.) ¡Hasta mañana! Y a ver si se despeja esa cabeza. ¡A descansar, niña! ¡Qué lástima de talle! (Vase mirando a la Zapatera.) ¡Porque, vamos! ¡Y hay que ver qué ondas en el pelo! (Sale.) 
ESCENA VIII 
Zapatero y Zapatera. 
ZAPATERA.- (Cantando.) 
Si tu madre tiene un rey, 
la baraja tiene cuatro:
 rey de oros, rey de copas, 
rey de espadas, rey de bastos.
 (La Zapatera coge una silla y sentada en la ventana empieza a darle vueltas.) 
ZAPATERO.- (Cogiendo otra silla y dándole vueltas en sentido contrario.) Si sabes que tengo esa superstición, y para mí esto es como si me dieras un tiro, ¿por qué lo haces? Z
ZAPATERA.- (Soltando la silla.) ¿Qué he hecho yo? ¿No te digo que no me dejas ni moverme? ZAPATERO. Ya estoy harto de explicarte… pero es inútil. (Va a hacer mutis, pero la Zapatera empieza otra vez y el Zapatero viene corriendo desde la puerta y da vueltas a su silla.) ¿Por qué no me dejas marchar, mujer? 
ZAPATERA.- ¡Jesús!, pero si lo que yo estoy deseando es que te vayas. 
ZAPATERO.- ¡Pues déjame! 
ZAPATERA.- (Enfurecida.) ¡Pues vete! (Fuera se oye una flauta acompañada de guitarra que toca una polquita antigua con el ritmo cómicamente acusado. La Zapatera empieza a llevar el compás con la cabeza y el Zapatero huye por la izquierda.) 
ESCENA IX 
Zapatera. 
ZAPATERA.- (Cantando.) Larán… larán… A mí, es que la flauta me ha gustado siempre mucho… Yo siempre he tenido delirio por ella… Casi se me saltan las lágrimas… ¡Qué primor! Larán, larán… Oye… Me gustaría que él la oyera… (Se levanta y se pone a bailar como si lo hiciera con novios imaginarios.) ¡Ay, Emiliano! Qué cintillos tan preciosos llevas… No, no… me da vergüencilla… Pero, José María, ¿no ves que nos están viendo? Coge un pañuelo, que no quiero que me manches el vestido. A ti te quiero, a ti… ¡Ah, sí!… mañana que traigas la jaca blanca, la que a mí me gusta. (Ríe. Cesa la música.) ¡Qué mala sombra! Esto es dejar a una con la miel en los labios… Qué… 
ACTIVIDADES DEL COMENTARIO DE TEXTO O EXÉGESIS TEXTUAL
1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico), ni en teatro; 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía o teatro en verso); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).
2.4. Fomento de la creatividad
1) Realizar una lectura dramatizada o una representación de La zapatera prodigiosa es el mayor ejercicio de creatividad.
2) Crea un cartel, físico o con ayuda de las TIC, sobre la vida y la obra de García Lorca.
3) Escribe un relato o cuento más o menos inspirado en el tema lorquiano, pero contextualizado en nuestros días.
4) Si es posible, dibujar o pintar el ambiente rural donde se desarrolla el drama, o los objetos simbólicos, o los retratos de las protagonistas.
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Miguel Delibes: “Diario de un cazador”; análisis y propuesta didáctica

Miguel Delibes – Diario de un cazador (1955)

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

El texto es un diario de Lorenzo, bedel de una institución educativa, tal vez un Instituto de su ciudad. Comienza el 15 de agosto de 1954, que es viernes. Acaba el 25 de enero de dos años después. Es, pues, un año y medio, aproximadamente.

Expone directamente el día a día de un joven de vida humilde y pocas posibilidades económicas. Le gusta mucho la caza. Sale a cazar muchos días, con sus amigos, de forma legal e ilegal, con veda y sin ella. Mata perdices, codornices, torcaces, liebres, todo lo que vuela y corre por el campo.

Su sueldo de conserje es bajo, lo que lo mortifica bastante porque limita su deseo de cazar. Saca sobresueldo de dar las notas y gestionar matrículas. Vende apuntes de matemáticas. Se hace acomodador de un cine durante unos meses, pero es trabajo esclavo y lo deja. Luego vende cupones de la parroquia.

Don Basilio, el director del instituto, le exige que vista de gorra y se quite el blusón, y no le gusta. El profesor de francés se casa con la de alemán tras un noviazgo vigilado por Lorenzo. Él va de uniforme de librea para abrir la puerta del coche a los novios; no le hace gracia, pero lo acepta (le pagan 25 pesetas).

Carmina, su vecina de bloque, hija del señor Moro, es muy guerrera; le roba algo de ropa y la piel de una liebre.

Caza con sus amigos: Melecio (su mejor amigo, casado con Amparo, y con un hijo con su nombre, quien muere ahogado a media novela; es un hombre sereno y asentado; propietario de Dolly, la perra, que caza muy bien), Tochano (carácter algo violento y bravucón), Pepe (muere a medio libro por un accidente de caza; le da unos culatazos a su perro por no haber cazado bien y se le dispara al hombro la escopeta), Zacarías (discute y se pegan una vez, estando de caza, por quién había matado la pieza; al final hacen las paces) y algunos otros menos asiduos.

Don Florián es el cura del barrio, también antiguo cazador. Lo respeta mucho Lorenzo y le pide consejo. Había sido compañero de caza del padre de Lorenzo.

Asterio es el sastre; trabaja escuchando mambos.

La hija del buñolero, Anita, es guapa. Lorenzo se enamora de ella; tiene 19 años y duda si formalizar su relación de novios. Trabaja de peluquera. Tienen broncas y él achanta por la cuenta que le tiene.

Modes es su hermana; tiene cuatro hijos; está casada con Serafín, que es un borrachín. Modes sufre un aborto, pero luego se recupera y trae dos criaturas gemelas muy sanas.

Don David es el dueño del bar “España”, donde toman café y echan la partida todos los días los amigos de caza. Al final, vende el café a un banco y ellos se van al “Novelty”.

Lorenzo quiere comprar una escopeta nueva; le ayuda el guardia civil Aquilino; va a la subasta con 500 pesetas, pero la compran por 1700 y queda sin ella. Se deja bigote, pero le crece más de una parte que de otra. Vive con su madre, una mujer mayor (al final de la novela le da una apoplejía y queda encamada). A ella le gusta ver pasar el Talgo. 

Tino es un hermano, churrero, en Madrid. Su mujer está malita; la abren y la cierran (parece que sufre cáncer); adoptan a un niño del hospicio; Tino está como loco; al final, el adolescente adoptado les roba 2000 pesetas y se da a la fuga. Lo pillan en Guadalajara y lo meten al reformatorio.

Gana un premio de tiro a la perdiz. Obtiene 12.000 pesetas, a repartir entre los cuatro amigos.

Intentan hacer una banda de música donde Melecio tocaría la flauta; tocan una vez y se deshace. Melecio trabaja en una sierra; vive en una casa exenta, a las afueras.

Tochano se casa con Paula. Celebración alegre y discreta.

Narra muchos días de caza por los pueblos de Valladolid: Quintanilla, Ubierna, lo de Muro, lo de Ortega. Se desplaza en bicicleta (le llama la burra), o coge el tren o el autobús de línea, o aprovecha los desplazamientos del lechero.

En San Roque ganan un premio por el animal mejor endomingado, con “Dolly”. No es mucho, pero ayuda a la pobre economía doméstica.

Preparan los cartuchos en casa; compran el plomo y los rellenan en casa, para ahorrar.

El 30 de diciembre es un día especial por la boda de Tochano y Paula; los casa don Florián. Todos los amigos asisten a la boda: Tomasito, Zacarías con su señora, Melecio, su primo Esteban (arregló el contador porque su madre lo puenteaba para no pagar por la electricidad consunida), el Pepe, don David, Asterio y Juan. El diario se cierra, pero la vida cotidiana sigue, con sus luces y sombras.

  1. Temas de la novela

El libro plantea los siguientes temas:

-La vida rutinaria, pero auténtica, de un hombre normal y corriente. Sus problemas económicos, sus escarceos amorosos con Anita y su gran pasión por la caza.

-Dificultades para sobrevivir en una España pobre que todavía no ha superado la factura de la guerra civil.

  1. Lugar y tiempo de la acción narrada

Aunque nunca se da el nombre de la ciudad donde vive Lorenzo, podemos deducir que se trata de Valladolid; una ciudad provinciana, no muy grande, entregada a un ritmo tranquilo y sin sobresaltos.

El tiempo de la escritura se remonta a los años previos a 1955, pues la primera edición fue ese año. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura. Se trata de una fotografía de la España de posguerra, con las cicatrices de la guerra civil no curadas del todo. La duración de la acción es de un año y medio, de agosto de 1954 a enero de 1956, pues las entradas en el diario están fechadas.

  1. Figura del narrador

En esta novela no existe el narrador, puesto que se trata de un diario escrito en primera persona. No hay nadie que mediatice la materia narrativa. Llega al lector como el protagonista lo ha escrito.

  1. Personajes

Lorenzo, lógicamente, es el protagonista, pues escribe su diario; se centra en sus vivencias, casi todas anodinas, cotidianas, vulgares incluso. Este bedel vive con muchos apuros económicos; lo mortifica mucho no poder comprar una escopeta nueva, pues es un gran apasionado de la caza. Es un tipo auténtico, en general razonable y leal en la amistad, pero con sus puntos de caprichismo, en lo relativo a la caza; algo fanfarrón y engreído, se pega con un amigo por una pieza de caza.

El resto de los personajes poseen una importancia solo relativa. Anita, la hija del buñolero, que es peluquera, adquiere importancia porque ambos se gustan y tratan de avanzar en un noviazgo con sus altibajos; malentendidos, exceso de orgullo y algunas disonancias por las expectativas y los impedimentos sociales para desarrollar un noviazgo normal van jalonando una relación que crece a trompicones.

Melecio es el gran amigo de Lorenzo. Comparten una alta afición por la caza. Salen juntos todos los días que pueden. Se entienden bien, comparten cartuchos, la perra Dolly, propiedad de Melecio y lo poco que poseen. Se respetan y se protegen en la medida en que pueden.

Los demás amigos cazadores no adquieren un relieve individualizador. Tochano (violento y arrebatado), Pepe (muere por un accidente de caza) y Zacarías (se pega con Lorenzo por la propiedad de una pieza abatida) son los más importantes. En este mismo nivel está la madre de Lorenzo, que vive con él, y su hermana Modes, muy cargada de hijos, mujer sufrida y de armas tomar; su marido Serafín se emborracha con frecuencia, pero obedece a su mujer.

  1. Comentario estilístico

La estructura de la novela respeta la división por días, según la entrada del diario. Las entradas son de extensión variable, aunque en general predominan las breves; no todos los días tienen su entrada, sino que se va avanzando a saltos. 

La novela, que no es muy larga, es una maravilla estilística por el empleo literario de un lenguaje popular, sencillo y apropiado. El rasgo estilístico más importante es el registro lingüístico que Lorenzo utiliza: se trata de una lengua popular, muy tradicional, coloquial (“gibar”, “marrajo”, etc.) y apropiado. La palabra que más repite es “lealmente”, referido a sus respuestas y actitudes frente a las situaciones cotidianas, y marca muy bien su carácter: sincero y directo, aunque muchas veces brusco. La sintaxis es sencilla, con cierta tendencia al laconismo, lo que casa muy bien con el personaje que se expresa, de cultura limitada. El léxico rural y tradicional (referido a la caza, por ejemplo) es de una precisión muy elevada. En boca de Lorenzo, queda muy bien y contribuye a la coherencia y perfil del personaje.

  1. Contextualización

Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920 – 2010) es uno de los más importantes novelistas españoles del siglo XX. Es un autor que se fija en la vida de los humildes pueblos castellanos, pobres, olvidados y, sin embargo, poblados por personas con gran autenticidad, nunca vistas como masa informe, sino como individuos, es decir, “el prójimo”, los demás como uno mismo, pero con otras circunstancias.

Ejerció el periodismo muchos años en El Norte de Castilla y la docencia en la Escuela de Comercio de la Universidad de Valladolid. Pasó por tres fases creativas: la primera, de iniciación y aprendizaje, se muestra muy bien en su primera novela publicada, La sombra del ciprés es alargada (1947). La segunda corresponde con el hallazgo de los temas, el tono, el ritmo y el estilo más apropiado a su idiosincrasia escritora. Aquí sobresale la bellísima El camino (1950). Del período de madurez proceden los más hermosos textos salidos de su pluma. Las ratas, precisamente, es la obra que inaugura esa fase creativa, que se cierra, con su última novela, El hereje (1998).

Delibes experimentó formalmente en varias novelas alcanzando resultados asombrosos y plenos de hallazgos estéticos, como Parábola del héroe, Cinco horas con Mario y Los santos inocentes. También escribió una treintena de cuentos de enorme calado y transcendencia, entre los que figura “La mortaja”, uno de los relatos breves más hermosos escritos en lengua española.

En sus obras existe un compromiso ético de gran envergadura. Se percibe muy bien la solidaridad con los desdichados, los desastrados y pobretos; complementariamente, se percibe una fuerte crítica al cinismo, la inmoralidad y la hipocresía de la burguesía castellana, ahogada por un egoísmo cerril y asfixiante. Delibes toma partido y clama por una sociedad más equitativa que respete a las personas y ofrezca oportunidades de progreso para todos.

Aportamos un texto para calibrar la excelente calidad literaria de este título delibeseano:

10 de febrero, martes

No me había metido en la cama cuando sentí el timbre de la puerta. “Algo pasa, Lorenzo. ¡Asómate!”, me voceó la madre desde la alcoba. Esto era anteanoche. Me eché el abrigo y me asomé por la azotea. Melecio aguardaba bajo un farol y me dijo que apurarse, que había sucedido algo.en lo que tardé en bajar no me hubiera cabido un pión en el culo. Ya en la calle me comunicó que el Pepe se había pegado un tiro y estaba diñándola. Echamos a correr calle arriba como dos locos. Al Llegar donde el Pepe, Zacarías nos explicó que al querer matar una liebre encamada a culatazos se le disparó la escopeta y le alcanzó el hombro. Le pregunté ei en lo de muro y dijo que sí. Pasamos a la alcoba y allí estaba la Patro dándole al Pepe buches de agua. Es divertido esto del Pepe. El padre y él andaban ajuntados con dos socias en la misma casa. También el padre estaba allí. Le pregunté al Pepe cómo había sido, pero no acertaba a hablar. Llegó el médico y al largarse dijo que había que ponerse en lo peor. Yo le dije a Zacarías que me iba buscar al cura. Me voceó que era inútil, pero ya iba yo corriendo escalera abajo y me decía: “No podemos dejarle morir como a un perro. No podemos hacer eso”. Don Florián bajó asustado y a pesar de que reuma le hacía cojear, cruzaba las calles como un relámpago. El Pepe preguntó al verle si venía como cura o como cazador y don Florián le contestó que dejara eso, que venía a echar un párrafo y por si le necesitase. El hombre jadeaba como un perro en agosto. Daba fatiga el verle. El Pepe le advirtió que de eso que se pensaba, ni hablar, pero don Florián lo he hizo caso y se sentó junto al catre. Zacarías, Melecio, el padre del Pepe y yo mirábamos todo desde la puerta como si nos hubieran clavado allí. Al rato, don Florián empezó a decirle al Pepe que él no era malo y que muchas de las cosas que había hecho y que sirvieron para que algunos le juzgasen mal, no pasaban la mayor parte de las veces de ser travesuras. Don Florián hablaba a chorros para que el Pepe no se debilitase. Luego le recordó cuando metió de matute un cerdo en un ataúd en la época del estraperlo. El mismo don Florián la gozaba. El Pepe, desde la puerta, no parecía el Pepe. El hombre, en solo veinticuatro horas, se había quedado en la espina de santa Lucía. Me acordé de que, la víspera, el Pepe nos dijo que pensaba divertirse por toda la temporada. Lo que es la vida.

  1. Interpretación y valoración

Esta novela se ubica en el período de afianzamiento y búsqueda de un tono y un estilo personal en la narrativa de Miguel Delibes. Llama la atención el tema y los personajes y la estructura, todos de gran originalidad. Un bedel de instituto protagonizando una novela que, en el fondo, es su diario vivir, sin grandes sobresaltos, pero sí muchas penurias, es de una novedad literaria importante. Tal vez por eso esta novela fue Premio Nacional de Literatura en 1955. 

Aunque se percibe el paso de los años, el texto mantiene mucha vigencia por su intención estética: representar la vida cotidiana de un ciudadano de a pie, con sus cuitas, ilusiones y temores. En este sentido, el texto se erige en testimonio de una época llena de penurias económicas y de control de las ideologías desde el poder político.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el contenido de la novela (150 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los personajes, centrándote principalmente en Lorenzo. 

5) ¿Qué tono tiene la novela: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala el lugar y el tiempo en el que transcurre la acción narrativa. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué idea de la vida del ciudadano corriente nos llega de esta novela? 

2) El hecho del pluriempleo, como hace Lorenzo, ¿cómo se puede interpretar desde el punto de vista social y económico? 

3) ¿Qué actitudes se observan ante la caza? Céntrate en Lorenzo y sus amigos.

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la amistad? 

5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible, o alegre e imprevisible? Aporta ejemplos que corroboren tu opinión

6) ¿Qué significación se encierra en las actitudes religiosas visibles en el texto? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un texto literario, en prosa, en verso, o en forma dramática que exprese la vida diaria de una persona corriente y moliente. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Miguel Delibes.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el novelista Miguel Delibes a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Miguel Delibes, su narrativa y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Miguel Delibes.

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Manuel José Quintana: “[Poema] A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis”; análisis y propuesta didáctica

MANUEL JOSÉ QUINTANA – A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis (diciembre de 1806)

[1] ¡Virgen del mundo, América inocente!        1

Tú, que el preciado seno

al cielo ostentas de abundancia lleno,

y de apacible juventud la frente;

tú, que a fuer de más tierna y más hermosa    5

entre las zonas de la madre tierra,

debiste ser del hado,

ya contra ti tan inclemente y fiero,

delicia dulce y el amor primero,

óyeme: si hubo vez en que mis ojos,              10

los fastos de tu historia recorriendo,

no se hinchesen de lágrimas; si pudo

mi corazón sin compasión, sin ira

tus lástimas oír, ¡ah!, que negado

eternamente a la virtud me vea,                      15

y bárbaro y malvado,

cual los que así te destrozaron, sea.

[2] Con sangre están escritos

en el eterno libro de la vida

esos dolientes gritos                                       20

que tu labio afligido al cielo envía.

Claman allí contra la patria mía,

y vedan estampar gloria y ventura

en el campo fatal donde hay delitos.

¿No cesarán jamás? ¿No son bastantes         25

tres siglos infelices

de amarga expiación? Ya en estos días

no somos, no, los que a la faz del mundo

las alas de la audacia se vistieron

y por el ponto Atlántico volaron;                       30

aquéllos que al silencio en que yacías,

sangrienta, encadenada, te arrancaron.

[3] «Los mismos ya no sois; pero ¿mi llanto

por eso ha de cesar? Yo olvidaría

el rigor de mis duros vencedores:                   35

su atroz codicia, su inclemente saña

crimen fueron del tiempo, y no de España.

Mas ¿cuándo ¡ay Dios! los dolorosos males

podré olvidar que aun mísera me ahogan?

Y entre ellos… ¡Ah!, venid a contemplarme,   40

si el horror no os lo veda, emponzoñada

con la peste fatal que a desolarme

de sus funestas naves fue lanzada.

Como en árida mies hierro enemigo,

como sierpe que infesta y que devora,            45

tal su ala abrasadora

desde aquel tiempo se ensañó conmigo.

Miradla abravecerse, y cuál sepulta

allá en la estancia oculta

de la muerte mis hijos, mis amores.                50

Tened, ¡ay!, compasión de mi agonía,

los que os llamáis de América señores;

ved que no basta a su furor insano

una generación; ciento se traga;

y yo, expirante, yerma, a tanta plaga               55

demando auxilio, y le demando en vano».

[4] Con tales quejas el Olimpo hería,

cuando en los campos de Albión natura

de la viruela hidrópica al estrago

el venturoso antídoto oponía.                           60

La esposa dócil del celoso toro

de este precioso don fue enriquecida,

y en las copiosas fuentes le guardaba

donde su leche cándida a raudales

dispensa a tantos alimento y vida.                   65

Jenner lo revelaba a los mortales;

las madres desde entonces

sus hijos a su seno

sin susto de perderlos estrecharon, 

y desde entonces la doncella hermosa           70

no tembló que estragase este veneno

su tez de nieve y su color de rosa.

A tan inmenso don agradecida

la Europa toda en ecos de alabanza

con el nombre de Jenner se recrea;                75

y ya en su exaltación eleva altares

donde, a par de sus genios tutelares,

siglos y siglos adorar le vea.

[5] De tanta gloria a la radiante lumbre,

en noble emulación llenando el pecho,            80

alzó la frente un español: «No sea»,

clamó, «que su magnánima costumbre

en tan grande ocasión mi patria olvide.

El don de la invención es de Fortuna,

gócele allá un inglés; España ostente            85

su corazón espléndido y sublime,

y dé a su majestad mayor decoro,

llevando este tesoro

donde con más violencia el mal oprime.

Yo volaré; que un Numen me lo manda,          90

yo volaré: del férvido Oceano

arrostraré la furia embravecida,

y en medio de la América infestada

sabré plantar el árbol de la vida».

[6] Dijo; y apenas de su labio ardiente              95

estos ecos benéficos salieron,

cuando, tendiendo al aire el blando lino,

ya en el puerto la nave se agitaba

por dar principio a tan feliz camino.        

Lánzase el argonauta a su destino.                  100

Ondas del mar, en plácida bonanza

llevad ese depósito sagrado

por vuestro campo líquido y sereno;

de mil generaciones la esperanza

va allí, no la aneguéis, guardad el trueno,        105

guardad el rayo y la fatal tormenta

al tiempo en que, dejando

aquellas playas fértiles, remotas,

de vicios y oro y maldición preñadas,

vengan triunfando las soberbias flotas.             110

[7] A Balmis respetad. ¡Oh heroico pecho,

que en tan bello afanar tu aliento empleas!

Ve impávido a tu fin. La horrenda saña

de un ponto siempre ronco y borrascoso,

del vértigo espantoso                                       115

la devorante boca,

la negra faz de cavernosa roca

donde el viento quebranta los bajeles,

de los rudos peligros que te aguardan

los más grandes no son ni más crueles.          120

Espéralos del hombre: el hombre impío,

encallado en error, ciego, envidioso,

será quien sople el huracán violento

que combata bramando el noble intento.

Mas sigue, insiste en él firme y seguro;           125

y cuando llegue de la lucha el día,

ten fijo en la memoria

que nadie sin tesón y ardua porfía

pudo arrancar las palmas de la gloria.

[8] Llegas en fin. La América saluda                 130

a su gran bienhechor, y al punto siente

purificar sus venas

el destinado bálsamo: tú entonces

de ardor más generoso el pecho llenas;

y obedeciendo al Numen que te guía,              135

mandas volver la resonante prora

a los reinos del Ganges y a la Aurora.

El mar del Mediodía

te vio asombrado sus inmensos senos

incansable surcar; Luzón te admira,                 140

siempre sembrando el bien en tu camino,

y al acercarte al industrioso chino,

es fama que en su tumba respetada

por verte alzó la venerable frente

Confucio, y que exclamaba en su sorpresa:     145

«¡Digna de mi virtud era esta empresa».

[9] ¡Digna, hombre grande, era de ti! ¡Bien digna

de aquella luz altísima y divina,

que en días más felices

la razón, la virtud aquí encendieron!                 150

Luz que se extingue ya: Balmis, no tornes;

no crece ya en Europa

el sagrado laurel con que te adornes.

Quédate allá, donde sagrado asilo

tendrán la paz, la independencia hermosa;       155

quédate allá, donde por fin recibas

el premio augusto de tu acción gloriosa.

Un pueblo, por ti inmenso, en dulces himnos,

con fervoroso celo

levantará tu nombre al alto cielo;                       160

y aunque en los sordos senos

tú ya durmiendo de la tumba fría

no los oirás, escúchalos al menos

en los acentos de la musa mía.

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

Manuel José Quintana (Madrid, 1772 – 1857) es un importantísimo escritor y divulgador del final del Neoclasicismo y del Prerromanticismo español. Su labor política, a favor de la educación general, su incansable actividad como periodista y abogado defendiendo justas y nobles causas es una parte fundamental de la historia de España en el turbulento siglo XIX. Afortunadamente, sus compatriotas supieron reconocer y valorar sus desvelos por el progreso de la patria, como se testifica en el coronamiento como poeta nacional en 1855, por parte de Isabel II.

El poema que ahora analizamos, titulado “A la expedición española para propagar la vacuna en América bajo la dirección de don Francisco Balmis”, compuesto en 1806, justo al finalizar la empresa médica, es de gran aliento, contenido grave y tono exaltatorio y de celebración hacia España.

En la primera estrofa se dirige o apostrofa a América, se entiende que a la América española. La describe como una tierra feraz y generosa, pero con mala suerte histórica, pues su “hado” ha sido “inclemente y fiero”. Se refiere a las conquistas y violencias que han sufrido sus gentes y pueblos. El sujeto lírico confiesa que se emociona leyendo o reflexionando sobre la historia americana; ha reaccionado con compasión o con enfado al oír las “lástimas” de América.

En la segunda estrofa asevera que el dolor de los habitantes americanos primigenios son imborrables. Los gritos se oyen hasta en los cielos, especialmente los dirigidos contra los primeros conquistadores; las atrocidades superaron a las hazañas. Se pregunta el sujeto lírico si no acabarán nunca. Para que cesen, presenta dos argumentos de peso: ya van tres siglos de “amarga expiación” de los pecados de la conquista; por otro lado, los españoles de hoy poco tienen que ver con los que llevaron a cabo la colonización americana, acabando con el aislamiento del nuevo continente.

En la tercera estrofa se cede la voz a América. Es una intervención en estilo directo. En ella reconoce que los españoles de hoy no son los de entonces, pero eso no es razón para detener su llanto. Disculpa el “rigor” y “la atroz codicia” de los “duros vencedores” por los tiempos en que ocurrió, no por culpa de España. Los males la asedian. En concreto, lamenta la “peste fatal” que recorre todo el continente, con origen en Europa; América contempla cómo los niños mueren a raudales, generación tras generación, sin poder remediarlo. Solicita ayuda para acabar con esa calamidad, pero nadie reacciona.

La cuarta estrofa se abre con la advertencia de que los lamentos de América subían hasta los cielos, pero no había respuesta. De pronto, en Inglaterra, un médico nombrado Jenner, descubre que el tratamiento (“venturoso antídoto”) para la peste (la viruela) está en las vacas. Su leche alimenta generosamente a muchas personas; ahora, además, se une el tratamiento contra la viruela; una mujer se “estraga”, o se frota, con el veneno de las vacas, y ahí está la cura. Las madres pueden criar a sus hijos con salud y seguridad, sabiendo que no morirán en tierna edad. Toda Europa está muy agradecida a Jenner, de ahí que le levanten monumentos; su nombre será recordado laudatoriamente durante muchos siglos venideros.

La quinta estrofa refiere que un español (no se da su nombre todavía) decide tomar el descubrimiento del inglés y llevarlo a América, donde más estragos hacía la enfermedad. Actuando con generosidad y valentía, arrostrando peligros, decide tratar de erradicar la enfermedad en la América española.

En la sexta estrofa se narra que se pasa de las palabras a los hechos inmediatamente. Una nave con la medicina zarpa de España a América. El sujeto lírico pide a los americanos que le ayuden en su camino, con sus buenos deseos, pues lleva “ese depósito sagrado”, la cura, en sus bodegas. Desea que las tormentas y los accidentes marítimos no malogren la travesía y espera ver ll nave de regreso a España tras haber completado con éxito su misión.

La séptima estrofa se abre desvelando el nombre del español que comanda esta noble misión médica y humanitaria: Balmis. Pide respeto para él, lo trata de héroe. Le advierte que las tormentas marítimas no son el peligro mayor que le espera, sino de otros hombres envidiosos, estúpidos y crueles, que querrán hacerse con su gloria. Le pide a Balmis que persevere con ahínco en su empeño y que recuerde que la gloria se gana con mucho tesón y sufrimientos. 

La expedición llega a América y se empieza a distribuir la cura, con gran eficacia y alivio de las personas. Pero Balmis no para ahí. Se dirige a Oriente, a las Islas Filipinas (parte del Imperio español) y a China, guiado por los buenos guiones y su generosidad. Allí donde llega, cura a los niños y es admirado. Una leyenda dice que Confucio, el pensador chino, se levantó de su tumba y alabó el altruismo virtuoso de Balmis y sus acompañantes.

La novena y última estrofa es una alabanza a Balmis, a quien se considera un hombre virtuoso, grande y digno de alabanza. Le pide que no regrese (tal vez de América, tal vez del otro mundo, pues parece que está muerto), para que su “acción gloriosa” sea celebrada por todos los siglos, en una época de paz y de independencia. Aunque él ya no pueda oírlo, pues yacerá en su tumba, al menos le llegará el eco de este poema, escrito en su alabanza.  

2. Tema

El tema del poema es la celebración del éxito de la expedición española para llevar la vacuna de la viruela a América y a Asia. También se desarrollan otros subtemas, como son: la generosidad virtuosa del médico jefe, Francisco Balmis; y, finalmente la resolución y virtud de España, que ha llevado la cura a la viruela a todo el mundo.

3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura tripartita bien reconocible. Tenemos:

-La primera estrofa (vv. 1-17) forma un primer apartado. Posee un tono introductorio y de apelación al continente americano. Es una introducción subjetiva a la historia de América y a su accidentada historia. 

-Las estrofas 2-8 (vv. 18-146) constituye el segundo apartado temático. Se narra la proeza de la expedición española liderada por el doctor Balmis. Funciona como el núcleo narrativo y explicativo de la gran hazaña médica española.

– La novena estrofa (vv. 147-164) conforma el último apartado. Posee un claro tono conclusivo. Reitera las alabanzas a Balmis y su expedición, insiste en su generosidad y virtud y asegura que su nombre nunca será olvidado, incluso después de su muerte.

4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por ciento sesenta y cuatro versos agrupados en nueve estrofas; cada una de ellas tiene un número variable de versos; la primera está conformada por diecisiete versos; la cuarta, por veintidós; etc. En general, cada estrofa contiene alrededor de veinte versos. Los versos son heptasílabos (siete sílabas; arte menor, por tanto) y endecasílabos. No existe una rima como tal, aunque en cada estrofa se distinguen perfectamente pareados, tercetos, serventesios y cuartetos (a veces, por ser versos heptasílabos, corresponde a la misma estrofa en arte menor: tercetas, cuartetas y redondillas). En conjunto, se puede afirmar que estamos ante una silva, composición poética en la que alternan libremente heptasílabos y endecasílabos.

5. Comentario estilístico

El poema posee un tono de alabanza y loa de primer orden. En este sentido, estamos ante una oda, poema que celebra y alaba un hecho memorable; algún toque de poema épico también se percibe, pues la acción del equipo de Balmis es una verdadera hazaña digna de memoria. Quintana emplea un estilo elevado, solemne y un poco retórico o excesivamente adornado. Por mor de la brevedad, analizaremos solo la primera estrofa para evidenciar estas características; con las demás se podría hacer lo mismo.

La primera estrofa se abre con una apóstrofe doble dirigida a América; en su interior contiene una metáfora (“Virgen del mundo”), una personificación metaforizada (“América inocente”) y un paralelismo; ocupa el primer verso del poema. Sigue una metáfora para significar la feracidad y generosidad de América, junto con la corta edad de sus habitantes. La invocación sigue en el verso 2, a través del pronombre “Tú”, que se repetirá anafóricamente en el verso 5. Los encabalgamientos y los hipérbatos, bastantes violentos, jalonan el discurrir de los versos. La adjetivación es muy rica, a veces se trata de epítetos, pero otras veces no. Así se ve en “América inocente”, “preciado seno”, “apacible juventud”, etc. Da una impresión de cierta ampulosidad verbal.

Las bimembraciones (con adjetivos, sustantivos, sintagmas completos, etc.) abundan: “más tierna y más hermosa” (v. 5), “inclemente y fiero” (v. 8), “delicia dulce y amor primero” (v. 9); en este último ejemplo apreciamos el paralelismo, relativamente frecuente. El circunloquio también es muy frecuente; en general, está metaforizado, como ocurre en “debiste ser del hado, / ya contra tan inclemente y fiero, / delicia dulce y amor primero” (vv. 7-9); desea significar que América es una tierra afortunada por su feracidad y desgraciada por su destino histórico. 

La apóstrofe se hace evidente en el verso 10, donde aparece el verbo “óyeme” (el sujeto es el “tú” del verso 2. Esa forma imperativa reclama la atención de América por parte del sujeto lírico. Este habla de sí mismo y, a través de un largo circunloquio, le confiesa a América que siempre se ha condolido de su mala fortuna, de sus padecimientos y desgracias históricas de todo tipo. Los ojos del sujeto lírico se han henchido “de lágrimas” (v. 12) por los padecimientos americanos. El paralelismo de las dos construcciones condicionales (“si hubo vez…”, “si pudo / mi corazón…”) alargan el desenlace, aumentan la tensión poética y el dramatismo. Este, precisamente, se ve acentuado con la interjección “¡ah!” (v. 14). Emplea ocho versos para afirmar que siempre se ha emocionado recorriendo la historia de América y que merecería un fin desastrado si mintiese afirmando eso; podemos ver el circunloquio en toda su plenitud. Los símiles (“cual los que así te destrozaron”, v. 17) y otra vez los paralelismos y las bimembraciones van poblando el poema.

Como se puede apreciar fácilmente, estamos ante un poema con un léxico culto; unido al uso intenso de los recursos sintácticos (hipérbatos y encabalgamientos, principalmente), crean una sensación de cierto recargamiento retórico. Este se ve atenuado por la carga emocional subjetiva, relativa al sujeto lírico, que se transparenta llanamente. Habla de lo que de verdad lo conmueve, sin grandes disimulos (de hecho, en la última estrofa, existe una clara alusión a la opinión favorable a la independencia respecto de España).

6. Contextualización

Como afirmamos al comienzo, Manuel José Quintana (Madrid, 1772 – 1857) es un importantísimo literato y filólogo del final del Neoclasicismo y del Prerromanticismo español. Su enorme talento y dedicación fructificó en grandes y memorables trabajos literarios y filológicos con repercusión hasta mediados del siglo XX, uno después de su muerte. Hoy, sin embargo, su vigencia ha disminuido sensiblemente, seguramente con injusticia.

Su obra más conocida es, seguramente, la tragedia Pelayo (1805). Su poesía se recogió en varios volúmenes en vida, como Poesías (con sucesivas ediciones desde 1788), Poesías patrióticas (1808), etc. En prosa ensayística, nos dejó Vida de españoles célebres (3 vols., de 1807 en adelante). Como filólogo y compilador se leyó mucho su Poesías selectas castellanas (3 vols., 1830-1833); se ha alabado invariablemente su buen gusto, su tino filológico y su ponderación valorativa.

Quintana gozó de una sólida formación neoclásica. Su producción comenzó bajo el canon neoclásico e ilustrado, pero fue evolucionando hacia postulados románticos más o menos exteriorizados, como se percibe en la poesía que hemos comentado, a un paso del estilo y tono de un Espronceda, sin ir más lejos. Subjetivismo, atención a la naturaleza, tono algo grandilocuente, cierto retoricismo, tendencia al verso libre, etc. son algunas de las características comunes. 

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (su nombre oficial), o la expedición de Balmis (1803-1806), como se conoce popularmente, constituye una de las grandes aportaciones españoles al humanismo internacional. Se tomaron 22 niños expósitos españoles (madrileños y gallegos); se iban “contagiando” uno a uno, introduciendo unas gotas de líquido de las pústulas del niño afectado escalonadamente, cada diez días aproximadamente, para que se mantuviera vivo el virus de la viruela a lo largo de la travesía. Estamos ante el inicio de la vacuna como procedimiento curativo. La increíble hazaña de Francisco José Balmis (Alicante, 1753 – Madrid, 1819), Isabel Zendal (Ordes, La Coruña, 1771 – Puebla, México, s.f., la enfermera coruñesa que cuidaba de los niños) y los dos médicos auxiliares del propio Balmis es una gran proeza médica con sello español. América, Filipinas y China (fuera del territorio del Imperio) recibieron los beneficios de esta gran empresa sanitaria, guiada por el altruismo y la generosidad, acompañados por unas dosis de intrepidez y aventura. El resultado final, a la vista está, fue un éxito increíble, acaso injustamente olvidado. Motivos no le faltaban a Quintana para componer su poema.

7. Interpretación y valoración

Este hermoso y ejemplar poema se dedica a la loa de una de las grandes hazañas humanistas de España: la propagación de la vacuna de la viruela entre la infancia de América y Asia, de influencia española. Lo hace con un sentimiento de orgullo porque la acción fue positiva y benefactora para millones de niños; también porque España lo hizo a su costa y sin que existieran precedentes que sirvieran de modelo.

Quintana distribuye la materia poética en una introducción, un desarrollo y una conclusión intimista y sintética. El orden de la disposición de la materia contribuye a una lectura clara y comprensiva. Su amor a América y su mala conciencia por los episodios más sangrientos y tristes de la época de la conquista y la colonización son expresados con claridad y sentimiento. Más allá de la razón que le pueda acompañar, es destacable su franqueza de ánimo y su limpieza de corazón, lo que son virtudes no menores.

El poema es bastante transparente, equilibrado y proporcionado. El fondo y la forma sintonizan a la perfección, pues se trata de celebrar en una oda en forma de silva un gran triunfo médico. Este tipo de poesía se denomina cívica o patriótica, pues se crea para celebrar las proezas de una nación o cantar sus bondades naturales.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada; con ejemplificar con la primera estrofa es suficiente. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado, ciñendo a la primera estrofa. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué opinión tiene el sujeto lírico de América? 

2) El poeta, ¿qué sentimientos muestra respecto de la expedición Balmis? 

3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica la generosidad de América y su mala suerte histórica, según el poeta.

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de los amigos? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Qué movió a Balmis a organizar la expedición?

6) Los niños, ¿adquieren una importancia especial en el poema? ¿Por qué?

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un hecho destacable o importante realizado por alguien o por tu comunidad (pueblo, región, o nación) que sea digno de ser recordado. Puedes imprimir un sentido de loa y admiración, como ha realizado Quintana.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Manuel José Quintana a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Manuel José Quintana, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una gran hazaña, hecho heroico o aventurero, que haya redundado en beneficio de los demás (filantrópico), sin esperar beneficios económicos por ello. Pueden ser reflejo de una acción admirable con intención humanitaria.

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José Iglesias: “Letrilla satírica”; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ IGLESIAS DE LA CASA – Letrilla satírica

LETRILLA SATÍRICA
[1] ¿Ves aquel señor graduado,        1
roja borla, blanco guante,
que nemine discrepante
fue en Salamanca aprobado?
Pues con su borla, su grado,      5
cátedra, renta y dinero,
es un grande majadero.
[2] ¿Ves servido un señorón
de pajes en real carroza,
que un rico título goza,             10
porque acertó a ser varón?
Pues con su casa, blasón,
título, coche y cochero,
es un grande majadero.
[3] ¿Ves al jefe blasonando            15
que tiene el cuero cosido
de heridas que ha recibido
allá en Flandes batallando?
Pues con su escuadrón, su mando,
su honor, heridas y acero,         20
es un grande majadero.
[4] ¿Ves aquel paternidad,
tan grave y tan reverendo,
que en prior le está eligiendo
toda su comunidad?                  25
Pues con su gran dignidad,
tan serio, ancho y tan entero,
es un grande majadero.
[5] ¿Ves al juez con fiera cara
en su tribunal sentado,             30
condenando al desdichado
reo que en sus manos para?
Pues con sus ministros, vara,
audiencia y juicio severo,
es un grande majadero.            35
[6] ¿Ves al que esta satirilla
escribe con tal denuedo,
que no cede ni a Quevedo
ni a otro ninguno en Castilla?
Pues con su vena, letrilla,      40
pluma, papel y tintero,
es mucho más majadero.

  1. ANÁLISIS

1.1. Resumen

José Iglesias de la Casa (Salamanca, 1748 – Carbajosa de la Sagrada, Salamanca, 1791) es un excelente poeta de la España neoclásica, miembro de la Escuela de Salamanca. Sus poemas tocan varios registros, del bucólico y el romance, a la égloga y el didactismo. Sin embargo, sus mejores poemas se inscriben en la tradición satírico burlesca, heredada del Barroco y más atrás.

El poema que ahora comentamos, como se expresa en su título, es una letrilla satírica. El DLE define la letrilla como “Composición poética, amorosa, festiva o satírica, que se divide en estrofas, al fin de cada una de las cuales se repite ordinariamente como estribillo el pensamiento o concepto general de la composición, expresado con brevedad”. He aquí, pues, una letrilla en estado puro. El poeta Iglesias ridiculiza las pretensiones e ínfulas que se dan circo personajes: el graduado universitario, el noble terrateniente, el militar de alta graduación, el clérigo con una alta dignidad de cargo y el juez encopetado y severo en el gesto y en las sentencias. A todos ellos los tilda, en el estribillo de “majaderos”. Cierra su poema con una estrofa breve en la que él mismo se adjetiva como “mucho más majadero” que todos los demás. “Majadero” significa “necio y porfiado”, es decir, perseverante en su tontuna, ignorancia o falta de luces.

El poema rebaja por la vía de la riduculización las ínfulas y el relumbrón que se dan estos cinco personajes que han alcanzado el éxito económico y social. No da razones, solo los desenmascara, riéndose de ellos, tildándolos de estúpidos. 

1.2. Tema

El tema del poema es la censura y ridiculización de cinco tipos sociales encumbrados que tienen en común la soberbia y la arrogancia. El humor viene por la vía de la inclusión del sujeto lírico en el mismo grupo, siendo solo un discreto poeta.

1.3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura de seis apartados temáticos bien reconocibles. En cada estrofa satiriza un grupo social, a través de un individuo. Así, tenemos:

-Primera estrofa y primer apartado (vv. 1-7): satiriza el graduado por Salamanca, con buenos cargos académicos, catedrático incluido. Presume con sus ropajes estrafalarios (borla roja y guantes blancos). 

-Segunda estrofa y segundo apartado (vv. 8-14): ridiculiza al noble ricachón, con palacio blasonado, carroza y muchos criados. 

– Tercera estrofa y tercer apartado (vv. 15-21): hace mofa del militar de alta graduación, con citratices en el rostro y bien armado.

-Cuarta estrofa y cuarto apartado (vv. 22-28): somete a befa al hombre eclesiático de las altas jerarquías, con gesto grave y serio.

-Quinta estrofa y quinto apartado (vv. 29-35): ridiculiza al juez de alto rango, con su cara agresiva y desafiante que manda a la cárcel al pobre desgraciado.

-Sexta estrofa y sexto apartado (vv. 36-43): el sujeto lírico se mira a sí mismo; dice ser más satírico que el propio Quevedo, y es tan majadero como los cinco restantes. El rasgo de humor ácido es innegable. 

1.4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por cuarenta y dos versos agrupados en seis estrofas de siete versos cada una. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto). La rima consonante es: abbaacc; como vemos, se trata de una redondilla, más un verso de vuelta y un pareado. La rima cambia en cada redondilla de cada estrofa, pero el pareado se mantiene en ero. La musicalidad alegre, rápida y viva destaca inmediatamente.

1.5. Comentario estilístico

El poema presenta un tono dialógico muy visible. El sujeto lírico establece un diálogo con el lector implícito. El verbo en segunda persona “ves”, que abre cada estrofa, fija una conversación más o menos viable y explícita con el lector. Ese tono coloquial se refuerza con las primeras palabras del verso cinco de cada estrofa, al finalizar la interrogación retórica: “pues con su…”; es una expresión de sabor popular y sirve para desmitificar la figura del poderoso ante descrita.

La interrogación retórica es el recurso principal del poema; ya sabemos que se trata de un modo de afirmar. La enumeración es el segundo recurso más significativo; dentro de él, cada sustantivo (son cinco en cada estrofa, excepto en la cuarta y quinta, que son cuatro), referido al sujeto que ridiculiza, suelen funcionar como metonimias de aquellos. Representan su poder, su autoridad, su soberbia, etc. El estribillo “es un grande majadero”, repetido en cada una de las seis estrofas, crea un sonsonete que refuerza la burla contra los poderosos.

La descripción que realiza de cada personaje satirizado es aguda y mordaz; se logra a base de sustantivos metonímicos, a veces acompañados adjetivos epítetos que muestran el engolamiento de estos individuos. Por ejemplo, al “señor graduado”, nos lo pinta con una “roja borla” (v. 2) y un “blanco guante”; queda fijado en nuestra retina con su ridícula vestimenta. Otra veces los muestra en movimiento, realizando alguna acción, como al “juez de fiera cara” (v. 29) que está sentenciando a un “desdichado reo”.

El poema le baja las ínfulas a gente poderosa que, ensoberbecidos, piensan que son realmente importantes en el mundo. No más que el propio poeta, como expresa irónica y festivamente en la última estrofa. Al fin y al cabo, nos viene a decir, todos somos algo majaderos a poco que la oportunidad nos sea propicia. Vemos que el poema va más allá de la mera sátira social, para reflexionar con amargura melancólica sobre la triste condición humana.

El poema es agudo y mordaz, y pone el dedo en la llaga de un defecto muy común: la soberbia; el deseo de sentirse superior sin causas reales es algo tan común como repugnante, nos indica el poeta, a vueltas de sus descripciones ridiculizadoras.

1.6. Contextualización

Como ya afirmamos, José Iglesias de la Casa (Salamanca, 1748 – Carbajosa de la Sagrada, Salamanca, 1791) es un excelente poeta de la España neoclásica, miembro de la Escuela de Salamanca. Estudió en la universidad de su ciudad y accedió al orden sacerdotal a los treinta y cinco años, lo que le aseguró un sustento razonable. 

Escribió bastante poesía satírica, bucólica, elegíaca y didáctica, como La niñez laureada. Sus Poesías (1795) recoge póstumamente su producción en verso. 

1.7. Interpretación y valoración

Este poema satírico, o letrilla, posee una enorme vigencia y actualidad. Critica con gracia y picardía la soberbia de ciertos tipos sociales que comparten la riqueza, el poder, la influencia y la soberbia ostentosa. Iglesias los rebaja a meros imbéciles con suerte o habilidad para llegar a lo más alto. El poema imprime un quiebro final muy interesante; ahí, el sujeto lírico se trata a sí mismo como uno más de esos tipos “majaderos”. Todo es una broma, con un fondo de verdad, nos viene a decir; así que nos sugiere tener cuidado con tomar sus palabras en serio, puesto que su propia palabra no es muy fiable.

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué significa “majadero” en el contexto del poema? 

2) De los seis tipos sociales ridiculizados, ¿cuál te parece más cercano a nuestro tiempo? 

3) Localiza los sustantivos claves para entender la petulancia de los poderosos. . ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto el humor? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Cómo comprendemos la sátira y la ironía presentes en el poema?

6) El poema, ¿trata por igual a los individuos de un grupo determinado? ¿Eso es justo o injusto? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que satirice a tipos sociales con graves defectos personales. Puedes imprimir un sentido humorístico y ridiculizador, como ha realizado el poeta José Iglesias.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Iglesias a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre José Iglesias de la Casa, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar una crítica satírica, humorística e irónica, donde tú mismo te incluyas como satirizado; serán reflejo de  un grupo social censurable desde tu punto de vista, siguiendo el ejemplo de José Iglesias.

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Juan Meléndez Valdés: “De la primavera”; análisis y propuesta didáctica

JUAN MELÉNDEZ VALDÉS – “De la primavera”

De la primavera

[1] La blanda primavera          1

derramando aparece

sus tesoros y galas

por prados y vergeles.

[2] Despejado ya el cielo        5

de nubes inclementes,

con luz cándida y pura

ríe a la tierra alegre.

[3] El alba de azucenas

y de rosa las sienes               10

se presenta ceñidas,

sin que el cierzo las hiele.

[4] De esplendores más rico

descuella por oriente

en triunfo el sol y a darle        15

la vida al mundo vuelve.

[5] Medrosos de sus rayos

los vientos enmudecen,

y el vago cefirillo

bullendo les sucede,              20

[6] el céfiro, de aromas

empapado, que mueven

en la nariz y el seno

mil llamas y deleites.             

[7] Con su aliento en la sierra 25

derretidas las nieves,

en sonoros arroyos

salpicando descienden.

[8] De hoja el árbol se viste,   

las laderas de verde,              30

y en las vegas de flores

ves un rico tapete.          

[9] Revolantes las aves

por el aura enloquecen,         

regalando el oído                    35

con sus dulces motetes;

[10] y en los tiros sabrosos

con que el Ciego las hiere

suspirando delicias,               

por el bosque se pierden,       40

[11] mientras que en la pradera

dóciles a sus leyes

pastores y zagalas

festivas danzas tejen         

[12] y los tiernos cantares 45   

y requiebros ardientes

y miradas y juegos

más y más los encienden.

[13] Y nosotros, amigos,    

cuando todos los seres      50

de tan rígido invierno

desquitarse parecen,

[14] ¿en silencio y en ocio

dejaremos perderse          

estos días que el tiempo     55 

liberal nos concede?

[15] Una vez que en sus alas

el fugaz se los lleve,

¿podrá nadie arrancarlos    

de la nada en que mueren?  60

[16] Un instante, una sombra

que al mirar desaparece,

nuestra mísera vida

para el júbilo tiene.              

[17] Ea, pues, a las copas,  65

y en un grato banquete

celebremos la vuelta

del abril floreciente.

  1. ANÁLISIS
  2. Resumen

Juan Meléndez Valdés, conocido también por el seudónimo de Batilo, (Ribera del Fresno, Badajoz, 1755 – Montpellier, Francia, 1817) es un un excelente poeta de la España neoclásica. Sus poemas, de corte anacreóntico, describen una naturaleza atractiva y armoniosa y anima al discreto goce de los placeres naturales.

El poema que ahora nos disponemos a analizar. En la primera estrofa, la primavera, personificada, aparece regalando bienestar y placer. La segunda estrofa describe el cielo azul y limpio, agradable de ver. La tercera estrofa se fija en las flores, las azucenas y las rosas, hermosas de ver, sin miedo a que el viento frío del norte las hiele. La cuarta estrofa describe el sol y los días largos, alegrando a las personas. La quinta estrofa insiste en que el frío viento se retira y, a cambio, una suave brisa lo reemplaza. En la sexta estrofa se presenta el céfiro (viento suave del sur, o del oeste) como portador de aromas placenteros y agradables. Los arroyos, cargados de agua por el deshielo, descienden alegres por las laderas, pinta en en séptima estrofa. En la octava se fija el sujeto lírico en los colores del campo: el verde predomina, por el color de las hojas y de las hierbas. La novena estrofa se fija en el canto de las aves, alegre y risueño, llenándolo todo. La décima estrofa parece referirse a los cantos de amor (Ciego parece aludir a Cupido, el ser mitológico que propicia el amor; se representa con los ojos vendados). En la undécima estrofa aparecen los humanos por primera vez; los pastores se divierten con cantos y bailes, festejando la llegada del buen tiempo. La duodécima estrofa narra el nacimiento y crecimiento de pasiones amorosas entre los pastores. Las estrofas número trece y catorce forman una sola unidad sintáctica y semántica; apela a sus amigos, para que aprovechen y celebren la llegada de la primavera. La décimo quinta estrofa advierte que lo que el tiempo se lleva, nunca volverá, pues todo está destinado a perecer. La décimo sexta estrofa advierte que la vida es breve, y conviene celebrar, aunque sea efímero, el momento de la alegría. La décimo séptima y última estrofa apostrofa a sus amigos para que celebren con un banquete la llegada de la primavera.

2. Tema

El tema del poema es la celebración de la llegada de la primavera. También se desarrollan otros subtemas, como son: el buen tiempo aumenta la alegría y la felicidad; y, finalmente el exhorto a los amigos del sujeto lírico para que celebren con regocijo la llegada de la primavera.

3. Apartados temáticos

El poema presenta una estructura tripartita bien reconocible. Tenemos:

-Las doce primeras estrofas (vv. 1-48) forman un primer apartado. Posee un tono descriptivo; pinta con palabras los distintos aspectos y sensaciones placenteros que trae la naturaleza (cromáticas, táctiles, olfativas y auditivas).

-Las estrofas 13-16 (vv. 49-64) constituye el segundo apartado temático. Exhorta a los amigos a celebrar placenteramente la llegada de la primavera porque se irá, como se va todo, y finalizará, como sus mismas vidas, en la muerte. 

– La décimo séptima estrofa (vv. 65-68) conforma el último apartado. Posee un claro tono conclusivo. Reitera la invitación a los amigos para celebrar con un banquete, y lo que implica de fiesta y regocijo, la llegada de la primavera.

4. Aspectos métricos y de rima

Este poema está compuesto por sesenta y ocho versos agrupados en diecisiete estrofas de cuatro versos cada una. Los versos son heptasílabos (siete sílabas; arte menor, por tanto). La rima asonante en é-e entre los versos pares (coinciden solo las vocales desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: -a-a. Meléndez Valdés ha empleado el romancillo como estrofa de su composición. Se trata de una variante del romance (en este, los versos son octosílabos y se agrupan en tiradas o series de extensión indeterminada, a voluntad del poeta). Es una estrofa popular, propia de la poesía folclórica, de origen anónimo, colectivo y oral, cuyo origen se hunde en el final de la Edad Media. Meléndez Valdés agrupa los versos en estrofas de cuatro versos (recordando levemente a la redondilla o a la cuarteta), lo que sirve para crear una cadencia suave y melodiosa.

5. Comentario estilístico

El poema posee un tono descriptivo y exhortativo muy importante. El yo lírico pinta con palabras cómo es la llegada de la primavera. Todo es positivo, alegre, placentero a los sentidos. El poema se abre con una sinestesia que anuncia esas sensaciones: “blanda primavera” (v. 1); inmediatamente se personifica esa estación a través del verbo “derramando aparece” (v. 2); las dos bimembraciones y el paralelismo consiguiente en los versos 3 y 4 refuerzan la idea de bienestar: “tesoros y galas”, “prados y vergeles”. El sujeto lírico crea un marco físico y otro mental donde se desarrolla su percepción de la naturaleza. Los hipérbaton y encabalgamientos, constantes en todo el poema, contribuyen poderosamente a la creación de una melodía de fondo que recorre el poema; como una música suave y cadenciosa que se crea en la propia lectura.

En la segunda estrofa se destaca la percepción visual: la primavera trae luz y el cielo está “despejado” (v. 5). En esta estrofa los adjetivos, epítetos en su mayor parte, crean una sensación de bienestar. La luz es “cándida y pura” (v. 7), la tierra es “alegre” (v. 8), frente a las nubes “inclementes” (v. 6); se crea así una antítesis que realza el bienestar primaveral.

La tercera estrofa es de naturaleza cromática y floral. Las “azucenas” y la “rosa” imponen su presencia alegre, sin peligro de que el viento frío del norte las hiele, pues este ha desaparecido. El amanecer primaveral es tan hermoso como el de una persona con su cabeza ceñida por una corona de flores.

La cuarta estrofa se dedica al sol. Se narra su llegada como algo positivo. Su venida es un “triunfo” (v. 15), metáfora de la victoria primaveral. El astro revivifica al mundo, como si fuera un dios lleno de “esplendores” (v. 13), metáfora de lo vivificante. Obsérvese la metonimia por la que la primavera entera se identifica con un amanecer de un solo día.

La quinta estrofa describe las percepciones acústicas y táctiles del viento. Personificado (“los vientos enmudecen”), el viento frío se retira y, a cambio, un “cefirillo”, el viento cálido del sur, lo sustituye. También se personifica este a través del gerundio “bullendo” (v. 20), significando que traen vida.

La sexta estrofa, toda ella formada por una oración, se dedica a ese viento benéfico. Trae aromas suaves y remueve los deseos y pasiones de las personas (aludidos metafóricamente a través de “llamas y deleites”). Otra vez las bimembraciones y el paralelismo (“nariz y seno”, “llamas y deleites”, vv. 23 y 24) aportan una musicalidad suave y agradable. Notemos que ahora han surgido reacciones humanas; hasta ahora solo eran descripciones del mundo natural.

En la séptima estrofa se vuelve al marco natural: se describen los “sonoros arroyos” (v. 27), cargados de agua por el deshielo. Tenemos una percepción auditiva y otra visual, formando un efecto sinestésico de una sensación agradable. Las personificaciones de “sierra” y “arroyos” potencian la significación de armonía natural.

En la octava estrofa predominan las percepciones cromáticas, en concreto el color “verde” (v. 30), aplicado a tres elementos naturales: los árboles, las laderas y las vegas cubiertas de flores. El marco natural, ahora, visto en un plano más vertical, es placentero y bello. Nótese como el sujeto lírico se dirige a un lector implícito, a través del verbo es segunda persona “ves” (v. 32); este se ve incluido en la percepción de la naturaleza y, de algún modo, participa de su belleza. Ese color verde se potencia con la metáfora “rico tapete” (v. 32) referido a la capa vegetal de la tierra. 

La novena estrofa se concentra en las percepciones auditivas, todas alegres, pues estas son los cantos de las aves; entonan verdaderas canciones sentimentales y espirituales, a las que se alude a través de la metáfora personificada “dulces motetes” (v. 36); un motete es una breve composición musical de carácter religioso en torno a alguna palabra de la Eucaristía. El efecto benéfico se expresa con el verbo “regalando” (v. 35); la persona se calma escuchando esta música. Nótese también la abundancia de verbos y perífrasis verbales, en esta primera sección del poema, en gerundio; crean una sensación de alargamiento de la acción, como si se estirara en el tiempo. La sinestesia generada en “dulces motetes” incrementa la atmósfera de felicidad.

La décima estrofa advierte de la presencia del amor; se alude a él a través del “Ciego” (creemos que se refiere al dios Cupido), que lanza “tiros sabrosos” (v. 37) con su arco para herir de amor a las aves del campo. La paradoja de la expresión anterior potencia la significación de la alegría indescriptible traída por la primavera.

La undécima estrofa es continuación de la anterior (sintácticamente, forman una única oración, junto con la duodécima). Ahora aparecen personajes humanos: “pastores y zagalas” (v. 43) celebran con “danzas” (v. 44) la llegada de la primavera. El sujeto lírico se ha fijado en individuos sencillos y de vida campestre, metáfora de la simplicidad natural. “Dóciles a sus leyes” (v. 42) advierte que la reacción festiva de los pastores es algo inevitable, pues la primavera lo exige así.

La duodécima estrofa alude al nacimiento del amor y de las pasiones, que crecen como un fuego (al que se alude a través de la metáfora “los encienden”, v. 48) en las personas. Es muy llamativo el polisíndeton de esta estrofa (se repite cinco veces la conjunción “y), al menos una vez cada verso. Refuerza la significación de lo impetuoso e imparable del efecto sentimental que trae la primavera. La repetición “más y más” (v. 48) no hace sino insistir en ese tema; lo mismo que ocurre con las sinestesia “tiernos cantares” (v. 45) referida a la música que incrementa el amor.

En la décimo tercera estrofa el sujeto lírico se dirige a sus amigos, en un tono conversacional, intimista y amistoso (justo lo que hicieron los poetas de la Generación del 50, en España, tras la guerra civil; Meléndez Valdés se adelantó un siglo y medio; en las artes, no hay nada nuevo bajo el sol). La estrofa entera es la primera parte de la oración que llama a celebrar con regocijo la llegada de la primavera, que nos libra del “rígido invierno” (v. 51). La antítesis intensifica el valor de aquella frente a este.

La décimo cuarta estrofa, segunda parte de la oración, se resuelve en una interrogación retórica interpelando a los amigos para que ellos también celebren el advenimiento primaveral, pues, de lo contrario, esos días se perderán. Nótese la personificación de los días y el tono reflexivo y existencial que ahora se añade al poema.

La elipsis de “días” en la décimo quinta estrofa ya advierte de que pronto desaparecerán. El tiempo vuela (se expresa a través de la metáfora “en sus alas / el fugaz se los lleve”, vv. 56-57) y no hay modo de volver atrás. La terrible metáfora, muy sombría, “la nada en que mueren”, referidos a los días, advierte que la muerte es el destino final de todo y de todos. La interrogación retórica de los dos últimos versos es una afirmación enfática del siniestro panorama.

La décimo sexta estrofa intensifica este mensaje. Es una oración enunciativa de sentido metafísico. La “mísera vida” (v. 63) del hombre ha de entretenerse con estos instantes muy breves y fugaces, como advierte la metáfora de “sombra” (v. 61) aplicada a esos momentos. Se trata de un razonamiento que refuerza la idea de la brevedad de la vida.

La décimo séptima y última estrofa muestra una naturaleza exhortativa, casi imperativa. Se abre con una interjección, “Ea” (v. 65), para animar a los amigos a la conmemoración, todos juntos, como expresa el verbo en primera persona del plural (“celebremos”, v. 67). La metonimia de “a las copas” significa que es el momento de entregarse al placer y al gusto más sensorial, para compensar el invierno y la muerte. El “abril floreciente”, verso final del poema, es metáfora y metonimia en sí mismo de la alegría, la felicidad y la esperanza; ha venido, será breve, pero alegrémonos con él, pues todo es demasiado breve en esta vida.

Como hemos podido ver, el poema posee un tono exaltatorio de la primavera, pero también contiene una reflexión sobre la vida humana, de tintes sombríos y lúgubres. Precisamente porque la vida es breve, gocemos de los breves ratos de felicidad y alegría entregándonos a los discretos placeres a nuestro alcance. El poema posee un tono de contención y sencillez, como queriendo acompasar la expresión al contenido. Sin embargo, en el fondo, bien visto, descubrimos un ejercicio poético de sencillez elaboradísima que busca transmitir un exhorto en un sentimiento de melancolía, celebrando la amistad y la primavera.

6. Contextualización

Como ya afirmamos, Juan Meléndez Valdés, conocido también por el seudónimo de Batilo, (Ribera del Fresno, Badajoz, 1755 – Montpellier, Francia, 1817) es un un excelente poeta de la España neoclásica. Su formación humanista y jurídica en la Universidad de Salamanca (donde formó tertulia amistosa y literaria con Cadalso, Quintana e Iglesias, todos ellos preclaros escritores neoclásicos) le permitió ocupar puestos de juez y otras instancias políticas y dedicarse a la poesía, su verdadera vocación, para la que poseía un enorme talento.

Alcanzó gran prestigio en vida, sobre todo a raíz de la publicación de Batilo y de sus Poesías por el prestigioso e influyente impresor madrileño Joaquín de Ibarra, en 1785. Sus ideas de progreso, justicia y racionalidad lo llevaron a colaborar con el gobierno francés de José Bonaparte. Cuando este cayó en 1813 y hubo de huir a su país de origen precipitadamente, Francia, tratando de robar un inmenso patrimonio artístico español, Meléndez Valdés y otros muchos “afrancesados” también abandonaron España. De ahí su muerte en Francia, aunque sus restos volvieron a España con posterioridad. Sus Discursos forenses (1821) alcanzaron notoriedad. Sin embargo, su Oda a José Bonaparte (1810-1811) no hizo sino propagar su imagen de “afrancesado” y traidor a la patria, lo que no es del todo justo.

7. Interpretación y valoración

Este hermoso y equilibrado poema transmite asuntos aparentemente sencillos, pero bien hondos si los examinamos con cierto detenimiento. Parece que todo se resuelve en una loa a la primavera, pero lo que descubrimos es una reflexión melancólica sobre la vida humana, un canto a la amistad y una invitación a vivir los momentos felices con la mayor intensidad posible, pues todo es breve y efímero.

La belleza de la primavera es captada con muchos matices sensitivos, pues el sujeto lírico aplica una mirada intensa y atenta. Descubre armonía en la naturaleza, belleza en sus componentes naturales (un arroyo, los árboles, las aves, el suave viento, algún aroma, etc.) y una llamada al disfrute de la existencia, pues todo es demasiado breve. En este sentido, el poema es una alegoría de los instantes de felicidad, que debemos disfrutar; la primavera son esos pequeños instantes que no debemos dejar escapar.

El poema es transparente, equilibrado y proporcionado. El fondo y la forma sintonizan a la perfección. Esta composición es anacreóntica, pues canta a la alegría y al hedonismo, al disfrute de la vida, que no siempre es fácil.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).

2.1. Comprensión lectora 

1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 

2) Señala su tema principal y los secundarios. 

3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 

4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 

5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 

6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales de la primavera, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 

7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico 

1) ¿Qué significa la primavera para el sujeto lírico? 

2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales y espirituales muestra? 

3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica la belleza primaveral. ¿Qué sensación aportan? 

4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de los amigos? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa?

5) ¿Cuáles son los componentes del mundo natural reseñados en el poema? ¿Es una imagen realista y objetiva? 

6) Observa detenidamente la última estrofa. ¿Qué palabra incita a la celebración hedonista? “Copa” y “abril floreciente, a qué se refieren? ¿Se puede decir que sintetizan el sentido del poema? 

2.3. Fomento de la creatividad

1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria a través de la contemplación de un paisaje, un fenómeno atmosférico o elemento natural concreto. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Meléndez Valdés.

2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Juan Meléndez Valdés a propósito de su poema y de su vida. 

3) Realiza una exposición sobre Juan Meléndez Valdés, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 

4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual, anímico o existencial a través de una contemplación (por ejemplo: el mar, un árbol, un paisaje, el sol, etc.); serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Meléndez Valdés.

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Leandro Fernández del Moratín: “El sí de las niñas”; análisis y propuesta didáctica

LEANDRO FERNÁNDEZ DEL MORATÍN: El sí de las niñas

  1. ANÁLISIS
  1. Resumen

Acto I

Escena I

Don Diego, señor de cincuenta y nueve años, de buena posición social, ha concertado un matrimonio con la joven y agraciada Paquita (doña Francisca), dieciséis años. Está interna en un convento de Guadalajara. Viene camino de Alcalá, donde la espera el futuro marido, acompañado de su criado, Simón. Don Diego muestra sus temores al qué dirán. Simón pensaba que la chica se iba a casar con don Carlos, sobrino de don Diego, teniente coronel del ejército español. Don Diego lleva dos días sin salir de la posada por no encontrarse con gente conocida y tener que dar explicaciones. Simón creía que Paquita se casaría con el sobrino.

Escena II

Primer encuentro de la madre, doña Irene, y la hija, doña Francisca, con don Diego, en la posada. Han llegado cansadas del viaje y traen baratijas religiosas del convento.

Escena III

Doña Irene presume de familia noble y afamada, con religiosos de renombre. Doña Francisca se despide a la francesa, con mucha ceremonia, tras insistir.

Escena IV

Doña Irene está viuda y se ha casado tres veces. Ha tenido veintidós partos, pero solo doña Francisca está viva. Defiende la gran diferencia de edad entre marido y mujer, no es mayor obstáculo.

Escena V

Convienen salir de Alcalá al día siguiente, a las seis de la mañana.

Escena VI

Rita es la criada de doña Irene; alimenta a un tordo que llevan con ellas. 

Escena VII

Monólogo breve de Calamocha, el cochero. Dice estar muy cansado.

Escena VIII

Calamocha es el criado de don Carlos. Cuando se entera de que Paquita se iba a Alcalá, saliea toda prisa de Zaragoza, y ya ha llegado. Se lo cuenta a Rita; esta le narra cómo Paquita está disgustada por el matrimonio que le arregla su madre, pero lo acepta. Han parado en Alcalá a visitar a una tía monja. Tienen habitación reservada en la misma posada. Los diálogos se han desarrollado en el salón común. Rita y Paquita comparten una habitación. Calamocha se va a avisar a don Carlos de la situación.

Escena IX

Rita habla con Paquita. Le dice que el tan don Felix, que la había cortejado en Guadalajara, está en Alcalá. Es un hombre recto y educado, y la quiere. Ella insinúa que también siente algo por él. La criada le indica que le señalará cuando entren en la posada, con una tosecilla fingida.

Acto II

Escena I

Doña Paquita, a oscuras, lamenta las desdichas de amor. 

Escena II

Llega su madre y le reprocha el estar a oscuras y no ser más diligente con don Diego, su futuro marido. Trata de convencerla que es un matrimonio muy ventajoso para ella.

Escena III

Rita trata de ayudar a Paquita, que está impaciente por la llegada de don Carlos. Es de noche, hace calor. La criada ha de llevar una carta al correo y hacer una sopa de cena para madre e hija.

Escena IV

Vuelve la madre a alabar la riqueza y buena casa de don Diego. Malentendido entre ambas porque doña Irene cree que su hija quería ser monja, que eso hace que esté distraída, pero al fin se deshace la situación, para alivio de Paquita.

Escena V

Don Diego le dice a Paquita que si no siente nada por él, no tiene por qué casarse. Doña Irene interrumpe constantemente, protestando de la virtud y obediencia de su hija; dice que la molería a palos si no fuera una joven virtuosa y obediente. Se van los tres medio llorando, pero Rita detiene a Paquita.

Escena VI

Rita le advierte que don Carlos ya ha llegado. Lo ve entrar en la posada, disimuladamente. Tiene miedo. Rita le aconseja juicio y valor.

Escena VII

Don Carlos y Paquita se reafirman en su amor. Ella le dice que su madre quiere casarla en Madrid al día siguiente. Él le dice que no lo consentirá.

Escena VIII

Rita le insta a Paquita a que se recoja. Al día siguiente verán al prometido viejo, con peluquín.

Escena IX

Se disponen a cenar. Carlos y Calamocha ven a Simón y se sienten en un aprieto. Piensan mentir.

Escena X

Carlos, Simón y Calamocha charlan, pero no descubren la verdad de por qué están todos en Alcalá. Se dan largas.

Escena XI

Tío y sobrino se ven. Don Diego reacciona airadamente, por la ligereza de su sobrino, al venir a Madrid sin avisarlo. El sobrino se disculpa. Don Diego les ordena ir a dormir a otra posada inmediatamente y salir de madrugada para Zaragoza.

Escena XII

Don Diego le advierte a don Carlos que ha de marcharse de allí inmediatamente, pero no da razones. Le advierte que conoce un viaje furtivo que hizo a Guadalajara. Se despiden sentidamente.

Escena XIII

Breve monólogo de don Diego; está contento del arreglo de la situación. Quiere a su sobrino.

Escena XIV

Rita y Paquita lamentan la situación de esta, pues su amor por don Félix no fructifica del todo. Hace calor. Doña Irene ya duerme.

Escena XV

Simón le cuenta a Paquita que un oficial militar vino de Zaragoza, pero que no sabe dónde está ahora. Le preocupa su cena, pues tiene hambre.

Escena XVI

Rita y Paquita comprenden que su don Félix ya no está en la posada, que se ha ido por el camino de Zaragoza. Se siente traicionada y desdichada, pues él la ha engañado.

Acto III

Escena I

Simón y su señor don Diego se despiertan; son las tres de la mañana. Don Diego justifica la expulsión de su sobrino de Alcalá, aunque le queda un resquemor. Oyen música de enamorados en la calle. También tres palmadas, que es la señal convenida entre Paquita y don Diego.

Escena II

Don Carlos le lanza una carta a la habitación de Paquita, pero esta no la ve, por la oscuridad; le dice que ahí da toda la explicación de por qué ha de marchar arrebatadamente, pero que la quiere; ella le corresponde. Simón pasa, tropieza con la jaula del tordo. Paquita y Rita se retiran a su habitación.

Escena III

Don Diego, que ha escuchado la conversación sospecha que es Paquita la que anda en amores. Encuentran la carta; buscan luz.

Escena IV

Monólogo de don Diego; muestra su pesar y sus celos. No acierta a buscar culpables de su situación. Abatido, no sabe qué hacer.

Escena V

Rita y Paquita buscan la carta, pero no la encuentran. Rita se cruza con don Diego y Simón. Se excusa por el ruido y dice que fue la jaula del tordo, que acaso un gato atacó. Muchos sobreentendidos entre ellos, pues sospechan unos de otros.

Escena VI

Paquita está atribulada. Piensa que su “don Félix” la ha abandonado, que todo, la carta incluida, es una gran mentira. Se decide a enfrentarse a don Diego, que se acerca.

Escena VII

Don Diego manda a Simón salir a escape con el caballo Moro para hacerles volver (no se dice, pero se entiende que a don Carlos y Calamocha). Se topa con Paquita y se saludan.

Escena VIII

Conversación a solas de don Diego y Paquita. Esta le confiesa que lo quiere bien, pero no lo ama, y no se casaría con él si no tuviera que obedecer a su madre. Él le pide confianza.

Escena IX

Simón regresa con don Carlos, que está temoroso, esperando que lo llame don Diego.

Escena X

La carta que tiene don Diego descubre a Don Carlos. Este le cuenta cómo ha conocido a Paquita en Guadalajara, pasando una noche en casa de un intendente; en una fiesta de cumpleaños conoce a Paquita; se enamoran, se cartean, aunque ella está en el convento; se medio ven a hurtadillas. El intendente hizo correr la voz que don Carlos era don Félix (como se llaman muchos personajes amantes de Calderón). Quiere marchar para no importunar a su tío, pero este le manda esconderse en un cuarto, pues se acercan Paquita y su madre doña Irene.

Escena XI

Don Diego le enseña la carta a doña Irene, que no puede creer su contenido. Esta interrumpe y dice boberías sobre sus antiguos maridos. Defiende la honra de su hija.

Escena XII

Don Diego lee la carta ante doña Irene y Paquita. La madre amenaza con matarla, la hija pide perdón.

Escena XIII

Don Carlos irrumpe porque teme que doña Irene haga algún dislate con Paquita. Proclaman su amor. Don Carlos ya no teme a la soledad de la vejez, pues tendrá sobrina y nietos que alegrarán sus días. Doña Irene está loca de contenta. Final feliz.

  1. Temas 

Los temas tratados en esta pieza dramática son:

  • Crítica a los matrimonios por conveniencia con una fuerte diferencia de edad entre el hombre y la mujer.
  • Crítica de la hipocresía social, que admite como bueno lo que solo es un arreglo económico.
  • Rechazo a la manipulación de los jóvenes para que acepten situaciones familiares absurdas.
  1. Apartados temáticos

Fernández del Moratín divide la materia dramática en tres actos, según el modelo clásico. El primero se dedica a la presentación de los personajes y del conflicto. El segundo acto lo desarrolla hasta llevarlo al punto máximo de tensión, el clímax dramático. El tercero alarga la intriga, que solo encuentra una solución en la escena final.

  1. Personajes del drama

Don Diego: hombre casi sesentón, sensato y amable. Su deseo de casarse con una chica joven para que le haga compañía y lo cuide en la ya próxima vejez le complican la vida. Actúa con cautela (no se deja ver en Alcalá, donde espera ver a la novia) y sentido común. Al comprender la situación de la novia, enamorada de su sobrino, pliega velas y propicia el matrimonio de los jóvenes.

Doña Francisca: es la joven de dieciséis años, graciosa y agraciada. Es obediente a su madre, doña Irene, pero la fuerza del amor y el ímpetu juvenil la empujan a una situación imposible, cual es la de aceptar un matrimonio descompensado para satisfacer a su madre y asegurar su infelicidad para el resto de sus días.

Doña Irene: es la madre de la novia. Resulta estrafalaria, obsesionada con la honra, parlanchina de más y un tanto hipócrita. Lo que de verdad le preocupa es su situación económica para la vejez, de ahí que fuerce el matrimonio de su hija, aun en contra de la voluntad de esta.

Don Carlos: es el novio. Militar de profesión, no duda en engañar a su tío para avanzar en su relación con Paquita. Cuando se ve pillado, pliega velas y se muestra obediente, aunque disconforme.

Rita y Simón: son los criados de Paquita y de don Diego. Aparecen como personas razonables; tratan de ayudar a que el amor de los jóvenes triunfe sobre los amaños de los viejos.

  1. Lugar y tiempo de la acción dramática

La acción se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares; más en concreto, en su sala de estar, que funciona como de distribuidor de las distintas habitaciones de esa planta. Es un lugar bastante incómodo y pobreto, con mucho ruido que sube de la calle, de día y de noche.

El tiempo de la escritura se remite a los años previos a 1906, fecha del estreno. La acción es contemporánea al de la escritura: principios del siglo XIX. La duración de la acción está muy concentrada: unas doce horas, más bien escasas, desde el atardecer hasta el amanecer del día siguiente.

  1. Comentario estilístico

Fernández del Moratín es un autor neoclásico, imbuido de las ideas estéticas de la Ilustración. Las notas caracterizadoras, aplicadas a la literatura teatral, son:

– Abordaje de temas y problemas de la sociedad contemporánea, con una intención crítica y moralizadora. El teatro, después de todo, es una escuela de aprendizaje social y ético.

– Vigencia del principio de la verosimilitud y la moderación: los personajes, los temas y el modo de actuar entran dentro de un comportamiento normal y creíble en individuos de esa época y condición.

– Racionalismo cívico, es decir, la obra de teatro ha de inculcar a los espectadores un sentido de la existencia humana guiada por la razón, la lógica y la naturalidad.

– Lenguaje natural, llano y coloquial, sin caer en el alambicamiento ni en la vulgaridad. Se imita el modo de hablar y actuar de las personas de bien. El léxico cuidado, exacto y apropiado alterna con expresiones de gusto popular y modismos de la época.

-Respeto a las tres unidades clásicas de lugar, tiempo y acción. Un solo hilo argumental se desarrolla en un solo lugar, en una unidad de tiempo delimitada; en este caso, un día, y escaso.

  1. Contextualización

Leandro Fernández del Moratín (Madrid, 1760 – París, 1828) es un estupendo escritor y, en concreto, dramaturgo del Neoclasicismo español. Dotado de una robusta educación y de un buen ingenio literario, contribuyó a las letras españolas con obras elaboradas bajo los parámetros de la ilustración: elegancia, armonía, claridad, intención didáctica y pretensiones reformistas. Sus obras teatrales alcanzaron ya en vida mucha resonancia. Fernández del Moratín era afrancesado, es decir, apoyó el gobierno de José Bonaparte tras la invasión francesa. Pensaba que la influencia francesa era positiva porque aportaba racionalidad, modernidad y una rebaja del poder de los estamentos tradicionalmente poderosos: la Iglesia y la nobleza. Eso explica que, tras la expulsión de José Bonaparte del trono de España, emprendiera el camino del exilio y muriera en Francia.

Además de la ahora analizada, son célebres La comedia nueva, La mojigata, etc. Alcanzó prestigio con La derrota de los pedantes; se trata de un texto en prosa en el que, imitando a Cervantes en El viaje del Parnaso, critica a los autores retoricistas, barrocos, disparatados y palabreros en exceso. Lamenta las exageraciones argumentales y el mal gusto, y aboga por un estilo natural, templado y con intención didáctica, como buen neoclásico. Escribió libros de viaje de no poco talento, como Apuntaciones sueltas de Inglaterra. Su poesía es fielmente neoclasicista; se recuerdan sus Odas y su Sátira contra los vicios (1782); es una crítica a la poesía exagerada y, para él, corrupta de los barrocos y sus epígonos.

  1. Interpretación y valoración

El sí de las niñas es una pieza dramática muy equilibrada en todos sus componentes. Nada resulta estridente ni exagerado, tanto en la expresión como en el contenido. En ese sentido, la lectura es fácil, amena y ligera; el lector vuela por el texto con gran facilidad y total comprensión. No dejan de aparecer ciertos rasgos de humor, como la charlatanería inacabable de doña Irene y la presencia de un tordo enjaulado que reza oraciones de noche, impidiendo el descanso de los próximos a su jaula.

Fernández del Moratín aborda un tema muy actual en su época, cual era el de los matrimonios por conveniencia entre un hombre mayor y una mujer joven. Él ganaba en cuidados, ella protegía su seguridad económica para el presente y el futuro. Aunque estos tratos resultan un tanto chocantes e incluso repugnantes, Moratín nos presenta a la madre como la principal valedora de este arreglo. Lógicamente, va en contra de los sentimientos de la joven, pero a favor del interés económico presente y futuro de la madre y de ella. La imposibilidad de elegir marido es un serio recorte a la libertad individual, y esto es lo que critica Moratín.

La obra es muy equilibrada en la disposición del contenido y la intriga argumental está muy bien dosificada. Va in crescendo de un modo suave, pero constante. Moratín se sujeta a las normas aristotélicas de composición dramática (las famosas tres unidades), pero se aleja de la tajante separación entre comedia y tragedia, pues vemos que aparecen ciertos rasgos cómicos entremezclados con el asunto serio, que marca el hilo conductor del drama.

Esta pieza es muy actual y relevante porque toca el tema de la libertad individual en un asunto muy sensible y trascendente, cual es el de elegir cónyuge. La leemos hoy con la curiosidad y complacencia con que se leyó en su día, hace doscientos años; es el mayor signo de su calidad imperecedera.

2. PROPUESTA DIDÁCTICA

(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, en clase o en casa, individualmente o en grupo. La ayuda de las herramientas TIC complementan muy bien su realización).

2.1. Comprensión lectora

  1. ¿Por qué don Diego no quiere salir de la posada?
  2. ¿Quién habla más, la madre, doña Irene, o la hija, doña Francisca? ¿Por qué será así?
  3. Los futuros cónyuges, ¿muestran el mismo grado de felicidad ante el inminente matrimonio?
  4. ¿Qué animal, como mascota, acompaña a doña Irene y qué papel juega en la obra?
  5. Doña Francisca, Paquita, ¿siempre ha conocido a don Carlos por su verdadero nombre? ¿Por qué?
  6. ¿Qué le hace sospechar a don Diego que su sobrino don Carlos lo engaña?
  7. Los criados, ¿son razonables y fieles en su comportamiento y en sus palabras?
  8. ¿Qué ocurre a consecuencia de que don Diego encuentre la carta de su sobrino?
  9. Doña Francisca, ¿dice siempre la verdad cuando le preguntan por sus sentimientos amorosos?
  10. Al principio de la obra, ¿cómo justifica don Diego su matrimonio, sabedor de la enorme diferencia de edad con su futura esposa?

2.2. Interpretación y pensamiento analítico

  1. ¿Quién disimula más sus sentimientos, el novio, la novia, o la madre de esta?
  2. ¿Cúal es la experiencia matrimonial de doña Irene? ¿Afecta a su opinión y actitud ante el matrimonio de su hija?
  3. Rita, la criada, ¿de qué lado se pone en el conflicto sentimental de doña Francisca? ¿Por qué lo hace así?
  4. ¿Por qué don Diego cambia de opinión sobre su matrimonio?
  5. ¿Cómo se aprecia en la obra el sentido de la obediencia?
  6. ¿Qué le da seguridad a don Diego, pensando en su futura ancianidad, a pesar de no casarse?

2.3. Fomento de la creatividad

  1. Transforma el contenido de El sí de las niñas en un relato corto o en un poema, manteniendo cierta fidelidad al original.
  2. Imagina una entrevista de tu clase con Fernández del Moratín. ¿Qué preguntas le harías?
  3. Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa sobre Fernández del Moratín, su vida, sus obras y su tiempo. La imagen y el texto combinados proporcionará excelentes resultados, además de la música, si es posible.
  4. Toma un problema social de nuestra sociedad, al estilo de Fernández del Moratín, y elabora una pequeña obra, dramática o de otro género, donde se aborde en su toda su realidad y se proponga una solución.
  5. La lectura dramatizada de toda la pieza o parte de ella es una experiencia muy enriquecedora y potenciadora de la correcta expresión oral.

2.4. Comentario de texto específico

A continuación se ofrece una escena de El sí de las niñas. Realiza un comentario de texto o exégesis textual, tocando los siguientes puntos:

1) Resume el texto recogiendo su contenido esencial (100 palabras aprox., equivalentes a 10 líneas); 2) Indica los temas tratados en breves enunciados sintéticos; 3) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido; 4) Localiza el lugar y tiempo en el que transcurre la acción (no en poesía lírica); 5) Analiza la figura del narrador (no en poesía lírica, donde aparece un sujeto lírico); 6) Describe los personajes (no en poesía lírica); 7) Analiza la métrica, la rima y señala la estrofa empleada (solo en poesía); 8) Analiza cómo los recursos estilísticos crean significado (12, mínimo); 9) Contextualiza al autor y su obra según su entorno social, histórico, cultural y personal; 8) Interpreta y discierne la intención y sentido del poema; 9) Valora personalmente tu apreciación lectora; 10) Transforma el texto con un lenguaje y en un contexto actual manteniendo su esencia, o escribe un texto literario inspirado en el original (optativo).

Acto III, Escena VIII

DON DIEGO, DOÑA FRANCISCA.

DON DIEGO.-   ¿Usted no habrá dormido bien esta noche?

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor. ¿Y usted?

DON DIEGO.-   Tampoco.

DOÑA FRANCISCA.-   Ha hecho demasiado calor. 

DON DIEGO.-   ¿Está usted desazonada? 

DOÑA FRANCISCA.-   Alguna cosa. 

DON DIEGO.-   ¿Qué siente usted?  (Siéntase junto a DOÑA FRANCISCA.)  

DOÑA FRANCISCA.-   No es nada… Así un poco de… Nada… no tengo nada. 

DON DIEGO.-   Algo será, porque la veo a usted muy abatida, llorosa, inquieta… ¿Qué tiene usted, Paquita? ¿No sabe usted que la quiero tanto? 

DOÑA FRANCISCA.-   Sí, señor. 

DON DIEGO.-   Pues ¿por qué no hace usted más confianza de mí? ¿Piensa usted que no tendré yo mucho gusto en hallar ocasiones de complacerla? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   ¿Pues cómo, sabiendo que tiene usted un amigo, no desahoga con él su corazón? 

DOÑA FRANCISCA.-   Porque eso mismo me obliga a callar. 

DON DIEGO.-   Eso quiere decir que tal vez soy yo la causa de su pesadumbre de usted. 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; usted en nada me ha ofendido… No es de usted de quien yo me debo quejar.

DON DIEGO.-   Pues ¿de quién, hija mía?… Venga usted acá…  (Acércase más.)  Hablemos siquiera una vez sin rodeos ni disimulación… Dígame usted: ¿no es cierto que usted mira con algo de repugnancia este casamiento que se la propone? ¿Cuánto va que si la dejasen a usted entera libertad para la elección no se casaría conmigo? 

DOÑA FRANCISCA.-   Ni con otro.

DON DIEGO.-   ¿Será posible que usted no conozca otro más amable que yo, que la quiera bien, y que la corresponda como usted merece? 

DOÑA FRANCISCA.-   No, señor; no, señor. 

DON DIEGO.-   Mírelo usted bien. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¿No le digo a usted que no? 

DON DIEGO.-   ¿Y he de creer, por dicha, que conserve usted tal inclinación al retiro en que se ha criado, que prefiera la austeridad del convento a una vida más…? 

DOÑA FRANCISCA.-   Tampoco; no señor… Nunca he pensado así. 

DON DIEGO.-   No tengo empeño de saber más… Pero de todo lo que acabo de oír resulta una gravísima contradicción. Usted no se halla inclinada al estado religioso, según parece. Usted me asegura que no tiene queja ninguna de mí, que está persuadida de lo mucho que la estimo, que no piensa casarse con otro, ni debo recelar que nadie dispute su mano… Pues ¿qué llanto es ése? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que en tan poco tiempo ha alterado su semblante de usted, en términos que apenas le reconozco? ¿Son éstas las señales de quererme exclusivamente a mí, de casarse gustosa conmigo dentro de pocos días? ¿Se anuncian así la alegría y el amor?  (Vase iluminando lentamente la escena, suponiendo que viene la luz del día.)  

DOÑA FRANCISCA.-   Y ¿qué motivos le he dado a usted para tales desconfianzas? 

DON DIEGO.-   ¿Pues qué? Si yo prescindo de estas consideraciones, si apresuro las diligencias de nuestra unión, si su madre de usted sigue aprobándola y llega el caso de… 

DOÑA FRANCISCA.-   Haré lo que mi madre me manda, y me casaré con usted. 

DON DIEGO.-   ¿Y después, Paquita? 

DOÑA FRANCISCA.-   Después… y mientras me dure la vida, seré mujer de bien. 

DON DIEGO.-   Eso no lo puedo yo dudar… Pero si usted me considera como el que ha de ser hasta la muerte su compañero y su amigo, dígame usted: estos títulos ¿no me dan algún derecho para merecer de usted mayor confianza? ¿No he de lograr que usted me diga la causa de su dolor? Y no para satisfacer una impertinente curiosidad, sino para emplearme todo en su consuelo, en mejorar su suerte, en hacerla dichosa, si mi conato y mis diligencias pudiesen tanto. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dichas para mí!… Ya se acabaron. 

DON DIEGO.-   ¿Por qué? 

DOÑA FRANCISCA.-   Nunca diré por qué. 

DON DIEGO.-   Pero ¡qué obstinado, qué imprudente silencio!… Cuando usted misma debe presumir que no estoy ignorante de lo que hay. 

DOÑA FRANCISCA.-   Si usted lo ignora, señor Don Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte. 

DON DIEGO.-   Bien está. Una vez que no hay nada que decir, que esa aflicción y esas lágrimas son voluntarias, hoy llegaremos a Madrid, y dentro de ocho días será usted mi mujer. 

DOÑA FRANCISCA.-   Y daré gusto a mi madre. 

DON DIEGO.-   Y vivirá usted infeliz.

DOÑA FRANCISCA.-   Ya lo sé. 

DON DIEGO.-   Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo mandan, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.

DOÑA FRANCISCA.-   Es verdad… Todo eso es cierto… Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da… Pero el motivo de mi aflicción es mucho más grande.

DON DIEGO.-   Sea cual fuere, hija mía, es menester que usted se anime… Si la ve a usted su madre de esa manera, ¿qué ha de decir?… Mire usted que ya parece que se ha levantado. 

DOÑA FRANCISCA.-   ¡Dios mío! 

DON DIEGO.-   Sí, Paquita; conviene mucho que usted vuelva un poco sobre sí… No abandonarse tanto… Confianza en Dios… Vamos, que no siempre nuestras desgracias son tan grandes como la imaginación las pinta… ¡Mire usted qué desorden éste! ¡Qué agitación! ¡Qué lágrimas! Vaya, ¿me da usted palabra de presentarse así…, con cierta serenidad y…? ¿Eh? 

DOÑA FRANCISCA.-   Y usted, señor… Bien sabe usted el genio de mi madre. Si usted no me defiende, ¿a quién he de volver los ojos? ¿Quién tendrá compasión de esta desdichada?

DON DIEGO.- Su buen amigo de usted… Yo… ¿Cómo es posible que yo la abandonase… ¡criatura!…, en la situación dolorosa en que la veo?  (Asiéndola de las manos.)  

DOÑA FRANCISCA.-   ¿De veras? 

DON DIEGO.-   Mal conoce usted mi corazón.

DOÑA FRANCISCA.-   Bien le conozco.  (Quiere arrodillarse; DON DIEGO se lo estorba, y ambos se levantan.)  

DON DIEGO.-   ¿Qué hace usted, niña?

DOÑA FRANCISCA.-   Yo no sé… ¡Qué poco merece toda esa bondad una mujer tan ingrata para con usted!… No, ingrata no; infeliz… ¡Ay, qué infeliz soy, señor Don Diego! 

DON DIEGO.-   Yo bien sé que usted agradece como puede el amor que la tengo… Lo demás todo ha sido… ¿qué sé yo?…, una equivocación mía, y no otra cosa… Pero usted, ¡inocente! usted no ha tenido la culpa. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vamos… ¿No viene usted? 

DON DIEGO.-   Ahora no, Paquita. Dentro de un rato iré por allá. 

DOÑA FRANCISCA.-   Vaya usted presto.  (Encaminándose al cuarto de DOÑA IRENE, vuelve y se despide de DON DIEGO besándole las manos.)  

DON DIEGO.-   Sí, presto iré.

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Edgar Allan Poe: “El retrato oval”; análisis y propuesta didáctica

Ourense (XI-2020) © SVM
EDGAR ALLAN POE: “EL RETRATO OVAL” (1842)
“EL RETRATO OVAL” 
El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. 
Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacia inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. 
Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. 
Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? no me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. 
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo , todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. 
Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. 
Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente: “Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y, se desposó con él. “Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. 
Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. “El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. “Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. 
“Ella no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; Porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. 
Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible: “—¡En verdad esta es la vida misma!”— Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada,… ¡Estaba muerta!”.
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Un hombre, en un viaje en algún lugar de los Apeninos (cadena montañosa de 1400 km de longitud que recorre Italia de norte a sur), acompañado de su criado, hacen noche en un castillo deshabitado. Muchos y bellos cuadros cuelgan de sus paredes. Cansado, se acuesta en una cama; encuentra un libro que describe y explica cada uno de los cautivadores cuadros que adornan las paredes. Gira su candelabro para leer mejor y descubre un retrato, en forma oval, que hasta entonces había estado en las sombras. Representa a una bella y joven mujer que absorbe y extasía al hombre. Busca y lee en el libro la historia del cuadro que lo tiene perturbado; la reproduce para nosotros, lectores. Una joven dama, bella y alegre, se enamora de un pintor afamado. Él la quiere pintar, pero ella no lo desea. Al fin, cede a las pretensiones de su ya marido. La composición del cuadro avanza muy lentamente, pero la mujer, sin perder la sonrisa, aguanta en su posición de pose con paciencia. El pintor cada vez mira menos a su esposa y más al cuadro. Al fin, remata unos detalles del retrato en los ojos y en la boca. Queda muy satisfecho de su cuadro porque es como la vida misma; cuando se lo comunica a ella, repara en que está muerta.
2. Tema
El tema de este cuento se puede enunciar así: el deseo de exaltar la vida conduce a la muerte. Como se ve, es paradójico el mensaje. Otros temas secundarios son: el amor que debería traer la felicidad conduce a la desgracia; la pasión por el arte fulmina a la pasión amorosa.
3. Apartados temáticos
El cuento presenta una estructura clásica; sigue, por tanto, un orden lógico y cronológico. Posee tres apartados:
– Introducción o presentación: ocupa solo el primer párrafo. El narrador se instala con su criado en un castillo deshabitado.
– Nudo o desarrollo: abarca desde el segundo párrafo hasta el penúltimo, ambos inclusive. El narrador descubre el cuadro, lo admira y se dispone a leer la explicación que sobre el mismo ofrece el libro que ha hallado bajo la almohada.
– Desenlace o resolución de la trama: muy rápida, se concentra en el último párrafo.
4. Narrador
El narrador principal, del relato marco, que habla al principio, apenas es conocido para el lector. Entendemos que es un hombre adulto, de buena posición social, pues es acompañado por un criado, y entendido en arte, ya que admira con detenimiento los cuadros del castillo. Podemos también vislumbrar su hipersensibilidad ante las manifestaciones artísticas. Este escribe en primera persona, casi a modo de autobiografía.
Existe un segundo narrador, que es quien escribe la historia del pintor y su bella esposa. De este no sabemos nada. Escribe en tercera persona, omnisciente, objetivo y externo.
5. Personajes
Como estamos ante un cuento, los personajes son trazados con pluma rápida y pinceladas certeras. De este modo, tenemos:
El narrador principal: no sabemos ni su nombre, ni su condición social (aunque es de un grupo social elevado, pues se hace acompañar de un criado), ni apenas circunstancias de su vida. Sensible al arte, admira las pinturas del castillo.
El pintor: solo nos llega de él su obsesión por atrapar la vida en el lienzo. Todo lo supedita a esta ambición artística, hasta el punto que contribuye a la muerte de su esposa, sin apenas percibirlo.
La bella y joven esposa: no es mucho lo que sabemos de ella; atractiva y risueña, dotada de una paciencia infinita, muere por complacer el gusto de su marido.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
La acción se desarrolla en Italia, en algún lugar de los Apeninos; al ser una cadena montañosa tan larga, prácticamente equivale a decir que el castillo se puede hallar en cualquier punto montuoso italiano.
El tiempo de la escritura es el año 1842, pues se conoce la fecha en que Poe redactó su cuento.  El tiempo de la acción narrada es muy indeterminado; puede ser contemporáneo al de la escritura, pero se puede retrotraer en el tiempo hasta siglos atrás; no existen datos para precisar más. La duración de la acción se debe contemplar desde dos perspectivas: desde la del narrador principal, todo dura unas horas, al principio de la noche; desde el punto de vista del narrador del libro, la duración se extiende durante semanas, probablemente meses; es el tiempo que necesita el marido pintor para retratar a su esposa.
7. Comentario estilístico
Poe maneja los procedimientos retóricos con gran maestría. Utiliza la narración, la descripción y el diálogo con equilibrio e intención artística. Por ejemplo, en el cuento que ahora comentamos, el diálogo apenas existe porque lo que tienen que decir los personajes poco añade a lo que los narradores han aportado ya. 
A efectos de ejemplificación, hemos tomado un breve extracto de unas líneas, que corresponden al inicio del texto encontrado en el libro: 
Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado.
Primero observamos la adjetivación expresiva. Tres adjetivos, casi epítetos, formando una trimembración muy significativa: “apasionado, estudioso y austero”, referido al carácter del pintor. Le sigue una metáfora que funciona como una prolepsis: el amor auténtico del pintor es el arte, no los amores humanos. La antítesis que subyace entre el carácter de él y de ella es muy incisiva y crea una rica expansión de la significación; existe otra establecida entre “amar” y “odiar” que sirve para enfatizar el carácter franco y transparente de la joven. La metáfora “con la alegría de un cervatillo” indica perfectamente la belleza jovial y desenfadada de la mujer. Las elipsis abundan a lo largo de todo el texto. Aquí, por ejemplo, se percibe muy bien la ausencia de verbos en las dos oraciones de que se compone el texto. 
Por otro lado, existe un cierto laconismo expresivo, como reservando las palabras que podrían desvelar más de lo debido el secreto que se guarda. La sorpresa final, referida al desenlace, de este modo, es mucho mayor. La contención verbal ayuda eficazmente a crear una atmósfera de suspense, misterio e inquietud.
8. Contextualización
Edgar Allan Poe (Boston, 1809 – Baltimore, 1849) es uno de los más influyentes autores de cuentos de la Edad Moderna. Vivió del periodismo, en medio de grandes estrecheces; publicó varios libros de poemas y una novela, pero su prestigio posterior procederá de su veintena de cuentos bajo el denominador común del misterio, el terror, lo tenebroso y lo gótico. Su cuentos son de gran calidad porque fija una estructura muy precisa de su estructura, basada en la concisión, la expresividad, el uso depurado del lenguaje, muchas poético, y el final sorprendente y, en general, siniestro y sangriento.
Su única novela, La narración de Arthur Gondon Pym (1938) es de ambiente marítimo. Recrea aventuras y anécdotas del protagonista con un sentido simbolista y metafórico no del todo claro. El final es inquietante y ambiguo. Los crímenes de la calle Morgue se ha considerado como el origen de la novela policiaca; otros relatos breves inciden en el misterio; otros son de tono satírico e irónico sobre la sociedad de su tiempo.
9. Interpretación y valoración
El cuento “El retrato oval” es un perfecto ejemplo de la maestría literaria de Poe. Con apenas una anécdota, suscita una reflexión de amplio calado sobre las paradojas de la existencia, el fino hilo que separa la vida de la muerte, el amor del odio, la pasión y la destrucción, etc.
El estilo de Poe, conciso, evocador y muy expresivo crean una atmósfera de lectura donde lo inquietante, lo misterioso y lo desconocido ocupan un lugar importante.
2. ACTIVIDADES
2.1. Lectura comprensiva
1) Realiza un resumen (5-6 líneas, 80-90 palabras) del fragmento objeto de comentario.
2) ¿Cuál es el tema del mismo? ¿Coincide con el del relato? Justifica tu respuesta.
3) Señala y justifica los apartados temáticos o secciones de contenido del mismo, según se vaya modulando el asunto de que se habla.
4) Analiza la figura del narrador y el foco de la narración (¿quién habla? ¿desde dónde se ve la acción narrada?)
5) Explica el lugar (del espacio más amplio, al más reducido) y el tiempo (señalando tiempo de la escritura, tiempo de la acción narrada y su duración), en relación a su sentido estético dentro de la obra.
6) Localiza, presenta y explica los recursos estilísticos más notables del framento (indicando entrecomilladamente y la/s línea/s donde se ubica). Se espera entre media y una docena no repetidos. En general, los recursos retóricos embellecen, dotan de expresividad, matizan el sentido, crean efectos estéticos inesperados o sorprendentes, etc. Para ayudarte, te presentamos algunos recursos que puedes encontrar en este texto (no enumerados por niveles lingüísticos): anticipación, símil, metáfora, epíteto, enumeración, suspensión, personificación, bimembración, paradoja, paralelismo, alusión, etc.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Quién es responsable de la muerte de la joven bella, su marido, o ella misma, guiada por un amor fuerte y firme?
2) El amor a un arte o a una actividad, como la de la pintura, se impone al humano. ¿Es positiva o negativa esta actitud?
3) ¿Por qué la joven esposa no se rebela contra su marido, en vistas de su grave deterioro físico?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Transforma el cuento en una pequeña pieza dramática, un poema, un artículo periodístico, etc., manteniendo su esencia narrativa. 
2) Imagina una charla de tu clase con Poe. ¿Qué preguntas le harías?
3) Realiza una presentación de Edgar Allan Poe ante la clase, explicando su vida y su obra. La imagen puede acompañar y complementar el texto escrito, para aportar profundidad.
4) Escribe un cuento, al estilo de Poe, donde una pasión desenfrenada pueda acarrear consecuencias negativas. 
 

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Gustavo Adolfo Bécquer: “Los invisibles átomos del aire” (Rima X); análisis y propuesta didáctica

Gustavo Adolfo Bécquer: “Los invisibles átomos del aire” (Rima X)
Rima X
Los invisibles átomos del aire                        1
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía                  5
rumor de besos y batir de alas; 
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede? 
¡Es el amor que pasa!
  1. ANÁLISIS
 Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es el más importante poeta del Romanticismo español. Bécquer encarna el espíritu romántico en la literatura española de una manera definitiva y clara. Se ha considerado un romántico tardío, pues, en efecto, cuando inicia y desarrolla su producción literaria, el Romanticismo ya estaba finalizando y el realismo se abría paso con fuerza en el panorama literario español.
Bécquer publicó separadamente sus poemas en distintos medios de comunicación, como periódicos y revistas. Cuando la muerte lo sorprendió, a los 34 años, no había logrado recogerlos todos en una edición única, aunque había iniciado esta tarea con su famoso manuscrito El libro de los gorriones. Fueron sus amigos quienes póstumamente agruparon la producción literaria del poeta hispalense en el ya famoso título de Rimas; la primera edición se remonta a 1871. Ahora nos vamos a ocupar de la rima X (“Los invisibles átomos del aire”). Pertenece al primer bloque de contenido, según la clásica división de su poemario en cuatro secciones (1.- metapoética o reflexiva sobre los fundamentos de la poesía; 2.- celebración del amor correspondido; 3.- expresión del fracaso amoroso; 4.- intuición y certeza de la muerte y la disolución final). Como apuntamos previamente, en la sección segunda, se encuadran los poemas que expresan la llegada, exaltación y vivencia feliz del amor. El sentimiento de pasión amorosa inunda la personalidad del yo poético; la vida adquiere una significación superior gracias al amor compartido.
  1. Resumen
El poema aborda, desde una perspectiva subjetiva, la descripción del amor, qué es, en qué consiste. La presencia del amor estremece al mundo: primero, conmueve a las pequeñas partículas que flotan en el ambiente, “los invisibles átomos del aire”. El cielo y la tierra se llenan de una rara belleza armónica. El sujeto lírico oye algo casi inaudible, el eco de los besos (“rumor de besos”) y la felicidad que encarnan, expresada por el aleteo de unas alas invisibles. El sujeto lírico cierra los ojos para captar mejor su entorno. Se pregunta, entonces, por lo que está aconteciendo y lo entiende en un fogonazo de inteligencia: el amor pasa por allí.
  1. Tema
El tema del poema es la expresión de la fuerza arrolladora e invisible del amor, que conmueve al mundo entero, hasta en sus más mínimos detalles, allí por donde pasa. El sujeto lírico lo ha captado y nos lo transmite en un tono confidencial y exaltatorio, al mismo tiempo.
  1. Apartados temáticos
El poema se estructura en tres apartados temáticos; las modulaciones de contenido son distintas en cada una de ellas. Así, tenemos:
-Primera parte (vv. 1-4): posee un tono descriptivo. Se citan tres elementos naturales que se conmueven por algo incomprensible que está ocurriendo. De lo más pequeño (los átomos), hasta lo más grande (el cielo y la tierra) pasan por una leve conmoción positiva y feliz. -Segunda parte (vv. 5-8): posee una naturaleza subjetiva; el yo poético también capta algo, ya más definido, un sonido que recuerda a los besos y un aleteo armónico y dichoso. Se pregunta qué será, sin encontrar una respuesta inmediata. 
-Tercera parte (v. 8): a través de una exclamación, se desvela el misterio y todo adquiere un sentido pleno: el amor atraviesa el espacio y devuelve dicha y armonía a la realidad entera. En un ambiente de intimidad recogida, se aprecia un aire conclusivo y rotundo ante la presencia benéfica del amor.
  1. Análisis métrico y de la rima
El poema está formado por una sola estrofa que consta de ocho versos endecasílabos, excepto el último, que es heptasílabo. cada una de ellas (para ajustar la medida de los versos es importante emplear las cuatro licencias poéticas: sinéresis, diéresis, sinalefa y palabra final del verso según sea aguda (+1 sílaba), llana o esdrújula (-1 sílaba). Se observa que riman en asonante (solo las vocales) los versos pares, quedando los impares libres. La rima, por tanto, corresponde a la del romance; como los versos son de arte mayor, se denomina romance heroico (aunque este emplea, normalmente, el dodecasílabo).
  1. Comentario estilístico
Como ocurre en la buena poesía, la expresión es transparente y el contenido denso y sugestivo. Tres elementos naturales están personificados; son los átomos, el cielo y la tierra; los tres forman metonimias del mundo entero, de la realidad total conocida. La palabra “átomos” está acompañada del epíteto “invisibles” (v. 1), expresión que enfatiza que se está hablando de realidades apenas conocidas o perceptibles. La bimembración “palpitan y se inflaman” (v. 2), referidas ambas acciones verbales a los átomos, nos recuerda cómo se altera intensa y ávidamente esa parte de la realidad. 
En el tercer verso apreciamos una antítesis (la formada por “cielo” frente a “átomos”, elementos opuestos) seguida de una personificación y una metáfora. Los “rayos de oro” (v. 3) alude a la excelsitud y belleza indescriptible. El cuarto verso forma un perfecto paralelismo con el tercero, y de nuevo aparece la personificación y la metáfora en “alborozada”; la alegría inunda la faz de la tierra.
En el cuarto verso se introduce el sujeto lírico. Oye, algo, que hay que descubrir en el siguiente verso, pues el encabalgamiento y el hipérbaton dejan el completo directo para el final: “rumor de besos y batir de alas” (v. 6). El paralelismo sinestésico es muy bello e intensifica la percepción sensorial. Lo etéreo de la realidad que flota y apenas se percibe se expresa bellamente en la personificación metafórica “flotando en olas de armonía” (v. 5); indica el equilibrio y perfección del mundo entero en ese preciso instante. El sujeto lírico reacciona cerrando sus ojos, pues se ve como transportado en arrobamiento por esa nueva realidad apenas perceptible. La suspensión que sigue obligan al lector a establecer su hipótesis y alargan la intriga sobre la naturaleza ignota de esa realidad que ha irrumpido y ha modificado al mundo entero. La interrogación retórica añade más perplejidad.
El último verso da un sentido a todo el poema. Su misma medida (es heptasílabo) señala su singularidad. Todo el verso es un epifonema (frase exclamativa que ocupa el último verso y da sentido a todo el poema) magnífico. Esa realidad es el amor, en tránsito; no está parado, sino en movimiento. Al desplazarse, remueve los cimientos del mundo, levemente, pero inevitablemente. Es un verso metafórico en sí mismo: la sola presencia del amor trastorna el ritmo natural y conmueve a todo elemento contenido entre el cielo y la tierra. El sujeto lírico, atento a esa realidad, dotado de una sensibilidad especial, la capta y nos la transmite. Allá al fondo, nos está haciendo llegar el mensaje de que el amor es la fuerza más estremecedora de la realidad, así que lo hace deseable y temido al mismo tiempo.
Las percepciones sinestésicas dotan de un significado más intenso al propio poema. El amor apenas se percibe. Leves sensaciones auditivas y visuales lo hacen perceptible para quien posea la suficiente sensibilidad, como el yo poético.
  1. Contextualización autorial
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870) es, sin duda, el gran poeta romántico español. Lo más paradójico y llamativo es que inicia su producción poética cuando se apagaban los últimos rescoldos románticos. Se le ha llamado poeta “tardorromántico” (junto con la insigne Rosalía de Castro), y con mucha propiedad. En un momento en que el realismo, con su observación minuciosa de la realidad, sobre todo la sórdida, y el triunfo de los valores burgueses, Bécquer presenta una poesía subjetiva, lírica y vibrante. Acaso por eso pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. 
Se ha destacado como influencias destacadas en Bécquer la de la poesía popular tradicional andaluza y la romántica alemana (especialmente, la del poeta H. Heine). Ambos componentes son importantes y contribuyeron a la concentración expresiva, la relativa sencillez compositiva y el sesgo intimista y dramático de sus composiciones. Resumimos brevemente los rasgos de la poesía romántica, bien verificables en este poema (se pueden encontrar más explicitados, en este mismo blog, en otros análisis de otros poemas de Bécquer):
-Subjetividad: el yo prima por encima de toda otra consideración. La contemplación del mundo y sus circunstancias gira en torno a la persona del poeta, que se interesa sobre todo por expresar su individualidad, en general, en choque con el mundo. Se aprecia muy bien en el empleo de los verbos en primera persona.
-Intimismo: frente a la exterioridad y el grupo, al poeta le interesa su interioridad y el modo de encajar su persona en una sociedad, en general, hostil.
-Sentimentalidad: el mundo de las emociones es más interesante que el de las observaciones o de las acciones. El poeta se centra principalmente en escuchar, ordenar y transmitir poéticamente sus sentimientos.
-Empleo cómplice de la naturaleza: distintos elementos naturales sirven para expresar un estado de ánimo, sea el que fuere. Aquí, hemos visto cómo un ave, la golondrina, y una planta, la madreselva, sirven para expresar la amargura del abandono amoroso.
-Cierta rebeldía y exaltación de la libertad: en este poema apenas se manifiesta en cuanto al fondo. En la forma, podemos apreciar cómo Bécquer combina versos y rimas de distinto ámbito, rompiendo con los moldes clásicos, para crear poemas brillantes y vibrantes.
Su desgraciada vida personal, llena de sinsabores amorosos y golpes emocionales inesperados, explican una poesía cargada de emoción contenida y de una contemplación amarga de la existencia.
La faceta prosística de Bécquer no se debe olvidar. Sus Leyendas forman un conjunto de relatos cortos de impecable factura literaria. El manejo de la prosa castellana es feliz y acertadísimo. Misterio, intriga, pasiones, secretos inconfesables, etc. conforman unos cuentos de alta calidad.
  1. Interpretación y valoración
El poema “Los invisibles átomos del aire” es un preclaro ejemplo de excelente poesía romántica: intimismo, subjetividad y sentimentalidad al servicio de la belleza poética en grado sublime. El yo poético percibe algo distinto, sutil pero poderoso: el paso del amor. Bécquer desea transmitir la fuerza del amor, que todo lo trastorna, pero de un modo sencillo y muy intimista. No es mirando hacia fuera, sino hacia dentro, como se percibe el amor.
Bécquer transmite sus anhelos y frustraciones (está deseando que el paso del amor le toque a él) a través de muy bellas imágenes naturales que se representan en la mente lectora con viveza y expresividad. Cielo y tierra se conmueven ante el paso del amor. Allá al fondo, se percibe un cierto tono dialogal: el sujeto lírico se dirige a los lectores, para que estén atentos y perciban lo que él ya comprende: la intensidad del amor.
Como ya hemos visto en otros poemas comentados de nuestro sublime Bécquer, la aparente sencillez compositiva esconde un cuidado e intenso trabajo de elaboración literaria. El poeta levanta una arquitectura verbal en la que vemos las vigas maestras, pero, al mismo, tiempo, percibimos el resto de los elementos ornamentales y el edificio completo, auténtica perla literaria. La poesía de Bécquer no ha perdido nada de actualidad, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su escritura porque posee tres raras y, por ello, preciosas cualidades, propias de la buena literatura: la autenticidad, la transparencia y la belleza formal.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar de modo oral o escrito, de forma individual o en grupo, en la clase o en casa, de modo tradicional o con ayuda de los medios TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema, señala el tema y los apartados temáticos.
2) Explica dónde apreciamos la subjetividad del poema, propio de la poesía romántica. Una reflexión sobre el verso cinco te puede ayudar mucho.
3) El poema, ¿es optimista o pesimista en su intento por describir la fuerza del amor? Aporta razones que sustenten tu opinión.
4) ¿Qué tres elementos naturales reaccionan al paso del amor? 
5) El poeta, ¿llega a hablar a alguien? ¿Dónde se percibe? 
6) Señala el efecto en el significado del poema de algunos recursos retóricos especialmente significativos y referidos a la repetición (paralelismos y bimembraciones, por ejemplo).
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) En el poema aparecen algunas antítesis, como lo pequeño y lo grande. Localiza su expresión e interpreta su sentido.
2) El poeta, ¿se siente un ser superior, propio del arte romántico, que entiende y siente el mundo y la vida de otra manera distinta a la del común de los mortales?
3) En el poema solo aparece una exclamación retórica. Identifícala, indica a quién se dirige y qué sentido tiene en la significación del poema.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Busca una música y unas imágenes adecuadas (de paisaje, por ejemplo) para un recitado declamatorio de este poema, a modo de diaporama.
2)Transforma en relato o en texto teatral el contenido del poema, de forma libre.
3) Indaga sobre la vida de Bécquer y, en concreto, sus desafortunados amoríos con Julia Espín y establece hasta qué punto su vida está recogida en el poema.
4) Su hermano Valeriano era pintor: busca cuadros de él, o de otros pintores románticos, cuyos paisajes encajen con la naturaleza presentada en el poema. También aportaciones musicales de la época pueden ser interesantes.
5) Elabora un texto, literario o no, en el que se perciban los efectos de la percepción de una realidad abstracta.
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El “Quijote”: una reflexión ética y estética sobre la vida humana

Introducción
El Quijote es una novela de una trascendencia y significación tan profundas que cada generación de lectores cava en su hontanar y encuentra mensajes nuevos. No es imposible acotarla en un ensayo. Muchos estudiosos han explorado su sentido y han encontrado mensajes nuevos. Eso nos anima a realizar nuestra indagación casi con la certeza de que la rica multisignificación de la novela cervantina asegura frutos válidos, acaso sorprendentes. Este texto es mi contribución al IV centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.
Estas líneas expresan una reflexión y una impresión personales sobre la gran novela cervantina. Conviene recordar, para adquirir una panorámica de conjunto y saber dónde se ubica nuestro texto, que éste es el non plus ultra de la narrativa mundial, una de las cimas de la literatura universal de cualquier época o lugar. Me gustaría comenzar recordando que la belleza literaria que encierra dentro de ella es de tanta altura y perfección que al lector le provoca una asombrosa reacción de estupor positivo. ¿Cómo es posible que encierre tanta belleza verbal y sentido intelectual construido con una herramienta tan aparentemente simple como es la palabra? He aquí el intríngulis principal. Por eso leemos y releemos buscando más; el texto cervantino es una fuente que no se agota jamás. En ella bebemos para saciar nuestra sed de imaginación ficcional y de juego verbal.
Mi tesis es que El Quijote encierra una lección honda, directa, lúcida y lúdica sobre el sentido de la existencia humana, bastante trágica. Un oxímoron chocante que nos asalta en los primeros pasos del pensamiento: la vida es un asunto bastante dramático, pero lo podemos sentir y vivir con algo de humor y risa, para contrarrestar el susto que nos invade cuando entendemos el verdadero sentido de la vida: morir y, al fin, “fuese y no hubo nada”. A continuación trataremos de explicar esta tesis con sus implicaciones y matices tal y como la percibimos en el Quijote. Este ensayo es mi humilde aportación particular al cuarto centenario de la publicación de nuestra genial novela, que se resuelve en una lectura individual, acaso melancólica, siempre sincera.
1. El ambiguo sentido de la existencia humana
Cervantes realiza en el Quijote una original y muy honda reflexión sobre el sentido de la vida del hombre. Don Quijote sale de su aldea porque desea ser, o vivir como si fuera un caballero andante. Aburrido de cincuenta años de vida rutinaria, sólo alterada por el deleite de la lectura de libros de caballerías y otros (de ficción), decide pasar a la acción, hacer cosas con repercusión existencial y moral. Su guía moral es la del caballero andante: hacer el bien, socorrer a los necesitados e impartir justicia caiga quien caiga. Son valores éticos de extraordinaria altura y nobleza. 
¿Cree él mismo en su transformación? Yo creo que él quiere creer que sí es válida y legítima su decisión. La vida se le escurría entre los dedos, dada su edad, y necesitaba hacer algo para ganar fama, su objetivo principal, junto con el de divertirse, entretenerse, ver mundo a través de la experiencia directa, que complete la literaria. A veces, cuando recibe sinsabores físicos o emocionales, flaquea, pero nunca sucumbe. Alonso Quijano cree en Don Quijote de La Mancha contra viento y marea. Mantener esta coherencia es básico porque, de un modo u otro, justifica su vida pasada, de lector, y presente, de caballero andante.
El problema es que Alonso Quijano debe realizar un esfuerzo titánico desde el principio hasta el final de la novela para que los demás crean en su empeño. Es la diferencia que va de Alonso Quijano, el hidalgo de mediano pasa, a don Quijote de la Mancha, el caballero andante que “desface entuertos”. A veces logra que alguien crea en él; pero casi nadie lo toma en serio, sólo en broma; y se ríen de él ridiculizando su actitud, siguiéndole la corriente, o propiciando ocasiones en que reciben palos, amo y criado; esto ocurre, sobre todo, en la segunda parte. 
La opinión que más le importa a don Quijote es la de Sancho; éste es escéptico, pero no cruel, de modo que hace que cree, a pesar de que le cuesta palos y sinsabores. Cuando don Quijote cae enfermo y Sancho le propone disfrazarse de pastores y salir con un hato de ovejas al campo y hacer vida de personajes de novela pastoril nos proporciona la clave interpretativa: los dos son conscientes que han estado jugando, representando o ficcionalizando un modo de estar en el mundo.
Cervantes nos presenta la vida humana como un asunto tragicómico del que conviene distanciarse un poco para no caer en el ridículo. Realmente, sólo veo como vector invariable con el que no caben bromas la actitud y creencia cristianas ante la vida. En cualquier ocasión o circunstancia, el respeto de la doctrina cristiana es firme y sin fisuras. Si la vida terrenal es breve y llena de amarguras más o menos tolerables, conviene conducirse con una ética cristiana que nos asegure la vida eterna, en el paraíso, al lado de Dios. Este axioma lo mantienen con vigor don Quijote y Sancho, el cura y el barbero, Roque Guinart y el caballero del Verde Gabán. Nosotros, hoy, con nuestros aires de “modernidad” del siglo XXI recién estrenado, con nuestra mentalidad más laica, a veces arreligiosa o algo más, podemos negarnos a aceptarlo, pero los personajes de la novela funcionan así.
Las circunstancias concretas de la vida obligan a muchos personajes a flexibilizar y contorsionar su escala de valores hasta límites extremos. Al que más, a don Quijote, sin duda. A Alonso Quijano se le esfuman los años y, apresuradamente, ha de montar el juego de creerse caballero andante para vivir alguna aventura y experimentar el sentimiento del amor antes de que su tiempo se agote. Lo que vive de verdad es la amistad y la lealtad que anuda con Sancho. También vive intensamente el desengaño de muchas personas que son falsas y egoístas; creo que los duques es el más claro ejemplo.
Don Quijote conoce por la España adelante cautivos recién redimidos, damas traicionadas, mujeres enérgicas y hartitas de aguantar el rollo platónico de los hombres con intenciones muy turbias, hombres juiciosos, enamorados de la literatura, rufianes de toda laya (los galeotes liberados es un maravilloso retablo del paisanaje hispano de los bajos fondos de aquellos tiempos) y un largo etcétera. Sobre todos ellos, sin excepción, el caballero andante –y, es de entender, Cervantes— extiende una capa de comprensión bondadosa y tolerante. Incluso en el tema religioso, nuestro autor nos deja una lección de bondad, como cuando el morisco Ricote regresa tras su expulsión. Sancho se compadece de sus penas y lo acoge con cariño.
Cervantes nos desliza una sugerencia algo melancólica: la vida no es tan seria como para que no nos podamos reír de ella a gusto y gana. Pero esa misma vida no es tan absurda como para que no enderecemos nuestros pasos hacia un camino que le da un sentido completo y transcendente. Y si todavía alguno discrepare, el autor alcalaíno le desea buena suerte y ya se verá quién tenía razón. Esta tensión entre la concepción de la vida como un chiste de mal gusto y un asunto de la máxima importancia recorre toda la novela, a nuestro entender. En términos literarios: la tragedia y la comedia se entretejen en un tapiz único; las veras y las bromas son inseparables en la vida humana. 
Un ejemplo puede ilustrarlo: cuando a don Quijote lo arman caballero en la venta, todos se ríen a su costa, pero él mantiene su coherencia intelectual respecto a su constructo de caballero andante, lo cual es importante para él y para cualquier lector avisado, que capta inmediatamente la nobleza y la lógica de su comportamiento. ¿Es consciente de que los demás, empezando por el ventero socarrón, se ríen a su costa? Seguramente sí, pero ni el narrador lo expresa, ni don Quijote se da por aludido. Este ejemplo es una prueba, entre muchas, de que Cervantes quiso mantener un nivel de inteligente y exigente ambigüedad para que el lector despierto vaya un poco más allá en la lectura y reflexione con una leve sonrisa sobre asuntos que son de mueca grotesca: la vida es fútil, breve y, muchas veces, sin sentido.
2. La trascendencia y futilidad, simultáneas, de nuestras acciones
Las acciones de don Quijote (y de Sancho, además de otros personajes más o menos relevantes como los duques, la traílla de galeotes, el caballero del Verde Gabán, etc.) parecen tan inocentemente inútiles que el lector no puede por menos de asombrarse de la seriedad con que las ejecuta. Don Quijote acepta estoicamente sus dolorosas consecuencias, sobre todo en un plano físico (recordemos que pierde dientes, media oreja, lo muelen y patean yangüeses, piaras de cerdos, etc.), pero también emocional (muchos dudan de la existencia de Dulcinea y, por tanto, de su amor por ella; otros se mofan de su aparente locura; otros más, como el enigmático Avellaneda, tratan de robarle su fama, etc.).
  Desde su decisión inicial de hacerse caballero andante hasta la derrota en la playa de Barcelona, don Quijote es tremendamente coherente pero intensamente fútil: todo lo que hace no sirve para nada, carece de importancia. Al pastor Andrés su amo lo sigue azotando a correazos tras la primera liberación de don Quijote; la doncella engañada por un novio que le promete matrimonio no alcanza entera satisfacción a sus deseos. Ni siquiera Sancho va al Toboso a entregarle la carta de don Quijote a Dulcinea. 
Existen algunos ejemplos más hirientes, como la liberación de los galeotes: les concede la libertad y, en pago, caballero y escudero se ven apedreados; Sancho gobierna con tiento y lo que recibe son patadas y golpes en la supuesta invasión de la ínsula; suben a Clavileño, pero al bajar la rutina diaria se impone. Ni siquiera los pobres cabreros obtienen nada de provecho tras escuchar un discurso que no entienden. El único beneficio que se desprende de sus acciones es la diversión, muchas veces lacerante, que los demás obtienen al seguir el juego de creerse caballero andante: el ventero y su tropa, los duques y sus sirvientes, don Antonio Moreno y su cohorte de Barcelona, etc. Los humildes aún mantienen un sí es no es de credulidad hacia don Quijote; los poderosos, simplemente, se burlan de él para reírse un rato y así entretener sus tedios de ricos malhumorados.
Las aventuras y acciones que don Quijote, como caballero andante, emprende no son relevantes para nadie ni tienen otras consecuencias que algún aporreamiento para amo y criado, como Sancho comprende muy bien, desde el principio de su salida. El nivel de futilidad es escandaloso y don Quijote lo sabe, pero la lógica del juego que ha emprendido no le permite desistir de él en pleno desarrollo. Sólo cuando el caballero de la Blanca Luna lo vence, don Quijote renuncia a seguir adelante y decide que el juego, real e imaginario, de pasearse por España a modo de caballero andante “desfaciendo entuertos” y ganando fama ha llegado a su fin. En las postrimerías, en el lecho de muerte, don Quijote admite que todo fue un pasatiempo entretenido. Lo expresa con toda claridad cuando afirma: “Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda prisa; déjense burlas aparte…”. En efecto, todo ha sido como una burla, esto es, “cosa de poco valor y de juguete”, según Covarrubias (1611, p. 159 v.). Esto es lo que podemos deducir del valor de las acciones de don Quijote, según su propio autor, al recuperar el juicio.
Sin embargo, las empresas que emprende don Quijote poseen un importante nivel de trascendencia porque el personaje parece que aspira a vivir con autenticidad y coherencia su experiencia de caballero andante. Administrar justicia, ayudar a los desvalidos, amar hondamente a su enamorada y ganar fama, esto es lo que él ambiciona de verdad. ¿Lo logra? La respuesta queda para cada lector. A nosotros nos da la impresión que a Cervantes le interesa más por deslizar interrogantes y abrir dudas que dar respuestas.
La lectura nos deja un poso melancólico de complicidad con el autor y de tristeza esperanzada respecto del personaje. El núcleo del mensaje descansa en el hecho de que la vida del hombre es transcendente y fútil a partes iguales, como nos muestra el caso de don Quijote.
3. La ética quijotesca, acaso cervantina, basada en la bondad
Sea de ello lo que fuere, la novela cervantina nos muestra una y otra vez que, pese a la terquedad de los hechos que revelan que una mayoría de los hombres se mueve por codicia, egoísmo y satisfacción de pasiones personales, la vida del hombre adquiere pleno sentido cuando está regida por la ética, por un conjunto de valores que nos permiten discernir entre el bien y el mal. En concreto, por el conjunto de normas emanadas del cristianismo que, de algún modo, regulan la buena vida dirigida hacia una trascendencia eterna.
El caso de don Quijote es paradigmático: perdona a todos los que le infligen dolor o daño, libera a los galeotes, muestra comprensión ante Roque Guinart; complementariamente, se muestra cómodo con personajes de vida ordenadamente cristiana, como el Caballero del Verde Gabán. Como don Quijote, el personaje se guía por un código mixto de caballero andante y persona particular. Mas, como Alonso Quijano, se atiene a la ética cristiana moteada de bondad. Él mismo recuerda, con orgullo, en el último tránsito, que en el pueblo le llamaban “El Bueno”.
Existe una coincidencia entre ambas esferas de actuación, pues pretender el bien, evitar el daño ajeno y administrar justicia sin prejuicios so criterios que guían ambas éticas, la del caballero y la del escudero manchego. Sin ética, nada tiene sentido ni objetivo, pues la satisfacción de las bajas pasiones humanas sólo muestra pobreza humana y miseria espiritual. Sancho comprende esto muy bien cuando ejerce la gobernación de la ínsula; por eso se retira dignamente y proclama que se va como entró: pobre, pero digno.
Esta ética descansa en una tendencia constante a practicar el bien con todo el mundo, independientemente de su condición social o material. Don Quijote y Sancho lo demuestran a cada paso. La bondad como impulso natural que facilita la convivencia y orienta la existencia es un eje vertebrador de las conductas de los personajes más importantes del Quijote. Es de creer que el propio Cervantes comparte este marco moral, por cierto lleno de vigor y validez, antes y ahora.
4. La esencia de la literatura: contar en un marco metanarrativo de ironía, sátira y juego
La literatura como actividad estética y lúdica consiste en contar bajo diferentes puntos de vista acciones divertidas. Don Quijote y Sancho protagonizan decenas de aventuras en sí mismas irrelevantes, pero entretenidas y aleccionadoras. Cervantes muestra y demuestra en su obra que escuchar o leer acciones que pasan a personajes verosímiles es divertido, entretenido y provechoso porque disfrutamos mientras leemos y, al tiempo, extraemos lecciones de enjundia para nuestro gobierno personal. La simple verdad literaria que se desprende sobre la praxis de la escritura novelesca es bien sencilla, aunque, al tiempo, bien difícil de entender y practicar, tanto desde el lado del autor, como del lector: personajes, acciones, un lugar y un tiempo en que se desenvuelven, bien contado y mejor tramado, es el núcleo duro de cualquier texto de ficción.
Esta lección literaria parece que viene muy bien en nuestra época, donde se ha pasado por momentos, felizmente acabados, en que se consideraba buena literatura el mero juego verbal, el artificio intelectual, el menosprecio de los elementos antes reseñados y las posiciones extremas, “de vanguardia” o “experimentales”, que no encerraban sino impotencia artística. No se contaba ni se mostraban acciones, se demostraban teorías políticas, artísticas o de otra naturaleza que, al parecer, eran la quintaesencia del arte literario. Es claro que en esas décadas se olvidó la lección cervantina de que la buena novela crea un mundo de ficción verosímil y autosuficiente donde unos protagonistas realizan unas acciones encaminadas a un fin en un marco espacio-temporal determinado. Parece perogrullesco, pero no lo es en absoluto, pues en España se olvidó este mensaje con cierta frecuencia en la segunda mitad del siglo XX.
La metanarratividad es un procedimiento que crea altas dosis de inteligencia estética. Cervantes escribe que un narrador escribe que un sabio encantador escribe que un árabe, Cide Hamete Benengeli, escribe que un moro aljamiado escribe. La magnífica superposición de estratos de creación escriturística introducen las suficientes dosis de superposición narrativa para crear complejidad, relativismo, perspectivismo y asombrosa admiración en el lector atento. Las distintas capas de supuesta escritura (a veces, en contradicción entre ellas) enriquecen la lectura e imprimen un sello de inteligencia creadora original y fecunda.
La ironía es un procedimiento creativo de alto nivel. Exige una escritura y lectura atentas e inteligentes. Escritor y lector deben sintonizar en un estrato de entendimiento en cuanto a la interpretación de los hechos narrados. La ironía en nuestra novela se verifica en el ámbito de los personajes, en el del narrador respecto a sus personajes, en el del autor arábigo respecto de su obra y, finalmente, en el de Cervantes respecto al conjunto del texto literario. 
En cuanto a los personajes, Sancho, por ejemplo, ironiza sobre sí mismo en muchas ocasiones con una gracia maravillosa. Tras recibir la paliza de los yangüeses, y recibir la advertencia de don Quijote de que él no se meterá en trifulcas si el enemigo no es caballero, Sancho anuncia muy solemnemente que él tampoco, y que perdona todos los agravios que le han hecho y podrían hacerle, caballeros o villanos porque él es de buen parecer y enemigo de pendencias. En otra ocasión, don Quijote le recomienda que olvide el manteo de la venta. Sancho dice que él podría olvidar, pero que su cuerpo no puede, y además quedarán señales de por vida, a juzgar por los moratones con que le escribieron en su cuerpo los golpes recibidos.
La ironía se aprecia muy bien en la tensión narrativa que plantean las grandes cuestiones: ¿está o no está loco don Quijote?; Sancho, ¿es un tonto simplote “con poca sal en la mollera”, como nos lo presenta el narrador? Cervantes dibuja a ambos personajes tan maravillosamente que siempre nos queda la duda: por ejemplo, don Quijote hace la rúbrica, pero no escribe su nombre, en la libranza de los pollinos que le ha de pagar a Sancho por los servicios prestados. En correspondencia, Sancho no cree, o dice no creer según la circunstancia concreta, en el encantamiento de Dulcinea, o en las transformaciones de rebaños en ejércitos y otras muchas tales. Pero sí cree en el vuelo de Clavileño por las esferas siderales. Y su nivel de razonamiento es siempre coherente, pero a veces prefiere callarlo por puro sentido común. Como él dice en alguna ocasión, tiene mujer e hijos que sostener y alimentar, así que riesgos, los justos. Este nivel de ironía sutil recorre el texto y ensancha el caudal estético de lectura muy poderosamente.
La sátira en el Quijote es densa y significativa. No deja en pie los libros de caballería (pero aquí transformada aquella en parodia), ni otros gustos estéticos disparatados según los percibía Cervantes. La clase noble y poderosa tampoco sale bien librada, ni el propio Lope de Vega, que recibe su mandoble correspondiente. La iglesia, los cultos farsantes, los soldados bravucones y otros muchos grupos y tipos sociales reciben su torniscón correspondiente, más que merecido, piensa el lector en sintonía con el autor.
Sin grandes urgencias, Cervantes satiriza muchos aspectos de la vida y la sociedad de su época con los que no estaba conforme. La nobleza ociosa e irresponsable, la expulsión de los moriscos, la mala literatura: he aquí algunos de los puntos satirizados y, por tanto, criticados.
Hace ya unas décadas que G. Torrente Ballester publicó un hermoso libro titulado El Quijote como juego. Ahí, el ilustre escritor gallego demuestra muy bien cómo toda la novela es una máquina movida por la idea de un juego: de personajes, de acciones, de conceptos, de sentido. Cervantes quiso montar un artefacto lúdico de comprensión intelectual, es decir, el lector tiene que comprender y aceptar que toda la novela es un juego que sólo se entiende plenamente si se entra en una lógica literaria lúdica que sostiene el narrador y don Quijote.
 Ambos falsean la realidad, la deforman o, simplemente, mienten bonitamente para que no se derrumbe el entramado lúdico. Don Quijote desea divertirse y el lector puede divertirse si acepta el deseo de aquel personaje. Este sutil mensaje  de que la vida misma no pasa de un juego más o menos entretenido, pero ejecutado muy de veras y con toda la coherencia exigible, circula por toda la novela. En los casos en que don Quijote se ve pillado en su lógica lúdica, miente o disimula para salir del paso, y a otra cosa. 
Corolario lógico de lo expuesto es que la risa y la sonrisa son elementos consustanciales al discurrir novelesco. La novela hace reír, es cierto, pero casi al mismo tiempo incita al pensamiento reflexivo, estoico y sereno. El humor tiene muchas fuentes (palabras, hechos, personajes, situaciones, etc.) y puede ser más superficial o profundo, de ahí que derive hacia una risa franca o una sonrisa más comedida y, casi siempre, melancólica. Porque el origen de la risa suele ser una situación en la que alguien ha recibido daños físicos, emocionales o de otro tipo. Y justo es don Quijote quien más palos recibe; él, que es la bondad y liberalidad máximas, también deviene en objeto de burlas, chistes y bromas de todo tipo que acepta sin rechistar para mantener en pie su andamiaje lúdico. El yelmo de Mambrino, los quesos derretidos en él, la aventura con Altisidora, etc. son ejemplos de esta fuente de humor. Suele encerrar unas gotas de amargura: paga el pato el que menos lo merece.
5. La compasión y la bondad, ejes de conducta
Un aspecto que apreciamos como determinante en la comprensión de esta novela es la constante invitación del autor a apreciar actitudes de compasión y bondad. Los personajes más inteligentes, poderosos o no, tienden a ser compasivos y bondadosos con todo el mundo, incluso a veces más allá de la lógica ordinaria. Don Quijote disimula todo tipo de agravios y faltas de respeto y ofrece siempre su cara más amable y generosa. Cuando no es así, ya fuera de sus casillas por el egoísmo o la torpeza ajena, los demás lo neutralizan, como los galeotes.
Sancho mismo, nada amigo de pendencias, perdona a todo aquel que lo agravia, como proclama en varias ocasiones. Claro que a ello ayuda su natural reservón y, a veces, cobarde. Sancho es codicioso, pero sabe abandonar el gobierno de la ínsula con la cabeza muy alta, para asombro de los bromistas a sueldo de los Duques.
Don Quijote y Sancho muestran compasión sobre todo con las personas desvalidas o maltratadas por la vida. Las mujeres engañadas o vilipendiadas, los simples menestrales que se ganan la vida con el sudor de su frente (el pastor Andrés es un caso bien conocido), los soldados o ex soldados esforzados que han luchado por su patria, etc. son los personajes por los que los dos protagonistas muestran más conmiseración. El morisco Ricote recibe la amistad y el calor humano de Sancho ante sus adversas circunstancias por el decreto de expulsión de 1609, seis años antes de que Cervantes publicara la segunda parte.
Esta actitud de nuestros dos protagonistas encierra toda una concepción de la existencia, más allá de las anécdotas cotidianas o de ideologías o creencias concretas. A pesar de que Sancho tome los aperos del burro del barbero con poca justificación, o don Quijote llame “don hijo de la puta” a Ginés de Pasamonte, estos dos hombres desean el bien a todo el mundo, se conduelen de las desgracias ajenas y tratan de ayudar a los demás. Si todos fuéramos como ellos, la vida sería más agradable y dichosa, sin duda. Es uno de los mensajes subliminales de nuestro escritor, creo yo.
6. La realidad y el deseo: ese conflicto irresoluble
En el Quijote late una tensión constante entre la realidad, muchas veces decepcionante, o directamente sórdida, y el deseo, movido por altos ideales del espíritu. Los dos personajes centrales de la novela lo ilustran muy bien. Don Quijote es un hidalgo manchego de mediano pasar; lector y cazador rutinarios, se ve abrumado por una realidad que lo ahoga. Desea vivir como un caballero andante y ganar fama eterna a base de aventuras movidas por el valor de su brazo. Busca otras experiencias físicas y anímicas. 
Por eso dice que se enamora de Dulcinea, para experimentar nobles y elevados sentimientos amorosos de los que sólo tenía noticia por los libros leídos. Él mantiene (y se mantiene) tercamente la belleza de ella y su amor prístino, pero la dura realidad es cruel: ella no existe más que en su mente; él sabe que los demás conocen esa realidad, de ahí que se empeñe en ver a una campesina como si fuera Dulcinea. El juego es áspero y se trata de “sostenella y no enmendalla”, porque rectificar significa el fin de su juego. 
Don Quijote aspira a la justicia y al bien, pero la realidad que encuentra por las encrucijadas de España es dura de roer;  casi nunca puede salir adelante con sus nobles deseos, pero ni sucumbe ni se amilana. Es un hombre tenaz que cree en sí mismo, único medio de que los deseos sobrevivan en una realidad chata. Casi nunca logra sus objetivos, más bien al contrario; cuando cree que ha triunfado, como contra el vizcaíno o el barbero, la victoria es pírrica y ridícula. Esto le deja un poso de melancolía que el autor nos transfiere directamente, de ahí nuestra solidaridad inconsciente con don Quijote.
Sancho quiere enriquecerse a toda costa, pero su experiencia en el gobierno de la ínsula le permite comprender que las cosas no son tan fáciles y que la felicidad no radica necesariamente en la acumulación de bienes o de poder sobre otras personas. Otra vez el choque entre la realidad y el deseo es duro y paradójico, pero la nobleza de alma de este campesino manchego le permite aprender la lección y seguir con su esforzada vida atada a la labranza, libre a su manera.
Una ojeada al panorama social de la época de don Quijote y Sancho nos desvela un mundo áspero, inamoviblemente compartimentado y, en fin, una gran masa de hombres humildes peleando a diario por salir adelante: campesinos, venteros, yangüeses, pastores de todo tipo, mujeres del partido, etc. Don Quijote y Sancho encarnan la bonhomía, la liberalidad de pensamiento, la educación y, con matices, la conformidad con su condición social. Chocan con una sociedad, en general, ferozmente egoísta, maleducada, cerril y violenta.
El panorama cultural, sin embargo, es más alentador: la gente escucha lecturas en la sobremesa, los cabreros atienden a discursos con cierta curiosidad y por los caminos anda gente leída (el Caballero del Verde Gabán, el transeúnte que había leído el Quijote de Avellaneda, Ginés de Pasamonte, etc.). Analfabetismo no es sinónimo de ignorancia o estulticia, y Sancho es el ejemplo más acabado. Este magma cultural amortigua el tremendo choque entre realidad y ficción que se produce en nuestra novela.
Las cosas no son blancas o negras. Casi todas admiten un matiz singularizador: todos tenemos algo de bueno y de malo en nuestro propio carácter. Cervantes nos invita, desde un cierto escepticismo esperanzado, si se me permite la aporía, a un ejercicio de relativismo, comprensión y perdón; hoy le llaman “empatía”; pues, en efecto, igual que don Quijote y Sancho empatizan con personajillos de toda laya, así nosotros podríamos esforzarnos en empatizar con los demás, sobre la base de la bondad y el respeto recíprocos. La realidad áspera podría acercarse al deseo noble si fuéramos, simplemente, más tolerantes y viéramos la vida como un juego efímero con final próximo y marcado, parece querernos decir Cervantes. Nuestro idiotismo o codicia nos empuja a caminos extraviados, amargos e inútiles, pero hay remedio, nos susurra el alcalaíno. 
7. Algunas conclusiones para el lector del siglo XXI
Cuatrocientos años después de su publicación (cuatrocientos diez, si tomamos como referencia la primera parte), algo parece evidente: la lectura del Quijote sigue proporcionando enorme placer estético, ético e intelectual a muchos lectores de cualquier lugar y sensibilidad; es señal inequívoca de que entre sus líneas brota una fuente de agua transparente en la que se puede saciar la sed de belleza, de conocimiento y de esperanza.
Yo creo que Cervantes tuvo dos aciertos mayores: el primero, consciente de que su material constructivo sólo son las delicadas, gratuitas y paradójicas palabras, monta un andamiaje narratológico sólido como una roca y fluido como un gran río que discurre por su cauce desde hace millones de años. Ahí está y ahí seguirá por los siglos de los siglos. Para ello partió, en un principio, de una idea humilde, pero de un potencial descomunal: parodiar los libros de caballerías. Luego, con su asombroso genio, construyó un relato mucho más profundo y hermoso de lo que pudiéramos imaginar. Yo creo que el primer sorprendido fue él, pero a nosotros, la lectura del Quijote nos sigue proporcionando un deleitoso estupor y una maravillosa sensación sorpresa inesperada, como un regalo que colma nuestros deseos más íntimos.
El segundo acierto es que el tema de su novela es la vida misma, qué es, cómo abordarla, pensarla y valorarla. En otras palabras, estamos ante una reflexión perspectivista sobre la condición humana. Y con increíble sencillez y asombrosa transparencia, nos desvela las miserias materiales y morales del hombre, nos expone nuestras peores pasiones y mejores anhelos; y lo hace sin acrimonia ni enfado. Cervantes está interesado en que descubramos por nosotros mismos la patética y trágica comicidad implícita en la existencia del hombre y comprendamos que el mejor modo de transitar este camino es seguir los hitos de la bondad comprensiva, de la sabia sencillez y del disfrute honesto de los pequeños placeres, entre los que se cuenta el de la literatura, ese extraño artefacto que edifica mundos con papel y tinta, sustentadores de la palabra.

 

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