Gabriela Mistral: “Himno al árbol”; análisis y propuesta didáctica

 Gabriela Mistral: “Himno al árbol”
[1] Árbol hermano, que clavado              1
por garfios pardos en el suelo,
la clara frente has elevado
en una intensa sed de cielo;
[2] hazme piadoso hacia la escoria          5
de cuyos limos me mantengo,
sin que se duerma la memoria
del país azul de donde vengo.
[3] Árbol que anuncias al viandante
la suavidad de tu presencia                   10
con tu amplia sombra refrescante
y con el nimbo de tu esencia:
[4] haz que revele mi presencia,
en las praderas de la vida,
mi suave y cálida influencia                  15
de criatura bendecida.
[5] Árbol diez veces productor:
el de la poma sonrosada,
el del madero constructor,
el de la brisa perfumada,                       20
el del follaje amparador;
[6] el de las gomas suavizantes
y las resinas milagrosas,
pleno de brazos agobiantes
y de gargantas melodiosas:                    25
[7] hazme en el dar un opulento
¡para igualarte en lo fecundo,
el corazón y el pensamiento
se me hagan vastos como el mundo!
[8] Y todas las actividades                     30
no lleguen nunca a fatigarme:
¡las magnas prodigalidades
salgan de mí sin agotarme!
[9] Árbol donde es tan sosegada
la pulsación del existir,                          35
y ves mis fuerzas la agitada
fiebre del mundo consumir:
[10] hazme sereno, hazme sereno,
de la viril serenidad
que dio a los mármoles helenos            40
su soplo de divinidad.
[11] Árbol que no eres otra cosa
que dulce entraña de mujer,
pues cada rama mece airosa           
en cada leve nido un ser:                        45
[12] dame un follaje vasto y denso,
tanto como han de precisar
los que en el bosque humano, inmenso,
rama no hallaron para hogar.
[13] Árbol que donde quiera aliente        50
tu cuerpo lleno de vigor,
levantarás eternamente
el mismo gesto amparador:
[14] haz que a través de todo estado
–niñez, vejez, placer, dolor–                   55
levante mi alma un invariado
y universal gesto de amor!
                                                    Ternura (1924)   
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889 – Nueva York, EEUU, 1957) es una magnífica poeta que nos dejó un legado literario hondo y profundo en nuestra lengua española. La intensidad y fuerza de su poesía no ha perdido un ápice de actualidad a lo largo de los años. Sus textos se caracterizan por la emotividad, la atención a las personas humildes, la denuncia del sufrimiento, una total empatía con la naturaleza y la transparencia verbal.
El poema que ahora comentamos es un himno, como bien reza en el título. Estamos ante un poema de exaltación y de celebración, expresando júbilo o entusiasmo. El objeto celebrado es el árbol, contemplado de un modo genérico o colectivo, sin individualizar. En general, el poema establece un ritmo dual en cuanto a su contenido: el yo poético observa admirativamente una cualidad del árbol, en una estrofa; en la siguiente le pide que le conceda a él ese mismo rasgo; siempre bajo el común denominador de generosidad, serenidad y presencia benéfica; el poema está sometido a un intenso proceso de personificación, e incluso deificación, del árbol. La primera palabra del poema es “árbol”; luego se repetirá en muchas estrofas; nos indica muy bien cuál es el foco poético. La segunda palabra es “hermano”; expresa la corriente de amor fraternal que une al yo poético con el árbol; existe un lazo indisoluble entre ambos elementos que recorre ya desde el principio todo el poema. En la primera estrofa destaca la naturaleza dual del árbol: tierra (raíces) y cielo (ramas); en la segunda estrofa el yo poético le suplica que lo haga “piadoso”, es decir, bondadoso, como él, para saber integrar humildemente esas dos naturalezas en su ser, el limo del suelo y lo celestial o aéreo.
En la tercera estrofa se destaca la sombra del árbol como un alivio para el caminante; del mismo modo, el yo poético le pide en la cuarta estrofa que él mismo sea, en su vida, un elemento benéfico para los demás, que sirva de alivio donde olvidar las penas.
La quinta y sexta estrofas resaltan la feracidad del árbol, su capacidad productiva: nos proporciona frutos sabrosos, madera, sombra, aromas agradables, sustanciosas apreciadas como resinas con muchas utilidades y, finalmente, una suave música del viento al pasar entre las ramas; en la séptima y octava estrofas el yo poético le ruega que lo haga pródigo con los demás, generoso con todos, abundante e inagotable en su ayuda y entrega para con los demás.
La novena estrofa celebra la serenidad amable del árbol, pues nunca se irrita ni cae en la desesperación; el yo poético le suplica en la décima estrofa que le insufle el sosiego y aplomo suficientes para avanzar en su vida con tranquilidad y buen ánimo, como un hombre íntegro, parecido a las estatuas clásicas.
La undécima estrofa presenta la naturaleza acogedora y generadora de vida del árbol; del mismo modo, el yo poético le ruega, en la duodécima estrofa, que él también sea, como una madre amorosa con sus hijos, una persona hospitalaria, benigna y propicia. 
Ya, en un tono recopilatorio, en la décimo tercera estrofa el yo poético le ruega al árbol que, como él mismo es hospitalario y benévolo para todos los demás, que del mismo modo él mismo sea, como expresa en la décimo cuarta y última estrofa, amoroso para todo el mundo, es decir, generoso y dulce, independientemente de su edad o su estado de ánimo.    
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: alabanza o loa al árbol, descrito en términos físicos y espirituales muy positivos, al que el yo poético le ruega que le traspase sus dones o sus rasgos de carácter, especialmente el amor desprendido que ofrece a todo aquel que se le acerca. Como se puede apreciar, el poema posee un hondo sentido transcendental, existencial y espiritual. De una contemplación, pasamos a una declaración ética de hondo calado.
3. Apartados temáticos 
El contenido del poema se modula en seis secciones temáticas; en cada una de ellas primero se describe un rasgo positivo del árbol; después el yo poético le ruega que le traspase a él mismo esas características. Así, encontramos:
-Primera parte  (vv. 1-8, dos primeras estrofas): se presenta la dualidad de tierra y cielo que posee el árbol, y lo mismo desea para sí el yo poético.
-Segunda parte (vv. 9-16, estrofas tercera y cuarta): se destaca la sombra benéfica y el perfil sagrado del árbol, con su “nimbo” (círculo que rodea a la figura de los santos) consolador; del mismo modo el yo poético pretende ser un alivio con quien se encuentre.
-Tercera parte (vv. 17-33, estrofas 5-8): en este apartado las dos primeras estrofas describen la feracidad del árbol, su variedad productiva; en las estrofas séptima y octava el yo poético ruega ser igual de multiplicador de dones para los demás.
-Cuarta parte (vv. 34-41, estrofas 9 y 10): el yo poético pinta el sosiego, la serenidad y templanza que emana el árbol, en la primera estrofa; en la segunda le ruega que él también sea un punto de calma y tranquilidad a quien él se acerque, como un buen hombre haría. 
-Quinto apartado (vv. 42-49, estrofas 11 y 12): presenta primero el carácter maternal del árbol, su capacidad para hacer crecer vida; le ruega después que él también sepa ser acogedor y generador de vida.
-Sexto apartado (vv. 50-57, estrofas 13 y 14): el yo poético destaca, en la primera estrofa del apartado, el “gesto amparador” o acogedor del árbol e igualmente le pide para él poder desprender amor para todos los demás.
4. Métrica y rima
El poema está compuesto por cincuenta y siete versos eneasílabos (nueve sílabas), distribuidos en catorce estrofas de cuatro versos cada una, excepto la quinta, que posee cinco versos. Los versos riman en consonante ABAB, es decir, primero con tercero y segundo con cuarto; como son de arte mayor, estamos ante un serventesio; pero se trata de una variación, pues esta estrofa normalmente está compuesta por versos endecasílabos. La quinta estrofa, al estar compuesta de cinco versos, no se atiene al serventesio y se identifica con el quinteto (ABABA).
5. Análisis estilístico
El poema es muy rico en el empleo de figuras retóricas de embellecimiento expresivo. Lo primero que llama la atención es el tono invocativo (o de apóstrofe) y dialógico: el yo poético se al árbol, uno cualquiera, pues está generalizando, y habla con él. Inmediatamente le suplica o ruega que le ayude a adquirir sus propias virtudes para ser mejor persona.
En la primera estrofa el yo poético apela al árbol; destaca su afinidad emocional con él, por eso lo adjetiva como “hermano” (v. 1). Continúa resaltando la naturaleza terránea y aérea del vegetal. Los “garfios pardos” (v. 2) contrastan vivamente con “clara frente” (v. 3); lo mismo sucede con “clavado” y “elevado”; son antítesis que refuerzan la doble naturaleza del árbol; asentado en la tierra, sube a lo alto por su “intensa sed de cielo” (v. 4); en esta metáfora personificada se hace hincapié en la búsqueda de elevación del árbol. La segunda estrofa contiene la petición del yo poético al árbol: piedad y memoria; la primera, para considerar “la escoria” (v. 5), metáfora de las cosas humildes y bajas, como algo valioso, pues es el alimento de los seres vivos. La memoria sirve para tener presente la imagen de “el país azul” (v. 8), metáfora de sus ideales nobles y espirituales.
La tercera estrofa anuncia, a través de una sinestesia triple (“suavidad de amplia sombra refrescante”, vv. 10-12) el alivio que supone para el caminante encontrarse la sombra de un árbol; incluso puede emanar un “nimbo” (v. 12), es decir, un círculo brillante a su alrededor, casi como símbolo de su divinidad; estamos ante una bella metáfora de los efectos benéficos del árbol. La cuarta estrofa presenta otra súplica: al igual que el árbol, el yo poético le pide a este que sepa ser una “suave y cálida influencia” (v. 15). En esta sinestesia, a través de los adjetivos, se hace hincapié en la naturaleza acogedora y amorosa del árbol. Por otro lado, la metáfora, a través de un circunloquio, contenida en “criatura bendecida” (v. 16), nos recuerda el tono espiritual del conjunto del poema, desbordando los aspectos sensitivos de mera visión de un árbol.
La quinta y sexta estrofas poseen carácter descriptivo y explicativo; encuentra su justa correspondencia en la séptima y la octava. Primero se presenta el carácter generoso del árbol, “productor” (v. 17) de: frutas, madera, perfumes, sombra, savia, resinas y música que el viento produce al pasar entre las ramas. Son seis paralelismos, con sus correspondientes anáforas y elipsis (se suprime el verbo correspondiente), que aparecen en los versos 18-23. En general, cada uno de los adjetivos encierra una metáfora o metonimia; así, la poma es “sonrosada” (v. 18); el madero es “constructor” (v. 19), etc. Todas estas figuras literarias insisten en la naturaleza feraz y bondadosa del árbol como fuente de vida. La metáfora “gargantas melodiosas” (v. 25) resulta especialmente atractiva por su imagen: las ramas de los árboles cantan armónicamente al contacto con el viento. Las dos estrofas siguientes (7 y 8) exponen la súplica al árbol para que el yo poético sea “opulento” (v. 26) en el dar a los demás. Dos exclamaciones retóricas inciden en la vehemencia de los deseos del yo poético. Junto con símiles hiperbólicos (“el corazón y el pensamiento / se me hagan vastos como el mundo”, vv. 28-29) y algunas antítesis (“Y todas… / …nunca a fatigarme”, vv. 30-31) expresan con viveza los anhelos de generosidad y entrega a los demás por parte del yo poético.
La novena y décima estrofas recuperan la estructura bimembre ya explicada de exposición arbórea y petición consiguiente. Ahora se destaca la serenidad y sosiego del árbol y se le pide esta cualidad para sí mismo. La repetición paralelística de “hazme sereno, hazme sereno” (v. 38) ahonda en el vivo deseo del yo poético. Se asocia la serenidad a una cualidad del hombre, frente a la dulzura y acogimiento de la mujer, que es la cualidad destacada en las estrofas 11 y 12. Ahora se identifica al árbol con la mujer (vv. 42-43). La metáfora contenida en “dame un follaje vasto y denso” (v. 46) se refiere a la incansable capacidad de la mujer de ayudar a los demás, sobre todo a los desamparados, a los que se ofrece un “hogar” (v. 49). La identificación del “leve nido” (v. 45) con la ternura hogareña explica también esta cualidad del árbol, transferida y deseada por el yo poético. 
Ahora el yo poético se fija en la figura o forma del árbol, vigoroso pero “amparador” (v. 53). Ofrece seguridad y refugio a las personas; por eso el yo poético pretende ofrecer a los demás un “gesto” (vv. 53 y 57, no casualmente en la misma posición final de cada estrofa). Ahora destacan las personificaciones o prosopopeyas aplicadas al árbol (es cierto que todo el poema resulta una gran prosopopeya del árbol, en realidad casi divinización). Existe una enumeración doble en el verso 55 muy significativa: “niñez, vejez” se refiere a las distintas edades del hombre; “placer, dolor” alude a los distintos estados de ánimo por los que se pasa a lo largo de la vida. Al estar unidas, se fusionan los cuatro sustantivos en una realidad nueva, inseparable y firme; es un modo de afirmar que la vida se compone de estadios temporales de tiempo en los que las alegrías y la penas se entremezclan. Todo, sin embargo, tiene sentido a través del “amor” (v. 57), última palabra del poema, reforzando así su significado. Si la relacionamos con la primera palabra, “Árbol”, el círculo se cierra: el elemento vegetal es y simboliza lo más noble del alma humana: el amor, que nos redime de nuestras penas y nos dota de una naturaleza generosa y bondadosa casi celestial.
Como hemos podido comprobar, la riqueza literaria del poema es sorprendente y altísima. Lo que parece una mera contemplación arbórea adquiere una gran intensidad y densidad significativa al contener todas las aspiraciones espirituales del hombre; posee también implicaciones éticas, espirituales y existenciales de gran relieve. El texto alcanza un delicado equilibrio entre una ligereza festiva y un pensamiento más hondo y vehemente sobre la naturaleza, el hombre y la vida, además de las relaciones que se establecen entre ellos.
6. Contextualización
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889 – Nueva York, EEUU, 1957) es una de las más grandes poetas iberoamericanas de todos los tiempos. En su poesía se combina emoción, contemplación y misterio a partes iguales. Mistral extiende su mirada hacia los niños y las personas desvalidas, de las que se conduele en su sufrimiento y su soledad. Como poeta, ni crea una torre de marfil, ni se entrega a denuncias de poesía social más o menos ideologizada. Antes al contrario, asume con gran lirismo el sufrimiento ajeno y lo transmite con gran hondura y perfección poética. Sus formas métricas se amoldan muy bien a su contenido: no busca la sofisticación, sino la intensidad y la autenticidad de fondo y de forma. 
Sus poemarios más importantes son Desolación (1922), libro del que procede el poema que hemos comentado, Tala (1938) y Lagar (1954). En todos ellos, su voz se eleva potente, limpia y honda, expresando ideas y sentimientos de ternura, dolor y angustia ante la vida y sus avatares.
7. Intepretación y valoración
Este poema transmite un mensaje muy claro y explícito: debemos contemplar, comprender e imitar la generosidad del árbol para con los hombres. Es generoso y dadivoso sin reparo. De igual modo, nosotros debemos aprender a ofrecer a los demás lo mejor que llevamos dentro, resumible en la palabra “amor”. La estructura métrica es sencilla y transparente; sin embargo, el engranaje verbal es muy denso y hermoso porque las connotaciones expresivas, de naturaleza metafórica, nos adentran en un mundo natural y humano de belleza y amor que está ahí, delante de nosotros, pero que parece que esquivamos o rehuimos.
El texto posee un tono dialógico muy bello. Parece que el yo poético “habla” con el árbol, escuchando sus consejos y replicando con sus anhelos más sentidos. El texto exhibe una gran musicalidad, casi en acordancia con un mundo natural bello y armonioso, poseedor de una melodía secreta, de un rumor melodioso que nos habla a nuestros corazones. Es por eso que podemos concluir que este bellísimo poema desprende autenticidad, transparencia y belleza literaria, además de una honda reivindicación de valores éticos y espirituales a menudo olvidados.  

 

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: festivo, narrativo, ligero o denso? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema. Presta atención a las metáforas visuales y a los recursos de repetición relativos a la naturaleza y a la estación del año celebrada. 
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) Explica razonadamente si el texto parece un diálogo entre el yo poético y el árbol. 
2) ¿Está personificado y deificado el árbol? Razona la respuesta.
3) ¿Qué doble naturaleza del árbol destaca en la primera estrofa  del poema? Argumenta tu respuesta.
4) El árbol, ¿qué tipos de sentimientos inspira? ¿Los ves justificados?  
5) Localiza la primera y última palabras del poema y relaciona su sentido; interpreta esta coincidencia.
6) El árbol, ¿respira? Localiza los versos donde aparece esta significación e interpreta su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que tome un elemento natural (río, animal, vegetal, etc.), para expresar un estado de ánimo, o un modo de vivir, o una petición de orden ético. Puedes imprimir un sentido real o imaginario, individual o colectivo, como ha realizado Gabriela Mistral.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la poeta Gabriela Mistral a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Gabriela Mistral, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan de metáfora sobre el modo de vivir o, de una manera de entender la vida y afrontar la existencia, resaltando algún elemento fundamental, como el árbol, siguiendo el ejemplo de Gabriela Mistral. Aquí el apoyo musical y pictórico pueden ser muy enriquecedores.
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Alfonsina Storni: “Alma desnuda”; análisis y propuesta didáctica

ALFONSINA STORNI: “ALMA DESNUDA”
Alma desnuda
[1] Soy un alma desnuda en estos versos,       1
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
[2] Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,               5
Un peñasco, una selva y una ola.
[3] Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
[4] Alma que adora sobre sus altares,            10
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
[5] Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.                   15
[6] Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
[7] Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas              20
con que la primavera nos envuelve.
[8] Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
[9] Alma que ha de morir de una fragancia    25
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
[10] Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.      30
[11] Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
[12] Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;              35
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
                                                           (De Irremediablemente, 1919)
  1. ANÁLISIS
1.Resumen
Alfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 – Mar del Plata, Argentina, 1938) es una excelente y original poeta que vertió en sus poemarios con autenticidad y originalidad sus sentimientos –especialmente el amoroso– y pensamientos de carácter existencial, en un tono tardorromántico, postmodernista y algo existencialista, sobre todo en sus textos finales.
Este poema es una confesión de la intimidad del yo poético, trasunto literario de Alfonsina Storni. Realiza una auténtica radiografía de su intimidad más recóndita y presenta sin velos ni disimulos sus creencias, dudas, anhelos y miedos. En cada estrofa realiza una declaración de suyo más personal. Para aligerar y ordenar la exposición, iremos comprimiendo el sentido de cada estrofa, numerándolas.
[1] En la primera estrofa confiesa que procede a desvelar su intimidad, su alma, su yo más recóndito, por completo. Inmediatamente describe su estado de ánimo: se siente desasosegada y en soledad porque sus vivencias o esfuerzos no han dado fruto alguno; dejó sus “pétalos” (metáfora de sus esfuerzos más nobles) esparcidos por el mundo, pero no fueron apreciados.
[2] Ahora el yo poético destaca su versatilidad, su ternura y belleza natural (identificándose con distintas flores, todas hermosas). Pero también advierte de su fortaleza y fiereza salvaje (hace analogía de su interior con elementos naturales duros, fuertes y violentos: “peñasco”, “selva” y “ola”).
[3] En la tercera estrofa expresa su desnortamiento; anda de un lugar para otro sin idea ni rumbo fijo. También desea destacar una contradicción paradójica de su interioridad: puede reaccionar con furor o con dulzura según lo aconsejen las circunstancias.
[4] Aquí confiesa su dimensión espiritual; reza a los dioses, quienes, al menos, no le hacen daño. Tal vez por eso se siente libre y fuerte como para no reconocer barreras (“valladares”, v. 12) que la constriñan.
[5] Continúa confesando su sed de amor. No ha encontrado a la persona con quien compartir su vida y sus inquietudes y entregar su corazón, es decir, su entrega. Esto le provoca cierta tristeza.
[6] En la sexta estrofa desea asumir sus contradicciones de carácter. Añora justo lo que no tiene a su alcance. Por eso, en primavera apremia al invierno que venga cuanto antes. No tiene reparos en dejar ver cierta volubilidad de carácter. 
[7] Aquí sigue con el tema anterior, por eso, en invierno, añora las rosas; muestra su tendencia a ir a la contra.
[8] En la octava estrofa expresa su amor a la libertad y a que todo ser vivo alcance su felicidad por sus propios miedos. Por ejemplo, las mariposas han de libar en las flores que desean. 
[9] Ahora declara su delicadeza espiritual y su amor a la belleza. Presta atención a las percepciones sensitivas, bellas en sí mismas, como una “fragancia” (v. 25) o de un “suspiro” (v. 26).
[10] Esta estrofa contiene varias paradojas. Por un lado, confiesa su ignorancia de las cosas, y su propensión negativa. Sin embargo, al actuar así, “el bien propicia” (v. 29), es decir, provoca consecuencias positivas. Justamente en la negación encuentra su camino para la “entrega” (v. 30).
[11] Aquí confiesa su modo de ser feliz: alcanzar cierta comunicación sensitiva con los demás (“Palpar las almas”, v. 32), ignorar el modo de vida rutinario y trillado y disfrutar de la autenticidad compartida (“Y sentir en la mano una caricia”, v. 33).
[12] Finalmente, la duodécima estrofa sintetiza el contenido anterior. Vuelve a confesar sus contradicciones internas, su necesidad de libertad, casi caótica y su búsqueda de la felicidad, muchas veces dolorosa (“Alma que sangra”, v. 36). Cierra el poema expresando su deseo irreprimible de recorrer su ruta, acaso ignorada, que conduce a la dicha, todavía un misterio, pues eso es “la estrella” (v. 37), bella imagen con que se cierra este bellísimo texto poético.
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: retrato interior (etopeya) de un yo poético sensible, confuso e impetuoso, en búsqueda de su camino espiritual en la vida, jalonado por sus contradicciones.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura abierta y continua, sin posibilidad de distinguir secciones de contenido claramente discernibles. En cada estrofa se aborda un rasgo concreto del alma del yo poético. Se observa en la primera estrofa una presentación; continúa un desarrollo y se cierra, con la estrofa final, con el deseo del yo poético de que su alma sea “el buque en marcha”, es decir, quien abre brecha para nuevos modos de vivir.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y siete versos agrupados en doce estrofas. Los versos son endecasílabos (once sílabas; arte mayor, por tanto). La rima consonante (coinciden vocales y consonantes desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: ABA; rima el primero con el tercero, quedando el segundo libre. Esta estrofa recibe el nombre de terceto. Como el segundo verso de cada terceto coincide en su rima con el primero y tercero del siguiente, estamos ante tercetos encadenados. Es una estrofa de larga tradición castellana, dentro de la poesía italianizante; su cultivo ha sido muy amplio. Sin embargo, existe una excepción: la última estrofa es un cuarteto (11 ABBA); parece que tiene una significación en sí mismo; como si la poeta hubiera necesitado algo más de expansión para cerrar con contundencia su poema.
  1. Comentario estilístico
Este poema exhibe una extraordinaria riqueza de imágenes, creadas a través de metáforas, metonimias, símiles y personificaciones, principalmente. La primera estrofa nos presenta el alma como el todo del yo poético; estamos ante una metonimia que alude a lo más recóndito y esencial del ser humano: su interior intelectivo, moral y sentimental, conocido también popularmente como “alma”. El hecho de que acompañe este sustantivo con el adjetivo “desnuda” señala metafóricamente que se desnuda ante el lector. La repetición retórica de “alma desnuda” (vv. 1 y 2) hace hincapié en que se ha despojado de ropajes; por eso afirma que está “angustiada y sola” (v. 2); vive en soledad y zozobra, lo que le provoca malestar. El último verso de la primera estrofa crea una bella imagen a través de una metáfora donde “pétalos” equivale a sus acciones y sentimientos positivos y acaso amorosos que va dispersando en su trayectoria vital.
La segunda estrofa conecta estupendamente con la primera porque alude a tres flores de las que proceden los pétalos: amapola (su color rojo parece indicar su carácter pasional), lirio o azucena (su color blanco, en general, puede aludir a su ingenuidad y sencillez) y violeta (sus cinco pétalos morados o lilas podrían sugerir aspectos negativos u obscuros de su naturaleza). El último verso de esta estrofa confirma cierta pulsión salvaje e indomable, al señalar metafóricamente que su alma puede ser “Un peñasco, una selva y una ola” (v. 6). La enumeración intensifica este aspecto.
La tercera estrofa emplea un símil entre el alma y el viento; puede ser fuerte y dañino, o suave y acogedor. Las personificaciones que acompañan a este viento muestran su imprevisibilidad. La cuarta estrofa se ocupa de aspectos religiosos o espirituales; su alma cree en unos dioses, a los que reza para que no le hagan daño. Pero al mismo tiempo expresa su espíritu indómito a través de la metáfora “no conoce valladares” (v. 12); no hay muro que la detenga, desea expresar.
La quinta estrofa establece una viva contradicción con la anterior, pues reconoce que podría ser fácilmente dominada, con tal de que alguien la amara, pues le entregaría su corazón. El sentimiento de amor lo expresa con una viva metáfora y metonimia: “Con solo un corazón que se partiera / Para en su sangre cálida regarla” (vv. 14-15). 
Ya en el camino de la contradicciones internas del alma del yo poético, en la sexta estrofa admite que en primavera añora el invierno, al que le pide que vuelva pronto y que la nieve cubra los prados. Pero en la octava ocurre lo contrario: cuando es invierno, grita exigiendo la llegada del buen tiempo para que las rosas florezcan y envuelva todo con su fragancia.
La octava estrofa es un canto a la libertad y la espontaneidad. Las “mariposas” (v. 22) son metáfora de lo bello y espontáneo que surge del alma, que debe prevalecer en el mundo, “sobre las cosas” (v. 24). La novena estrofa adquiere un tono más intimista y recogido; el alma prevé su propia muerte, provocada por un acto de belleza (“una fragancia”, v. 25) o de delicadeza (“un suspiro”, v. 26), hermosas metáforas de esos conceptos.
En la décima estrofa aparecen antítesis y paradojas, como la del primer verso: “nada sabe y todo niega” (v. 27); en ella se cruza el quiasmo para expresar vivamente la contradicción interna en que vive el alma. Siguen otras dos entre negar / propiciar y negando /entrega. Son expresiones colmadas de viveza y expresividad que significan qué confusión reina en el alma de la poeta. La undécima estrofa reinvindica sus aspectos espirituales y la tendencia a la autenticidad y sencillez: la paz se encuentra sintiendo “en la mano una caricia” (v. 33), metonimia del amor, verdadero objeto de deseo del alma desnuda.
La última estrofa es un bello cuarteto de carácter sintético: reconoce que está disconforme con ella misma, por eso busca activamente a alguien o algo en la que encuentra respuestas a su zozobra. El símil repetido de compararse con “los vientos” se ve intensificado con la enumeración de su frenética búsqueda: “vaga, corre y gira” (v. 35). El paralelismo entre los versos 34 y 36 también inciden en este movimiento inagotable. Se cierra el poema con una bella metáfora, doble, en la que el alma se ve como un “buque” marchando por un mar ignoto en busca de, o guiado por, una “estrella” (v. 37), enigmática imagen de la felicidad que se le resiste. Pero su búsqueda sigue, incansable, convencida el alma de que, al fin, dará con la estrella de la dicha.
El tono reflexivo y sereno del poema esconde una intensa zozobra y malestar interno. El yo poético persigue su felicidad, su sentido de la vida, pero no logra encontrarlo. El inteligente empleo de los recursos estilísticos (la anáfora de la palabra “alma”, al principio de cada estrofa, posee una intensa significación y centra muy bien el tema del poema) contribuyen a la transmisión de una honda frustración existencial y espiritual del yo poético, y de una agitación de fondo muy violenta y penosa.         
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Alfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 – Mar del Plata, Argentina, 1938) es uno de los más sugestivas y originales poetas de las primeras décadas del siglo XX en el ámbito hispanoamericano. Estamos ante una voz original que expresa sus deseos y temores más profundos de forma clara y dramática. Por la época en que desarrolló su poesía, se puede apreciar su carácter de pionero en la reivindicación de la mujer, su desenvuelta expresión, nada acomplejada, de su naturaleza y sus rasgos de carácter. Sus tormentas emocionales las traslada de modo directo, subjetivizadas y asumidas sin complejos. En este sentido, recuerda mucho a los mejores poetas románticos españoles, Bécquer y Rosalía de Castro, y también al modernista Rubén Darío. Diríamos que es la evolución poética natural de los poetas citados. 
Algunos de sus poemarios más importantes son: Ocre (1925), Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).
  1. Interpretación y valoración
Este poema nos presenta un retrato desvelado del alma del yo poético, es decir, de Alfonsina Storni. Expresa con sinceridad y hasta crudeza verbal sus ansias de amor, sus miedos y sus contradicciones irresolubles. El tono cadencioso, un poco repetitivo, señala cierta angustia existencia y desnortamiento de la poeta. Las imágenes naturales son de gran belleza y viveza y colaboran eficazmente en la significación global del poema. 
En fin, estamos ante un hondo y bastante dramático poema cuya lectura dejos ecos de nostalgia dolorida en el lector, reflejo de los sufrimientos sentimentales y existenciales de Alfonsina Storni. Sencillez, originalidad y claridad enfática crean un texto poético magnífico y perdurable.

 

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué palabra se repite al principio e cada verso y sirve para nuclear el sentido del poema? 
2) La poeta, ¿qué sentimientos existenciales y espirituales muestra? 
3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica cómo es el alma. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del viaje? ¿De qué es metáfora?
5) ¿Aparece el amor en este poema? ¿Qué importancia posee? 
6) Observa detenidamente la última estrofa. Habla de un buque guiado o buscando una estrella. ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Alfonsina Storni.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la poeta Alfonsina Storni a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Alfonsina Storni, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Alfonsina Storni.
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Antonio Colinas: “Fe de vida”; análisis y propuesta didáctica

Antonio Colinas: “Fe de vida”
Esperar junto a este mar en el que nacieron las ideas        1
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.                                                           5
 
Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán  saltando de una isla a otra isla.                10
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como remo perdido.                                                             15
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.
 
Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento                          20
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.                                        25
 
Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano                                      30
como a puñado de sal.
O de luz.
 
Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –¡al fin!– pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.                  35        
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.  40
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.
(De Libro de la mansedumbre, 1997)

 

1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Colinas Lobato (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la generación de los “Novísimos”. Su singular voz poética combina percepción natural, reflexión trascendente y recuerdo intimista, tamizados por un sentimiento de nostalgia y de construcción de su mundo interior, sin olvidar su compromiso con la realidad circundante.
El poema “Fe de vida” posee un marcado tono expositivo, reflexivo y existencial. El yo poético enuncia su fe de vida, es decir, nos llega como un documento o prueba de que vive, está ahí, en el mundo, formando parte de él. Los verbos en infinitivo de la primera mitad del poema imprimen un todo atemporal, como si la línea del tiempo no se interrumpiera. Los primeros verbos, “esperar”, “ser” y “permanecer”, “contemplar”, “quedar”, “seguir”, etc. indican bien cierto estatismo y quietud. El sujeto enunciador anhela fundirse emocional y espiritualmente con la naturaleza que lo rodea: mar, islas, barcas, árboles y aves, etc. Es un modo de encontrar un sentido pleno a su vida en el mundo que lo rodea. Las percepciones sensoriales tienen especial significación: olores, sonidos, visiones, etc. 
En la cuarta estrofa se introduce un elemento importante: un vosotros al que se le pide que deje al yo poético con su contemplación intimista (“Pero sobre todo dejadme…”, v. 26). El elemento percibido más importante es la luz, la “luz blanca” (v. 26) que elimina todo lo negativo o pernicioso que se extiende por el mundo. La última estrofa es un paso más, definitivo: “cerrar los ojos” (v. 33 y 35) indica que ya no es necesario percibir por los sentidos, sino sentirlos interiormente. Pide a los demás que lo dejen extasiarse y fundirse con el “silencio” y la “soledad”. El corazón del yo poético al fin encuentra el sentido pleno de su existencia en el amor, que implica la pérdida gozosa de la libertad a través de la amada. 
  1. Tema
Este texto se condensa en torno a un testimonio de vida: la del yo poético que reclama su derecho a fundirse con la naturaleza, a encontrar el sentido de la vida en el silencio y la contemplación, que conducen directamente al amor compartido.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados temáticos bien visibles temática y gramaticalmente considerado. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-25): dibuja o expone la figura del yo poético contemplando la naturaleza, el mundo y fusionándose con ella. Es una sección estática y atemporal porque los verbos en infinitivo imprimen una significación de continuidad cronológica.
-Segundo apartado (vv. 26-42): aquí el poema se torna más dinámico, se interpela a los demás a que permitan al yo poético seguir con su proceso de contemplación y fundido con la naturaleza. Pero también se hace más personal y sentimental, en el sentido de que el amor emerge como una fuerza imprescindible que conduce al yo poético a la felicidad. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto de cuarenta y dos versos agrupados en cinco estrofas. No se aprecia una rima regular, aunque algunas asonancias, como á-o, se perciben de vez en cuando. La medida de los versos es variada. Oscila desde el tetrasílabo (v. 32) al de dieciséis sílabas (v. 18). Se observa una cierta regularidad en la disposición de los versos largos, que suelen estar al principio de la estrofa; entre cada verso largo suelen interponerse dos o tres cortos . En consecuencia, estamos ante un poema compuesto en verso libre. 
  1. Comentario estilístico
“Fe de vida” se atiene en su contenido a su título: es un testimonio de que el yo poético vive, no está desaparecido, y nos desea comunicar qué hace o en qué ocupa sus horas. El poema deviene en una respuesta del yo poético a la pregunta de  ¿dónde estás, que no sabemos nada de ti? Las dos primeras estrofas y los dos primeros versos de la tercera presentan verbos en infinitivo cuyo sujeto implícito es el yo poético. Estos verbos transmiten contemplación, observación, identificación con el paisaje y estatismo. Son: “esperar” (v. 1) en un ambiente marítimo, sin pensar en nada. La paradoja de no tener ninguna  idea “Y así tenerlas todas” (v. 2) incide en la importancia de despojarse de prejuicios y avanzar hacia un recogimiento interior. El segundo verbo es “ser” (v. 3); y lo que el yo poético pretende es fusionarse con la brisa, el aroma y la noche; una percepción táctil, otra olfativa y la tercera visual. Crean una sensación sinestésica difusa y permanente que alude a la comunión del yo poético con la naturaleza, la cual es primitiva, sencilla, marinera y solitaria (“calas olvidadas”, v. 5). 
Ya en la segunda estrofa, los verbos en infinitivo son “permanecer” (v. 6), “quedar esperando” (v. 7), “contemplar” (v. 11) y “quedar flotando y transcurriendo” (v. 13). El gerundio que aparece en dos casos imprime una sensación de alargamiento de la acción, de su estiramiento en el tiempo. Los objetos contemplados son sencillos y rutinarios: un “ave que pasa”, una tormenta, muy bien personificada, a la que se nombra, por metonimia, a través de “cielo amarillo” y “relámpagos”, una nube blanca personificada y simbolizada como ejemplo de felicidad y, finalmente, los “delfines” (v. 16). El símil “como remo perdido” aplicado al yo poético insiste en la idea de que este es solo un elemento más dentro de un grandioso y bello marco natural, en el que se integra sin estridencias. La sensación de seguir una corriente espacial y temporal inevitable se aprecia muy bien en la metáfora “tiempo sentenciado” (v. 17): es mejor fluir con el ritmo natural de las cosas porque todo está previsto desde siempre.
La cuarta estrofa presenta dos versos que coinciden en el tono y la estructura de los anteriores. El verbo de apertura es “ser” (v. 18), que abre una bella metáfora sinestésica sobre el tiempo repetido y circular de la noche en el que las barcas se balancean en el puerto. Están acompañadas de “narcisos y faros” (v. 19), es decir, fragancia y una suave luz. De pronto, el poema da un quiebro importante, expresado a través del verbo “Dejadme” (v. 20). El yo poético ruega a los demás que lo dejen permanecer así, al lado del mar, con su luces, que varían; precisa que pueden ser amarilla, verde o azul, dependiendo de las circunstancias que antes había enunciado –momento del día, estación del año, tipo de cielo y nubes, etc.–. Renuncia al conocimiento, a pesar de haber nacido en ese lugar; se refiere, seguramente, a la cultura greco-latina, de ámbito mediterráneo; el poeta Colinas vivió muchos años en Ibiza, en plena cuenca mediterránea. El conocimiento libresco, pues, no le aporta nada para seguir su camino interior.
La cuarta estrofa presenta una nueva luz, la blanca, adjetivo epíteto de intensa significación. Y desea esta luz porque posee un carácter purificador, ya que aniquila aspectos negativos o destructores, aludidos metafóricamente: “hombres heridos” (v. 27), “los días tensos” e “ideas como cuchillos” (v. 28). Vuelve a los infinitivos de tiempo alargado a través de “ser” (v. 29). La repetición del verbo en imperativo “dejadme” (v. 26) hace hincapié en la necesidad del yo poético de soledad y comunión con la naturaleza. El símil “como olivo o estanque” incide en lo longevo, lo paciente y lo estático. Pide después, a un “alguien” no identificado (¿una divinidad, por ejemplo?), que lo sostenga en su mano como si fuera algo sencillo y natural. Lo expresa con dos símiles chocantes y paradójicos: “como a puñado de sal. / O de luz” (vv. 31-32). Podemos apreciar cómo se recorre un camino hacia la simplicidad, lo natural y la integración.
La última estrofa posee un carácter conclusivo y recopilatorio. Comienza con una honda metáfora sinestésica que señala la ruta del recogimiento, ahora ya sin luz exterior, pues “cerrar los ojos” (v. 33, repetido otra vez en el v. 35) indica cierto desprendimiento de los sentidos. Es paradójico que haya que cerrarlos para que “el corazón –¡al fin!– pueda ver” (v. 34), pero ya sabemos que estamos ante un itinerario interior y más bien estático. El corazón es quien debe actuar ahora. El verso 35 posee una importancia medular porque indica cuál era la finalidad de la contemplación absorta: “para que el amor crezca en mí”. El yo poético está inmerso en un proceso de enamoramiento de una mujer a la que entrega su libertad. Todavía insiste en que se le deje, pero ahora ya no solo, sino “compartiendo” (v. 36) el silencio, la soledad y la hospitalidad; no dice con quién, pero lo podemos inferir: con la persona amada. El último elemento natural que aparece crea una bella imagen nocturna y sonora: “el plenilunio de los ruiseñores de junio”; este momento es especial y único por su intimidad remota, al guardar “el temblor del agua en las últimas fuentes” (v. 40). La última oración  del poema encierra una intensa paradoja y desvela el sentido último del poema: el yo poético está enamorado y, libremente, decide entregar su libertad a “que se pierde / en los labios de una mujer” (vv. 41-42); es decir, se entrega con la naturalidad y la fatalidad necesaria al amor.
El poema se presenta como un itinerario interior, arduo y purificador que, exteriormente, es estático. La comprensión de uno mismo y su lugar en el mundo permiten al yo poético entender su enamoramiento y entrega a la mujer amada en un ciclo natural, cósmico, diríamos.
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas del grupo de los “Novísimos”, y eso a pesar de no aparecer en la famosa antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (1970). Los distinto poemarios de Colinas han ofrecido un poeta sereno, grave, profundo y dueño de un lenguaje y un estilos poéticos personales. La contemplación, la reflexión y la intertextualidad son notas comunes a todos ellos. El poema comentado procede de un libro de madurez, lleno de reflexión existencial y exaltación natural. Podemos apreciar muy bien su adensamiento expresivo, su hondura indagatoria y su pulcritud expresiva.
 Algunos de sus poemarios más importantes son: Sepulcro en Tarquinia (1975), Noche más allá de la noche (1983) y Amor que enciende más amor (1999).
Algunas notas de su poesía son:
-Equilibrio y contención: en la poesía de Colinas se aprecia una tendencia a la armonía expresiva, lejos de estridencias o salidas de tono epatantes.
-Intertextualidad y sincretismo cultural: estamos ante una poesía que recoge, quintaesenciada, distintas tradiciones poéticas y filosóficas. Colinas somete estas corrientes en una experiencia poética personal, honda y enriquecedora.
-Diálogo del poeta y el mundo, el interior y el exterior, lo subjetivo personal y lo objetivo colectivo: de modo sereno, pero firme, Colinas abre su mirada al mundo natural y social. 
  1. Interpretación y valoración
Este poema nos presenta una contemplación de un paisaje marítimo e isleño (identificable con la isla de Ibiza, donde Colinas vivió un importante tramo de su vida). La contemplación es estática, pero en el interior del yo poético se ha recorrido un camino de purificación de sentimientos –en concreto, el amoroso– y de comunión con la naturaleza. Su acercamiento es emocional, sensitivo e intenso; alude a elementos sencillos y, al mismo tiempo, recónditos. En el análisis hemos podido descubrir una arquitectura poética original y eficaz a efectos estéticos. Las nubes, el canto de los ruiseñores, algunas flores, el mar y, sobre todo, la luz, son elementos de ese camino de conocimiento interior.  
La selección léxica, referido al mundo natural, sobre todo, es evidente; el uso sutil y potente de las figuras retóricas nos permiten descubrir un texto intimista, hondo y con una enorme autenticidad: fondo y forma, contenido y expresión se alían para expresar un sentimiento de amor humano  en armonía con el mundo natural.

 

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimiento del yo poético nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿qué busca en la naturaleza? ¿Lo encuentra? 
3) Localiza las percepciones auditivas, olfativas y visuales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la luz?
5) ¿Qué momentos del día aparecen en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué tipos de verbos predominan en el poema? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje especialmente significativo.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Colinas.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Colinas a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Antonio Colinas. Colinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar.

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Alfonsina Storni: “Las golondrinas”; análisis y propuesta didáctica

ALFONSINA STORNI- “Las golondrinas”
Las golondrinas
Las dulces mensajeras de la tristeza son…                        1
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!
¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo                             5
para cruzar el mar!
Cada vez que las veo siento un frío sutil…
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!
¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar                 10
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!                                                                     15
Sostenedme en las alas… Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar…
¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?…
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera,           20
la fuente del amor?…
¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!
¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,                     25   
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!                                                                     30
¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!…
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas
tejidas en azul!

 

 

1. ANÁLISIS 
1. Resumen
Alfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 – Mar del Plata, Argentina, 1938) es una excelente y original poeta que vertió en sus poemarios con autenticidad y originalidad sus sentimientos –especialmente el amoroso– y pensamientos de carácter existencial, en un tono tardorromántico, postmodernista y algo existencialista, sobre todo en sus textos finales.
Este poema es un canto, alabanza o loa a las golondrinas. El yo poético muestra cariño y admiración por estas aves migratorias. Percibe en ellas algo de alegría y de dolor al mismo tiempo. Son “negras como el dolor” (v. 3), pero a la vez son “dulces” (v. 4). En este contraste reside parte de la percepción agridulce de estas aves. Alaba su tenacidad y resistencia, pues recorren grandes distancias, incluyendo mares, para buscar su alimento. Su ausencia entristece al yo poético, por eso les reclama que vuelvan pronto y se acerquen a él, pues anuncian la llegada de la primavera y sus connotaciones positivas y alegres. Desea volar con ellas y llegar a lugares ignotos donde la felicidad nunca falte; ese lugar es “el país del sol” donde se vive en una “eterna primavera”. 
Apremia angustiosamente a las aves para que la lleven con ellas, muy lejos de su vida actual, donde se siente “enferma” de tanto esperar y desear una vida más plena. Repite su invocación a las golondrinas y su vehemente deseo de volar “al albur”, a donde sea  con tal de dejar atrás su lugar, o su vida poco satisfactoria. Sin embargo, en los versos finales, admite que eso nunca podrá ser –lo que es una “lástima” (v. 32)– porque su admirada ave es pequeña y frágil y sus alas tendrían que ser más fuertes y poderosas para llevarla, es decir, “tejidas en azul”. Todo fue como una ensoñación del yo poético contemplando o rememorando el vuelo rápido y veloz de esta elegante e inquietante ave. Las golondrinas se van en otoño y la vida sigue igual. Un deje de melancolía y tristeza cierra el poema.
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: loa emocionada a las golondrinas, a las que envidia por sus largos viajes y a las que pide que la lleven con ella al país de la felicidad inagotable, lo que parece desgraciadamente imposible.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (cuatro primeras estrofas, vv. 1-12): funciona como presentación emocionada y laudatoria de las golondrinas. Se destaca su contradictoria belleza y sus largas migraciones para poder alimentarse.
-Segundo apartado (estrofas 5-8, vv. 13-24): el yo poético llama a las golondrinas, en un tono algo desesperado, para que se acerquen, lo recojan y se lo lleven. Les pregunta si saben dónde se halla “la fuente del amor” (v. 21), es decir, la dicha sin fin.
-Tercer apartado (estrofas 9-10, vv. 25-30): insistencia angustiosa dirigiéndose a la golondrinas para que se la lleven. Ahora aporta argumentos personales para justificar su deseo de volar, al declarar que solo es una “pobre bohemia” que tiene “el alma enferma”. 
-Cuarto y último apartado (estrofa undécima y última, vv.31-33): estamos ante el cierre conclusivo de la expresión del anhelo de volar con las golondrinas. Todo es solo un ensueño, una quimera, porque no es posible volar transportado por aves tan pequeñas. Para eso se necesitarían alas de otro color, azul y no negro, y también más grandes y poderosas; como no es realizable, el poema se cierra en un tono de amarga melancolía.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y tres versos agrupados en once estrofas. Cada estrofa está formada, por tanto, por tres versos; los dos primeros de cada una de ellas es tetradecasílabo o alejandrino (catorce sílabas), en tanto que el tercer verso es heptasílabo, justo la mitad de la extensión de los otros dos; la rima es en vocal aguda, lo que aumenta su musicalidad intensa y su vehemencia. En este sentido, esta bella y musical estrofa que Storni ha inventado, recuerda mucho a la copla de pie quebrado (las sextinas dobles utilizadas, por ejemplo, por Jorge Manrique en el siglo XV para componer las Coplas por la muerte de su padre). 
  1. Comentario estilístico
El poema oscila entre la contemplación de las golondrinas, la indagación en los anhelos íntimos y la expresión de las frustraciones o penas personales. El estado de ánimo del yo poético es negativo y pesimista. Lo vemos bien cuando, en el primer verso, dice que las golondrinas, son “dulces mensajeras de la tristeza”; eso es lo que lleva el yo poético en su interior: tristeza. Forma una hermosa paradoja con el sujeto, a su vez formulado en una expresión sinestésica muy expresiva: “dulces mensajeras”. El color predominante de esa ve, el negro, palabra que se repite tres veces en la primera estrofa, insiste en la idea de lo negativo. Por si quedaba alguna duda, la exclamación retórica que ocupa el verso quebrado, el último de la estrofa, lo explicita casi con exaltación: “¡Negras como el dolor!”; el símil señala el foco temático interior: dolor, malestar, angustia del yo poético. El color negro evoca emociones negativas y dolorosas. Hasta ahora se ha escamoteado, a través de la elipsis, el nombre del animal observado, la golondrina.
La segunda estrofa se abre precisamente con esa palabra, acompañada del mismo adjetivo sinestésico del primer verso del poema: “dulces golondrinas” (v.3). De ellas destaca su naturaleza migratoria. En invierno se van y cruzan el mar, es decir, emprenden un largo viaje. El yo poético quiere destacar su fortaleza para emprender una considerable travesía. En la tercera estrofa el yo poético se deja ver por primera vez, a través de los verbos en primera persona, “veo” y “siento” (v. 7 y 8); no por casualidad, el primero expresa su acción exterior, ver o percibir; la segunda, su movimiento emocional interior, sentir.
La tercera estrofa posee un tono confesional. El yo poético explica que ver las golondrinas le provocan frío, metáfora de malestar. La suspensión del final del verso refuerza la idea de desazón. Dos exclamaciones consecutivas (v. 8) indican cierta agitación en el estado de ánimo del yo poético, en la que se insiste con con el paralelismo y la repetición de “avecillas”. El encabalgamiento abrupto de los versos 8-9 insisten en una idea de malestar.
La cuarta estrofa se abre con la repetición de la exclamación interjectiva “¡Oh!” (v. 10). En esta estrofa observamos la identificación emocional del yo poético con las aves, al adjetivarlas de “pobres”. Las compara con los emigrantes, como era la propia Alfonsina. La metonimia de “migaja de pan” (v. 12) por el sustento insiste en los aspectos sentimentales de la emigración.
La quinta estrofa rompe con todo lo anterior. Ahora se interpela a estos animales y se le pide que se acerquen al yo poético. Son cuatro oraciones exclamativas con los verbos en imperativo, que se repiten dos veces; son “llegaos” y “venid”; también se repite dos veces “golondrina” (v. 13). El paralelismo de ese verso insiste esa significación de urgencia por juntarse con las aves. No explica por qué las necesita, pero el hecho de que diga que tienen “alas de luto” nos da a entender sentimientos negativos y lúgubres.
La sexta estrofa explica para qué las necesita: para volar con ellas muy lejos, atravesando el mar, por muy inmenso que sea. El sentido no está cerrado (dos suspensiones, en los versos 16 y 18, así lo confirman). La repetición del adjetivo “eterno” aplicado a “volido” es hiperbólico y nos hace ver la necesidad del yo poético de marchar muy lejos de donde está. De nuevo dos suspensiones dejan el sentido abierto e incompleto, buscando la complicidad lectora y expresando también cierta confusión espiritual del yo poético.
La séptima estrofa es de carácter interrogativo. Dos oraciones interrogativas, en disposición paralelística así lo confirman. Ahora nos enteramos a dónde desea volar el yo poético. Lo hace a través de tres metáforas hermosas: “el país del sol” (v. 19), “la eterna primavera” (v. 20) y “la fuente del amor” (v. 21). Las tres aluden a la felicidad sin fin. De nuevo dos suspensiones transmiten un sentimiento de angustia y confusión de la poeta.
La octava estrofa coincide en parte con la sexta y luego lo hará con la décima. Invoca o apostrofa a las golondrinas para que la lleven con ellas. Se repite tres veces la oración exclamativa “¡Llevadme!”, al principio y al final de la estrofa, lo que aumenta su importancia significativa. Entre el apremio y la súplica, el yo poético desea volar muy lejos a alas de las aves. Trata de disolver sus dudas recordándoles que solo es “una bohemia, una pobre bohemia” (v. 23), metáfora de persona desprendida, soñadora y socialmente descolocada.
La novena estrofa posee un tono interrogativo, como la séptima, de modo que van alternando las estrofas interrogativas y la exclamativas. En realidad, esta estrofa enuncia, a través de una honda y sentida metáfora, el origen de los males del yo poético: padece una enfermedad del ánimo, o del “alma” (v. 26), de tristeza y melancolía porque no puede irse volando a ese lugar donde mana el amor.
La décima estrofa es muy similar a la octava y a la sexta, en forma oracional y en contenido. Apremia a las golondrinas a que se acerquen a él para que lo recojan y así volar juntos. El paralelismo, con dos apóstrofes en oración exclamativa, del verso 28 así lo confirma. Lo contrario es casi como morir, como insinúa la metáfora “alas de luto” (v. 29). La repetición de los dos verbos de la estrofa, “llegaos” (vv. 28 y 30) y “venid” (vv. 28 y 29) expresan vivamente la necesidad que el yo poético tiene de esos animales, pues su postración existencial es grande.
La undécima y última estrofa comienza una vez más con el verbo en forma imperativa “venid” (v. 31), insistiendo en su angustia existencial. Tres oraciones exclamativas nos siguen transmitiendo un estado espiritual de agitación espiritual. La suspensión, al lado de la palabra “albur” (v. 31) aumenta la significación de incertidumbre y pérdida de rumbo. En la última oración del poema el yo poético reconoce que todo sus sueños de volar lejos quedarán en nada, en fracaso y frustración porque las golondrinas no podrán llevarlo. Eso solo sería posible si tuvieran las alas “tejidas de azul” (v.33), pero nunca serán posibles, porque son negras, como antes había advertido en varias ocasiones. Ahora adquiere pleno sentido la expresión “!Qué lástima…!” (v. 32), pues es el reconocimiento implícito del yo poético de que su ensueño, no por vivamente deseado, es imposible.
El tono exclamativo del poema y el inteligente empleo de los recursos estilísticos contribuyen a la transmisión de una frustración existencial muy honda en el yo poético, y de una agitación de fondo muy violenta y penosa.          
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Alfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 – Mar del Plata, Argentina, 1938) es uno de los más sugestivas y originales poetas de las primeras décadas del siglo XX en el ámbito hispanoamericano. Estamos ante una voz original que expresa sus deseos y temores más profundos de forma clara y dramática. Por la época en que desarrolló su poesía, se puede apreciar su carácter de pionero en la reivindicación de la mujer, su desenvuelta expresión, nada acomplejada, de su naturaleza y sus rasgos de carácter. Sus tormentas emocionales las traslada de modo directo, subjetivizadas y asumidas sin complejos. En este sentido, recuerda mucho a los mejores poetas románticos españoles, Bécquer y Rosalía de Castro, y también al modernista Rubén Darío. Diríamos que es la evolución poética natural de los poetas citados. 
Algunos de sus poemarios más importantes son: Ocre (1925), Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).
  1. Interpretación y valoración
Este poema nos presenta la contemplación emocionada de unas aves singulares, las golondrinas, y la expresión de un vehemente deseo de huida a otro lugar, de búsqueda de la felicidad y el amor, hasta ahora vedados, al parecer, al yo poético, trasunto de Alfonsina Storni. La admiración por estas aves se entremezcla con su anhelo de acceso a un mundo más armónico y pleno. El poema es muy triste porque acaba con el reconocimiento de que la huida no es posible, de que ese lugar no existe, de que el viaje no es posible. 
La sabia combinación de una bella descripción de la golondrina con la expresión muy vehemente de su necesidad de felicidad y amor dan lugar a un hermosísimo poema lleno de sentimiento melancólico y exaltado, pero al fin también de serena aceptación del destino. La alternancia de estrofas descriptivas, con otras exclamativas e imperativas y las interrogativas aportan variedad y frescura. La estrofa empleada nos indica la gran originalidad expresiva y la pericia técnica de la poeta argentina. En fin, estamos ante un hondo y sentido poema cuya lectura dejos ecos de nostalgia dolorida en el lector, reflejo de los sufrimientos sentimentales y existenciales de Alfonsina Storni. Sencillez, originalidad y claridad enfática crean un texto poético magnífico y perdurable.

 

  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué elemento natural, referido a un ave, nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos desarrolla ante la contemplación de las incansables voladoras? 
3) Localiza las percepciones cromáticas. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia del viaje? ¿De qué es metáfora?
5) ¿Qué momentos del año, meses o estaciones, aparecen en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Cuáles son las tres metáforas que aluden a un mundo feliz lleno de felicidad inacabable? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un animal especialmente significativo.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Alfonsina Storni.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la poeta Alfonsina Storni a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Alfonsina Storni, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de animales, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Alfonsina Storni.
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Antonio Colinas: “Riberas del Órbigo”; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO COLINAS – “RIBERAS DEL ÓRBIGO”
Riberas del Órbigo
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz                  1
por vez primera, dejo también el corazón. 
No pasará otra onda rumorosa del río, 
no quedará este chopo envuelto en fuego verde, 
no cantará otra vez el pájaro en su rama,                   5
sin que deje en el aire todo el amor que siento. 
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano 
la nieve de las cumbres, planto sueños hermosos. 
Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas, 
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.            10
Hojas o llamas, fuegos diminutos, resol, 
crisol del soto oscuro cuando amanece lento. 
Qué fresca placidez, que lenta luz suave 
pasa entonces al ojo, que dulzura decanta 
el oro de la tarde en el cuerpo cansado.                     15
Hojas o llamas verdes por donde va la brisa, 
diminuto carmín, flor roja por el césped. 
Y, entre tanta hermosura, rebosa el río, corre, 
relumbra entre los troncos, abre su cuerpo al sol, 
sus brazos cristalinos, sus gargantas sonoras.              20
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz 
por vez primera, miro arder todas las tardes 
las copas de los álamos, el perfil de los montes, 
cada piedra minúscula, enjoyada del río, 
del dios río que llena de frutos nuestros pechos.         25
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz 
por vez primera, dejo también el corazón.
                                                         De Poemas de la tierra y la sangre (1969)

 

1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Colinas Lobato (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la generación de los “Novísimos”. Su original voz poética combina percepción natural, reflexión trascendente y recuerdo intimista, tamizados por un sentimiento de nostalgia y de construcción de su mundo interior.
El poema “Riberas del Órbigo” ofrece una contemplación casi extasiada de las márgenes del río Órbigo, el mismo que baña las tierras de su población natal. El poema posee un tono de despedida, como si el yo poético se acercara para decirle adiós al río que tanto ama. Él se va,pero “Aquí … dejo mi corazón” (v. 2). Tres elementos naturales, “chopo”, “onda” y “pájaro” son testigos de su admiración por el lugar, que en realidad es “el amor que siento” (v. 6). El agua del río, que antes fue nieve en las montañas lejanas, fertilizan la ribera, donde “planto sueños hermosos” (v. 8), metáfora de las ilusiones que el yo poético lleva en su interior. El siguiente elemento que llama la atención del yo poético son las piedras, de las que destaca su brillo, pulidas por el agua. A continuación, el poema se centra en un momento: el amanecer, que hace que todo parezca un incendio de vida y luz; las hojas parecen “llamas” (v. 11) en ese instante. El siguiente bloque poético se centra en la tarde, manteniendo así el paso de las horas. En la ribera se siente la “fresca placidez” (v. 13) del río, acompañada del “oro de la tarde” (v. 15), alivio para el “cuerpo cansado” del contemplador. La contemplación de las hojas, flor y césped, junto con la percepción de la brisa completan un cuadro de naturaleza armoniosa y bella.
El conjunto se recoge bajo el concepto de “hermosura” (v. 18), donde el río irrumpe con cuatro acciones (“rebosa”, “corre”, “relumbra” y “abre”) que transmiten una idea de su poder y vigor. A partir del verso 21, el poema aporta una localización espacial y temporal que completan el sentido: “Aquí” (adverbio que ya había aparecido antes) y “todas las tardes” señalan claramente la ubicación del yo poético y su presencia en las riberas del río. Indica que nació y se crio en ese lugar; por eso se siente tan unido a él. Y ahí mirá “arder” (metáfora del fulgor de la luz solar) las copas de los árboles, los perfiles de los montes y las piedras del río. Este recibe el calificativo de “dios río” (v. 25), sustentador de las personas que allí viven, pues es “llena de frutos nuestros pechos” (v. 25). Los dos últimos versos coinciden con los dos primeros: el yo poético se hace presente, recuerda su infancia y su felicidad (evocada a través de la “luz”) y sugiere un adiós, acaso breve, de un día para otro, tal vez mucho más largo, pues el yo poético anuncia que “dejo también el corazón”. Es un modo de expresar su nostalgia anticipada, casi a modo de despedida.
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: contemplación intimista de las riberas del río Órbigo, en la que el yo poético se siente feliz en un lugar tan bello; en él construye sus sueños y de él se despide colmado de paz y esperanzas.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, con la particularidad de los que el primero y el último son repetición de los mismo dos versos. Cada una de las partes comienza con el adverbio “Aquí”. Esta proporciona una estructura circular, un sentido cerrado y completo en sí mismo. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-6): funciona como presentación y despedida. Localiza el espacio, el tiempo y el vínculo del yo poético con el lugar donde se halla. También explica el vínculo emocional con ese lugar, que no es otro que el amor.
-Segundo apartado (vv. 7-20): estamos ante una descripción subjetiva e intimista de las riberas del río y del propio río. Los distintos elementos contemplados provocan una reacción, en general, de admiración y asombro.
-Tercer apartado (vv. 21-25): posee cierto carácter consecutivo y de agradecimiento. Aparece el elemento del río, que le da coherencia a todo y explica que es percibido como un dios que alimenta a sus habitantes pródigamente.
-Cuarto y último apartado (vv.26-28): estos dos versos repiten los dos primeros. Imprimen la idea de cierre de todo el sentido. El yo poético reafirma su afición e identificación con las riberas del Órbigo, al tiempo que anuncia una despedida. Los tiempos verbales evocan un pasado feliz, un presente con idea de instantaneidad y un futuro apenas aludido ya lejos del río. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto de veintisiete versos tedradecasílabos o alejandrinos (14 sílabas, con cesura intermedia). No se aprecia una rima regular, aunque algunas asonancias, como á-o, se perciben de vez en cuando. Llama la atención la repetición, no casual, de la palabra “luz” en la posición final de tres versos (1, 21 y 26). El monosílabo aporta viveza y especial significación sobre esa palabra, erigida así en núcleo semántico del conjunto poemático. En consecuencia, el poema está compuesto en versos blancos. 
  1. Comentario estilístico
Como ya señalamos antes, el deíctico “aquí” señala la presencia del yo poético en el lugar que describe. Se trata, pues, de una contemplación presente, no evocadora. El sujeto y el objeto poéticos están frente a frente. El lugar adquiere especial relevancia porque es donde “atisbé la luz” (v. 1), metáfora del descubrimiento inicial, diríamos que sensitivo, de la realidad circundante. El sintagma “dejo también el corazón” (v. 2) es una metáfora de la fuerte unión del yo poético con “estas riberas”, también de un preludio de despedida, como que ha de alejarse de allí inmediatamente.
El amor que el yo poético siente por ese lugar es tan intenso que una onda del agua del río, un chopo de su ribera, o un pájaro no dejarán de percibirlo y, de algún modo, celebrarlo, con su murmullo, su luz, o su canto, respectivamente. Esta hermosa enumeración dan fe de la hondura de su amor por este lugar.
A continuación, ya en la segunda parte, el yo poético comprueba cómo el río acerca el agua a tierras llanas; pero lo importante es que es ahí donde “planto sueños hermosos” (v. 8); esta metáfora agrícola nos deja apreciar que el yo poético vierte sus ilusiones y construye sus anhelos en las riberas del Órbigo. A continuación fija su mirada en elementos naturales que desprenden un mensaje especial: las piedras del lecho del río “relucen” (v. 9); otra vez la luz, connotando cierto optimismo y alegría, impacta sobre el yo poético. El río está personificado a lo largo de todo el poema, sobre todo en la parte final. Aquí ya vemos que “corroe” (v. 11) las piedras. Los versos siguientes nos permiten acotar el momento del día en que el yo poético contempla el río: el amanecer, cuya expectación se expresa con metáforas cromáticas de luz y fuego: “hojas o llamas, fuegos diminutos” (v. 11); sigue en el verso siguiente otra metáfora aplicada al amanecer, en antítesis: “crisol del soto oscuro”, y una personificación que expresa como la detención del tiempo: “amanece lento” (v. 12). 
Las tres exclamaciones retóricas siguientes, formando un paralelismo expresivo, entreverado de sinestesias, sirven para conocer la sensación de bienestar del yo poético, en armonía con el lugar. La “fresca placidez” (v. 13), la “lenta luz suave” y la “dulzura” (v. 14) son un regalo para el “cuerpo cansado” (v. 15) del sujeto enunciante, que nos desliza otra nota temporal: se halla en el “oro de la tarde”. El verso 16 guarda una relación anafórica con el 13, al repetir “Hojas o llamas”, insistiendo así en el cromatismo del lugar, pero inmediatamente relacionado sinestésicamente con la brisa, sensación táctil, pero percibida visualmente como “diminuto carmín, flor roja por el césped” (v. 16). Y en ese momento aparece el elemento vertebrador de esa naturaleza y su contemplación, el “río” (v. 18), que “rebosa”, “corre” (v. 18) y “abre” (v. 19), tres acciones simultáneas para expresar su generosidad y su belleza espontánea. Se antropomorfiza con términos como “cuerpo”, “brazos” “gargantas”. Es como un ser vivo sintiente, bueno y servicial.
El verso 21 se abre, anafóricamente, con el deíctico “Aquí”, insistiendo en la singularidad de ese lugar. Es una repetición del primer verso del poema, por lo que su significación se revela especial. De nuevo las sensaciones de luz y color son las predominantes; ahora también sabemos que el yo poético contempla ese paisaje, metonimizado en los álamos, los montes lejanos, y las piedras minúsculas, “todas las tardes” (v. 22). También surge otra significación honda en torno al “río” (vv. 24 y 25), divinizado con el sustantivo “dios”; es una deidad buena que “llena de frutos nuestros pechos” (v. 25), metáfora de su fertilidad y de su aportación a la feracidad de la tierra.
Los dos últimos versos del poema son repetición de los dos primeros. Adquiere así un sentido circular y cerrado. Se remacha la significación de la profunda armonía entre el yo poético y el río Órbigo. Se aprecia como una contemplación extasiada del paisaje ribereño, vista con un ligero toque elegíaco, pues la expresión “dejo también el corazón” parece anunciar una despedida.
Como se ha podido apreciar, estamos ante un poema grave, hondo e intimista. La visión de un paisaje aparentemente anodino se transforma en un acto de belleza y comunicación íntima y fructífera.      
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas del grupo de los “Novísimos”, y eso a pesar de no aparecer en la famosa antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (1970). Los distinto poemarios de Colinas han ofrecido un poeta sereno, grave, profundo y dueño de un lenguaje y un estilos poéticos personales. La contemplación, la reflexión y la intertextualidad son notas comunes a todos ellos. El poema comentado procede de su primer libro publicado, a la edad de veintitrés años. Sorprende su comedimiento expresivo, su hondura indagatoria y su pulcritud expresiva.
 Algunos de sus poemarios más importantes son: Sepulcro en Tarquinia (1975), Noche más allá de la noche (1983) y Amor que enciende más amor (1999).
Algunas notas de su poesía son:
-Equilibrio y contención: en la poesía de Colinas se aprecia una tendencia a la armonía expresiva, lejos de estridencias o salidas de tono epatantes.
-Intertextualidad y sincretismo cultural: estamos ante una poesía que recoge, quintaesenciada, distintas tradiciones poéticas y filosóficas. Colinas somete estas corrientes en una experiencia poética personal, honda y enriquecedora.
-Diálogo del poeta y el mundo, el interior y el exterior, lo subjetivo personal y lo objetivo colectivo: de modo sereno, pero firme, Colinas abre su mirada al mundo natural y social. 
  1. Interpretación y valoración
Este poema nos presenta la contemplación emocionada de un paisaje humilde y singular al mismo tiempo. Es la ribera de un río, donde el poeta pasó momentos de felicidad. Observamos una casi identificación con las riberas del Órbigo, río que al poeta le ha aportado serenidad y dicha. Su acercamiento es emocional, sensitivo e intenso. En el análisis hemos podido descubrir una arquitectura poética original y eficaz a efectos estéticos. 
La selección léxica, referido al mundo natural, sobre todo, es evidente; el uso sutil y potente de las figuras retóricas nos permiten descubrir un texto intimista, hondo y con una enorme autenticidad: fondo y forma, contenido y expresión se alían para crear un hermoso poema sutil y bello.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué elemento natural nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos desarrolla ante la contemplación de la ribera? 
3) Localiza las percepciones auditivas y visuales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la luz?
5) ¿Qué momentos del día aparecen en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Dónde se repiten los dos primeros versos? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje especialmente significativo.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Colinas.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Colinas a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Colinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti,, siguiendo el ejemplo de Antonio Colinas.
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Sucinta Historia de la Literatura Universal (y 8). La renovación del teatro en el siglo XX

TEMA 8. LA RENOVACIÓN DEL TEATRO EN EL SIGLO XX
1. Renovación del teatro 
2. Teatro del absurdo 
3. Teatro de compromiso 
——————————-
1. RENOVACIÓN DEL TEATRO
1.1. Nociones sobre el teatro a principios del s. XX  
En el siglo XX se vivió una auténtica revolución en el teatro, como había pasado en otras manifestaciones artísticas. Los impulsos renovadores intentaban superar el teatro realista y tradicional heredado y triunfante en los escenarios (es el conocido como “teatro burgués” o “alta comedia”). 
Los autores y directores buscaban nuevos horizontes teatrales relacionados con los aspectos de la escena, la expresión y la interrelación actor-espectador. El objetivo era renovar el espectáculo teatral para acercarlo y hacerlo atractivo a un público, en parte, distinto, y para dar cuenta de las nuevas circunstancias socio-políticas del siglo XX (dos guerras mundiales, la guerra civil española, la crisis de 1929, auge de los totalitarismos –comunismo y fascismo–, etc.). Elementos que determinaron la renovación teatral fueron:
+La irrupción del cine y su mezcla de arte, espectáculo y entretenimiento. Actúa como un modelo y un revulsivo para el mundo del teatro si quiere contar con el favor del público.
+Abundantes progresos técnicos relativos a espacios teatrales, decorados, iluminación, sonido, cambios de escenarios… refrescan el espectáculo en sus aspectos físicos de puesta en escena.
+El director teatral obtiene libertad para interpretar libremente el texto teatral y realizar una puesta en escena original.
Dos dramaturgos iniciaron la renovación teatral. El director francés André Antoine llevó a la escena representaciones tan naturales que parecieran verdaderas; creó el concepto de “cuarta pared” (la que separaría a los actores del público), para que los actores actuaran como si nadie los contemplara, olvidándose de que representaban ante un público. El director y teórico ruso Stanilavsky exploró diversos caminos para aumentar la verosimilitud y lograr que el espectador olvidara que se hallaba en un teatro.
Las principales tendencias teatrales son: la renovación dramática (que es la que a nosotros nos importa en este apartado), teatro expresionista (Georg Káiser), teatro épico y de compromiso (Bertolt Brecht), teatro del absurdo (Samunel Beckett y Eugéne Ionesco, lo desarrollaremos en el siguiente apartado temático) y teatro tradicional (Bernard Shaw y Jean Giradoux). Conviene recordar dos excelentes dramaturgos escandinavos de finales del siglo XIX, Henrik Ibsen (La casa de muñecas) y August Strindberg (La señorita Julia). También en España se introdujeron novedades con la dramaturgia de la mano de Pérez Galdós, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, García Lorca, Rafael Alberti y Miguel Mihura principalmente.
1.2. La renovación dramática
Como contestación al teatro realista-naturalista de las últimas décadas del siglo XIX, surgen dramaturgos que rompen con ese teatro y aportan nuevas concepciones dramáticas con innovaciones aperturistas y originales. Intentaban dotar de más expresividad y contenido a la obra y a la representación, buscando la colaboración del espectador.
1.2.1. Alfred Jarry (Francia, 1873 – 1907)
Este audaz y excéntrico dramaturgo francés rompió violentamente con el teatro tradicional al introducir en la escena la burla despiadada, la parodia hiriente, el absurdo, la irreverencia, etc. Es célebre la anécdota de que su principal obra, Ubú, rey, comienza con la palabra “merde” (mierda, en francés). 
En la pieza, el capitán de ejército polaco, ex rey de Aragón y gran doctor en Patafísica, Ubú, instigado por su mujer, decide derrocar al Rey de Polonia Venceslao, instalando una terrible tiranía. Pelelao, hijo del antiguo rey, logra escapar de la matanza de su familia, acudiendo al apoyo del zar de Rusia. Mientras, Ubú rey sube los impuestos a cifras inconcebibles, castigando a su capricho y entregado a la corrupción desvergonzada. Una vez que el príncipe Pelelao llega con su ejército, Ubú deja a Polonia en las manos de su mujer y parte a la guerra, donde es derrotado. Perseguido luego del desastre, se encuentra por azar con su esposa y juntos escapan de Polonia en barco, gracias a la ayuda de alguno de sus fieles. Otras obras con el mismo extravagante personaje son Ubú en la colina, Ubú cornudo y Ubú encadenado.
1.2.2. Antonin Artaud (Francia, 1896-1948)
Este dramaturgo, teórico del teatro y poeta exploró caminos nuevos para el arte escénico. Tuvo una vida marcada por la enfermedad, sobre todo mental, con accesos de locura. Oscilaba entre la fe cristiana y un descreimiento corrosivo. Vivió en Méjico una temporada conviviendo con los indígenas tarahumaras; fue amigo de los surrealistas.
Artaud acuñó el concepto de Teatro de la Crueldad. Creía que la representación teatral debería afectar a la audiencia tanto como fuera posible, por lo que utilizaba una mezcla de formas de luz, sonido y ejecución; producía en el espectador sensaciones extrañas y perturbadoras.
En su libro El teatro y su doble (1938), Artaud expresó su admiración por formas de teatro orientales porque materializaba la acción de modo preciso y ritual. Con “crueldad” se refería a una violenta determinación física para destrozar la falsa realidad. Consideraba que el texto había sido un tirano del significado, y aboga en cambio por el teatro hecho de un lenguaje único, un punto medio entre los pensamientos y los gestos. Artaud describía lo espiritual en términos físicos, y creía que toda expresión  tiene un reflejo físico en el espacio. Cierta violencia condensada es parte de la vida misma, por lo que debe aparecer en escena. El texto queda subordinado a la puesta en escena (al espacio y a la capacidad de expresión dramática del actor).
Esta brutalidad está en conexión con  su visión nihilista del universo (tomado de Nietzsche). Y ello lleva a un rechazo de formas amortiguadoras y a una incitación al caos, pero de modo disciplinado y sistemático, para darle rigor para al espectáculo.
La imaginación, para Artaud, es la realidad; sueños, pensamientos e ideas delirantes no son menos reales que lo de “fuera” del mundo. Realidad parece ser un acuerdo, el mismo acuerdo que la audiencia acepta cuando va a un teatro para ver una obra, que por un tiempo pretende que lo que están viendo es real. Su obra más interesante es el ensayo histórico Heliogábalo o el anarquista coronado. Analiza y valora positivamente la vida de este emperador romano (203-222 d.C.), que sólo reinó cuatro años, fascinado por su androginia, su anarquismo brutal y caprichoso y su muerte repugnante en las letrinas romanas.
1.2.3. Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936)
Estamos ante uno de los dramaturgos más interesantes del siglo XX. Con formación universitaria, escribió importantes piezas y fundó su propia compañía de teatro, con la que recorrió el mundo. Escribe un teatro reflexivo y de estructura metateatral, para incitar a la reflexión al espectador. Veamos algunas de sus obras.
Así es (si así os parece) es una “farsa filosófica”. La obra trata el tema de la verdad, el contraste entre realidad y apariencia, entre verdadero y falso. Pirandello pone en crisis la idea de una realidad objetiva que pueda interpretarse de modo unívoco mediante los instrumentos de la racionalidad. Enrique IV es un estudio sobre el significado de la locura, al mismo tiempo que sobre el tema, muy querido a su autor, de la relación, compleja y finalmente inextricable, entre personaje y persona, ficción y realidad. Esta noche no se improvisa es un ejemplo de metateatro: los actores representan que representan una pieza, pero en este caso se rebelan contra su director. 
Seis personajes en busca de autor ha llegado a ser la pieza más célebre de Pirandello. Durante los ensayos de una obra, aparecen seis personajes (una familia con cuatro hijos de una madre y dos padres) que insisten en contar sus propias vidas, pues el autor los había dejado abandonados; no los había pasado al papel. Un final trágico oscurece el drama, pues el niño menor muere accidentalmente y la hija los abandona violentamente.
2. TEATRO DEL ABSURDO
El teatro del absurdo tiene su origen en Francia a partir de la década de los 50 con autores como Eugene Ionesco y Samuel Beckett.  En el panorama europeo encontramos precursores de esta nueva forma teatral desde principios de siglo, como Luigi Pirandello.
Las características fundamentales son:
a) Está en relación directa con el existencialismo; la visión pesimista y agónica del hombre como un ser abandonado a su suerte en el mundo, en soledad; la toma de conciencia de esta situación provoca angustia y desasosiego. Puesto que la propia existencia es caótica, incomprensible y disparatada, las obras dramáticas deben ser de esta hechura.
b) El hombre se encuentra perdido en un mundo absurdo y sin sentido: la representación debe reflejar este caos inextricable, añadiendo humor negro, situaciones ridículas, etc. 
c) Manifestación de la angustia ante el fluir del tiempo, la llegada de la muerte y la nada que nos espera.
d) Soledad, incomunicación (y hasta descomposición) de los seres humanos, por eso los personajes hablan incoherentemente y actúan alógicamente.
e) La vida entendida como una burla trágica, como una broma pesada. Nada tiene sentido y es dudoso que el esfuerzo acabe en buen puerto.
2.1. Eugène Ionesco (Rumanía, 1912 – Francia, 1994)
Sus obras son ejemplos consumados de teatro del absurdo, con el que obtuvo prestigio. La cantante calva es su primera obra de este tipo. Dos matrimonios típicamente ingleses (los Smith y los Martin) se juntan para charlar, junto con un jefe de bomberos francés. Los diálogos son disparatados y no existe la más mínima coherencia en sus pensamientos y frases. Acaban todos gritando trozos de palabras sin gran sentido. 
La lección presenta a un profesor disparatado que mata a una alumna para explicar el término “cuchillo”; sin embargo, al final de la clase, entra una nueva alumna, quedando todo como estaba. 
El rinoceronte es otra pieza estimable; Berenger y casi todos los demás habitantes de una pequeña ciudad se han convertido en rinocerontes; los rinocerontes, conformistas, sin espíritu crítico, creen vivir, porque así se lo dicen los interesados, en una democracia feliz. 
El rey se muere nos presenta al presumido monarca Berenguer tras una noche de fiesta; aparece en casulla, báculo y pantuflas. Los sonidos de la fiesta que oímos al entrar en la sala desaparecen, y el monarca de una corte que se creía atemporal, recibe la noticia de que va a morir. Asiste así a los últimos momentos de su vida junto a su primera esposa, Margarita, vestida alegremente, mientras su segunda esposa, la reina María aparece ante él toda de luto. Ella sin embargo es optimista y decidida, haciendo de guía con el médico del futuro difunto, mientras que su otra esposa intenta suavizar su agonía, junto a la enfermera Julieta y un alabardero. Todos saben que el rey morirá, pero él no quiere creerlo. Piensa que es una pesadilla y duda que ese momento esté cerca, por lo que no deja de dar órdenes con la soberbia de aquel que piensa que está al control de todo; pensar en morir le produce una gran angustia. A lo largo de la obra su personaje pasa de la rebeldía a la aceptación, y de la inquietud a la impotencia, ya que su muerte está escrita al final de la obra, por lo que no queda más que un “tremendo dolor por la propia desaparición”.
2.2. Samuel Beckett (Irlanda, 1906 – 1989)
Este irlandés huraño y brillante, amigo y asistente de James Joyce, ahondó mucho en los problemas del hombre contemporáneo: incomunicación, soledad, el sentido de su vida, etc., rayano en el nihilismo más sombrío. Su mejor obra es Esperando a Godot: dos vagabundos llamados Vladimir y Estragon que esperan en vano junto a un camino a un tal Godot, con quien (quizás) tienen alguna cita. El público nunca llega a saber quién es Godot, o qué tipo de asunto han de tratar con él. En cada acto, aparecen el cruel Pozzo y su esclavo Lucky (en inglés, afortunado), seguidos de un muchacho que hace llegar el mensaje a Vladimir y Estragon de que Godot no vendrá hoy, “pero mañana seguro que sí”. Esta trama, que intencionalmente no tiene ningún hecho relevante y es altamente repetitiva, simboliza el tedio y la carencia de significado de la vida humana, tema recurrente del existencialismo
Final de partida es otra pieza absurda. Sus protagonistas son Hamm, un viejo amo que está ciego y no puede permanecer de pie, y su sirviente, llamado Clov, que no puede sentarse. Viven en una pequeña casa junto al mar, aunque a veces el diálogo sugiere que no hay nada fuera de la casa, ni mar, ni sol, ni nubes. Los dos personajes, mutuamente dependientes, siempre se han llevado mal, y así se ve a lo largo de la obra. Clov a veces muestra una remota intención de librarse de su yugo, pero nunca es capaz de hacerlo. Los otros dos personajes que aparecen son los padres de Hamm, que no tienen piernas: Nagg y Nell, los cuales viven en sendos cubos de basura que aparecen en el escenario. De vez en cuando piden comida y hablan entre sí.
Los días felices  presenta a Winnie, una señora de mediana edad que aparece en escena semienterrada en un montículo calcinado, bajo una luz cegadora. Pese a ello, a través de un ritual de gestos cotidianos, encuentra siempre motivos, por insignificantes que sean, para considerar sus “días felices”. El rebuscado lenguaje de la protagonista revela su desmemoria. []El otro personaje de la obra, su esposo Willie, vive físicamente separado de su esposa, aunque está obsesionado por el sexo. 
Breath es un perfomance de 35 segundos de duración que acercan al dramaturgo al minimalismo total. Al comienzo se escucha un llanto de recién nacido, seguido de una respiración, acompañada de una luz que varía de intensidad; para finalizar aparece otro llanto idéntico al del principio. No hay nadie en el escenario, ningún personaje tan solo un manto de basura de todo tipo yace sobre el escenario. Se han hecho muchas interpretaciones sobre el significado de la obra, habitualmente ha sido considerada una alegoría sobre la vida desde el origen al momento de la muerte. 
2.3.  Jean Genet (Francia, 1910 – 1986)
La agitada y tormentosa vida de este novelista, poeta y dramaturgo francés no fue óbice para que escribiera importantes piezas dramáticas de teatro del absurdo. La más conocida es El balcón; alude a un burdel de una ciudad sin nombre que sufre los estragos de una revolución. Allí acuden individuos normales a realizar, dramáticamente, sus anhelos e ilusiones, como las que representan al clero, al estamento militar y al judicial, observadas por la madame y los clientes. Hay un contraste entre la atmósfera revolucionaria exterior y el mundo tradicional interior. Se plantean un conflicto político y otro filosófico (entre realidad y apariencia).  El metateatro resulta interesante en el desarrollo dramático. 
Clara y Solange Lemercier son las dos protagonistas de Las criadas, otra obra de hondo calado. Las dos hermanas, sirvientas de una vieja rica, quieren matarla, pero por el medio queda una inquietante confusión sobre la verdadera personalidad de cada una de las protagonistas, que se aman y se odian por igual; la vieja no toma la tila envenenada, pero Clara, consciente de las consecuencias, asume el papel de su ama y bebe la tiza con la infusión. 
En Los biombos presenta a unos personajes moralmente execrables, que desean seguir siéndolos; en el transfondo, hay una crítica a la colonización de Argelia por Francia y la guerra consiguiente que acabó con la independencia; la pieza tiene secciones netamente absurdas y violentas, a través de un lenguaje procaz.
  1. TEATRO DEL COMPROMISO
Frente al teatro más tradicional, expresado en la comedia, surge un drama de compromiso político y social, sobre todo en el área germánica. Animan al espectador a una reflexión fría y distanciada de los hechos presenciados en el escenario para reaccionar con más lucidez ante los problemas socio-políticos planteados.
3.1. Erwin Piscator (Alemania, 1893 – 1966)
Piscator fue actor, director de escena, dramaturgo y teórico teatral, con gran influencia en el teatro alemán del s. XX. Vivió en Rusia parte de su vida y otra en EEUU, durante la segunda guerra mundial, siempre huyendo de dictaduras que criticó ásperamente. Introdujo novedades técnicas, como el escenario giratorio, la combinación de luz y sonido de modo original, etc. Son muy conocidas son adaptaciones de Guerra y paz, El buen soldado Svejk, El vicario y Una tragedia americana. Sus direcciones dramáticas y puestas en escena siempre buscaban una actualización de las obras al mundo contemporáneo, destacando los elementos épicos y sociales.
3.2. Bertolt Brecht (Ausburgo, Alemania, 1898 – Berlín, 1956)
Este dramaturgo y teórico teatral que tuvo que vivir en el exilio parte de su vida nos dejó una original obra y unas originales e impactantes puestas de escena. Brecht es el representante más genuino del teatro épico, un modo de expresar su compromiso político de defensa y solidaridad con las masas dolientes que él contempló muchas veces en la Europa de las dos guerras mundiales. Elaboró su propia teoría dramática con la finalidad de que el espectador analizara la realidad y se movilizara para cambiarla Se ha llamado este modo teatro épico; mezcla lenguajes, farsa con drama, introduce al narrador, juega con el tiempo, crea anticlímax cómicos en momentos dramáticos, parábolas ambiguas, máscaras, etc., todo para que el espectador se distancie y mantenga una actitud crítica y activa.
Para ello creó una nueva idea del arte como comprensión total y activa de la historia: el efecto de distanciamiento, para evitar la contemplación lírica de las cosas y la subjetividad; Brecht intenta que el espectador analice bajo criterios críticos una realidad social e histórica violenta y opresora. El espectador debe alejarse de los hechos, para evitar las reacciones de sentimentalismo y provocar su conciencia crítica.
Tambores en la noche fue su primer gran éxito. Ambientada en 1919 en Berlín, en las revueltas obreras de los “espartaquistas” (movimiento obrero comunista que aspiraba a hacerse con el control de las fábricas), recrea la historia de Andreas Kragler, quien retorna a su hogar después de haber estado desaparecido, pues había sido prisionero en la primera guerra mundial. La guerra ha provocado que muchas personas sufran grandes miserias, mientras hay quienes han lucrado de los negocios de guerra. La antigua prometida de Kragler, Anna Balicke, tiene ahora un nuevo pretendiente, enriquecido durante la guerra, y bajo fuerte presión de su padre, se compromete con él. Anna está embarazada, y aun así se une a Kragler — quien ya no tiene hogar, trabajo, ni perspectivas — en el grupo de los insurrectos. Puestos ante la disyuntiva de optar entre la subversión revolucionaria o el amor, finalmente huyen juntos.
La balada de los tres centavos es teatro cantado, casi ópera, más cercana al teatro musical. Ambientada en un Londres victoriano, rico y opulento, pero en vivo contraste con sus barrios pobres y hambrientos, los que en esta obra se reflejan. La acción se centra en Macheath (también conocido como Mack el Navaja), un criminal amoral y antiheroico que se casa con Polly Peachum. Esto desagrada a su padre, quien controla a los mendigos de Londres, y pretende que cuelguen a Macheath. Sus intentos se ven frustrados por el hecho de que el Jefe de Policía, Tiger Brown, es un viejo camarada de armas de Macheath. Aun así, Peachum ejerce su influencia y con el tiempo consigue que arresten a Macheath y lo sentencien a ser colgado. Macheath escapa a su destino a través de un golpe del destino, pues momentos antes de la ejecución, en una parodia grotesca de un final feliz, un mensajero de la Reina llega para perdonar a Macheath y otorgarle un título de barón.
Vida de Galileo es una biografía dramatizada del astrónomo y científico italiano Galileo Galilei. Ambientada en 1609, la pieza se centra en los últimos años de vida del personaje, recluido en su hogar en Florencia, con su hija Virginia; transmite parte de sus conocimientos a Andrea, el hijo de su casera, la Señora Sarti. Cuando Galileo hace públicos sus descubrimientos sobre el sistema solar recibe la condena de la jeraraquía eclesiástica. Bajo presión de la Inquisición, Galileo renuncia a propagar sus tesis. En su aislamiento, recibe la visita de Andrea, convertido ya en universitario, al que hace entrega de su documento “Dos nuevas ciencias” en el que resume sus descubrimientos, pidiéndole que lo difunda por todo el mundo.
El círculo de tiza caucasiano fue escrita en el exilio en EEUU, durante la segunda guerra mundial. Ambientada en la Georgia de la Unión Soviética, presenta la disputa entre los miembros de dos koljoses por la posesión de ciertas tierras. La victoria en la querella de los agricultores sobre los ganaderos propicia una fiesta en la que aquéllos representan una vieja leyenda del lugar. La historia recrea una rebelión que tuvo lugar tiempo atrás en una vieja ciudad, que acabó con la vida del gobernador Georgi Abashwili y la huída de Natella, su esposa. El niño de ambos, Michael, queda a cargo de la cocinera Grusha. Cuando la auténtica madre regresa para reclamar a su hijo, se organiza un juicio para determinar cuál de las dos mujeres debe conservar la custodia. Se decide que el niño quedará con aquélla que consiga sacarlo de un círculo diseñado con tiza, agarrándolo cada una de un brazo,. Pese a la victoria de la viuda, Azdak el juez atribuye la custodia a Grusha.
Madre Coraje y sus hijos es la pieza más célebre de Brecht. El personaje central procede de una novela picaresca del siglo XVII: La pícara Coraje (Die Landstörzerin Courasche). El drama se sitúa durante la Guerra de los treinta años donde Madre Coraje es una astuta vendedora ambulante que para sobrevivir sortea hábilmente las diferencias entre católicos y protestantes siguiendo con su carromato al ejército sueco, sacando partido de la guerra y del dolor humano. Obtiene beneficios importantes, pero el precio que ha de pagar son sus tres hijos: Eilif, Schweizerkas y Catalina. Esta obra es un alegato antibélico, donde Anna Fierling (“Madre coraje”) -mítica figura del costo de la guerra- termina sola en su desvencijado carromato. Era una crítica a la ascensión del fascismo y una directa alusión a la invasión de Polonia por Hitler en 1939.
En la segunda mitad del s. XX, se desarrolla en Inglaterra un teatro caracterizado por el inconformismo y  la protesta contra la sociedad del momento, aquejada de diversos males, unido a profundos análisis morales; suelen adoptar posiciones comprometidas y liberales; cuidan el lenguaje y buscan la transparencia y la autenticidad; finalmente, suelen incluir una lectura simbólica de sus piezas. Los autores más representativos son John Osborne (Mirando hacia atrás con ira), Tom Stoppard (Rosencratz y Guildenstern están muertos) y Harold Pinter (La habitación). Se puede añadir a los norteamericanos Arthur Miller (La muerte de un viajante) y Tennessee Williams (La gata sobre el tejado de zinc caliente).
Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.
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Sucinta Historia de la Literatura Universal (7). La renovación narrativa del siglo XX

TEMA 7. LA RENOVACIÓN NARRATIVA DEL SIGLO XX 
  1. Aportaciones europeas: J. Joyce, F. Kafka y M. Proust
  2. La generación perdida norteamericana

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  1. APORTACIONES EUROPEAS: F. JOYCE, F. KAFKA Y M. PROUST
1.1. Nuevas formas narrativas en el cambio de siglo
En las décadas finales del siglo XIX, se observa un agotamiento de la narración realista y naturalista. Algunos autores buscan nuevos temas y técnicas narrativas para dar cuenta estéticamente de la realidad. Los movimientos poéticos y las vanguardias también afectan a los novelistas y los animan a explorar nuevos caminos literarios. En general, tratan de superar la omnisciencia narrativa, la descripción minuciosa y realista y el reflejo objetivista de la vida burguesa. El descontento por la marcha del mundo (el progreso como una especie de mito divinizado y la Primera Guerra Mundial) les incita a renovar los procedimientos narrativos.
Veamos las novedades más importantes:
+En cuanto a la acción y el argumento: se prescinde con frecuencia del argumento lineal y cronológico con final cerrado. Ahora es frecuente el inicio in media res, o justo por el final, o se prescinde del desenlace, optando por un final abierto. La materia narrada a veces es anecdótica, carente de todo aliento épico o ejemplificador.
+En cuanto al narrador: ya no todo es en tercera persona y omnisciente, sino que se opta por la primera y la segunda, utilizando el multiperspectivismo, el contrapunto, el monólogo interior y el fragmentarismo; el narrador puede ser irónico, satírico, etc.
+En cuanto al tiempo: en este aspecto se innova profundamente. En general, es sometido a una distorsión: se rompe la cronología lineal, se invierte, se trocea y luego se disloca en su presentación al lector, etc. La duración de la acción tiende a comprimirse o ampliarse de modo intencionadamente estético.
+Los personajes: ahora aparece el personaje colectivo (protagonismo colectivo), el protagonista se diluye, se difumina y sólo se aprecia su esfuerzo por ser algo que ni siquiera él puede entender.
+Las técnicas narrativas: se renuevan y amplían con procedimientos como el contrapunto (un hecho contado desde distintos focos, o varios hechos que ocurren a la vez, etc.), la omnisciencia parcial, el objetivismo fotográfico, etc.
+En conjunto, se exige una clara colaboración activa y exigente del lector, que ya no es un mero receptor pasivo. Sólo la culminación de la lectura le permitirá entender el sentido del texto, que suele ser muy autorreferencial, es decir, muestra una realidad completa en sí misma que funciona independiente del mundo real.
En lengua inglesa, ya se observa la búsqueda de nuevos itinerarios estéticos en autores como Oscar Wilde (1854 – 1900) muy conocido por El retrato de Dorian Gray, centrado en la belleza, el paso del tiempo y la muerte, pero con elementos fantásticos. 
Robert Louis Stevenson (1850-1894) también supo encontrar técnicas renovadoras en la aventurera La isla del tesoro y en la casi futurista y de terror El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde
Rudyard Kipling (1865 – 1936) legó en El libro de la selva un entrañable relato sobre la vida salvaje de Mowgli y sus compañeros. 
El profesor de matemáticas en Oxford Lewis Carrol (1832 – 1898) supo romper con la lógica rutinaria y entrar en otros mundos que dan que pensar en Alicia en el país de las maravillas
El norteamericano Henry James (1843-1916) escribió novelas muy bien estructuradas y de gran elaboración narratológica como Los embajadores. 
Joshep Conrad (1857 – 1924) dejó textos impactantes del hombre en lucha con la naturaleza y otras fuerzas oscuras como su famosa El corazón de las tinieblas. 
Virginia Woolf (1882-1941) se preocupó mucho por el tiempo, la muerte y la esencia de las personas; se pueden ver estos temas en novelas intimistas como Al faro y Las olas. 
George Orwell (1903 – 1950) escribió novelas en las que denuncia las tiranías y el control totalitario de las personas por regímenes políticos perversos; sus textos más conocidos son Rebelión en la granja y 1984.
En lengua italiana conviene recordar a dos grandes narradores, Alberto Moravia (1907-1990) –La romana—  y Césare Pavese (1908 – 1950) –El camarada–.
En lengua alemana destacan figuras como Thomas Mann (1875 – 1955) y sus célebres La montaña mágica y Muerte en Venecia
Hermann Hesse (1877 – 1962) dejó notables novelas sobre la búsqueda de la identidad del joven en un mundo poco comprensible; son muy bellas Siddhartha y El lobo estepario
En lengua francesa surgen autores bajo la impronta del existencialismo religioso. Son importantes los creadores Paul Claudel (1868 – 1955) y su teatro católico, Georges Bernanos (1888 – 1948) –Bajo el sol de Satán, Diario de un cura rural—, François Mauriac (1885 – 1970) –El repugnante— y André Gide (1869 – 1951) –El inmoralista–.
1.2. James Joyce (Dublín, 1882 – Zúrich, 1941)
Este escritor irlandés en lengua inglesa y vida continental europea es uno de los más influyentes del siglo XX. Nació en el seno de una familia de clase media y católica; recibió una esmerada educación en varios colegios jesuitas, en los que demostró su talento intelectual. A Joyce le gustaba pensar que procedía de una rama de la aristocracia irlandesa. Su familia se arruinó, por lo que las penalidades económicas lo acosaron durante muchos años. Estudió lenguas y literatura en la universidad de Dublín, donde se graduó en 1903. Se fue a París a estudiar medicina, pero la ruina de la familia desbarató sus planes. En 1904 conoció a Nora Barnacle, una joven de Galway que trabajaba como camarera de pisos en el hotel Finn’s, de Dublín; con ella convivió hasta su muerte; tuvieron dos hijos. Por esos años comienza a escribir en revistas y traza borradores de sus novelas. Abandonó Dublín y se instaló en Zúrich y luego en Trieste (Italia), trabajando como profesor de inglés. En 1912 regresó con su familia a Irlanda, pero no le fue bien y retornó a Trieste con su familia, más su hermano Stanislaus y una hermana. 
Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, se vio obligado a regresar a Zúrich, donde viviría por décadas. Justo por esos años publica el libro de relatos Dubineses y Retrato del artista adolescente. Estas obras le concedieron prestigio en el mundo intelectual y cultural occidental, pero pocas ganancias. En 1920 se traslada a París, donde vivirá hasta los meses finales de su vida. En la capital francesa publicó en 1922 Ulises, la obra que lo consagraría definitivamente. En París conoció a Proust, al dramaturgo irlandés Beckett y formó parte de la vida cultural parisina como invitado distinguido. A partir de 1926 Joyce comenzó a publicar en revistas capítulos de su última novela –que le tomó largos años de escritura– Finnegans Wake, luego publicada en 1939. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se refugió en Zúrich (Suiza), donde murió en 1941.
Joyce era un hombre culto que gozaba de una sólida formación intelectual. Mantuvo unas problemáticas y tensas relaciones con la Iglesia católica, con quien rompió en su juventud, pero parece que la visión católica del mundo siempre dejó una huella en sus escritos y pensamiento. Veamos su obra.
Dublineses (1914) es un conjunto de quince relatos cortos en los que retrata la vida de los habitantes comunes de la capital irlandesa. Son cuentos realistas, fidedignos, minuciosos en sus descripciones, con un objetivismo distante e impersonalizado. El autor les llamó “epifanías”, es decir, revelaciones súbitas de algo escondido; quería que sus paisanos se vieran ante un espejo, con su anquilosamiento y vicios, para mejorar y liberarse. El cuento más conocido es el último, “Los muertos”. Las hermanas Kate y Julia Morkan, ya mayores, organizan un baile en su casa al que asisten familiares, amigos y allegados, con motivo de la Navidad. La doncella Lily se encarga de atender a los hombres. Son casi las diez de la noche y su sobrino, Gabriel Conroy, y su esposa Gretta no llegan. Además de esto, las Morkan temen que Freddy Malins llegue ebrio, como en otras oportunidades, pero esta vez se presenta sobrio. Se cierra el relato con unas reflexiones (casi a modo de monólogo interior) de Gabriel, ya en la cama, con su esposa, orgulloso de su superioridad intelectual y del amor que profesa a su mujer, aunque se inquieta al descubrir que un joven murió por el amor a su amada, años antes.  
Retrato del artista adolescente (1916) es una narración semiautobiográfica,  Bildungsroman (novela de aprendizaje). Cuenta la historia de un muchacho llamado Stephen Dedalus, que representa el alter ego de Joyce, por lo que en ella aparecen muchos episodios basados en la vida real del escritor. El apellido del personaje hace clara referencia a Dédalo, el arquitecto y artesano de la mitología griega constructor del famoso laberinto de Creta. Cuenta episodios de la vida intelectual y emocional del protagonista, desde niño hasta los veinte años, y su choque con la sociedad burguesa de su tiempo, en especial con los sectires más católicos e irlandeses. De tono irónico y crítico, satiriza las rutinas sociales y religiosas de la época. Estilísticamente, va variando del narrador en tercera persona, elemental, al estilo indirecto libre y al monólogo interior, con un léxico más culto y exigente; esta técnica luego la retomará en Ulises.
Ulises (1922) es la novela más conocida e influyente de Joyce. Cuenta en tono irónico y sarcástico un día (16 de junio de 1904) de la vida de Leopold Bloom, agente de publicidad. Está casado con Molly Bloom, quien le es infiel, pues el marido sabe que ese mismo día recibirá en su casa a un amante. Leopold conoce al joven intelectual Stephen Dedalus en un hospital, donde había ido a ver a una vecina. Ambos deciden visitar un burdel, pero un soldado golpea a Stephen, por lo que se dirigen a la casa de Leopold para curarlo, donde lo invitan a una taza de cacao. La novela se cierra con un largo monólogo interior de Molly, recordando la visita de su amante y su vida pasada. Todo hace prever que al día siguiente todo será igual. La novela es muy extensa; se divide en 18 capítulos nombrados con episodios de la  Odisea. Posee un simbolismo épico pero irónico, pues Bloom está lejos de ser un héroe que realice actos extraordinarios, más bien lo contrario; esto crea una parodia cómica que recorre todo el libro. El ambiente creado es naturalista, fidedigno a la realidad del momento de la ciudad de Dublín.
-Carga cómica intensa creada a través de un relato épico bufo, ridículo, protagonizado por personajes antiheroicos. Es un modo de inducir a la reflexión.
-El lenguaje se utiliza humorísticamente, con el propósito de crear risa y complicidad con el lector. Se podría decir que el propio lenguaje es el principal protagonista, pues llama la atención sobre sí mismo y exige mucha interacción del lector.
-Defensa de valores humanistas (como la piedad y la humildad), aunque muchas veces en medio de procacidades y obscenidades.
-El monólogo interior o fluir de conciencia es el recurso más importante: el personaje vierte directamente sus pensamientos y emociones, sin la intermediación del narrador; en esos casos la sintaxis pierde coherencia y gana en espontaneidad.
-Por lo explicado, se puede deducir el carácter experimental de la obra, tanto en los aspectos temáticos, como en los estilísticos y narrativos.
-La variedad lingüística es amplia: de los registros más vulgares y coloquiales conviven con los más cultos y exigentes, con citas eruditas de procedencia religiosa o del pensamiento occidental; del mismo modo, un lenguaje arcaico y.
-Una gran riqueza estilística recorre todo el texto: a veces, se parodian usos concretos del lenguaje (el eclesiástico, el jurídico, el científico…), otras se despliega un gran abanico de recursos retóricos, o, por el contario, se imita el lenguaje vulgar sin pararse en tabúes, etc.
Finnegans Wake (1939) es su última novela, aunque de gestación lenta y larga; Joyce le llamó Work in Progress (Obra en marcha); los que leían fragmentos no quedaban indiferentes, rechazándola o alabándola sin titubeos. El título alude a una popular balada callejera de mediados del siglo XIX, donde se narra la muerte y resurrección paródica de Tim Finnegan, un irlandés amigo de la bebida. La acción transcurre en las afueras de Dublín, en la taberna de Finnegans Wake. El tabernero es Porter, que está casado con Anna Livia Plurabelle. Tienen tres hijos: dos varones, Shem y Shaun, y una chica, Isobel. El tabernero tiene un complejísimo y larguísimo sueño, sueño que se mezcla, según un esquema cíclico, con el de su mujer y los demás personajes de la novela. La obra tiene una estructura circular. El método del monólogo interior, las alusiones literarias y las asociaciones oníricas, así como los juegos de palabras, fueron llevados al límite en Finnegans Wake. La obra abandona toda convención de argumento, trama y diseño de los personajes. Está escrita en un lenguaje oscuro e inextricable, basado sobre todo en complejos juegos de palabras expuestos en distintos niveles significativos y tomados de varias lenguas. Sin embargo, los lectores parecen ponerse de acuerdo acerca de los personajes principales y del sentido general de la obra. Es muy difícil de leer dada la anarquía argumental y el caos lógico y semántico del relato. Inventa muchos vocablos, los toma prestados de docenas de lenguas y juega con recursos estilísticos y gramaticales: rima, aliteración, asonancia, onomatopeya, derivación regresiva, infijos, etimologías, retruécano, acróstico, anagrama, palíndromo, etc.  
James Joyce es autor de dos únicos libros de poemas: Música de cámara (Chamber music, 1907), centrado en el amor; y Poemas manzanas (Pomes penyeach, 1927), en los que muestra la nostalgia, el dolor y algunas vicisitudes negativas de su vida cotidiana, además de algunos poemas sueltos. Se ha alabado mucho la musicalidad de su poesía. 
Pese al gran interés que se le despertó al principio de su carrera por el teatro, Joyce publicó únicamente un drama: Exiliados (Exiles, en inglés), empezado poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, y publicado en 1918. Se trata de un estudio psicológico sobre un matrimonio de mediana edad; en ella aparecen las tensiones típicas conyugales de un matrimonio que se parece al de Joyce; la sinceridad, la soledad y el amor son los asuntos principales. Joyce escribió a lo largo de su vida ensayos, conferencias, críticas de libros, notas, artículos periodísticos, cartas a directores de publicaciones y poemas satíricos, si bien es ésta su labor menos conocida. Ya en sus obras narrativas pueden encontrarse multitud de comentarios sobre obras literarias y otros muchos aspectos de la sociedad, la historia y el arte. 
La crítica internacional coincide en valorar la figura de James Joyce como una de las más importantes e influyentes en la cultura literaria del siglo XX.
1.3. Franz Kafka (Praga, 1883-1924)
Kafka nació en Praga[ ]en el seno de una familia judía de buena posición económica; su padre procedía de Bohemia y se desenvolvía en lengua checa; su madre, mujer de mucha cultura y profunda educación, en la alemana. []El padre era autoritario, rígido y muy exigente con sus hijos, lo que tendrá consecuencias sobre Franz y el resto de sus cinco hermanos (las tres hermanas murieron en las cámaras de gas nazis en la Segunda Guerra Mundial). Alumno brillante, en 1906 obtuvo su doctorado en Derecho. Casi desde esa época, se vio obligado a restablecerse en sanatorios de dolencias y enfermedades diversas, tanto físicas como psicológicas. Trabajó hasta 1922 en una compañía de seguros checa; de esa experiencia extrajo muchos datos para sus relatos. Viajó por Europa (Italia, Francia, Suiza y Alemania) para conocer y restablecer su salud. Iba compatibilizando sus escritos con sus trabajos. Aunque se enamoró varias veces y convivió con alguna mujer, nunca se casó. Una tuberculosis fue minando su salud, siempre precaria, junto con tormentos y sufrimientos interiores acaso de orden psicológico y anímico que hicieron de él una persona atormentada, retraída y doliente. Murió en 1924 en Praga, donde está enterrado en su cementerio judío.
Apenas publicó en vida; encargó a su amigo Max Brod que destruyera todos sus manuscritos, pero éste no le hizo caso y los publicó, afortunadamente para nosotros; la fama le llegó póstumamente.
La Metamorfosis (1925), (en alemán, Die Verwandlung, “transformación, cambio”) es la obra más conocida de Kafka; es una novela corta de inquietante sentido. Cuenta cómo cambia la vida de Gregorio Samsa, un joven tranquilo que trabaja de representante comercial, cuando un día se levanta transformado en un insecto. Aunque nunca se dice, se asimila a una cucaracha. Postrado en su cama, apenas puede moverse y se limita a vivir encerrado en su habitación, pues teme la reacción de los demás ante su contemplación. Sus padres y su hermana pasan del estupor al alejamiento y una final repulsión. Era él quien mantenía a la familia, de modo que el padre –especialmente despectivo e irritado contra su hijo– ha de buscar trabajo, al igual que su hermana Grete, con la que estaba anímicamente unido; en casa acogen a unos huéspedes que completan la precaria economía familiar. La madre se siente desbordada y fluctúa entre un intento de comprensión y su falta de fuerzas para abordar la situación de su hijo, que parece que es el único que no pierde la calma. Su jefe y las sirvientas muestran el mismo miedo, la misma irritación que los demás familiares, de modo que se alejan de él. Samsa trata de encontrar una explicación a su prodigioso y absurdo cambio, pero no la encuentra. Intenta que los demás lo acepten, pero fracasa. Cuando intenta una segunda salida, su padre lo confina con un bombardeo de manzanas en su cuarto. Su final trágico parece inminente.
Esta novela relata con un estilo frío, económico, preciso y desapasionado hechos monstruosos e inquietantes. El lector se ve obligado a entrar en la lectura y compartir la realidad de Gregorio Samsa, siguiendo así su angustiosa transformación de insecto. Las características del texto son las siguientes:
-El contraste entre el individuo aislado e incomprendido, pero no por ello culpable, frente a una sociedad egoísta que margina a los diferentes late en toda la novela.
-El texto se puede entender en clave simbólica: Samsa, el individuo, se ve inmerso en una situación absurda y grotesca que no ha provocado; el mundo familiar, el laboral y el social le dan la espalda, agravando su agonía. Se aprecia un proceso de despojamiento del protagonista, por lo demás pasivo y sufriente, víctima y no verdugo de nada ni nadie.
-La trama es sencilla y clara, pero agobiante tanto para los personajes como para el lector: el cambio inesperado e inexplicable del protagonista de hombre a insecto se presenta como natural e inapelable; es un hecho más, como el amanecer de un frío invierno.
-La obra desprende una carga existencialista muy significativa: el hombre se encuentra arrojado a un mundo áspero y sin sentido. Su vida es un proceso inexplicable en el que todo afán acaba en una derrota cruel. 
-Se ha querido ver ciertos reflejos autobiográficos de Kafka en la obra, sobre todo sus pésimas relaciones con su padre, un hombre autoritario que no supo o no quiso escuchar y entender a su hijo.
-Estilísticamente, Kafka prefiere la presentación directa y clara de las situaciones y los sentimientos; su estilo es sobrio y preciso, como buscando una relación irónica de contraste con el sentido profundo del texto.
El proceso (1925) es otra novela de argumento inquietantemente absurdo. Josef K. es un empleado de banca que es detenido por razones confusas. Trata de esclarecer su situación, pero le es imposible. No sabe qué tribunal lo retiene, ni de qué se le acusa, ni qué juez lo juzga. Un tío suyo, Karl K., acude a ayudarle, sin consecuencias. Un pintor de jueces también le da consejos, aunque sin resultados. Deja a su abogado y se defiende a sí mismo. Charla con un capellán, pero todo sigue igual. El protagonista se devana los sesos buscando una explicación o justificación de su agobiante situación, pero no encuentra siquiera pistas  que alivien su agobio psicológico y su horrible situación judicial. Finalmente, un día lo llevan a las afueras y ejecutan la pena, parece que con cierto alivio por parte del acusado.
El Castillo (1926) es su última novela, que dejó inconclusa. El protagonista, conocido como K., del que luego sabemos que está casado y tiene un hijo, lucha para poder acceder a las misteriosas autoridades de un castillo en lo alto de una colina que gobierna el pueblo al cual K. ha llegado a trabajar como agrimensor; no logra su objetivo. K. se aloja en dos posadas del pueblo vecino, a la espera de poder contactar con sus patrones, encontrándose en un microcosmos del que no entiende las normas legales ni de comportamiento. A lo largo de la obra uno puede percibir la irracionalidad que reina dentro de este microcosmos. La atmósfera es desesperante y opresiva. Parece poder concluir que un individuo, menos aún uno desconocido y odiado como K., nada puede hacer frente a un sistema que, habiendo sido creado por hombres, parece inhumano. 
Carta al padre (escrita en 1919, publicada en 1952) es un amplio texto dirigido por Kafka a su padre (aunque éste nunca la leyó) en el que le reprocha su carácter autoritario y arrogante para con él. Esperaba poder clarificar sus tensas y difíciles relaciones, analizando el comportamiento de ambos y criticando la hipocresía del padre en la educación que le proporcionó. 
América (escrita en 1911, publicada en 1927) es otro relato inconcluso en el que se recoge el viaje de ida y vuelta de Europa a América de un joven, Karl Rossman, obligado por sus padres, porque había sido seducido por una criada, que tiene un hijo suyo. En el trayecto se hace amigo del fogonero del barco. 
1.4. Marcel Proust (París, 1871-1922)
Hijo de padres judíos acomodados, recibió una sólida formación y acabó la carrera de Derecho, aunque nunca ejerció de abogado. Su salud era muy frágil, pues padecía serias y crónicas dolencias respiratorias y de asma. Frecuentaba los salones literarios parisinos y aristócratas, en los que tenía fama de diletante y un dandi refinado. Tras la muerte de sus padres, en 1905, su salud se deterioró gravemente. Tradujo obras del esteta, crítico de arte y ensayista inglés John Ruskin; sus obras le influyeron en sus concepciones artísticas. Comenzó a escribir En busca… en 1908, encerrado en su vivienda de París; de noche escribía y de día dormía; dejó de frecuentar el mundillo literario y se recluyó voluntariamente en su vivienda, de la que apenas salía. Publicó poco en vida, aunque cerca de su muerte pudo observar con satisfacción la buena acogida que habían tenido los cuatro volúmenes de su novela; los tres últimos son póstumos. Era un hombre muy perfeccionista que buscaba la palabra justa sin cesar, de ahí que corrigiera hasta la extenuación sus originales.
Los placeres y los días (1896) es un libro variado de poemas en prosa, retratos y relatos más o menos extenso; le generó fama de diletante por su estilo decadentista y atildado.
En busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu, en francés) es una novela de Marcel Proust, escrita entre 1908 y 1922. Consta de siete partes publicadas entre 1913 y 1927, de las que las tres últimas son póstumas. 
Las siete partes son: Por el camino de Swann (editorial Grasset en 1913, a cuenta del autor). A la sombra de las muchachas en flor (1919, Gallimard; premiado con el Goncourt). El mundo de Guermantes (en dos tomos, editorial Gallimard 19201921). Sodoma y Gomorra (en dos tomos, editorial Gallimard, 19221923). La prisionera (1925). La fugitiva (1927, a veces llamada Albertine desaparecida).  Y, finalmente, El tiempo recobrado (1927).
Un breve resumen: Marcel, alter ego de Proust, joven hipersensible perteneciente a una familia burguesa de París de principios del siglo XX, quiere ser escritor. Sin embargo, las tentaciones mundanas le desvían de su primer objetivo; atraído por el brillo de la aristocracia o de los lugares de veraneo de moda (como Balbec, ciudad imaginaria de la costa normanda), crece a la vez que descubre el mundo, el amor, y la existencia de la homosexualidad. La enfermedad y la guerra, que le apartarán del mundo, también propiciarán que tome conciencia de la extrema vanidad de las tentaciones mundanas y de su aptitud para llegar a ser escritor y ser capaz de fijar el tiempo perdido. Por el camino de Swann, cuenta las peripecias sentimentales de Charles Swann con Odette de Crécy. 
Una primera característica es el carácter autobiográfico del texto. El narrador es el trasunto de Proust y la gran mayoría de los personajes tenían su reflejo en la vida real. Entre los personajes, destacan los femeninos (que se han interpretado como trasuntos de los que rodearon a Proust en vida: la madre; la abuela; la tía; la amiga de juegos infantiles; la chacha, etc. Los masculinos suelen ser personas o superficiales, o tontos. 
Proust estudia los detalles más nimios en un medio social muy específico: la alta burguesía y la aristocracia francesa de principios del siglo XX. El tema principal es el paso del tiempo y su correlato, la fugacidad de la vida. La riqueza de esta novela se basa también en la diversidad de temas que interesan a Proust, y que son tratados de un modo más o menos exhaustivo:
– El tiempo y sus efectos perniciosos en la psique de las personas: edad, enfermedad, amor, muerte, sombra amenazadora siempre presente.
– Las relaciones sociales de personas y entre grupos y la vida de la alta sociedad francesa.
– El arte: la novela, el teatro, la música, la poesía, la arquitectura religiosa.
– La lengua francesa, el lenguaje, la descripción del lenguaje según la clase social, los topónimos.
– Los vicios del trato social, como la amistad, la enemistad, la traición, el engaño, la disimulación, sobre todo referido a las relaciones amorosas.
– Asuntos socio-políticos e históricos relativos a Francia, las familias de la nobleza, los personajes históricos, etc.
En cuanto a los aspectos estilísticos, conviene recordar:
-Oraciones muy largas y de sintaxis complicadas; los períodos son extensos, con interpolaciones y digresiones de toda naturaleza, aumentando así su complejidad.
-Abundan las descripciones minuciosas y detallistas sobre objetos, paisajes y personajes, analizados con profundidad exhaustiva, que acaban de retratarse en sustanciosos diálogos.
-El estilo, al ser tan detallista y prolijo, resulta retórico, sobrecargado, con una abrumadora presencia de recursos estilísticos utilizados con tino; provocan una sensación de profunda belleza y extrañeza.
-Aparecen numerosas citas y alusiones a otras obras, lugares y personajes históricos. La narración viene a ser un resumen de la historia y la cultura francesas.
Es muy célebre el fragmento de la magdalena, que aparece en Por el camino de Swann, cuando el narrador rememora recuerdos de su infancia al comer una magdalena con una taza de ; asocia el sabor, la textura y el aroma de la magdalena con ese mismo estímulo vivido años atrás, en la niñez, pasados en los viajes que hacía con sus padres a la casa de la tía Leoncia. Con ello, una simple magdalena se ha convertido en el símbolo proustiano del poder evocador de los sentidos. Los recuerdos son parte de la vida y forman una tupida red con el presente, que no se puede entender sin ellos. Durante los siguientes seis tomos, el protagonista proustiano se encontrará una y otra vez con esta especie de revelación sensorial y mnemónica que le llevará a lugares de su memoria que estarán vedados a la simple rememoración.
2. LA GENERACIÓN PERDIDA NORTEAMERICANA
2.1. Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX
A lo largo del siglo XX, Estados Unidos de América se consolida como gran potencia mundial en los aspectos políticos, económicos y culturales. La participación del país en las dos guerras mundiales supuso una apertura y un compromiso con Europa que benefició a ambos territorios. El desarrollo industrial y comercial del país fue muy fuerte, lo que contribuyó a la extensión de su influencia más allá de sus fronteras; los “felices años veinte” es la expresión más clara de una década de excesos alocados y de prosperidad económica con pies de barro. La crisis de 1929 provocó un grave empobrecimiento de las clases humildes y medias, además de descontento social; existía un fuerte malestar socio-económico dentro de una ideología liberal y bastante conservadora. La recuperación vendría de la mano de las políticas redistributivas del presidente Franklin D. Roosvelt. 
Tras la Segunda Guerra Mundial, se crean dos bloques políticos y antagónicos enfrentados; el democrático capitalista fue liderado por Estados Unidos; el Plan Marshall de ayuda económica a los países europeos destruidos por la guerra fortaleció el liderazgo político y cultura estadounidense. El intercambio cultural e intelectual entre Europa y Estados Unidos ha sido muy intenso y beneficioso para ambas partes. Esto explica que muchos artistas de Estados Unidos se afincaran temporalmente en Europa, y viceversa, lo que amplió sus perspectivas intelectuales y artísticas.
La figura de Gertrude Stein (1874-1946) es muy importante en el contexto de este grupo de escritores. Esta culta, rica e inteligente mujer norteamericana, de origen judeo-alemán, se afincó en París en 1903. Hizo de su casa un centro de reunión e intercambio de los artistas europeos y norteamericanos, más o menos agrupados en los movimientos vanguardistas. Fue ella, al decir de Hemingway, quien acuñó la etiqueta de “Generación perdida” referida a los novelistas norteamericanos que vivían en París en la década de 1920, es decir, al acabar la Primera Guerra Mundial y hasta que estalló la crisis de 1929. La propia Stein escribió textos interesantes como Ser norteamericanos y Autobiografía de Alice B. Toklas (es el nombre de su compañera durante muchas décadas); es autora de la famosa tautología artística: “Una rosa es una rosa es una rosa”. A su casa y a sus reuniones acudían los miembros de esa “Generación perdida”: E. Hemingway, J. dos Passos, F.S. Fitzgerald, W. Faulkner y J. Steinbeck; los alentaba y protegía artísticamente, de ahí su importancia.
2.2. Ernest Hemingway (Illinois, EEUU, 1899-Idaho, 1961)
Hemingway tenía una fuerte vocación literaria y aventurera a partes iguales. Tras finalizar de la escuela secundaria, trabajó durante unos meses como periodista. Luego se fue al frente italiano donde se apuntó como conductor de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial. En 1918, fue gravemente herido y regresó a su casa. Sus experiencias de la guerra sirvieron de base para su novela Adiós a las armas. En 1921 se casó con Hadley Richardson, la primera de sus cuatro esposas. La pareja se mudó a París, donde trabajó como corresponsal extranjero, y cayó bajo la influencia de los escritores y artistas modernistas de la comunidad de expatriados, la «Generación perdida» de la década de 1920. La primera novela de Hemingway, Fiesta, fue publicada en 1926.
Estuvo en España, como periodista, durante la guerra civil; esta experiencia le sirvió para redactar Por quién doblan las campanas. Martha Gellhorn fue su tercera esposa en 1940. Vivió en Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvo presente durante el desembarco de Normandía y la liberación de París. Poco después de la publicación de El viejo y el mar en 1952, Hemingway se fue de safari a África, donde casi pierde la vida en dos accidentes aéreos que le dejaron problemas de salud para el resto de su vida. Vivió en Cayo Hueso, Florida, durante la década de 1930, y en Cuba, en los años 1940 y 1950. En su residencia de Ketchum (Idaho) se quitó la vida el 2 de julio de 1961.
Ejerció de escritor (novelista y cuentista) y periodista, y es considerado como uno de los principales autores del siglo XX norteamericano. Su estilo sobrio y minimalístico tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventura y su imagen pública influyó en generaciones posteriores. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. No escribió tanto: diez novelas, otras tantas recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Veamos sus principales novelas:
Adiós a las armas (1929) cuenta una historia de amor entre el soldado joven e idealista llamado Frederick Henry y la enfermera Catherine Barkley en la Italia de la Primera Guerra Mundial. La novela es bastante autobiográfica, como vimos en su vida. Esto le permitió usar sus recuerdos para crear un relato bélico crudo y realista. Las descripciones de lugares y acontecimientos tienen un tono veraz y no plasma muy bien los horrores bélicos, lo que lleva al protagonista a alejarse de las armas, son sin problemas.
Tener y no tener  (1937) es una novela de acción protagonizada por Harry Morgan, un traficante de personas y mercancías entre Florida y Cuba. Entre traiciones, peligros, egoísmos y cierta solidaridad de los más humildes se desenvuelve una novela con final trágico.
Por quién doblan las campanas (1940) está ambientada en la guerra civil española. Robert Jordan es un joven norteamericano al servicio de la causa republicana. Le ordenan volar un puente con la ayuda de una cuadrilla de gente del pueblo bastante ruda y violenta, pero valiente. Se enamora de María, una joven del pueblo. Descubre la intensidad del amor, pero también la probable certeza de la muerte cuando lleguen los enemigos.
El viejo y el mar (1953) es una novela de ambiente marinero caribeño La obra trata sobre un pescador, ya anciano, Santiago, que se encuentra en una época en la que recuerda su vida pasada con amargura en malos momentos económicos, pues no logra pescar nada. El joven que le ayudaba se va con un nuevo patrón por imposición de sus padres, pero en los momentos libres le sigue ayudando. Tras 84 días sin lograr pescar nada, Santiago se adentra solo en el mar y finalmente encuentra un pez enorme, que solucionaría todos sus problemas, y que le devolvería la gloria de sus tiempos pasados. Tras mucho luchar y sufrir, consigue hacerse con el pez, mayor que la propia barca. Durante toda su lucha, evoca su juventud exitosa. Camino de regreso a casa, el viejo se encuentra con varios tiburones atraídos por la sangre, que poco a poco van devorando al pez hasta dejarlo sin carne. Al llegar a puerto, el pez está totalmente irreconocible, pues los tiburones se han comido todas sus entrañas y ya no queda nada, solo su esqueleto. A pesar del aparente fracaso, el viejo, gracias a su hazaña, recupera el respeto de sus compañeros y refuerza la admiración del joven que decide volver a pescar con él.
París era una fiesta (1963) es un libro de memorias sobre sus años en la capital francesa. Recuerda con nostalgia los años vividos en compañía de los otros miembros de su generación literaria, sus influencias mutuas y el ambiente optimista de los años veinte, pronto interrumpido por el crack del 29.
2.3. John Dos Passos (Illinois, EEUU, 1896- Maryland, 1970)
Hijo de emigrantes portugueses en EEUU, se graduó en Harvard y viajó por Europa en varias ocasiones, incluyendo España en el período de la guerra civil. Sentía una gran atracción por nuestro país, en el que vivió temporadas. También fue conductor de ambulancias en Italia en la Primera Guerra Mundial. Tenía un fuerte compromiso político a favor de los humildes y los desfavorecidos, lo que se aprecia en sus novelas.
Tres soldados (1921) narra el destino de tres antiguos soldados norteamericanos que participaron en la Primera Guerra Mundial. En el entorno de una sociedad complacida que los ignora, uno de ellos enferma y se enfanga en sus miedos y vicios; el segundo es perseguido por la justicia; el tercero deserta, lo que le hace proscrito. Fue una obra que alcanzó mucho éxito y cierto revuelo entre los grupos conservadores. Su intención antibelicista y de denuncia de los excesos bélicos se patentiza continuamente.
Manhattan Transfer (1925) es su novela más conocida, de tono amargo y pesimista. El título alude a la estación de transferencia de Manhattan; es la metáfora que impregna el libro, que describe episodios de la vida de una serie de personas a lo largo de unos treinta años. Como en las mismas estaciones, hay gente que aparece en un breve capítulo y luego no se vuelve a ver; sin embargo, la mayoría de las personas acaban relacionándose, de una forma u otra: se casan, se divorcian, están en el mismo sitio a la vez. El vínculo común es la ciudad de Nueva York, el centro de las cosas, donde mucha gente va a triunfar, y en algunos casos lo consigue, pero en otros sólo consigue acabar en el fondo del río Hudson. El narrador no se mete demasiado en las motivaciones de la gente, ni bucea en su psicología. A veces muestra el tren de pensamientos de algún personaje, pero nunca crea tensión, simplemente relata, como si se tratara de un periodista, como Jimmy Herf, uno de los personajes principales del libro, sobre todo a través de su contacto con Ellen Thatcher, con cuyo nacimiento comienza la novela. El autor expone la dura vida urbana de la gran ciudad en medio de un capitalismo duro y selectivo.
Su trilogía USA (1930-1936) (Paralelo 42, 1919 y El gran dinero) también es de gran calidad. Los protagonistas luchan por encontrar su sitio sin perder la autenticidad en la sociedad norteamericana de principios del siglo XX. El autor intercala noticias reales de la época extraídas de los medios de comunicación, con otras partes narrativas y otras de monólogo interior. Tiene un carácter épico bajo un tono crítico y sarcástico. 
Otra trilogía que alcanzó gran prestigio y difusión fue la compuesta por Aventuras de un joven (1939), Número uno (1943) y El gran plan (1949). Están parcialmente ambientadas en la España de la guerra civil. Critica los totalitarismos y la hipocresía social a partes iguales.
2.4. Francis Scott Fitzgerald (Minnesota, EEUU, 1896- California,1940)
No terminó sus estudios universitarios y se apuntó como voluntario para participar en la Primera Guerra Mundial, pero no llegó a intervenir. Como sus compañeros de generación, viajó por Europa. Le encantaba llevar un alto nivel de vida, cosa que no podía con los ingresos de sus publicaciones, de modo que escribía historias breves para revistas y guiones cinematográficos para Hollywood. Sus problemas con el dinero serían crónicos y peligrosos. Su matrimonio con Zelda Sayre acabó roto por los problemas mentales de ella y por los del alcohol de él. Murió olvidado y física y mentalmente deteriorado. Veamos sus mejores obras.
Este lado del paraíso (1920) relata la vida, los pensamientos y emociones del joven Amory Blaine; es un estudiante en la universidad de Princeton; parece que desea ser escritor y vive en un ambiente romántico que, sin embargo, conducen a la frustración.
Bellos y malditos (1922) es un hermoso texto que relata la vida de dos jóvenes guapos y con expectativa de ricos, Anthony Patch y Gloria Gilbert. Pero el dinero de la herencia no llega porque el viejo no muere y además no piensa dejarles su riqueza. La vida de excesos, viajes y desenfrenos del matrimonio los lleva a la ruina y a la desesperación.
El gran Gatsby (1925) es su novela más madura y perfecta. Nick Carraway, joven banquero y primo de Daisy, cuenta la vida del rico Jay Gatsby, que organiza grandes fiestas sociales en su mansión con el propósito de atraer a la mujer que siempre amó, Daisy, ahora casada con el rico Tom Buchanan. Cuando Daisy descubre que su marido tiene una amante, la atropella deliberadamente, pero acaban por culpar a Gatsby en un complot astutamente urdido por ella y su marido. El marido de la víctima se venga asesinando a Gatsby, a cuyo funeral apenas acude gente.
La novela  Suave es la noche (1934) (el título procede de un verso de la “Oda a un ruiseñor”, de John Keats) es bastante autobiográfica, pues en 1932, su mujer Zelda había sido hospitalizada por esquizofrenia en un sanatorio en Baltimore (Maryland). El escritor alquiló entonces la villa llamada “la Paix”, en el suburbio de Towson, para escribir esta novela: la historia del ascenso y caída de Dick Diver, un joven y prometedor psicoanalista, y su mujer, Nicole, quien al mismo tiempo era una de sus pacientes; sin embargo, también le gusta la joven Rosemary. Trata de salvar a su esposa, que es salvarse a sí mismo, pero todo acaba en un hundimiento irreparable. Diver, derrotado, ejercerá de médico en un pueblo perdido de Estados Unidos.
2.5. William Faulkner (Missisipi, EEUU, 1897-1962)
Este hombre sureño no acabó sus estudios universitarios y ejerció varios trabajos (hasta intentó ser piloto de guerra en la Primera Guerra Mundial) antes de dedicarse por entero a la literatura. Viajó por Europa, pero luego se instaló en su estado natal. Desarrolló muchos trabajos esporádicos, e incluso fue guionista de Hollywood. Recibió el Premio Nobel en 1949. Sus problemas con el alcohol y varias caídas de caballos agravaron su salud. Veamos sus creaciones más interesantes:
El ruido y la furia (1929) narra la decadencia y destrucción final de un viejo linaje del tradicionalista sur de Estados Unidos, o sur profundo, desde el punto de vista de los últimos sobrevivientes degenerados de dicha familia, entre 1910 y 1930. Los Compson, protagonistas de la decadencia familiar son presentados en las voces de tres de sus miembros y de Dilsey, la sirvienta negra, considerada como de la familia por la cantidad de años que lleva al lado de ellos. De este modo, cada una de las secciones del libro equivale al testimonio de uno de los Compson. La primera sección es la relatada por Benjy, un débil mental para quien el mundo, su mundo, se basa más en percepciones que personas y objetos. La segunda sección es la relatada por Quentin Compson, hermano del anterior, poco antes de suicidarse en Harvard, Massachussets. La tercera parte es relatada por Jason, también hermano de los anteriores. La cuarta parte, según el propio Faulkner es la única que no es relatada por un miembro del clan Compson, sino por él mismo. Esta última parte, sin embargo, está construida como un punto de vista de tercera persona focalizada en Dilsey, la sirviente negra de la familia Compson. Esta sección permite reordenar y dar sentido a las acciones y pensamientos de los demás personajes. Existe un personaje Compson que no relata, Candace (Caddy), la hermana de los otros tres Compson. Esta estructura narrativa dota a la novela de una sensación polifónica, en la cual los hechos son presentados bajo el punto de vista de distintos narradores con su peculiar manera de ver los mismos hechos que se narran en el fondo.
Mientras agonizo (1930) es otra interesante novela. Está articulada mediante la técnica del flujo oo corriente de conciencia con quince narradores en 59 capítulos. Es la historia de la muerte de Addie Bundren, la mujer de un humilde granjero de Misisipi, y la búsqueda de la familia, noble o egoísta, que quiere honrar su deseo de ser enterrada con «su gente» en el pueblo de Jefferson. En el viaje, el hijo favorito de Addie, Jewel, salva el cuerpo de su madre de una inundación y de las llamas. Además, se van revelando los pensamientos de cada uno de los Bundrens. Darl, el segundo mayor, demuestra dotes para averiguar el futuro e intenta terminar con el viaje familiar. Tal y como ocurre en muchos trabajos de Faulkner, la historia está ambientada en el condado imaginario de Yoknapatawpha County, Misisipi.
Santuario (1931) es la novela más famosa de Faulkner y que él más aborrecía; llegó a decir que la escribió para ganar algún dinero.  Cuenta la historia de la joven Temple Drake, desvergonzada y hermosa hija de un juez que, tras ir a parar al escondrijo de unos contrabandistas de alcohol, se encontrará con el gánster Popeye, hombre física y moralmente atrofiado, que la viola y luego la confina en un prostíbulo, donde la obligará a mantener relaciones con otro hombre bajo su pervertida mirada. El segundo hilo argumental describe, por su lado, los inútiles esfuerzos del humilde y bienintencionado abogado Horace Benbow para salvar a Lee Goodwin, contrabandista acusado injustamente del asesinato de Tommy, muerto en realidad por Popeye, y cuya suerte será ser quemado vivo en un arranque de cólera ciudadana.
Luz de agosto (1932)  La novela tiene dos hilos conductores. El primero es la historia de la persecución que emprende Lena Grove del hombre que la dejó embarazada. La historia externa nos presenta el periodo de tres semanas que permanece Lena en Yoknapatawpha County. La novela se cierra con la misma Lena ya madre, reemprendiendo su búsqueda, la que de este modo asume un aliento mítico. La segunda es la historia de la atormentada existencia de Joe Christmas, un hombre negro que emprende una desordenada “epopeya”, una aventura redentora. Sin embargo, termina ajusticiado (linchado por asesinar a una mujer blanca de la que era amante). El ambiente rural sureño bastante opresivo, es heredero de la tradición esclavista y segregacionista. La población es incapaz de asumir a un personaje mestizo como Christmas, un marginal dentro de esta sociedad tradicionalista, casi buscando su inmolación.
El villorrio (1940) es una novela de ambiente rural que narra el ascenso social, enfrentándose al pueblo entero, de la familila Snopes, con fama de pirómanos, aunque sus peores cualidades son las de la avaricia y la crueldad. 
Los rateros (1962) es su última novela. En el marco del sur profundo cuenta las vicisitudes de tres ladrones de coches en un entorno rural y picaresco. Posee un aire cómico y amable.
Faulkner creó un lugar imaginario típico del sur profundo de Estados Unidos, el condado de Yoknatawpha, en el que transcurre la mayoría de sus libros. En él abunda la violencia y hábitos conservadores enraizados en su población. Este autor utiliza el período largo y complejo, con una rica adjetivación y despliegue de los recursos estilísticos más expresivos. Asimismo, incorpora técnicas aprendidas de Joyce como el monólogo interior, el multiperspectivismo, el trastorno del tiempo (desorden cronológico), etc.
2.6. John Steinbeck (California, 1902- Nueva York, 1968)
Estudió en la Universidad de Standford, aunque no llegó a graduarse. Realizó variopintos trabajos esporádicos, entre ellos el de periodista, aunque con poca fortuna. Tampoco sus primeras publicaciones obtuvieron el favor del público. El reconocimiento le llegó a partir de 1937, con la publicación de De ratones y hombres; desde entonces, sus novelas alcanzaron popularidad y prestigio. Le concedieron el Premio Nobel en 1962. De ideología política progresista, prestó gran atención a las clases populares y expuso con claridad los problemas sociales de los desfavorecidos, maltratados la crisis de 1929. Usa un estilo naturalista, expresivo y muy elaborado.
De ratones y hombres (1937) narra la vida errante de dos trabajadores del campo en California durante la Gran Depresión. George Milton, un hombre inteligente pero sin formación, y Lennie Small, de gran estatura y fuerza pero limitadas habilidades mentales, se dirigen a un lugar de California para buscar empleo. Esperan cumplir algún día su sueño compartido de tener sus propias tierras con animales. La parte del sueño de Lenny es simplemente cuidar (y tocar) conejos suaves en la granja, lo que George cuenta a todo el mundoes. Huyen de su anterior trabajo en Weed, California, de donde escapan perseguidos por la justicia porque Lennie, en su afición por abrazar cosas suaves, tocó el vestido de una chica. Lo acusaban de intento de violación. Pronto queda claro que los dos son muy amigos y George es el protector de Lennie. El tema de la amistad es constante y principal en la historia. Su lenguaje a veces crudo y directo no es aprobado por todos los lectores.
Las uvas de la ira (1939) es una bella y profunda novela que se centra en la figura de Tom Joad. A la salida de la cárcel, en su viaje de retorno a casa cerca de Sallisaw, Oklahoma, se encuentra con el ex predicador Jim Casy, viejo conocido. La casa está vacía porque los bancos han desalojado a todos los granjeros de sus tierras. Los Joad invierten lo que les queda en una furgoneta y se van a California a trabajar en la recogida de la uva, junto con Casy. Yendo hacia el oeste por la ruta 66, la familia Joad descubre que la carretera está saturada de otras familias en sus mismas condiciones, además de las que regresan fracasadas. A lo largo del camino, el abuelo Joad muere y es enterrado en el campo; la abuela Joad muere justo antes de llegar a la frontera del estado californiano; dos hermanos abandonan a la familia. En California, se establecen en un campamento, pero el trabajo escasea y los salarios son ínfimos. Surgen sindicatos; en uno de ellos colabora Casy, que había sido encarcelado, injustamente, por una agresión a un empresario. El resto de miembros de la familia Joad trabajan como esquiroles en los campos de melocotoneros, mientras Casy participa en una huelga que finalmente acaba de forma violenta. Tom Joad es testigo del asesinato de Casy y matará a su vez a su agresor, convirtiéndose en fugitivo. Los Joad dejarán entonces la recolección de fruta en los campos de melocotoneros a los de algodón. Tom deja la familia, prometiendo que no importa dónde vaya, que siempre será un defensor incansable de los oprimidos. Cuando llega la época de lluvias, la cabaña de los Joad se inunda y les obliga a trasladarse una zona más elevada.
La perla (1948) cuenta la historia ambientada en un pueblo de pescadores indígenas del pescador, Kino y su esposa Juana. Ambos sufren porque el doctor extranjero del pueblo se niega a tratar a su pequeño hijo Coyotito, víctima de la picadura de un alacrán. Kino encuentra en el mar una enorme perla. Juana cree que la perla sólo traerá desgracias pero su esposo no la escucha, pues sólo piensa en lo que podrán tener con lo que consigan de su venta. Acuden con los comparadores del pueblo, que en realidad quieren estafarlos. No acepta venderla al precio que le ofrecen y decide ir a venderla a la ciudad. Un desconocido los asalta, pero Kino lo mata en su defensa. Su hermano les ayuda en la huida con su hijito Coyotito y parten de noche con destino a la ciudad. Pero son perseguidos y como se veía venir, los temores de Juana se cumplen, pues ella estaba convencida que la perla estaba maldita. El regreso a la vida humilde será la salvación de los restos del naufragio.
Al este del Edén (1952) es su mejor novela. Concluida la Guerra de Secesión americana (1865), y tras el suicidio de su esposa, Cyrus queda al cuidado de su hijo recién nacido, Adán, lo que le llevará a contraer un nuevo matrimonio del que nacerá su hermanastro, Charles. El primogénito se alista en el ejército, mientras su hermano, violento e irascible,  se queda al cuidado de la hacienda familiar y de su madre, que morirá poco después de tuberculosis. Una década después muere el padre; los dos hermanos se quedan a vivir en la granja cómodamente, pues gozaban de una gran fortuna. Adán se casa con Cathy Ames, aparentemente inocente y buena, pero en el fondo es un ser frío, manipulador y desalmado que esconde un terrible pasado criminal y cuya maldad no tardará en manifestarse, cosa que su marido no quiere ver. Abandona la granja y se va con su mujer a otro lugar. Su vecino Samuel Hamilton, un inteligente emigrante irlandés, intuye la naturaleza malvada de Cathy. Esta intenta abortar, pero fracasa. Nacen dos mellizos, Caleb y Aarón. Sin embargo, la absoluta frialdad de Cathy ante los hijos anuncia lo peor. Esta pretende abandonar a la familia y dispara a su marido, que intenta retenerla. Con el tiempo, Adán supera la pérdida de su mujer, a la que ama a pesar de la traición. Mientras tanto, Cathy, que ahora se hace llamar a Kate, ha conseguido ser admitida como prostituta en el burdel de Faye, una mujer bondadosa que, al morir, envenenada por Kate, lega sus bienes a Kate, incluido el burdel. Tras una década, Adán descubre a su esposa y en encuentro le afea su egoísmo cínico. Los hijos de ambos han crecido y son ya adolescentes. Aarón es sensible e ingenuo como su padre. Caleb, más listo y malo, descubre el secreto de su madre, que no cuenta a nadie. Adán pierde casi todo su dinero. Será entonces cuando, Caleb, tratando de ganarse el amor de su padre, le ofrece le dinero, pero éste lo rechaza por su origen sucio. Caleb, resentido, conduce a traición su hermano hasta el burdel de Kate, dónde le presenta a su madre. Aarón, destrozado ante la visión, huye para acabar alistándose como voluntario para el frente europeo. Paralelamente, Kate, al ver las lágrimas de su hijo, experimenta una suerte de revelación de su maldad; sin poder soportarlo, se suicida con una sobredosis de narcóticos. Adán sufre una apoplejía al conocer la muerte de Aarón en combate. Caleb, consumido por los remordimientos, confesará a su padre su parte de culpa en la muerte de su hermano. La novela concluye con la redentora palabra hebrea timshel (posibilidad de derrotar al mal) con la que el Adán, agonizante, trata de reconfortar a su hijo y animarle a luchar hasta derrotar la maldad que habita en él.
Después de la “Generación perdida”, la novela ha florecido vigorosamente en EEUU. Tras la Segunda Guerra Mundial hubo dos décadas (1960-1970) de novela más intelectual y compleja; las dos últimas décadas del siglo XX se impuso una corriente neorrealista de tono conservador y tradicionalista. A continuación se reseñan los autores más interesantes. El enigmático –vívía escondido de la gente y rehuía los medios de comunicación– Jerome D. Salinger (1919-2013) dejó reflejada la adolescencia en su choque con lo más penoso del mundo de los adultos en El guardián entre el centeno (1951). 
Vladimir Navokov (1899-1977), profesor y escritor de origen ruso, reflejó en Lolita (1955) la extraña y algo alocada relación entre un adulto y una preadolescente. 
Truman Capote (1924-1984) combina el reportaje periodístico y la novela en Desayuno en Tiffany´s (1958) y A sangre fría  (1965). 
Saul Bellow (1915-2005) recoge lo mejor del análisis introspectivo de los personajes practicado por los novelistas rusos y Kafka en novelas como Las aventuras de Augie March (1953) y Carpe Diem (1956). 
Thomas Pynchon (1937) vive escondido de los medios y la publicidad y escribe de modo caótico; son muy célebres Mason y Dixon (1977) y Contra el día (2006). 
Paul Auster (1947) juega con la mezcla de lo real y lo fantástico, lo racional y lo increíble en novelas como La invención de la soledad (1988) y Leviatán (1992). 
Tom Wolfe (1931) retrata el mundo de las altas finanzas con sus corruptelas y crímenes en La hoguera de las vanidades (1987) y Todo un hombre (1998). 
Toni Morrison (1931-2019), mujer y de color, ha sido muy leída y admirada; escribe sobre la vida en las barriadas afroamericanas de EEUU, como en La canción de Salomón (1981).

 

Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.
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Sucinta Historia de la Literatura Universal (6). La modernidad poética

TEMA 6. LA MODERNIDAD POÉTICA
1. De Baudelaire al Simbolismo
2. Las vanguardias. El surrealismo
3. Poemas de Charles Baudelaire
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1. DE CHARLES BAUDELAIRE AL SIMBOLISMO
1.1. Nuevos aires poéticos en las últimas décadas del siglo XIX
Durante el período realista, la poesía no había sido especialmente estimada, cediendo el favor del público a la narrativa. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XIX, favorecidas por las transformaciones sociopolíticas y culturas, surgen nuevas corrientes líricas que comparten ciertos caracteres:
-Rechazo del realismo artístico, del positivismo filosófico y del conformismo acomodaticio burgués que habían dominado la actividad intelectual en la segunda mitad del XIX.
-Vuelta del intimismo subjetivista, inspirado en el romántico, pero de mayor profundidad filosófica y carga reflexiva.
-Contra el canon y las rígidas normas de escuela, reivindican la libertad creativa y la insumisión contra los hábitos burgueses, dominados el materialismo y el mito del progreso.
-Una tendencia poética, el parnasianismo, insistirá en el valor de la belleza en sí misma, alejada de toda intención ideológica o moral; su principio es el del arte por el arte. Otra dirección poética abandona la poesía descriptiva o expositiva (prosaica) para fijarse en el descubrimiento de los valores simbólicos de los objetos, en la transmisión sugestiva y vaga de estados emocionales o espirituales; es el simbolismo. Ciertos poetas muestran un total escepticismo elegante y refinado, abrazando así el decadentismo. Son movimientos de origen francés que luego se extendieron por toda Europa.
En España, estas corrientes fructificaron en el Modernismo de Rubén Darío, el primer Antonio Machado, su hermano Manuel Machado, Salvador Rueda, etc.
1.2. Charles Baudelaire (París, 1821-1867) 
a) Biografía 
Charles Baudelaire nació en París el 9 de abril de 1821. Su padre, Joseph F. Baudelaire, de 70 años al nacer su hijo, era profesor de dibujo, pintor y alto funcionario del parlamento. Su madre, Caroline Archimbaut-Dufays, no llegaba a los treinta años al nacer nuestro poeta. Era hija de emigrantes franceses en Inglaterra, lo que le permitió enseñar inglés a su hijo; sería muy fructífero, pues Baudelaire tradujo magníficamente la obra de Poe al francés. Quedó huérfano de padre en 1827. Caroline se casó por conveniencia con Jacques Aupick, alto mando militar. Las relaciones con su padrastro fueron pésimas. Vive y estudia en Lyon en su infancia; vuelve a París y consigue el título de Bachiller superior, siempre con problemas de disciplina en las instituciones académicas.  En 1840 Baudelaire se matricula en la Facultad de Derecho. Comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino. Lleva una vida despreocupada; los altercados con la familia son constantes debido a su adicción a las drogas y al ambiente bohemio y prostibulario en los que se movía. En marzo de 1841 la familia lo envía a Burdeos para que embarque con destino a los Mares del Sur, a bordo de un barco mercante. La travesía debía durar dieciocho meses y llevarlo hasta Calcuta, en compañía de comerciantes y oficiales del Ejército. En este periodo escribe uno de sus poemas más célebres “El Albatros”. Pero llegando a la Isla Mauricio, interrumpe su viaje y regresa a su país. Sus publicaciones como crítico  y teórico del arte (literatura, pintura y música) fueron estimadas. Al tiempo, dio a la imprenta libros sobre arte y literatura más o menos apreciados, aunque siempre polémicos y escandalosos, pues atacaban las bases del pensamiento tradicionalista y acomodaticio; publicaba poemas en revistas. Entre 1864 y 1866 vivió en Bruselas, dictando conferencias y escribiendo artículos, si bien le proporcionaron pocos recursos económicos. En la primavera de 1866 su salud se deterioró gravemente a causa de una vieja sífilis nunca curada; lo llevaría a la tumba en 1867.
b) Producción literaria 
Las primeras publicaciones de Baudelaire versan sobre crítica artística. Así El Salón (1845) su primera obra, obtuvo bastante repercusión. Pequeños poemas en prosa, editados en versión íntegra en 1869 (en 1864, el diario Le Figaro había publicado algunos textos bajo el título de El spleen de París). En esta época también vieron la luz Los paraísos artificiales (1858-1860). El estudio Richard Wagner et Tannhäuser à Paris, aparecido en la Revue européenne en 1861 es otro notable texto. Curiosidades estéticas es una recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones artísticos parisinos. En El arte romántico (1868) se reunió todos sus trabajos de crítica literaria. En literatura, alabó a los autores de relatos cortos fantásticos E.T.A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó una magnífica traducción; apreciaba en ellos la perfección formal y la construcción exacta; es la que él mismo persiguió en sus poemas, en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales. La primera edición de sus obras completas data de 1939.
Las flores del mal (1857) es su obra poética más importante, significativa y duradera. Su publicación desató una violenta polémica gestada en torno a su persona (con muchos enemigos en círculos políticos y artísticos). Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y a Baudelaire lo procesaron. Ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen, ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra, en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos. 
Las flores del mal (Les Fleurs du mal) recoge la casi la totalidad de su producción poética desde 1840 hasta la fecha de su primera publicación. Se considera una de las obras más importantes de la poesía moderna porque aporta una estética nueva, donde la belleza y lo sublime surgen, a través del lenguaje poético, de la realidad más trivial o sórdida.
A lo largo de toda la obra, Baudelaire compone en base a las “correspondencias”, las relaciones ocultas y misteriosas entre los objetos y las situaciones, materiales y emocionales; son las similitudes y analogías entre objetos o estados aparentemente distantes. Toda su obra se construye como un itinerario o recorrido moral, espiritual y físico: el descubrimiento del mundo; su exploración, dolorosa y decepcionante; y el fin inexorable e incomprensible con la muerte. 
El libro se estructura en siete partes (tal vez siguiendo el modelo de Dante y su Divina comedia), introducidas por el famoso poema Al lector, Esplín e ideal, Cuadros parisinos, El vino, Flores del mal y Rebelión, con una conclusión final: La muerte. Es importante la obsesión de que Baudelaire no considerara su libro como una mera recopilación de poemas, sino como un «libro» con principio y fin (a modo de novela), en el que todos los poemas se subordinaban a una estructura general rigurosa; el sentido total de los poemas y su disposición superan al de cada composición particular.
Presenta diversas posibles formas de salvación, liberación y huida del mundo: la belleza, el arte, la poesía, la muerte y más adelante el amor y el erotismo. Tras haber comprobado el fracaso de estas formas de ideal, nos encontramos con el Spleen (anglicismo equivalente al hastío, al tedio ante el tiempo y su repetición). Dedica la cuarta parte a la ciudad de París, criticándola y amándola (él desarrolló su vida turbulenta y bohemia en esa ciudad). El final es muy amargo y los poemas ofrecen imágenes tenebrosas de dolor, soledad y muerte. 
c) Rasgos estilísticos
Baudelaire aborda la exploración poética de los sentimientos y las emociones personales sin detenerse ante los límites morales o políticamente convencionales. Escribe en un estilo transparente (diáfano, directo al intelecto del lector), preciso (riguroso en la propiedad semántica y sintáctica, y sonoro (musical, evocador). Utiliza estrofas clásicas como el soneto, pero también otras más novedosas como el cuarteto en alejandrinos. Crea imágenes muy poderosas, plásticas, que impactan en el lector vivamente. Contribuyó decisivamente a la reivindicación del poeta como un hombre incomprendido en su mundo, pero lleno de profunda sabiduría estética y filosófica (al estilo romántico, pero sin la machacona egolatría). Función del poeta era establecer las “correspondencias”, es decir, las relaciones de afinidad ocultas entre los objetos del mundo sensible y del mundo espiritual. Un recurso muy destacado en este libro es el oxímoron (antítesis y paradojas también), que Baudelaire emplea para crear nuevos sentidos conceptuales.
La poesía de Baudelaire influyó mucho en el parnasianismo y el simbolismo inmediatamente posteriores y, en general, en la poesía moderna, de la que se considera precursor y fuente. He aquí unos poemas que caracteriza su poesía y su carácter:

“El albatros” (Ch. Baudelaire)
Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

“Al lector”
La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El canevás banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! -los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!
 
1.3. El parnasianismo
Este movimiento poético surge en 1861 en París, promovido por un grupo de poetas animados por el escritor Leconte de Lisle; publicaban en la revista El Parnaso contemporáneo. Partían de una superación del subjetivismo omnipresente y del sentimentalismo crónico de los románticos. Su premisa fundamental es el cultivo del arte por el arte, lejos de todo compromiso social o político. Sus notas definitorias son:
-Culto a la belleza, único criterio rector de la calidad poética.
-Búsqueda de la perfección formal en el poema (el tema es menos relevante; lo importante es la forma expresiva y constructiva); rendían culto al verso perfecto.
-Actitud del poeta de impasibilidad y distanciamiento; el poeta se aleja definitivamente de los sentimientos y de los problemas, tanto individuales como colectivos.
-Bucean en las artes clásicas como fuente preferente de inspiración.
Los poetas más destacados son Theophile Gautier (1811-1872) (La comedia de la muerte), a quien Baudelaire había dedicado Las flores…; Leconte de Lisle (1818-18949 (Poemas antiguos); y el cubano-francés José María de Heredia (1842-1905) (Los trofeos). En su revista participaron cerca de cien poetas adscritos a esta corriente. Su nombre procede del Monte Parnaso, lugar en el que la mitología griega situaba la morada de las musas inspiradoras. Influyeron poderosamente sobre el nicaragüense Rubén Darío, adalid del modernismo hispánico.
1.4. El simbolismo
El simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX, originado en Francia. En un manifiesto literario, publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Reivindicaban los aspectos espirituales, imaginativos y oníricos de la existencia y del mundo.
Hay una reacción al realismo y al naturalismo, de ahí que piensen que el mundo es un misterio por descifrar. El poeta debe para ello trazar las correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles para comprender toda la realidad. Para ello es esencial el uso de la sinestesia. Los autores que lo inspiraron fueron Edgar Allan Poe y Ch. Baudelaire. Sus principales características se resumen en:
– Métricamente, hacen un amplio uso del verso libre, pues piensan que así rompen las constricciones métricas de las formas clásicas.
– El ritmo y la cadencia de la oración, además de los efectos sonoros de la palabra, es fundamental para crear una impresión musical con su poema.
– El poema es un proceso de desvelamiento de la realidad oculta a través de la intuición y de la adivinación. La palabra es un instrumento de conocimiento de las verdades más ocultas.
Veamos los poetas simbolistas más destacados: 
Stéphane Mallarmé (1842-1898) (Siesta de un fauno, Divagaciones y Una tirada de dados jamás abolirá el azar) usa el símbolo –como el “azul”, evocador de lo profundo, misterioso e insondable– como método de conocimiento de la realidad; su poesía es depurada, perfeccionista y limpia de adherencias irrelevantes. 
Paul Verlaine (1844-1896) tuvo una vida muy extremosa y turbulenta –una relación con Rimbaud que acabó a golpes, cárcel, del ateísmo al cristianismo más acendrado…–. Algunas de sus obras son: Romanza sin palabras, En los limbos y Los poetas malditos –aquí repasa a los creadores simbolistas que él conocía muy bien–. Su poesía está impregnada de musicalidad, refinamiento decadente, sensualidad y un permanente juego intelectual entre la metáfora y el símbolo. 
Arthur Rimbaud (1854-1891) es un poeta precoz y fugaz; estuvo envuelto en desavenencias familiares, desertó del ejército y se dedicó al comercio de armas en el Oriente lejano. Se recuerdan especialmente sus obras Una temporada en el infierno e Iluminaciones. Su poesía es irónica y sarcástica; ataca a los pilares burgueses de la sociedad (patria, religión, moral); sus últimos poemas revelan un estado de agitación y abatimiento emocionales que nos dejan entrever su atribulado y tormentoso interior. Los tres son profundos poetas con un gran legado literario. Leamos algunos poemas significativos de estos autores:
“Brisa marina” (S. Mallarmé)
Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste.
¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan
entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe,
ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
ni la madre que, amante, da leche a su criatura,
ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su albura
retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.
¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega
y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos!
Un tedio, desolado por la esperanza ciega,
confía en el supremo adiós de los pañuelos.
Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Corazón, oye cómo cantan los marineros!
“Vocales” (A. Rimbaud)
A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales
algún día diré vuestro nacer latente:
negro corsé velludo de moscas deslumbrantes,
A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias,

calas de umbría; E, candor de pabellones
y naves, hielo altivo, reyes blancos, ombelas
que tiemblan. I, escupida sangre, risa de ira
en labio bello, en labio ebrio de penitencia;

U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,
paz de pastos sembrados de animales, de surcos
que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian.

O, Clarín sobrehumano preñado de estridencias
extrañas y silencios que cruzan Mundos y Ángeles:
O, Omega, fulgor violeta de Sus Ojos.
“Mis sueños” (P. Verlaine)
Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.

Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.

¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.

Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron…
“El barco ebrio” (A. Rimbaud)
Según iba bajando por Ríos impasibles,
me sentí abandonado por los hombres que sirgan:
Pieles Rojas gritones les habían flechado,
tras clavarlos desnudos a postes de colores.

Iba, sin preocuparme de carga y de equipaje,
con mi trigo de Flandes y mi algodón inglés.
Cuando al morir mis guías, se acabó el alboroto:
los Ríos me han llevado, libre, adonde quería (…).

Soñé la noche verde de nieves deslumbradas,
beso que asciende, lento, a los ojos del mar,
el circular de savias inauditas, y azul
y glauco, el despertar de fósforos canoros (…).

Isla que balancea en sus orillas gritos
y cagadas de pájaros chillones de ojos rubios
bogaba, mientras por mis frágiles amarras
bajaban, regolfando, ahogados a dormir.

Y yo, barco perdido bajo cabellos de abras,
lanzado por la tromba en el éter sin pájaros,
yo, a quien los guardacostas o las naves del Hansa
no le hubieran salvado el casco ebrio de agua,

libre, humeante, herido por brumas violetas,
yo, que horadaba el cielo rojizo, como un muro
del que brotan ––jalea exquisita que gusta
al gran poeta–– líquenes de sol, mocos de azur,

que corría estampado de lúnulas eléctricas,
tabla loca escoltada por hipocampos negros,
cuando julio derrumba en ardientes embudos,
a grandes latigazos, cielos ultramarinos,

que temblaba, al oír, gimiendo en lejanía,
bramar los Behemots y, los densos Malstrones,
eterno tejedor de quietudes azules,
yo, añoraba la Europa de las viejas murallas  (…).

¡He visto archipiélagos siderales, con islas
cuyo cielo en delirio se abre para el que boga:
––iSon las noches sin fondo, donde exiliado duermes,
millón de aves de oro, ¡oh futuro Vigor!

¡En fin, mucho he llorado! El Alba es lastimosa.
Toda luna es atroz y todo sol amargo:
áspero, el amor me hinchó de calmas ebrias.
¡Que mi quilla reviente! ¡Que me pierda en el mar!

Si deseo alguna agua de Europa, está en la charca
negra y fría, en la que en tardes perfumadas,
un niño, acurrucado en sus tristezas, suelta
un barco leve cual mariposa de mayo.

Ya no puedo, ¡oleada!, inmerso en tus molicies,
usurparle su estela al barco algodonero,
ni traspasar la gloria de banderas y flámulas
ni nadar, ante el ojo horrible del pontón.
1.5. El decadentismo
Estamos ante una corriente artística moldeada en el escepticismo como actitud existencial y el refinamiento extremo como criterio artístico. Surge en Francia y su desarrollo abarca de 1850 a 1890 aproximadamente. Sus rasgos caracterizadores son: 
  • El poeta se percibe a sí mismo como un ser especialmente elegido para revelar la verdad. Ante la incomprensión social, reaccionan con pesimismo y melancolía, a veces unido a la amargura y la ruptura escandalosa, con tendencia a la extravagancia social.
  • Sus temas están relacionados con la tristeza, el aburrimiento vital y el coqueteo con la muerte; en el otro extremo, manifiestan hartazgo y rebelión ante las convenciones sociales.
  • La idea del refinamiento, de lo exquisitamente singular ejerce singular atracción poética sobre ellos; va unido a un sentimiento de superioridad y de cierta propensión por lo vagamente infinito.
  • Sienten atracción por las fases finales de grandes ciudades o épocas históricas (Bizancio o Alejandría, por ejemplo).
Los adelantados de este movimiento son Edgar A. Poe y Charles Baudelaire. Los miembros más interesantes son el francés Jules Laforgue (La imitación de Notre-Dame de la luna), el inglés Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), el italiano Gabriel D´Annunzio (Poema paradisiaco) y el portugués Antero de Quental (Sonetos completos). 
            En otro plano hemos de situar al poeta norteamericano Walt Whitman (1819-1892), creador de una poderosa poesía que ensalza al hombre decidido y luchador en la inmensa y majestuosa naturaleza norteamericana. Canta a los objetos más humildes y más sublimes, nos muestra la belleza escondida de las cosas y las acciones aparentemente triviales con gran plasticidad y sensualidad; transmite sin tapujos y con imágenes directas su visión de los sentimientos, especialmente del amor. Su poemario Hojas de hierba ha sido muy leído y admirado. El simbolismo también afectó a otras artes como la pintura y la escultura. Se ofrece un poema interesante de D´Annunzio:
“Un sueño” (G. D´Annunzio)
Estaba muerta, sin calor. La herida
era visible apenas en el flanco:
¡estrecha fuga, para tanta vida¡

El lienzo funeral no era más blanco
que el cadáver. Jamás humana cosa
verá el ojo, más blanco que aquel blanco.

Ardía Primavera impetuosa.
Los cristales, do cínifes inermes
Golpeaban con ala rumorosa…


Huyó de ella el calor, Yo dije: ¿Duermes?
Con un salvaje sonreír violento
más cerca repetírle: ¿duermes? ¿Duermes?

¿Duermes? Y al recordar que aquel acento
no era el mío, me crispó de pavura,
escuché. Ni un murmullo, ni un acento.


Cautivo de la roja arquitectura,
se dilataba en el bochorno un fuerte
olor a destapada sepultura.

El hálito invisible de la muerte
me estaba sofocando en la cerrada
habitación. A la mujer inerte,

¿Duermes?, le dije. ¿Duermes? Nada, nada…
el lienzo funeral no era más blanco.
Sobre la tierra de los hombres, nada
verá el ojo más blanco que aquel blanco!…
1.6. El expresionismo
El expresionismo es una corriente artística de origen nórdico –germánico, principalmente— que se desarrolló en la primera mitad del siglo XX. Lógicamente, surge como reacción al realismo y naturalismo y enlaza con el romanticismo y el simbolismo. Impactó especialmente en la pintura y en la arquitectura, pero sus efectos en la literatura son significativos. Sus rasgos básicos, dentro de la variedad, son los siguientes:
+ Lo importante es expresar el mundo interior del artista, sus emociones, al captar la realidad del objeto artístico (una persona, un paisaje, una situación…).
+ Muestran un gusto por la deformación, lo grotesco, lo exagerado, pero sometido a una sutil y personal estilización.
+Capta a las personas en un momento de crisis, desolación o miseria; es un modo de protestar ante una realidad muy insatisfactoria (los efectos de la Primera Guerra Mundial eran muy visibles).
+ Se inclinan por la expresión directa y viva de los rasgos más feos, deformes y caóticos de los objetos artísticos. En consecuencia, muestran un mundo descoyuntado y con poco sentido.
En literatura, veremos su influencia en narradores como F. Kafka, T. Mann y J. Joyce; en dramaturgos como B. Brecht, F. Strindberg y S. Beckett; y en poetas como R.M. Rilke.

 

2. LAS VANGUARDIAS. EL SURREALISMO 
2.1. Las vanguardias
2.1.1. La irrupción de los movimientos rupturistas en Europa
En el terreno artístico, se han llamado vanguardismos a una serie de movimientos artísticos de principios del siglo XX, en concreto entre 1907 y 1927. Influyen sobre ellas la filosofía de F. Nietzsche (“Dios ha muerto”), las teorías psicoanalíticas de S. Freud y los horrores de la Primera Guerra Mundial. Estos movimientos buscaban innovación en la producción artística; se destacaban por la renovación radical en la forma y el contenido; exploraban la relación entre arte y vida; y buscaban reinventar el arte confrontando movimientos artísticos anteriores. Una de las características visibles de las vanguardias es la actitud provocadora y rupturista.
  Se publican manifiestos en los que se ataca todo lo producido anteriormente, que se desecha por desfasado, al mismo tiempo que se reivindica lo original, lo lúdico, desafiando los modelos y valores existentes hasta el momento. Surgen diferentes ismos o corrientes literarias y creativas.
La característica primordial del vanguardismo es la libertad de expresión artística,   que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos: en poesía se rompe con la métrica y cobran protagonismo aspectos antes irrelevantes, como la tipografía. En la literatura, y concretamente en la poesía, el texto va a ser realizado a partir de la simultaneidad y la yuxtaposición de imágenes. Se rompe tanto con la estrofa, la puntuación, la métrica de los versos, como con la sintaxis, alterando por completo con la estructura tradicional de las composiciones. Surge el caligrama o poema escrito de modo que forme imágenes la disposición de las líneas y palabras.
2.1.2. Dadaísmo 
Encabezado por el rumano-francés Tristan Tzara (1896-1963) los escritores dadaístas piensan que es necesario la destrucción de todo lo débil y burgués; queda clara su actitud provocadora, rupturista y destructiva. El poeta tenía que expresarse con absoluta libertad, hasta alcanzar la libertad del “yo” creador. 
Los instrumentos son el azar, la ruptura de la lógica y la escritura automática (luego lo tomarán los surrealistas). El poema dadaísta suele ser una sucesión de palabras y sonidos (como un collage), sin atender a la razón cotidiana, lo que hace difícil encontrarle lógica. Se distingue por la inclinación hacia lo incierto, al nihilismo y a lo absurdo. “Dada” en francés es una palabra infantil que imita los primeros sonidos articulados de un niño, pero para los dadaístas ese significado no tenía importancia. “Dadá es nada”, solían repetir. El mismo Tzara da la receta “Para hacer un poema dadaísta”:
Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.
2.1.3. Futurismo 
Este movimiento inicial de las corrientes de vanguardia, surge en Roma, impulsado por el poeta italiano G. Marinetti (1876-1944), hombre de ideas políticas fascistoides que ocupó cargos en la Italia de Mussolini. Esta corriente artística rompía con la tradición, el pasado y los signos convencionales de la historia del arte. Otro importante colaborador fue el ruso Vládimir Maiakovski, cantor del comunismo soviético.
Consideraba como elementos principales de la poesía el valor, la audacia y la revolución, ya que se pregonaba el carácter agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico  y la bofetada. Según su manifiesto, postulaban la exaltación de lo sensual, lo nacional y guerrero, la adoración de la máquina, el retrato de la realidad en movimiento, lo objetivo de lo literario, expresado plásticamente.
Colocaban aleatoriamente los sustantivos (los adjetivos y los adverbios los habían proscrito) y utilizaban los verbos en infinitivo. He aquí una muestra de su poesía:
A MON PÉGASE L’AUTOMOBILE 
¡Dios vehemente de una raza de acero,
automóvil ebrio de espacio,
que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes! (…)
Suelto, por fin, tus bridas metálicas.., ¡Te lanzas
con embriaguez el Infinito liberador! (…)
¡Allá! ¡Allá! ¡mirad! ¡en ese recodo siniestro!…
¡Oh Montañas, Rebaño monstruoso, Mammuths
que trotáis pesadamente, arqueando los lomos Inmensos,
ya desfilasteis… ya estáis ahogadas
en la madeja de las brumas!… (…)
¡Llanuras tenebrosas Yo os paso el gran galope
de este monstruo enloquecido… Estrellas, Estrellas mías,
¿oís sus pasos, el estrépito de sus ladridos
y el estertor sin fin de sus pulmones de cobre?
¡Acepto con Vosotras la opuesta,… Estrellas mías …
¡Más pronto!… ¡Todavía más pronto
¡Sin una tregua¡ ¡Sin ningún reposo
¡Soltad los frenos!… ¡Qué! ¿No podéis?…
¡Rompedlos!… ¡Pronto!
¡Que el pulso del motor centuplique su impulso!
iHurral ¡no más contacto con nuestra tierra inmunda !
¡Por fin me aparto de ella y vuelo serenamente
por la escintilante plenitud
de los Astros que tiemblan en su gran lecho azul!
2.1.4. Cubismo
Sus principales rasgos son la asociación de elementos imposibles de concretar, el desdoblamiento del autor, la disposición gráfica original y creativa de las palabras y sustitución de lo sentimental por el humor y la alegría. Su tipo de poesía más popular fue el caligrama cuyo principal cultivador fue el francés G.  Apollinaire (1880-1918). La disposición gráfica forma un dibujo que alude al contenido del poema.
2.1.5. Creacionismo y Ultraísmo
El creacionismo lo inició el poeta chileno Vicente Huidobro (1893-1948) al entrar en contacto con las vanguardias en Europa. Intentaba crear objetos a través de la metáfora, eje central del poema, prescindiendo de los elementos anecdóticos y descriptivos; “crear un poema es como crear un árbol” era su lema.  
El ultraísmo es una vanguardia genuinamente española. Apareció y floreció entre 1198 y 1923, como una reacción al Modernismo. Fue uno de los movimientos que más se proyectó en el mundo de habla hispana. Contribuyó al uso del verso libre y el consiguiente abandono de las formas métricas clásicas.  Les gusta comprimir el sentido del poema al suprimir el epíteto y las expresiones de conexión. La proscripción de la anécdota y el desarrollo de la metáfora es otro rasgo caracterizador; ésta se convierte en el principal centro expresivo. Los poetas más representativos son el español Guillermo de Torre (1900-1971) y el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). He aquí una muestra:
“Pararrayos” (Guillermo de Torre)
Un vuelo de miradas acribilla la noche
Cada relámpago
es un ojo de Argos
El viento nos golpea con sus puños
La tempestad dispara sus pistolas automáticas
Las estrellas tocan a rebato
La noche se extravía
y tactea los cuatro puntos cardinales del horizonte
Los tejados inundan sus lagrimales
Descarrila el tren de las horas
La tormenta enciende sus carteles eléctricos
Todos los transeúntes
cambian sus reflejos
se encienden y se apagan simultáneamente
En la pizarra atmosférica
se dibujan los guarismos relámpagos
Epilepsia de las alturas
Dios deposita sus injurias en los pararrayos
Cuándo
el pirotécnico celeste
agotará su stock de cohetes?
2.1.6. Otros poetas de la primera mitad del siglo XX
Otros poetas desarrollaron su actividad trazando un itinerario artístico más personal. Indagaron artísticamente de modo más individual y algo apartados de las corrientes vanguardistas estudiadas, logrando grandes metas estéticas.
En lengua inglesa: el irlandés William Butler Yeats (1865-1939) creó una poesía intelectual, sobria y moralizadora en libros como La torre. El norteamericano Ezra Pound (1885-1972) dejó en sus Cantos su intenso y contradictorio (simpatizó con el fascismo italiano) testimonio vital. Thomas Stearns Eliot (1888-1965), también norteamericano que vivió en Europa, compuso obras profundas, pesimistas y culturalistas, como La tierra baldía y Cuatro cuartetos.
En lengua alemana: el checo Rainer María Rilke (1875-1926) compuso una profunda y angustiosa obra de carácter existencial y religioso, Elegías de Duino. El judío-francés-austriaco de origen rumano Paul Celan (1920-1970) dejó testimonio de su sufrimiento huyendo de los nazis y sus campos de concentración (donde murieron sus padres), así como profundas reflexiones sobre la condición humana en poemarios como La rosa de nadie y Soles de hilo.
En lengua italiana: Salvatore Quasimodo (1901-1968) compuso poemas comprometidos y críticos en La tierra incomparable. Giuseppe Ungaretti (1888-1970) dejó en El dolor un profundo testimonio de las atrocidades del siglo XX que él vivió como soldado en la Primera Guerra Mundial y como ciudadano en la segunda. Eugenio Montale (1896-1981) creó una poesía hermética, simbolista, oscura y de sintaxis sinuosa, pero llena de evocaciones y sugerencias, en libros como Fuera de casa.
En lengua griega y portuguesa: el griego-egipcio Constantin Kavafis (1863-1933) se centra en la belleza, el tiempo y la sensualidad, en marcos espacio-temporales clásicos; su escasísima producción, apenas publicada en vida, es de creciente influencia en nuestros días. Fernando Pessoa (1888-1935) vertió su creación a través de heterónimos completamente distintos entre sí (Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis); se recuerda especialmente su Libro del desasosiego, con poemas de fondo filosófico e indagatorio de la naturaleza humana.
2.2. Surrealismo
Estamos ante el movimiento vanguardista más significativo y duradero. Surgió en Francia con André Bretón, autor él mismo de un Manifiesto del surrealismo. Siguiendo a Sigmund Freud, Bretón se interesó en el descubrimiento de los mecanismos del inconsciente, para sobrepasar lo real por medio de lo imaginario y lo irracional. Es un intento de exploración del subconsciente del hombre. Sus principales características son:
– Su premisa era que el mundo de los sueños y del subconsciente es el medio de liberar la actividad creadora, apareciendo la superrealidad.
– La escritura automática es un medio más real de expresión del auténtico ser del poeta; al no intervenir la razón, aflora lo realmente importante.
– Dejando a un lado las convenciones y preocupaciones morales, racionales, religiosas y sociales, pretenden una renovación del espíritu.
– El resultado de todo ello es un poema compuesto por imágenes fragmentarias, inconexas y con un cierto aire alucinatorio, onírico; su lógica es escasa y las asociaciones sorprendentes. 
Los tres poetas franceses surrealistas más significativos son André Breton (1896-1966); algunos de sus poemarios son Claro de tierra y Pez soluble, aunque también compuso ensayos y novelas. Paul Eluard (1895-1952) contribuyó al surrealismo con obras como Capital del dolor. Su poema “Liberté”, de contenido político contra el nazismo y las injusticias, le obligó a pasar a la clandestinidad en la ocupación francesa. Louis Aragon (1897-1982) escribió poesía amorosa de gran sensibilidad y hondura en poemarios como Los ojos de Elsa. El sentimiento de amargura y cierta pena soterrada abundan en su poesía.
En España introdujeron el surrealismo los poetas José Mª Hinojosa y Juan Larrea. Practican la escritura automática, buscando la liberación del yo profundo y de las fuerzas subconscientes. Influyó profundamente en la generación del 27 (Lorca, Cernuda, Alberti…) y en la poesía posterior.
“Libertad” (P. Eluard)
Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre (…).


Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre (…).


Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad
“NO HA LUGAR” (A. Breton)
Arte matinal arte nocturno
La balanza de las heridas llamada Perdona
Balanza roja y sensible al peso de un vuelo de pájaro
Cuando las amazonas cuello de nieve las manos vacías
Impulsan sus carros de vapor por los prados
Veo esta balanza siempre enloquecida
Veo el ibis de finos modales
Que regresa del estanque atado en mi corazón
Las ruedas del sueño encantan los espléndidos carriles
Que se elevan muy alto sobre las caracolas de sus vestidos
Y el asombro se precipita aquí y allá sobre el mar
Ve mi querida aurora no olvides nada de mi vida
Toma esas rosas que trepan al pozo de los espejos
Toma el aleteo de todas las pestañas
Toma hasta los hilos que mantienen el paso de los danzarines de cuerda y de
las gotas de agua
Arte matinal arte nocturno
Aparezco a la ventana muy lejos en una ciudad presa de espanto
Afuera hombres en bicornio se persiguen a intervalos regulares
Parecidos a las lluvias que yo amaba
Cuando hacía un tiempo tan hermoso
“A la rage de Dieu” es el nombre de un cabaret donde entré ayer
Está escrito en el vidrio blanco con letras más palidecidas
Pero las mujeres-marinos que tras el cristal se deslizan
Demasiado felices son para sentir miedo
Aquí el cuerpo siempre el asesinato sin pruebas
Nunca el cielo siempre el silencio
Nunca la libertad sino para la libertad.
3. POEMAS DE CHARLES BAUDELAIRE
«Correspondencias» 
La Creación es un templo de pilares vivientes
que a veces salir dejan sus palabras confusas;
el hombre la atraviesa entre bosques de símbolos
que le contemplan con miradas familiares.
Como los largos ecos que de lejos se mezclan
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la luz, como la noche vasta,
se responden sonidos, colores y perfumes.
Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces tal los oboes, verdes tal las praderas
–y hay otros, corrompidos, ricos y triunfantes,
que tienen la expansión de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes de sentidos y espíritu.
«Los faros» 
Rubens, río de olvido, jardín de la pereza,
fresca almohada de carne, donde amar no se puede,
mas la vida ahí afluye y sin tregua se agita,
como el aire en el cielo, y la mar en la mar;
Leonardo da Vinci, sombrío y hondo espejo,
en que hechiceros ángeles, con su dulce sonrisa, 
cargada de misterio, se muestran en la sombra
de glaciares y pinos que cierran sus países;
Rembrandt, triste hospital preñado de murmullos,
solamente adornado por un gran crucifijo,
donde en llanto se exhala la  oración del estiércol,
y que un rayo de invierno bruscamente atraviesa;
Miguel Ángel, lugar incierto en que los Hércules
se mezclan a los Cristos, y donde en pie se alzan
fantasmas poderosos que al llegar el crepúsculo
desgarran su mortaja con los dedos crispados;
iras de boxeador, impudores de fauno,
tú que supiste ver la belleza canalla,
pecho hinchado de orgullo, hombre amarillo y débil,
Puget, de los forzados el melancólico rey;
Watteau, ese carnaval donde, cual mariposas,
ilustres corazones resplandeciendo vuelan,
ligeros decorados alumbrados por lámparas
que la locura vierten sobre sobre el baile que gira;
Goya,, la pesadilla de ignotas llena,
fetos que se cocinan en medio del Sabbat,
viejas ante el espejo, niñas todas desnudas,
que las medias se ajustan tentando a los demonios;
Delacroix, sanguinoso lago de ángeles malos,
umbrado por un bosque de abetos siempre verdes,
donde extrañas fanfarrias, bajo un cielo de pena
cruzan, como un suspiro sofocado de Weber;
estas blasfemias, estas maldiciones y quejas
estos éxtasis, gritos, llantos, estos Te Deum,
son un eco que mil laberintos repiten;
¡del corazón mortal son un opio divino!
¡Es por mil centinelas un grito renovado,
una orden que mil pregoneros propagan;
es un faro encendido sobre mil ciudadelas,
grito de cazadores en la selva perdidos!
¡Pues, Señor, es sin duda el mejor testimonio
que podríamos dar de nuestra dignidad
este ardiente sollozo que rueda por los siglos,
y que muere en el borde de vuestro ser eterno!
«Spleen (LXXVIII)» 
Cuando como una losa pesa el cielo plomizo
sobre el alma gimiente de un largo hastío presa,
y que abrazando el círculo de todo el horizonte
vierte un día más negro y triste que la noche;
cuando en húmeda celda la tierra se convierte,
conde, como un murciélago, la Esperanza revuela,
golpeando los muros con sus alas medrosas,
y dando en los podridos techos con su cabeza;
cuando la lluvia extiende sus inmensos regueros
imitando las rejas de una vasta prisión,
y de infames arañas un pueblo mudo tiende
sus telas en lo más profundo de su cerebro,
las campanas con furia saltan súbitamente
y lanzan hacia el cielo un aullido horroroso,
igual que los espíritus errantes y sin patria
que se echan a gemir obstinados y largos.
–Y pasan coches fúnebres, sin tambores ni música,
por mi alma lentamente; la Esperanza, vencida,
llora, y la Angustia atroz y la despótica planta
su negro pabellón en mi cráneo abatido.
 
«El muerto alegre» [también: «El muerto jubiloso»] 
En una tierra crasa llena de caracoles
quiero cavar yo mismo una fosa profunda,
donde a mi gusto pueda meter mis viejos huesos
durmiendo en el olvido como escualo en la onda.
Odio los testamentos y odio las sepulturas;
antes que suplicar una lágrima al mundo,
viviente, yo prefiero invitar a los cuervos
a sangrar los dientes de mi inmunda carcasa.
¡Vermes! Negros amigos sin orejas ni ojos,
ved que llega a vosotros un muerto alegre y libre;
¡libertinos filósofos, hijos de lo podrido,
a través de mi ruina id pues sin que os remuerda,
y decidme si aún hay tortura para este
viejo cuerpo sin alma y entre los muertos muerto!
«El alma del vino»
Cantaba un día el alma del vino en las botellas.
“¡Hombre, hacia ti yo envío, oh tú, desheredado,
en mi cárcel de vidrio y con mis lacres rojos,
una canción de luz y de fraternidad!
Yo sé cuánta fatiga, sobre el otero en llamas,
cuánto sudor y sol ardiente se precisa,
para engendrar mi vida y para darme el alma;
mas no he de ser ingrato ni tampoco maligno,
porque siento una dicha inmensa cuando caigo
en el gaznate de alguien a quien gasta el trabajo,
y su cálido pecho es una dulce tumba
donde yo me complazco más que en mis frías cavas.
¿Escuchas cómo suenan las coplas del domingo,
la esperanza que trina en mi vívido seno?
Los codos en la mesa y bien arremangado,
me has de glorificar, y estarás satisfecho;
yo encenderé los ojos de tu esposa extasiada;
su fuerza y sus colores devolveré a tu hijo
y le seré a este endeble atleta de la vida
el óleo que a los músculos del luchador da fuerzas.
¡Yo iré a caer en ti, vegetal ambrosía,
grano por el eterno Sembrador arrojado,
para que la poesía nazca de nuestro amor
y germine hacia Dios como una flor extraña!”
Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.
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Sucinta Historia de la Literatura Universal (5). Narrativa realista del siglo XIX

TEMA 5. NARRATIVA REALISTA DEL SIGLO XIX
1. Francia: Stendhal, G. Flaubert, E. Zola
2. Rusia: F. Dostoievski, L. Tolstoi
3. Inglaterra: Ch. Dickens
4. Norteamérica: E. A. Poe 
—————————————————–
El Realismo es un movimiento cultural que surge y se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX. Supera al Romanticismo y se erige en la expresión artística de la sociedad burguesa, clase dominante de la sociedad, asentada firmemente en el poder político y económico. Los fundamentos filosóficos proceden del positivismo, creado por el francés Auguste Comte (no existe más realidad que los hechos captados por los sentidos y ratificados por la experiencia), del experimentalismo científico y de la teoría de la evolución de Ch. Darwin.
El realismo se interesa por la realidad externa, cotidiana, socio-económica y política, y poblada por personajes comunes, cercanos y presentes. El artista realista parte de la observación y análisis de la realidad exterior y, luego, a través del uso de la lengua común, estandarizada, pretende reflejar verosímilmente la realidad circundante.
El Naturalismo es una evolución del realismo, pero insiste en los detalles fisiológicos más escabrosos y desagradables de las zonas más degradadas y pobres de la sociedad, ante los que el autor se muestra frío. Partiendo del determinismo (somos lo que la biología y las circunstancias nos han permitido hacer), el artista realista nos muestra que la cruda realidad bio-fisiológica condiciona la mente del hombre, su psique. El realismo tuvo un especial desarrollo en Francia, pero también prendió y se cultivó en toda Europa y América.
 1. FRANCIA: STHENDHAL, G.  FLAUBERT, E. ZOLA
1.1. Henri Beyle, Stendhal (Grenoble, Francia, 1783- París, 1842)
Nacido y criado en una familia burguesa, no realizó estudios superiores por problemas de salud. Se enroló en el ejército napoleónico, con el que recorrió Italia, país por el que sentía una especial devoción, y otros países europeos. Tras abandonar la vida militar, viajó incansablemente por toda Europa; además de su actividad literaria, trabajó de periodista y diplomático. 
Stendhal escribió numerosos ensayos y memorias, textos entre los que hoy se recuerdan las Vidas de Haydn, Mozart y Metastasio (1815), Vida de Napoleón (18171818), Historia de la pintura en Italia (1817), Roma, Nápoles y Florencia (1817), Pero su fama la debe fundamentalmente a sus cuatro famosísimas novelas:
 –Armancia es su primera novela. El brillante Octavio y la bella Armancia se enamoran perdidamente al comprender que están hechos el uno para el otro; pero él guarda un secreto “monstruoso”: a causa de un accidente no puede acceder a la paternidad. Es una novela sentimental en la que Stendhal analiza y critica su sociedad contemporánea, la de la resturación napoleónica. 
Rojo y negro  ilustra la atmósfera de la sociedad francesa en la Restauración. El protagonista es un joven, Julien Sorel, que es modelo de las ambiciones y frustraciones; taimado y resolutivo, abandona la serrería de su padre para servir de tutor a los hijos de la señora Rênal; acaban enamorados, por lo que el marido de ella lo expulsa; pasa un tiempo de formación en el seminario de Besançon (de ahí el color negro). En París sirve al marqués de La Mole; su hija Mathilde se enamora perdidamente de él, aunque Sorel la manipula y, al fin, la deja embarazada; abraza la vida militar (de ahí el color rojo). Una carta de la señora Rênal que llega al conde desenmascara sus artimañas, lo que provoca su vuelta al pueblo donde ella vive y le dispara en plena misa. Sorel es condenado y muere en la guillotina, a pesar de que la señora Rênal no muere, pero se suicida rodeada de sus hijas unos días después de la ejecución de su gran amor. 
La cartuja de Parma narra la historia del joven patricio italiano Fabrizio del Dongo y sus aventuras durante los últimos años del dominio napoleónico en Europa. Los hechos transcurren principalmente en la ciudad de Parma y en el castillo familiar del lago de Como. La tía de Fabrizio, la fascinante Gina, duquesa de Sanseverino, y su amante, el primer ministro del ducado, Conde Mosca, urden un plan para promocionar la carrera del adorado sobrino en la corte de Parma. Gina es objeto de las proposiciones del detestable príncipe Ranuccio-Ernesto IV, al que se ha jurado rechazar. Fabrizio es arrestado por homicidio y encerrado en la torre Farnese,[] de la que logra fugarse con una soga y la ayuda de Clelia, la hija de su carcelero, de la que se enamorará irremediablemente durante su estancia en la torre. 
Lucien Leuwen (incompleta y póstuma, 1894). Se enmarca en la Francia monárquica de Luis Felipe de Orléans. Lucien Leuwen, joven estudiante politécnico de familia burguesa, es expulsado de la escuela, ya que resulta sospechoso de ser saint-simoniano (socialista). Su padre, riquísimo hombre de negocios en París, le permite convertirse en subteniente, lo que le lleva a trasladarse a Nancy. Allí conoce a Madame de Chasteller, joven y encantadora viuda de la que se enamora. La sórdida y rutinaria vida militar sale muy malparada en esta novela.
Stendhal se centra en el análisis de las pasiones, de los comportamientos sociales, el amor por el arte y por la música, además de la búsqueda epicúrea del placer. Su estilo de escritura combina armónicamente el realismo de la observación objetiva y el análisis profundo  de los caracteres de sus personajes. Ha sido considerado el creador de la novela moderna, que dio paso a la gran narrativa del siglo XIX. Su positivismo, sin contaminarse de ideologías, muestra al lector un lenguaje muy moderno.

 

1.2. Gustave Flaubert (Rouen, Francia, 1821- Croisset, 1880)
Nacido en una familia acomodada, comenzó a estudiar derecho, pero lo abandonó. Un viaje por Italia y el Mediterráneo oriental lo marcó profundamente. Era un hombre solitario, soltero y de físico imponente, lo que no le impidió ser un desengañado de la sociedad burguesa y su adocenamiento. Escribía despacio porque era muy perfeccionista, siempre buscando la palabra justa y el ritmo adecuado; llevó a su perfección el estilo realista y abrió la puerta al naturalismo.
Madame Bovary es su mejor y más duradera novela. Charles Bovary es un médico rural que se casa con una viuda que muere el poco. En una visita a la  granja al señor Rouault, se encuentra con una bella joven, la hija del señor Rouault, Emma. Charles se enamora de ella y le pide al señor Rouault la mano de su hija en matrimonio, a lo que ella accede y se convierte en la señora Bovary. Madame Bovary, asidua a la lectura de novelas románticas, tiene unas ideas sobre el matrimonio que no llegarán a corresponderse con su relación con Charles: pasión, idilios inesperados, emociones… Madame Bovary cae enferma por el aburrimiento. Para su recuperación, Charles se traslada a un pueblo cerca de Ruan, Yonville, pero sigue la monotonía. Da a luz a una niña a la que llamarán Berthe pero Madame Bovary no ejercerá de madre prácticamente en ningún momento; sus nuevos vecinos son igual de aburridos, excepto León Dipuis, con quien inicia una relación apasionada, pero fracasada. Luego coquetea con Rodolphe Boulanger, un don Juan de Yonville; pronto son amantes. Planean escapar juntos, pero él se fuga sin ella y le deja una carta de despedida. En tanto, Enma contrae numerosas deudas con el señor Lhereux, que aumenta Charles, tras la recaída de Emma. Se encuentra casualmente a León Dipuis, ahora pasante de notario, en Rouen. Ante la imposibilidad de saldar sus deudas y de que sus aventuras sean conocidas por su marido, se suicida. A Charles le embargan su casa y todos sus bienes ya que no puede hacerse cargo de toda la deuda contraída por su mujer. Encuentra también la carta de Rodolphe y descubre que su mujer le era infiel. Sin embargo, la sigue amando en la poca vida que le queda.Aunque todo esto no es motivo suficiente para que Charles deje de amar a su fallecida mujer. La pequeña Berthe queda al cuidado de una tía.
Salambó es una novela histórica que recrea la rebelión de los mercenarios en Cartago, contratados por Amílcar Barca, en la época de la I Guerra Púnica. Matho, el jefe de los mercenarios rebeldes, se enamora perdidamente de Salambó, la hija de Barca. Idea una estratagema para que ella vaya engañada al campamento, con consecuencias funestas. Flaubert recrea con detalle y verosimilitud la vida en Cartago y crea personajes muy bien perfilados y de honda psicología.
La educación sentimental relata las andanzas del joven Fréderic Moreau en la Francia del segundo imperio por encontrar su sitio en el mundo, que no encuentra, ni material ni sentimentalmente (abandona incluso a su amor, la señora Arnoux).
1.3. Emile Zola (París, 1840 – 1902)
Zola representa la corriente naturalista en la narrativa francesa. Su compromiso contra las injusticias y los débiles le costó disgustos, procesos judiciales y condenas de cárcel, pero siempre se mantuvo firme. Defendió públicamente, con un artículo de periódico titulado “Yo acuso”, al militar Dreyfus, judío, de una falsa acusación de espionaje y traición. Su muerte fue un misterio no resuelto; oficialmente, falleció asfixiado, aunque parece que alguien pudo tapar la chimenea de su estufa.
Publicó una serie de veinte volúmenes donde quería reflejar la vida exitosa, cínica y acomodada de una parte de la sociedad (los Rougon), y, por otra parte, la dura y sufrida de la gente humilde, pero no por ello buenos, dominados por el alcohol (los Macquart), bajo el título de Los Rougon-Macquart, historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio (1871-1893); las taras heredadas a veces, pesan más que la voluntad. 
La primera novela de la saga se titula  La fortuna de los Rougon.  La historia se inicia en Plassans (nombre inventado por Zola que recrea aspectos humanos y geofísicos de Aix en Provence).  Adelaida Fouque es una joven huérfana, cuyo padre murió loco, y algo extravagante, como murmuraban que era ella. Se inicia de esta manera la historia de la familia y de sus taras genéticas. Adelaida se casa con un tal Rougon, del que tiene un hijo, Pierre. Pero pronto queda viuda y empieza a convivir con un cazador furtivo, Macquart. De esta unión, nacieron los hijos ilegitimos, Antoine y Ursula. Los tres niños se educan juntos, pero el primero es el heredero y asiste a la escuela; el que comprende en primer lugar que no es igual que sus hermanos, pues a él, por ser el hijo legítimo, le corresponde la herencia familiar. Pierre Rougon se casará con la ambiciosa Félicité y será el padre de tres hijos varones (Aristide, Eugène y Pascal) y de dos mujeres. Cada uno de estos hijos llevará un destino diferente, pero será Eugène, bien situado en el nuevo gobierno de Napoleón III, quien facilite que sus padres tengan cierta autoridad en Plassans. 
El pecado del abate Mouret es una novela de protagonista y tema religiosos (bastante comunes en el realismo); Sergio Mouret, en parte influido por la religiosidad del huésped de sus padres, se hace cura, sin mucha vocación. Ejerce su magisterio, con su hermana Desirée, en un pueblo cercano a Plassans, su ciudad de origen; mantiene con el resto de los habitantes del pueblo una relación tensa y algo difícil, pues muchos no lo aceptan. El día en que conoce a la hija de uno de sus feligreses más opuestos a su labor, por pura casualidad, pues se reponía de una enfermedad, todo cambia; Albine y Sergio se enamoran intensamente y viven su amor en una especie de paraíso, lo que los convierte, de alguna forma, en la pareja primigenia, adánica. Todo se desbaratará cuando se rompa el misticismo y comprendan que no están solos en el mundo y las pasiones (envidias, celos, codicia…) dominan a muchos hombres. Desirée, por su parte, vive en una inocencia casi de bebé, rodeada de pollos, cerdos y otros animales de granja. Aparece, también, como personaje secundario el doctor Pascal Rougon (hijo de Pierre y tío de los muchachos). 
Germinal es la novela más conocida y leída de Balzac. En un pequeño pueblo minero del norte francés, los mineros organizan una huelga indefinida para exigir mejoras salariales y de trabajo, pues niños y adultos hacen jornadas leoninas en las peligrosas minas. La familia Maheu junto con Etienne son los líderes, e intentan hacer un arreglo con los patrones, pero no es posible. En contraste, los patronos viven en la opulencia ostentosa, regalando sus migajas a los mineros. Los huelguistas animan a otros compañeros a que hagan huelga, y lo logran; la policía protege las minas, que comienzan a ser trabajadas por belgas. En un choque con la policía, en plena confusión, disparan al ser agredidos por los huelguistas y un tiro mata a Toussiant Maheu, líder huelguista. La falta de dinero, las enfermedades y las muertes debilitan a los huelguistas, que capitulan y vuelven al tajo. Sin embargo, ocurre un sabotaje, al inundar la mina, en el que muere el primogénito de Maheu. El abuelo enloquece y asesina a la hija del empresario. Al fin, vuelve la calma y sigue la dura vida, reflejada en la viuda Maheu. 
La bestia humana es otra inquietante y amarga novela de tono más policial. El subjefe de la estación de El Havre, Roubaud, empleado modelo, está  casado con Séverine, huérfana de padre desde la infancia y apadrinada por Grandmorin, presidente de la compañía de ferrocarriles. Roubaud se entera de que su esposa fue violada desde su adolescencia por Grandmorin y decide matarlo. El lugar elegido para el asesinato es un coche de primera clase del tren que cubre el trayecto nocturno entre París y El Harve. Roubaud y Séverine, después de degollarlo, tiran el cuerpo de Grandmorin a las vías y regresan a sus asientos de segunda clase creyendo no haber sido vistos. Pero en ese mismo momento, Jacques Lantier, un maquinista que conoce de vista a Roubaud y su esposa, camina al costado de las vías y, fugazmente, ve el cuerpo de un hombre apuñalando a otro y, junto a él, el cuerpo de una mujer. Durante la investigación del crimen, Lantier se convence de que las personas que vio en el tren eran Roubaud, y Séverine, pero decide no comprometerlos. Los esposos, desesperados por el miedo a ser descubiertos, entablan una relación amistosa con Lantier. Meses más tarde, la investigación se da por concluida y el matrimonio parece encaminarse hacia la felicidad plena. Sin embargo Roubaud, acosado por el remordimiento, cae en la ludopatía, al tiempo que Séverine y Lantier se enamoran y traman el asesinato de Roubaud para librarse de él.
2. RUSIA: DOSTOIEVSKI, TOLSTOI
En la segunda mitad del siglo XIX florece en Rusia la novela realista. Dostoiesvski, Tostói, Gógol, Turgueniev y Chejov son autores de contrastada calidad que dejaron obras profundas y artísticamente logradas. La Rusia zarista, inmersa en aquella época en una sociedad arcaica, dominada por la nobleza territorial y la iglesia, con fuertes agitaciones socio-políticas, de grandes contrastes sociales, ofrece un amplio campo de observación para los novelistas, plasmando en sus obras ese mundo ruso lleno de paradojas y matices. Entran en lo más profundos recovecos de la psique humana y prestan atención a los elementos espirituales, mostrando críticamente la realidad social en toda su amplitud.
2.1. Fiódor Dostoievski (Moscú, 1821 – San Petesburgo, 1881)
Este gran novelista ruso tuvo una vida muy azarosa e intensa. Su madre murió pronto, por la tuberculosis, dejando  un vacío emocional en Fiódor y sus hermanos; padre, médico y autoritario, murió pronto, deprimido y alcoholizado; al futuro escritor no pareció molestarle mucho, pues lo odiaba. Estudió en un establecimiento militar, de donde se graduó como alférez ingeniero de campo. Fue procesado en 1849, junto con otros amigos intelectuales, por conspiración contra la autoridad del zar, aunque nada era cierto. Se le condenó a muerte, y ya en el patio de fusilamientos se le conmutó la pena por cinco años de trabajos forzados en Siberia en condiciones inhumanas. Su epilepsia, que le hizo sufrir bastante, se vio agravada por estos acontecimientos. Fue indultado y reingresó en el ejército, destinado en la actual Kazajistán. Abandonó el oficio militar definitivamente y se dedicó a la escritura, con alternancia entre éxitos y fracasos. Se casó con la viuda de un compañero de pena en Siberia; luego se casó con su taquígrafa, Anna Snítkina, con la que tuvo varios hijos. Sufrió destierro en varias ocasiones; vivió una temporada en Europa (Alemania, Suiza, Italia). Vivió entre reveses económicos, agravados por cierta tendencia ludópata. Entre todo esto, nos dejó un conjunto de novelas de profunda y sabia escritura. Tras algunos bandazos, se forjó una ideología conservadora, pacifista, muy religiosa, rusófila sin ser nacionalista y atento a las desigualdades sociales. Veamos algunas de sus obras.
Humillados y ofendidos recrea la sociedad rusa de San Petersburgo. El escritor y narrador de la obra, Iván Petrovitch, enamorado de Natalia Nicolaievna, pero a su vez enamorada de otro, por lo que su padre la maldice y expulsa, relata no sólo su vida, sino la de Pedro Valkovski, un príncipe cínico y egoísta, la huérfana Elena (que acaba por morir muy joven de epilespsia), la rica heredera Catalina Fiorodovna y Nicolai Sergueitch Ikmeniev, padre de Natalia. Los sentimientos humanos, las ideas religiosas, el espíritu compasivo de unos, chocan con la codicia tramposa de otros; también la muerte tiene su papel, como espejo donde se refleja la auténtica valía humana de cada uno de ellos. 
El Idiota novela la historia del príncipe Lev Nikoláievich Myshkin, el cual, al igual que Dostoyevski, sufre de epilepsia.[ ]Pasa su infancia en Suiza por el tratamiento. Cuando vuelve a San Petersburgo contacta con la familia del general Iván Fiódorovich Yepanchín, su esposa Lizaveta Prokófievna Yepanchiná, y sus hijas Aleksandra, Adelaida y Aglaya Ivánovna; son parientes lejanos. El príncipe relata su estadía en una pequeña aldea Suiza, su amor por los niños y su compasión por los necesitados. Ama a Aglaya y es correspondido, pero el deseo del príncipe de ayudar a la calculadora Nastasia rompe la relación. Aglaya contrae un matrimonio sin amor y Nastasia es asesinada por su propio marido, harto de sus humillaciones. Myshkin, muy deteriorado, vuelve a Suiza, a una casa de reposo. Los demás le llaman el idiota porque se ríen de él, pero el joven noble sólo busca y da bondad y compasión.
 En Los hermanos Karamazov se plantea un conflicto entre un padre, Fiódor Pávlovich Karamázov, un hombre ridículo y oportunista de 55 años que tiene tres hijos de dos matrimonios. Se rumorea que tiene también un cuarto hijo ilegítimo, Pável Fiódorovich Smerdiakov, a quien contrata como sirviente. Como Fiódor nunca manifestó interés por ninguno de sus hijos, éstos crecieron apartados tanto de él como entre sí. Dmitri, el mayor, discute y amenaza a su padre con la muerte por Agrafena, una Jezebel moderna; y la herencia en disputa. Iván, el primer hijo de la segunda esposa, odia a su padre; es un racionalista ateo que acaba trastornado por el sentimiento de culpabilidad moral por el parricidio de su padre, está enamorado de Katerina, la prometida de su hermano mayor. Alekséi es el hijo pequeño, novicio en el monasterio local, bajo la dirección del monje santón Zosima. De Pável Fiódorovich Smerdiakov se rumorea que es hijo ilegítimo de Fiódor, para quien trabaja como sirviente y cocinero; siente una especial admiración por Iván y comparte su ateísmo; le confiesa que fue él, y no Dmitri, el asesino de Fiódor. 
Crimen y castigo es la novela más universal de Dostoievski, ello gracias a su profundidad psicológica, y al análisis certero de una sociedad y unas personas que, cuando pierden la guía moral, naufragan. La historia narra la vida de Rodión Raskólnikov, un estudiante en la capital de la Rusia Imperial, San Petersburgo. Su vida es humilde y frustrante por la miseria. Se endeuda con una vil y egoísta anciana, la cual ejerce el oficio de prestamista. El joven estudiante, tras muchos debates internos, asesina a la anciana, no con el fin de robarle –regala a una familia desconocida todo su dinero para que entierren al padre–, sino por considerarla un ser humano inútil y parasitario. Raskólnikov se autojustifica moralmente pensando que es un hombre superior, en cuyo caso no ha de sentir ningún tipo de arrepentimiento por su acción. Su evolución psicológica y moral le harán ver lo equivocado de su planteamiento. El joven se entrega a la autoridades aun cuando no existe ninguna prueba contra él y un inocente se ha declarado culpable, víctima de las presiones policiales. Es enviado a las cárceles en Siberia para cumplir su condena y Sonia (prostituta moralmente muy íntegra) se va con él a acompañarlo al presidio, en donde Raskólnikov se da cuenta de que la ama y que quiere terminar su condena para vivir junto a ella. Abdocia, su hermana, logra rechazar el cínico Arcadio Ivánovich Svidrigáilov y se casa con el mejor amigo de su hermano, Dimitri Razumijin. Vemos cómo el sufrimiento moral para purgar egoísmos tiene su recompensa existencial.
El estilo de Dostoienski es directo, preciso y muy elaborado. Profundiza en la mente de sus personajes y nos expone las luces y sombras del alma humana. La bondad tiende a sobreponerse sobre la estulticia y la injustica humanas, demasiado frecuentes.

 

2.2. León Tolstói (Yásnaya Poliana, Rusia ,1828 –Astápovo (ahora Lev Tolstói), 1910)
Noble y rico, este príncipe ruso es uno de los grandes novelistas realistas de la novela realista. Su vida fue agitada; en San Petersburgo contrajo deudas de juego; luego se alistó al ejército y participó en la Guerra de Crimea; pensador y ensayista, desarrolló un pensamiento profundamente religioso cristano, anarquista y pacifista; ya anciano, quiso donar sus extensas posesiones a sus campesinos. Ante la oposición familiar, se separó de su mujer Sofía Behrs (con quien había tenido trece hijos) y huyó en tren, y le alcanzó la muerte en la estación de Astápovo.
Guerra y paz es una de sus más importantes novelas. La trama se desarrolla de 1805 a 1815, durante la invasión napoleónica de Rusia siguiendo la historia entrelazada de cuatro familias nobles: a familia Bezújov (esencialmente Pierre), la familia Bolkonsky (el viejo príncipe Nikolái Andréievich, el príncipe Andréi, la princesa María), la familia Rostov (el conde Iliá Andréievich, Natasha, Nikolái) y laa familia Kuraguin (Elena y Anatoly). También aparecen los personajes históricos Napoleón I, el emperador ruso Alejandro I y el general Kutúzov. La trama se mueve en torno a las acciones y sentimientos del príncipe Andréi, inteligente y erudito aunque descontento, y enamorado de Natasha; el conde Pierre Bezújov, el heredero de una fortuna vasta y amigo del príncipe Andréi; es masón y tiene inquietudes intelectuales; y la condesa Natasha Rostova, una joven bellísima y simpática, de una familia con muchas deudas. Tolstoi hace un prólogo con la batalla de Austerlitz, la guerra de Rusia de 1812 y la derrota de los ejércitos franceses después de la ocupación de Moscú; la paz postnapoleónica cierra la obra. Entremedio, quedan plasmados la vida de la alta sociedad rusa, con sus bailes y sus reuniones sociales buscando marido o amistades de conveniencia para solventar los problemas venideros, pues todos intuyen que la invasión francesa acarreará. Tolstói vierte abundantemente sus propias opiniones sobre la historia, la guerra, la filosofía y la religión.
Ana Karenina es la otra gran novela de Tolstói. La protagonista que da título a la obra es la noble, bella y frívola Ana Karénina. Está casada con Alekséi Karenin y tienen un hijo, Seriozha, pero se enamora de Vronsky, con quien tiene una hija, Ana. Lyovin vive tranquilo en su granja rural y al fin se casa con Kitty, cuñada de Ana. Anna y Vronsky viajan a Europa y allí tratan de ser aceptados por la sociedad pese a no ser esposos, pero no logran relacionarse con los rusos residentes en el extranjero al no estar casados, cayendo en el aburrimiento y el tedio. Vuelven a San Petersburgo, pero ella es rechazada; se van a vivir al campo, en la casa familiar de Vronsky, pero Anna no logra ser feliz a pesar de la riqueza y la ostentación en la que vive y establecerse en la vasta finca familiar de éste. Los celos, infundados, la corroen. De vuelta a Moscú, ella se suicida y Vronsky se va voluntario a la guerra de Serbia contra Turquía. La obra se cierra con la vida campestre y feliz de Lyovin (más o menos identificable con Tolstói) y su esposa Kitty; perfecciona su espíritu con la bondad y la simplicidad de la existencia en plena naturaleza.
Tolstoi crea complejas y sutiles arquitecturas narrativas. Sus personajes son muy plásticos e impactantes. Escribe con naturalidad y precisión, llevando al lector a un mundo ruso con claroscuros chocantes antes de la revolución bolchevique.
3. INGLATERRA: CHARLES DICKENS (Portsmouth, Inglaterra, 1812 – Gads Hill Place, 1870)
Charles Dickens es el mejor novelista inglés del realismo. Tuvo una infancia dura: su padre ingresó en la cárcel por deudas, y allí vivía con toda su familia, excepto el joven Charles que, a los doce años, comenzó a trabajar doce horas diarias por un sueldo ridículo de subsistencia en una fábrica de betún para calzado. Su formación es autodidacta. Luego ejerció de pasante en un despacho; ejerció otros trabajos en imprentas y editoriales, hasta acabar en el periodismo. Se casó y tuvo diez hijos, aunque se divorció en 1558, dos años después de comprar la casa donde vivió hasta el final de su vida. Se salvó de milagro en un grave accidente de ferrocarril, aunque le quedaron secuelas. Daba conferencias por Inglaterra y Estados Unidos y realizó el correspondiente viaje a Francia e Italia. Murió de una apoplejía en la cima de su popularidad.
Oliver Twist es un pequeño huérfano que ha perdido a ambos padres. Pasa sus primeros años en el asilo de la señora Mann, donde pasa mucha hambre. Los niños deciden entonces jugar a quién de ellos pedirá más comida y Oliver resulta ser el elegido. En la cena de esa noche, después de su ración normal, se dirige al director del orfanato y le pide más comida. Debido a este episodio es tachado de problemático por el Sr. Bumble, el bedel y el director, quien lo ofrece como aprendiz a cualquiera que lo quiera contratar. Así, Oliver se convierte en aprendiz del enterrador Sowerberry; sin embargo, se pelea con un empleado del enterrador y decide escapar a Londres. En las afueras de la ciudad, cansado y hambriento, conoce a Jack Dawkins, quien le ofrece un lugar donde hospedarse en Londres. Lleno de inocencia, Oliver se ve inmerso en el mundo del hampa londinense y se encuentra en medio de una banda de chicos carteristas, dirigida por el malvado Fagin. Un anciano de su bloque de vivienda lo acusa de un robo que no ha cometido, pero resulta que ese señor es el único pariente vivo de Oliver, que recibirá la herencia y abandona la pobreza. Londres es descrito como una sucesión de laberínticas calles y callejones, patios por lo que Oliver es arrastrado, y en los que percibe la pobreza, la suciedad o la delincuencia. En esa ciudad, conoce a una mujer llamada Nancy, quien se gana la vida en la calle.
David Copperfield es su novela más autobiográfica. David Copperfield cuenta su propia vida, desde su nacimiento hasta su edad madura, y de aquellos que le rodearon, para bien o para mal. Inicia el día en que nació, cuando su padre ya había fallecido. Clara era el nombre de su madre, y el de su niñera también, aunque ésta es llamada en todo el relato por su nombre familiar Pegotty. Clara se vuelve a casar cuando Copperfield tiene alrededor de siete años, con el Señor Murdstone, un tipo severo; luego lo envían a vivir una temporada con la familia de Pegotty, unos humildes pescadores que viven en un barco. Cuando regresa a su casa, queda evidenciado que un niño no cabía dentro de aquel sistema, un día David muerde a Murdstone, este le castiga y le envía a una escuela lejos de su madre. Dicha escuela es dirigida por Mr. Creakle, un tipo déspota cuyo sistema de educación eran las tundas a sus alumnos. Clara es infeliz y fallece algunos meses después, seguida por su recién nacido hijo. David queda abandonado a su suerte desde entonces, ya no vuelve a la escuela. Su padrastro lo envía trabajar a un negocio del que es socio. Es alojado cerca de su trabajo por la familia Micawber, cuyas penalidades económicas David comparte por algún tiempo. Pronto se escapa en busca de su tía abuela Betsy Trotwood, en una lastimera travesía. Asiste a la escuela por un tiempo; luego trabaja como aprendiz de procurador, donde conoce a la hija de su empleador, Dora Spenlow, de quien se enamora. Se casa con ella, pero poco tiempo después esta se enferma, y comprende que fue un error casarse. David se da cuenta de que siempre estuvo enamorado de Agnes  se casan y deja la profesión de abogado para ser escritor.
Grandes esperanzas es otra gran creación de dickeniana. Philip Pirrip, mejor conocido como “Pip”, un niño que vive con su hermana y su cuñado después de la muerte de sus padres, conoce a un viejo convicto que había escapado de un barco-prisión mientras visitaba la tumba de sus progenitores, y le ayuda con comida y ropas. Después de dos años, Pip es mandado a la casa de la Señorita Havisham, una mujer de mediana edad, para que pueda jugar cartas y entretenerla. Allí el joven Pip conoció a Estella, de quien se enamora. Lo  preparan para trabajar como un herrero, tal cual como su cuñado, Joe. Un anónimo benefactor le paga una estancia en Londres para convertirse en caballero. Una noche lo visitó un viejo en la habitación, el cual se presentó como Abel Magwitch, al cual Pip reconoció en el acto: el viejo convicto que había visto en el cementerio cuando era un niño. Pip se aterró aún más cuando sospechó toda la verdad. Abel Magwitch era su benefactor. Con el tiempo Magwitch tenía que dejar Inglaterra ya que su vida peligraba, Compeyson (el otro convicto con quien Abel estaba peleando cuando Pip era niño) lo estaba buscando por toda la ciudad. Herbert y Pip planearon la huida a través de un barco, pero fracasan. Finalmente Abel Magwitch fue sentenciado a la horca, aunque no muere sentenciado. Pip regresa a su pueblo, tras haber recibido la visita reciente de Joe. Allí se lleva una gran sorpresa: Joe y Biddy (chica que le había gustado mucho) se habían casado y, además, habían tenido un niño llamado como él (Pip) y una niña. Decide ir a la antigua casa de la Señora Havisham y allí, se encontró por casualidad con Estella, ya viuda; reconocen su amor. Lo último que se sabe de Pip es que se encuentra en Barbados viviendo al estilo inglés.
Cuento de Navidad es un relato corto, pero intenso y emotivo. El protagonista es el señor Ebenezer Scrooge, un hombre avaro y tacaño que no celebra la fiesta de Navidad a causa de su solitaria vida y su adicción al trabajo. No le importan los demás, ni siquiera su empleado Bob Cratchit. Una noche, en víspera de Navidad, Scrooge recibe la visita de un fantasma que resulta ser el de su mejor amigo y socio Jacob Marley, muerto siete años antes del inicio de la historia. Le anuncia la visita de tres espíritus de la Navidad, que le darán la última oportunidad de salvarse. Scrooge no se asusta y desafía la predicción. El Fantasma de la Navidad Pasada, que irradia luz y que parece un niño, le muestra a su sobrino, Fred, hijo de su hermana difunta. El chico se había vuelto rico y ya no le importaba la Navidad. Luego llega el Fantasma de las Navidades del Presente que le hace ver al avaro la actual situación de la familia de su empleado Bob Cratchit, que a pesar de su pobreza y de la enfermedad de su hijo Tim, celebra la navidad. El Fantasma de la Navidad Futura, mudo y de carácter sombrío, le muestra lo más desgarrador: el destino infernal de los avaros. Horrorizado, Scrooge intenta convencer al espíritu de que está dispuesto a cambiar si le invierte el destino. Al final, el avaro despierta de su pesadilla y se convierte en un hombre generoso y amable, especialmente con Cratchit y su hijo enfermo.
Con un alto dominio del lenguaje y de las situaciones narrativas, Dickens legó a la posteridad profundas novelas llenas de verdad y con un sentido moral.
5.4. NORTEAMÉRICA: EDGAR ALLAN POE (Boston, EEUU, 1809 – Baltimore, 1849) 
Poe es más romántico que realista por su cronología, aunque por sus temas, estilo y tratamiento, es precursor del realismo. Escribió poesía (es muy conocido ”El cuervo”, poema dialogado entre el poeta y el ave en el que reflexiona sobre la escritura literaria, la autoconciencia artística y la necesidad del trabajo consciente para lograr la perfección), ensayos, una novela bastantes relatos cortos. Su vida está llena de paradojas y misterios, como ocurre en muchos de sus cuentos. Huérfano de niño, fue recogido por una familia acaudalada, pero acabaron a mal. Pasó por la academia militar de West Point, por la universidad de Virginia, etc., pero no logró terminar sus estudios ni encontrar una profesión estable. Se dedicó al periodismo, pero por diversas razones, abandonaba sus trabajos. Se casó en 1835 con una prima (Virginia, 13 años) cuando alcanzó los 26 años; no tuvieron hijos y ella murió de tuberculosis en 1847; Poe se sumió en la desesperación y el abatimiento. Su carácter era inestable, y pasaba de creerse una persona talentosa y genial a sumirse en la agonía del alcohol, sobre todo tras la muerte de su esposa. Fue muy conocido en vida, igualmente alabado y despreciado como escritor. Fue recogido por un amigo cuando deambulaba, como enajenado, con ropa ajena, por las calles de Baltimore. Los informes médicos, la autopsia y el certificado de defunción desaparecieron.
Poe es autor de una única novela: La narración de Arthur Gordon Pym (1838). Se trata de un relato de aventuras marineras de tipo episódico, centrado en su intrépido protagonista; se encuentran ecos  del holandés errante, Robinson Crusoe, etc. El texto tiene muchos detalles macabros y acaba con un final ambiguo y confuso, pues parece que el protagonista muere, aunque es acogido por una figura humana gigante blanca como la nieve.
Sus cuentos le han proporcionado prestigio y fama. El escritor argentino Julio Cortázar, su principal traductor al español, ordena sus cuentos  por temas: de terror; sobrenaturales; metafísicos; analíticos; de anticipación y retrospección; paisajísticos; y grotescos y satíricos.
a) Cuentos macabros, de terror o góticos: “El gato negro”. Es la parte de su obra más conocida y propiamente genuina]; compatibiliza lo gótico con la plausibilidad psicológica, logrando elevar el género a la categoría de gran arte. Otros relatos célebres son “El barril de amontillado“, “El pozo y el péndulo“, “La caída de la casa Usher“, “Ligeia“, “Manuscrito encontrado en una botella” y “Un descenso al Maelstrom” etc. Tienen un contenido onírico, simbólico, de terror cerebral, asociado hacia ciertas manifestaciones sádicas (que Poe, al parecer, manifestó). Se ha asociado estos cuentos con la corriente del “romanticismo oscuro”.
b)Detectivescos: “Los crímenes de la calle Morgue”. Poe igualmente dio origen al relato de detectives por medio de sus cuentos analíticos y de misterio: “La carta robada“, “Los crímenes de la calle Morgue“, “El escarabajo de oro” y “El misterio de Marie Rogêt“. Su técnica narrativa hace que nos sintamos detectives y que participemos, con cierto vértigo, de descubrimientos desagradables que conducen al asesino. 
c) De ciencia-ficción: “Von Kempelen y su descubrimiento”. El bostoniano dio asimismo un significativo impulso al género emergente de la ciencia-ficción, respondiendo así a los recientes avances científicos y tecnológicos, como el globo aerostático, en su cuento “El camelo del globo”; otros cuentos de este grupo son “Von Kempelen y su descubrimiento”, []La verdad en el caso del Sr. Valdemar“, “Manuscrito hallado en una botella“… 
d) Satíricos y poéticos: “Metzengerstein”. El escritor dedicó asimismo muchos relatos a la sátira, al humor e incluso la mistificación humorística (patraña). Para crear el efecto cómico, solía servirse de la ironía y la extravagancia absurda, en un intento de poner coto al conformismo ideológico del lector. Así, “Metzengerstein“, su primer cuento publicado, La sátira en cuentos como “El timo considerado como una de las ciencias exactas”, “El hombre de negocios” o “Los anteojos” se transforma en desprecio.
Mención aparte merecen sus relatos de corte poético y metafísico, muchos de ellos auténticos poemas en prosa, de acendradas virtudes estéticas: “La conversación de Eiros y Charmion“, “El coloquio de Monos y Una“, “El alce”, “La isla del hada”, “Silencio”, “Sombra”, etc.
“El cuervo” (1845)
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 

Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.
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Sucinta Historia de la Literatura Universal (4). El movimiento romántico

TEMA 4. EL MOVIMIENTO ROMÁNTICO
1. Lírica romántica: Lord Byron, W. Goethe, J. Keats
2. Novela histórica: Walter Scott
3. Textos para el análisis de Byron y Keats
——————————————————————————
1. LÍRICA ROMÁNTICA: LORD BYRON, GOETHE, KEATS
1.1. Caracterización del Romanticismo
Se entiende por Romanticismo el movimiento cultural, ideológico y social que se extiende por Europa en la primera mitad del siglo XIX; supuso una ruptura con los supuestos del racionalismo y de la ilustración del siglo XVIII, al tiempo que reivindican la libertad individual y el valor de los sentimientos en todos los órdenes de la vida, no sólo en el creativo. Sus rasgos definitorios son los siguientes:
+La filosofía dominante es el idealismo (sobre todo, alemán), de Schelling, Fitche y Hegel: las ideas existen y rigen la realidad; también se denomina inmaterialismo; niega la existencia de las cosas mismas, sin estar ligadas a la conciencia humana.
+Indagan individualmente en su mundo emocional interior, más allá de lo que la razón pueda explicar. De ahí que los sentimientos, la fantasía, la imaginación, el instinto y la libertad sean las líneas rectoras de su actitud existencial y artística. Ante la falta de soluciones, esto les suele llevar a un estado de angustia, malestar y desengaño melancólico, lo que se llamó “mal del siglo”.
+Está asociado al liberalismo, pensamiento político que defiende las libertades individuales, la soberanía popular, la instauración de derechos básicos humanos y el recorte del poder del Estado. Tiene que ver con la ascensión de la burguesía como clase social dominante (en lo económico y lo político) y la aparición del proletariado a raíz de la revolución industrial.
1.2.  Notas definitorias de la literatura romántica
El espíritu romántico se acomodó muy bien a la literatura (también a la pintura y la música), cuyas notas dominantes son las siguientes:
*Libertad creativa: se rechaza el “canon” anterior y se deja a un lado las normas clásicas aristotélicas. Cada artista ha de buscar su propio molde artístico según su genio, no según las normas o reglas heredadas.
*Individualismo: El “yo” del artista (poeta, normalmente) es exaltado y pasa a ser el foco temático de la obra literaria. El subjetivismo se eleva a constante creativa.
*Reivindicación de la naturaleza, apreciada como algo más que un elemento decorativo. Seleccionan los paisajes y elementos naturales que mejor se avienen con su estado anímico.
*Deseo de evasión (en el espacio y el tiempo), provocado por la insatisfacción y amargura con la realidad cotidiana en la que se desenvuelven, en la que no realizan sus anhelos.
*Reivindicación de lo propio y característico de cada cultura; de aquí surgen los nacionalismos y la atención a la historia nacional.
*Se cultivan los tres géneros literarios: narrativa (en prosa y poesía), teatro y, sobre todo, poesía.
1.3. George Gordon, lord Byron (Londres, 1788- Grecia, 1824) 
La vida de este escritor inglés es la mejor imagen del Romanticismo: amores turbulentos y oscuros, viajero incansable (estuvo en España, donde rechazó la invasión francesa), defensor de la libertad de los pueblos y de las personas, aventurero y luchador por causas revolucionarios. De hecho, murió (aunque no en el campo de batalla) en Grecia, donde participaba en la guerra griega contra la dominación otomana. Padecía una cojera innata y cierta propensión a la enfermedad, lo que superó con gran tenacidad y espíritu temerario; algunos piensan que padecía bipolaridad. Poseía una notable capacidad de trabajo, lo que explica la larga lista de obras que publicó y su influjo en otros escritores románticos europeos.
Don Juan es su obra más conocida. Se trata de un largo poema inacabado basado en la figura del seductor español. La obra comienza en Sevilla, donde nació el conquistador, en un tiempo indeterminado; tras una primera seducción se aleja de su ciudad y, con su criado,  viaja por Turquía, Rusia e Inglaterra, donde va coleccionando mujeres que lo seducen a él en situaciones más o menos cortesanas. La última de la que se enamora es la duquesa de Fitz-Fulke. El conjunto del poema es satírico, con un fondo irónicamente épico. Contiene una crítica social dentro del marco romántico. 
El Corsario es un poema que cuenta la vida del pirata Conrado, valiente y generoso; libera a esclavos y lucha contra tiranos; su destino hace que su mujer se suicide y él mismo, desesperado, desaparece del mapa, quedando en el aire su situación ¿muerto, retirado a un lugar solitario? 
El drama Sardanapalus tuvo bastante éxito; narra el trágico fin de este legendario rey de Asiria, que, vio escapar su poder a consecuencia de una conspiración; ante el fin inminente, eligió arrojarse en compañía de su favorita, Myrrha, una esclava, a las llamas de una gigantesca hoguera. 
Su poesía refleja muy bien el espíritu romántico en sus aspectos de rebeldía y disconformidad, seguido de una cierta melancólica decepción. Es muy representativo de ello una de sus últimas composiciones “Al cumplir mis treinta y seis años”, donde cierra el poema con estos emotivos versos en los que se aprecia la llegada de la muerte: 
¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?

Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.

Más no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.

Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?

¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá

Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!

Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.

¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.

Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.

Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.

Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz. 
1.4. Johann Wolfgang Goethe (Fráncfurt, Alemania,1767 – Weimar, 1832)
Es el más importante poeta romántico alemán. Hombre muy inteligente y culto, estudió derecho, aunque no lo ejerció. Toda su vida adulta fue consejero del príncipe Carlos Augusto, duque de Weimar (capital de un ducado alemán). Participó en el movimiento romántico alemán “Sturm und Drang” (“Tempestad y Empuje”). Un viaje de dos años a Italia, en el que estudió a fondo la cultura latina y la italiana, fue decisivo en sus concepciones artísticas. Abandonó los postulados románticos y abrazó el clasicismo armónico, bello y marmóreo.
De su etapa decididamente romántica (1767-1785) se recuerda Las desventuras del joven Werther; novela epistolar, recoge las angustias amorosas del joven del mismo nombre, que acaba por suicidarse ante su fracaso amoroso por Lotte, que estaba prometida y se casa con Albert. 
En su segundo ciclo creativo, más clásico, marcado por su viaje a Italia, escribe piezas teatrales como Ifigenia en Táuride, recreación de la obra de Eurípides; Ifigenia ayuda a su hermano Orestes a matar a su madre y a su amante; luego, han de llevar una estatua de la diosa Artemisa al Ática; Orestes recupera el trono de su padre en Micenas. Un poemario importante es Elegías romanas; diversos poemas cantan a la vida, al deseo de felicidad, y lamentan los momentos de desesperación, superables por el amor y la belleza.
La etapa final de Goethe (1806-1832) viene marcada por obras como la novela Las afinidades electivas, donde la pareja de Eduard y Charlotte ve alterado su mundo previsible con la llegada del capitán y de Ottilie, una joven bella relacionada familiarmente con Charlotte. La pasión que surge entre ésta y Eduard altera radicalmente las convenciones sociales impuestas y amenaza con la destrucción del orden previsto, pues es incontrolable. La melancolía, ese mal tan romántico, hace que primero muera ella y luego él. También escribió un texto autobiográfico profundo, denso y bello, Viajes italianos; está lleno de descripciones minuciosas de todo lo que vio y contempló (paisajes, edificios, campiña, ciudades, museos llenos de magníficas obras de arte), pues era un gran admirador de Italia. También posee carácter autobiográfico Poesía y verdad. Sin embargo, su obra más perdurable es el drama Fausto, cuya composición le llevó muchos años; el doctor Fausto hace un pacto con el diablo, Mefistóteles, que le concede una segunda vida y sus servicios para que Fausto adquiera todo el conocimiento y experiencias que desee a cambio de que, al final, le entregue su alma; sin embargo, un coro de ángeles, in extremis, salvan al doctor de ir a los infiernos.
Dos poemas, “La violeta” y “Elegías romanas, VII”, nos dan la medida de su enorme talento:
La violeta

En la pradera una violeta había
encorvada y perdida entre la yerba,
con todo y ser una gentil violeta.
Una linda pastora,
con leve paso y desenfado alegre,
llegó cruzando por el prado verde,
y este canto se escapa de su boca:

-¡Ay! Si yo fuera -la violeta dice-
la flor más bella de las flores todas…,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!
¡Ah, mi reinado es breve en demasía;
tan solo un cuarto de hora!
En tanto que cantaba, la doncella,
sin fijarse en la pobre violetilla,
hollóla con sus pies hasta aplastarla.

Y al sucumbir, pensó la florecilla,
todavía con orgullo:
-Es ella, al menos,
quien la muerte me da con sus pies lindos,
no me ha sido del todo el sino adverso.
Elegías Romanas, VII

 

¡Qué contento me siento en Roma! Recuerdo los tiempos,

allá en el norte, en que me rodeaba un día gris,

turbio y duro el cielo pesaba sobre mi cabeza,

el mundo sin forma y sin color yacía exhausto,

y yo sobre mi yo, caía en la contemplación

de los senderos lúgubres del espíritu insatisfecho.

Ahora alumbra mi frente el resplandor del claro éter,

el dios Febo  convoca las formas y los colores.

La claridad de los astros resplandece en la noche

y resuenan suaves canciones, aquí la luna

me alumbra con más claridad que el sol del día nórdico.

¡Qué dicha para un mortal! ¿Sueño? ¿Me has recibido

en tu casa de ambrosía, Júpiter, padre y anfitrión?

Ay, yazgo aquí y tiendo a tus rodillas mis manos

implorantes. ¡Escúchame, oh Júpiter Xenius!

No sé cómo llegué hasta aquí. Tomó Hebe

al peregrino y me introdujo a tus umbrales.

¿Le ordenaste que bajara y llevara al héroe hasta ti?

¿Se equivocó la bella? ¡Perdón! Deja que saque provecho

de ese error. Y tu hija Fortuna también reparte

los grandiosos dones, como una muchacha, conforme a su capricho.

¿O no eres el dios de la hospitalidad? ¡No arrojes

entonces al amigable huésped de tu Olimpo, no lo lances

de nuevo a la tierra! “¡Poeta! ¿Adónde crees que subes?”

¡Perdóname! La colina del Capitolio  es tu segundo Olimpo.

Tolera mi presencia aquí, Júpiter, que ya más tarde

Hermes me hará descender con lentitud al Orco,

pasando por el monumento de Cestius.
1.5. John Keats (Londres, 1795 – 1821)
Huérfano de padre desde niño, Keats encontró en la casa de una de sus abuelas una buena escuela; antes de los quince años ya estaba empapado de clásicos y traducía a Virgilio. Realizó estudios de cirujano en la primera década del 1800. John dedicó cada vez más y más tiempo al estudio de la literatura y, aunque se graduó en Farmacia, sólo ejerció dos años, tras los cuales se entregó por completo a la poesía. Tras finalizar su poema épico Endymion, mal recibido por la crítica, como antes lo había hecho con sus Poemas,  lo que le afectó negativamente, Keats inició un viaje por Escocia e Irlanda. Viajó a Italia en busca de un clima más benigno, pero murió en febrero de 1821, al lado de la romana plaza de España.
En honor a su amigo, Shelley, otro gran poeta romántico inglés, escribió su poema Adonaïs, del que ofrecemos las tres primeras estrofas:
I
Murió Adonais y por su muerte lloro.
Llorad por Adonais, aunque las lágrimas
no deshagan la escarcha que les cubre.
Y tú, su hora fatal, la que, entre todas,
fuiste elegida para nuestro daño,
despierta a tus oscuras compañeras,
muéstrales tu tristeza y di: conmigo
murió Adonais, y en tanto que el futuro
a olvidar al pasado no se atreva,
perdurarán su fama y su destino
como una luz y un eco eternamente.

II

Oh poderosa madre, ¿dónde estabas
cuando él murió, cuando cayó tu hijo
bajo las flechas que lo oscuro cruzan?
¿En dónde estaba la perdida Urania,
cuando él murió?… Con sus velados ojos
permanecía atenta entre los Ecos,
allá en su Edén… De nuevo vida daba
alguien, con suave y amoroso aliento,
a todas las marchitas melodías,
con las que, como flores que se mofan
del sepulto cadáver, adornaba
el futuro volumen de la muerte.

III

Llora por Adonais puesto que ha muerto.
Oh madre melancólica, despierta,
despierta y vela y llora todavía.
Apaga cerca de su ardiente lecho
tus encendidas lágrimas y deja
que tu clamante corazón, lo mismo
que el suyo, guarde un impasible sueño.
El cayó ya en el hueco a donde todo
cuanto hermoso y noble descendiera.
No sueñes, ay, que el amoroso abismo
te lo devuelva al aire de la vida.
Su muda voz la devoró la muerte,
que ahora se ríe al vernos sin consuelo.

 

El cuerpo de Keats está enterrado en el cementerio protestante de Roma; sobre su lápida, según quería que fuera su epitafio, se lee «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua».
En su corta vida, Keats compuso dos poemas mitológicos: Endimión e Hiperión. Endimión es un pastor amado por Selena, la deidad de la luna, que le corresponde. El chico baja al inframundo y sube al monte Olimpo en busca de su amada y un conjunto de odas de extrema calidad y perfección. Hiperión a veces se indentifica con un titán, a veces con el dios de la observación, pues mora en las alturas; los titanes son dioses previos a los del Olimpo griego. Keats cuenta la caída de estos formidables seres, aunque Hiperión conserva su poder en su palacio; la contemplación de la divinidad Mnemosine lo deifica por completo; el poema se interrumpe abruptamente.
Sus odas son más célebres y reflejan los sentimientos de un poeta que quería fundirse en las cosas y poetizarlas, lo que él llamaba “capacidad negativa”, es decir, olvidarse de sí mismo y vehiculizar la expresión poética de la multiforme realidad. Son piezas clásicas de la literatura inglesa, que aparecieron en el tercero y mejor de sus libros, Lamia, Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas (1820). Se trata de un tributo a una diosa que, aparentemente, no tuvo un gran culto en la Grecia Antigua; Keats promete a Psique construirle un santuario. “Oda a una urna griega”, intenta hablar con una urna que descubre en un museo, sorprendido por el misterio suspendido en la eternidad de lo que revela; la urna le responde con las palabras siguientes «la belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es todo… lo que necesitas saber».
Las más conocidas es “Oda a un ruiseñor”, tal vez su mejor poema, que a continuación se ofrece:
Me duele el corazón y aqueja un soñoliento
torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido
cicuta o apurado algún fuerte narcótico
ahora mismo, y me hundiese en el Leteo:
no porque sienta envidia de tu sino feliz,
sino por excesiva ventura en tu ventura,
tú que, Dríada alada de los árboles,
en alguna maraña melodiosa
de los verdes hayales y las sombras sin cuento,
a plena voz le cantas al estío.

¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo
refrescado en la tierra profunda,
sabiendo a Flora y a los campos verdes,
a danza y canción provenzal y a soleada alegría!
¡Quién un vaso me diera del Sur cálido,
colmado de hipocrás rosado y verdadero,
con bullir en su borde de enlazadas burbujas
y mi boca de púrpura teñida;
beber y, sin ser visto, abandonar el mundo
y perderme contigo en las sombras del bosque!

A lo lejos perderme, disiparme, olvidar
lo que entre ramas no supiste nunca:
la fatiga, la fiebre y el enojo de donde,
uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan,
y sacude el temblor postreras canas tristes;
donde la juventud, flaca y pálida, muere;
donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza
y esas desesperanzas con párpados de plomo;
donde sus ojos claros no guarda la hermosura
sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
no en el carro de Baco y con sus leopardos,
sino en las invisibles alas de la Poesía,
aunque la mente obtusa vacile y se detenga.
¡Contigo ya! Tierna es la noche
y tal vez en su trono esté la Luna Reina
y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas;
pero aquí no hay más luces
que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas
sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.

Entre sombras escucho; y si yo tantas veces
casi me enamoré de la apacible Muerte
y le di dulces nombres en versos pensativos,
para que se llevara por los aires mi aliento
tranquilo; más que nunca morir parece amable,
extinguirse sin pena, a medianoche,
en tanto tú derramas toda el alma
en ese arrobamiento.
Cantarías aún, mas ya no te oiría:
para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.

Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal!
No habrá gentes hambrientas que te humillen;
la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída
por el emperador, antaño, y por el rústico;
tal vez el mismo canto llegó al corazón triste
de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra,
por las extrañas mieses se detuvo, llorando;
el mismo que hechizara a menudo los mágicos
ventanales, abiertos sobre espumas de mares
azarosos, en tierras de hadas y de olvido.

¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla
y me aleja de ti, hacia mis soledades.
¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien
como la fama reza, elfo de engaño.
¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga
más allá de esos prados, sobre el callado arroyo,
por encima del monte, y luego se sepulta
entre avenidas del vecino valle.
¿Era visión o sueño?
Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?
 
El yo lírico se eleva entre los árboles, con las alas de la palabra poética, para reunirse con el ruiseñor que allí canta; eso le sirve para comparar la naturaleza eterna y transcendental de los ideales con la fugacidad del mundo físico: el poeta, que se siente morir, ansía esa eternidad.
2. NOVELA HISTÓRICA: WATER SCOTT
2.1. La novela histórica y el Romanticismo
La novela se cultivó con intensidad en la Europa romántica, tanto en su faceta sentimental, como en la histórica. Esta última encajaba muy bien con el espíritu de evasión romántica en el tiempo hacia épocas mitificadas, como la Edad Media. Los narradores románticos tomaron personajes medievales y los elevaron a categoría de héroes, apasionados y melodramáticos, como a ellos y a su público lector les gustaba imaginarlos. 
La novela romántica floreció en Francia — René de Chateaubriand (Atala, René), Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros), Víctor Hugo (Nuestra Señora de París, Los Miserables)–, en Italia –Alessandro Manzoni (Los novios)–, Rusia –Pushkin (La dama de picas)–, etc. En España, su correlato es Bécquer con sus Leyendas, y E. Gil y Carrasco con El señor de Bembibre.
2.2. Walter Scott (Edimburgo, 1771 – Melrose, Escocia, 1832)
Aunque estudió abogacía, como su padre, se dedicó a la edición de libros y la escritura creativa, tanto en poesía como en prosa. Un ataque de polio lo dejó cojo de por vida, pero no le afectó en su prolífica producción.  Una de sus primeras novelas, muy exitosa, fue Waverley; cuenta la historia de Waverley, personaje con el corazón dividido en las guerras británicas y escocesas en la década de 1740. Su padre fue fiel a los Hannover y luchará en el bando inglés pero fue criado por unos tíos muy escoceses. Hay, además, dos mujeres, la novia inglesa y la patriota escocesa. Cambia dos veces de bando, los ingleses vencen y Waverley es perdonado y se casa con la novia. El tema central de la obra es la historia de Escocia, ya que aparecen escenarios y costumbres de este país en un ambiente verosímil, pues el autor se había documentado. 
Peveril del Piko recrea la vida de dos familias amigas pero de ideas políticas contrarias, alrededor del “Complot papal” que ocurrió en Inglaterra en 1678. El matrimonio entre el hijo de Geofrey Peveril, Julian, y la hija de Major Bridgenorth, Alice, arreglará las cosas tras múltiples y peligrosas aventuras. 
Quentin Durward cuenta la historia del arquero escocés del mismo nombre al servicio del rey francés Luis XI (siglo XV); las peripecias bélicas se mezclan con las sentimentales y, tras lances peligrosos, el soldado alcanza la mano de la noble y rica Isabelle de Croye, que se había refugiado en la corte del rey francés huyendo de un matrimonio impuesto y no deseado.
Su novela más famosa es la histórica Ivanhoe, ambientada en la Inglaterra del siglo XII. Ivanhoe es hijo de sir Cedric, un caudillo sajón, cuyo deseo es restaurar el trono de Inglaterra en la estirpe sajona, aunque en ese momento, Inglaterra está dominada por los normandos. El deseo general era que Ricardo Corazón de León uniera para siempre a los normandos y sajones en un mismo reino, cosa difícil porque el rey ha sido hecho prisionero cuando volvía de las cruzadas. Ivanhoe, tras regresar de la cruzada, entra en un torneo de caballeros en Ashby de la Zouche y oculta su identidad haciéndose llamar «Caballero Desheredado» (su padre lo había desterrado al conocer sus amoríos con lady Rowena), vence a todos sus oponentes, incluso al templario Bois-Guilbert, quien promete vengarse. Al recibir el premio del torneo, descubre a los presentes que es Ivanhoe. En el torneo es herido y luego puesto a los cuidados de la judía Rebeca, que se enamora perdidamente de él, pero él no le presta atención. A su vez, Rebeca es pretendida por el caballero Bois-Guilbert. Ivanhoe lleva su particular cruzada contra Juan Sin Tierra, pérfido hermano de Ricardo, que aprovecha la ausencia de su hermano para gozar del trono. Por eso, recibe la ayuda de Robin de Locksley, el futuro Robin Hood.
4. POEMAS OBJETO DE LECTURA Y ESTUDIO
4.1. POEMAS DE LORD BYRON 
«No volveremos a vagar» 
Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues así como la espada gasta su vaina,
Y el alma consume el pecho,
Asimismo el corazón debe detenerse a respirar,
E incluso el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
Y los días vuelven demasiado pronto,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.
«Camina bella» 
Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.

Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
«Oscuridad» 
Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.
«Cuando nos separamos» 
Cuando nos separamos
en silencio y con lágrimas,
con el corazón medio roto,
para apartarnos por años,
tu mejilla se tornó pálida y fría
y tu beso aún más frío…
Aquella hora predijo
en verdad todo este dolor.
El rocío de la mañana
resbaló frío por mi frente
y fue como un anuncio
de lo que ahora siento.

Tus juramentos se han roto
y tu fama ya es muy frágil;
cuando escucho tu nombre
comparto su vergüenza.
Cuando te nombran delante de mí,
un toque lúgubre llega a mi oído
y un estremecimiento me sacude.
¿Por qué te quise tanto?
Aquellos que te conocen bien
no saben que te conocí:
Por mucho, mucho tiempo
habré de arrepentirme de ti
tan hondamente,
que no puedo expresarlo.

En secreto nos encontramos,
y en silencio me lamento
de que tu corazón pueda olvidar
y tu espíritu engañarme.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¿cómo habría de saludarte?
¡Con silencio y con lágrimas!
 
«En un álbum» 
Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.
4.2. POEMAS DE JOHN KEYTS 
«Oda sobre una urna griega» 
1
Tú todavía inviolada novia del sosiego,
criatura nutrida de silencio y tiempo despacioso,
silvestre narradora que así puedes contar
una historia florida con dulzura mayor que nuestro canto.
¿Qué leyenda orlada de hojas evoca tu figura
con dioses o mortales o con ambos,
en Tempe o en los valles de Arcadia?
¿Qué hombres o qué dioses aparecen? ¿Qué rebeldes doncellas?
¿Qué loca persecución? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué caramillos y panderos? ¿Qué éxtasis salvaje?

2
Dulces son las oídas melodías, pero las inoídas
son más dulces aún; sonad entonces suaves caramillos
no al oído carnal, sino, más seductores,
dejad que oiga el espíritu tonadas sin sonido.
Hermoso adolescente, bajo los árboles, no puedes
suspender tu canción ni nunca quedarán los árboles desnudos;
amante audaz, no alcanzarás el beso
tan cercano, mas no penes;
ella no puede marchitarse, aunque no se consume tu deseo,
para siempre amarás y ella será hermosa.
3
Ah ramas felicísimas que no podréis nunca
esparcir vuestras hojas ni abandonar jamás la primavera;
y tú, oh músico feliz, infatigable,
que modulas sin término canciones siempre nuevas;
y más feliz amor y más y más feliz amor,
entre el deseo para siempre y la inminencia de la posesión,
entre el aliento jadeante y la perpetua juventud.
Todo respira mucho más arriba que la pasión del hombre
que deja el corazón hastiado y dolorido,
y una frente febril y una boca abrasada.

4
¿Quiénes avanzan hacia el sacrificio?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que muge hacia los cielos
y cuyos sedosos flancos se visten de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad en las orillas de un río o de la mar
o en una montaña coronada de quieta ciudadela
dejan sus gentes sola en la pía mañana?
Ciudad pequeña, tus calles para siempre
quedarán en silencio y nadie nunca
para dar la razón de tu abandono ha de volver.

5
¡Ática forma! ¡Figura sin reproche! En mármol,
de hombres y doncellas guarnecida
y de silvestres ramos y de hierbas holladas.
Oh forma silenciosa que desafía nuestro pensamiento
como la eternidad. Oh fría pastoral.
Cuando a esta generación consuma el tiempo
tú quedarás entre otros dolores
distintos de los nuestros, tú, amiga del hombre, al que repites:
La belleza es verdad y la verdad belleza. Tal es cuanto
sobre la tierra conocéis, cuanto necesitáis conocer.
 
«Oda al otoño» 
Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

 

«Oda a la melancolía» 
1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu. 
2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.


3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
 
«Al ver los mármoles de Elgin» 
Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
de decreto divino que anuncia que soy presa

de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.

Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido
y un extraño dolor cuyo prodigio silente

mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente,
con el solo la sombra de un ser desconocido.
«¿Por qué reí esta noche? No hay voz que responda» 
¿Por qué reí esta noche? Ninguna voz dirá:
Ni Dios ni Demonio de severa respuesta,
Se dignan a contestar desde Cielo o Infierno.
Así, a mi humano corazón me vuelvo enseguida:
-¡Corazón! Tú y yo estamos aquí tristes y solos;
¡Díme, por qué me reí! ¡Oh, dolor mortal!
¡Oh, Oscuridad! ¡Oscuridad! Siempre he de quejarme,
Para preguntar al Cielo, y al Infierno,y al Corazón en vano.
¿Por qué me reí? Conozco ese lado del ser,
Mi fantasía hasta su máxima felicidad se extiende;
Ahora podría cesar en esta auténtica media noche,
Y las llamativas insignias del mundo, ver en añicos.
Poesía, Fama y Belleza, son de hecho intensas,
Pero la Muerte lo es más: La Muerte es el mayor premio de la Vida.

 

Advertencia: aunque la estructura, intención y sentido de la este texto es original, bastantes datos aquí proporcionados proceden de Wikipedia, donde se pueden contrastar.
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