Antonio Colinas: “Laderas de Peña Trevinca” (de “Sepulcro en Tarquinia”); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO COLINAS: “Laderas de Peña Trevinca”
Laderas de la Peña Trevinca
Vamos hacia el techo de las montañas,                      1
a las praderas del cielo
vuelven las vacas más hambrientas que al alba,
helados sus hocicos, helados van los mocos
del zagal, mas se siente                                                  5
un dios viendo abajo la noche
donde humean los techos de pizarra, las cuadras
aún aquí lame el sol gramíneas arrasadas,
raíces negras, urces, zarzas indomables,
son de cadmio las piedras, la soledad espanta,       10
sienten temor los burros subiendo más arriba
(qué horrorosa la idea de volver derrotados)
lame, sol, lame láminas de cielo tu miel,
pues no puedes ya entrar por los valles,
robar la niebla al lago muerto,                               15
suspender el paseo de la loba
(hombres duermen abajo
sobre la hoz y el heno, tenebrosa
noche de los cubiles, ¿comerían
los cerdos a aquel niño? no sé si la mujer        20
herviría la leche, rebosaban
los jarros de manteca,
la ermita aparecía roída por los rayos)
aquí el olor a estrella, olor a nube, a flores
(flores así no brotan en cien años)                     25
subimos, acaricia el mar de lomas,                       
estos prados, su verdeoscuro turbulento,
la pana remendada de los montes,
¿qué nos dicen los cascos, los relinchos?
sin paz, sin sueño, pero sin dolores,                  30
luchamos con la altura,                                        
nuestro hambre es celeste,
se nos quedan los ojos allá arriba,
en esa línea de las cresterías
tallada a diamante…                                            35
                                                                  De Sepulcro en Tarquinia (1975)

 

 

  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Colinas Lobato (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la generación de los “Novísimos”. Su singular voz poética combina percepción natural, reflexión trascendente y recuerdo intimista, tamizados por un sentimiento de nostalgia y de construcción de su mundo interior, sin olvidar su compromiso con la realidad circundante.
El poema “Laderas de Peña Trevinca” resulta original, a nuestro entender, por tres razones: cuenta la historia de un viaje, físico y emocional, por un lado; por otro lado, es una contemplación bajo una perspectiva espiritual, social –casi diríamos que antropológica– y física; la tercera nota original descansa en que la mirada es colectiva o grupal; el “nosotros” prima sobre los individuos. La primera palabra del poema, “Vamos” indica el movimiento de ascensión que nunca abandonará el poema. Un grupo de personas, incluido el sujeto lírico, suben hacia una montaña; luego sabremos que lo hacen con burros. Por el título sabemos cuál es: Peña Trevinca, que, con sus 2127 m de altitud, hace de límite provincial entre Ourense, Zamora y León. 
La altura y la vegetación natural impresionan vivamente, de ahí que el lugar al que ascienden se denomine como “praderas del cielo” (v. 2). No es un lugar acogedor: las vacas están famélicas y los pastores que las cuidan, ateridos de frío. Extendiendo la mirada hacia el valle se aprecia una aldea oscura (los techos son de pizarra y el humo sale por sus chimeneas). Arriba, desde donde el yo poético observa, todavía quedan unos rayos de sol, aunque el paisaje no es muy amable. La vegetación está constituida por gramíneas, urces y zarzas; estos últimos son arbustos humildes y resistentes en una naturaleza dura. El color de las piedras también es extraño: como el cadmio, blanco metálico, casi gris. 
En el verso 10 aparece el primer impacto emocional: “la soledad espanta”; en esas laderas no hay nada. El sol definitivamente se ha ido y la niebla cubre algunos valles, uno de ellos con un lago. El viaje es como un reto y una aventura, pues el temor a la derrota planea en el ambiente. Es el momento de los lobos patrullando su terreno. Abajo, en la aldea, los hombres duermen en sus humildes moradas, sin camas, yaciendo entre montones de hierba. Al yo poético se le viene a la memoria un niño que vio o conoció horas antes. Algo inquietante, no aclarado, ocurre con él, pues se pregunta si los cerdos lo habrán devorado (¿estaba solo y abandonado?, ¿padecía alguna minusvalía?, no lo sabemos). El yo poético se deja ver con un verbo en primera persona (“no sé”, v. 20). Duda si una mujer hirvió la leche, acaso la que ellos han tomado, aunque su mente asocia el momento a la visión de una ermita en ruinas, una nota más de desolación. 
De pronto, vuelve a su presente y describe los olores de la montaña, agradables y proporcionados por extrañas flores y la altitud. La visión es la de un paisaje de “lomas”, con prados de aspecto inquietante, como sufridos y atormentados por su situación. Sigue la ascensión del grupo. Los sonidos acaparan ahora su atención; lo único que se oye son los cascos de los équidos y sus relinchos, que no acierta a interpretar, tal vez debido al cansancio y al hambre; se hallan en un estado de suspensión entre el dolor y la tranquilidad. El grupo descubre, tras mucho esfuerzo, de pronto, las cumbres de la últimas montañas, entre ellas, Peña Trevinca (junto con Peña Negra y Peña Survia, no tan distantes unas de otras). Es de noche, pero las cumbres fulgen con un brillo inquietante y misterioso. El perfil de los picos, con sus desniveles apenas entrevistos, parece que son admirados y temidos al mismo tiempo. El final queda abierto y en suspensión. ¿Alcanzaron la meta los caminantes, o solo es un espejismo? La suspensión final, ¿es preludio de la satisfacción o de la decepción? El viaje no ha acabado, parece sugerirnos.
2) Tema
El tema de este poema lo podemos enunciar así: crónica poética de un viaje arduo, difícil y misterioso tanto en su vertiente física como en la emocional, inconcluso e inquietante en su desarrollo. También se desarrollan temas secundarios interesantes: exposición de la pobreza de vida de las aldeas próximas a Peña Trevinca; y, finalmente, la atmósfera de miedo y peligro con que se vive en esas inhóspitas y apartadas tierras.
3) Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos bien visibles temática y gramaticalmente considerado. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-16): se presenta el marco natural donde se desarrolla la acción, realizada por un grupo humilde de personas que, acompañado de animales de carga, enfilan el camino a la cumbre de Peña Trevinca. Hace frío y las personas viven en la pobreza y la humildad. Estamos en un tiempo presente. 
-Segundo apartado (vv. 17-23): se trata de una interpolación –de hecho, aparece entre paréntesis–, que es casi una evocación o recreación imaginaria de lo que la gente estará haciendo en ese momento en la aldea, en que cae la noche y finalizan las faenas agrícolas y ganaderas del día. 
-Tercer apartado (vv. 24-35): el yo poético vuelve a su presente inmediato; continúa la ascensión a las cumbres, en un ambiente de cansancio, oscuridad, hambre y cierta desolación. Cuando parece que la fatiga los vencerá, los caminantes descubren las bellas cumbres solemnes y graves, como si estuvieran esperando a los visitantes.
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y cinco versos agrupados en una única estrofa. No se aprecia una rima regular, aunque algunas asonancias, como á-a en los primeros ocho versos, ó-a en la zona intermedia del poema y, finalmente, í-a en la sección final. De vez en cuando se localizan pareados precisamente con las asonancias señaladas. La medida de los versos es variada, pero no aleatoria. Oscila desde el heptasílabo (v. 5) al tetradecasílabo o alejandrino (v. 3), la medida más repetida, aunque hay otros tipos de versos. Se observa una cierta regularidad en la disposición de los versos largos, agrupados en bloques de cuatro o cinco versos, separados por uno o dos heptasílabos (o similares). En la parte final del poema el verso en arte menor predomina, imprimiendo cierta ligereza, como anunciando el final. En consecuencia, estamos ante un poema compuesto en verso libre. 
5) Comentario estilístico
El objeto poético de este poema está muy bien definido en el título, “Laderas de Peña Trevinca”. La montaña y sus alrededores es el foco del poema. Un yo poético sumido en un grupo de personas inicia un ascenso en un ambiente vespertino y, finalmente, nocturno. La considerable altura de esos parajes se manifiesta en las metáforas “techo de las montañas” (v. 1) y “praderas del cielo” (v. 2); esta última también nos informa que allí arriba ya no hay habitantes ni aldeas. Un símil hiperbólico advierte de la pobreza del lugar, pues las vacas tienen ahora más hambre que cuando comenzó el día. Hace mucho frío en ese lugar, como se evidencia en la repetición retórica de “helados” y su consiguiente paralelismo; afecta por igual a los animales que a la persona que los cuida.
Los caminantes sienten una presencia divina, como contemplando el pueblo que quedó abajo. La paradoja de “viendo abajo la noche” (v. 6) expresa bien la inescrutabilidad del lugar y su difícil comprensión. A través de varias perífrasis entremezcladas con metonimias y personificaciones se indica que el negro es el color dominante (“humean techos de pizarra”, v. 7) de las cuadras; ni siquiera hay casas, solo establos, compartidos por hombres y animales domésticos. Sin embargo, arriba, todavía hay sol, que metaforizado, “lame” (v. 8), una pobre vegetación, según apreciamos en la enumeración subsiguiente: gramíneas, raíces, urces y zarzas. Estos vegetales van acompañados de adjetivos de significación negativa y desoladora; estos adjetivos están metaforizados, expandiendo así su sentido de inquietud misteriosa; “arrasadas” están las gramíneas; las raíces son “negras” las zarzas son “indomables” (v. 9), las piedras brillan inquietantemente como si fueran “de cadmio” (v. 10), elemento químico que es de color blanco metálico.
El resultado de la contemplación y tránsito por estos parajes provoca “temor” en los burros que acompañan al grupo. Todos tienen miedo y presienten la derrota, pues acaso tengan que dar la vuelta inmediatamente. Eso es una idea “horrorosa” (v. 12) pues equivale a una derrota, de ahí la perseverancia del grupo, que siguen “subiendo más arriba” (v. 11); en esta tautología se aprecia la dificultad del ascenso por la altitud y el desnivel. El yo poético dialoga –o monologa– con el sol; personificado, éste “lame” (v. 13) la alta superficie, confundida con el cielo. La aliteración del sonido /l/ (v. 13) insisten en la imagen del sol en sus últimos lengüetazos, mitad repulsiva, mitad siniestra. El yo poético le advierte al sol que ya no tiene fuerza para iluminar los valles o el desolado “lago muerto” (v. 15), ni evitar la salida nocturna de animales peligrosos, como la loba, que quedan abajo; esta personificación metaforizada del lago incrementa la sensación de desolación y muerte, que lo abarca todo. Lo que el sol no puede evitar se expresa por una enumeración con infinitivos (“entrar”, “robar” y “suspender”) de significación negativa.
En el verso 17 comienza una interpolación que es como una evocación de lo que estarán haciendo los habitantes del valle. Nombra a los “hombres” (v. 17), que duermen en míseras condiciones, entre los animales (una bimembración con dos palabras metonímicas lo expresan maravillosamente “la hoz y el heno”, v. 18); sigue con “aquel niño” (v. 20), en peligro de ser comido por los cerdos por su desamparo, presumimos; y finaliza con “la mujer” (v. 20), de la que no sabe si herviría la leche para hacer manteca. Son tres miembros que representan a una familia, sorprendidos en su intimidad cotidiana, bastante humilde y casi miserable. Al niño se refiere a través de una interrogación retórica que enfatiza su terrible existencia. Esta enumeración de las personas se rompe bruscamente, sin discontinuidad con una referencia a una ermita “roída por los rayos” (v. 23); es una potente imagen de la desolación del lugar, pues ni el lugar sagrado se mantiene en pie. Se establece una analogía subterránea entre los habitantes y su aldea: miseria y abandono es su vida.
Acabada la interpolación, el yo poético vuelve al “aquí” de las altas laderas de Peña Trevinca. Ahora transmite percepciones sensitivas: el olor, que es misterioso, cósmico, también agradable; lo hace a través de tres metáforas nominalizadas de honda significación (“a estrella, a nube, a flores”, v. 23). Una hipérbole  (“flores así no brotan en cien años”, v. 25) referida a las flores, que se establece en una concatenación expresiva de “flores”, hace hincapié en el aroma placentero y extraño. Se repite el verbo con el que se había abierto el poema, “subimos”; continúa, pues el ascenso de los caminantes. Existe en esta parte del poema hipérbatos y encabalgamientos acusados que contribuyen a dotar de expresividad a una naturaleza siniestra y convulsa. La pobreza de la superficie se percibe bien en la metáfora con que se alude a ella: “la pana remendada de los montes” (v. 28); es como una tela basta, gastada y vieja; sin embargo, “acaricia” (v. 26) a las lomas, a los prados. Que todo es algo siniestro se recoge en la metáfora sinestésica “verdeoscuro turbulento” (v. 27), referido a los montes del lugar.
El yo poético trata de interpretar el sentido de los relinchos y del golpeteo de los cascos de las bestias de carga, que es lo único que se oye, y que es la segunda percepción sensorial, pero no acierta a darle un sentido, de ahí la oración interrogativa en que se nombran. Lo siniestro e inquietante avanza inexorablemente. A continuación, se centra en la descripción del estado físico y anímico de los caminantes; lo hace a través de una anáfora y sus correspondientes paralelismos (“sin paz, sin sueño, pero sin dolores”, v. 30); la elipsis –se ha suprimido el verso y el sujeto– adensa la significación y aumenta la sensación de tensión. “Luchamos” (v. 31) metaforiza muy bien el peligro en la ascensión, en pésimas condiciones (se sienten hambrientos; “nuestro hambre” parece una errata, pues la palabra es femenina), pues están a punto de desfallecer. 
Sin embargo, los caminantes descubren la “línea de cresterías” (v. 34), los tres picos de ese lugar, Peña Trevinca, algo más alta y, a su derecha, mirando hacia occidente, Survia y Negra. El impacto es tan profunda que los ojos “se nos quedan allá arriba” (v. 33); esto personificación hiperbólica hace hincapié en la majestuosidad de las tres cimas. El último verso es una metáfora muy expresiva y hermosa: “tallada a diamante” (v. 35) se refiere a la verticalidad, la belleza que emiten los picos y el asombro misterioso que genera su contemplación. El esfuerzo de los caminantes valió la pena porque el lugar encierra belleza y misterio a partes iguales. 
6) Contextualización
Como ya afirmamos, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas del grupo de los “Novísimos”, y eso a pesar de no aparecer en la famosa antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (1970); no siempre tienen por qué acertar los antologadores. Los distintos poemarios de Colinas nos han ofrecido un poeta sereno, grave, profundo y dueño de un lenguaje y un estilo poéticos personales. La contemplación, la reflexión y la intertextualidad son notas comunes a todos ellos. El poema comentado procede de un libro de juventud o primera madurez. Sin embargo, posee una asombrosa profundidad de sentido y se muestra pleno de mensajes sociales y exaltación natural. Podemos apreciar muy bien su adensamiento expresivo, su hondura indagatoria y su pulcritud expresiva. Todo está comprimido, insinuado y eludido, como si el poeta quisiera dejar al lector una puerta abierta al mundo poético, lleno de misterios y verdades, muchas de ellas desagradables.
Algunos de sus poemarios más importantes son: Sepulcro en Tarquinia (1975) –del que procede el poema que ahora comentamos–, Noche más allá de la noche (1983), Libro de la mansedumbre y Amor que enciende más amor (1999). Su producción poética total se halla en Obra poética completa (Ediciones Siruela, 2016).
Algunas notas de su poesía son:
-Equilibrio y contención: en la poesía de Colinas se aprecia una tendencia a la armonía expresiva, lejos de estridencias o salidas de tono epatantes.
-Intertextualidad y sincretismo cultural: estamos ante una poesía que recoge, quintaesenciada, distintas tradiciones poéticas y filosóficas. Colinas asimila estas corrientes en una experiencia poética personal, honda y enriquecedora.
-Diálogo del poeta y el mundo, el interior y el exterior, lo subjetivo personal y lo objetivo colectivo: de modo sereno, pero firme, Colinas abre su mirada al mundo natural y social.
-Atención a la realidad natural y antropológica: la naturaleza y el hombre no son ajenos a la mirada contemplativa del poeta. Se interesa por el respeto y el cuidado de la naturaleza y lamenta las penosas condiciones de vida de muchas personas. 
7) Interpretación y valoración
Este poema “narra” un viaje de un grupo de personas a la montaña más alta de Galicia, limítrofe entre las provincias de Ourense, Zamora y León. El lugar, ciertamente, es hermoso, delicado, solemne por humilde y muy atractivo por su aislamiento. Colinas realizó este viaje (no sabemos si real o solo imaginario) a mediados de la década de los setenta del siglo pasado. Era un adulto joven de treinta años cuando compuso el poema y, sin embargo, muestra una madurez de pensamiento y de expresión realmente asombrosa. Por cierto, la aldea a la que se alude, ha de ser San Martín de Castañeda (Zamora), o Casaio (Ourense), desde la que se puede iniciar la excursión a Peña Trevinca.
Es muy interesante observar cómo el poeta atiende a la realidad interior, a la social o exterior, a la natural y a la antropológica. Combina delicada y sutilmente cierto mensaje de denuncia por la terrible penuria de sus habitantes, condenados al abandono y a la pobreza, con otro de admiración por la belleza natural del lugar. Aunque no idealiza en absoluto: la naturaleza, en Peña Trevinca, es áspera, dura e implacable. Hace mucho frío la mayor parte del año, la vegetación es humilde y más bien escasa y la vida humana allí casi no existe. El hecho de llegar a la cima de noche, aumenta la sensación de misterio asombrado, de sobrecogimiento expectante. 
Tras una mera anécdota, se envuelve una mirada emotiva y una reflexión honda. La cuidadosa composición del poema nos revela un mundo poético rico y sensible. Obsérvese, por ejemplo, que todos los verbos en presente de indicativo del poema –excepto la interpolación intermedia– imprimen un carácter de inmediatez atemporal (valga el oxímoron). Se puede establecer una analogía entre el ascenso físico de los caminantes a Peña Trevinca, con el ascenso en la comprensión de la vida humana y natural en ese lugar. Y ello expresado con un lenguaje “tallado a diamante”, tomando el último verso de este singular y hermoso poema.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué es Peña Trevinca? 
2) El poeta, ¿qué busca en el ascenso? ¿Lo encuentra? 
3) Localiza las percepciones auditivas, olfativas y visuales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia el modo de vida de los habitantes del lugar?
5) ¿Qué momento del día aparece en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué tipos de verbos y tiempos verbales predominan en el poema? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un viaje y la contemplación de su correspondiente paisaje.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Colinas.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Colinas a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de viajes, paisajes, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Antonio Colinas. Colinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar.
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Antonio Machado: “Sueño infantil” (poema LXV de “Soledades, galerías y otros poemas”); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – LXV (SUEÑO INFANTIL, de “Galerías”) 
Sueño infantil
[1] Una clara noche               1
de fiesta y de luna, 
noche de mis sueños, 
noche de alegría 
[2] —era luz de mi alma,       5
que hoy es bruma toda, 
no eran mis cabellos 
negros todavía—, 
[3] el hada más joven 
me llevó en sus brazos   10
a la alegre fiesta 
que en la plaza ardía. 
[4] So el chisporroteo 
de las luminarias, 
amor sus madejas          15
de danzas tejía. 
[5] Y en aquella noche 
de fiesta y de luna, 
noche de mis sueños, 
noche de alegría,           20
[6] el hada más joven 
besaba mi frente…, 
con su linda mano 
su adiós me decía… 
[7] Todos los rosales            25
daban sus aromas, 
todos los amores 
amor entreabría. 
                           Antonio Machado: Soledades, galerías y otros poemas, 1907

 

1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se nos presenta una ensoñación del yo poético; se ve a sí mismo siendo niño, de la mano de un hada en una noche de fiesta, con una hoguera que iluminaba la plaza. Allí el niño danzó de la mano del hada más joven, de quien también recibió sus besos al tiempo que esta desaparecía despidiéndose con la mano. El yo poético recuerda la fragancia de los rosales y el estado de felicidad porque el amor (palabra repetida tres veces, nótese su importancia) inundaba su alma; ¿perduró esa felicidad o todo se acabó con la infancia? El poema no lo aclara.
2) Tema
El poema aborda tres temas principales:
-El amor, sinónimo de felicidad, que embarga el alma infantil, para luego desaparecer.
-La ensoñación como un modo de vivir experiencias íntimas perdurables.
-El contraste entre la felicidad infantil frente a los días sombríos de la madurez.
3) Apartados temáticos
El poema cuenta una historia, recrea un episodio soñado, acaso vivido, del yo poético siendo un niño. Como todo relato, presenta tres apartados temáticos. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (tres primeras estrofas, vv. 1-12): se presenta el marco crono-espacial donde se desarrolla la acción: una noche hermosa en la plaza de una población. Aparecen los dos personajes: el yo poético niño y un hada, la más joven.Existe una interpolación en la que el yo poético advierte que era solo un niño, no como cuando recuerda, que es adulto en cuya vida existen tinieblas e infelicidad (“brumas”). 
-Segundo apartado (estrofas 4-6, vv. 13-24): en esta sección se narran los acontecimientos: hada y niño bailan, cantan y se sienten unidos por el amor, lo que llena todo de dicha. Finalmente, el hada besa y se despida del niño.
-Tercer apartado (séptima estrofa, vv. 9-11): el yo poético, ya solo, recuerda el ambiente emocional de ese momento: amor y felicidad, metaforizado en el olor a rosas que inundaban el ambiente. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por veintiocho versos hexasílabos agrupados en siete estrofas. No existe una rima coincidente con una estrofa reconocida. Sin embargo, el último verso de cada estrofa rima entre sí en ía asegura una cadencia muy hermosa, hasta el punto que el conjunto se asemeja a un romancillo. Nótese también que los dos últimos versos de la primera estrofa (“noche de mis sueños / noche de alegría”) se repiten en la misma posición en la estrofa número cinco. 
5) Comentario estilístico
El poema evoca una ensoñación; esto nos indica que estamos en el plano de los recuerdos, de las imágenes y de las emociones soterradas, acaso vividas, acaso solo deseadas o imaginadas. La evocación, ¿es del yo poético niño, o del adulto? No lo sabemos, hasta podría ser de los dos, es decir, el yo poético adulto sueña que el niño sueña… La primera estrofa sitúa la acción en un marco temporal idílico y apacible, lo que se transmite a través de una paradoja (“clara noche”, v. 1). La repetición de la palabra “noche” tres veces en esta estrofa insiste en que es de noche, pero es como si fuera de día por la “alegría” (v. 4) que inunda al yo poético. Es una noche para soñar, pues se siente “de fiesta” (v. 2), es decir, contento y optimista. Todo lo bueno puede pasar, pues los sueños se materializan, a lo que ayuda la presencia de la luna, símbolo de luz misteriosa.
La segunda estrofa es toda ella una interpolación, como indican las rayas. Ahora comprendemos que parte de esa luz procede del “alma” (v. 5) del yo poético, pues flotaba en felicidad. Inmediatamente se contrasta con el tiempo presente del yo poético (comprendemos que todo ha sido una evocación de un tiempo pasado, lo cual ya sabíamos por los verbos en tiempo pasado). En el momento de la escritura, el sujeto lírico está dominada por la “bruma”, metáfora de negatividad y amargura. También viene reforzada esta idea por los cabellos “negros” (v. 8), metáfora –también antítesis– de tristeza y de adultez, pues de niño los cabellos son rubios o claros. 
En la tercera estrofa, cuya oración procede de la primera (hasta ahora todo ha sido un complemento circunstancial de tiempo respecto del verbo principal, “llevó”, v. 10) aparecen los sujetos actantes del “relato”: un hada que toma y lleva en brazos al sujeto lírico, y se dirige con él a la plaza donde se celebra una “alegre fiesta” (v. 11). El epíteto “alegre” expresa el ambiente de felicidad y celebración. El verbo “ardía” (v. 12) forma una metáfora del ambiente alegre y optimista.
La cuarta estrofa transmite imágenes, a través de varias metáforas que casi forman una alegoría, sobre la idea del amor intenso que anida en el corazón del sujeto lírico, también compartido por el hada. Es un “chisporroteo” (v. 13) que surge de las trenzas del hada, y que se confunde con el de la hoguera. La metonimia contenida en “danzas” (v. 16) nos comunica que bailan y se mueven al compás de la música. El amor está personificado; un sofisticado encabalgamiento con hipérbaton nos explica que es él el causante del baile y del amor creciente. Hasta aquí, toda una oración para comunicarnos de un tirón la ensoñación de ese niño arrebatado por el hada a un estado de felicidad asombrosa.
La estrofa quinta estira el estado de felicidad (la conjunción “Y”, v. 17, así lo sugiere) en “aquella noche”; la repetición del marco temporal insiste en ese momento preciso, que revela la felicidad del sujeto lírico. También se refuerza esta significación con el sintagma “de fiesta y de luna” (v. 18), que es una repetición exacta del verso 2. La anáfora formada por “noche” y el paralelismo correspondiente refuerza la idea de “sueño” cumplido y de “alegría”, palabra que forma derivación o políptoton con “alegre” (v. 11), y que hace hincapié en la felicidad exultante del yo poético. Estos dos versos (19 y 20) son los mismo que cierran la primera estrofa. Forman así una suerte de estribillo que recalca la idea de exultación plena.
La sexta estrofa vuelve a introducir al sujeto de las acciones, el “hada” (v. 21), que es la “más joven”, metáfora de inocencia y expectativas. El sentimiento amoroso llega a su culmen con el beso que el hada le da al sujeto lírico. Justo ahí una suspensión indica lo inefable: felicidad, empatía mutua, etc. Pero acto seguido, sin transición, el hada se va, sin ofrecer grandes explicaciones. La suspensión que cierra la estrofa indica muy bien el estado de incertidumbre y confusión del sujeto lírico, todavía embriagado de amor.
La séptima y última estrofa presenta una significación más ambigua, extrañamente optimista, como si fuera una premonición de algo negativo a punto de desencadenarse. Son dos oraciones en construcción paralelística que cierran el marco físico y el emocional. Es un momento perfecto y extático, lo que se transmite a través de dos metáforas, una sensitiva y exterior, cual es “Todos los rosales / daban sus aromas” (vv. 25-26); la otra es intelectual e interior: “todos los amores / amor entreabría” (vv. 27-28); aquí el hipérbaton, unido al encabalgamiento se unen para anunciar el clímax amoroso, la felicidad en su cenit. No es exactamente un cierre optimista, sino ambigua y algo inquietante. Parece querer transmitir que muy pronto se acabará todo ello, como la fragancia de las rosas.
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), luego ampliado a  Soledades, galerías, otros poemas (1907), libro del que procede el poema que ahora comentamos; le sigue el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Estamos ante un hermoso poema que expresa muchos de los sentimientos que Machado anhelaba. Y lo hace a través de un deseo entrevisto, acaso imaginado, es decir, una ensoñación en la que el anhelo se funde con la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. Machado adulto se ve niño, descubriendo el amor puro, la belleza ideal, la vivencia de sentimientos naturales, espontáneos y dichosos. El responsable de conducir esta fiesta es un hada, un ser mitológico con poderes mágicos que actúa buscando la belleza, el amor y la pureza. Así lo vivió el niño, o el yo poético adulto quiso imaginar que el niño así lo pudo haber vivido. Por ello, el poema exhala nostalgia, cierto dolor por la infancia perdida que ya no regresará porque se fue con el hada. 
Este hermoso poema parece solo un “sueño infantil”, pero es mucho más: anhelo de amor, nostalgia por la niñez ya pasada, cierto amargor por un presente insatisfactorio, etc. De una mera anécdota se levanta un edificio literario de firmes y sencillos cimientos verbales, pues en absoluto existe artificiosidad. Muchos poemas de Machado, como este que ahora nos ocupa, resultan intuiciones conmovedoras que aspiran a rescatar lo mejor de nosotros mismos, a insuflar una ráfaga de experiencia estética convertida en idea transcendente. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclean el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué sensaciones experimentan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la alegría y el baile? ¿De qué es metáfora?
5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 
6) La fragancia de las rosas, en la estrofa final ¿de qué es metáfora? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese una ensoñación sobre un deseo infantil vivido, o acaso solo imaginado. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de momentos o lugares, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.
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Antonio Machado: “Esta luz de Sevilla…” (de “Nuevas canciones”; soneto CLXV, IV); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO – Esta luz de Sevilla… Es el palacio (CLXV Sonetos, IV) 
Esta luz de Sevilla… Es el palacio                               1
donde nací, con su rumor de fuente. 
Mi padre, en su despacho. —La alta frente, 
la breve mosca, y el bigote lacio—. 
Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea              5
sus libros y medita. Se levanta; 
va hacia la puerta del jardín. Pasea, 
A veces habla solo, a veces canta. 
Sus grandes ojos de mirar inquieto 
ahora vagar parecen, sin objeto                         10
donde puedan posar, en el vacío. 
Ya escapan de su ayer a su mañana; 
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!, 
piadosamente mi cabeza cana.  
                                                    De Nuevas canciones (1917-1930) 
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Antonio Machado es uno de los más excelsos poetas en lengua española. La profundidad y deslumbrante belleza de su poesía alcanza cotas muy altas. En este poema se nos presenta una visión del padre del yo poético, que, a su vez, tiene una visión sobre su hijo cuando ya es mayor, casi anciano. En la primera estrofa se presenta el marco general: la luz de Sevilla, el palacio de las Dueñas y el despacho; en este, el padre de Machado. Se ofrecen dos notas prosopográficas: alta frente y bigote lacio; y al tiempo, una mosca que pasa por allí. Es un modo de concretar con precisión el tiempo. En la segunda estrofa se añade una nota descriptiva sobre el padre del poeta: “aún joven”; no es, pues, un anciano. Luego se narra (a través de nueve verbos en presente de indicativo, acercando la acción al lector) lo que hace el padre del poeta: leer, meditar y cantar, esencialmente. La tercera estrofa se fija en los ojos del padre, que parecen buscar algo y fijar la vista en un objeto aún no definido. La última estrofa desvela la actividad mental del padre: recuerda su pasado, su “ayer”, y prevén su futuro, su “mañana”; está realizando un ejercicio de memoria y de previsión de sí mismo. Pero, de pronto, la vista del padre va más allá de su tiempo y vuela hacia el del yo poético, su hijo. El padre ve a su hijo ya adulto, casi anciano, lo que emociona profundamente a su hijo, unido al padre a través de un lazo indisoluble que traspasa la barrera cronológica para comunicarse espiritualmente.
2) Tema
El poema aborda dos temas principales:
-El amor indisoluble entre el padre y el yo poético, su hijo, que traspasa fronteras y se sustenta en la memoria.
-El desbordamiento de las barreras temporales para unir en una visión en espejo al padre y al hijo, el primero adulto y el segundo próximo a la ancianidad.
3) Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, de sentido ascendente. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-4): se presenta el marco espacial donde se desarrolla la acción: Sevilla, un hogar en el palacio de las Dueñas. Se destacan dos percepciones, una visual (la “luz de Sevilla”) y otra de sonido (“rumor de fuente”). Un despacho y un personaje: el padre del yo poético, con sus papeles. 
-Segundo apartado (segunda estrofa, vv. 5-8): en esta sección se acaba de presentar al padre, que aún es joven. Realiza nueve acciones, unas físicas, que implican movimiento (levantarse, ir), otras intelectuales (leer, meditar). Nos 
-Tercer apartado (tercera estrofa, vv. 9-11): el yo poético se fija en los ojos de su padre; hay como un zoom de una cámara. Los ojos “vagan” con inquietud, como buscando algo que logran definir.
-Cuarto y último apartado (cuarta estrofa, vv. 12-14): los ojos, metonimia del padre, visitan su pasado y viajan al futuro. En él, padre e hijo, ya mayor, se reconocen en una mirada de amor fulminante. 
4) Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por catorce versos endecasílabos agrupados en cuatro estrofas. La rima es consonante y se establece así: la primera estrofa conforma un cuarteto (ABBA); la segunda, un serventesio (CDCD); la tercera es casi un terceto, pero con una estructura más libre (EEF); la cuarta corresponde a otro terceto (DFD). En conjunto, conforman un soneto, composición estrófica de larga tradición en la poesía española desde el Renacimiento. Su relativa brevedad exige una contención expresiva muy elevada; al tiempo, la extensión de los catorce versos permiten la expresión de una emoción o una idea con cierto detalle. Machado, aquí, ha logrado un equilibrio perfecto entre ambos polos.
5) Comentario estilístico
El poema presenta un movimiento de lo general a lo particular, desde el punto de vista espacial; y del presente de la composición, al pasado y al futuro del yo poético observado por su padre, desde el punto de vista temporal. Es una obra, en consecuencia, compleja, elaborada y asombrosamente original. Se abre con una elipsis intensa, “Esta luz de Sevilla…”. Falta el verbo; nosotros, lectores, debemos suplir que está ahí, ante el yo poético y ante nosotros; el demostrativo “Esta” indica que está próxima a nosotros, nos rodea y nos acompaña, a partir de ahora, hasta el final de la lectura del poema. La suspensión que la sigue deja su sentido abierto, con unas dosis de intriga. Los verbos en presente de indicativo señalan la presencialidad de los objetos y de las personas. El yo poético se introduce (“Es el palacio / donde nací”, vv. 1-2) al mismo tiempo que señala el lugar que focaliza: su hogar en el palacio (de las Dueñas, en la capital hispalense). Solo un detalle auditivo desea señalar: “su rumor de fuente” (v. 2), con connotaciones de tranquilidad y armonía. En el tercer verso introduce al padre en su despacho y lo describe físicamente con tres sustantivos (uno señala un ser vivo distinto, una  “breve mosca” (v. 4) y tres correspondientes adjetivos. Se fija en el rostro y señala dos rasgos que indican nobleza de ánimo: frente y bigote.
La segunda estrofa comienza con la repetición retórica del verso 3 (“Mi padre”); ahora ya comprendemos quién es el foco temático del poema; se repite otra elipsis y se acota el aspecto del padre: es joven. Ahí termina la descripción y comienza una narración vertiginosa. Son nueve verbos, unos señalan acción intelectual leer, escribir, hojear y meditar. Otros, los últimos, se refieren a acciones físicas: levantarse, ir, pasear, hablar y cantar. Es otro modo de completar el retrato: estamos ante un hombre templado, sereno y meditativo; sus acciones son de orden intelectual, pues leer y escribir lo denotan claramente. También introduce una nota romántica o soñadora: “A veces habla solo” (v. 8); y otra de su carácter alegre: “a veces canta”. Hasta aquí, hemos asistido a una presentación con tintes misteriosos que no nos conduce a un camino concreto. La yuxtaposición de acciones –con el correspondiente asíndeton– nos señala una nota del carácter del padre del yo poético: activo, inquieto en su ensimismamiento.
En el primer terceto el yo poético focaliza su visión en los ojos de su padre (metonimia de su persona entera). Son “de mirar inquieto” (v. 9). No es casual que el yo poético elija estos órganos, pues básicamente a través de ellos captamos cómo es el mundo. Ahora también sirven para proyectar hacia el futuro anhelos y temores, esperanzas y angustias. Los encabalgamientos abruptos de los dos primeros versos refuerzan el mensaje de una búsqueda de algo difícil de aprehender. La palabra final, “vacío” (v. 11) introducen unas dosis de dramatismo angustioso.
El último terceto por fin nos desvela qué buscan los ojos del padre. Vuelan del momento descrito, que es pasado, al futuro del yo poético. El padre contempla al hijo, ambos se cruzan una mirada, o se comunican de alguna manera, de ahí la expresión “¡padre mío!” (v. 13) que exhala el yo poético, producto de la conmoción por el encuentro con su padre. El padre contempla al yo poético, su hijo, un hombre ya casi viejo (como expresa la metonimia “mi cabeza cana”, v. 14). Y, quizá, la palabra más intensa del poema: “piadosamente”, nos permite comprender qué encierra la mirada paterna: comprensión, ternura, afecto y cierta conmiseración. Quizá el padre ve a su hijo como es él ese momento, quizá desea transmitirle un mensaje de amor y de advertencia de que el tiempo huye. La mirada “en el tiempo” ha creado una conexión milagrosa, breve, intensa y total entre padre e hijo. El juego reflejo es intenso y hermoso: el yo poético ha visto que su padre ha visto a aquel. El conjunto de de una emoción increíblemente intensa y hermosa.              
6) Contextualización
Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939) es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.  
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957). 
7) Interpretación y valoración
Este poema plantea la posibilidad de la comunicación emocional y de persistencia de la memoria más allá del espacio y del tiempo físico de nuestra vida biológica. El yo poético realiza un viaje a su infancia, visita la figura de su padre, lo contempla, lo sigue con la mirada. Después, se reencuentran en un fugaz instante, en el tiempo de la escritura del yo poético. A este lo sobrecoge la emoción de ese encuentro lleno de amor, bondad y ternura. Machado lo presenta como algo natural, sin romper casi la rutina diaria. Sin embargo, en el fondo, el poeta y nosotros sabemos que sería un prodigio que algo así ocurriera. Y con todo, el yo poético se resiste, y nosotros con él, a aceptar que todo fue una ilusión. 
El marco espacial de la vida cotidiana y los verbos en presente dotan a lo que parecía una anécdota de una atemporalidad y de una presencialidad enormes y fortísimas. Nos queda la sensación de que sí, en efecto, así ocurrió y así se puede repetir con amor y memoria, los dos ingredientes que sustentan ese pequeño milagro. El poema entero se nos antoja un homenaje a la figura de su padre, un recuerdo emocionado de cariño y respeto hacia esa figura que describe minuciosamente y observa con respeto.  
Este bellísimo poema, auténtico prodigio creativo, es de una aparente sencillez compositiva que, en su interior, esconde un diamante poético por su acierto expresivo, su sencillez expresiva y su asombrosa armonía entre expresión y contenido. Su lectura conmueve los cimientos del lector, atónito ante tanta belleza literaria, asombrado por la corriente afectiva que circula entre autor y lectores, yo poético y persona observada. Y, al fondo, como siempre en Machado: “palabra en el tiempo”, esencialidad de los sentimientos más auténticos perdurando más allá de nuestras vidas.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué sentimientos  nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿dónde ubica la acción? ¿Es especial para él? 
3) ¿Qué órgano sensorial domina el poema? ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la mirada? ¿De qué es metáfora?
5) El tiempo, ¿discurre bajo una norma rígida e inflexible? ¿Por qué será así? 
6) ¿Qué significación se encierra en “¡padre mío!” (v. 13)? ¿Qué podemos deducir del estado de ánimo de la poeta? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de una persona muy querida en su vida diaria.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Machado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Machado a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Machado, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti, con intervención de la memoria, siguiendo el ejemplo de Antonio Machado.
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Sor Juana Inés de la Cruz: “Amor es más laberinto”; análisis y propuesta didáctica

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ – “Amor es más laberinto” (1689)
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Jornada I
Estamos en Creta, en el palacio real de Minos en algún momento de la Antigüedad clásica. Su rey también se llama Minos. Introito musical a cargo de unos músicos sobre los sinsabores del amor, aunque todos lo buscan, a riesgo de sus vidas y honras. Minos está dolido por la derrota militar sufrida ante los atenienses unos años antes, donde murió su hijo Androgeo. Pero luego se tomó venganza. Ahora, cada año, los atenienses han de entregar un tributo de siete varones y otras tantas hembras, elegidos al azar, que Minos arroja al Minotauro, para que los devore sin contemplaciones. El rey vive con sus hijas infantas Ariadna y Fedra, cortejadas por Baco, príncipe de Tebas y Lidoro, príncipe de Epiro, respectivamente, y que parecen corresponder.  Teseo, príncipe de Atenas, llega en son de cautivo para ser devorado por el minotauro. Antes, recuerda sus hazañas: fue compañero de Hércules; venció a las amazonas; mató a Corineto, hijo de Vulcano, en Epidauro; en Maratón acabó con el toro enviado por Minos y que asolaba Atenas; mató a Creonte en Tebas, liquidó a los bandoleros Escirón y Procusto, eliminó a Siris, personaje cruel, mató a los centauros en la boda de su amigo Piritoo, pues quisieron abusar de la mujer de este; bajó a los infiernos a raptar la esposa de Plutón, pero falló, aunque engañó a Cancerbero y volvió con honra; y, finalmente, secuestró a Elena, esposa de rey, pero la restituyó sin tocarle un pelo. Licas, embajador de Atenas, solicita clemencia para el príncipe Teseo, pero Minos se muestra inflexible. Fedra siente compasión por él, aunque se enamora a la vez de modo fulminante. Habla con él y le propone liberarle. Su hermana Ariadna escucha la conversación, se enamora de Teseo y se propone boicotear a su hermana para quedarse con el príncipe.  Atún, criado de Teseo, requiebra a Laura, criada de Fedra. Baco escucha una conversación y cree que Ariadna ya no lo quiere y que pretende conquistar a Lirio (malentendido, quería a Teseo). Racimo, criado de Baco, le aconseja a su señor que enamore a Fedra para hacer rabiar a Ariadna. Lidoro, al paño, escucha cómo Baco seduce a Fedra y rabia de celos. Lidoro y Baco se enzarzan en una pelea a espada por celos y honra. A tal tiempo sale Minos y les obliga a tranquilizarse. Todo queda en suspensión.
Jornada II
Minos muestra su enojo y odio charlando con Tebando y desea la muerte de Teseo como tributo a la de su hijo. Teseo ha dado muerte al minotauro y ha salido del laberinto, con la ayuda de Ariadna, y se ve obligado ante las dos hermanas infantas. Laura le entrega una banda de Fedra para que ésta pueda reconocerlo en la fiesta que darán esa noche. Cintia le entrega una pluma de parte de Ariadna para que lo reconozca en el sarao. Le dicen dónde están sus habitaciones de palacio, para verse en secreto. Atún hace gracias sin parar. Acuerda Teseo ir con máscara al baile y llevará la banda. Atún también, y portará la pluma. Teseo baila con Fedra, Baco con Ariadna; Lidoro requiebra a Laura y Atún a Cintia. Se le cae la pluma a Atún y la coge Baco y no sabe si ponerla, pues sospecha que es de Ariadna. En las puertas de las habitaciones, medio a oscuras, Fedra queda con Teseo, Ariadna con Baco porque lleva la pluma, pero este piensa que el mensaje era para Lidoro. Este rabia de celos porque piensa que quedaron Baco y Fedra. Diálogos en torno a la copla:
               En todo lo que no creo 
               finjo a veces confïanza, 
               por ver si saco esperanza 
               de las fuerzas del deseo.
 Teseo galantea con Ariadna pensando que es Fedra, pero Ariadna se hace pasar por Fedra; esta se da cuenta del engaño y rabia. Llega Baco, que piensa que había quedado con Ariadna, galantea con Fedra pensando que es su hermana. Le echa en cara que solo escucha a Lidoro. Ariadna se va y deja a Teseo enfadado, que escucha, al paño, conversaciones. Otra vez Baco y Lidoro, con las espadas en la mano, pensando que cada infanta galantea con el otro, cuando en realidad suspiran por Teseo. Traen luces Cintia y Laura. Teseo se va al laberinto a esconderse. Los dos príncipes dudan de si han entendido bien la situación y optan por esperar. Las dos hermanas, a coro, reconocen que el amor es un laberinto mayor que el de Creta.
Jornada III
Racimo, criado de Baco, le lleva un papel a Lidoro retándolo, pero se lo entrega a Atún para que se lo dé (pensando que es criado de Lidoro). Atún también va a llevarle una nota a Fedra. Teseo le pide el papel de Baco, pensando que es la respuesta de Fedra, pero es solo engaño de Atún. El amo le pega al criado por su insolencia. El papel lo reta a muerte, pero era para Lidoro, no para Teseo. Minos le pide consejo a Baco porque los griegos van a invadir su isla. Baco no puede asistir a la cita para reñir con Lidoro. A la cita va Teseo, riñe con aquel y lo mata, sin saber quiénes son recíprocamente. Teseo cree que mató a Baco, y huye y se esconde. Llega Baco y ve a Lidoro agonizando. Llega Tesandro y ve lo mismo. Le echa la culpa a Baco, pues ha visto el papel del reto de este a Lisandro, pero lo deja huir por ser noble. Baco decide coger sus barcos y marchar a casa, pues Creta es una isla confusa y peligrosa. De noche, Fedra queda con Teseo en huir en un barco e Creta. Ariadna queda con Baco, pensando que es Teseo,  pensando este que ella sabe que es Baco. Los hombres va a preparar los barcos. Como no se ve bien, cuando vuelven, en un error, Fedra se va con Baco pensando que es Teseo; Teseo se va con Ariadna pensando que es Fedra. Habla Atún con Teseo, las parejas están cerca y se descubre el engaño. Fedra corre al lado de Teseo y Ariadna está dudosa. Racimo, criado de Baco, es perseguido por Tebandro y sus hombres. Teseo y Baco riñen con espadas; sale el rey, ordena prenderlos y descubrir a las mujeres que los acompañaban. Quiere castigarlos a todos, incluidas sus hijas, ahora deshonradas, a muerte. Llegan los atenienses y sitian Creta. Licas, vestido de general, detiene a Minos y lo va a matar, pero Teseo se lo impide. Minos le concede la mano de Fedra a Teseo, y de Ariadna –que se ve en peligro y ha cambiado de bando sentimental– a Baco. Los criados, Atún y Racimo confiesan el trastrueque de papeles y notas, y se aclara que por eso pelearon Teseo y Lidoro. Racimo logra la mano de Cintia y Atún la de Laura. Cierra la obra Tesandro pidiendo perdón por errores.
2) Temas abordados en la comedia
Los temas más importantes abordados en esta comedia son:
-El amor auténtico triunfa a pesar de las dificultades sobrevenidas, pero la nobleza de espíritu favorece su éxito.
-La imagen de la persona ante los demás es de capital importancia; es la honra; se adquiere despacio y se pierde deprisa. Sin honra no se puede vivir siendo noble.
-La posición social y la situación económica determina el destino de las personas, tanto en un plano material como en otros más teóricos.
-El azar provoca malentendidos, que suelen perjudicar a unos y favorecer a otros aleatoriamente.
-Las apariencias engañan peligrosamente.
3) Apartados temáticos o secciones de contenido
Como toda comedia que sigue la pauta de Lope de Vega, presenta tres jornadas o actos, correspondientes a la división de planteamiento, nudo y desenlace. En la primera jornada se presentan los personajes y el conflicto; en la segunda, se este se va agrandando y se ve adornado con lances y aventuras parciales de todo tipo; en la tercera jornada sigue in crescendo la tensión dramática, hasta desembocar, en los pasos finales, en una solución satisfactoria, positiva y optimista para los involucrados en el conflicto.
4) Personajes
Los personajes son tipos, o estereotipos, de la sociedad barroca española, aunque trasladada geográficamente a la isla de Creta, en los tiempos del rey Minos, acaso por los siglos V-IV a.C. Así, tenemos:
Minos, rey de Creta: es un hombre soberbio, duro y vengativo. Busca satisfacer su venganza contra los atenienses por haber matado traidoramente a su hijo Androgeo. Habla airadamente y no tolera bromas.
-Ariadna, infanta, su hija: muchacha inteligente, artera y bella, tiene un papel fundamental en el drama. Se enamora perdidamente de Teseo, despreciando los requiebros de Baco. Ayuda a aquel a vencer al minotauro y a salir del laberinto donde entró para matar al se monstruoso. Al fin, en un acto de pragmatismo, acepta el amor de Baco.
-Fedra, infanta, hija de Minos y hermana de Ariadna: como esta, inteligente, bella y astuta. Ama a Teseo y es correspondida, aunque a punto está de irse todo al traste. Al fin, se casan y son felices. Su papel es muy distinto al mitológico, pues en este se enamora de su hijastro y se suicida.
-Teseo, príncipe de Atenas: noble valiente, hijo de rey. Se ofrece voluntario como ofrenda ateniense a Minos, tras perder a guerra. Su valentía y nobleza es muy alta. Vence al minotauro y sale del laberinto con la ayuda del hilo de Ariadna. Corresponde al amor de Fedra, para asegurar el final feliz.
-Atún, criado gracioso de Teseo: suelta bromas y es cobarde, algo mentiroso y fanfarrón. Engarza pensamientos simpático y es consciente de ser un plebeyo. Al final, se casa con Laura, criada de Fedra.
-Baco, príncipe de Tebas: es un joven noble y recto, el típico galán de comedia clásica, y ello a pesar de su nombre. Está muy enamorado de Ariadna, pero a esta no le interesa y lo desdeña. Su perseverancia y suerte hizo que la infanta se tuviera que conformar con él.. 
-Racimo, criado de Baco: como Atún, es plebeyo, cobarde, materialista y una punta de atrevido y grosero. Al final, se casa con Cintia, criada de Ariadna. 
-Lidoro, príncipe de Epiro: reside en la isla para tratar de convencer a Fedra de que la ama muy de veras. Como todo galán, se conduce rectamente, según el código de honra del Barroco español. Lo mata Teseo en un lance por la honra, pero cada uno pensando que era otro contra quien luchaba.
-Licas, embajador de Atenas: hombre pragmático. Al final, es el general de las tropas atenienses que invaden Creta. A punto está de matar a Minos, pero Teseo lo evita a última hora.
-Tebandro, capitán de la guarda: su papel es poco relevante. Obedece al rey Minos y se muestra leal y serio. Es quien cierra la obra disculpando los errores y agradeciendo la
-Laura, criada de Fedra: como se espera de ella, es astuta, algo mentirosa y hábil para manejar las situaciones difíciles. 
-Cintia, criada de Ariadna: como Laura, muestra astucia y practicidad; al final,  se promete con Racimo.
Dos soldados, música y acompañamiento aparecen esporádicamente en escena, con un papel limitado.
Son personajes que despuntan cierta originalidad, impuesta por el guion, como el enfrentamiento con el minotauro por parte de Teseo. Los caracteres que proceden de la mitología griega resultan novedosos en parte, como las dos hermanas luchando por el amor del mismo hombre.
5) Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción se desarrolla en el palacio real de Minos, en la isla de Creta. Recrea un momento histórico de, aproximadamente, medio milenio antes de Cristo. Es un lugar muy amplio, con dependencias, salones jardines y, al fondo, el laberinto donde vive encerrado el minotauro. Ello resulta lógico si pensamos que los personajes principales son de alta cuna, nobles y de sangre real.
El tiempo de la escritura sabemos que corresponde a los años previos a 1689, fecha de la publicación de esta comedia. La acción dramática está condensada; dura un día, aproximadamente;  desde el anochecer de un día hasta el mediodía, aproximadamente, del día siguiente. Es una comedia nocturna en su parte principal, aunque comienza y termina a la luz del día.
6) Comentario estilístico
Sor Juana Inés de la Cruz domina la lengua española –junto con sus técnicas poéticas– y la técnica dramática a las mil maravillas. Lo primero que destaca es el dominio de la versificación. Maneja con flexibilidad, soltura y frescura distintas estrofas (sobre todo, el romance, la redondilla y la décima, todas de arte menor). Los personajes se expresan con precisión y propiedad; hablan en verso con una naturalidad pasmosa. El ingenio poético de sor Juana Inés se ve aquí bien patente. Un ejemplo de la virtuosidad de Sor Juana es este soneto:

 

ARIADNA:          El manto de la noche, en sombras tinto, 
               que medroso vistió de mis temores 
               tupido laberinto de pavores,
               no es mayor que mi obscuro laberinto.
                  Parecido a mi suerte, no es distinto 
               el color de sus trágicos horrores, 
               porque sin luz me pinta los rigores 
               que yo sin descansar hago y me pinto.
                  Sin que hagan intermisión mi amor constante 
               de alivio, mi tormento, que es la herida 
               que apetezco, más viva y penetrante
                  me lisonjea, cuanto más sentida; 
               pues por vivir muriendo, tengo amante 
               mi tormento por alma de mi vida.

 

Domina los recursos estilísticos con gran acierto y oportunidad: metáforas, metonimias, comparaciones, paralelismos, repeticiones retóricas, antítesis, ironías, etc. son recursos que abundan muchísimo, sin resultar excesivo. He aquí un ejemplo (jornada III) de un diálogo muy sustancioso entre Fedra y Teseo organizando su huida. Las reflexiones de la dama sobre el comportamiento de la dama para proteger su honra con astucia e inteligencia son del máximo interés:

 

FEDRA:                    Digo, Teseo,
               que mi vergüenza deudora
               te queda de la atención; 
               pues cuando son tan notorias 
               las razones que me obligan 
               a que la fuga disponga, 
               y que casi me forzaran 
               a decírtelo animosa, 
               con de irlo tú me excusas 
               el que yo te lo proponga; 
               porque no sé qué se tiene 
               el disponer amorosas 
               resoluciones, que suena 
               siempre mejor en la boca 
               del galán que de la dama, 
               pues para ostentar heroica 
               de amante, conceder basta, 
               porque proponer es cosa 
               en que se aja la hermosura 
               o el respeto se abandona.  
               Y la que a su amante ruega, 
               aunque sepa que él la adora, 
               sí no queda desairada 
               no quedará muy airosa; 
               que el decoro de las damas 
               tiene tantas ceremonias, 
               que para cumplir con ellas 
               sin agraviarse a sí propia, 
               ha menester una dama, 
               aun cuando amante se nombra, 
               dar a entender que se vence,
               mas no mostrar que se postra.
               Esto supuesto, dispón
               de mi vida y mi persona, 
               que a quien dice que te quiere, 
               todo lo demás le sobra.
TESEO:         Dulce imán de mis sentidos, 
               deja que a tus plantas ponga 
               mis labios.
FEDRA:                      Alza del suelo
               que no es razón, cuando gozas 
               todo el dominio del alma, 
               que así estés.
TESEO:                        Si generosa
               doblas los favores tú, 
               ¿por qué te admira si dobla 
               la recompensa mi amor?
               Adiós, mi bien, que ya es hora 
               de disponerme.
FEDRA:                        Ven luego
               que alguna nave dispongas, 
               en que nos podamos ir, 
               supuesto que hay tanta copia 
               en el puerto siempre de ellas, 
               y no dudo que entre todas, 
               haya alguna de tu reino, 
               la cual podrás con mis joyas 
               fletar; pues con el disfraz 
               no es fácil que te conozcan.
TESEO:         Pues yo voy.
FEDRA:                      Y cuando vuelvas
               no entres, que yo cuidadosa 
               te esperaré en esa puerta
               del parque, que así se logra 
               mejor el no ser sentido.
TESEO:         Pues adiós, mi prenda hermosa; 
               y pues eres deidad, manda 
               que se anticipen las horas 
               que voy a estar sin tu vista.
FEDRA:         Diligencia fuera ociosa, 
               a poder ser, pues sin ti, 
               aunque a un solo instante todas 
               se redujesen, sería 
               eternidad de congojas.
7) Contextualización
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una extraordinaria poetisa, poseedora de un excelente dominio de la lengua española y de las técnicas literarias. Fue una mujer a disgusto con los tiempos que le tocaron porque no podía desarrollar todo su potencial vital y creativo. Abrazó la vida religiosa como mal menor para un ser inteligente, sensible y talentoso. 
Su vocación artística cristalizó en varios poemarios, dramas y varios textos ensayísticos de naturaleza religiosa. Hija de su tiempo, siguiendo el camino de Calderón de la Barca y otros escritores barrocos, adoptó un estilo conceptista, con lo que significa de un uso ingenioso de la lengua: apartamiento del decir común, incorporación de cultismos y latinismos, uso de la mitología y el mundo clásico, búsqueda de una significación oscurecida y sorprendente… En su época se la conoció como “la décima musa”, en un gesto de reconocimiento de su extraordinaria valía literaria. 
Entre sus obras teatrales recordamos con especial gusto Los empeños de una casa y Amor es más laberinto (que ahora analizamos). Su obra alegórica Primero sueño es de lo más destacado de su poesía. Otra parte de ella fue recogida en el libro del que procede este poema, Inundación castálida…
8) Interpretación
Amor es más laberinto declara en el título, algo ambiguamente, de qué trata: salir adelante con los deseos amorosos es más difícil que abandonar el laberinto de Creta, donde vive el minotuaro. Las hermanas Ariadna y Fedra están en un laberinto o galimatías de difícil solución porque ambas aman al mismo hombre y ambas son pretendidas por sendos galanes de noble cuna. Tienen las hermanas, pues, dos trabajos: librarse del pretendiente y atraer al nuevo, que es Teseo. Y ambas han de esquivar la vigilancia del padre, celoso de su honra y dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para conservarla. La pieza, bajo la estela de Calderón de la Barca, deja entrever mensajes de más profundidad de la mera superficie argumental. 
Todos luchan por alcanzar sus sueños de amor y mantener su honra, pero no es fácil porque son tres galanes y dos damas, compitiendo entre sí. Diríamos que las preferencias de la autora se dirigen a Fedra, pues la presenta como más equilibrada, consciente y autocrítica. Ariadna es más impulsiva, maquiavélica y, aparentemente, cruel. Al final se queda con Baco como mal menor, donde muestra su pragmatismo.
Teseo es un personaje muy interesante porque reivindica su honra por el valor de su brazo. Hace recuento de sus heroicidades liquidando a malvados a los que nadie se había atrevido a parar los pies. Pero él lo hace, con éxito, y reclama su gloria y su honra por ello. Frente a la posición social que da la sangre, él muestra su valor y fortaleza. En cierto modo, es un mensaje rupturista y desviado de la línea tradicional. Aquí se puede apreciar la crítica social de sor Juana Inés ante una sociedad rígida e insatisfactoria en muchos sentidos.  
Por lo demás, la pieza combina elementos de la tragedia (muere Lidoro, príncipe de Epiro) con otros propios de la comedia: lances, cuchilladas, confusión, disfraces, medias palabras, ambiguas declaraciones, gestos confusos que dicen y niegan… Estamos ante lo mejor de las comedia nacional española. El ritmo es trepidante, como se espera de ella. El español colérico, que diría Lope, es impaciente y no tolera el desarrollo lento o pausado. Sor Juana Inés lo sabe y crea su obra perfectamente ajustada a estos parámetros. Y lo hace estupendamente, pues la lectura nos deja un agradable sabor de originalidad y belleza estética.
9) Valoración
Amor es más laberinto es una magnífica comedia que, partiendo de la mitología griega, pone en escena temas de siempre: la pasión amorosa, el valor personal como escalera de ascenso social, la honra como elemento determinante, la sed de venganza como motor de actuación, etc. La pieza retrata una sociedad antigua como si fuera barroca: toma los valores de esta y los hace operar en aquella, pero algunos personajes realizan un ejercicio de reflexión y análisis de sí mismos. Y lo que trasmiten no es muy alentador: dejan entrever su malestar por un código moral y social un tanto encorsetado, rayano con lo ridículo.
El manejo de la lengua es fresco, original y versátil. Los personajes hablan con una propiedad y oportunidad muy elevadas, para satisfacción del lector antiguo y moderno. Esta comedia merece una lectura inteligente, pues su autora la compuso no solo para elcsolaz, sino para la reflexión.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume la comedia (200 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo al desarrollo típico de una comedia de “capa y espada”. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce tres estrofas empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene la pieza: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario, áspero y recriminatorio? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que van jalonando los diálogos. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué importancia tiene el amor en esta comedia? 
2) ¿Cómo apreciamos en la pieza la importancia de la honra? Señala a quién afecta su posesión.
3) ¿Dónde percibimos la reflexión  sobre la condición femenina? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de las casualidades?
5) ¿Existe cualquier tipo de violencia en la obra? Justifica tu respuesta.
6) ¿Cómo apreciamos las diferencias de clases sociales en la pieza?
7) ¿Cómo interviene la mitología en esta pieza? Infórmate sobre Teseo, el minotauro, Ariadna, Fedra, etc. y establece la relación entre el relato antiguo y la adaptación de sor Juana.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que desarrolle un episodio mitológico, como ha realizado Sor Juana Inés de la Cruz en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta sor Juana Inés de la Cruz a propósito de su obra y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre sor Juana Inés de la Cruz, su teatro y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes, partiendo de una narración mitológica, que sirvan para expresar la importancia del valor, como hizo Teseo, para triunfar sobre las adversidades . Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el final de la comedia en un sentido que consideres actual y acorde con tu pensamiento. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Sor Juana Inés de la Cruz: “Los empeños de una casa”; análisis y propuesta didáctica

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ – “Los empeños de una casa” (1683)
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Jornada I
En Toledo, en casa de la noble dama doña Ana. Es de noche. Doña Ana ha estado enamorada, pero ya no, del galán don Juan, según le confiesa a su criada Celia. Se habían conocido en Madrid y don Juan la ha seguido por amor. Pero Ana se ha enamorado, sin comunicárselo a nadie, de don Carlos, que a su vez ama a doña Leonor, una chica muy bella y muy culta, pues le ha gustado el estudio desde niña. Don Carlos y doña Leonor se fugan de la casa de ella, pero tienen un lance en la calle y muere un hombre. Don Pedro, el hermano de doña Ana, manda a doña Leonor y a don Carlos a que se refugien en su casa mientras pasa el tumulto. Doña Ana no lo sabe, aunque acoge en casa a ambos. Don Juan, que estaba en casa porque lo había metido la criada Celia, requiebra a doña Leonor pensando que es doña Ana; aquella lo rechaza y este se enfada por el maltrato y no lo entiende. Llega don Pedro de Arellano a casa, que está enamorado de doña Leonor. Los esconde separadamente ante la confusión de los presentes. No sabe que su hermana está enamorada de don Carlos. Don Rodrigo, el padre de doña Leonor, con la ayuda de Hernando, su criado, busca a su hija para salvar su honra con un matrimonio rápido de esta con don Carlos, puesto que se quieren. 
Jornada II
Amanece un nuevo día. Don Carlos le confiesa a su criado Castaño (que le ha tirado los tejos, entre gracietas, a Celia) que ha visto a Leonor en esa casa. Pero que Ana le dijo cosas propias de enamoradas. El criado asiente y dice gracietas. Celia, mandada de doña Ana, aparta a don Carlos para que no sea visto por doña Leonor, que también está en la casa y se acaba de levantar. En una habitación escuchan canciones sobre penas de amor doña Ana, su hermano don Pedro y doña Leonor. Aquel requiebra a este sin parar. Doña Ana, aviesamente, hace que don Carlos lo vea a lo lejos, sin poder intervenir, para despertarle celos. Juegan con la expresión “No es tal, Sí es tal”. Don Carlos está corroído por los celos y las dudas. No sabe cómo su amada Leonor acabó también en esa casa. Don Rodrigo llega a casa de don Pedro y le pide ayuda a don Juan para salvar su situación. Don Rodrigo le ruega a don Pedro que se case con su hija, pensando que fue él quien la llevó de casa. Don Juan quiere matar a don Carlos porque piensa que quiere arrebatarle a doña Ana; a duras penas se contiene. Don Pedro da su palabra, sabiendo el error que comete don don Rodrigo, pero ama a doña Leonor y no resiste. Don Carlos escucha la conversación y está muy confuso. Su criado Castaño le aconseja que se enamore de doña Ana, y él no dice que no.
Jornada III
Castaño se disfraza de doña Leonor (tenía sus ropas porque estas se las había entregado la noche antes), y sale de la casa para llevarle un mensaje a don Rodrigo. Se cruza con don Pedro y se prometen (engañosamente, claro está) matrimonio; luego la encierra en una habitación. En otra habitación, a oscuras, se pelean los tres galanes entre sí; doña Ana huye, así como doña Leonor (confundida con doña Ana), que la lleva don Carlos a manos de su padre, don Rodrigo; este vuelve a casa de don Pedro para fijar el matrimonio esa misma noche. Doña Ana se ve atrapada en sus mentiras manipuladoras y decide darle su mano a don Juan, así que quedan listos para el matrimonio. Don Carlos y doña Leonor se siguen queriendo y el padre de ella les da las bendiciones. Don Pedro descubre, ante todos, que le dio la palabra de casamiento a Castaño. Este se quita las ropas que llevaba de doña Leonor y se desvela la burla a don Pedro; este, para salvar su honra, lo echa también a broma y bendice el matrimonio de su hermana. Final feliz, pues.
2) Temas abordados en la comedia
Los temas más importantes abordados en esta comedia son:
-El amor auténtico triunfa a pesar de las dificultades sobrevenidas.
-La imagen de la persona ante los demás es de capital importancia; es la honra; se adquiere despacio y se pierde deprisa.
-La posición social y la situación económica determina el destino de las personas, tanto en un plano material como en otros más teóricos.
-El azar provoca malentendidos, que suelen perjudicar a unos y favorecer a otros aleatoriamente.
3) Apartados temáticos o secciones de contenido
Como toda comedia que sigue la pauta de Lope de Vega, presenta tres jornadas o actos, correspondientes a la división de planteamiento, nudo y desenlace. En la primera jornada se presentan los personajes y el conflicto; en la segunda, se este se va agrandando y se ve adornado con lances y aventuras parciales de todo tipo; en la tercera jornada sigue in crescendo la tensión dramática, hasta desembocar, en los pasos finales, en una solución satisfactoria, positiva y optimista para los involucrados en el conflicto.
4) Personajes
Los personajes son tipos, o estereotipos, de la sociedad barroca española. Así, tenemos:
-Doña Ana: dama de alta cuna, desahogada económicamente, educada y pizpireta. No tiene padres, de ahí que viva con su hermano, don Pedro, de quien depende social y económicamente considerado, en una casa en Toledo, donde se desarrolla la mayor parte de la acción dramática. Es astuta y apasionada, a la vez que práctica. Se enamora y desenamora con bastante rapidez, según sus instintos e intereses.
-Don Pedro de Arellano, hermano de doña Ana: galán rico, poderoso y cabeza visible de la casa. Está enamorado de doña Leonor, pero no es correspondido. Apura sus opciones por todas las vías, incluso mostrando cierta nobleza, pero la realidad es terca y ella no lo quiere. No le queda más remedio que capitular a última hora para salvar su honra.
-Don Carlos: galán enamorado de doña Leonor y perfectamente correspondido. Cumple su papel perfectamente: valiente, algo atrevido y fiel en su pasión amorosa, con ciertos titubeos que no se resuelven hasta el final.
-Doña Leonor: dama de alta alcurnia, apasionada del conocimiento y de los libros, lo que la había hecho famosa. Corresponde a su amado don Carlos y, juntos, huyen de la casa de su padre. Es una mujer que fue independiente, pero el amor la hace más vulnerable. Casi estamos tentados de ver una imagen de sor Juana en ella.
-Don Juan: el tercer galán, perdidamente enamorado de doña Ana, a la que sigue de Madrid a Toledo. Gracias a las argucias de Celia, criada algo interesada y casquivana.
-Don Rodrigo: padre de doña Leonor; ya está metido en años, como él mismo advierte en alguna ocasión, y ya solo espera mantener su honra y vivir en paz. Se ve sometido a una dura prueba con la huida de su hija, pero todo acaba bien.
-Celia: criada de doña Ana. Mujer práctica y algo artera, además de codiciosa. Introdujo a don Juan en casa y luego provoca situaciones que le permitan salir airosa de enredos complicados. Corresponde a Castaño.
-Castaño: criado de don Carlos, tiene un papel más importante de lo que dice su condición social. Muestra desparpajo y chispa irónica, lo que provoca escenas de humor inmediatamente. Se disfraza de doña Leonor para poder salir de la casa. Su plan se va al traste cuando se cruza con don Pedro, ante quien ha de fingir que es ella, y le da palabra de matrimonio. Luego se deshará porque una de las condiciones es que “ella” podría retractarse fuera de casa, cosa que hace.
Son personajes típicos de la comedia de enredo o de “capa y espada”, por los atuendos típicos de los galanes. A veces, despuntan cierta originalidad, sobre todo doña Leonor, pero se atienen a un comportamiento estereotipado y previsible.
5) Lugar y tiempo de la acción dramática
La acción se desarrolla casi en su totalidad en la casa (noble, amplia, con cuadras y jardín) del noble don Pedro de Arellano, que vive con su hermana doña Ana. La escena final, sin embargo, ocurre en la calle, lo que tiene su importancia a efectos argumentales. Aporta también cierta variedad a la comedia. 
El tiempo de la escritura sabemos que corresponde a los años previos a 1683, fecha de la publicación de esta comedia. La acción dramática dura unas doce horas, desde el anochecer de un día hasta el mediodía, aproximadamente, del día siguiente. Es una comedia nocturna, vista desde este ángulo. La representación, como es previsible, alcanza las dos horas aproximadamente.
6) Comentario estilístico
Sor Juana Inés de la Cruz domina la lengua española –junto con sus técnicas poéticas– y la técnica dramática a las mil maravillas. Lo primero que destaca es el dominio de la versificación. Maneja con flexibilidad, soltura y frescura distintas estrofas (sobre todo, el romance, la redondilla y la décima, todas de arte menor). Los personajes se expresan con precisión y propiedad; hablan en verso con una naturalidad pasmosa. El ingenio poético de sor Juana Inés se ve aquí bien patente.
Domina los recursos estilísticos con gran acierto y oportunidad: metáforas, metonimias, comparaciones, paralelismos, repeticiones retóricas, antítesis, ironías, etc. son recursos que abundan muchísimo, sin resultar excesivo. Por ejemplo, en torno a la canción de los músicos, el juego con las expresiones “Sí es tal” y “No es tal” es de una belleza y un acierto totales. Pocas escenas de comedia están tan logradas como esta; se establece un contrapunto feliz entre ambas expresiones y los sentimientos amorosos de los personajes. Aportamos el pasaje en cuestión porque es una delicia de lenguaje y de construcción dramática:
Música.- ¿Cuál es la pena más grave   1455 
que en las penas de amor cabe? 
Voz 1.- El carecer del favor
será la pena mayor,
puesto que es el mayor mal.
Coro 1.- No es tal.                                 1460 
Voz 1.- Sí es tal. 
Coro 1.- ¿Pues cuál es? 
Voz 1.- Son los desvelos
a que ocasionan los celos,
que es un dolor sin igual.
Coro 1.- No es tal.                                 1465 
Voz 1.- Sí es tal. 
Coro 1.- ¿Pues cuál es? 
Voz 1.- Es la impaciencia 
a que ocasiona la ausencia, 
que es un letargo mortal. 
Coro 1.- No es tal.                                 1470 
Voz 1.- Sí es tal. 
Coro 1.- ¿Pues cuál es? 
Voz 1.- Es el cuidado 
con que se goza lo amado, 
que nunca es dicha cabal.                  
Coro 1.- No es tal.                                1475 
Voz 1.- Sí es tal. 
Coro 1.- ¿Pues cuál es? 
Voz 1.- Mayor se infiere 
no gozar a quien me quiere 
cuando es el amor igual. 
Coro 1.- No es tal.                                 1480 
Voz 1.- Sí es tal. 
Coro 1.- Tú, que agora has respondido,
conozco que sólo has sido 
quien las penas de amor sabe. 
Coro 1.- ¿Cuál es la pena más grave      1485 
que en las penas de amor cabe? 
Pedro.- Leonor, la razón primera 
de las que han cantado aquí 
es más fuerte para mí; 
pues si bien se considera                     1490 
es la pena más severa 
que puede dar el amor 
la carencia del favor, 
que es su término fatal. 
Leonor.- No es tal.                              1495 
Pedro.- Sí es tal. 
Ana.- Yo, hermano, de otra opinión 
soy, pues si se llega a ver, 
el mayor mal viene a ser 
una celosa pasión;                             1500 
pues fuera de la razón 
de que del bien se carece, 
con la envidia se padece 
otra pena más mortal. 
Leonor.- No es tal.                              1505 
Ana.- Sí es tal. 
Leonor.- Aunque se halla mi sentido 
para nada, he imaginado 
que el carecer de lo amado 
en amor correspondido;                   1510 
pues con juzgarse querido 
cuando del bien se carece,
 el ansia de gozar crece 
y con ella crece el mal. 
Ana.- No es tal.                                 1515 
Leonor.- Sí es tal. 
Carlos.- ¡Ay Castaño! Yo dijera 
que de amor en los desvelos 
son el mayor mal los celos,
 si a tenerlos me atreviera;             1520 
mas pues quiere Amor que muera, 
muera de sólo temerlos, 
sin llegar a padecerlos, 
pues éste es sobrado mal. 
Castaño.- No es tal.                           1525 
Carlos.- Sí es tal. 
Castaño.- Señor, el mayor pesar 
con que el amor nos baldona, 
es querer una fregona 
y no tener qué la dar;                       1530 
pues si llego a enamorar 
corrido y confuso quedo, 
pues conseguirlo no puedo
 por la falta de caudal. 
Música.- No es tal.                             1535 
Castaño.- Sí es tal. 
Celia.- El dolor más importuno 
que da Amor en sus ensayos, 
es tener doce lacayos 
sin regalarme ninguno,                 1540 
y tener perpetuo ayuno, 
cuando estar harta debiera 
esperando costurera 
los alivios del dedal. 
Música.- No es tal.                         1545 
Celia.- Sí es tal. 
Ana.- Leonor, si no te divierte 
la música, al jardín vamos, 
quizá tu fatiga en él 
se aliviará. 
Leonor.- ¿Qué descanso               1550 
puede tener la que sólo 
tiene por alivio el llanto?
Pedro.- Vamos, divino imposible. 
7) Contextualización
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una extraordinaria poetisa, poseedora de un excelente dominio de la lengua española y de las técnicas literarias. Fue una mujer a disgusto con los tiempos que le tocaron porque no podía desarrollar todo su potencial vital y creativo. Abrazó la vida religiosa como mal menor para un ser inteligente, sensible y talentoso. 
Su vocación artística cristalizó en varios poemarios, dramas y varios textos ensayísticos de naturaleza religiosa. Hija de su tiempo, siguiendo el camino de Calderón de la Barca y otros escritores barrocos, adoptó un estilo conceptista, con lo que significa de un uso ingenioso de la lengua: apartamiento del decir común, incorporación de cultismos y latinismos, uso de la mitología y el mundo clásico, búsqueda de una significación oscurecida y sorprendente… En su época se la conoció como “la décima musa”, en un gesto de reconocimiento de su extraordinaria valía literaria. 
Entre sus obras teatrales recordamos con especial gusto Los empeños de una casa (que ahora analizamos) y Amor es más laberinto. Su obra alegórica Primero sueño es de lo más destacado de su poesía. Otra parte de ella fue recogida en el libro del que procede este poema, Inundación castálida…
8) Interpretación
Los empeños de una casa declara en el título, algo ambiguamente, de qué trata: el deseo por realizar algo y la perseverancia por alcanzarlo, en contra de todas las adversidades. Lo que quieren realizar los personajes son sus anhelos amorosos, pero eso no es fácil porque son tres galanes y dos damas, así que uno ha de quedar fuera. La obra, bajo la estela de Calderón de la Barca (a quien se cita elogiosamente en la obra por uno de los personajes), deja entrever mensajes de más profundidad de la mera superficie argumental. 
Todos luchan por alcanzar sus sueños de amor y mantener su honra. Es un juego peligroso, porque un resbalón los manda al desprestigio social irrevocablemente. La mujer se lo jugaba todo en la opinión sobre su virtud que los demás tenían de ella; la virtud, obviamente, dependía de su comportamiento amoroso y sexual; la mínima sospecha de relaciones ilícitas o extramatrimoniales la condenaban al ostracismo, y no solo a ella, sino también a su familia. Ya sabemos que esas faltas se lavaban con sangre, empezando con la de la propia mujer involucrada y siguiendo con la del hombre entrometido. Doña Ana y doña Leonor notan vivamente esa presión, y lo dicen, en tono de lamento. Pero no pueden escapar a ella, de modo que manejan su situación con inteligencia y astucia; y así, ambas salen bien libradas, casadas con los hombres que quieren (no tanto en el caso de doña Ana, pero hace un ejercicio de realismo y se queda con don Juan, puesto que don Carlos es firme en su amor por doña Leonor).
Los hombres también soportan una situación incómoda, pero más llevadera. Al fin y al cabo son los “hombres necios” (expresión que utiliza sor Juana Inés en su famoso poema en redondillas contra la hipocresía masculina, que en este blog ha sido comentado) que han creado y alimentado ese estado de cosas; además, seducir a una mujer provocaba cierta envidia por un sector de la población masculina. Pero también se juegan su honra, directa e indirectamente (tienen madres, hijas, novias y hermanas), como bien sabe y expresa don Rodrigo. Así que, con ese asunto, bromas, las justas. Estos galanes han de jugarse la vida por mantener su imagen pública de valientes y hombres sólidos y de palabra. En esta comedia no se llega al límite, pero lo bordea, en la pelea nocturna en casa de don Pedro, entre este y los otros dos galanes. 
Lances, cuchilladas, confusión, disfraces, medias palabras, ambiguas declaraciones, gestos confusos que dicen y niegan… Estamos ante lo mejor de las comedias de capa y espada. El ritmo es trepidante, como se espera de ella. El español colérico, que diría Lope, es impaciente y no tolera el desarrollo lento o pausado. Sor Juana Inés lo sabe y crea su obra perfectamente ajustada a estos parámetros. Y lo hace estupendamente, pues la lectura nos deja un agradable sabor de originalidad y belleza estética.
9) Valoración
Los empeños de una casa es una magnífica comedia que retrata una sociedad con acierto y mirada crítica. La autora no es complaciente, sino que nos deja entrever su malestar con este estado de cosas. Sin embargo, al fin, ha de acomodarse a los requerimientos de una comedia: lances continuos y final feliz donde el amor triunfa (normalmente, porque aquí don Pedro queda compuesto y sin novia).
El manejo de la lengua es fresco, original y versátil. Los personajes hablan con una propiedad y oportunidad muy elevadas, para satisfacción del lector antiguo y moderno. Esta comedia merece una lectura inteligente, pues su autora la compuso no solo para solaz, sino para la reflexión.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume la comedia (200 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo al desarrollo típico de una comedia de “capa y espada”. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce tres estrofas empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene la pieza: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario, áspero y recriminatorio? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que van jalonando los diálogos. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué importancia tiene el amor en esta comedia? 
2) ¿Cómo apreciamos en la pieza la importancia de la honra? Señala a quién afecta su posesión.
3) ¿Dónde percibimos la defensa de la condición femenina? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de las casualidades?
5) ¿Existe cualquier tipo de violencia en la obra? Justifica tu respuesta.
6) ¿Cómo apreciamos las diferencias de clases sociales en la pieza?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que desarrolle un lance o situación como la planteada en la obra, como ha realizado Sor Juana Inés de la Cruz en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta sor Juana Inés de la Cruz a propósito de su obra y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre sor Juana Inés de la Cruz, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de unas relaciones sociales sanas y equilibradas para favorecer el desarrollo personal. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el final de la comedia en un sentido que consideres actual y acorde con tu pensamiento. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis…”; análisis y propuesta didáctica

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ – “Hombres necios que acusáis…”

[1] Hombres necios que acusáis          1
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
[2] Si con ansia sin igual                       5
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
[3] Combatís su resistencia
y luego con gravedad                          10
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
[4] Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.                        15
[5] Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
[6] ¿Qué humor puede ser más raro  20
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
[7] Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,                        25
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
[8] Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,                30
y si os admite, es liviana.
[9] Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.                    35
[10] ¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
[11] Mas entre el enfado y pena      40
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.
[12] Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas                        45
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
[13] ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada                       50
o el que ruega de caído?
[14] ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?                55
[15] ¿Pues para qué os espantáis   
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
[16] Dejad de solicitar                      60
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
[17] Bien con muchas armas fundo  
que lidia vuestra arrogancia,            65
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Sor Juana Inés de la Cruz: Inundación castálida de la única poetisa, Musa Décima, sor Juana Inés de la Cruz…, Madrid, 1690

 

  1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una de las más grandes poetas en lengua castellana. Su valor se acrecienta todavía más si consideramos su época (el Barroco) y su condición de mujer, en general, supeditada al hombre, cosa que con ella no ocurrió, pues se rebeló y triunfó frente a una sociedad estamentalizada y rígida en muchos aspectos.
El poema que ahora analizamos es un lúcido y áspero análisis sobre la negativa valoración de la mujer en relación a su papel en el cortejo, es decir, en el juego de las relaciones sentimentales y sus consecuencias. En la primera estrofa –ya podemos adelantar que son redondillas, cuatro versos octosílabos con rima consonante abba– tilda a los hombres de “necios”, es decir, persistentes en sus errores producto de la poca inteligencia; los hombres no quieren ver que culpan a la mujer de algo (no lo especifica todavía) que provocan ellos mismos. En la segunda estrofa denuncia la doble tabla de medir del hombre. Pregunta al hombre cómo esperan que la mujer actúe bien si la induce al mal, a pesar de él mismo espera una actitud de desprecio de ella respecto de sus pretensiones.
La tercera estrofa se aproxima un poco más al núcleo temático, pero todavía da algún rodeo. Comprendemos, con todo, que habla del empeño amoroso del hombre para seducir a la mujer. Y cuando lo ha logrado, opina que la mujer fue deshonesta y la rechaza. La cuarta estrofa desarrolla enteramente un símil donde retrata la incoherencia del hombre: actúa como el niño que quiere tener el coco, el monstruo que da miedo, pero cuando lo ve delante le da pánico por su fealdad.
La quinta estrofa evidencia la hipocresía del hombre; si busca una mujer fácil, prefiere que sea accesible, como una vulgar prostituta, a ejemplo de Tais, la meretriz griega que acompañó a Alejandro Magno en sus conquistas. Pero cuando la mujer es su esposa y la siente como parte de su honra, le exige que se comporte como la célebre mujer romana Lucrecia, que se suicidó tras haber sido violada. En la sexta estrofa, a través de una interrogación retórica que ocupa toda ella, tilda a los hombres de estúpidos, pues realiza acciones que luego lamenta, al recibir un claro perjuicio; se refiere a que si se difama a una mujer, y resulta que puede ser la esposa o familiar del difamador, la honra de este queda en entredicho; o que los demás van a actuar como lo hace ese hombre idiota e impulsivo, además de ilógico, pues no se puede pretender consecuencias de actos que son contrarios.
La séptima estrofa afea la actitud quejica y lastimera del hombre, quejándose igualmente si la mujer le hace caso o no se lo hace; al fin, la culpará o de ser desdeñosa si ella se mantiene firme,  o de ser casquivana si accede a las pretensiones del hombre. En todo caso, desarrolla ya en la octava estrofa, la mujer pierde en su imagen pública, pues será tratada de ingrata o de ligera de cascos, según acceda a las pretensiones del hombre.
La novena estrofa repite el contenido de la anterior, pero cambiando las palabras. De nuevo califica al hombre de “necio”, pues no alcanza a comprender que su comportamiento es ridículo e injusto. En la estrofa décima (sintácticamente igual que la sexta, un enunciado interrogativo en su totalidad) justifica que la mujer esté harta e irritada ante este comportamiento de los hombres, pues aplicará su doble rasero: la mujer que no accede a las pretensiones amorosas del hombre “ofende” al hombre; la que sí accede, enfada, de modo que el hombre siempre tendrá motivo de queja.  
El yo poético, trasunto de Sor Juana, toma partido en la undécima estrofa: felicita a la mujer que rechaza al hombre y la considera afortunada en su decisión. En la duodécima estrofa vuelve al tema de la incongruencia del comportamiento del hombre, dando un paso más: es el hombre quien convierte a las mujeres en “malas”, pero luego las quiere hallar “muy buenas”, es decir, de buena reputación. La mujer no es culpable, solo víctima de la hipocresía masculina y de su comportamiento atolondrado e injusto.
En la décimo tercera estrofa desarrolla un retruécano muy ingenioso para echar la “culpa” de la pérdida de la virtud a ambos, o, en todo caso, al hombre, pues este ha sido el elemento agente en una “pasión errada” (v. 49). La  décimo cuarta estrofa plantea el mismo asunto, pero ahora desde la perspectiva de la prostitución. Duda que la mujer que vive del comercio carnal sea culpable de nada, más bien es el hombre que paga por acceder a esos servicios.
La décimo quinta estrofa sube el tono del enfado del yo poético, y echa la culpa al hombre de esta situación de hipocresía irritante. Y lo somete a una tesitura: o aceptan las mujeres según lo que hacen de ellas, o, si las desean de otra manera, que contribuyan para que así sea. La décimo sexta estrofa es una petición, más bien orden, dirigida al hombre: es mejor que dejen en paz a las mujeres; así, al menos, tendrán razón para quejarse de que una mujer los requiebre a él.
La última estrofa, la décimo séptima, posee un cariz personal muy grande. El yo poético habla en primera persona y sentencia la actitud masculina. La encuentra presuntuosa (“arrogancia” alude a ello) y, entre palabras de amor y de apremio a la mujer para que acceda a sus deseos, encuentra al hombre una mezcla explosiva y peligrosa de pecado, condena y concupiscencia. Es decir, un auténtico peligro para él mismo y para la sociedad.
1.2. Temas del poema
Este poema aborda los siguientes asuntos:
-Protesta contra los hombres por su cinismo e hipocresía al exigir a las mujeres lo que ellos no ofrecen o se encargan de destruir.
-Denuncia del rol social de la mujer, sometida a unas pautas de comportamiento perniciosas para ellas, atrapadas en una contradicción.
-Apelación a la sociedad, especialmente al sector masculino, pues la domina, para que proporcione a la mujer un trato justo e igualitario respecto del hombre.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta tres apartados temáticos bien discernibles:
-Las dos primeras estrofas son una presentación del asunto y una toma de posición: los hombres oscilan entre la estupidez y la hipocresía cuando reclaman a la mujer lo que ellos evitan que ellas den.
-Desde la tercera a la decimoquinta estrofa: es todo un cuerpo argumentativo en el que demuestra que la actitud del hombre es inconsecuente, cínica e hipócrita, además de inmadura. Exigen lo que no dan, reclaman lo que evitan cultivar en la mujer y protestan por todo.
-Las dos últimas estrofas (16 y 17) representan el cierre, con una estructura conclusiva. El imperativo con que se abre la estrofa 16 (“Dejad…”) abre un enunciado imperativo dirigido a los hombres, a los que se les pide, casi ordena, que no molesten a las mujeres con requerimientos sensuales, aunque tiene sus dudas, dada la “arrogancia” de los hombres. 
Conviene tener en cuenta que otras divisiones son posibles e igualmente legítimas, pues muchas veces depende de la perspectiva adoptada.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por sesenta y siete versos octosílabos agrupados en diecisiete estrofas de cuatro versos. La rima consonante, que se repite en cada estrofa, es: abba;  va cambiando la terminación en cada estrofa, señal del talento poético de su autora. La estructura estrófica utilizada es la redondilla; es de origen italiano y se introdujo en España en el Renacimiento, gracias al esfuerzo adaptador del maestro Garcilaso de la Vega y otros poetas.
1.5. Comentario estilístico
Sor Juana Inés de la Cruz hace alarde de un talento poético descomunal en la composición de este poema. Emplea una estrofa breve y, sin embargo, en cada una de ellas, desarrolla una idea, un pensamiento o un argumento en torno a un mismo asunto: la irritante desigualdad con que es tratada la mujer en la sociedad de su época y el terrible cinismo en el comportamiento del hombre. 
El poema posee un tono apelativo, apostrófico, buscando remover la inteligencia y la conciencia de los hombres. El enfado del yo poético, trasunto de Sor Juana Inés, es mayúsculo. En el primer verso se apela a los hombres (siempre se dirige a ellos en plural, tratados, pues, como un grupo donde no hay excepciones). Se los califica inmediatamente de “necios”, es decir, estúpidos o cerriles en su propio error. Lamenta que el hombre acuse a la mujer de algo provocado por los mismos hombres. No entra en el núcleo del asunto, pues de momento todo son circunloquios o perífrasis. La sinonimia (“acusáis”, “culpáis”) insiste en la actitud repetida del hombre, que responsabiliza a la mujer. En la segunda estrofa las perífrasis concreta un poco más el tema principal: los hombres solicitan el “desdén” (v. 6) de las mujeres a pesar de que las incitan al “mal”. He aquí una paradoja irritante; apela a la razón de los hombres a través de una interrogación retórica y de una antítesis chocante, establecida entre “bien” y “mal”. 
En la tercera estrofa narra el comportamiento de los hombres, que ahora ya descubrimos que se refiere a las relaciones sentimentales y sensuales entre ambos sexos. Los hombres luchan por que la mujer no oponga resistencia a sus pretensiones; y, cuando lo logra, piensa que fue un acto de frivolidad o lascivia de las mujeres. Es una contradicción muy grave y culpa indirectamente a los hombres de haberla provocado, luego es el culpable. Esa actitud, desarrolla en la estrofa 4 a través de un símil que la ocupa enteramente, es como la actitud del niño que desea e insiste por tener al lado algo feo o temeroso (el “coco”) y, cuando se lo conceden, muestra miedo y lo rechaza. Es una actitud inconsecuente e infantil, deducimos inmediatamente. 
En la estrofa quinta recurre a la clasicidad grecolatina para afear la actitud contradictoria de los hombres. Desea que las mujeres se porten, según sus deseos, de modo casquivano, como meretrices, o, si lo que buscan es la “posesión” (v. 19), terrible palabra, metáfora de matrimonio, como ejemplos acabados de fidelidad. En efecto, Tais fue una legendaria mujer de vida alegre que acompañaba a Alejandro Magno en sus expediciones militares, y Lucrecia era una esposa noble, romana, que optó por el suicidio después de ser violada. La sexta estrofa es toda ella una interrogación retórica que se resuelve en una metáfora sobre la estupidez de los hombres, pues se hacen daño a sí mismos sin saberlo. La metáfora es muy explícita: empañan el espejo en que desean mirarse y luego lamentan que no se pueden ver bien. Es un buen ejemplo de la estupidez cínica de los hombres.
La séptima estrofa es una acusación directa a los hombres, concretada en el “favor y el desdén” (v. 24), metáforas del acogimiento o rechazo de las mujeres a las pretensiones sentimentales de los hombres. Establece una paradoja, con una doble antítesis y dos paralelismos de bella factura, sobre la mente quejica e infantil de los hombres. En la estrofa 8 alude, por primera vez, a las mujeres a través de la perífrasis “la que más se recata”. Observemos que aún no ha empleado la palabra “mujer” u otra sinónima. La imagen de la mujer ante la sociedad siempre será negativa por ese sistema de valores impuesto por los hombres. Si rechaza al hombre es desagradecida, pero si lo acoge es voluble. Y la causa de esta absurda vara de medir es el caprichismo de los hombres.
La novena estrofa es una repetición, en términos argumentativos, de la anterior. Repite el adjetivo “necios” (v. 32) aplicado a los hombres y desarrolla la paradoja ya conocida que revela la inconsistencia de los hombres. La metáfora “con desigual nivel” (v. 33) se refiere a la errónea escala de valores masculinos. “Culpáis” (vv. 34-35) y los sintagmas que acompañan al vocablo forman un expresivo quiasmo. La décima estrofa está ocupada toda ella por una interrogación retórica, como vimos en la sexta. Ahora justifica la irritación femenina, a través de otro quiasmo y una paronomasia de “ofende” y “enfada”. Los adjetivos “ingrata” y “fácil” (vv. 38 y 39) se usan con significación metafórica referida a la respuesta femenina.
La undécima estrofa presenta un cambio sustancial de significación. Se repite dos veces el recurso de la sinonimia para felicitar y alabar a la mujer que rechaza al hombre. La “queja” (v. 43) del hombre es bienvenida porque eso significa el descanso de la mujer. El reproche, cada vez más áspero, continúa en la es décimo segunda estrofa. Los hombres hacen malas a las mujeres, “a sus libertades [dan] alas” (v. 45), es decir, abonan su comportamiento desenfadado, pero luego las quieren “muy buenas” (v. 47). De nuevo una paradoja y una antítesis –llamativa porque malas/buenas son las palabras finales de los versos 46-47– para expresar el cinismo hipócrita de los hombres. El adjetivo “amantes” aplicado a “penas” acota un poco más el contenido a través de una metáfora: el galanteo de los hombres hacia las mujeres.
Las estrofas 13 y 14 son en sí mismas dos interrogaciones retóricas, cada una de ellas, y ambas redundan en el mismo significado: los hombres son tan culpables o más que las mujeres en el supuesto comportamiento inadecuado de estas. La derivación “rogada” y “ruega” (vv. 50 y 51) inciden en la responsabilidad del hombre, impertinente asediando a la mujer. El retruécano de los versos 53-54 es muy expresivo y sirve para culpar igual a la prostituta que al que induce o paga por la prostitución. Como siempre, Sor Juana Inés alude a ello a través de perífrasis y un bello quiasmo.
La estrofa décimo quinta es especialmente relevante en su sentido. Atribuye la “culpa” (v. 57) de esa situación a los hombres. Y luego les dirige dos verbos en modo imperativo de valor terminante; a través de un retruécano y un paralelismo conmina a los hombres a que sean coherentes con lo que hacen con las mujeres, y abandonar su doble rasero. Sigue la estrofa décimo sexta en el mismo tono, pues comienza con otro imperativo, en esta ocasión pidiendo a los hombres que cesen en sus galanteos o proposiciones, de este modo podrán comprender mejor la situación de la mujer que decida “rogar” (v. 63) a un hombre.
La última estrofa es personal, pues el verbo en primera persona del singular (“fundo”, v. 64) así lo exige. Posee también un carácter conclusivo evidente. Y concluye afirmando que entre “promesa” (v. 66, metáfora de palabras bonitas y protestas de amor) e “instancia” (v. 66, metáfora de la presión o apremio a que someten a las mujeres en sus requiebros amorosos), se fusionan la tentación y el pecado, el deseo sexual y la vida alegre mundana (expresado a través de una triple metonimia muy expresiva, en forma de enumeración: “diablo, carne y mundo”, v. 67). El cierre es contundente en cuanto al mandato dirigido a los hombres para que no importunen más a las mujeres, pues en ese apremio engañoso se juega el destino de estas en esta vida y en la ultraterrena. Es interesante recordar que en el poema no aparece la palabra “mujer” (a la que se refiere por circunloquios siempre en singular), ni “amor”. Habla a los “hombres”, en plural, lo que significa que no se salve de su diatriba ni uno solo, habido o por haber.
1.6. Contextualización
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una extraordinaria poetisa, poseedora de un excelente dominio de la lengua y de las técnicas literarias. Fue una mujer a disgusto con los tiempos que le tocaron porque no podía desarrollar todo su potencial vital y creativo. Abrazó la vida religiosa como mal menor para un ser inteligente, sensible y talentoso. Su vocación artística cristalizó en varios poemarios, dramas y varios textos ensayísticos de naturaleza religiosa. Hija de su tiempo, siguiendo el camino de Calderón de la Barca y otros escritores barrocos, adoptó un estilo conceptista, con lo que significa de un uso ingenioso de la lengua: apartamiento del decir común, incorporación de cultismos y latinismos, uso de la mitología y el mundo clásico, búsqueda de una significación oscurecida y sorprendente… En su época se la conoció como “la décima musa”, en un gesto de reconocimiento de su valía. 
Entre sus obras teatrales recordamos con especial gusto Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Su obra alegórica Primero sueño es de lo más destacado de su poesía. Otra parte de ella fue recogida en el libro del que procede este poema, Inundación castálida…
1.7. Interpretación y valoración
El poema con el que estamos trabajando es de una hermosura elevada y de un contenido desasosegante por valiente y firme. Sor Juana Inés denuncia la difícil situación de la mujer en el juego social y sentimental de la sociedad barroca. Critica ásperamente el cinismo de una sociedad que tolera una hipocresía irritante por parte de los hombres, calificados como “necios” (estúpidos y contumaces en su imbecilidad), todos y sin paliativos. Para escribir así, hay que estar muy cansada y enfadada del trato recibido como mujer.
Sor Juana Inés razona con una lógica implacable y transmite un contenido de denuncia claro y contundente; sin embargo, da rodeos o lo aborda metafóricamente  a la mujer y al acoso al que se ve sometida en eso que llaman amor, y que ella parece que solo ve lujuria. También le fastidia enormemente la tontuna inveterada del hombre, hasta el punto de que se hace daño a sí mismo con su papel de impertinencia en sus requerimientos o galanteos hacia la mujer.
Este poema pasa por ser la primera reivindicación femenina en la literatura de la mujer y su integridad moral, emocional y física. Nuestra poetisa no vacila en exigir un cambio radical en las reglas sociales del galanteo y las costumbres sexuales, claramente denigratorias e injustas para la mujer. En el fondo, Sor Juana Inés solo exige que a la mujer se le permita un comportamiento igual al del hombre, porque el doble rasero es injusto e intolerable para toda mujer.
La composición funciona, a nuestro parecer, como un serio tirón de orejas a “los hombres necios” que abusan de su posición y de un sistema de valores hipócrita y cínico que los favorece injustificadamente. El poema entero es toda una máquina de razonar, con lógica y razón. Allá al fondo, podemos ver el enfado de la poeta y su gesto de hartazgo ante una sociedad muy discriminatoria para las féminas. Y es bien real, como que lo sufría en sus carnes.  
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario, áspero y recriminatorio? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Quiénes son los sujetos actantes del poema? 
2) La poeta, ¿toma partido en su exposición? ¿A quién defiende y a quién critica? 
3) ¿Dónde percibimos al yo poético presente? ¿Es un sujeto objetivo o subjetivo? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la rabia y el cansancio por el trato que se le da a la mujer?
5) Los versos  “Queredlas cual las hacéis / o hacedlas cual las buscáis.” (vv. 58-59), ¿a qué se refiere exactamente? Razona tu respuesta. 
6) ¿Por qué en el primer verso se califica a los hombres de “necios”? ¿Está en correpondencia con el contenido ulterior del poema?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Puedes dotarlo de un sentido metafórico o imaginario, como ha realizado Sor Juana Inés de la Cruz en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta sor Juana Inés de la Cruz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre sor Juana Inés de la Cruz, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de unas relaciones sociales sanas y equilibradas para favorecer el desarrollo personal. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Claudio Rodríguez: “Don de la ebriedad, I”; análisis y propuesta didáctica

CLAUDIO RODRÍGUEZ – Don de la ebriedad, I
 DON DE LA EBRIEDAD, I
Siempre la claridad viene del cielo;                    1
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche                         5
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda              10   
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla                    15
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca         20
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
                                              (Don de la ebriedad, 1951)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Vamos a realizar una exégesis de un ambicioso y original poema del poeta Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999), miembro destacado de la Generación del 50, o del Medio Siglo. El poema se centra en una reflexión sobre la claridad, la luz: qué es, cómo la percibimos y cómo influye en nuestras vidas, en los aspectos externos e internos, en la superficie y en la hondura del alma. El poema posee un tono dialógico muy claro: el yo poético interlocuciona con la claridad, por otro lado, parte consustancial de su vida.
El poema comienza en un tono asertivo: la claridad es un don, un regalo, una dádiva, que ilumina y da sentido a nuestra vida. La ubica espacialmente: por encima de nosotros, en el firmamento. Aclara su carácter repetitivo diario, pues alterna con la noche. La claridad, parece que identificada con el día, lo ocupa todo y lo impregna de amor, de sentido y de sosiego. El yo poético insiste en que la claridad es un regalo, un “don” maravilloso que da sentido a la vida. 
El yo poético habla, de forma ambigua, con un tú que ejercita unos “vuelos”; su interpretación es confusa: ¿una persona amada, un símbolo de la propia claridad? Podría ser cualquiera de las dos, u otras distintas. El yo poético la siente en y sobre él, en movimiento, como en un abrazo totalizador. Cuando exclama “¡Nada hay tan claro como sus impulsos!” (v. 13) nos desvela la intensa comunicación de la claridad con el yo poético. Los últimos versos de la primera estrofa oscurecen su sentido en el sentido de que el yo poético habla con alguien, pero ignoramos quién. La claridad, el alba, también buscan como un sentido y una forma para alcanzar su perfección. El “tú” se ha llevado la claridad, de modo que el yo poético no espera nada del alba. Parece que existe una identificación indirecta entre la claridad y la vivencia amorosa, o con la persona amada. Percibe la “claridad sola” como una necesidad embriagadora, como una experiencia total que envuelve su vida, “como el abrazo” (v. 23) que al final asfixia al abrazado, pero sentido como necesario e inevitable.
1.2. Tema del poema
El poema indaga sobre la necesidad de la claridad para el yo poético –por extensión, para el ser humano–; se la busca, se la siente por pura necesidad, pues la claridad es como una dádiva que porta felicidad y justifica la propia existencia.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta dos apartados temáticos bien discernibles, pues coinciden con las dos estrofas del poema:
-Existe una introducción y desarrollo del asunto poético, concentrado en dos palabras: claridad y don, que se repiten a lo largo de varios versos. El yo poético describe, explica y transmite cómo es la claridad y qué efectos tiene en su vida. Aporta sentido y bienestar al yo poético, de modo que la alaba y la exalta abiertamente. Por un momento, parece que la claridad es una experiencia amorosa. 
-Cierre o conclusión del poema (2. ª parte, vv.20 – 24 y final): posee un carácter más confesional e intimista. El yo poético admite que no puede vivir sin esa claridad peligrosamente atractiva, pues su abrazo es como el de “las hoces”, que cortan en seco la mies.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por veinticuatro versos agrupados en dos estrofas. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. Los versos pares riman en asonante (ó-a) y los pares quedan libres; apreciamos una ligera desviación en el verso 6, pues rima en é-a . Estamos, pues, ante un romance heroico. Es una estrofa antigua, de larga tradición en la poesía española, pero Claudio Rodríguez la revivifica con temas y tonos. El efecto melódico que provoca es el de una solemnidad no exenta de elementos rupturistas e irónicos, como la introducción de la subjetividad y el tono dialógico. La musicalidad resulta bien perceptible, arrastrando un contrapunto irónico de fondo. 
1.5. Comentario estilístico
El poema gira en torno al concepto de “claridad”, como ya se expresa en el verso 1 (el vocablo se repite tres veces en el poema, señal inequívoca de su importancia). Se le atribuye una naturaleza celestial y se la considera un “don” (v. 2; la palabra aparece tres veces en el poema), es decir, un regalo o dádiva, o, en otro sentido, una habilidad especial para hacer algo; parece que es el primer sentido el que prima en el poema. Personifica la claridad haciendo que se sitúe por encima de las cosas y las ocupe al mismo tiempo; estamos ante un oxímoron para describir la extraña naturaleza de la claridad, metáfora en sí misma de la clarividencia del hombre al abordar o plantear su existencia en el mundo.
Discurre con el ritmo natural de los días y las noches, términos antitéticos que metaforizan el ritmo cíclico de la luz y las sombras. El verso 7 comienza con una aseveración que insiste en el núcleo temático del poema: la claridad es un “don”. Una interrogación retórica (vv. 7-8) nos recuerda que los seres vivos dependemos de esa claridad porque es fuente de vida. Sigue otra interrogación retórica (vv. 8-9) en la que se recuerda, y esto es esencial, que esa claridad contiene, con su “amor” en su “bóveda” (metáfora o metonimia del universo entero) a los humanos. No estamos ante un fenómeno físico o natural, sino ante otro de naturaleza emocional. Una extensa exclamación retórica (vv. 9-13), con tres verbos de movimiento (“llegar”, “cernirse” y “alejarse”), nos hacen advertir que esa claridad está animada y es inteligente. Sus “impulsos” –puede referirse a las distintas manifestaciones de amor o inteligencia de los hombres como reflejo del influjo positivo de la claridad– son “claros” (v. 13), metáfora de su efecto benéfico sobre los hombres. El polisíndeton del v. 12 transmite una sensación de totalidad abarcadora del cosmos; nada queda fuera de la acción benéfica de la claridad. 
La exclamación amortiguada (no aparecen signos de exclamación, pero sí una interjección de esa misma naturaleza) que abre el v. 14 muestra la admiración del yo poético por esa claridad que ansía cristalizar en toda acción u objeto mundano, pues busca “forma” (v. 14), metáfora de lo tangible y sensible; se desea pasar de la abstracción a la concreción. El yo poético también desea anotar que la luminosidad se extingue cuando se corporiza en un objeto o en una realidad, pues desaparece “quemándose a sí misma al cumplir la obra” (v. 15). Parece que “obra” es metáfora de un acto u objeto bien hecho que contribuye a la felicidad del hombre, o del universo entero.
Ahora aparece el pronombre “yo” (v. 17), señal del sesgo personal y existencial que adopta ahora el poema. La anáfora creada con la repetición de “como” precisamente insiste en lo efímero de la existencia. Y ese “yo” dialoga con un “tú”, que parece referirse a la claridad, que ha arrebatado toda la luz, de modo que el amanecer, el “alba” (v. 19) no va a traer nada nuevo. Aquí el poema adopta tintes negativos, trágicos y desesperanzados. No hay posibilidad de encontrar un asidero de felicidad y eternidad, diríamos que es el mensaje de esta sección y que se explicita en la interrogación retórica del verso 19.
La segunda estrofa es breve, en relación a la primera, y posee un carácter conclusivo. A pesar de la oscuridad negativa anterior, el yo poético repite tres veces “espera” (v. 21). Dos metonimias del yo poético (“boca” y “alma”, vv. 20 y 21) para insistir en la perduración de la esperanza. Solo su existencia ya es un “don” (v. 20), pues abre un horizonte de esperanza en la vida. El yo poético ahora se siente dichoso en esa ilusión, por eso se siente en una “ebria persecución”, metáfora de su felicidad interior; esta expresión está en conexión con el título de todo el poemario. Como si, de pronto, su vida adquiriera sentido pleno y superior. Se funde con la claridad en un “abrazo” (vv. 23 y 24) definitivo y mortal, porque lo asfixia sin remedio, pues “nunca afloja” (v. 24), última frase del poema que deja la significación del conjunto como en suspensión.  
Y, al fin, queda la cuestión irresuelta: la claridad, ¿es metáfora o símbolo de algo más o significa por sí misma? El yo poético, ¿dialoga con un elemento físico y sensible, o esconde otra capa de significación más honda? No existe una respuesta única, más bien se ofrece un abanico de posibilidades, desde una visión subjetiva del yo poético y sus avatares sentimentales, hasta otras más existenciales de alcance general y abierto. 
1.6. Contextualización
Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) es uno de los más sólidos y originales poetas españoles de la Generación del 50. Su poesía es reflexiva, meditativa y muy equilibrada entre el interior del poeta y el exterior del mundo, entre la emoción que impacta y la realidad que demanda una reacción. Utiliza formas clásicas sometidas a una puesta al día realmente original y acertada; el léxico, las figuras y el discurso poético nos ofrecen un mundo poético propio, intenso, vibrante, como un reflejo de la vida.
Don de la ebriedad (1953) constituye su primer poemario publicado y, seguramente, el más reconocido de su producción; el poema que comentamos procede de este libro. Combina una mirada contemplativa de la naturaleza con una expresión contenida y honda de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la intimidad que proporciona la amistad, el misterio de la vida, etc. Alianza y condena (1965), supone la consagración de un poeta con una expresión propia, con un contenido hondo, indagador y bastante desasosegante, a tono con la triste y limitada sociedad española de posguerra, aislada y empobrecida.  
1.7. Interpretación y valoración
El poema con el que estamos trabajando (I, de “Don de la ebriedad”) casi parece una declaración de principios sobre el hombre, el mundo y el sentido de todo ello. El yo poético se sitúa en un lugar y un tiempo, aunque de modo difuso, y se contempla en medio de la claridad, acaso metáfora del descubrimiento del mundo o de la comprensión de los entresijos existenciales. El poema mantiene un delicado equilibrio entre la intimidad del yo poético y la percepción exterior de un mundo dominado por la luz y las sombras. 
La luz vence a las sombras y dota de esperanza al yo poético, que se siente dichoso en un universo que aprehende y comprende. Sin embargo, en el mismo momento de ese descubrimiento, se ve envuelto en un abrazo mortal por parte de la claridad. Parece que comprende que la vida, al fin, es muerte; que la felicidad, después de todo, acaba en nada. El poema es ambiguo y polisémico, abierto a distintas interpretaciones, igualmente válidas. El lenguaje fluctúa entre los sustantivos abstractos de significación más metáforica y otros concretos que no acaban de ceñir el significado de algo. El poeta se cuida de ofrecer claves interpretativas precisas, como si quisiera dejar al lector el reto de conocer su propia “claridad”, la cual es un “don” que nos abrazará para siempre. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con la palabra “claridad”? 
2) Observa los efectos cromáticos, como el contraste entre luz /oscuridad. ¿Qué sentido metafórico adquieren?
3) ¿Dónde percibimos al yo poético presente? ¿Es un sujeto activo o pasivo? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el movimiento y la vida?
5) La expresión “abrazo de las hoces”, ¿tiene una interpretación positiva o negativa? Razona tu respuesta. 
6) Solo hay tres palabras que se repiten tres veces. Localízalas y explica esta reiteración.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre un fenómeno natural, como la claridad, la luz, etc., con una significación especial para ti. Puedes dotarlo de un sentido metafórico o imaginario, como ha realizado Claudio Rodríguez en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Claudio Rodríguez a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Claudio Rodríguez, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la claridad como un don que da sentido a la vida. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Claudio Rodríguez: “Ajeno”; análisis y propuesta didáctica

CLAUDIO RODRÍGUEZ – Ajeno
Ajeno
Largo se le hace el día a quien no ama   1
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;    5
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,          10
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,              15
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga          20
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.
                                              Alianza y condena, 1965 (III)

 

 

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Vamos a realizar una exégesis de un denso y original poema del poeta Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 – Madrid, 1999), miembro destacado de la Generación del 50, o del Medio Siglo. El poema se centra en una persona, un solitario que no desea integrarse en la sociedad ni compartir nada con nadie. Ese individuo solitario sale de su casa, con aire hostil y esquivo; evita el contacto con los demás, pero a duras penas puede tapar el hueco de su alma y la soledad de su persona. El yo poético apela al lector y admite que a ese tipo de personas es difícil conocerlas y más todavía perdonarlas, por su egoísmo. Piensa que en el pecado llevan la penitencia, pues los días se le harán eternos, que solo disimulará mintiéndose a sí mismo.
1.2. Tema del poema
El poema denuncia el egoísmo cerril de un cierto tipo de personas que rechaza a sus semejantes, se mienten sobre su felicidad y transitan por la vida con aire de triunfadores, pero son perdedores que no merecen nuestro perdón.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta tres apartados temáticos bien discernibles:
-Existe una introducción del personaje y de su característica esencial (vv. 1-4): la “lejanía” hacia los demás, que desprecia o ignora.
-Sigue un desarrollo de su vida cotidiana (vv. 5 – 1.ª parte del verso 18): nos presenta al personaje protagonista en un día cualquiera de su vida; sale a la calle, aparenta normalidad y plenitud, habla con seguridad y se siente seguro de sí mismo, en su castillo de soledad.
-Cierre o conclusión del poema (2, ª parte del verso 18 – v. 22 y final): se dirige al lector implícito para criticar enérgicamente esa actitud de egoísmo y aislamiento cerril, sin atisbos de empatía o de solidaridad. Ese individuo encastillado sufrirá días y noches en amargura solitaria, lo que parece justo castigo por su falta de generosidad.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por veintiún versos agrupados en una sola estrofa. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. Los versos impares riman en asonante (á-a) y los pares quedan libres. Nos recuerda la estructura del romance heroico, pero la rima es al revés, pues deberían ser los versos pares los que rimaran entre sí. Vemos que el poema es muy original y experimental en sus aspectos formales relativos a la rima. El efecto musical es extraño y contradictorio: se combinan una musicalidad bien perceptible y una sutil estridencia de fondo, como símbolo de la vida del protagonista del poema. 
1.5. Comentario estilístico
El poema exhibe una alta elaboración estilística, al servicio de un mensaje poético a medio camino entre la denuncia, la crítica acerba y la apóstrofe a los lectores para sumarse a la solidaridad entre las personas. El problema de la persona egoísta es su falta de amor, y tiene plena conciencia de ello. Lo expresa a través de una metáfora de uso coloquial: “Largo se hace el día” (v. 1). Algo dentro del organismo exige amor; esa llamada se expresa metafóricamente identificándola con “un tañido / corto y duro” (vv. 2-3), es decir, un golpe de campana, pero los adjetivos, que forman una formidable sinestesia, nos advierten que es desabrido y destemplado; dura poco y es desapacible. Esa llamada interior al amor es una “cascada / canción” (vv. 3-4) en el alma egoísta; la metáfora advierte, así, que no forma melodía, sino ruido desagradable; obsérvese la aliteración del sonido /k/ para subrayar lo desagradable de la canción rota. Su debilidad se muestra con otra bella imagen: “siempre sonando a lejanía” (v. 4). La personificación y la metáfora contenidas en esa expresión nos indican que el impulso amoroso es lejano y difuminado, como en trance de desaparecer.
El verso 5 presenta al personaje en acción en un día cualquiera de su vida. Sale a la calle con la puerta “bien cerrada”; la expresión es un juego de palabras, pues se refiere a la vez a la puerta de la casa y a la puerta del corazón del habitante solitario. Por dentro arrastra dolor, como manifiesta la metáfora “sus rodillas / se le van hacia el suelo” (vv. 6-7); está abatido, pero disimula. Tras la noche, al amanecer, ese individuo solitario se siente rejuvenecido y comienza el día aparentando energía. La personificación de “alba” (v. 7) como fuente de energía es bella y de larga tradición literaria, desde la poesía anónima amorosa medieval castellana y galaico-portuguesa.
Los encabalgamientos son constantes a lo largo de todo el poema, tanto en los versos comentados hasta aquí, como en los sucesivos; son muestras de la ruptura de la armonía natural y del estado de ruina emocional del protagonista del poema. Ahora toman protagonismo las antítesis. La calle es “muy clara” (v. 9), pero la pasea “con pie oscuro” (v. 10). Ambos conceptos son metáforas de la sociedad y la vida, frente al individuo y su obstinado egoísmo. Por eso no es feliz, y “cojea” (v. 11), metáfora del sufrimiento interior, en su discurrir por la vida; es el síntoma de la soledad, pues la única compañía de ese individuo es “su fatiga” (v. 12), metáfora de su lucha interior. 
Luego lo sorprende hablando, buscando comunicación y vida, pero sus palabras están “muertas” (v.13), lo que contrasta con su “boca viva” (v. 13). De nuevo dos metonimias para referirse a la vida y a la muerte, que a su vez forman una viva antítesis, presentes en un individuo que se encastilla cerrilmente en su soledad. El poeta lo percibe como un cautivo de su egoísmo, así que, paradójicamente, solo le resta abrazar su propia soledad, hipérbole de su total aislamiento. Lo percibe “seguro” (vv. 15 y 16), palabra que se repite casi sin discontinuidad, pero es la certeza de que no poseerá “nada” (v. 16) de lo realmente importante: amor, compañía, etc. “Seguro”, que forma una concatenación o anadiplosis, figura en sentido irónico, dotado así de un valor más negro e hiriente. Tanto es su extrañamiento que ese individuo no vivirá en nuestro planeta, sino que será como un alienígena. De nuevo, otra hipérbole de las consecuencias de la soledad egoísta.
La parte final del poema ofrece un contenido más duro e involucra tanto al yo poético como a los lectores implícitos. A través de una interrogación retórica justifica que ni lo reconozcamos como un semejante ni le perdonemos su traición individualista. El paralelismo formado por los versos 18 y 19 expresa vivamente el rechazo a ese tipo de persona. Y a continuación recoge las consecuencias de la vida de esa persona: el tiempo se le hará eterno. Lo expresa con una doble metáfora en forma de quiasmo (“Día largo y aún más larga / la noche”, vv. 20-21). La elipsis, al suprimir el verbo y dejar un enunciado reconcentrado, insiste en la dureza de la vida árida de ese individuo solitario. Ahora el yo poético adivina los actos futuros del protagonista, que no son sino repetición de su vacío interior. Los tres verbos: “mentirá” (v. 21), “entrará” y “(nunca) habitará” (v. 22) presentan una acción física y dos de orden mental o intelectual. Las tres ratifican la farsa de la vida de ese ser vacío, egoísta, contumaz en su individualismo. La metáfora final “Y nunca habitará su casa” (v. 22) es de una extraordinaria dureza: significa el extrañamiento y la soledad extrema de este individuo estéril en su egoísmo. El final del poema casi ofrece un tono colérico e implacable: quien renuncia al amor, no tiene derecho a nada ni a ningún tipo de recompensa.
El poema ofrece una significación in crescendo de sentido negativo y áspero. Primero se describe y narra al solitario egoísta, pero pronto se pasa a un nivel de valoración descalificatoria.
1.6. Contextualización
Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) es uno de los más sólidos y originales poetas españoles de la Generación del 50. Su poesía es reflexiva, meditativa y muy equilibrada entre el interior del poeta y el exterior del mundo, entre la emoción que impacta y la realidad que demanda una reacción. Utiliza formas clásicas sometidas a una puesta al día realmente original y acertada; el léxico, las figuras y el discurso poético nos ofrecen un mundo poético propio, intenso, vibrante, como un reflejo de la vida.
Don de la ebriedad (1953) constituye su primer poemario publicado y, seguramente, el más reconocido de su producción. Combina una mirada contemplativa de la naturaleza con una expresión contenida y honda de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la intimidad que proporciona la amistad, el misterio de la vida, etc. Alianza y condena (1965), poemario del que procede el texto que comentamos, supone la consagración de un poeta con una expresión propia, con un contenido hondo, indagador y bastante desasosegante, a tono con la triste y limitada sociedad española de posguerra, aislada y empobrecida.  
1.7. Interpretación y valoración
El poema “Ajeno” presenta una conmovedora reflexión sobre la necesidad de la solidaridad, de la apertura del alma hacia los demás, etc. El tono es grave, casi áspero; los endecasílabos imprimen un ritmo solemne y serio, en correspondencia con el contenido. El yo poético critica y rechaza al ser solitario hundido en su egoísmo cerril y esterilizante. 
Sin embargo, ¿quién es esa persona? ¿Es solo una imagen abstracta de un ser generalizante, o más bien es alguien de carne y hueso? En este caso, ¿se refiere al propio yo poético, o a un desdoblamiento o proyección de sí mismo? No lo sabemos, aunque a juzgar por el tono áspero y censorio, la respuesta parece que es afirmativa. El poema combina acciones y reflexiones, pensamientos y sentimientos, que se fusionan maravillosamente para crear un contenido denso, cerrado y como sin escapatoria. Es un modo de insistir sobre la necesidad de la apertura al amor, a la solidaridad, a la compartición de la vida con los demás; sin amor no hay felicidad, parece desprenderse de la lectura del poema.
En cierto modo, el poema parece un pasaje de una novela policiaca. El yo poético sigue –y persigue– con su mirada la vida y las acciones de ese anónimo egoísta encerrado en su terquedad individualista. Sin embargo, no es una mirada neutral, ni objetiva: el yo poético lo rechaza por su negatividad y su esterilidad. El poema es equilibrado, denso y profundo, de ahí su impacto lector.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con la palabra del título, “Ajeno”? 
2) Observa los efectos cromáticos, como el contraste entre luz /oscuridad. ¿Qué sentido metafórico adquieren?
3) Localiza las acciones que realiza el “protagonista” del poema. ¿Son positivas o negativas? ¿Qué sensación aportan, de felicidad o de amargura? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la solidaridad con otras personas?
5) Las interrogaciones retóricas destacan por su mensaje, fuerte y contundente. ¿Cómo es ese mensaje? ¿Qué reacciones suscitan en el lector? 
6) Hay algunos verbos que aparecen en tiempo futuro: localízalos  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre la solidaridad, el amor y su relación con la felicidad. Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, grave y meditativo, como ha realizado Claudio Rodríguez en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Claudio Rodríguez a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Claudio Rodríguez, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la solidaridad y el amor, o de otros valores éticos y sentimientos, y de cómo afectan a la felicidad de las personas. Puedes realizar uno y, al lado, su contrario, para contrastar los beneficios y perjuicios de cada uno.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Octavio Paz: “La vida sencilla”; análisis y propuesta didáctica

OCTAVIO PAZ – La vida sencilla
Llamar al pan y que aparezca                   1
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;        5
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido             10
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita                 15
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes –papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento–
no son aún el prometido infierno;            20
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;      25
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;       30
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre          35
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

 

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Comentamos ahora un poema reflexivo de tono existencial del célebre escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – 1998). El yo poético expone su ideal de vida, imagina su existencia feliz en un entorno de sencillez, autenticidad, nobleza y verdad. En este sentido, el poema está a medio camino entre los tópicos de la literatura clásica del Carpe diem y el Beatus ille.  Imagina un trayecto vital completo, desde la infancia hasta la vejez y la muerte. Primero se refiere a la necesidad del trabajo para obtener el sustento; continúa con la necesidad de amor y de diversión (a través de la metonimia del baile). Se refiere también a la necesidad de la solidaridad entre las personas en los momentos duros (“días de piedra”); insiste en no acobardarse ante la necesidad de amar y de corresponder a la llamada del afecto y del amor; lo pasado, pasado está, pues los remordimientos no nos llevan a ningún lado (“que no me duela más aquel deseo”, v. 21). Retoma el asunto de la compasión y la solidaridad entre las personas, pues aporta un sentido superior a la existencia (“saber partir el pan y repartirlo”, v. 26), desde una visión de optimismo antropológico; así, por ejemplo, alude a la descendencia como un modo de eternidad (“en frutos”, v. 34). Se cierra el poema con una reflexión sobre la muerte, que se ha de aceptar como inevitable; y para recibirla en paz, nos debemos considerar dignos del “perdón” y de la “vida perdurable del polvo” (vv. 37-38); es decir, un modo de eternidad en la nada. 
1.2. Tema del poema
El poema aborda el tema del sentido de la existencia y del mejor ideal de vida: vivir con sencillez, autenticidad, amor y fidelidad a uno mismo y a la naturaleza, bajo un sentido de la compasión amorosa y de la solidaridad, pues es lo que nos concederá el perdón y la eternidad.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
Si nos fijamos en el poema, no existe ni un solo punto y seguido, o punto y aparte. El poema forma un continuo que fluye. Solamente los puntos suspensivos del verso 34 lo podemos entender como un corte. A nuestro entender, siguiendo ese criterio, encontramos:
-Un primer apartado que expone cómo vivir la vida, con sus luces y sus sombras (vv. 1-34). Abarca las actividades propias de toda persona: el trabajo, el alimento, el amor, las malas rachas, propias y ajenas, la solidaridad, la valentía y tenacidad para enfrentarse a las malas pasadas de la vida, etc. Y todo bajo el denominador común de “la vida sencilla”, tal y como se expresa en el título del poema.
-Un segundo apartado se dedica específicamente al asunto de la muerte (vv. 35-38). Se ha de aceptar como parte de la vida, sin grandes aspavientos, pero con un matiz metafísico o espiritual muy interesante: el hombre ha de ser digno del perdón otorgado por el “polvo” y por los “frutos”, es decir, la nada y, acaso, el bien que hizo en vida a los demás 
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por treinta y ocho versos agrupados en una sola estrofa. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. No existe una rima regular perceptible, aunque son frecuentes las repeticiones en forma de pareados  (los versos 3-4 forman el primero) y una clara tendencia a la asonacia en ía, más frecuente en la primera mitad que en la segunda. En conjunto, estamos ante un poema en verso blanco (todos los versos tienen la misma medida, pero existe una rima regular)
1.5. Comentario estilístico
El poema descansa en un juego de metáforas y metonimias, combinadas entre elisiones y alusiones, referidas al recorrido vital de una persona. Los dos primeros versos reconocen que el hombre ha de alimentarse y bregar por la procura del alimento de cada día; alude a ello con dos metonimias: “pan” (v. 1) y “mantel” (v.2). Ello se ganará con “sudor” (v. 3), metonimia del trabajo esforzado. La vida diaria tiene sus momentos de “breve paraíso” (v. 4), metáfora de la felicidad sencilla, pero combinados con otros de “infierno” (v. 4), metáfora del dolor o de la infelicidad. Un poderoso polisíndeton advierte que se acumulan sin solución de continuidad los dichas y las desdichas, a veces de forma inesperada. 
Hace un llamado a la dicha, la alegría y el disfrute; se alude a ello a través de la metonimia de “reír” (v. 6). Se repite cuatro veces la familia léxica de la risa en dos versos; es una derivación o políptoton que expresa con viveza la necesidad del goce en la vida del hombre. La comparación de la risa del hombre con la del mar (v. 6) desea resaltar su poder vivificador; lo cual se ve resaltado con el paralelismo y el símil implícito con la sonrisa del viento. La metáfora “sin que la risa suene a vidrios rotos” (v. 7) alude, creemos, al rechazo de la hipocresía o de la farsa en el momento de la alegría. “Beber” (v. 8) y “bailar” (v. 9) son metonimias de la aceptación el disfrute como parte sustancial de la existencia. “Asir la vida” es metáfora de la invitación a la fruición existencial. 
En el verso 10 cambia de tema porque ahora aborda los momentos negativos y dolorosos de la existencia; se alude a ellos en “un día de piedra y agonía” (v. 11), hermosa sinestesia del sufrimiento. También se exhorta (así lo indica el verbo “tenga”, en modo subjuntivo, frente a los verbos en modo indicativo, todos los anteriores) a la solidaridad entre los hombres. La entereza ante las adversidades se expresa con una potente metáfora: “probar la soledad sin que el vinagre / haga torcer mi boca” (vv. 14-15). El “silencio” (v. 16), metáfora del abandono y de la incomprensión, no han de doblegar al hombre ni hacerle pasar miedo (se expresa con la bella metonimia “ni el silencio / se erice con los dientes que rechinan” (vv. 16-17). El valor, la resistencia y la entereza han de superar a los momentos de amargura, que se dan como inevitables. Y no pensemos que nuestras miserias cotidianas, aludidas con las metonimias del espacio físico que nos envuelve, o que, mejor será decir, rodean al yo poético, es ya una antesala del infierno. Son solo momentos de amargura en una trayectoria a la que volverá la luz. 
Acto seguido rechaza los remordimientos absurdos por lo que quisimos y no hicimos, a lo que refiere la honda metáfora “deseo, / helado por el miedo, llaga fría, / quemadura de labios no besados” (vv. 21-23). La vida sigue, pues “el agua clara nunca se detiene” (v. 24), hermosísima metáfora de que el flujo de la vida continúa en su autenticidad, si es sincero el planteamiento. Las cosas buenas llegarán, como las “frutas maduras” (v. 25), es decir, como consecuencia de una evolución natural de las cosas; pero hay que tener paciencia para saber esperar. 
También llama a la moderación y al sentido de la equidad, como saber compartir los bienes (a lo que se alude a través de la metáfora del “pan”, repetida tres veces, vv. 26, 27 y 28) con los demás, pues, al fin, todos somos iguales, estamos hechos de la misma “levadura” (v. 29). El sentido de la igualdad radical del hombre se expresa con una repetición contundente, con una metáfora implícita: “un semejante entre mis semejantes” (v. 30). 
A partir del verso 31 el poema adquiere un aire recopilatorio. Se establece una antítesis entre la vida y la muerte; por la primera hay que “pelear”, expresado a través de una repetición y derivación que casi raya en la tautología: “dar la vida a los vivos, a la vida” (v.32). Sin ruptura, aborda la muerte, la ajena, primero, y la propia, después. Recomienda una aceptación natural de la misma; a los muertos se los entierra y se los olvida en “frutos” (v. 34), paradoja muy intensa para significar que el recuerdo y la memoria son los que salvan del olvido a las personas ya difuntas. La suspensión que cierra el verso 34 advierte del misterio que aguarda tras la muerte. Y esa es, precisamente, la palabra que aparece en verso 36, aplicada por el yo poético a sí mismo. 
Al comenzar ese verso con la conjunción “y” ya se intuye la naturaleza de cierre del pensamiento del poema entero. La derivación creada entre “muerte” y “morir” ahondan en el carácter grave del asunto del fallecimiento.  En un acto de humildad y sencillez, que es la línea de todo el poema, el yo poético pide morir “como los hombres” (v. 36), es decir, sin sentirse nadie especialmente señalado. A pesar de este tono dramático, asoma un cierto optimismo al afirmar que espera el “perdón” (v. 37), aunque no aclara quién lo otorga ni para qué. También espera “la vida perdurable” (v. 37): aquí parece que el poema adquiere un matiz religioso cristiano, pero todo se diluye con un tremendo quiebro. Lo que quería para lo concede, o acaba en, “el polvo” (v. 38), metáfora y metonimia de la nada y la extinción definitiva. Esta palabra nos recuerda inmediatamente el soneto de Góngora “Mientras por competir con tu cabello”, señal inequívoca de cómo Paz absorbió con gran  inteligencia la tradición poética barroca española de los Siglos de Oro. Sin embargo, esa afirmación desoladora se ve amortiguada, o es  otra vez contradicha por “los frutos”, metáfora de las buenas obras que hicimos en vida. 
Como podemos apreciar, las paradojas son abundantes y jalonan el poema. Y conducen a una verdad poética: la vida sencilla conduce a la felicidad, aunque sabemos que tiene fecha de caducidad, que hay que afrontar con la naturalidad con que se ha vivido; acaso haya un fruto inesperado como premio a una vida desarrollada con sabiduría. El eco de fray Luis de León y su “Oda a la vida retirada” es perceptible, lo que nos permite ver que Paz se inscribe en una corriente literaria clásica de desarrollo de los tópicos Beatus ille y Carpe diem, junto con el de menosprecio de corte y alabanza de aldea (el libro del obispo de Mondoñedo, fray  Antonio de Guevara, con el mismo título, también deja su eco en el poema). El polisíndeton de los versos 35-38 connotan claramente la suma de acciones de un hombre que justifican una muerte con sentido y en paz. La epanadiplosis de la palabra “polvo” en el verso final (38) nos recuerda que la consistencia de la vida es endeble y que la vida acaba en su disolución, si es que nada ni nadie lo puede remediar. La ambigüedad, pues, circula en esta parte final del poema e impregna todo su sentido.
Es importante fijarse en que la mayoría de los verbos importantes del poema (colocados al principio del verso) aparecen en infinitivo. Es un índice claro de la validez universal que el poeta desea imprimir a su poema. Lo que dice no es una anécdota personal, sino una reflexión de validez universal y atemporal.
1.6. Contextualización
Octavio Paz Lozano  (Ciudad de México, 1914 – 1998) es uno de los más agudos e innovadores poetas en lengua castellana en el siglo XX. Dotado de una sólida cultura, lector voraz y atento, supo encontrar su voz propia en la poesía mexicana y española en el turbulento siglo XX. Transitó por el posmodernismo, bebió de las vanguardias, absorbió de la posmodernidad, con el propósito de buscar su propio camino literario, cosa que alcanzó con creces. Su poesía se distingue por la originalidad lírica, la exploración formal y temática y la indagación reflexiva sobre temas existenciales y filosóficos, como el paso del tiempo, el sentido de la vida, a significación del amor, los misterios naturales y esotéricos, etc. La recepción del Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel en 1990 acredita su extraordinaria calidad.
Algunos de sus poemarios más reconocidos son Libertad bajo palabra (1949), Topoemas (1971; se trata de poemas aéreos, como caligramas, donde se fusionan imagen y texto, sentido y disposición espacial de las letras y las palabras; su originalidad es muy alta.) y Árbol adentro (1987). También fue un extraordinario ensayista; sus monografías sobre el pasado mexicano y sobre ciertos autores y obras han adquirido gran prestigio; aquí sobresalen por su hondura  brillantez analítica, con una prosa muy elegante, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) y El laberinto de la soledad (1950).
1.7. Interpretación y valoración
El hermoso y denso poema “La vida sencilla” es la exposición de un ideario de vida, el del yo poético. Funciona como una exposición o declaración de intenciones de cuál es la mejor forma de vivir –y de morir–. Inscrito en la corriente clásica del Beatus ille, el poema alaba la existencia tranquila y consecuente con las leyes de la naturaleza, con una clara defensa del amor y de la solidaridad entre las personas.
Se trata de un poema muy intelectualmente hondo, meditativo y trascendente, pues el poeta intenta alcanzar y exponer el verdadero sentido de la vida y, en consecuencia, el mejor modo de vivirla, en un marco de trabajo, alegría, amor, perdón, solidaridad y sabiduría interior para aceptar la muerte sin demasiadas estridencias.
Seguramente, la palabra más importante del poema es “fruto” (repetida en los versos 34 y 38), referida a las consecuencias de las acciones del hombre, del amor, de la solidaridad, de la compasión, del buen hacer y hasta de saber morir. Acaso la existencia no tenga mucho sentido, pero obrar conforme a la ley natural del respeto garantiza la coherencia interna necesaria para alcanzar un cierto grado de felicidad.
La disposición formal o el plano de la expresión del poema también es muy llamativa. La mayoría de los versos es de arte mayor, lo que dota al poema de un tono grave, cadencioso y solemne; nos advierte, así, de la hondura del asunto y de su trascendencia.  
En conjunto, este poema es un verdadero hallazgo literario porque adentra al lector en la reflexión existencial de un modo poético. La incitación al lector es sutil y persistente: así es mi ideal de vida, ¿coincide con el tuyo?, parece plantearnos el poeta. En este sentido, el poema es filosófico y de raíces senequistas: aceptemos la vida como es, con sus alegrías y sus penas, pero no olvidemos la alegría, el perdón y la amistad como herramientas de goce y significación existencial.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con “el breve paraíso y el infierno” del verso 4? 
2) La vida entera, ¿siempre discurre con felicidad? ¿Dónde se aprecia esa valoración? 
3) Localiza las paradojas con las que se explica el sentido de un poema. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la solidaridad con otras personas?
5) La soledad, ¿aparece en algún momento? ¿Qué reacciones suscita al yo poético? 
6) Una epanadiplosis cierra el poema: localízala  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tu ideal de vida. Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, grave y meditativo, como ha realizado Octavio Paz.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Octavio Paz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Octavio Paz, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar cómo podemos valorar la existencia, es decir, la exposición de un ideal de vida. Puedes realizar uno y, al lado, su contrario, para contrastar los beneficios y perjuicios de cada uno. 
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Octavio Paz: “Decir, hacer”; análisis y propuesta didáctica

OCTAVIO PAZ – “Decir, hacer”
Decir, hacer
                                         A Roman Jakobson
Entre lo que veo y digo,                 1
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido,
La poesía.                                      5
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,                                  10
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer                                  15
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo                              20
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
Palabra                                      25
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.                           30
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.     35
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,                      40
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.                               45
Los ojos
se cierran.
Las palabras se abren.

 

  1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Este denso y hermoso poema del célebre escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – 1998) posee una clara naturaleza metapoética. Se trata de una reflexión sobre la propia poesía, qué es, cómo opera en sí misma y en relación al hombre. Al mismo tiempo que el poema define qué es la poesía, lo ejemplifica en su propia creación. Este asunto se ve muy bien en el título: “decir, hacer”. El poema está hecho de materia verbal, es decir, de palabras, pero adquiere vida, es un elemento agente, cuando esas palabras adquieren un sentido y, en ese momento, operan sobre el lector al construir una nueva realidad de naturaleza mental y emocional. Los cinco primeros versos utilizan cinco verbos en los que se cifra la naturaleza poética: ver, decir, callar, soñar y olvidar; esos son los territorios de la poesía; va de lo puramente sensorial (“ver”), a lo emocional, lo espiritual y lo irrecuperable (“olvidar”). Todo lo que sigue es una glosa o explicación de los cinco verbos señalados, en los que se cifra la paradójica naturaleza poética. Las contradicciones irresolubles marcan los hitos del desarrollo de qué es un poema; en síntesis, la poesía oscila entre lo real y lo irreal, es sensitiva o exterior y emocional o interior y, finalmente, en su creación se produce una fusión entre la percepción, la emoción, la imagen y la palabra, en una relación dialéctica paradójica, esto es, plagada de aparentes sinsentidos y contradicciones insalvables.
1.2. Tema del poema
El poema aborda el tema de qué es la poesía, una creación humana en la que se fusionan las percepciones, las imágenes, las emociones y las palabras para acceder a un conocimiento superior del mundo y de nosotros mismos.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
A nuestro entender, no es posible dividir el contenido en secciones de contenido porque el conjunto es el desarrollo del enunciado de los cinco primeros versos, que, en el fondo, es el desarrollo del título. Al “decir”, esto es, hablar, pasar a oral lo que no tiene nombre, se está construyendo la poesía, es decir, “hacer”; ocurre que el proceso de percepción, creación de imágenes, búsqueda de la palabra exacta que las manifieste y escritura poética es dinámico, vivo y aparentemente contradictorio. Los tres últimos versos lo expresan muy bien: “Los ojos se cierran. / Las palabras se abren” (vv. 46-48).
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por cuarenta y ocho versos agrupados en una sola estrofa. La medida de los versos es variable; oscila entre el bisílabo (“ver”, v. 41; aunque tiene una sílaba, a efectos métricos son dos) y el eneasílabo (“siembra palabras en los ojos”, v.. 35). No existe una rima perceptible, aunque son frecuentes las repeticiones en forma de pareados  tercerillas, casi siempre con la misma palabra (por ejemplo, vv. 14-15). En conjunto, estamos ante un poema en verso libre.
1.5. Comentario estilístico
El poema está sometido a una sutil elaboración que descansa en los recursos de repetición y en las imágenes paradójicas. Comienza con una anáfora y un paralelismo cuádruple, con la palabra “Entre” (vv. 1-4), dando a entender muy bien la naturaleza oscilante y dinámica de la poesía. En esos mismos versos se observa una concatenación o anadiplosis –si bien, algo irregular, pues la palabra repetida no ocupa la primera posición del segundo verso– creada con “digo”, “callo” y “sueño”. Cierra ese encadenamiento léxico y conceptual una elipsis muy eficaz, pues se omite el verbo “está” para unir esos complementos con su sujeto, “La poesía” (v. 5); este sintagma nominal ocupa él solo todo el verso, enfatizando así su significación y relevancia. Estos cinco versos iniciales forman una sola oración, que equivale a un concepto o idea: la poesía es algo grande y poco definible, pues ocupa el territorio de lo que se ve y se dice, lo que se dice y se calla, lo que se calla y se sueña, lo que se sueña y se olvida. Son cinco acciones (ver, decir, callar, soñar y olvidar) sensitivas, emocionales e intelectuales unidas en un magma que es la persona del yo poético, como nos lo advierte el hecho de los verbos están conjugados en primera persona del singular. El carácter atemporal, con validez indefinida, de los enunciados del poema se verifica muy bien en el hecho de todos los verbos del poema están en presente de indicativo, el tiempo de la enunciación firme y sostenida.
En el verso 6 las acciones son realizadas por la poesía, solo que el sujeto está elidido; sin embargo, a partir del verso 7, alternan ambos sujetos (yo/ella). La personificación de la poesía, que “se desliza entre el sí y el no” (v. 6), sirve para aumentar el significado de ese concepto. Los versos que siguen son un razonamiento sobre la naturaleza difusa y contradictoria de la poesía. Aquí las paradojas llaman poderosamente la atención para desvelar que la poesía en realidad es independiente y no obedece exactamente a las órdenes del poeta, sino que adquiere autonomía propia. Paralelismos y quiasmos (vv. 11-12) manifiestan magníficamente la esencia antitética del acto poético:  el yo poético calla, la poesía dice; aquel dice, esta calla; aquel olvida, esta sueña. Y estas acciones, advierte el yo poético, no es solo una operación verbal, sino que es un asunto factual, “es un hacer” (v. 14). Estas afirmaciones son muy elípticas y paralelísticas; se suprimen partes de las oraciones y se coloca el verbo en la posición final del verso. El efecto rítmico y musical es inmediato: aporta viveza, dinamismo, algo ininterrumpido. El quiasmo paradójico, muy hermoso, que se crea entre “hacer” y “decir” (vv. 13-16) insiste en la idea de que la poesía es acción tan pronto como pasa a materia verbal. Y como tal acción, tiene sus efectos sobre el autor y el lector. 
Esta naturaleza tangible y “real” (v. 19) de la poesía, junto con su doble dinámica establecida por “se dice y se oye” (v. 18), es la afirmación contundente de la oración que ocupa los versos 17-19. Pero pronto se advierten las paradojas poéticas, a través de la metanarración poética: tan pronto como el yo poético enuncia que la poesía “es real” (v. 21), la poesía desaparece, pues su naturaleza verbal la hace efímera, por eso “se disipa” (v. 22). Una interrogación retórica riza la paradoja enunciando que, al desaparecer, la poesía demuestra que es real (si no lo fuera, no hubiera desaparecido). El verso 24 es nuclear: enuncia en una metáfora paradójica la realidad poética: es una “idea palpable”, es decir, opera a nivel mental y sensorial al mismo tiempo, aunque parezca increíble. Sin embargo, no acaba ahí la naturaleza compleja y escurridiza de la poesía, pues pronto se nos advierte que también es “palabra / impalpable” (vv. 25-26). La paradoja es chocante: como palabra, la poesía debería ser perceptible por los sentidos, pero impalpable, no se deja asir. Y lo explica en una oración yuxtapuesta de sentido causal (vv. 27-30): todo esto ocurre porque la poesía está en un doble movimiento de ida y vuelta y en una doble dinámica de ser y no ser; esta idea se manifiesta con paralelismos, una personificación aplicado a la poesía y, como siempre, una contundente paradoja. 
También insiste en la naturaleza lúdica, incluso juguetona, de la poesía: “Teje reflejos / y los desteje” (vv. 31-32). Crea visiones, reales o no, según su criterio, y las destruye inmediatamente. No podemos desvelar su secreto, nos quiere decir el yo poético. Unas hermosísimas metáforas ocupan los versos 33-35: ahora, la poesía, en forma de palabra escrita (así nos lo advierte la metonimia de “páginas”, v. 34), ayuda a comprender la realidad y conocer el mundo, pues “siembra ojos en las páginas”, figura que nos indica la capacidad iluminadora de la poesía; pero también posee movimiento de vuelta: dota al lector de las palabras exactas para comprenderse. La doble metáfora, con anáfora, quiasmo y metonimia comprimidas en un solo concepto (vv. 34-35) es de extraordinaria belleza y densidad.
Los siguientes versos (36-38) son una consecuencia de los anterior; expresan en una triple paradoja la interacción entre el autor, la poesía y el lector, a través de tres acciones: hablar, mirar y pensar. Son tres metáforas, con base metonímica, pues ojos aluden al poeta, palabras al poema y miradas al lector, que encierran el secreto de la poesía: la comunicación misteriosa y profunda que se establece entre los elementos de la comunicación (como, por cierto, había establecido a nivel teórico el gran lingüista R. Jakobson, a quien va dedicado el poema). La doble concatenación indirecta también es visible, en forma de quiasmo, y se establece entre hablar y palabras, entre mirar y mirada; de paso, obsérvese la derivación o políptoton de este último concepto, que enfatiza en la capacidad indagadora el acto poético.
Los diez últimos versos poseen cierta naturaleza compendiosa de todo lo dicho hasta aquí. La poesía como instrumento de exploración de la realidad a través de caminos paradójicos y chocantes: por ella se pueden “oír los pensamientos, / ver / lo que decimos / tocar / el cuerpo / de la idea” (vv. 39-45). Lo importante es comprender que a través de la poesía se accede a una forma de conocimiento más sutil y, acaso, superior, sobre el razonamiento cotidiano acerca del hombre y del mundo. Cuando esa comprensión es plena, expresada a través de la metáfora “los ojos / se cierran” (vv. 46-47), entonces, la poesía transmite su conocimiento luminoso y total, lo que el poeta nos comunica con una bella y original metáfora: “Las palabras se abren” (v. 48). Es un modo de expesar la inteligencia sublime encerrada en la actividad poética, que, precisamente, se puede ver en el acto de lectura e intelección sobre qué es la poesía. La paradoja, casi con un guiño de humor, cierra el poema hermosa y conmovedoramente.
1.6. Contextualización
Octavio Paz Lozano  (Ciudad de México, 1914 – 1998) es uno de los más agudos e innovadores poetas en lengua castellana en el siglo XX. Dotado de una sólida cultura, lector voraz y atento, supo encontrar su voz propia en la poesía mexicana y española en el turbulento siglo XX. Transitó por el posmodernismo, bebió de las vanguardias, absorbió de la posmodernidad, con el propósito de buscar su propio camino literario, cosa que alcanzó con creces. Su poesía se distingue por la originalidad lírica, la exploración formal y temática y la indagación reflexiva sobre temas existenciales y filosóficos, como el paso del tiempo, el sentido de la vida, a significación del amor, los misterios naturales y esotéricos, etc.. La recepción del Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel en 1990 acredita su extraordinaria calidad.
Algunos de sus poemarios más reconocidos son Libertad bajo palabra (1949), Topoemas (1971; se trata de poemas aéreos, como caligramas, donde se fusionan imagen y texto, sentido y disposición espacial de las letras y las palabras; su originalidad es muy alta.) y Árbol adentro (1987). También fue un extraordinario ensayista; sus monografías sobre el pasado mexicano y sobre ciertos autores y obras han adquirido gran prestigio; aquí sobresalen Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) y El laberinto de la soledad (1950).
1.7. Interpretación y valoración
El hermoso y denso poema “Decir, hacer” posee una clara naturaleza metapoética. El poeta se pregunta sobre qué es en realidad la poesía. La respuesta que nos envía es original y sorprendente por su densidad. La poesía es herramienta de conocimiento, llave que abre la puerta del misterio, un camino de lo esotérico y desconocido por el hombre común, una rara conjunción de fondo y forma, una bella paradoja donde la palabra se fusiona con el pensamiento para acceder a una intelección superior y luminosa sobre la naturaleza, el hombre y el universo.
Se trata de un poema muy intelectual y reflexivo, metafísico y trascendente, pues el poeta descubre en la poesía un modo de conocimiento y de hasta de vida sublime, luminosa y superior. Por otro lado, el poema demuestra lo que es la poesía en el propio acto de su composición. Es como si dijera: “al leerme, ya estás experimentando lo que es la poesía: una intelección total y elevada del hombre, la existencia y el mundo”. En este sentido, se trata de un poema inteligente y profundo.
La formalidad o expresión del poema también es muy llamativa. La mayoría de los versos es de arte menos, muchas veces de no más de tres sílabas. Los juegos de repetición y las paradojas continuas dotan al texto de una belleza extraordinaria, diríamos que deslumbrante en ciertos momentos. Vemos en el poema un cierto elemento lúdico, festivo, que rebaja la gravedad del contenido. El poeta establece un diálogo con el lector en el que nos quiere advertir de la solemnidad del tema, pero también de su dimensión humana, terrestre, cotidiana. 
En conjunto, este poema es un verdadero disfrute literario porque adentra al lector por el camino de la inteligencia poética a través de su propia práctica. Es decir, el poeta nos establece un reto: si entiendes el poema y su composición, comprenderás por qué la poesía es tan bella y trascendente. Al leer, entendemos cómo “Las palabras se abren” (último verso), esto es, son como una puerta abierta a un espacio nuevo de misterio, conocimiento y quién sabe si un nuevo sentido de nuestra existencia. Todo el poema es muy elíptico, el significado está apretado y densificado casi hasta lo insoportable, lo que nos obliga a leer despacio y, así, disfrutar de un artefacto poético original, brillante y conmovedor.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo las referidas a las percepciones sensoriales, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué palabras son las que más se repiten en el poema y sirve para nuclear el sentido del poema (fíjate en los verbos de los cuatro primeros versos)? 
2) Un poema, ¿es algo sencillo, unidireccional y plano por su propia naturaleza? 
3) Localiza las paradojas con las que se explica el sentido de un poema. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la lectura? ¿De qué es metáfora en sí misma?
5) Un poema, ¿es algo estático o dinámico, sólido y firme o flexible y cambiante? ¿Por qué es así, precisamente? 
6) La concatenación a anadiplosis posee una especial relevancia en este poema. Localízalas  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese qué es la poesía, o la literatura, para ti.  Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, como ha realizado Octavio Paz.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Octavio Paz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Octavio, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar qué significa un objeto, un artefacto, etc., especial para ti; serán reflejo de un asunto especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Octavio Paz.
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