Rubén Darío: “Sonatina”; análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “SONATINA” (DE PROSAS PROFANAS) 

 

Sonatina  
 
[1] La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?    1 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,  
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.  
La princesa está pálida en su silla de oro,  
está mudo el teclado de su clave de oro;                          5 
y en un vaso olvidado se desmaya una flor.  
 
[2] El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.  
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,  
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.  
La princesa no ríe, la princesa no siente;                      10 
la princesa persigue por el cielo de Oriente     
la libélula vaga de una vaga ilusión.  
 
[3] ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,  
o en el que ha detenido su carroza argentina  
para ver de sus ojos la dulzura de luz?                           15 
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,  
 o en el que es soberano de los claros diamantes,  
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?  
 
[4] ¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa  
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,                 20 
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,  
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,  
saludar a los lirios con los versos de mayo,  
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.  
 
[5] Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,           25 
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,  
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.  
Y están tristes las flores por la flor de la corte; 
 los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,  
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.                     30 
 
[6] ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!  
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,  
en la jaula de mármol del palacio real,  
el palacio soberbio que vigilan los guardas,  
que custodian cien negros con sus cien alabardas,        35 
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.  
 
[7] ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!  
(La princesa está triste. La princesa está pálida…)  
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!  
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe        40 
(La princesa está pálida. La princesa está triste…)  
más brillante que el alba, más hermoso que abril!  
 
[8] –¡Calla, calla, princesa –dice el hada madrina–,  
en caballo con alas, hacia acá se encamina,  
en el cinto la espada y en la mano el azor,                      45 
el feliz caballero que te adora sin verte,  
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,  
a encenderte los labios con su beso de amor!  
 
                       Rubén Darío: Prosas profanas (1896) 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “Sonatina” procede del libro Prosas profanas (Buenos Aires, 1896). Este libro es el segundo gran título de los poemarios de Rubén Darío. Se trata de una poesía técnicamente perfecta, temáticamente novedosa y muy atenta a los efectos musicales y cromáticos del poema, es decir, a los componentes sensoriales. Asuntos mitológicos, de la clasicidad grecolatina, de la Francia versallesca del siglo XVII y XVIII, etc., usados como texto o como pretexto para comunicar los propios sentimientos, son los predominantes. Estas características se manifiestan claramente en el poema que vamos a analizar. 
El poema cuenta una historia completa, fijándose en los aspectos subjetivos e íntimos de la protagonista, una princesa que está triste; en este sentido, estamos ante un poema narrativo, pero con un fuerte contenido emocional. La primera estrofa presenta a la protagonista, una princesa triste que ya no sonríe; ha perdido la risa, el color y el deseo de tocar su clave (instrumento musical de teclado y cuerdas pinzadas). En solidaridad con ella, una flor se marchita en un vaso, olvidada, como la propia princesa. Esta escena es interior. 
La segunda estrofa ofrece una visión exterior: un jardín por el que se pasean pavos reales. A la princesa hacen compañía una dueña habladora y un bufón malabarista que no logran sacarla de su tristeza porque tiene una ilusión difusa que no logra concretar. 
En la tercera estrofa, el yo poético –en el papel de narrador— se pregunta si la princesa piensa en un joven guapo, elegante y rico. Plantea hasta seis hipótesis sobre la persona que provoca su tristeza: el príncipe de Golconda (célebre y rica ciudad de la antigua India), el de China, el que para su carroza delante de ella, el rey de unas islas hermosas, el soberano poseedor de diamantes y, finalmente, el propietario de perlas de Ormuz. Todos ellos son ricos, poderosos y apuestos. 
La cuarta estrofa nos deja ver los anhelos más profundos del alma de la princesa: se siente como en una prisión y quiere volar lejos, como una golondrina, para ir al sol, saludar a las flores o perderse en una tormenta marítima. 
La quinta estrofa es negativa. Aclara lo que la princesa ya detesta: el lugar donde vive, un palacio, su entretenimiento, una rueca, su mascota, un halcón, su acompañante servidor, un bufón, ni la contemplación de los cisnes, todos iguales, que pueblan el lago. La tristeza de la princesa ahora la comparten las flores, los jazmines, los nelumbos (flores acuáticas perennes), las dalias y las rosas. 
La sexta estrofa tiene un tono conclusivo. Después de todo lo dicho, es fácil deducir que la princesa está triste porque se siente cautiva en su riqueza, en su belleza y en su esplendor, dentro del palacio. Allí la vigilan cien vigías, un perro lebrel y un dragón gigante, de modo que no puede huir. 
La séptima estrofa se concentra en los deseos de la princesa triste y pálida: ser una mariposa para volar al lugar donde la espera un hermoso príncipe.  
La octava y última estrofa deja paso a un nuevo personaje, el hada madrina de la princesa, que, por descontado, conoce los sentimientos y deseos de su protegida. Interviene para informarle que se dirige a su encuentro un muchacho, montado en un caballo alado, enamorado de ella, para vivir una historia de amor, aun sin conocerse de antes. En realidad, si bien se mira, el poema equivale a un cuento de hadas clásico, solo que en verso. El ambiente refinado, un tiempo vago y los protagonistas así lo confirman. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: la falta de amor y de pasión conducen a la amargura y tristeza, aunque se viva rodeado de riquezas y lujos excesivos. También se podría expresar afirmando que cuando se cree firmemente, incluso en los deseos más imposibles, estos se cumplen por caminos a veces misteriosos e inexplicables.  
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos o secciones de contenido. En cada una de ellas se modula o matiza el asunto principal. Es lógica esta división si tenemos en cuenta que el poema cuenta una historia, aunque intimista. De este modo, tenemos: 
-Primer apartado (estrofas 1-2, vv. 1-12): presentación del lugar donde se desarrolla la acción y del personaje, que es su protagonista: una princesa triste y abúlica.  
-Segundo apartado (estrofas 3-7, vv. 13-42): se desarrolla la acción y se van desvelando los pormenores del estado de ánimo de la princesa: se siente prisionera en su palacio, no puede abandonarlo, le gustaría volar como un ave y conocer a un hombre para enamorarse y ser feliz, pues ahora no lo es.  
-Tercer apartado (estrofa 8, vv. 43-48): es el desenlace o resolución de la trama. Los desvelos de la princesa finalizan y sus deseos se cumplen gracias a la intervención de su hada madrina. Un joven hermoso, poderoso y triunfante se dirige hacia ella para vivir su historia de amor. 
Como vemos, el poema presenta la forma narrativa de un cuento de hadas clásico. Presentación, desarrollo y conclusión son los tres pasos que el poeta respeta. Sin embargo, el tono es intimista y subjetivo. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es original y, al mismo tiempo, extraña, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto por 48 versos alejandrinos (tetradecasílabos) Las ocho estrofas poseen seis versos cada una (lo que recuerda a la sextilla). En cuanto a la rima, se repite en todas ellas. Es la siguiente: AACDCD. Es decir, un pareado más un serventesio, ambos en alejandrinos. Es un tipo de estrofa bastante frecuente en la poesía de Rubén Darío. 
Como hemos podido comprobar, el poeta nicaragüense innova felizmente combinando metros, rimas y estrofas clásicas con innovaciones originales que aportan frescura, variedad y, sobre todo, una hermosa musicalidad. 
Como siempre en la poesía de Rubén Darío, los aspectos musicales del poema son muy importantes. El ritmo melodioso, creado a base de una cuidada y meditada distribución acentual nos permite comprobar cómo el poeta ha utilizado los pies grecolatinos, adaptados al castellano, haciendo equivaler las sílabas largas o breves en tónicas y átonas. Usa de modo variado los pies binarios (yámbico o yambo –sílaba átona más sílaba tónica–; y trocaico o troqueo –sílaba tónica más sílaba átona–) y los ternarios (dactílico o dáctilo –sílaba tónica seguida de dos átonas–; anfibráquico o anfíbraco –sílaba tónica entre dos átonas–; y anapéstico o anapesto –dos sílabas átonas más una tónica–). 
El resultado, como se puede comprobar en una lectura en voz alta, es, sencillamente, maravilloso: una cadencia melodiosa y suave se extiende por todo el poema y convierte la lectura en una melodía, en una canción eufónica, expresiva, dulce y matizada, como ya hemos afirmado de otros poemas de Rubén Darío aquí analizados previamente, como “Salutación del optimista”. 
 
5. Análisis estilístico 
“Sonatina” es un poema equilibrado entre lo lírico y lo narrativo, como ocurre a menudo en la poesía de Rubén Darío. Se presenta un estado emocional y espiritual de un personaje un tanto singular: una princesa confinada al palacio real, rodeadas de lujos y caprichos, pero falta de pasión e ilusión, es decir, amor. Para transmitirnos esta historia, el poeta nicaragüense se vale de una amplia de procedimientos retóricos que lo embellecen y poetizan. Veamos los más señalados. 
La intriga se crea en el primer verso de la primera estrofa con una suspensión, una interrogación retórica y una repetición: de un golpe, el lector ya sabe quién es la protagonista, cómo es su estado y el núcleo de la intriga. Su languidez se transmite por una metonimia (“suspiros”), más dos más en paralelismo (“que ha perdido la risa, que perdido el color”); su belleza, por una hermosa metáfora (“boca de fresa”). Y a través de dos personificaciones, también metaforizadas, referidas al teclado de un clave y una flor se expresa el ambiente de tristeza que reina a su alrededor. 
En la segunda estrofa la metáfora personificada del primer verso refleja el ambiente de refinamiento en el que vive la protagonista, pues en sus jardines campan los pavos reales. Luego aparecen sus acompañantes, descritos con tintes negativos. Tres veces la repetición de “la princesa” insiste en quién es el protagonista. Un paralelismo con dos oraciones negativas refuerza la significación negativa (“La princesa no ríe, la princesa no siente”) y preparan al lector para el siguiente mensaje, ahora ya afirmativo, a través de una metáfora intensa y muy visual, pues crea una imagen muy afortunada ; la princesa quiere ser libre y además, va en pos de un deseo, una ilusión, todavía “vaga” (“la princesa persigue por el cielo de Oriente / la libélula vaga de una vaga ilusión”). Notemos también la repetición de “vaga” y la hermosa aliteración del fonema /l/ en el último verso de esta segunda estrofa; crea un efecto de volatilidad aérea, como los sentimientos de la princesa. 
La tercera estrofa posee una estructura muy singular. Toda ella la conforman tres oraciones interrogativas con varias estructuras disyuntivas dentro que expresan muy bien las divagaciones de la muchacha. La adjetivación, con bastantes epítetos, es muy expresiva: “carroza argentina” (del color de la plata, blanca; o, acaso, hecha de ese material), “rosas fragantes”, “claros diamantes” y “dueño orgulloso”. Aportan la parte de exotismo, lujo y brillantez del ambiente cortesano de la princesa. La metáfora con sinestesia contenida en “para ver de sus ojos la dulzura de luz” resulta intensa y nos permite conocer la mirada dulce y suave de la protagonista regia. 
La cuarta estrofa se abre con una exclamación que transmite el dolor y el desfallecimiento de la joven. Otra vez la metáfora de “la boca de rosa” nos recuerda su lozanía y belleza. El paralelismo y la metáfora consiguiente del siguiente verso expresa sus ansias de volar y ser libre: “quiere ser golondrina, quiere ser mariposa”. Los adjetivos de significación celeste y aérea (ligeras”, “luminosa”) hacen hincapié en la idea de libertad física. 
La quinta estrofa posee dos oraciones; en la primera, existe un paralelismo de cinco sintagmas, todos negativos, pues la anáfora de “ni” imprime una significación en ese sentido. Es como una recopilación de todo lo que ya no quiere y que había sido explicado. Lo mismo ocurre con la segunda oración, aunque ahora son afirmativas. Se enumeran cuatro tipos de flores y se repite la palabra “flor”, la segunda ocasión con significación metafórica muy expresiva: “la flor de la corte”, es decir, la princesa. También los paralelismos imprimen una cadencia musical de tristeza. 
En la sexta estrofa nos llega la compasión que siente por ella el narrador, es decir, el yo poético. Ahora se añade otro rasgo físico nuevo: “ojos azules”. Ahora se insiste en que está “presa en sus oros”, esto es, cautiva en su riqueza. La repetición de “presa” refuerza este sentido de privación de libertad. La enumeración de los guardianes de su prisión también es elocuente y muy bella, a base de paralelismos y repeticiones (“cien”). La joven es vigilada por guardas, cien negros, un lebrel y un dragón. La enumeración es abrumadora y deja claro que de ningún modo podría escapar por su cuenta. 
La construcción de la séptima estrofa es muy bella y original: aparecen tres exclamaciones, seguidas de tres enunciados entre paréntesis para explicar la causa de sus ansias de libertad y volar libre para encontrar un amor. Las oraciones exclamativas forman perfectos paralelismos entre sí, y las enunciativas de carácter explicativo se repiten al principio y al final, pero formando un quiasmo muy elocuente, al cambiar el orden de los elementos en el segundo y quinto verso (“La princesa está triste. La princesa está pálida”). La muchacha desea ser un ave para volar libre. La metáfora contenida en “¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil” nos permite comprender que sueña con un bello príncipe rodeado de lujos. La doble comparación, un tanto hiperbolizada, del verso final de esta estrofa (“más brillante que el alba, más hermoso que abril!”), referida a la hermosura del príncipe nos transmite las ansias de amor de la protagonista. 
En la última estrofa asistimos al desenlace con la irrupción de un personaje hasta ahora no mentado: el hada madrina. Toda la estrofa es una intervención en estilo directo del hada y apremia a la princesa a que no suspire más porque sus sueños se han hecho realidad. Un caballero se acerca a lomos de un pegaso y va a su encuentro. Viene armado, como es propio de su condición, con espada y halcón; este servía para practicar la cetrería, deporte de nobles en la Edad Media. El muchacho viene “feliz” incluso sin haberla visto, e invicto, pues ni la muerte ha podido derrotarlo; estamos ante el príncipe perfecto, justo lo que ella estaba esperando. La metáfora que se contiene en el verso final (“a encenderte los labios con un beso de amor”) expresa que ahí se iniciará una historia amorosa apasionada entre ambos personajes que traerá la ansiada felicidad a la princesa que estaba triste. 
Como se puede apreciar en esta pequeña muestra, no exhaustiva, naturalmente, el poema es muy rico y variado estilísticamente considerado. Rubén Darío ha empleado una muy variada cantidad de procedimientos retóricos para construir un significado lírico de tono subjetivo e intimista, pero mezclado con la narración de un cuento de hadas, sin que falten sus elementos fantásticos. El acierto en el empleo de los procedimientos retóricos lo declara estupendamente la armonía compositiva, el equilibrio entre fondo y forma en relación a la significación del poema entero. 
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor y recuerdo del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. Estas notas se pueden advertir en su segundo gran libro Prosas profanas y otros poemas (Buenos Aires, 1896) 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “Sonatina” (en Prosas profanas, Buenos Aires, 1896) es una intensa y bellísima composición del poeta nicaragüense. Posee un tono intimista entreverado de elementos fantásticos. Rubén Darío nos deja aquí un bello ejemplo de poesía a la vez ligera y transcendente. La historia puede ser tradicional y esperable, pero el contenido es intenso y denso: todos soñamos con una historia de amor arrebatado que nos cambie la vida para siempre y nos eleve a la cima de la felicidad. 
 
7. Interpretación 
“Sonatina” es un poema hermoso que sorprende cómo una materia clásica es tratada de modo que parece nueva, como si nunca se hubiera contado previamente. Ello se logra gracias a la musicalidad, a la selección de materiales narrativos y a la insistencia en los elementos emocionales e íntimos. En este sentido, el poema posee una cierta carga reflexiva y parece querer recordarnos que nosotros, lectores, también esperamos la llegada inexplicable de nuestro príncipe salvador. La solución, según el poeta nicaragüense, esperar con fe inquebrantable. 
En el marco físico de “Sonatina” aparecen una princesa, su bufón, su dama de compañía y, finalmente, su hada madrina. El ambiente cortesano, lujoso, sofisticado y algo decadente, también floral y primaveral, en poses de elegancia, languidez y belleza por parte de la dama, nos remite a un mundo mítico medieval, también próximo al francés del siglo XVIII. Exotismo y escapismo, podemos observar, son elementos constituyentes de primer orden.  
Los verbos en presente de indicativo, a lo largo de todo el poema, expresan los pensamientos atemporales del yo poético; también, que desea dar a su narración un tono no anecdótico, sino grave, actual, válido para cualquier momento. Esto es bastante común en la poesía de Rubén Darío 
El poeta nicaragüense ha empleado una variada y amplia cantidad de procedimientos retóricos para transmitir belleza poética y algo de contenido intimista camuflado en una historia de una princesa y su caballero. La tensión latente en toda la composición permite comprender la misma que Rubén Darío soportaba en su vida. Es la que provoca el conflicto entre el deseo y la realidad. 
 
8. Valoración 
“Sonatina” es una hermosa e imaginativa composición equilibrada y feliz. Partiendo de un cuento de hadas, Rubén Darío la reelabora con emoción, pasión y enorme lirismo. Podemos comprender muy bien los sentimientos de la protagonista, pues la intensidad poética nos permite sufrir y sentir a su lado. 
Los personajes actantes proceden de un mundo mítico, idealizado y de ámbito medieval. Parece que en ese marco es más fácil el milagro de la llegada del amor que transforme la vida radicalmente.   
El efecto musical del poema, unido a la audaz innovación de crear serventesios y pareados en alejandrinos, es un valor muy positivo y destacado, por su sorpresa y eufonía. Aporta una belleza fónica, por tanto, poética, que envuelve al contenido en su conjunto, imprimiéndole un aire musical. Unido a la adjetivación sensitiva, auditiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Distingue entre yo poético, narrador y personajes. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) El yo poético, ¿comparte los sentimientos y anhelos de la princesa? Razona la respuesta.  
2) ¿En qué animales desea transformarse la princesa? ¿Por qué? 
3) ¿Es esencial la intervención del hada madrina? ¿Por qué? A juzgar por el final, el poema ¿tiene un final positivo o negativo?  
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) Documéntate sobre el ser del hada madrina. Explica sus características y escribe un relato donde una de ellas sea la protagonista 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Puedes reunir jóvenes hispanoamericanos en torno a una acción, donde manifiestan su opinión sobre el tema del poema, o pasan a la práctica algún proyecto común. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense.
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Rubén Darío: “El reino interior”; análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “EL REINO INTERIOR” (DE PROSAS PROFANAS) 

 

El reino interior 
A Eugenio de Castro 
with Psychismy soul! 
           Poe 
[1 ] Una selva suntuosa                                                                       1
en el azul celeste su rudo perfil calca.
Un camino. La tierra es de color de rosa,
cual la que pinta fra Doménico Cavalca
en sus Vidas de santos. Se ven extrañas flores                           5
de la flora gloriosa de los cuentos azules,
y entre las ramas encantadas, papemores
cuyo canto extasiara de amor a los bulbules.
(Papemor: ave rara; Bulbules: ruiseñores.)
* * *
[2] Mi alma frágil se asoma a la ventana obscura                    10
de la torre terrible en que ha treinta años sueña.
La gentil Primavera primavera le augura.
La vida le sonríe rosada y halagüeña.
Y ella exclama: «¡Oh fragante día! ¡Oh sublime día!
Se diría que el mundo está en flor; se diría                                15
que el corazón sagrado de la tierra se mueve
con un ritmo de dicha; luz brota, gracia llueve.
¡Yo soy la prisionera que sonríe y que canta!»
Y las manos liliales agita, como infanta
real en los balcones del palacio paterno.                                    20
* * *
[3] ¿Qué són se escucha, són lejano, vago y tierno?
Por el lado derecho del camino adelanta
el paso leve una adorable teoría
virginal. Siete blancas doncellas, semejantes
a siete blancas rosas de gracia y de harmonía                          25
que el alba constelara de perlas y diamantes.
¡Alabastros celestes habitados por astros:
Dios se refleja en esos dulces alabastros!
Sus vestes son tejidos del lino de la luna.
Van descalzas. Se mira que posan el pie breve                         30
sobre el rosado suelo, como una flor de nieve.
Y los cuellos se inclinan, imperiales, en una
manera que lo excelso pregona de su origen.
Como al compás de un verso su suave paso rigen.
Tal el divino Sandro dejara en sus figuras                                35
esos graciosos gestos en esas líneas puras.
Como a un velado són de liras y laúdes,
divinamente blancas y castas pasan esas
siete bellas princesas. Y esas bellas princesas
son las siete Virtudes.                                                                      40
* * *
[4] Al lado izquierdo del camino y paralela-
mente, siete mancebos –oro, seda, escarlata,
armas ricas de Oriente– hermosos, parecidos
a los satanes verlenianos de Ecbatana,
vienen también. Sus labios sensuales y encendidos,           45
de efebos criminales, son cual rosas sangrientas;
sus puñales, de piedras preciosas revestidos
–ojos de víboras de luces fascinantes–,
al cinto penden; arden las púrpuras violentas
en los jubones; ciñen las cabezas triunfantes                        50
oro y rosas; sus ojos, ya lánguidos, ya ardientes,
son dos carbunclos mágicos del fulgor sibilino,
y en sus manos de ambiguos príncipes decadentes
relucen como gemas las uñas de oro fino.
Bellamente infernales,                                                                 55
llenan el aire de hechiceros veneficios
esos siete mancebos. Y son los siete vicios,
los siete poderosos pecados capitales.
* * *
[5] Y los siete mancebos a las siete doncellas
lanzan vivas miradas de amor. Las Tentaciones.                60
De sus liras melifluas arrancan vagos sones.
Las princesas prosiguen, adorables visiones
en su blancura de palomas y de estrellas.
* * *
[6] Unos y otras se pierden por la vía de rosa,
y el alma mía queda pensativa a su paso.                              65
–¡Oh, qué hay en ti, alma mía?
“¡Oh, qué hay en ti, mi pobre infanta misteriosa?
¿Acaso piensas en la blanca teoría?
¿Acaso
los brillantes mancebos te atraen, mariposa?”                   70
* * *
[7] Ella no me responde.
Pensativa se aleja de la obscura ventana
–pensativa y risueña,
de la Bella-durmiente-del-bosque tierna hermana–,
y se adormece en donde                                                            75
hace treinta años sueña.
* * *
[8] Y en sueño dice: «¡Oh dulces delicias de los cielos!
¡Oh tierra sonrosada que acarició mis ojos!
–¡Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos!
–¡Príncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos!»    80             
 
                       Rubén Darío: Prosas profanas (1896) 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “El reino interior” procede del libro Prosas profanas (Buenos Aires, 1896). Este libro es el segundo gran título de los poemarios de Rubén Darío. Se trata de una poesía técnicamente perfecta, temáticamente novedosa y muy atenta a los efectos musicales y cromáticos del poema, es decir, a los componentes sensoriales. Asuntos mitológicos, de la clasicidad grecolatina, de la Francia versallesca del siglo XVII y XVIII, etc., usados como texto o como pretexto para comunicar los propios sentimientos, son los predominantes. Estas características se manifiestan claramente en el poema que vamos a analizar. 
La primera estrofa del poema equivale a un cuadro; se explica con precisión los elementos que lo componen: el fondo, los elementos naturales que lo integran, el movimiento, etc. Se aprecia una selva tupida y un camino que surge de su interior. La tierra es de color rosa; flores raras y una flora “encantada”, mágica, pueblan los campos. Pájaros extraños cantan tan bellamente que incluso los ruiseñores se extasían con esos cantos. El yo poético compara este paisaje con el que describe el dominico italiano fray Doménico Cavalca (Italia, 1270 – 1342) en su Vida de santos (Vitae Patrum). 
La segunda estrofa introduce al “alma frágil” del yo poético como personaje principal. Se asoma a la ventana de su torre, lugar siniestro, que es el cuerpo del poeta, en el que habita desde hace treinta años (ya conocemos la edad de Rubén Darío al componer el poema), a contemplar ese paisaje. Observa un paisaje primaveral y la vida se le muestra risueña y optimista. Habla para ella en voz alta celebrando la belleza del día y de la primavera; siente que la tierra entera vibra armoniosamente, en un derroche de luz y música, pues ellas mismas tocan liras y laúdes. Mientras habla, mueve sus manos nerviosamente, como una mujer noble en el balcón del palacio de su padre. 
En la tercera estrofa se presenta un desfile, por el lado derecho del camino, de siete doncellas hermosas, elegantes, algo etéreas, con vestidos agraciados y pies descalzos. Avanzan siguiendo un ritmo que no se oye, armoniosas y graciosas, por el camino, como si las hubiera pintado el célebre pintor florentino renacentista Sandro Botticelli (Italia, 1445 – 1510). Su belleza, poder evocador y pureza son notables y deslumbrantes. El poeta aclara que esas siete muchachas son las siete virtudes. 
La cuarta estrofa describe cómo se acercan siete hermosos muchachos, ricamente ataviados y armados con puñales. Sus ojos ardientes y viciosos muestran maldad en sus intenciones, así como maleficios (eso es lo que significa “veneficios”). Al mismo tiempo parecen refinados príncipes y malvados salvajes, algo infernales, como los que imaginó el poeta francés Paul Verlaine en la mítica ciudad oriental de Ecbatana. El yo poético aclara que son los siete pecados capitales que acechan al hombre. 
En la quinta estrofa se presenta el encuentro entre ambos grupos. Se miran recíprocamente, cruzándose encendidas miradas de amor. El poeta aclara que son las tentaciones que acechan al ser humano. Las muchachas, tocando sus liras, siguen avanzando, dejando una estela de blancura y anhelos celestiales. 
La sexta estrofa retoma el alma del poeta, que está pensativa mientras observa cómo se alejan los paseantes. El poeta siente compasión por su propia alma, que la percibe como noble y frágil, y se pregunta si se ve atraída por las siete doncellas y/o por los siete mancebos. 
La séptima estrofa consigna la falta de respuesta de su alma. Se compadece de ella, por su soledad y sus anhelos de vida, al tiempo que observa cómo se adormece en su torre. 
La octava y última estrofa cuenta el sueño del alma del poeta. El alma habla y anhela el paisaje y los pobladores que vio pasar por el camino rosa. Desea que las muchachas la acojan en su grupo; también suspira por que los muchachos la abracen. Muestra así sus anhelos de vida, que oscilan entre la virtud pura y el vicio brutal. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: reflexión introspectiva del poeta sobre su alma, dudosa entre la bondad y la maldad, la pureza y la suciedad, la contención y el desenfreno. También se puede enunciar afirmando que es una declaración del yo poético sobre sus dos anhelos vitales, la belleza dulce y suave, y el goce salvaje y desenfrenado.  
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta ocho apartados temáticos o secciones de contenido. En cada una de ellas se modula o matiza el asunto principal. Es lógica esta división si tenemos en cuenta que cada estrofa está separada por una línea de tres asteriscos que recalcan el corte o interrupción respecto del asunto abordado anteriormente. De este modo, tenemos: 
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-9): presentación del lugar físico donde se desarrolla la acción; un enigmático bosque con un camino rosa, poblado de extraños y bellos animales y plantas.  
-Segundo apartado (segunda estrofa, vv. 10-20): aparición de la protagonista, el alma del poeta, que contempla el paisaje primaveral, armonioso y atractivo. Se presenta ante él como si fuera una prisionera y expresa su admiración por esa naturaleza.  
-Tercer apartado (tercera estrofa, vv. 21-40): Aparecen siete bellas, atractivas y etéreas muchachas, avanzando y tocando liras y laúdes; son virginales, puras, celestiales. 
-Cuarto apartado (cuarta estrofa, vv. 41 – 58): entra en escena el grupo de siete muchachos atractivos, armados, con algo de furiosos y salvajes, como si tuvieran algo de satánicos y violentamente malévolos. 
-Quinto apartado (quinta estrofa, vv. 59-63): cruce de ambos grupos en el camino rosa; intercambio de miradas ardientes, cómplices, anhelantes, pero las chicas siguen su camino. 
-Sexto apartado (sexta estrofa, vv. 64 – 70): el yo poético observa a su alma y le pregunta si se siente atraída por los dos grupos que ha visto, pero no obtiene respuesta. 
-Séptimo apartado (séptima estrofa, vv. 71 – 76): el alma se retira a sus aposentos y se adormece, como la Bella durmiente del bosque, reflexionando animadamente por lo que ha visto. 
-Octavo apartado (octava estrofa, vv. 77 – 80): en sueños, el alma del poeta suplica a las princesas y príncipes que contempló desde su torre que la lleven con ellos. 
Como vemos, el poema presenta la forma narrativa de un cuento clásico, o de una leyenda popular. Presentación, desarrollo y conclusión son los tres pasos que el poeta respeta. Sin embargo, como el protagonista principal es su alma, todo adquiere un tono reflexivo, intimista y subjetivo, colocando el texto en el género lírico. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es original y, al mismo tiempo, extraña, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto de 80 versos de medida variable, aunque en arte mayor predomina el alejandrino (tetradecasílabo) y en arte menos el heptasílabo. En las tres primeras estrofas, además de la quinta y la octava y última, todos los versos son alejandrinos. En la cuarta estrofa sólo aparece un verso heptasílabo. En la sexta y séptima alternan ambos versos; conviene destacar que en la sexta aparece el único verso trisílabo, y en la séptima el número de heptasílabos supera al de alejandrinos.  
En cuanto a la rima, la variedad y la originalidad son elevadas. Así, encontramos:  
Estrofa 1: serventesio, serventesio y un verso final que rima con el primero y tercero del último serventesio. 
Estrofa 2: serventesio, pareado, pareado, pareado y verso suelto. 
Estrofa 3: dos versos sueltos (que, en realidad, forman un cuarteto con los dos últimos de la estrofa anterior), serventesio, pareado, cuarteto, pareado, verso suelto, pareado, pareado con rima como el verso suelto y cuarteto. 
Estrofa 4: verso suelto (que rima con el antepenúltimo de la estrofa anterior), serventesio, dos versos sueltos, terceto, serventesio y serventesio. 
Estrofa 5: quinteto (aproximado). 
Estrofa 6: dos versos sueltos, terceto y dos versos sueltos (que coincide con los dos primeros, pero invertido el orden). 
Estrofa 7: verso suelto, terceto y dos versos sueltos (el primero de ellos rima con el primero de la estrofa y el segundo con el mismo del terceto). 
Estrofa 8: serventesio. 
Como hemos podido comprobar, el poeta nicaragüense innova felizmente combinando metros, rimas y estrofas clásicas con innovaciones originales que aportan frescura, variedad y, sobre todo, una hermosa musicalidad. 
Como siempre en la poesía de Rubén Darío, los aspectos musicales del poema son muy importantes. El ritmo melodioso, creado a base de una cuidada y meditada distribución acentual nos permite comprobar cómo el poeta ha utilizado los pies grecolatinos, adaptados al castellano, haciendo equivaler las sílabas largas o breves en tónicas y átonas. Usa de modo variado los pies binarios (yámbico o yambo –sílaba átona más sílaba tónica–; y trocaico o troqueo –sílaba tónica más sílaba átona–) y los ternarios (dactílico o dáctilo –sílaba tónica seguida de dos átonas–; anfibráquico o anfíbraco –sílaba tónica entre dos átonas–; y anapéstico o anapesto –dos sílabas átonas más una tónica–). 
El resultado, como se puede comprobar en una lectura en voz alta, es, sencillamente, maravilloso: una cadencia melodiosa y suave se extiende por todo el poema y convierte la lectura en una melodía, en una canción eufónica, expresiva, dulce y matizada, como ya hemos afirmado de otros poemas de Rubén Darío aquí analizados previamente, como “Salutación del optimista”. 
 
5. Análisis estilístico 
“El reino interior” es un poema equilibrado entre lo lírico y lo narrativo. El yo poético transforma su alma, equivalente a la figura mitológica Psique (de ahí la cita inicial de E. A. Poe) en un personaje: una bella e ingenua dama que espera, encerrada en el cuerpo del poeta, su torre, ser liberada, o liberarse por sí misma, para vivir la vida y experimentarla en toda su extensión. Por otro lado, el poema cuenta una historia: el alma se asoma a una ventana de su torre, observa atentamente, extrae sus conclusiones, no responde a las preguntas del yo poético, se recuesta y sueña que se entrega a ambos grupos observados en un paisaje primaveral. 
El poema en conjunto se presenta como una alegoría: sucesión de imágenes, creadas a través de metáforas, que remiten a una realidad unitaria coherente. El sentido puede ser: el alma del ser humano, medio confinada en el cuerpo, más o menos retenida, se debate, cuando observa el mundo, entre la vida virtuosa, armónica, limpia y elevada, y la contraria, es decir, una vida viciosa, desordenada, sucia y rastrera. La sonrisa de complicidad del alma y el sueño final, en el que anhela irse con ambas opciones, ofrecen un final abierto, ambiguo y más bien propenso a la tentación de la segunda opción. 
El poema es un auténtico tesoro de empleo sabio de recursos retóricos. La exposición total ocuparía muchas líneas y no es la intención de esta actividad. Solo se llama la atención sobre los aspectos más relevantes, a saber: 
-La adjetivación es esencial en la creación de belleza poética en este poema. Los adjetivos, en su mayor parte metaforizados, aportan significados sensoriales –sobre todo, cromáticos y musicales–. Casi siempre aparecen en combinaciones sinestésicas de sorprendente y rico significado. Tomemos como ejemplo la estrofa 2: “alma frágil”, “ventana obscura”, “torre terrible”, “gentil Primavera”, “la vida le sonríe rosada y halagüeña”, “fragante día”, “sublime día”, “corazón sagrado”, “manos liliales” y “palacio paterno”. 
-La metáfora es otra herramienta retórica de primer orden para crear significado. Existen tres de ellas, centrales, que el poeta explica. La dama de la ventana es su alma, las doncellas son las virtudes y los mancebos son los vicios. Pero aparecen otras que no explica y, por alusiones y elisiones, el lector ha de llegar a su sentido a través de su lectura reposada. La interpretación central descansa en la idea de que el sujeto enunciador se debate entre sus pulsiones instintivas más básicas, sobre todo la lujuria concupiscente, y el deseo de contención para mantener una vida limpia y, literalmente, virtuosa. ¿Se pueden combinar las dos? La estrofa final no ofrece una respuesta concreta, pero la tentación acecha y, por probar, no se pierde nada, parece querer decir. 
Sin embargo, existen decenas de metáforas referidas a asuntos concretos que embellecen y expanden la significación hasta límites asombrosos. Tomemos como ejemplo la estrofa 2. Observamos las siguientes metáforas, que no explicamos por mor de la brevedad: “alma frágil”, “asoma a la ventana obscura”, “torre terrible”, “primavera le augura”, “La vida le sonríe rosada y halagüeña”, “sublime día”, “el mundo está en flor”, “corazón sagrado de la tierra se mueve”, “luz brota”, “gracia llueve”, “Yo soy la prisionera”, “manos liliales”, etc. Estas metáforas crean imágenes muy expresivas, en este caso, referidas al estado de ánimo de la dama asomada a la ventana que observa un paisaje radiante, primaveral, exultante y alegre. 
-El diálogo es otro procedimiento importante. Solo que es una conversación truncada, fracasada, porque cuando el cuerpo, o el yo poético, habla, el alma no responde, y viceversa. Esta plática frustrada aporta un sentido más profundo al poema. ¿Es posible la comunicación entre cuerpo y alma? ¿Cuál rige a la otra? No se ofrecen respuestas claras, solo ambigüedad interpretativa. 
-Los procedimientos de repetición adquieren mucha significación a efectos estéticos. Tomemos la estrofa 3 como ejemplo. Ahí observamos la repetición retórica (“son”), la bimembración (“perlas y diamantes”), la enumeración (“lejano, vago y tierno”), el paralelismo (“de gracia y de harmonía… / de perlas y diamantes”), el polisíndeton (“de liras y laúdes… blancas y castas… Y esas bellas…”), etc. 
-El símil y los recursos de contrastes (antítesis, oxímoron y paradoja) son recursos estéticos presentes en el poema al servicio de una significación lírica superior. Lo ejemplificamos con la estrofa 4: “al lado izquierdo… siete mancebos” (frente al lado derecho y las siete doncellas, de la estrofa anterior), “parecidos a los satanes verlenianos” “son cual rosas sangrientas”, “sus ojos, ya lánguidos, ya ardientes”, “relucen como gemas las uñas de oro fino”, etc. 
Como se puede apreciar en esta pequeña muestra, no exhaustiva, naturalmente, el poema es muy rico y variado estilísticamente considerado. Rubén Darío ha empleado una muy variada cantidad de procedimientos retóricos para construir un significado lírico de tono subjetivo, intimista y confesional, pero mezclado con la narracion de una historia, cuento o leyenda. El acierto en su uso lo declara la armonía compositiva, el equilibrio entre fondo y forma en relación a la significación del poema entero. 
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor y recuerdo del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. Estas notas se pueden advertir en su segundo gran libro Prosas profanas y otros poemas (Buenos Aires, 1896) 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “El reino interior” (en Prosas profanasBuenos Aires, 1896) es una intensa y bellísima composición del poeta nicaragüense. Posee un tono intimista y confesional, diríamos que brutalmente sincero, que lo hacen especialmente atractivo. Rubén Darío nos deja ver las tormentas internas de orden existencial y espiritual, pero como si contara una historia donde una parte suya es la protagonista y la otra parte hiciera de narrador, tratando de dialogar entre ellas, aunque inútilmente.  
 
7. Interpretación 
“El reino interior” es un poema extraño por la sorprendente combinación de intimismo y narración de una visión peregrina, que remite al mundo grecolatino. Habla de sí mismo, pero por partes interpuestas (todo ello, pues, muy metonímico; es una estructura en sinécdoque), como su alma, o como su persona haciendo de narrador, contando una visión de aquella de la que ignoramos su grado de consistencia. 
El carácter reflexivo y existencial del poema es muy notorio, pero entremezclado con un aspecto narrativo pintoresco. Ambos elementos fructifican en un poema profundo que muestra miedos y anhelos del poeta a partes iguales. 
Se citan cuatro artistas en el poema. En la introducción, el narrador norteamericano E. A. Poe, a quien Rubén Darío admiraba por sus cuentos llenos de misterio, angustia, horror y confusión todo entremezclado, siempre destacando la importancia de los elementos psíquicos y emocionales en el comportamiento de las personas. Cita también al escritor religioso italiano, renacentista, fray Doménico Cavalca, para evocar la descripción de paisajes extraños y casi alucinatorios. A continuación, reseña a su admirado poeta francés contemporáneo Paul Verlaine, de quien aprendió muchas de sus técnicas y contenido poéticos.  
Finalmente, evoca al importante pintor italiano, renacentista también, Sandro Botticelli, autor del deslumbrante cuadro La Primavera (1481-1482). Seguramente, Rubén Darío tuvo muy en cuenta esta pintura para su poema. En el cuadro aparecen damas y jóvenes en un ambiente floral primaveral, en poses de elegancia, languidez y belleza por parte de ellas; abrazando a alguna chica y tomando frutos de los árboles cercanos, por parte de ellos.  
Se ha insistido mucho en la influencia de los pintores prerrafaelitas ingleses en el arte poético de Rubén Darío; se trata de un grupo de artistas inclinados hacia el arte primitivo, medieval, no tan purista ni tan perfeccionista, más subjetivo y directo. En efecto, también así se puede leer el poema. También se ha insistido en el carácter de “obra maestra” de esta composición, es decir, un texto poético perfecto y cerrado en sí mismo que ofrece las claves de interpretación del conjunto de la producción artística del poeta. Ciertamente, así se puede interpretar plausiblemente. 
Los verbos en presente de indicativo, a lo largo de todo el poema, expresan los pensamientos atemporales del yo poético; también, que desea dar a su narración un tono no anecdótico, sino grave, actual, válido para cualquier momento.  
El poeta nicaragüense ha empleado una variada y amplia cantidad de procedimientos retóricos para transmitir belleza poética y contenido intimista camuflado en una historia de doncellas y faunos. La tensión latente en toda la composición permite comprender la misma que Rubén Darío soportaba en su vida. Es la que provoca el conflicto entre el deseo desenfrenado y la moderación equilibrada que lleva en su interior. 
El poema posee también una carga metapoética importante. Se percibe muy bien al final de la primera estrofa, cuando el sujeto enunciador aclara el significado de “papemores” y “bulbules”, para que el lector pueda entender el contenido. El desdoblamiento de Rubén Darío en el alma y el cuerpo, digamos, y el diálogo posterior, truncado que se establece entre ellos, así como la asunción del cuerpo del papel de narrador omnisciente que conoce lo que su alma sueña, desea y piensa son también muestras del contenido metapoético de esta composición casi excesivamente sincera sobre los deseos y pulsiones del autor.  
 
8. Valoración 
“El reino interior” es una hermosa e imaginativa composición equilibrada y sutil. Rubén Darío decide abrir su corazón, una vez más, aunque de un modo poético, es decir, para nada es necesaria la confesión puntual y exacta de su trayectoria amorosa. Esa narrativa sentimental se ve transfigurada (como lo hacían los poetas renacentistas en sus églogas y canciones, disfrazados de pastores) por la presencia de doncellas y mancebos. Sin embargo, la transparencia de sentimientos es casi excesiva. Rubén Darío se bate entre la tentación y la contención, entre la moderación y el desenfreno. El final ambiguo deja entrever que vencerá esta segunda opción. 
El poema presenta también un lado clásico, de raíz grecolatina, otro exótico, de ambiente medieval, y otro moderno, cuando se cita a Verlaine. Los personajes actantes proceden de un mundo mítico y mitológico, idealizado y de ámbito medieval. Lo inverosímil –la raíz de la historia— se complementa muy bien con lo verosímil –la situación existencial y emocional del poeta–.   
El poeta ha decidido confesar sus anhelos más profundos a través de una leve historia de aire fantástico.  Desde ese punto de vista, ha sabido ajustar las dosis de realismo subjetivo que, en general, suelen ir en detrimento de la poesía y de los valores literarios.   
El efecto musical del poema, unido a la audaz innovación de crear serventesios en alejandrinos y heptasílabos, es un valor muy positivo y destacado, por su sorpresa y eufonía. Aporta una belleza fónica, por tanto poética, que envuelve al contenido en su conjunto, imprimiéndole un aire musical. Unido a la adjetivación sensitiva, auditiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Distingue entre yo poético, narrador, alma y poeta. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el alma del poeta sueña: “¡Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos” / Príncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos!”? Son los dos últimos versos del poema, por lo que tienen un carácter conclusivo. 
2) Localiza la alusión a cuentos populares folclóricos sobre la princesa que está dormida y espera un beso de amor para despertar. Interprétalo en el conjunto del poema. 
3) ¿Qué significa la torre en este poema? ¿Y el bosque y el camino rosa?. Explica e interpreta su sentido y ponlo en relación con el resto del poema. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) Relaciona y señala las coincidencias y diferencias entre el poema y el cuadro “La Primavera”, de Sandro Botticelli. 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Puedes reunir jóvenes hispanoamericanos en torno a una acción, donde manifiestan su opinión sobre el tema del poema, o pasan a la práctica algún proyecto común. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense. 
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Rubén Darío: “Canción de otoño en primavera”; análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA (DE CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, 1905) 
Canción de otoño en primavera 
(1) Juventud, divino tesoro,                      1
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
(2) Plural ha sido la celeste                     5
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
(3) Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.                          10
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
(4) Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,       15
Herodías y Salomé…
(5) Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…              20
(6) Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
(7) Pues a su continua ternura       25
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…
(8) En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…         30
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…
(9) Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…     35
y a veces lloro sin querer…
(10) Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.             40
(11) Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
(12) y de nuestra carne ligera         45
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también…
(13) Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!                50
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer.
(14) ¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas            55
fantasmas de mi corazón.
(15) En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!       60
(16) Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín…
(17) Juventud, divino tesoro,           65
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
 
(18) ¡Mas es mía el Alba de oro! 
                                      Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza (1905) 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “Canción de otoño en primavera” procede del libro Cantos de vida y esperanza (1905). Es el tercer y último gran título de los poemarios de Rubén Darío. Se trata de una poesía reflexiva, pausada e introspectiva. Estas características se manifiestan claramente en el poema que vamos a analizar. 
La primera estrofa, que funcionará de estribillo (se repetirá cuatro veces más a lo largo del poema, cerrándolo), lamenta la pérdida de la juventud, lo que provoca al yo poético sentimientos contradictorios de pena, amargura y tristeza algo descontrolada. La segunda estrofa enuncia que hablara sobre su vida sentimental, que ha sido variada. Primero se enamoró de una mujer dulce y bondadosa, pero dada la timidez del enunciador, la muchacha lo traicionó cruelmente. La segunda mujer de la que se enamoró poseía un carácter pasional y posesivo, hasta el punto que el poeta la abandona porque se sentía ahogado. La tercera mujer de la que se enamoró mostró una gran pasión, pero sin fondo sentimental, de modo que todo terminó pronto. A continuación extiende una mirada contemplativa sobre el resto de mujeres que ha amado, que ahora percibe como fantasmas, recuerdo inestable y motivo poético. Buscó una princesa, idealizada, bella y perfecta, pero nunca apareció. Esto le hace concluir que la vida muestras aristas punzantes y dolorosas. Ya con años encima, reconoce que sigue buscando un amor que lo ilusione. Se cierra el poema como había comenzado, lamentando la pérdida de la juventud y los sentimientos de tristeza contradictoria que le producen. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: recorrido vital del yo poético sobre sus experiencias amorosas bajo el signo contradictorio del fracaso y del deseo simultáneos. Enunciado de otro modo: mirada retrospectiva y reflexiva sobre el amargo itinerario amoroso del yo poético que, sin embargo, no renuncia a encontrar su amor verdadero.  
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta cuatro apartados temáticos o secciones de contenido. En cada una de ellas se modula o matiza el asunto principal. De este modo, tenemos: 
-El primer apartado (estrofas 1-5, vv. 1-20) presenta el tema y cuenta la primera aventura sentimental del yo poético. Se enamoró, da a entender que al modo infantil, de una muchacha de cabello oscuro que lo traicionó inopinadamente. Se cierra esta parte con la estrofa que funciona de estribillo: expresa el lamento por la juventud perdida y su extravío emocional. 
-El segundo apartado abarca las estrofas 6-9 (vv. 21-36); desvela su segunda historia amorosa, con una muchacha dulce y apasionada, pero demasiado absorbente, de modo que se sentía aprisionado, de ahí que la abandone. El estribillo correspondiente cierra esta sección.  
-El tercer apartado (estrofas 10-13, vv. 37-52), resume un escarceo con una chica superficial solo interesada en aspectos externos, por lo que pronto llegó el hastío y el fin. Como antes, la estrofa del estribillo se repite.  
-El cuarto apartado (estrofas 14-17, vv. 53-68) posee un tono recopilatorio; con la expresión “las demás” se refiere al resto de sus aventuras amorosas fracasadas; a pesar de que a veces solo fueron fantasías, al menos le han servido de inspiración poética. Se confiesa solo y amargado, como perdido. La estrofa del estribillo se repite.  
-El quinto y último apartado, coincidente con la estrofa 18, es el más breve, pues está compuesto por un solo verso. En forma de epifonema, el yo poético expresa su esperanza en un futuro luminoso. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es original y, al mismo tiempo, extraña, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto de 69 versos eneasílabos agrupados en estrofas de cuatro versos cada una. La rima se repite del siguiente modo: ABAB, con la particularidad que en los versos pares la última palabra es aguda (de modo que sus sílabas se contabilizan como 8 + 1). La estrofa empleada es el serventesio, pero no en endecasílabos, como era lo tradicional, sino en versos de nueve sílabas. Aquí, el poeta nicaragüense innova felizmente. 
Como siempre en la poesía de Rubén Darío, los aspectos musicales del poema son muy importantes. El ritmo melodioso, creado a base de una cuidada y meditada distribución acentual nos permite comprobar cómo el poeta ha utilizado los pies grecolatinos, adaptados al castellano, haciendo equivaler las sílabas largas o breves en tónicas y átonas. Usa de modo variado los pies binarios (yámbico o yambo –sílaba átona más sílaba tónica–; y trocaico o troqueo –sílaba tónica más sílaba átona–) y los ternarios (dactílico o dáctilo –sílaba tónica seguida de dos átonas–; anfibráquico o anfíbraco –sílaba tónica entre dos átonas–; y anapéstico o anapesto –dos sílabas átonas más una tónica–). 
El resultado, como se puede comprobar en una lectura en voz alta, es, sencillamente, maravilloso: una cadencia melodiosa y suave se extiende por todo el poema y convierte la lectura en una melodía, en una canción eufónica, expresiva, dulce y matizada, como ya hemos afirmado de otros poemas de Rubén Darío aquí analizados, como “Salutación del optimista”. 
 
5. Análisis estilístico 
“Canción de otoño en primavera” es un poema equilibrado entre lo lírico y lo narrativo; el yo poético deja ver su interioridad y, al mismo tiempo, cuenta tres historias amorosas de final desgraciado. También muestra un balance entre el optimismo y el pesimismo, entre la amargura y la esperanza y, finalmente, entre la alusión y la elisión de los aspectos sentimentales del yo poético. En primer lugar, conviene fijarse en el título del poema: estamos ante una canción que expresa los anhelos del yo poético, en el otoño de su vida, sobre sus ansias de amor, propio de la primavera. Juega con las dos estaciones para crear una paradoja esencial que luego recorrerá todo el poema: aunque el sujeto enunciador es mayor en edad (otoño), sigue suspirando por amores apasionados, propios de la juventud (primavera). 
La estrofa inicial funcionará como estribillo en el resto del poema, de ahí que se repita cinco veces. En ella emplea una metáfora con elipsis que expresa parte del contenido poético: “juventud, divino tesoro” (v. 1). La exclamación retórica que ocupa el siguiente verso contiene una antítesis que declara muy bien cómo el tiempo pasa y la edad florida huye también: “¡ya te vas para no volver!” (v. 2). Los dos últimos versos de ese serventesio expresan una paradoja doble: “Cuando quiero llorar, no lloro… / y a veces lloro sin querer…” (vv. 3-4); expresa con certeza la confusión de sentimientos y cierto estado de extravío sentimental y existencial.  
Son especialmente significativas las suspensiones que aparecen en los dos últimos versos. Dejan el sentido abierto e inacabado, quizá con cierta esperanza de futuro, como declara la última estrofa del poema. En total, son quince suspensiones las que aparecen en el texto, señal inequívoca de su importancia. Sin duda, es el recurso más importante, al menos desde el punto de vista cuantitativo. En estas suspensiones se contienen las incertidumbres y angustias emocionales y existenciales del yo poético. 
La segunda estrofa comienza en un tono declarativo: el sujeto enunciador admite que su trayectoria sentimental ha sido “plural”, metáfora de variada y no ceñida a una situación o persona. E inmediatamente relata su primer amor; fue con una “dulce niña” (v. 7); obsérvese la metáfora contenida en “dulce”, que pronto entra en antítesis con una realidad llena “de duelo y de aflicción” (v. 8). Expresa claramente cómo ante un entorno doloroso, ese amor fue una isla de felicidad.   
La tercera estrofa expresa, en base a tres metonimias, la belleza externa e interna de esa niña: su mirada, su sonrisa y su cabellera. Las dos primeras se ensalzan a través de dos símiles impecables, de significación positiva y expansiva: “Miraba como el alba pura; / sonreía como una flor” (vv. 9-10). Exaltan la belleza prístina de esa joven, de la que también se destaca su cabellera, aunque ahora con significación más enigmática y negativa, pues está “hecha de noche y de dolor” (v. 12). La joven lleva la marca del sufrimiento, aunque ignoramos su origen y sí podemos prever sus consecuencias. 
La cuarta estrofa da entrada al yo poético de un modo explícito, a través del pronombre  “yo” y el verbo conjugado en primera persona, “era” (v. 13). Expresa muy bien el contraste con “Ella” (v. 14), que se metaforiza como una Salomé bíblica: decapita al hombre que odia, Juan Bautista, sin titubear, para lo que utiliza los sentimientos de su esposo. El amor del enunciador es ingenuo, simple y suave, pues está “hecho de armiño” (v. 15), muy opuesto al de ella, por cierto. La suspensión que cierra la estrofa da a entender el final inevitable y amargo para el sujeto enunciador. A continuación, viene la estrofa del estribillo, que repite el concepto de la juventud como algo muy valioso, pero que pronto pasa, lo que sume al poeta en una perplejidad amarga. 
La sexta estrofa inicia el relato de su segundo amor, que parece el caso contrario del primero. El polisíndeton inicial, con cuatro adjetivos muy explícitos (consoladora, halagadora, expresiva y sensitiva), tres de ellos precedidos del adverbio “más”, expresan la personalidad de esa chica, algo impetuosa y temperamental. 
En la séptima estrofa establece una antítesis significativa entre el “peplo de gasa pura” (v. 27), externo, pues es su vestido, frente a un interior volcánico y apasionado. De nuevo la suspensión final expresa que la situación no podía acabar bien. La octava estrofa aclara las consecuencias de ese carácter tan volcánico y posesivo: “mató” (v. 31) la ilusión del sujeto enunciador; este se dirige a aquel, como si le hablara, para imprimir más dramatismo a la acción. La repetición metaforizada que se observa en “falto de luz, falto de fe…” (v. 32) hace hincapié en la carencia de sentimientos consistentes por parte de ella. La novena estrofa coincide con el estribillo, del que ya conocemos su contenido. 
En la décima estrofa comienza la tercera historia negativa del yo poético. Ahora es una muchacha apasionada y casquivana, solo atenta a los aspectos sensuales, sin pensar en el futuro. Comienza con una metáfora elocuente, al identificar la boca de él con un “estuche de su pasión” (v. 38); animaliza a la joven al identificarla, a base de alusiones, con un ratón que “roería, loca, / con sus dientes el corazón” (vv. 39-40); el sentido degradante queda claro en las dos estrofas siguientes. Varias metáforas nos permiten comprender la superficialidad de esta historia: la chica confundía el futuro, o la “eternidad”, con un simple abrazo o beso (vv. 43-44); del mismo modo, de la “carne ligera” –nótese la metáfora con sinestesia, tan elocuente–, la joven imaginó un “Edén” (v. 46). A continuación, aparecen dos metonimias para expresar la brevedad de los momentos felices y agradables, identificados con la “Primavera” (v. 47). Este final, de nuevo fracasado y triste, dan pie a repetir, en la decimotercera estrofa, el estribillo conocido sobre el final rápido de la juventud. 
La decimoquinta estrofa adquiere una significación generalizante. Comienza con una exclamación retórica, “¡Y las demás!” (v. 53), como para ponderar la cantidad de amadas, que pronto se ven reducidas a “pretextos de mis rimas / fantasmas de mi corazón” (vv. 55-56). Estas dos metáforas declaran muy bien que acaso algunos de estos amoríos solo fueron imaginaciones o ensoñaciones del sujeto enunciador y que, en todo caso, han servido como inspiración poética o como motivo de tormento y pesadillas.  
La decimosexta estrofa adquiere un tono subjetivo y confesional. El sujeto enunciador habla en primera persona para admitir que nunca encontró “a la princesa” (v. 57) de cuento de hadas que estuvo buscando inútilmente. Reconoce acto seguido su fracaso con dos enunciados muy amargos: “La vida es dura. Amarga y pesa” (v. 58) Un adjetivo y dos verbos comprimen a la perfección el sufrimiento existencial que se escondía tras las batallitas amorosas del sujeto enunciador. El cierre de esa estrofa con una exclamación retorica muy contundente declara el fracaso sentimental: “¡Ya no hay princesa que cantar!” (v. 59). Ahí comprendemos que la soledad y el aislamiento son los rasgos emocionales de ese sujeto enunciador. 
La decimoséptima estrofa imprime un quiebro en el discurso poético. El sujeto reconoce que, a pesar de los fracasos y del paso del tiempo (que personifica, adjetivándolo de “terco” (v. 60), pues pasa a pesar de la voluntad del sujeto), su necesidad de amar sigue en pie; lo expresa a través de una elocuente metáfora: “mi sed de amor no tiene fin” (v. 61). Una metonimia, “con el cabello gris” nos indica que el sujeto enunciador ya es un hombre metido en años; una metáfora nos señala que le gustaría encontrar un amor, que nombra como “los rosales del jardín” (v. 63). De nuevo, la suspensión final deja la continuación abierta. La decimoctava estrofa es el estribillo, que ya conocemos. 
La decimonovena y última estrofa del poema es original y muy rupturista respecto del resto del poema. Se trata de un solo verso, en el que se contiene un epifonema, a causa del tono exclamativo, que, a su vez encierra una doble metáfora muy expresiva: el “Alba de oro”, es decir, la confianza y optimismo respecto del futuro, son del yo poético, “son míos” (v. 69). No da por cerrada su trayectoria sentimental y aún espera con ilusión que el tiempo venidero le traiga la felicidad, es decir, la “princesa que estaba triste de esperar”, que estuvo buscando y nunca encontró. 
Como se puede apreciar en esta exposición, no exhaustiva, naturalmente, el poema es muy rico y variado estilísticamente considerado. Rubén Darío ha empleado una muy variada cantidad de procedimientos retóricos para construir un significado lírico de tono subjetivo, intimista y confesional. El acierto en su uso lo declara la armonía compositiva, el equilibrio entre fondo y forma en relación a la significación del poema entero. 
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor y recuerdo del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. Estas notas se pueden advertir en su segundo gran libro Prosas profanas y otros poemas (Buenos Aires, 1896) 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “Canción de otoño en primavera” (en Cantos de vida y esperanza, Madrid, 1905) es una intensa y bellísima composición del poeta nicaragüense. Posee un tono melancólico, intimista y confesional que lo hacen especialmente atractivo. Rubén Darío cuenta su historia sentimental (no sabemos cuánto de real y cuánto de imaginada hay en ella) desde una perspectiva melancólica y amarga, que le ha traído el paso del tiempo. 
La juventud ya ha quedado lejos, de ahí su tristeza, que se ve acentuada porque le gustaría poseer el vigor para poder reverdecer sus escarceos amorosos. Sin embargo, admite que todo eso ya ha quedado lejos y que el saldo final es más bien negativo. Y con todo, aún ansía un nuevo amor, de perspectiva imposible, que lo redima de su soledad y amargura. Podemos ver que estamos ante un poema denso, intimista y de tintes pesimistas, como ocurre en muchas de las composiciones de nuestro poeta en esa época de su vida.  
 
7. Interpretación 
“Canción de otoño en primavera” es un poema hermoso por su intimismo, su armonía, su musicalidad y su contenido equilibrado, a medio camino entre el juego poético intrascendente y la confesión honesta de sus aventuras sentimentales por parte del yo poético y del mismo Rubén Darío.  
El carácter reflexivo y existencial del poema adensa su significación, y le permite transcender la mera anécdota, que no pasaría del cotilleo sentimental. La narración, bien que comprimida, de sus historietas de amor se transcienden cuando, en las estrofas finales, comprendemos que la soledad y la tristeza amarga son sus compañeros. También adquiere peso significativo el conjunto del poema cuando el sujeto enunciador admite que la vida es dura, pesa y amarga el cotidiano vivir. 
Los verbos en presente de indicativo expresan los pensamientos más actuales y atemporales del yo poético. Sin embargo, cuando relata las historias amorosas, recurre a tiempos del pasado. Este juego verbal aporta variedad, frescura y armonía al poema. En este se relatan aventuras, es cierto, pero dentro de un marco de reflexión íntima. 
La disposición del contenido, con el estribillo que se repite cinco veces, y el carácter conclusivo de las tres últimas estrofas largas, junto con la última breve, nos permite visualizar la armonía compositiva y el sólido equilibrio que lo sustenta. El poeta nicaragüense ha empleado una variada y amplia cantidad de procedimientos retóricos para transmitir belleza poética y contenido intimista más bien amargo y triste, a pesar del sesgo final hacia un futuro optimista y abierto.  
 
8. Valoración 
“Canción de otoño en primavera” es una hermosa composición equilibrada y sutil. Rubén Darío decide abrir su corazón, aunque de un modo poético, es decir, para nada es necesaria la confesión puntual y exacta de su trayectoria amorosa. Esa narrativa sentimental se ve teñida de melancolía y tristeza por el paso del tiempo y por los fracasos consecutivos de sus amores (cosa que, en efecto, conocemos de su vida real, con alguna excepción, como la sólida relación que mantuvo con la española Francisca Sánchez). 
El poema presenta también un lado exótico, pues las muchachas retratadas son más bien idealizaciones de caracteres en unos ambientes difusos y lejanos. El poeta ha sabido ajustar las dosis de realismo subjetivo que, en general, suelen ir en detrimento de la poesía y de los valores literarios.   
El efecto musical del poema, unido a la audaz innovación de utilizar serventesios en eneasílabos, es un valor muy positivo y destacado, por su sorpresa y eufonía. Aporta una belleza fónica, por tanto poética, que envuelve al contenido en su conjunto, imprimiéndole un aire musical. Unido a la adjetivación sensitiva, auditiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Explica con detalle el significado de la estrofa que funciona de estribillo. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué la juventud es un “divino tesoro”? ¿Sigue en vigor en el poeta? ¿Qué consecuencias tiene? Fíjate en los dos últimos versos del mismo, que expresan una paradoja doble muy significativa. 
2) ¿Qué significan los versos: “En vano busqué la princesa / que estaba triste de esperar”? Localiza las alusiones a los cuentos populares clásicos e interprétalo, respecto de su sentido positivo o negativo, pesimista u optimista, etc. 
3) El último verso encierra el estado de ánimo de cara al futuro: “¡Mas es mía el Alba de oro!”. Explica e interpreta su sentido y ponlo en relación con el resto del poema. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La vida de Rubén Darío fue muy tormentosa y accidentada. Escribe un cuento, o un poema, o una breve obra dramática, que recoja sus hechos principales. Trata de introducir reflexiones del protagonista según lo descubierto en este poema. 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Puedes reunir jóvenes hispanoamericanos en torno a una acción, donde manifiestan su opinión sobre el tema del poema, o pasan a la práctica algún proyecto común. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense. 
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Rubén Darío: “Salutación del optimista”; análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA”
 
(1) Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,                1
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;                            5
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismática, pura, riente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,                              10
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza! 
 
(2) Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio, condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis el salir del sol en un triunfo de liras,
mientras dos continentes, abonados de huesos gloriosos,                15
del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando,
digan al orbe: la alta virtud resucita,
que a la hispana progenie hizo dueña de los siglos. 
 
(3) Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos,                         20
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,                    25
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despierten entonces en el tronco del roble gigante
bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana?
¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos     30
y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida?
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo,
ni entre momias y piedras que habita el sepulcro,
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito,
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas,                      35
ni la que tras los mares en que yace sepulta la Atlántida,
tiene su coro de vástagos, altos, robustos y fuertes. 
 
(4) Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,                      40
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,                         45
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco prístino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica. 
 
(5) Un continente y otro renovando las viejas prosapias,               50
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos. 
 
(6) La latina estirpe verá la gran alba futura,
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,                     55
Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros,
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda! 
                                                      Rubén Darío, marzo de 1905 
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “Salutación del optimista” fue compuesto el 5 marzo de 1905. Se conocen las circunstancias concretas de su composición: una noche en Madrid, entre amigos, en un momento de inspiración, el gran Rubén Darío, compuso esta pieza para ser leída a modo de discurso en el Ateneo madrileño. Se trataba de un homenaje que la Unión Intelectual Hispanoamericana había organizado en honor de Rubén Darío y el también escritor colombiano José María Vargas Vila.  
El poema es un saludo en forma de discurso de agradecimiento por la acogida que se le ha dispensado. El poema posee un léxico culto o desusado, de ahí que optemos por un resumen largo, a veces literal o parafrástico, para esclarecer su contenido con precisión y propiedad.  
Estrofa I: el yo poético saluda entusiásticamente a las personas de España, afamadas o ilustres (es el significado de “ínclitas”), que percibe como generosas (expresado con el vocablo metaforizado “ubérrimo”, que significa literalmente muy abundante y fértil). Expresa su creencia de que ha llegado un momento de gloria y honor para las razas hispanas. Ha renacido la esperanza en un tiempo nuevo, feliz y dichoso; las desgracias retroceden y los males de la caja de Pandora quedan enterrados; de ella solo surge una luz celestial, símbolo de la esperanza, que nuestro poeta escribe con mayúscula, para resaltar su importancia y entidad. 
Estrofa II: la ilusión de los hispanos quedó abatida por desconfianzas mutuas y abulia compartida. La unión de España y los países hispanoamericanos se hará notar en el mundo, brillará de nuevo sus viejos esplendores gracias a la virtud resucitada, como hicieron los antepasados compartidos. Se realizarán nuevas hazañas, evocando las de Hércules, que llegó hasta la Hispania antigua. 
Estrofa III: no es bueno hacer caso a los agoreros y los destructores de la historia ilustre porque nos condenará a la inacción. El mundo está sometido a tensiones, guerras, enfrentamientos, etc. Y en ese fragor algo nuevo está renaciendo, de modo que nadie podrá negar el despertar de la energía hispana, como la savia de un gran roble con la llegada de la primavera. Nadie podrá decir que la fuerza española es escasa, o que su alma está desvalida, como un insecto sin alas (es la significación de “áptero”) y es tullida. España no es un conjunto de ruinas, como las antiguas civilizaciones mesopotámicas encarnadas en la destruida Babilonia. Los nobles y recios hijos de esa nación pueblan América, dispuestos a pasar a la acción con esperanza, como ante un nuevo amanecer. 
Estrofa IV: el yo poético a que se unan las razas célebres hispanas para que el vigor ahora perdido o extraviado camine en la misma dirección, para mostrar su generosidad. Reclama que se recupere el entusiasmo y el ardor para realizar grandes hechos, que será como una revelación. Ancianos y jóvenes, muertos y vivos, dioses antiguos y modernos, sentirán la presencia de una nueva energía, con frutos agrícolas e intelectuales visibles. 
Estrofa V: España y los países hispanoamericanos, ya unidos y renovados sus espíritus, podrán celebrar sus triunfos gracias a la unidad espiritual, vocacional y cultural, a través de la lengua compartida. 
Estrofa VI: Los hispanoamericanos disfrutarán de un nuevo amanecer brillante, próspero y feliz gracias a la inspiración que vendrá de España, la fuente noble y renovada. La laboriosidad incansable, junto con la fe en Dios, ayudará al cambio y renovación. Exhorta a españoles e hispanoamericanos a no perder nunca la esperanza.  
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: saludo efusivo y exhorto a la unión de España e Hispanoamérica para renovar la antigua prosperidad y prestigio. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta seis apartados temáticos o secciones de contenido, uno por cada estrofa. En cada una de ellas se modula o matiza el asunto principal. De este modo, tenemos: 
-El primer apartado coincide con la primera estrofa. El yo poético saluda, al modo latino (“¡Salve!”, que significa “tener salud”) a los españoles y anuncia un nuevo tiempo próspero, feliz, dichoso y lleno de esperanza. 
-El segundo apartado abarca la segunda estrofa. El yo poético busca la causa del declive hispano e hispanoamericano y lo encuentra en la abulia y la desconfianza mutua, pues anularon el entusiasmo. Pero como un nuevo amanecer, así resurgirán los nuevos éxitos, pues los antepasados ya mostraron el camino.  
-El tercer apartado, que coincide con la tercera estrofa, es la más extensa. Pide que se desechen pensamientos derrotistas y pesimistas y que todos se concentren en un futuro brillante y próspero. Existe vigor bastante en la sangre española y ánimo recio en su alma para renacer con energía, como los hijos de los antiguos hispanos esperan desde Hispanoamérica. 
-El cuarto apartado es una solicitud o incitación a la unión entre españoles e hispanoamericanos para recuperar el “antiguo entusiasmo” y la voluntad férrea. Incluso percibirán la subsiguiente renovación y prosperidad en todos los campos el espíritu de los antiguos, pues recorrerá los campos como un aire suave. 
-El quinto apartado, coincidente con la quinta estrofa, es el más breve. Consumada la unión (física, cultural y espiritual, representada por la lengua común) y la renovación, que traerá felicidad, la gente cantará los nuevos triunfos. 
-El sexto y último apartado se recoge en la sexta estrofa. Como en una visión, el yo poético anuncia un futuro espléndido para la “latina estirpe”, que se iniciará en España, bajo los designios divinos. Solicita de nuevo que no decaiga la esperanza y expresa su admiración por España. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es muy original y, al mismo tiempo, extraña, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto de 59 versos de arte mayor. Predomina el de dieciséis sílabas, pero algunos son de catorce sílabas (v. 57, por ejemplo) y otros de dieciocho (v. 41, por ejemplo). Existe una cesura en mitad del verso, pues la lectura o recitado exige una pausa en ese lugar para pautar el ritmo y facilitar el entendimiento.  
No existe una rima reconocible, aunque de vez en cuando se perciben asonancias romanceadas (vv. 30-35, por ejemplo). Sin embargo, lo más importante es el ritmo creado con la distribución acentual. Darío adopta los pies grecolatinos al castellano, haciendo equivaler las sílabas largas o breves en tónicas y átonas. Usa los pies binarios (yámbico o yambo –sílaba átona más sílaba tónica–; y trocaico o troqueo –sílaba tónica más sílaba átona–) y los ternarios (dactílico o dáctilo –sílaba tónica seguida de dos átonas–; anfibráquico o anfíbraco –sílaba tónica entre dos átonas–; y anapéstico o anapesto –dos sílabas átonas más una tónica–) como fórmula métrica de composición del poema. El resultado, como se puede comprobar en una lectura en voz alta, es, sencillamente, maravilloso: una cadencia melodiosa y suave se extiende por todo el poema y convierte la lectura en una melodía, en una canción eufónica, expresiva, dulce y matizada. 
 
5. Análisis estilístico 
“Salutación del optimista” constituye un poema riquísimo en el empleo diestro y acertado de muy diferentes recursos estilísticos. Reseñarlos todos sería tedioso y de lectura farragosa, por lo que nos limitaremos a enumerar y explicar los más importantes a efectos poéticos. 
-La apóstrofe inicial, que ocupa dos versos, es de una expresividad viva y apelativa. Invoca y convoca a a las “ínclitas razas ubérrimas” españolas para desearles salud. 
-En esos dos primeros versos observamos varias metonimias y una maravillosa metáfora, cargada de efectos sinestésicos: “luminosas almas” (v. 2). 
-De nuevo en los versos 3 y 4 una metáfora y una metonimia embellecen el mensaje: “nuevos himnos” expresa que una nueva realidad está por llegar; “lenguas de gloria” expresa que serán canciones que expresarán éxitos hispanoamericanos. 
-En “vasto rumor” (v. 4) observamos una metonimia entreverada con una sinestesia que desea expresar el nacimiento de una nueva canción, a su vez metáfora de una nueva realidad más esplendorosa que la presente. Lo mismo se puede decir de “mágicas ondas de vida”, ahora con supresión del adjetivo y nominalización de la cualidad, aportando gravedad a la significación. 
-La repetición retórica de “retrocede” (v. 6) indica la pujanza de las fuerzas optimistas emergentes que ocupan todo el “ámbito”. 
-Las alusiones mitológicas abundan bastante. Aquí comentaremos la “caja pandórica”, ese estuche o ánfora, la caja de Pandora, en el que se encerraban los males y desgracias y no se podía abrir so pena de sufrir dolorosas consecuencias. Ahora el poeta enuncia que dentro se halla la Esperanza, “luminosa”, “reina de luz” (v. 11); son metáforas de las bondades y beneficios que la esperanza trae consigo. Este carácter casi milagroso del surgimiento de la esperanza se ve reforzado por la exclamación retórica y por el adjetivo metaforizado “celeste”, que acompaña al sustantivo. 
-El quiasmo que abre la segunda estrofa es muy significativo: “Pálidas indolencias, desconfianzas fatales” (v. 12); desea expresar con viveza las causas del declive hispano, en esos momentos muy visible y generalizado, pues unos años antes España había perdido las últimas colonias de Ultramar (Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las Islas Guam), lo que significó un rudo golpe en el ánimo de la nación. 
-De nuevo una metáfora visual, “al salir el sol” (v. 14), desea expresar un futuro más próspero y feliz. Le sigue una metonimia metaforizada muy original: “en un triunfo de liras”, es decir, cánticos expresando el renacer hispanoamericano. 
-La anáfora con que se abre la tercera estrofa, con el verbo en imperativo “abominad” (vv. 19-21) manifiesta la apóstrofe muy vivamente; se completa con tres metonimias admirables, a través de “boca”, “ojos” y “manos”, miembros del cuerpo, referido al de los agoreros, que preven desgracias y males futuros. 
-En el verso 22 aparece una metáfora, entremezclada con una sinestesia y paradoja: “Siéntense sordos ímpetus”; con ella se quiere expresar la fuerza telúrica que nace de las entrañas de la tierra hispana. 
-Las interrogaciones retóricas que ocupan los versos 27-31 encierran metáforas y metonimias de viva expresividad. “El tronco del roble gigante” (v. 28) se refiere a España entera, un árbol milenario y fuerte que resiste como puede los embates del tiempo. En los versos siguientes, “vigor” y “alma” aluden a la fuerza y la determinación de ánimo de los españoles en la consecución de sus empresas. Ahí mismo aparecen tres metáforas, expresadas a través de tres adjetivos, de significación sensitiva y, por ello, más incisiva: “áptera, y ciega y tullida” (v. 31); el polisíndeton aumenta la impresión de acumulación negativa. 
-Son altamente significativas las elipsis de los versos 32-37. El poeta ha suprimido verbos, a veces sujetos, para referirse a España. Así se adensa el significado y se crea una sensación de intensidad significativa. La adjetivación en estos versos es vivaz y expresiva. Así, a la “nación generosa” se la figura coronada de “orgullo inmarchito” (v. 34). Del mismo modo, los “vástagos” españoles en América son calificados de “altos, robustos y fuertes” (v. 37). 
-En esos mismos versos, existe un circunloquio muy expresivo: “hacia el lado del alba mira las miradas ansiosas” (v. 35); el poeta desea reflejar el nuevo amanecer, que además coincide con el lugar de España visto desde Hispanoamérica. Está aludiendo, obviamente, a los momentos de prosperidad y felicidad que pronto nacerán en España y volarán hasta el otro lado del mar. 
-La apóstrofe es un recurso central en la cuarta estrofa. Se logra a través de ocho verbos en forma imperativa (o su equivalente en subjuntivo). A veces los verbos aparecen seguidos, en una secuencia enumerativa, para lograr más expresividad: “Únanse, brillen, secúndense” (v. 38); el yo poético apremia a las personas para que actúen al unísono. Repite el sujeto a través del primer verso, pero cambiando el orden de los sintagmas, creando un efecto de sorpresa, pero con continuidad. En el mismo sentido opera la repetición de “vuelva” (v. 42).  
-Aquí el poema alcanza su cima de contenido, pues presenta el futuro como una aparición o revelación, a través de la metáfora contenida en “epifanía” (v. 43). Refuerza su significado la alusión evangélica contenida en “lenguas de fuego”. Una brisa “primaveral”, es decir, renaciente y vivificadora, recorrerá los territorios para extender el nuevo tiempo de felicidad y prosperidad. Lo expresa muy bellamente a través de la metáfora “los soplos agrarios de primaverales retornos” (v. 48). 
-De la penúltima estrofa nos interesa destacar la metáfora musical contenida en “nuevos himnos” (v. 52), significando la nueva realidad brillante y feliz. El poeta hace una alusión al español como lengua de unidad y fraternidad, como se percibe muy bien en la repetición retórica de “espíritu” (v. 50), reforzada por el polisíndeton consecuente. 
-La última estrofa se abre con una metáfora ya bien conocida, “la gran alba futura” (v. 53), expresión de los nuevos tiempos de prosperidad y felicidad para los hispanos de uno y otro lado del océano. A continuación, pasa a una metáfora musical también empleada en varias ocasiones; la “música gloriosa” será un “trueno”, es decir, su potencia y alcance serán ilimitados.  
-El penúltimo verso del poema expresa un deseo del yo poético, dirigido a un nosotros, los hispanos, de carácter generalizante y envolvente: “Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros” (v. 59). Le concede entidad propia al emplear el sustantivo con mayúscula; es un modo de enfatizar su importancia nuclear. 
-El cierre del poema es asombroso: repite el verso inicial, un enunciado que no llega a oración, pues carece de verbo, por lo que se adensa su sentido. Pero lo expresa en una oración exclamativa, pasando de mero enunciado circular a un epifonema de hondísimo sentido, conmovedor y expectante. Deja en el aire vibrando los últimos sonidos, que son metáfora de los deseos del yo poético, un mundo mejor para los hispanos de ambas orillas. Es un mensaje muy positivo y optimista, casi a contracorriente de la realidad humana y social, pero Rubén Darío no engaña a nadie: el título del poema lo expresa con claridad meridiana: “Salutación del optimista”. 
Por supuesto, no hemos agotado ni con mucho la enorme cantidad del arsenal retórico que Rubén Darío emplea con una maestría suprema en esta célebre composición. Solo hemos querido mostrar la punta del iceberg para que se considere la deslumbrante habilidad literaria del nicaragüense, un poeta clásico y perdurable de la literatura en español. 
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “Salutación del optimista” (1905) es una intensa y bellísima composición del poeta nicaragüense. Debe tenerse en cuenta el momento y las circunstancias en que lo escribió; habían pasado solo siete años de la debacle definitiva del imperio español y los ánimos de la nación estaban por los suelos. La fecha también nos indica que estamos en una fase de su producción más meditada, reflexiva y existencialista. Es un paso adelante en la consecución de una poesía más densa en fondo y forma, dejando atrás las piruetas verbales y los temas agradables, pero intrascendentes previos (faunos, princesas, damas, jardines versallescos, jugueteos amorosos…). Darío contaba con 38 años en el momento de su composición, momento de plena madurez literaria, como se percibe en este poema.  
Conviene notar también el carácter de poesía cívica que se desprende el poema; existe una reflexión sobre los problemas históricos y sociales de la comunidad hispanoamericana y se interpela a sus habitantes a reaccionar. Darío habla con la gente, con los hispanos y los hispanoamericanos, y les pide, casi suplica, un esfuerzo de entendimiento y unidad para alcanzar metas comunes de prosperidad y felicidad. Y eso en un momento nada propicio para ello, pues no habían pasado ni cien años desde la independencia de la mayoría de las colonias, y España estaba sumida en el duro sabor de la derrota tras la pérdida de las últimas colonias. En ese ambiente, Rubén Darío saluda a los hispanos con un vibrante poema cargado de fe, de ilusión, de esperanza en un futuro mejor para todos; los anima, incita y casi compele a reaccionar con ilusión y energía para alcanzar la felicidad de la “latina estirpe”, las “ínclitas razas ubérrimas”. 
 
7. Interpretación 
“Salutación del optimista” es un poema muy bello y sugerente; su tono apelativo, de raíz sentimental y cultural llega al lector gracias a las enormes cualidades musicales que contiene. Desde el punto de vista estético, Rubén Darío alcanza altas cotas de perfección poética porque armoniza fondo y forma de un modo perfecto y maravilloso. 
El poema se sostiene en una reflexión previa del yo enunciador sobre la historia de España y de Hispanoamérica. El balance de la historia compartida entre España y las nuevas repúblicas hispanoamericanas es positivo, a juicio del poeta. Sin embargo, en el asunto en que más se insiste es la necesidad de recuperar la unión, la concordia y el compartir proyectos comunes para alcanzar nuevas metas. Para eso, la esperanza es el factor fundamental y en el que el poema insiste en varias ocasiones.  
Rubén Darío no entra en cuestiones políticas e ideológicas, sino que se mueve en el campo de los ideales y de los sentimientos. La composición, en este sentido, apela a los corazones, no a las ideologías. Por otro lado, ciertos aspectos religiosos también insinúan un ferviente deseo de unión entre ambas orillas. 
En el necesariamente breve recorrido que hemos realizado de los recursos expresivos, hemos podido comprobar el dominio maestro que Rubén Darío posee de la lengua española. Aborda un asunto muy serio y lo hace, del mismo modo, con toda la gravedad del poeta que es consciente de la implicación de su arte. El título sugiere que el poeta era muy consciente de que su posición iba contracorriente y que sus reclamos de unidad cultural panhispánica no iban a ser bien recibido por todos. No obstante, expresa con gran valentía y sinceridad sus pensamientos más hondos. A Darío, como a sus amigos españoles de la Generación del 98, también le dolía España, de ahí su vigorosa llamada de atención e interpelación para reaccionar positiva y constructivamente. 
 
8. Valoración 
“Salutación del optimista” es un poema que, a primera vista, podría resultar un poco altisonante. Sin embargo, a medida que reparamos en su contenido, podemos comprobar cómo se va adensando y cómo va configurando una red de significación honda y comprometida. Rubén Darío nos invita a unirnos a la comunidad hispana para alcanzar nuevas metas, para lo que se necesita una esperanza inquebrantable. Las alusiones mitológicas y al mundo grecolatino y el tipo de métrica utilizada imprimen una gravedad inusitada. Por otro lado, el manejo acertado de todo tipo de recursos estilísticos permite la creación de imágenes sensitivas (sobre todo, musicales y visuales, relacionadas con la luz) que impactan profundamente sobre el lector. A ello hay que añadir los magníficos efectos producidos a través de recursos acumulativos o de elisión y alusión, pues crean un efecto lector realmente sorprendente. 
El poema es muy apelativo. La alta cantidad de verbos en modo imperativo son una muestra de que el yo poético busca una reacción del lector sobre el asunto que aborda. La adjetivación también es una herramienta muy eficaz en este sentido. El efecto musical del poema es un valor muy positivo y destacado. Aporta una belleza fónica que envuelve al contenido en su conjunto. Unido a la adjetivación sensitiva, auditiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) ¿Cuál es la palabra clave del poema, que se repite varias veces, visible porque es un sustantivo común y lo trata como propio al escribirlo con mayúscula? Interpreta su sentido en el poema. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Se puede concretar el contenido de la esperanza que el poeta anhela en varias ocasiones?  
2) La música y la luminosidad poseen una especial significación en este poema. Localiza las alusiones que se hacen a ambas e interprétales, respecto de su sentido positivo o negativo, pesimista u optimista, etc. 
3) El poema comienza y acaba de la misma manera, pero al final entre signos de exclamación. Interpreta este procedimiento y explica por qué el poeta lo ha querido hacer así.  
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La mitología y la historia grecolatina están muy presentes en el poema. Aclara todas las apariciones y su sentido. Puedes tomar alguno de los personajes mitológicos o históricos y escribir un texto creativo más o menos inspirado en el poema de Rubén Darío. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Puedes reunir jóvenes hispanoamericanos en torno a una acción, donde manifiestan su opinión sobre el tema del poema, o pasan a la práctica algún proyecto común. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense.
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Rubén Darío: “Lo fatal” (de “Cantos de vida y esperanza”); análisis y propuesta didáctica

RUBÉN DARÍO: “LO FATAL” (DE CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, 1905) 
“Lo fatal” 
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,                       1
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,                    5
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,                10
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!… 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema “Lo fatal” procede del libro Cantos de vida y esperanza (1905), de marcado tono pesimista, casi angustioso, se resuelve en una reflexión sobre el origen y destino del hombre. El enunciador poético primero alaba y envidia al árbol porque apenas puede sentir su muerte; ese último sentimiento es más intenso aplicado a la piedra, ser inerte que no puede sentir, de modo que no puede sentir el dolor y la pesadumbre de la vida pensada. La falta de certezas sobre la vida humana y la obligación de vivir producen al enunciador “terror”, a lo que se añade la única certeza: la muerte más bien temprana. En el camino, queda mucho sufrimiento, provocado por los temores existenciales, por la renuncia a los placeres y, en fin, por la inexorabilidad de la muerte. Se cierra el poema con un lamento amargo por la ignorancia que envuelve la existencia humana. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: Lamento reflexivo sobre la incertidumbre de la vida humana, cuyo único y terrible horizonte es la muerte. También se puede enunciar de otro modo: Visión amarga y angustiosa sobre los sufrimientos de la vida y la angustia ante la muerte. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos o secciones de contenido: 
-Un primer apartado, que coincide con la primera estrofa, muestra el dolor y la pesadumbre por el hecho de vivir y de morir, de ahí que se envidie la suerte del árbol o de la piedra. 
-Un segundo apartado, que toma la segunda y tercera estrofa (de hecho, forman una única unidad sintáctica) se dedica a desarrollar la idea expuesta en la primera parte. El hombre vive a ciegas, extraviado, con la única certeza de la muerte angustiosa y la renuncia a los placeres mundanos. 
-El tercer apartado, la última estrofa, es un epifonema en sí mismo. Se lamenta exaltadamente, valga la contradicción, el desconocimiento de nuestro origen y de nuestro fin. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
La estructura métrica del poema es muy original, lo que está en consonancia con la renovación formal que Darío aportó a la poesía en español. El poema está compuesto por trece versos distribuidos en cuatro estrofas. Las dos primeras son dos serventesios en alejandrinos o tetradecasílabos (ABAB). La tercera estrofa constituye un terceto en alejandrinos (CDC). La última estrofa está formada por dos versos, de nueve y siete sílabas, respectivamente; repiten la rima del cuarteto de modo consecutivo (Cd). El conjunto del poema no forma una composición estrófica clásica, aunque recuerda lejanamente al soneto. El empleo del verso alejandrino es muy común en el poeta nicaragüense; de hecho, lo rescató del olvido y lo renovó sustancialmente al incorporarle efectos rítmicos con la distribución de los acentos al modo de la poesía latina. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema desprende una musicalidad bien perceptible en la lectura, gracias a una muy meditada distribución de los acentos en las palabras. La primera estrofa contiene una comparación implícita, no desarrollada del todo, entre el ser humano, el mundo vegetal y el mineral. El yo poético envidia la suerte del árbol y de la piedra porque no son conscientes del hecho de estar vivo, y no sufren porque apenas sienten, en el caso del árbol, o no lo hacen en absoluto, en el caso de la piedra. Los adjetivos epítetos poseen una extraordinaria fuerza significativa. A la piedra se la califica de “dura” (v. 2), y a vida de “consciente” (v. 4). La repetición de “dolor” en el mismo verso (v. 4) connota muy bien el campo semántico abordado: el sufrimiento inherente e inevitable del ser que se sabe vivo. El hipérbaton que forman los dos primeros versos aporta una potente y fresca expresividad. 
En la segunda y tercera estrofas aparece un recurso muy destacado: el polisíndeton; la conjunción “y” se repite doce veces, uniendo sintagmas y oraciones en un continuum de ideas, sensaciones, miedos y aprensiones que impactan vivamente en el lector. De nuevo la repetición de “ser” en el verso 5 insiste en el núcleo semántico del poema: la existencia, de por sí incierta, es enigmática y angustiosa. El uso de cuatro infinitivos en los versos 5 y 6 transmiten muy bien la idea de atemporalidad indefinida, incierta, sin acotación previa ni posterior. También lo expresa certeramente la metáfora “ser sin rumbo cierto” (v. 5): la vida se equipara con un barco que navega por el inmenso océano desconociendo su destino. La suspensión contenida en “y un futuro terror…” (v. 6) enfatiza la angustia del yo poético, temeroso del porvenir elidido, es decir, la muerte inevitable. Es lo que declara, justamente, la expresión “Y el espanto seguro de estar mañana muerto” (v. 7). El adjetivo “seguro” añade tintes de dramatismo; además, “mañana”, empleado de forma metonímica, refuerza la idea de que la muerte no es nada lejana, sino todo lo contrario. 
El último verso de la segunda estrofa introduce un nuevo elemento de pesimismo existencial: el sufrimiento. El enunciado en infinitivo aporta una atemporalidad inquietante y como desalentadora. El yo poético enumera, creando una sensación de agobio, las causas del sufrimiento: la vida, la sombra (metáfora de lo inaprensible, acaso de la propia muerte), la ignorancia de nuestro futuro (expresado a través de la perífrasis hermosa “lo que no conocemos y apenas sospechamos”, v. 9), los placeres terrenales (a los que se alude a través de una metáfora con sentido religioso: “y la carne que tienta con sus frescos racimos”, v. 10) y, finalmente, la muerte (evocada por medio de una metonimia: “y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos”, v. 11). El matiz final de “fúnebres ramos” aporta una nota irónica, casi cínica y sarcástica; lo único bello vendrá después de estar muerto. El lector se siente tan abrumado como el yo poético al enterarse de los motivos de sufrimiento que nos aguarda. 
Se cierra el poema con un epifonema muy bello, que encierra, por supuesto, un sentimiento de angustia y desesperación. En sí mismo, es una ironía intensa, pues el epifonema posee una significación negativa que excluye todo pensamiento positivo u optimista. Dentro de él también se observa una antítesis doble (vamos  / venimos; a dónde / de dónde), cuyo sentido de amargura angustiada se refuerza con la suspensión final, clara metáfora en sí misma de la incertidumbre del destino del hombre. 
Es muy interesante comprobar que los verbos en las dos primeras estrofas aparecen en infinitivo o en tercera persona: es la expresión de la impersonalidad, o de la indefinición del sujeto. Sin embargo, en la tercera y cuarta estrofas, los verbos se conjugan en primera persona del plural: el poeta forma una comunidad de destino con los lectores; a todos nos aguarda el mismo fin incierto y angustioso. 
Como se ha podido comprobar, la alta riqueza retórica del poema contribuye poderosamente a expresar con dramatismo y viveza los sentimientos y aprensiones del yo poético sobre la vida humana.  
 
6. Contextualización 
Rubén Darío (Metapa, hoy rebautizada como Ciudad Darío en honor del poeta, Nicaragua, 1867 – León, Nicaragua, 1916) es el máximo representante del movimiento literario y artístico conocido como Modernismo; se desarrolló en el mundo hispano entre 1890 y 1920, aproximadamente. En concreto, la publicación de su libro Azul… (1888) en Valparaíso, Chile, se considera el nacimiento o irrupción de tal corriente en las letras españolas. Supuso una renovación interesante del lenguaje poético (métrica, léxico, modos de expresión, etc.) y una aportación importante de temas y símbolos poéticos. Recordemos que la poesía previa de 1860 y décadas posteriores, fuera de los tardorrománticos, era de corte realista, ceñida a asuntos cotidianos, digamos que vulgares, expresada con un lenguaje corriente en formas clásicas que sonaban muy repetidas; Campoamor, Núñez de Arce, etc. 
La propia poesía de Rubén Darío evolucionó desde un estilo más aparatoso y deslumbrante, a tono con temas más intrascendentes, a otro más denso y sobrio, en correspondencia con una poesía de contenido más intimista, existencial, cívico y de tono grave. Muy influido por la poesía francesa, sobre todo la simbolista encarnada en Paul Verlaine, poeta que Darío veneraba, el poeta nicaragüense impulsó los aspectos musicales de la poesía, la importancia de lo sensitivo, el cromatismo, la creación de imágenes con una correspondencia natural muchas veces oculta, etc. 
Rubén Darío rescató del olvido metros y léxico antiguos que habían sido arrumbados, como el verso alejandrino y el lenguaje más sofisticado y culto de ámbito poético. La importancia que concede al ritmo, creando poemas con la distribución acentual del latín adaptada al castellano (en base al pie yámbico y trocaico), es una aportación de enorme importancia. 
El poema que estamos analizando, “Lo fatal”, procede de Cantos de vida y esperanza (1905); por ello, pertenece a una fase de su producción más meditada, reflexiva y existencialista; es un paso adelante en una poesía más densa en fondo y forma, dejando atrás las piruetas verbales y los temas agradables, pero intrascendentes previos (faunos, princesas, damas, jardines versallescos, jugueteos amorosos…). Darío contaba con 38 años en el momento de su publicación, pero parecería que es una persona ya metida en años, a juzgar por el tono filosófico, pesimista y grave que lo envuelve. 
 
7. Interpretación 
“Lo fatal” es un poema muy hermoso e incitador a la reflexión grave sobre el sentido de la vida del hombre. Las originales y bellas comparaciones iniciales sobre la situación del hombre, con el árbol y la piedra, abren la puerta a una lectura atenta que podría parecer risueña. Ahora bien, apenas continuamos con la lectura se nos presenta un contenido sombrío e inquietante. El ser humano carece de certezas que le ayuden a darle un sentido pleno y seguro a su existencia; esto lo llena de zozobra y angustia no fácilmente superables. 
El poema comienza con un tono general e indefinido, pero en la segunda parte, “nosotros” es el sujeto de las oraciones, de modo que el yo poético nos involucra en la acción significada. Es muy llamativo el polisíndeton, que provoca un efecto de acumulación abrumadora. Como si el conjunto de calamidades que envuelven al hombre subiera tan alto como una montaña. 
Darío utiliza un lenguaje natural, llano y muy expresivo. “Árbol”, “piedra”, “ramos”, etc. aluden a realidades cotidianas, que inmediatamente se ven transcendidas a una categoría simbólica. También es interesante señalar que estos objetos concretos y cotidianos alternan con otros abstractos, ideales o mentales, como “dolor”, “espanto”, “vida”, etc. Esta mezcla produce un sorprendente y vivo efecto lector, pues se abordan temas hondos con palabras cotidianas: lo concreto y lo abstracto se alían para presentarnos asuntos serios e inquietantes con una perspectiva cotidiana, casi coloquial. Es un hallazgo de la poesía del poeta nicaragüense que la hace imperecedera. 
 
8. Valoración 
En apenas trece versos, Rubén Darío nos invita a una reflexión amarga sobre la vida del hombre y a una valoración pesimista sobre las posibilidades de la existencia. Las imágenes de objetos naturales, los magníficos efectos producidos a través de recursos acumulativos o de elisión y alusión crean un efecto lector realmente sorprendente. 
El poema es claro, transparente y llamativo porque combina lo abstracto con lo concreto, la generalización con la concreción, la reflexión con la impulsividad innata al ser humano, etc. Estos contrastes chocantes enriquecen la lectura y permiten una interpretación más libre y espontánea del contenido. Es decir, envuelve al lector silenciosa pero eficazmente. Al finalizar la lectura, no queda más opción que asentir con lo expresado por el yo poético. 
El efecto musical del poema es un valor muy positivo y destacado. Aporta una belleza fónica que envuelve al contenido en su conjunto. Unido a la adjetivación sensitiva, cromática y sinestésica, hacen del poema una verdadera joya de la literatura en español. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) ¿Por qué el poeta alaba al árbol y a la piedra? ¿Qué relación tiene con “la tumba que aguarda”? (v. 11). 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) La palabra “dolor” se repite dos veces (v. 3) ¿Qué está indicando esta iteración? ¿Por qué el yo poético insiste tanto en ello? 
2) La conjunción “y” se repite doce veces a lo largo del poema. ¿Cómo se denomina este recurso estilístico? ¿Qué efecto de lectura produce? 
3) El poema comienza con verbos en tercera persona y en infinitivo, pero no siempre es así. Localiza cuándo y cómo cambia (qué persona gramatical se utiliza) y explica el efecto que produce sobre la significación del poema.  
4) Indica los rasgos de la poesía de Rubén Darío, principal representante del Modernismo en español, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Rubén Darío y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) Algunos elementos naturales se emplean en el poema para expresar pensamientos graves y solemnes. Expresa alguna reflexión honda a través de la comparación de algún elemento natural que te parezca apropiado. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato literario basado en el contenido del poema, con personajes concretos y ambientación determinada. Un personaje puede contradecir al otro, por ejemplo, mostrándole que el sentimiento de dolor y angustia no está justificado. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Rubén Darío, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro poeta nicaragüense.
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Juan Ramón Jiménez: “Otoño”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “OTOÑO” (DE SONETOS ESPIRITUALES, 1917) 
“Otoño” (soneto V)
Esparce octubre, al blando movimiento              1
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.
Qué noble paz en este alejamiento                    5
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!
¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,    10
echado en el verdor de una colina!
En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina. 
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958) es uno de los más completos poetas en lengua española y la figura literaria más señera de la Generación del 14. Recibió el reconocimiento del premio Nobel de literatura en 1956. El poema “Otoño” procede de Sonetos espirituales (1917), un sustancioso poemario agrupado por la composición estrófica empleada –el soneto–, las líneas compositivas –depuración, esencialidad, belleza transcendente— y los temas: cierta comunión del hombre con la naturaleza o el mundo y una búsqueda del sentido de las cosas. 
“Otoño” presenta una contemplación y el impacto sensorial y espiritual de la estación otoñal en la persona enunciadora del poema. En el primer cuarteto se alude al viento y a la caída de las hojas, ya amarillas y marrones, de los árboles, lo que provoca el ensimismamiento del yo poético. En la segunda estrofa se presenta casi el mismo asunto, pero a la inversa: la inmersión en el otoño provoca un apaciguamiento de la persona, que se siente alejada, en medio de una pradera con flores deshojadas y una lluvia refrescante y benefactora.  
La tercera estrofa expresa el impacto del color en el yo poético; el amarillo y el verde se apoderan de todo el paisaje, provocando un sentimiento de ternura en el sujeto observante. Cierra el poema una estrofa en la que se expresa la envolvente belleza otoñal de la naturaleza que se desprende de sus hojas y brilla lo sublime de la autenticidad universal. 
 
2. Tema 
El tema o asunto principal del poema es la percepción extasiada del otoño, que se extiende en toda su belleza silenciosa y total, hasta el punto de que su hermosura lo eleva todo a la categoría de magnificencia. Enunciado de otro modo: el otoño expresa la belleza y verdad del mundo de forma total y sublime. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos, que son los siguientes: 
-En el primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-8) se presenta directamente el objeto poético, el otoño, en una de sus acciones más visibles, la caída de las hojas en otoño, llevadas por el viento. También se introduce en el pensamiento del yo poético, que es llevado “al infinito”. 
-En el segundo apartado (tercera estrofa, vv. 9-11) el yo poético percibe el otoño como una visión mágica, donde el cuerpo se transfigura en alma y siente ternura por el mundo, mientras está echado en la pradera de una colina. 
-El tercer apartado (cuarta estrofa, vv. 11-14) la vida se muestra en su verdad y en su belleza a través de la “decadencia” y ahí se percibe toda su hermosura, que posee algo de sublime y de espiritual. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
El poema consta de dos cuartetos y dos tercetos; son, por tanto, versos endecasílabos de rima consonante; el esquema de la rima es el siguiente: ABBA, ABBA, CDE, CDE. Estamos, por tanto, ante un soneto de corte clásico. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema ofrece una extraordinaria riqueza compositiva, como a continuación trataremos de exponer. El poema es una celebración del otoño, de modo que en torno a él aparecen varias personificaciones, metonimias y metáforas que asedian su sentido y expresan su belleza y su verdad esencial. El soneto se abre con una metonimia personificada: “esparce octubre, al blando movimiento / del sur, las hojas áureas y las rojas” (vv. 1-2). Es una sensación visual, dominada por el cromatismo de las hojas; esta acción del viento ocupa los dos primeros versos, con un encabalgamiento abrupto que imita la ráfaga del aire. La sinestesia contenida en “blando movimiento” (v. 1) crea una sensación de acogimiento y bienestar. Lo mismo podemos decir de la siguiente sinestesia, “la caída clara de sus hojas”; en este caso, la connotación positiva es tanto sensorial como intelectual. Lo cual se ve confirmado por la personificación que cierra el primer cuarteto: “se lleva al infinito el pensamiento”. La percepción del otoño primero se capta por los sentidos; después se siente en el interior y, finalmente, se instala en un nivel de intelección, pues la conciencia se expande hacia todos los confines. 
El segundo cuarteto forma una oración exclamativa en sí mismo. Este tono admirativo expresa muy bien el estado de bienestar del yo poético. Este siente “noble paz en este alejamiento” (v. 5); la sinestesia metaforizada sugiere una comunión en la apacibilidad del yo poético y la naturaleza. A continuación, dos apóstrofes, dirigidas al prado y al agua, tildados de “bello” y “fría”, respectivamente, declaran muy bien la mirada admirativa del yo poético hacia la naturaleza. La metáfora final de ese cuarteto, “que mojas / con tu cristal estremecido el viento!” indica la mirada penetrante y absorta del poeta, pues percibe cómo la lluvia moja al viento; entendemos que él lo siente en su cuerpo, de ahí esa sensación de bienestar. Prado y agua son las dos metonimias que representan al mundo natural al completo, con el que el yo poético se siente identificado. 
El primer terceto se abre con una metáfora profunda: el yo poético se siente tan bien en la naturaleza que queda como enjaulado en ella, aunque está “echado en el verdor de una colina!” (v. 11). La paradoja es sorprendente, pero aclara estupendamente el poder de atracción de la naturaleza, que arrastra al observador, lo envuelve y como que este queda aprisionado en su interior. Aquella es una “cárcel pura” (v. 9), nada pues de significación negativa, sino todo lo contrario. Además, el cuerpo se transforma en alma, otra paradoja que insiste en el poder transformador de la observación del otoño. Se desea expresar que lo material cede ante lo intelectual y emocional; todo lo físico se metamorfosea en un estado intelectual y espiritual de pureza, belleza y perfección. Así, entendemos muy bien la hipérbole inicial del cuarteto “¡Encantamiento de oro!”: como si el otoño tuviera el poder taumatúrgico de apoderarse del observador y elevarlo a una esfera superior del ser y del sentir. 
El último terceto resume y concluye el contenido anterior comprimiendo los dos elementos clave del poema: verdad y belleza. Una paradoja inicial, “En una decadencia de hermosura” (v. 12) aclara el eje semántico central del poema. Todo es belleza, contenida en las cosas que mueren por el otoño, que es lo que significa aquí “decadente”. La personificación metaforizada de “la vida se desnuda” (v. 13) da otra pista sobre la naturaleza de esa belleza: la esencialidad íntima, pura y perfecta de la vida entera, en sus elementos naturales y también humanos, pues el yo poético está contenido en ella. Una última metáfora con adherencias hiperbólicas y sinestésicas, “resplandece / la excelsitud de su verdad divina” aprietan el significado total del poema: la naturaleza contemplada es maravillosamente bella, es verdadera y refulge plenamente, ocupando el mundo entero. 
Como se puede observar, estamos ante un bellísimo y denso soneto que expresa la belleza del mundo natural, en este caso en su manifestación del paisaje otoñal. Inspira un sentimiento de admiración e identificación del yo poético, que inmediatamente se fusiona con él, formando una unidad en la “verdad divina”. 
 
6. Contextualización 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte. El poema que hemos comentado se ubica en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la naturaleza; los elementos más sensitivos están depurados, transcendidos; el poeta busca integrar en una realidad superior la naturaleza y sus sentimientos. El trabajo poético de búsqueda, lima y composición verbal rigurosa, precisa y suficiente saltan a la vista; es una de las características de ese período poético juanrramoniano. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo. Nos presenta una contemplación extática del otoño. El yo poético, echado en una colina, observa y admira el viento, la lluvia y la caída de las hojas, extasiado por su belleza y su verdad. Pronto se funde en esa contemplación envolvente. El otoño incita y despierta sentimientos sumidos en el fondo del alma del poeta. La belleza es tal que aprisiona a este en una espiral de belleza, que para nada es falsa; todo lo contrario, es la “verdad divina”, la auténtica y permanente, aunque de difícil contemplación, acceso y expresión.   
El poeta se integra en ese cuadro como un elemento más. Recostado en la hierba de una colina, sus emociones lo envuelven en una espiral de paz y bienestar, donde es acogido con delicadeza y amor. El juego de elisiones y alusiones es muy interesante y forma parte de la dinámica textual: el lector se ve obligado a una reconstrucción del sentido, más o menos conscientemente, y a una contemplación no tan lejana de la experimentada por el yo poético. Al tiempo, se percibe muy bien el esfuerzo poético por matizar la contemplación natural con justeza y naturalidad, lo que se logra plenamente. 
Belleza verdadera, envolvimiento en ella y sentido pleno transcendido, es decir, espiritual, son los valores que se desprenden de la contemplación del otoño. Que coinciden, he ahí la magia de la poesía, con lo que surgen de la lectura detenida de este hermoso poema, sencillo en la forma, transparente en la disposición, pleno y expansivo en el sentido. 
Por cierto, este poema nos recuerda a “Otoño”, el texto del mismo título compuesto por el excelente poeta inglés John Keats. Coinciden no solo en temática, sino en el mundo emocional evocado. Acaso sea un ejemplo de cómo la literatura se comunica por canales sorprendentes y cómo las coincidencias e influencias benéficas traspasa barreras temporales y espaciales para entregarnos, como en este caso Juan Ramón ha realizado, un bellísimo poema, intenso y vibrante. 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. La apariencia de una mera anécdota, como la contemplación de un paisaje otoñal, rápidamente se ve superada por un impacto estético de honda significación emocional y existencial. 
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen tres elementos naturales que conforman el cuadro visual del poema. Explícalos y establece su relevancia. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “¡Encantamiento de oro! Cárcel pura… ” (v. 9)? Explica la paradoja que late en su interior. 
2) La sinestesia es un recurso importante en el poema, como se observa en “blando movimiento” (v. 1). Busca otros ejemplos y explica qué tipo de emociones desea transmitir. 
3) El poeta solo se deja ver una vez en el poema, al final del primer terceto. Localiza exactamente la expresión y explica qué tipo de sentimientos se establecen entre el yo poético y la naturaleza observada. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte del poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de una estación del año. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la contemplación de una estación del año, en un ambiente concreto, al estilo del poema. Trata de expresar las emociones que te sugiere. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta.
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Juan Ramón Jiménez: “Vino primero pura”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “VINO PRIMERO PURA (DE ETERNIDADES, 1918) 

 

“Vino primero pura”                                
Vino primero pura,                                 1
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;                            5
y la fui odiando sin saberlo.
Llegó a ser una reina
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
Más se fue desnudando                          10
y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica                              15
y apareció desnuda toda.
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre! 
  
Eternidades, 1918 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958) es uno de los más completos poetas en lengua española y la figura literaria más señera de la Generación del 14. El poema “Vino primero pura” procede de Eternidades (1918), uno de los poemarios más significativos e interesantes del poeta de Moguer en su proceso de evolución poética hacia la esencialidad, la reconcentración y el desprendimiento de lo ornamental y accesorio del poema. Estamos, pues, en el corazón de la etapa intelectual, caracterizada por una poesía más reflexiva, depurada en el fondo y en la forma y de carácter meditativo e indagatorio sobre la esencia de las cosas, incluida la vida del poeta. 
“Vino primero pura” presenta una contemplación retrospectiva sobre el quehacer poético del propio poeta a lo largo del tiempo. Juan Ramón extiende una mirada hacia su pasado literario y encuentra tres fases: una primera de sencillez, transparencia y autenticidad; es el período inicial de la iniciación y los primeros tanteos. Sigue una segunda fase donde lo exterior, lo ornamental y la forma predominan sobre el contenido y el fondo; sin saberlo, el poeta detestaba este tipo de poesía vistosa. La tercera y última fase coincide con un retorno a la sencillez esencial, la autenticidad transcendente de la poesía como un camino de descubrimiento del mundo y de uno mismo. La celebra como la “pasión de mi vida”, es decir, el motivo principal de sus ocupaciones y preocupaciones, de sus acciones y de su pensamiento. 
 
 
2. Tema 
El tema o asunto principal del poema es la mirada contemplativa sobre el quehacer poético del propio poeta. Enunciado de otro modo: repaso de su actividad artística y su proceso evolutivo, alcanzando un punto de satisfacción y dicha con la identificación de la poesía como “pasión” de su vida. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos: 
-En el primer apartado (primera estrofa, vv. 1-3) se presenta la fase temporal de inicios y tanteos artísticos. Ahí la poesía es auténtica, limpia y transparente; pronto se crea un fuerte vínculo entre ella y el poeta. 
-En el segundo apartado (estrofas segunda y tercera, vv. 4-9) se explica la evolución poética del artista hacia un arte emperifollado, ornamental, aparatoso y poco profundo. Ello enfadó al poeta, que encuentra su poesía irritante por aparatosa y superficial. 
-El tercer apartado (estrofas cuarta, quinta y sexta, vv. 10-16) el poeta expresa la evolución de su poesía hacia la esencialidad, la transparencia significativa, la integridad transcendente del acto poético como forma de exploración y de conocimiento. Se cierra con una confesión exaltada de la fundamental importancia de la poesía en su vida. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
 
El poema consta de dieciocho versos predominantemente heptasílabos; sin embargo, también aparecen endecasílabos (vv. 6, 9, 17 y 18). No existe una rima reconocida, aunque sí una tendencia a la rima asonante dentro de cada estrofa; quizá se puede hablar de una cierta rima asonante romanceada en é-a para el conjunto del poema. En principio, podemos afirmar que estamos ante un poema en verso libre. 
 
5. Análisis estilístico 
Este poema posee un carácter introspectivo y metarreflexivo. El poeta analiza y conceptualiza su propio quehacer poético. Para ello, personifica la poesía, pero sin llegar a crear una imagen concreta, por ejemplo, de un ser humano, aunque el impulso natural del lector es imaginarla como tal, puesto que se desnuda y se viste con ropajes, actividad propia del hombre. 
El recurso central del poema es la alegoría: una serie de metáforas que aluden a la poesía como un ser vivo que se presenta en tres imágenes distintas: pura e inocente, la primera; emperifollada y adornada en exceso, la segunda; de nuevo desnuda, esencial y total, la tercera. Esas tres imágenes se corresponden con tres estados de ánimo del poeta: primero la ama, luego, la odia y finalmente la acepta y la toma como la pasión de su vida. Es importante destacar que el término real de las metáforas, la poesía, no aparece sino en los dos últimos versos. Este efecto de elisión crea tensión poética y suspensión de la significación, adensando el sentido último del poema.
Este conjunto de imágenes y de estados del alma se configuran ante el lector a través de procedimientos estilísticos que a continuación explicamos. Comienza con una personificación, presumiblemente de un ser humano, que parece desnudo ante el poeta, que la ama “como un niño” (v. 3). Este símil alude a la afición que se establece entre poesía y poeta: sincera y espontánea. “Vestida de inocencia” es una metáfora que nos indica la naturaleza del primer acercamiento del poeta a la poesía: con entusiasmo, sin mancha ni maldad, digamos.  En el primer verso se detecta una aliteración de vocales cerradas (i u) que, junto con la repetición del fonema /p/ crea un efecto rítmico de movimiento, como de un galope regular.
La segunda estrofa representa a ese ser ricamente vestido; es la poesía ornamentada, florida y adornada. Ignorante de ello, el poeta comenzó a detestarla, pues no sintonizaba con ella. En la tercera estrofa se desarrolla la misma imagen que en la segunda: la poesía adornada en exceso y bien emperifollada campa por sus respetos. De nuevo el yo poético reacciona con ira, enfado y cólera. La suspensión y la exclamación retórica posterior de los versos 8 y 9 transmiten muy bien el enojo del poeta contra su manera de hacer poesía esta segunda fase: florida, con trino, pero sin sustancia. La metáfora que se encierra en “¡Qué iracundia de yel [hiel] y sin sentido!” refleja el hartazgo y cabreo del poeta contra esa poesía del “ay trinar” que también detestaba Antonio Machado por esos mismos años. 
La cuarta estrofa es la más breve, pues la componen solo dos versos, pero marca un cambio de rumbo en la trayectoria poética: se vuelve a la esencialidad natural, que se representa en la metáfora “Mas se fue desnudando” (v. 10). El segundo verso de esta breve estrofa expresa la reacción del poeta a ese cambio: “yo le sonreía”, metáfora de su agrado con este retorno a lo básico. 
La quinta estrofa posee el mismo movimiento semántico que la anterior: primero se señala cómo la poesía vuelve a los esencial primigenio, auténtico y puro (“Se quedó con la túnica / de su inocencia antigua”, vv.12-13) y luego se consigna la reacción del yo poético: vuelve a creer en esta poesía que ahora crea, de nuevo con sentido y esencialista. 
La última estrofa representa la culminación de la transformación de la poesía del poeta en el momento de escribir. Al fin, aparece la poesía sin ornamentos fatuos ni contenido de ganga. Se expresa con la imagen de ese cuerpo “desnudo”, sin ornamentos. En ese instante, se cierra el poema con un epifonema largo y denso (ocupa los dos últimos versos), en el que el poeta nos confiesa tres hallazgos: la poesía es su pasión, pero ha de ser poesía “desnuda”, esencialista, digamos, y, finalmente representa un largo proyecto de futuro, bellamente expresado con el sintagma “para siempre”. Y en efecto, así ocurrió, Juan Ramón Jiménez se entregó al quehacer poético con una perseverancia pasmosa y admirable, hasta el final de sus días en el exilio portorriqueño. 
Si pensamos que el poema fue escrito en 1918, podemos comprender que estamos en la cima de la poesía intelectual de nuestro poeta de Moguer. Resume su trayectoria poética con admirable precisión y concisión, sin paliativos y predicando con el ejemplo. Este poema lo es de la poesía “desnuda” que en esa época de su trayectoria le parecía la más auténtica. Sabemos que, en 1937, Juan Ramón pasó a una nueva y definitiva fase de producción poética, la “verdadera” o “suficiente”, lo que nos muestra un poeta en constante búsqueda de una poesía cada más prístina, transcendente, eterna, podríamos decir. 
 
6. Contextualización 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte.  
El poema que hemos comentado se ubica en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la expresión poética; los elementos más sensitivos están depurados, transcendidos. En este bellísimo texto metapoético Juan Ramón mira hacia atrás y nos aclara su camino de poeta, con sus comienzos, su primer período ornamental (más o menos coincidente con su poesía modernista y tardorromántica) y su primera madurez artística al logar una poesía intelectual, es decir, grave, llana, honda y esencialista. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo por su carácter metapoético, pues implica una reflexión sobre qué es la poesía y cómo se alcanza su perfección. Se trata de una mirada retrospectiva, exigente y limpia, de lo que Juan Ramón ha logrado hasta entonces en su empeño poético. El tono admirativo final nos muestra su satisfacción con sus hallazgos estilísticos y temáticos: la poesía reconcentrada, limpia y sin concesiones a la frivolidad o la ornamentación. El mismo poema es un ejemplo perfecto de este tipo de poesía. 
En un poema muy breve, Juan Ramón nos traza con pulso firme su trayectoria poética. Lo hace de un modo sereno e implacable: detesta su poesía más emperifollada, modernista y con adherencias románticas, para abrazar con entusiasmo la compuesta con honda carga reflexiva, existencial y exploradora del mundo y del hombre.  
El tono confesional del poema no oculta el enorme esfuerzo depurativo. Se trata de comprimir dieciocho años de producción literaria (su primer libro, Ninfeas, se publicó en 1900) con los logros y, a su juicio, los fracasos. Además de este carácter referencial del poema, quizá lo más interesante es que el propio poema es un bello y asombroso ejemplo de la poesía que describe como verdadera: escueta en la forma, esencial en el contenido, equilibrado y hermoso en su factura verbal. 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. La apariencia de una mera anécdota rápidamente se ve superada por un impacto estético de honda significación emocional y existencial. El tono confesional y metapoético, expresado con bellas imágenes y una hábil utilización de ciertos recursos estilísticos hacen de ese poema una auténtica joya de la poesía española. 
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente, como hemos podido ver en su teoría y práctica mostradas en este poema. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua, buscando belleza y verdad. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento.  
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué y cómo se expresa el tema? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen tres fases en el quehacer poético juanrramoniano. Explícalas y establece su relevancia y la propia opinión del poeta. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “¡Qué iracundia de yel y sin sentido!” (v. 9)? ¿A qué tipo de poesía se refiere? 
2) Explica cómo en cada estrofa, primero explica cómo “aparece” la poesía ante él y luego reacciona con agrado o desagrado ante ella. ¿Tenemos la sensación de que ha sido un camino literario fácil el de Juan Ramón Jiménez?  
3) ¿Qué desea transmitir aquí la expresión “¡Oh pasión de mi vida poesía / desnuda, mía para siempre” (vv. 18)? Establece el grado de importancia que para Juan Ramon poseía su trabajo poético. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) Inventa la biografía de una persona, real o ficticia, y expresa con palabras e imágenes vivas, las distintas etapas por las que ha pasado. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la contemplación de tu propia biografía, que no tiene por qué ser la real, donde se declare cuál es la “pasión de mi vida”. Trata de expresar las emociones que te sugiere. Puedes darle forma poética, narrativa, dramática, ensayística, etc. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta. 

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[Este análisis es un pequeño homenaje a este grandísimo poeta, en el centenario de la publicación Eternidades, libro señero de la poesía española]. 
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Juan Ramón Jiménez: “Donador”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “DONADOR” (DE ETERNIDADES, 1918) 
“Donador”

Yo no soy yo.                                                  1
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.                                    5
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El poema que comentamos expone toda una teoría ontológica sobre el ser humano, pero no de cualquiera, sino del yo poético en particular. Presenta la certeza de que él no él, sino otro que lo acompaña sin ser visto. Ocasionalmente, el yo poético conocido lo visita, aunque también lo olvida. Pronto establece su naturaleza a base de cuatro antítesis respecto del sujeto hablante en el poema: calla, perdona, pasea y se mantiene para siempre en el mundo, más allá de la muerte del poeta. 
 
2. Tema   
El tema del poema se puede enunciar así: la verdadera esencia del ser humano es eterna, invisible, bondadosa e inteligente. En otras palabras: el verdadero yo del poeta no es su imagen física conocida, sino otra más inteligente, oculta e imperecedera. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema es muy unitario, fluido y trabado en la disposición del contenido. No se pueden apreciar modulaciones temáticas significativas. Todo él se centra de modo compacto y firme en la indagación sobre la esencia del yo poético; es un discurso ontológico asertivo y sin titubeos. Este soy yo, y os lo voy a decir, viene a decir el poema. En este sentido, el poema se presenta como un razonamiento deductivo de lógica implacable: en el primer verso se enuncia la tesis y en todos los demás se ofrecen argumentos de por qué eso es así y no de otra manera. 
 
4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos 
Estamos ante un poema en verso libre porque la medida de los versos es irregular (oscila de cuatro sílabas, el primero, a doce, del último) y no se aprecia una rima reconocible con ninguna estrofa. Es cierto que una cierta rima asonante en é y ó se puede rastrear en todos los versos, excepto en el quinto. 
Este tipo de combinación métrica es muy común en la poesía moderna. Había comenzado con el Romanticismo una tendencia a la versificación fuera de los moldes clásicos. Justo ahora, en los albores del siglo XX, esta corriente se acentúa mucho, hasta nuestros días. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema es un ejemplo perfecto de paradoja continuada. El primer verso comprime muy bien todo el contenido posterior: el yo poético no es el que él mismo se percibe y nosotros percibimos por los sentidos. Entonces, ¿quién es? Los siguientes versos nos dan la respuesta: alguien que va a su lado pero que no lo ve, que visita o se olvida de él; hasta aquí las acciones del yo poético sobre su auténtico yo. Luego nos ofrece, en una serie de antítesis (cuatro, exactamente), expuestas en perfectos paralelismos y anáforas, sobre la esencia del yo verdadero. 
Son notas positivas y laudatorias, frente al polo más bien negativo del yo poético que nos habla. Que es así lo muestra muy bien los adjetivos “sereno” (v. 6) y “dulce” (v. 7) aplicados a ese yo oculto. Además, en el último verso del poema, nos desvela la cualidad esencial: la eternidad, bellamente expresada con la metonimia metaforizada “el que quedará en pie” (v. 9). El juego de las personas verbales “él / yo” marca la dinámica del poema; los verbos en primera persona aparecen al final de los versos, y tienen significación negativa; son los aplicados al yo poético. Los verbos en tercera persona aparecen al principio de cada verso y tienen significación positiva; son los aplicados al yo auténtico y escurridizo del emisor poético. 
Las antítesis de los versos 4 y 5 expresan muy bien la inconstancia o la inconsciencia del yo poético, que se olvida hasta de sí mismo. La repetición de “a veces” expresa muy bien lo tornadizo del yo poético. Pero al comenzar el verso 6, el poema adquiere un giro inesperado: el yo auténtico toma el rumbo y conocemos lo que hace de verdad: dotar de sentido pleno, bondadoso y significativo a las acciones del yo poético. 
Las acciones atribuidas al yo auténtico, callar, perdonar, pasear y quedar en pie (expresadas en los versos 6, 7,8 y 9, respectivamente), son metáforas de la prudencia, la bondad, la acción y la eternidad. Son, justamente, los cuatro pilares sobre los que se asienta la vida del ser humano auténtico, no el faso y superficial que percibimos por los sentidos. Evidentemente, no es fácil de percibir, pero la exploración poética juanrramoniana llega y cala en esa zona recóndita del hombre y de la naturaleza para desvelarnos la verdad. 
El poema es extremadamente breve, pero indaga con precisión de bisturí en la ontología del ser humano. El título, en un principio un tanto enigmático, adquiere pleno sentido tras la lectura del poema. El yo auténtico es el que dona sentido y significación a la vida; es el que da entidad y consistencia a la vida, que la hace entendible y vivible con una dimensión transcendente que aspira a la eternidad. 
 
6. Contextualización autorial y socio-cultural 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte.  
El poema que hemos comentado se puede situar en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la naturaleza, en este caso, del propio poeta y, por extensión, del ser humano. El poema presenta un marcado carácter filosófico, argumentativo e indagador de la esencia inmutable del hombre, antes y después de su muerte. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo. Nos presenta una reflexión intimista sobre la naturaleza del ser humano. Juan Ramón fusiona la razón y la poesía, los elementos sensitivos con los intelectuales para intentar aprehender tan escurridizo sentimiento. Ya en los primeros versos advierte que el auténtico yo va a nuestro lado sin ser visto. Para poder reconocerlo, hay que pensar y sentir con hondura y sensibilidad. Entonces sí podemos ver nuestro auténtico yo: calla, perdona, pasea y vive para siempre, acaso más allá de nuestra propia consciencia. A nosotros nos presenta el resultado de una indagación filosófica, no el proceso indagatorio. El primer verso establece una tesis firme y clara, aunque a través de una hermosa paradoja: “Yo no soy yo”; luego nos explica quién es en realidad, con razonamientos más que convincentes.  
El poeta explora su esencia íntima e invariable. Encuentra su yo auténtico, lejos y a la vez cerca del superficial, dotado de rasgos éticos positivos y bondadosos. Quizá por saberse eterno, quizá por la sabiduría que le hace comprender que las apariencias no son nada, sólo humo que se desvanece en su instante. 
El yo poético intenta verbalizar la naturaleza del ser, de su ser, exactamente. Para ello, se vale de percepciones y emociones analizadas a través de la contemplación poética, es decir, transcendidas. Indaga en su propio interior y nos descubre su verdadero ser, el donador de sentido a su vida. El enunciado es grave y serio: se trata de transmitir un pensamiento transcendente. 
En muy pocos versos, la mitad muy breves, Juan Ramón quintaesencia el sentido de su vida, seguramente válido para todos los demás, aunque el poeta, humilde, sólo habla en primera persona, de él mismo. Es nuestra responsabilidad aplicarnos la oportunidad que el poeta nos brinda para contestar a la pregunta: y yo, en realidad, ¿quién soy? 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. Abordar la conceptualización o verbalización de la esencia del ser humano es una tarea poética en sí mismo titánica, y de dudoso final. Nuestro poeta expone una tesis firme y clara luego demostrada por argumentos que remiten a realidades naturales o sensitivas, para buscar en ellas ejemplos que la sustenten. 
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua; elimina todo lo accesorio y que no aporte sentido y densidad. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura.  
Con palabras e imágenes aparentemente sencillas, el poeta explora el mundo y su persona. Nos ofrece el resultado, con generosidad y humildad al mismo tiempo, para que consideremos la cuestión clave que él se había planteado: ¿quién soy yo? El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué y cómo se expresa el tema principal? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Explica el sentido del título del poema y establece su relevancia. 
5) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “Yo no soy yo” (v. 1)? ¿Es posible esta afirmación en la vida real? 
2) Busca y explica las paradojas que señalan las diferencias entre el yo superficial y el profundo y auténtico. ¿Qué desea transmitir con ello?  
3) ¿Qué quiere expresar aquí la expresión “Soy este / que va a mi lado sin yo verlo” (v. 2-3)?  
4) Explica las paradojas del texto y lo que en realidad quieren decir. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) El poema es una exploración sobre nuestro auténtico ser. Expresa cómo te ves tú a ti mismo (puede ser un ser real o imaginario). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en el retrato psicológico de una persona. Realízalo a través de ejemplos de su comportamiento ante diferentes realidades, como ocurre en el poema. Comprueba si es digno de la eternidad que Juan Ramón le concede a su yo. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta. 
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Juan Ramón Jiménez: “El amor”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “El amor” 
“El amor” 
El amor, a qué huele? Parece, cuando se ama,               1
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna. 
Por todas partes abre guirnaldas invisibles,                   5
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva… 
Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;               10
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
dejan como un romántico frescor de madreselvas… 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
El yo poético indaga sobre la naturaleza del amor. Se pregunta por su aroma, por su sonido, por su aspecto visual. Constata que, en cualquier circunstancia, se mantiene jovial y sano. Percibe adornos florales mágicos y en permanente renovación y la mujer, con un beso, encarna cierta esencia del amor. También le llegan melodías agradables en un ambiente natural. Entre suspiros y llantos, el amor deja una sensación de frescura de flores silvestres. 
 
2. Tema 
El asunto central del poema es la indagación sobre la naturaleza del amor, percibido como escurridizo, esquivo, furtivo y perceptible solo por los sentidos atentos en combinación con alguna sensación emocional. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres secciones de contenido, las cuales coinciden con las estrofas que lo componen.  
En la primera sección se presenta el asunto poemático y se aborda por sensaciones aromáticas, mezcladas con ciertos sentimientos positivos y vitales. En la segunda sección se presentan los efectos visuales, paradójicos en sí mismos. Se anuncia la presencia de la mujer y el beso como componentes del amor y su efecto renovador. La tercera sección ofrece sensaciones auditivas y táctiles: música y brisa que se extienden por el ambiente. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estróficos 
El poema consta de doce versos agrupados en tres estrofas de cuatro versos tetradecasílabos –alejandrinos– cada una. La rima en é-a es asonante y solo en los pares. Estamos, pues, ante una rima romanceada. Podemos decir que estamos ante un romance heroico por su estructura silábica y de rima. 
 
5. Análisis estilístico 
El asedio del yo poético al concepto o hecho del amor se realiza por vía sensitiva y solo después una cierta huella intelectiva (recuerdos, imágenes, etc.). Consecuencia directa es que el recurso central del poema es la sinestesia: fusión de percepciones sensoriales en una entidad superior. El poema comienza con una interrogación retórica en la que el yo poético pregunta sobre el olor del amor, y la respuesta es que tiene “rumor de primavera”: lo olfativo y lo auditivo se mezclan en una sensación nueva. Pasa el tiempo, llega el otoño (expresado en una bella personificación: “Las hojas secas tornan y las ramas con nieve”, v. 3) y el invierno, pero el amor sigue oliendo a “rosa eterna” porque es “ardiente y joven” (los dos adjetivos metaforizados aluden a la edad juvenil y al carácter impetuoso). Observamos una sinestesia triple, con fusión de lo visual, lo temporal, lo táctil y lo aromático. Las connotaciones de los vocablos son positivas y agradables. 
La segunda estrofa se concentra en los aspectos visuales, aunque en el primer verso ya aparece una paradoja chocante. El amor abre “por todas partes” (todo lo ocupa, como antes, en el verso 2, se había dicho que el amor está en “el mundo entero) “guirnaldas invisibles”. No se puede “ver”, aunque sí sentir, por eso sus fondos, como en un cuadro, son “líricos”, es decir, llenos de sentimiento y subjetividad. Acto seguido aparece la mujer y su beso; es una imagen corpórea y con sensación táctil, pero solo para recordarnos que adquiere todo ello un “sentido mágico” que se renueva constantemente. El símil “como en los senderos” parece aludir a que el amor es un camino distinto a cada paso que se da. La suspensión con que se cierra la estrofa indica que se podría añadir mucho más, pero igual de inaprensible. 
La tercera estrofa es el lugar de desarrollo de las percepciones auditivas. Primero aparecen “ideales conciertos”, seguidos de “palabras de una brisa liviana entre arboledas” (vv. 9-10). El amor es como un lenguaje musical y verbal, pero etéreo y como en fuga. El yo poético solo logra aislar dos elementos del lenguaje amoroso: el suspiro y el llanto (muy destacados a través de un políptoton de verbo y sustantivo, para cada término). Son metonimias de la impaciencia y del dolor, inseparables del hecho de amar. El suspiro y el llanto, al pasar, también dejan un “frescor de madreselvas…” (v. 12). Otra bellísima sinestesia que combina lo visual, lo olfativo y lo táctil. La flor de la madreselva, en sí misma perfumada y de colores llamativos, es una excelente metáfora del mismo amor. La suspensión de cierre plantea un final abierto.  
El poema comienza con una interrogación y termina con una suspensión. Parece que el yo poético no está del todo seguro sobre sus certezas; en todo caso, la misma naturaleza del amor, casi inaprensible, a duras penas configurable en palabras, sí que ocupa todo el espacio, “el mundo entero”, y lo envuelve con su perfume, su colorido y su música. 
 
6. Contextualización autorial y socio-cultural 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte.  
El poema que hemos comentado se puede situar en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la naturaleza; los elementos más sensitivos están depurados, transcendidos; el poeta busca integrar en una realidad superior la naturaleza y sus sentimientos. Sin embargo, los ecos simbolistas recuerdan la etapa sensitiva. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo. Nos presenta una reflexión intimista sobre la naturaleza del amor. Juan Ramón fusiona los elementos sensitivos con los intelectuales para intentar aprehender tan escurridizo sentimiento. Rumor, olor a rosa eterna, guirnaldas, mujer, senderos, conciertos, palabras, etc. son los elementos que emplea para una aproximación difícil y compleja.  
El poeta se acerca al amor atento a las señales: “Vienen al alma música…” (v. 9); su espíritu capta y procesa en su esfuerzo intelectivo. El juego sinestésico es clave para entender el poema; parece transmitirnos que el amor, aunque lo llena todo, determina y origina, al menos en parte, la felicidad y el dolor humanos; y, sin embargo, es difícil de racionalizar y verbalizar.  
El yo poético intenta verbalizar la naturaleza del sentimiento amoroso. Para ello, se vale de percepciones y emociones tamizadas por la contemplación poética, es decir, transcendida. El lector casi puede “ver” al poeta trabajando en el campo sobre sus emociones y aprehensiones. Que coinciden, he ahí la magia de la poesía, con las que se desprenden de la lectura detenida de este hermoso poema, sencillo en la forma, transparente en la disposición, pleno, denso y expansivo en su sentido. 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. Abordar la conceptualización o verbalización del amor es una tarea titánica de dudoso final. Nuestro poeta se aferra a realidades naturales, no fácilmente perceptibles, para buscar en ellas imágenes que visualicen dicho sentimiento, fuente de “risa” y “pena”.  
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué y cómo se expresa el tema principal? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen tres sentidos que conforman el cuadro conceptual del poema. Explícalos y establece su relevancia. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “Parece, cuando se ama, / que el mundo entero tiene rumor de primavera” (vv. 1-2)? ¿Es posible esta mezcla de percepciones en la vida real? 
2) Busca y explica las expresiones que señalan que el amor inunda todo el mundo, sin dejar nada vacío. ¿Qué desea transmitir con ello?  
3) ¿Qué desea expresar aquí la expresión “… romántico frescor de madreselvas” (v. 12)? Establece una relación de disposición espacial de los elementos naturales y humanos que aparecen en el poema. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte del poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (un árbol, un momento del día, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la reflexión sobre un sentimiento(amor, odio, alegría, pena, nostalgia, euforia, felicidad…; asócialo a un lugar, real o imaginario, común o raro, solo o en compañía. Trata de expresar las emociones que te sugiere. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta.
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Juan Ramón Jimenez: “Álamo blanco”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “ÁLAMO BLANCO” (de CANCIÓN, 1936) 

 

Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma). 

 

  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958) es uno de los más completos poetas en lengua española y la figura literaria más señera de la Generación del 14. El poema “Álamo blanco” procede de Canción (1936), primer y único volumen de la obra completa organizada y depurada o “revivida” por el propio Juan Ramón; el proyecto se truncó por la guerra civil y los avatares biográficos del poeta onubense; es probable, por ello, que el poema proceda de un poemario anterior. 
“Álamo blanco” presenta una contemplación de un álamo blanco por parte del yo poético, que inmediatamente transmite sus reflexiones y emociones en torno a esa visión casi extática. En la parte superior del árbol un ave canta, lo mismo que hace el agua a los pies del árbol. Ambos elementos, el ave y el agua, se ven unidos en una realidad superior de la que también forma parte el yo poético; el nexo común es el álamo blanco. El yo poético participa de la comunicación –a través de la música y del movimiento— de los elementos naturales, con los que se establece una comunión o fusión entre ellos. 
 
2. Tema 
El tema o asunto principal del poema es la contemplación extasiada de un árbol con el que se establece una comunicación e identificación por parte del yo poético. Enunciado de otro modo: la observación atenta de la naturaleza conduce a un proceso de comunión ontológica entre el observador y lo observado. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos, que coinciden con las tres estrofas que lo componen: 
-En el primer apartado (primera estrofa, vv. 1-4) se dibuja el marco en el que se desarrolla la acción poética y se presentan dos de los actores principales: el pájaro y el agua. 
-En el segundo apartado (segunda estrofa, vv. 5-12) el foco se concentra en el árbol, “columna de plata” y cómo irradia su presencia a otros elementos naturales, situados por encima, o por debajo; pero pronto también integra al yo poético, que se siente conmocionado al experimentar ese orden natural. 
-El tercer apartado (tercera estrofa, vv. 13-16) expresa los efectos de las acciones del pájaro y del agua sobre sus vecinos naturales (la estrella y la flor) y también sobre el propio yo poético, que lo observa y se hace partícipe de todo ello, manteniendo un nivel de conciencia metarreflexiva (lo declara muy bien el hecho de que su posición en esta contemplación aparece entre paréntesis, al final de cada estrofa). 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
El poema consta de dieciséis versos heptasílabos con rima asonante en los versos pares (á-a, con la variante en á-ua en los versos cuya palabra final es “agua”, que son el 2 y el 8), quedando los impares libres. Es, por tanto, un poema de rima romanceada, la cual se mantiene más allá de las estrofas, saltando de una a otra. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema ofrece una riqueza compositiva muy alta, como a continuación trataremos de exponer. En primer lugar, llama la atención de que el objeto principal de la acción poética, el álamo blanco, no aparece nombrado como tal ni una sola vez. Esta elipsis conceptual se ve compensada por una metáfora repetida: “columna de plata” (vv. 6 y 10) y una metonimia metaforizada: “tronco ideal” (v. 11); ambas imágenes nos remiten al álamo, que ahora comprendemos que es algo más que un árbol: representa un ideal de armonía de la naturaleza y del yo poético con ella, hasta el punto de formar una realidad nueva, de significación transcendente. 
El poema juega y combina dos espacios reales y metafóricos al mismo tiempo: “arriba” (v. 1), no por casualidad primera palabra del poema; ahí aparecen el ave cantora, la hoja y la estrella. El segundo ámbito es “abajo” (v. 2); ahí aparecen el agua, la raíz y la flor baja. Ambos se ven unidos por el tronco del álamo, que los comunica y ordena al mismo tiempo. Y al lado de todo ello, el yo poético, nombrado a través de la metonimia “alma” (vv. 4, 12 y 16) que no por casualidad aparece entre paréntesis. Forma y no forma parte del conjunto. Es el elemento contemplador, en este sentido externo, pero la intensa belleza armoniosa de lo contemplado lo empujan hacia una emoción compartida y comunicada a través del tronco.  
Las tres metáforas para expresar esa emoción compartida son “se me abre el alma” (v. 4), “¡Y tú, tronco ideal, / entre mi alma y mi alma!” (vv. 11-12) y “me tiembla el alma” (v. 16). Obsérvese la gradación conceptual que se establece entre “abrir”, “entre mi alma y mi alma” (es decir, el tronco se une indisolublemente al yo poético) y, finalmente, “temblar”. No es de extrañar que el yo poético afirme que se halle entre “dos conmociones” (v. 9), producto de la contemplación del canto del ave y del agua. 
Un elemento fundamental del contenido poético es el movimiento. El poema comunica una cinética doble, de “arriba y abajo” (v. 3) y de “abajo y arriba” (v. 15). Existen cuatro verbos que refuerzan la sensación de movimiento, cambio, evolución; son “se me abre” (v. 4), “mece” (v. 13), “baja” (v.14) y “tiembla” (v. 16). Nada, pues, de estatismo, aunque sí existe mucho de extatismo: la contemplación de elementos actuantes provoca un cambio en el yo poético, que lo conducen a un estado como de arrobamiento o embeleso del alma. 
Existen otros dos fenómenos poéticos medulares en este texto. Uno es el producido por la elipsis sistemática de elementos, acciones, causas y consecuencias. Otro es su correlato obligatorio: la enumeración. Las elipsis de los verbos son muy llamativas en la estrofa 2: no aparece ni un solo verbo explicando las acciones de los sustantivos, que se entiende son los sujetos de acciones que el lector suple en su cabeza a lo largo de la lectura.  
Las enumeraciones son, en parte, consecuencia de esas elipsis. La más evidente y significativa ocupa los versos 7 y 8: “Hoja, pájaro, estrella; / baja flor, raíz, agua”. Son seis sustantivos que nombran elementos naturales, los tres primeros de “arriba” y los tres últimos de “abajo”; juntos, ofrecen un cuadro completo de los objetos, seres o entes que conforman el cuadro visual del yo poético, lo que “ve” en su contemplación, y lo que llega al lector. En sí, son metonimias todos ellos de otra realidad superior y más oculta: la comunicación armónica de la naturaleza. En este sentido, el poema presenta unos elementos simbólicos de fuerte carga intelectiva. 
El paralelismo es otro recurso compositivo importante. El que aparece en los versos 1 y 2 se ve replicado casi igual en los versos 13 y 14, sólo que en este aparece un quiasmo entre ambos versos. En el mismo orden de recursos de repetición son notables el polisíndeton (vv. 2-3 y 13-14), la anáfora de “Entre” (vv. 5, 9 y 12), las repeticiones retóricas, sobre todo de la palabra “alma”, que aparece en el último verso de cada estrofa (y, en el caso de la segunda, repetida a su vez, en un efecto paradójico de fuerte carga significativa, insistiendo en la fortaleza del álamo). “Columna de plata”, metonimia del álamo blanco, se repite, tal cual, en los versos 6 y 10, lo que denota muy bien su importancia medular. 
En el poema el tiempo está como suspendido, lo que contrasta con el movimiento de los elementos. Sólo sabemos que estamos de noche (“Mece a la estrella el trino”, v. 13), pero la contemplación extática parece que paraliza la acción en un instante… que dura bastante tiempo. A esta sensación lectora contribuye mucho la ausencia de verbos de la segunda estrofa. 
Los efectos cromáticos contribuyen a la creación de esa atmósfera casi mágica, como irreal. La “columna de plata” (vv. 6 y 10), en alusión al color blanco de la corteza del álamo blanco es el color más importante, que contrasta con la oscuridad de la noche. Sobre un fondo gris, casi negro, sobresale el poderoso tronco blanco. La imagen se dibuja perfecta en la mente lectora, que comprende así la visión de cuasi arrobamiento del yo poético.  
Otro elemento significativo relevante es el sonido. En el poema, existen un canto, una melodía de efectos importantes sobre las estrellas y sobre las flores. El primer ser cantor es el pájaro; el segundo, el agua. Inmediatamente al principio del poema, se repite la forma verbal “canta” (vv. 1 y 2) para insistir en la importancia de la melodía en el cuadro natural nocturno objeto de contemplación. 
Dos exclamaciones retóricas dirigidas al árbol, “columna de plata” (vv. 9-10) y “tronco ideal” (vv. 11-12) declaran muy bien el estado de admiración suspendida que el yo poético experimenta a lo largo del poema. 
 
6. Contextualización 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte. El poema que hemos comentado se ubica en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la naturaleza; los elementos más sensitivos están depurados, transcendidos; el poeta busca integrar en una realidad superior la naturaleza y sus sentimientos. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo. Nos presenta una contemplación extática de un árbol en un marco nocturno. Un pájaro cantor y el agua que también entona una melodía completan un cuadro mágico, transcendente: los elementos se comunican utilizando al árbol de columna vertebral que sustenta un todo armonioso, vivo y solidario en sus partes. 
El poeta se integra en ese cuadro como un elemento más, sus emociones lo empujan hacia el árbol, que lo acoge con delicadeza. El juego de elisiones y alusiones es muy interesante y forma parte de la dinámica textual: el lector se ve obligado a una reconstrucción del sentido, más o menos conscientemente, y a una contemplación no tan lejana de la experimentada por el yo poético. 
Belleza, armonía y sentido pleno son los valores que se desprenden de la visión del álamo blanco. Que coinciden, he ahí la magia de la poesía, con lo que se desprenden de la lectura detenida de este hermoso poema, sencillo en la forma, transparente en la disposición, pleno y expansivo en el sentido. 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. La apariencia de una mera anécdota rápidamente se ve superada por un impacto estético de honda significación emocional y existencial. 
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento. 
 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen tres elementos naturales que conforman el cuadro visual del poema. Explícalos y establece su relevancia. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “Arriba y abajo, / se me abre el alma”? ¿Está en consonancia con el momento y la naturaleza descrita? 
2) Busca y explica las metáforas con que se alude al árbol, el álamo blanco. ¿Qué tipo de emociones desea transmitir? ¿? 
3) ¿Qué desea transmitir aquí la expresión “Entre dos conmociones” (v. 9)? Establece una relación de complementariedad entre “arriba” y “abajo. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte del poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de un paisaje o un elemento natural (un árbol, un momento del día, etc.). Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la contemplación de un lugar, real o imaginario, común o raro, solo o en compañía. Trata de expresar las emociones que te sugiere. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta.
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