Hans Christian Andersen: “La última perla”; análisis y propuesta didáctica

 H. C. ANDERSEN: “LA ÚLTIMA PERLA”  
Era una casa rica, una casa feliz; todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres, pues acababa de nacer un heredero, un hijo, y tanto la madre como el niño estaban perfectamente. Se había velado la luz de la lámpara que iluminaba el recogido dormitorio, ante cuyas ventanas colgaban pesadas cortinas de preciosas sedas. La alfombra era gruesa y mullida como musgo; todo invitaba al sueño, al reposo, y a esta tentación cedió también la enfermera, y se quedó dormida; bien podía hacerlo, pues todo andaba bien y felizmente.  
El espíritu protector de la casa estaba a la cabecera de la cama; diríase que sobre el niño, reclinado en el pecho de la madre, se extendía una red de rutilantes estrellas, cada una de las cuales era una perla de la felicidad. Todas las hadas buenas de la vida habían aportado sus dones al recién nacido; brillaban allí la salud, la riqueza, la dicha y el amor; en suma, todo cuanto el hombre puede desear en la Tierra.  
–Todo lo han traído –dijo el espíritu protector.  
–¡No! –oyóse una voz cercana, la del ángel custodio del niño–. Hay un hada que no ha traído aún su don, pero vendrá, lo traerá algún día, aunque sea de aquí a muchos años. Falta aún la última perla.  
–¿Falta? Aquí no puede faltar nada, y si fuese así hay que ir en busca del hada poderosa. ¡Vamos a buscarla!  
–¡Vendrá, vendrá! Hace falta su perla para completar la corona.  
–¿Dónde vive? ¿Dónde está su morada? Dímelo, iré a buscar la perla.  
–Tú lo quieres –dijo el ángel bueno del niño–, yo te guiaré dondequiera que sea. No tiene residencia fija, lo mismo va al palacio del Emperador como a la cabaña del más pobre campesino; no pasa junto a nadie sin dejar huella; a todos les aporta su dádiva, a unos un mundo, a otros un juguete. Habrá de venir también para este niño. ¿Piensas tú que no todos los momentos son iguales? Pues bien, iremos a buscar la perla, la última de este tesoro.  
Y, cogidos de la mano, se echaron a volar hacia el lugar donde a la sazón residía el hada. Era una casa muy grande, con oscuros corredores, cuartos vacíos y singularmente silenciosa; una serie de ventanas abiertas dejaban entrar el aire frío, cuya corriente hacía ondear las largas cortinas blancas. En el centro de la habitación se veía un ataúd abierto, con el cadáver de una mujer joven aún. Lo rodeaban gran cantidad de preciosas y frescas rosas, de tal modo que sólo quedaban visibles las finas manos enlazadas y el rostro transfigurado por la muerte, en el que se expresaba la noble y sublime gravedad de la entrega a Dios.  
Junto al féretro estaban, de pie, el marido y los niños, en gran número; el más pequeño, en brazos del padre. Era el último adiós a la madre; el esposo le besó la mano, seca ahora como hoja caída, aquella mano que hasta poco antes había estado laborando con diligencia y amor. Gruesas y amargas lágrimas caían al suelo, pero nadie pronunciaba una palabra; el silencio encerraba allí todo un mundo de dolor. Callados y sollozando, salieron de la habitación. Ardía un cirio, la llama vacilaba al viento, envolviendo el rojo y alto pabilo.  
Entraron hombres extraños, que colocaron la tapa del féretro y la sujetaron con clavos; los martillazos resonaron por las habitaciones y pasillos de la casa, y más fuertemente aún en los corazones sangrantes.  
–¿Adónde me llevas? –preguntó el espíritu protector–. Aquí no mora ningún hada cuyas perlas formen parte de los dones mejores de la vida.  
–Pues aquí es donde está, ahora, en este momento solemne– replicó el ángel custodio, señalando un rincón del aposento; y allí, en el lugar donde en vida la madre se sentara entre flores y estampas, desde el cual, como hada bienhechora del hogar había acogido amorosa al marido, a los hijos y a los amigos, y desde donde, cual un rayo de sol, había esparcido la alegría por toda la casa, como el eje y el corazón de la familia, en aquel rincón había ahora una mujer extraña, vestida con un largo y amplio ropaje: era la Aflicción, señora y madre ahora en el puesto de la muerta.  
Una lágrima ardiente rodó por su seno y se transformó en una perla, que brillaba con todos los colores del arco iris. Recogióla el ángel, y entonces, adquirió el brillo de una estrella de siete matices.  
–La perla de la aflicción, la última, que no puede faltar. Realza el brillo y el poder de las otras. ¿Ves el resplandor del arco iris, que une la tierra con el cielo? Con cada una de las personas queridas que nos preceden en la muerte, tenemos en el cielo un amigo más con quien deseamos reunirnos. A través de la noche terrena miramos las estrellas, la última perfección. Contémplala, la perla de la aflicción; en ella están las alas de Psique, que nos levantarán de aquí.  
 
  1. ANÁLISIS 
El danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805 – Copenhague, 1875) es un escritor fundamental de la literatura internacional. Aunque sus textos se suelen etiquetar como cuentos de hadas para niños, en realidad estamos ante textos literarios de mucha profundidad, dirigidos, leídos y degustados por cualquier lector, sea infantil o adulto. Sus aportaciones son de máxima calidad por su originalidad, su densidad narrativa y significativa y su bello estilo. 
Si echamos una ojeada a sus cuentos, encontramos rasgos comunes en todos ellos: presencia de lo fantástico y mágico; recreación de una realidad dura y áspera, conviviendo con otra más amable; atención a los valores espirituales como sustento de la vida; cierto tono de tristeza y melancolía que parece ser invencible; tensión o combate entre el bien, o las fuerzas del bien, y el mal, las pulsiones malignas, con resultado indeciso; y, finalmente, una visión elevada que busca en el cielo, el más allá, la otra vida, la región de los espíritus, o como queramos llamarle, el consuelo, las respuestas a las angustias y el sufrimiento y el amor que en la vida humana terrenal no parecen tener cabida satisfactoriamente.  
Andersen invita al lector a transcender la vida diaria, sórdida y mezquina, para fijarse en la espiritual o religiosa, donde sí hay puerto seguro a las zozobras humanas. Sin embargo, siempre deja una sombra de titubeo, de duda, un sí es no es sobre si nuestra lucha vale la pena, sobre si la rectitud moral y la entrega tienen realmente recompensa en algún lugar y momento… 
1. Resumen 
Nace un niño en un ámbito de opulencia y bienestar donde nada falta. Las hadas madrinas, el ángel protector, que está muy satisfecho con que el niño lo tenga todo para ser feliz. Sin embargo, el ángel custodio le hace notar que falta una perla, un don, un elemento para que el niño lo tenga todo. Todos lo apremian para que los lleve donde se halla la última hada, que no es otra que Aflicción, que asiste a un funeral de una mujer joven llorada por sus hijos y su marido. Su lágrima se transforma en perla, que recoge el ángel custodio. Le explica a los demás que, con los colores del arco iris, esa perla junta el cielo con la tierra y el suelo con las estrellas. Así comprendemos que existe una conexión entre esta vida y la venidera, tras nuestra muerte, donde los seres queridos nos esperan. 
 
2. Tema 
La existencia del hombre, independientemente de su estado, está compuesta de alegría y pena, de dicha y dolor, de vida y muerte, inseparables, siempre unidas, hasta el fin. 
 
3. Apartados temáticos 
“La última perla” es un relato breve. Todo el contenido está comprimido y a presión. Este se dispone en las tres secciones clásicas: 
-Introducción o presentación: aparecen ante el lector unos personajes, un lugar, un tiempo y una acción o acontecimiento generador de un conflicto, una intriga. 
-Nudo o desarrollo: abarca desde la primera intervención del espíritu protector hasta la última intervención, excluida, del ángel custodio. 
-Desenlace o final: coincide con la intervención final del ángel custodio. Explica a los demás el sentido y finalidad de lo que han visto y vivido. 
 
4. Personajes 
Como ocurre en muchos cuentos de Andersen, las cosas no son lo que parecen. Los destinados a ser protagonistas no vuelven a aparecer; y viceversa, alguien que irrumpe en el texto al final adquiere mucho relieve. Todos ellos dotan de un sentido superior al relato, en el cual no existe un protagonista como tal. El sentido final es el auténtico protagonista, como luego veremos. Por orden de aparición, tenemos los siguientes personajes: 
-El niño, hijo de una familia rica y poderosa. Nace colmado con todos los bienes, materiales y espirituales, excepto uno, pues el hada que debe llevarlo no ha aparecido. Parecería que el niño protagonizará el relato; sin embargo, no vuelve a aparecer; es solo un personaje pasivo y al que le aguarda un futuro desconocido. 
-Espíritu protector y hadas: seres fantásticos responsables de colmar de felicidad al niño y, de paso, a la madre, que allí está con él. Se esfuerzan porque todos gocen de alegría y dicha. 
-Ángel custodio: dotado de serenidad y una visión superior de la existencia humana (paradójicamente, no siendo él hombre), explica el sentido de la vida y sus contradicciones. Hace de contraparte del espíritu protector. 
-El hada Aflicción: se había ausentado porque estaba velando el cadáver de una joven madre, que deja hijos y maridos dolientes y llorosos. También un espíritu protector debe asistir a los hombres en sus momentos más amargos y penosos, cual es la muerte de un ser querido de un modo terrible y absurdo. 
 
5. Lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción 
Como ocurre en los cuentos de hadas, también en los de Andersen, los aspectos cronoespaciales están muy difuminados y carecen de interés. La acción discurre en un lugar desconocido, en una casa noble y rica, eso es todo. Pero la segunda parte de la acción se desarrolla en un lugar siniestro: “una casa muy grande” dotada de “oscuros corredores” y todo sumido en “silencio”. Ahí, la muerte ha llamado a la puerta y los hombres lloran la defunción del ser más puro y superior que la habita: la madre de los niños y esposa del hombre que la llora. 
El tiempo tampoco ofrece una concreción exacta. Parece que Andersen nos quiere decir que no importa cuándo ocurrieron las cosas. Sin embargo, la duración temporal es muy original: todo dura acaso unos minutos nada más. Los seres espirituales se desplazan de una casa a otra parece que instantáneamente. Sin embargo, la explicación final del ángel custodio abarca toda la vida del hombre, incluso toda la eternidad: la vida de las personas se entrelaza con otras vidas a través del amor, del recuerdo y de la fidelidad. Ese lazo es eterno, desborda la vida del hombre, quien, tras su muerte, se reúne espiritualmente con los muertos que lo esperaban. Entre la vida y la muerte hay un tiempo instantáneo e inacabable que se comunican a través de los colores de la última perla, que son los del arco iris: siempre ahí, bellos y misteriosos, inmutables pero efímeros.  
6. Narrador 
El relato es contado por un narrador en tercera persona, omnisciente y externo, objetivo y distante. No opina, no valora, sólo deja que los hechos discurran por su cauce natural. Las explicaciones las dará el ángel custodio. Parece que el narrador prefiere ocultarse y dejar que el ser sobre natural dote de sentido las extrañas cosas que suceden. 
 
7. Procedimientos retóricos y recursos estilísticos 
Andersen emplea los tres recursos narrativos disponibles. Con la descripción el narrador explica cómo son las cosas y los seres; con los personajes nos trasmite qué y cómo pasan las acciones; con el diálogo los personajes opinan, valoran, declaran, preguntan, etc., es decir, nos hacen ver sus sentimientos, emociones, motivaciones, etc. Los ejemplificamos brevemente para comprender que, sin ellos, no hay cuento: 
-Descripción: “Era una casa rica, una casa feliz; todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres”. 
-Narración: “Y, cogidos de la mano, se echaron a volar donde a la sazón residía el hada”. 
-Diálogo: “–Todo lo han traído –dijo el espíritu protector”. 
Los recursos estilísticos son muy abundantes. No podía ser de otro modo, pues el texto está sometido a una fuerte comprensión del significado y a una poetización también importante. Recogemos los más importantes, por orden de aparición; muchos de ellos se repiten varias veces, pero nosotros no los mencionaremos sino una vez, para comprobar el efecto literario e imaginativo que producen: 
1) Repetición retórica (junto con anáfora y paralelismo): “Era una casa rica, era una casa feliz”. Insiste en los puntos clave que deben atraer la atención del lector; en este caso, la existencia de una casa opulenta y dichosa. 
2) Enumeración (junto con bimembración): “Todos, señores, criados e incluso los amigos eran dichosos y alegres”. Estos recursos de repetición son muy eficaces para crear sensaciones en el lector de acumulación o carencia, o de opresión y felicidad, según el caso. En estos ejemplos, se potencia la significación de un ambiente feliz. 
3) Epíteto y adjetivo embellecedor: “recogido dormitorio (…) pesadas cortinas de preciosas telas”. Es un modo de aportar plasticidad y visibilidad a los objetos descritos. 
4) Símil o comparación: “la alfombra era gruesa y mullida como musgo”; en este caso se crea una sensación táctil agradable identificable con el bienestar y confort. 
5) Metáfora entreverada de aliteración: “una red de rutilantes estrellas, cada una de las cuales era una perla de la felicidad”. Captamos muy bien la gracia que se extiende sobre el recién nacido, pues recibe la protección de las hadas y de los ángeles. 
6) Interrogación y exclamación retóricas: “–¡No!; –¿Falta?; –¡Vendrá, vendrá!”. Son modos de enunciación que aportan variedad y viveza. También imprimen cierta dinamicidad y naturalidad a los diálogos. 
7) Antítesis: “al palacio del emperador como a la cabaña del más pobre campesino”; los contrastes de términos en una misma oración crean colorido significado e incentivan la imaginación lectora. 
8) Sinestesia y personificación: “gruesas y amargas lágrimas caían al suelo”; son estos recursos muy apropiados para crear sensaciones lectoras muy intensas y para introducir al lector en la trama, como si lo estuviera viviendo. 
9) Símbolo: la perla, que contiene en su interior los colores del arco iris, funciona como símbolo de la unión de la vida terrena y la celestial, de la vida y de la muerte, de lo efímero con lo eterno. Este símbolo lo explica muy bien el ángel custodio al espíritu protector y a las hadas, de modo que nosotros también recibimos esa aclaración como si fuésemos testigos de ese acontecimiento. 
La maestría literaria de Andersen es bien visible. Con breves pinceladas crea ambientes misteriosos, enigmáticos, simbólicos, que sirven para incitar a una reflexión superior. El acierto en el empleo de las herramientas retóricas ayuda mucho a “revivir” el cuento en nuestra mente. Parece que todo cobra vida en nuestra mente, que todo lo sobrenatural es parte de la natural de manera sencilla y, valga la paradoja, lógica. 
 
8. Contextualización 
Hans Christian Andersen es un escritor romántico de formación. Cuando él desarrolla su carrera, el Romanticismo está en plena expansión; es, por tanto, hijo del tiempo romántico, movimiento artístico de hondas y duraderas huellas en el arte occidental. Andersen tuvo una infancia y una juventud duras y poco felices. Pasó hambre, fue marginado, fracasó como actor y músico… Sólo gracias a la protección de gente poderosa de su tiempo pudo completar sus estudios. Su biografía, en alemán, recoge muchos de sus sinsabores y su andar errático por Copenhague siendo un jovenzuelo sin oficio ni beneficio. Seguramente ni él mismo era consciente de su potencia creativa literaria. Cuando esta estalló, probablemente él fue el primer sorprendido, pero luego comprendió muy bien cómo desarrollar sus habilidades artísticas y por eso nos dejó unas de las obras más importantes y completas de la literatura romántica europea. 
Recordamos esquemáticamente cómo se manifiestan en este cuento los rasgos románticos: 
-Gusto por lo misterioso, lo sobrenatural y lo inexplicable, como se aprecia muy bien en “La última perla” a través de las hadas y los ángeles custodios. 
-Presencia de una naturaleza sintonizada con los sentimientos de los personajes. Compárese la que aparece al principio con la de la casa de la madre difunta y vemos el vivo contraste que se crea. 
-Gusto por el claro-oscuro, por los contrastes agudos e irreconciliables. Se puede ver en la actitud del ángel protector con la del custodio, o en la significación de las perlas, excepto la última, la Aflicción. 
-El destino juega un papel importante en la vida de las personas. Más allá de la voluntad personal, ciertas fuerzas más o menos identificables con el fatum están presentes en la vida de las personas. Y las desgracias acechan constantemente, sea uno rico o pobre. 
-Los sentimientos y emociones forman parte muy relevante de la vida y el carácter de las personas. Más allá de otras consideraciones –físicas, de carácter, etc.–, la alegría y la pena, la dicha y el dolor, son vectores de la vida que marcan y dirigen a las personas en su peregrinar humano. 
-La muerte y lo trágico están presentes como parte inherente de la vida. Eso, unido a una ambientación medieval, antigua, devienen en relatos misteriosos, intrigantes, donde existen más cosas de las que vemos, donde vivir es un reto de comprensión de fuerzas secretas y subterráneas que no se ven, pero están y operan. 
 
9. Interpretación 
Este magnífico relato de Andersen es mucho más que un cuento de hadas para niños. Posee una densidad significativa realmente asombrosa, como a continuación explicaremos. Con apenas unas pinceladas, Andersen nos desliza mensajes de suma gravedad: alegría y dolor son partes necesarias y complementarias de la vida del hombre, independientemente de su origen y condición social. Entre las perlas que nuestras hadas nos proporcionan también está la de la pena y la amargura; y no nos podemos librar de ellas; de algún modo, las necesitamos y son parte de nuestro itinerario. 
Por otro lado, no es malo que así sea. La última perla, la del desconsuelo, también posee su belleza y su importancia; en ella están los colores del arco iris, los que unen la tierra con el cielo, el día con la noche, la muerte con la resurrección, la pérdida de la vida con la reunión eterna con las personas que amamos y no olvidamos. 
La sabiduría consiste en comprender que, más allá del poder y la riqueza que el azar nos ha proporcionado en nuestro nacimiento, llevamos un collar de perlas donde la felicidad y el dolor siempre estarán ahí, acompañándonos. Depende de cómo giré el collar, así brillará más una u otra en cada ocasión, pero todas las perlas tendrán su momento estelar. Asimismo, ni lo bueno es siempre bueno en sí, ni lo malo, como el dolor, es tan nefasto. Todo sirve para recorrer un camino vital que, de algún modo, es la construcción de un puente que nos unirá, tras la muerte, con los seres amados y nunca olvidados. 
Como podemos apreciar, la hondura interpretativa de este breve cuento es enorme y asombrosa. Tras un amable relato de hadas cariñosas y comprensivas, se esconde una seria y grave reflexión sobre la vida del hombre. La vida celestial, tras la muerte terrena, es una realidad operante que conviene no olvidar. En ella sí podremos encontrar toda la felicidad que aquí, en la tierra, nunca se acaba de alcanzar, por nuestra condición humana. Nosotros, nuestro destino, nuestras hadas y ángeles protectores y custodios trabajan en la misma dirección: facilitar la sabiduría para que el hombre comprenda lo que de verdad es eterno y dichoso: la unión con los seres queridos y nunca olvidados. Llegaremos a ellos a través de las alas de Psique, el alma, “que nos levantarán de aquí”. La belleza de este cuento es escalofriante, conmovedora, duramente reflexiva, entre la esperanza y la agonía.    
 
10. Valoración 
 
“La última perla” es un maravilloso cuento muy bien escrito e ideado. Andersen establece un simbolismo perfecto entre la realidad material y la espiritual, entre los hombres y las hadas y ángeles, entre las alegrías y las penas, la plenitud y la desgracia. Es muy impactante el vivo contraste entre la risa y el llanto y, sobre todo, comprender que ambos son consustanciales a la vida del hombre. El ámbito material del hombre se complementa con el espiritual; ambos juntos jalonan un itinerario vital que finaliza en la muerte, que es la vida y el viaje hacia la plenitud. Es un misterio lo que esconden las estrellas, pero allí están los seres que queremos, y con ellos nos juntaremos tras nuestra muerte. Este tremendo mensaje se esconde en una anécdota casi irrelevante: la perla que falta en el collar del niño recién nacido; su búsqueda depara una tremenda sorpresa, de lo que no es fácil restablecerse. 
Andersen es un magnífico escritor de cuentos de hadas que nos transmiten las ilusiones y miedos del hombre en su peregrinar humano. Con sencillez, claridad y suma belleza literaria, la lectura nos interroga sobre nuestros anhelos y miedos más oscuros, pero acechantes. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
2.1. Comprensión lectora  
 
1) Resume el cuento (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.  
4) Analiza los personajes y establece su relevancia.  
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.  
6) Explica por qué este texto es un cuento de hadas.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico   
1) ¿Qué rasgos propios de los cuentos de hadas aparecen en este texto?  
2) ¿Se puede decir que la alegría y la pena son partes inseparables del hombre? Razona la respuesta.  
3) ¿Qué importancia posee nacer en una familia rica o pobre para ser feliz y evitar el dolor?  
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad?  
5) En el cuento aparecen dos mujeres. Sobre ellas, ¿qué podemos deducir del protagonismo y de la presencia de la muerte?  
6) ¿Qué simbolizan las perlas en este cuento?  
7) En la última intervención se habla de la perla de la Aflicción. El ángel custodio explica que “no puede faltar. Realza el brillo y el poder de las otras”. ¿Qué quiere decir con ello? 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Escribe un cuento de hadas con un contenido más o menos inspirado en el cuento de “La última perla”. 
2) ¿Es bueno creer en hadas, ángeles custodios y protectores? Razona tu respuesta e imagina cómo pueden intervenir.  
3) Realiza una exposición sobre Hans Christian Andersen, sus cuentos y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de paisajes idóneos para actividades humanas, siguiendo el ejemplo de Andersen: una casa alegre, con cantos, para ambientar el nacimiento; otra triste, fría y silenciosa, para ambientar la muerte.
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Horacio Quiroga:”El loro pelado”; análisis y propuesta didáctica

HORACIO QUIROGA: “El loro pelado”, Cuentos de la selva para niños (1918) 
 
Había una vez una banda de loros que vivía en el monte. 
De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien. 
Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones los cazaban a tiros. 
Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la casa, para los hijos del patrón, y los chicos lo curaron porque no tenía más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en la oreja. 
Vivía suelto y pasaba casi todo el día en los naranjos y eucaliptos del jardín. Le gustaba también burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco de la tarde, que era la hora en que tomaban el té en la casa, el loro entraba también en el comedor, y se subía con el pico y las patas por el mantel, a comer pan mojado en leche. Tenía locura por el té con leche. 
Tanto se daba Pedrito con los chicos y tantas cosas le decían las criaturas, que el loro aprendió a hablar. Decía: «¡Buen día, lorito!…»«¡Rica la papa!…» «¡Papa para Pedrito!…» Decía otras cosas más que no se pueden decir, porque los loros, como los chicos, aprenden con gran facilidad malas palabras. 
Cuando llovía, Pedrito se encrespaba y se contaba a sí mismo una porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componía, volaba entonces gritando como un loco. 
Era, como se ve, un loro bien feliz, que además de ser libre, como lo desean todos los pájaros, tenía también, como las personas ricas, su five o’clock tea. 
Ahora bien: en medio de esta felicidad, sucedió que una tarde de lluvia salió por fin el sol después de cinco días de temporal, y Pedrito se puso a volar gritando: 
–¡Qué lindo día, lorito!… ¡Rica, papa!… ¡La pata, Pedrito! –-y no volaba lejos, hasta que vio debajo de él, muy abajo, el río Paraná, que parecía una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió, siguió volando, hasta que se asentó por fin en un árbol a descansar. 
Y he aquí que de pronto vio brillar en el suelo, a través de las ramas, dos luces verdes, como enormes bichos de luz. 
–¿Qué será? –se dijo el loro–. ¡Rica, papa!, ¿Que será eso? ¡Buen día, Pedrito!… 
El loro hablaba siempre así, como todos los loros, mezclando las palabras sin ton ni son, y a veces costaba entenderlo. Y como era muy curioso, fue bajando de rama en rama, hasta acercarse. Entonces vio que aquellas dos luces verdes eran los ojos de un tigre que estaba agachado, mirándolo fijamente. 
Pero Pedrito estaba tan contento con el lindo día, que no tuvo ningún miedo. 
–¡Buen día, tigre! –le dijo–. ¡La pata, Pedrito! 
Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca que tiene, le respondió: 
–-¡Bu-en día! 
–¡Buen día, tigre! –repitió el loro–. ¡Rica papa!… ¡rica, papa!… ¡rica, papa!… 
Y decía tantas veces «¡rica papa!» porque ya eran las cuatro de la tarde, y tenía muchas ganas de tomar té con leche. El loro se había olvidado de que los bichos del monte no toman té con leche, y por esto lo convidó al tigre. 
–¡Rico té con leche! –le dijo–. ¡Buen día, Pedrito!… ¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre? 
Pero el tigre se puso furioso porque creyó que el loro se reía de él, y además, como tenía a su vez hambre, se quiso comer al pájaro hablador. Así que le contestó: 
¡Bue-no! ¡Acérca-te un po-co que soy sor-do! 
El tigre no era sordo; lo que quería era que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zarpazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto que tendrían en la casa cuando él se presentara a tomar té con leche con aquel magnífico amigo. Y voló hasta otra rama más cerca del suelo. 
–¡Rica, papa, en casa! –repitió gritando cuanto podía. 
–-¡Más cer-ca! ¡No oi-go! -respondió el tigre con su voz ronca. 
El loro se acercó un poco más y dijo: 
–¡Rico, té con leche! 
–-¡Más cer-ca to-da-vía! –repitió el tigre. 
El pobre loro se acercó aún más, y en ese momento el tigre dio un terrible salto, tan alto como una casa, y alcanzó con la punta de las uñas a Pedrito. No alcanzó a matarlo, pero le arrancó todas las plumas del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola. 
¡Toma! –rugió el tigre–. Anda a tomar té con leche… 
El loro, gritando de dolor y de miedo, se fue volando, pero no podía volar bien, porque le faltaba la cola que es como el timón de los pájaros. Volaba cayéndose en el aire de un lado para otro, y todos los pájaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro. 
Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo de la cocinera. ¡Pobre Pedrito! Era el pájaro más raro y más feo que puede darse, todo pelado, todo rabón, y temblando de frío. ¿Cómo iba a presentarse en el comedor, con esa figura? Voló entonces hasta el hueco que había en el tronco de un eucalipto y que era como una cueva, y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza. 
Pero entretanto, en el comedor todos extrañaban su ausencia: 
–¿Dónde estará Pedrito? –decían. 
Y llamaban: 
–¡Pedrito! ¡Rica, papa, Pedrito! ¡Té con leche, Pedrito! 
Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni respondía nada, mudo y quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos creyeron entonces que Pedrito había muerto, y los chicos se echaron a llorar. 
Todas las tardes, a la hora del té, se acordaban siempre del loro, y recordaban también cuánto le gustaba comer pan mojado en té con leche. ¡Pobre Pedrito! Nunca más lo verían porque había muerto. 
Pero Pedrito no había muerto, sino que continuaba en su cueva sin dejarse ver por nadie, porque sentía mucha vergüenza de verse pelado como un ratón. De noche bajaba a comer y subía enseguida. De madrugada descendía de nuevo, muy ligero, e iba a mirarse en el espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardaban mucho en crecer. 
Hasta que por fin un día, o una tarde, la familia sentada a la mesa a la hora del té vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceándose como si nada hubiera pasado. Todos se querían morir, morir de gusto cuando lo vieron bien vivo y con lindísimas plumas. 
–¡Pedrito, lorito! –le decían–. ¡Qué te pasó, Pedrito! ¡Qué plumas brillantes que tiene el lorito! 
Pero no sabían que eran plumas nuevas, y Pedrito, muy serio, no decía tampoco una palabra. No hacía sino comer pan mojado en té con leche. Pero lo que es hablar, ni una sola palabra. 
Por eso, el dueño de casa se sorprendió mucho cuando a la mañana siguiente el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como un loco. En dos minutos le contó lo que le había pasado: un paseo al Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo demás; y concluía cada evento, cantando: 
–¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni una pluma! ¡Ni una pluma! 
Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos. 
El dueño de la casa, que precisamente iba en ese momento a comprar una piel de tigre que le hacía falta para la estufa, quedó muy contento de poderla tener gratis. Y volviendo a entrar en la casa para tomar la escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay. Convinieron en que cuando Pedrito viera al tigre, lo distraería charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacito con la escopeta. 
Y así pasó. El loro, sentado en una rama del árbol, charlaba y charlaba, mirando al mismo tiempo a todos lados, para ver si veía al tigre. Y por fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente debajo del árbol dos luces verdes fijas en él: eran los ojos del tigre. 
Entonces el loro se puso a gritar: 
–-¡Lindo día!… ¡Rica, papa!… ¡Rico té con leche!… ¿Quieres té con leche?… 
El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esa vez no se le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca: 
–-¡Acér-ca-te más! ¡Soy sor-do! 
El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando: 
–¡Rico, pan con leche!… ¡ESTÁ AL PIE DE ESTE ÁRBOL!… 
Al oír estas últimas palabras, el tigre lanzó un rugido y se levantó de un salto. 
–-¿Con quién estás hablando? —bramó–. ¿A quién le has dicho que estoy al pie de este árbol? 
–¡A nadie, a nadie! –gritó el loro–. ¡Buen día, Pedrito!… ¡La pata, lorito!… 
Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero él había dicho: está al pie de este árbol para avisarle al hombre, que se iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro. 
Y llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó: 
–¡Rica, papa!… ¡ATENCIÓN! 
–-Más cer-ca aún! –rugió el tigre, agachándose para saltar. 
–¡Rico, té con leche!… ¡CUIDADO, VA A SALTAR! 
Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también en ese mismo instante el hombre, que tenía el cañón de la escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un bramido que hizo temblar el monte entero, cayó muerto. 
Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba! Estaba loco de contento, porque se había vengado -¡y bien vengado!- del feísimo animal que le había sacado las plumas! 
El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor. 
Cuando llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol, y todos lo felicitaron por la hazaña que había hecho. 
Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el comedor para tomar el té, se acercaba siempre a la piel del tigre, tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar té con leche. 
–¡Rica, papa!… –le decía–. ¿Quieres té con leche?… ¡La papa para el tigre! 
Y todos se morían de risa. Y Pedrito también. 
 
Horacio Quiroga (Salto, Uruguay, 1878 – Buenos Aires, Argentina, 1937) 

 

1. ANÁLISIS 
1. Resumen
El loro Pedrito, en su alegría vital, es capturado por unos peones de un rancho, en algún lugar cerca del río Paraná, entre Argentina y Paraguay. Pronto pasa a formar parte de la familia; aprende oraciones y hace reír a todo el mundo. Al encontrarse casualmente con un tigre, desea entablar amistad y lo invita a tomar el té de las cinco con él y su familia. El felino lo que desea es merendarlo y a punto está de matarlo de un zarpazo. El loro logra huir, pero pierde muchas plumas y queda “pelado”, como afirma el título. De feo que se ve, se esconde en el hueco de un árbol y no reaparece hasta recuperar el aspecto antiguo. Le cuenta al patrón lo que le ha pasado; este desea capturar un tigre para emplearlo como alfombra. Vuelven al lugar del primer encuentro y el loro Pedrito hace que el tigre se exponga; pronto cae abatido por los perdigonazos del patrón. Desde entonces, Pedrito se burla de él ofreciéndole papas, para alegría de la familia y del mismo loro. 
 
2. Tema 
 La frustración por el ofrecimiento de una amistad rechazada conduce a la venganza, para satisfacción de humanos y animales. 
 
3. Apartados temáticos 
Estamos ante un cuento de disposición lineal, lógica y clásica: introducción o presentación de los personajes y el conflicto, desarrollo de la intriga o nudo, y final o desenlace, es decir, resolución de la tensión narrativa.  
El primer apartado temático ocupa los ocho primeros párrafos (desde el principio hasta “… five clock tea”. El segundo apartado abarca desde el párrafo nueve hasta el octavo contando del final al principio (desde “Ahora bien…”, hasta “¡CUIDADO, VA A SALTAR!”). El tercer apartado de contenido se extiende desde el séptimo párrafo (contando a la inversa) hasta el final del cuento (desde “Y el tigre saltó, en efecto…”, hasta “Y Pedrito tambien”). 
 
4. Personajes 
El protagonista es Pedrito, un loro charlatán, afable y cariñoso. Pero cambia su carácter cuando el tigre rechaza su amistad, lo quiere comer y queda “pelado”. Entonces se hace vengativo por sentirse traicionado. Habla mucho, aunque casi siempre con las mismas frases. Es lo propio de un loro; responde, en este aspecto, al estereotipo que tenemos de esta ave. 
El antagonista es el tigre (que debemos entender por jaguar, naturalmente), que se nos presenta como un animal solitario, serio y agresivo. No busca la maldad ni el daño gratuitamente; al fin y al cabo, solo quiere comer. El resto de los personajes, que son humanos, son secundarios. Tal vez el patrón, que mata al tigre por hacer una alfombra con su piel cerca de la chimenea de su salón, destaca de entre los humanos, este sí, por su crueldad y caprichismo un tanto injustificado. Son personajes sorprendentemente redondos: evolucionan según cambian las circunstancias y han de pasar por diferentes vicisitudes, sobre todo el loro Pedrito. 
 
5. Lugar y tiempo 
La acción se desarrolla en un marco hispanoamericano, y en un ambiente selvático. Los dos topónimos que aparecen (Paraná y Paraguay) nos permiten localizar la acción en el territorio argentino separado de Paraguay por el río Paraná (el loro y el dueño “emprendieron el viaje al Paraguay”). Es una naturaleza indómita, bastante selvática y, a ojos occidentales o urbanos, exótica. 
El tiempo de la escritura ronda los años previos a 1918 (hace ahora justamente un siglo), momento en que se publicó el libro de cuentos infantiles de Horacio Quiroga. Acaso se publicó antes en una publicación periódica, pero ignoramos este dato. El tiempo de la acción narrada es contemporáneo al de la escritura: dos primeras décadas del siglo XX. El ambiente descrito, el tipo de casa y de actividades que se desarrollan son los propios de esa época. La duración de la acción está difusa. El narrador evita ofrecer claves temporales precisas. Por eso, podemos decir que el cuento se extiende durante meses, acaso un año, aproximadamente. 
  
6. Narrador 
El narrador aparece en tercera persona, externo (heterodiegético), con omnisciencia total y objetivo. No se involucra en la acción ni en los personajes, aunque existen ligerísimas excepciones cuando realiza afirmaciones generales –-se aprecia bien en los cuatro primeros párrafos–. 
 
7. Procedimientos narrativos y recursos estilisticos 
Quiroga emplea los tres procedimientos propios del texto narrativo. La narración (“El pobre loro se acercó aún más…”); la descripción (“Vivía suelto y pasaba casi todo el día en los naranjos…”); y, finalmente, el diálogo, introducidos todos ellos por la raya inicial de párrafo, y solo una vez por el entrecomillado, cuando Pedrito habla por primera vez. 
Los recursos estilísticos son muy abundantes y embellecen notablemente el discurso narrativo. El hecho de que el cuento esté protagonizado por animales antropomorfizados explica la presencia de algunos de ellos, que a continuación numeramos, para mayor comodidad lectora: 
1) La aliteración, la onomatopeya y la repetición retórica están presentes en casi todas las intervenciones del loro Pedrito: ¡Buen día, lorito! ¡Rica la papa! ¡La para para el lorito! ¡La pata, Pedrito! son las expresiones que más se reiteran en boca del loro. También ahí aparece la exclamación retórica, la paronomasia, el juego de palabras y la elipsis. 
2) La comparación o símil también está muy presente: “Charlando como un loco”, “Balanceándose como si nada hubiera pasado” son algunos ejemplos. Aportan colorido y gran expresividad 
3) La metáfora también se emplea con bastante frecuencia: “De sus ojos brotaron dos rayos de ira”; esta frase, aplicada al tigre, nos permite entender muy bien la mirada penetrante y pavorosa. 
4) Las apóstrofes, lógicamente, abundan. El loro llama a sus amigos los humanos, o interpela al tigre, como en “¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre?”. Suelen aparecer en oraciones exclamativas e interrogativas, lo cual es esperable. 
5) Bimembraciones y enumeraciones también jalonan el texto: “… en los naranjos y eucaliptos del jardín…”, “el loro se curó muy bien, y se amansó completamente”. Estas construcciones paralelísticas y enumerativas aportan musicalidad, cadencia y un ritmo narrativo melodioso y fluido. 
6) La hipérbole hace acto de presencia en varias ocasiones: cinco días ininterrumpidos de temporal, el loro todos los días recordaba al tigre, un bramido “que hizo temblar el monte entero”, etc. Es un procedimiento muy esperable en este tipo de relatos, pues aumentan la plasticidad poderosamente. 
7) La antropomorfización es un elemento clave en la composición textual. El tigre y el loro piensan y actúan como hombres. Adquieren y representan los vicios y virtudes del ser humano. Sin embargo, Quiroga mantiene un sutil equilibrio entre la parte animal y la humana; nunca sabemos del todo en qué terreno se desenvuelve la acción y las motivaciones de los dos animales. Es un modo de aumentar la intriga, la polisemia significativa y la atracción lectora. 
 
8. Contextualización socio-histórica y autorial 
El narrador uruguayo-argentino Horacio Quiroga (Salto, Uruguay, 1878 – Buenos Aires, Argentina, 1937) representa muy bien el extraordinario cultivo del cuento en las primeras décadas del siglo XX en Hispanoamérica. Sus relatos breves (recogidos en obras como Cuentos de amor, de locura y de muerte y Cuentos de la selva) poseen una gran calidad y entroncan el cuento en lengua española con la mejor tradición occidental del siglo XIX, representada en E. A. Poe, especialmente. 
La atención a la arquitectura compositiva adquiere un papel relevante: equilibrio entre las partes, tendencia a la elipsis, por lo que se potencia mucho la elisión y la alusión como recursos nucleares para comprender el cuento, etc. El lenguaje recibe una especial atención: la elaboración y el cuidado estilísticos son líneas de escritura fundamentales (a tono con el modernismo, muy bien manifestado, por ejemplo, en los cuentos de Rubén Darío).  
La ubicación espacio-temporal se apega notablemente a la realidad cotidiana del autor y de los lectores. Casi podemos ver la chacra, los peones, los árboles, la “cinta ancha y blanca” del Paraná, etc.Por el contrario, y de modo complementario, se busca la parte de la realidad más oculta, menos accesible, es decir, con potencial simbólico: las cosas son y expresan mucho más de lo que aparentan a primera vista. Objetos, paisajes y acciones, humanas o no, esconden unas correspondencias secretas (Baudelaire, al fondo) que explican la auténtica esencia del mundo y el orden lógico, críptico, que lo sustenta. 
Este cuento de Quiroga se dirige a los niños, pero ofrece amplia materia de reflexión también para el adulto. El mundo animal se rige también por leyes naturales primarias, muchas veces violentas y hasta crueles, pero necesarias y justas en sí mismas. Quiroga muestra una especial querencia por el tema del choque entre hombre y naturaleza, entre “civilización y barbarie”, como se decía en la época. 
 
9. Interpretación 
 Un cuento infantil sobre un loro pelado es la puerta de acceso a una lectura literaria muy placentera y reflexiva. Quiroga cuida extraordinariamente la lengua literaria, matiza su texto con un lenguaje selecto, incisivo y estéticamente intencionado. De ahí que la elipsis y la alusión jueguen un papel tan importante en este delicioso cuento. 
En el fondo, plantea una reflexión sobre la espontaneidad, la justicia, la amistad y la venganza. Pedrito, el loro pelado, solo busca ser amigo del tigre, pero este tan solo desea satisfacer su apetito y seguir con su vida. El loro casi muere, pero al final, quien lo hace, es el tigre, y no por malo, sino porque la vida es así, incluyendo el caprichismo humano. 
Tras las risas, porque el cuento es gracioso, provocadas por el comportamiento un tanto aparatoso del loro, su modo cacofónico de hablar, sus caricias con su pico, detrás de las orejas, a los dueños, Quiroga nos desliza un interrogante arduo de contestar: ¿quién es el malo en este concierto natural? Seguramente, nadie. Cada uno hace lo necesario para sobrevivir con cierta holgura, eso es todo. 
 
10. Valoración 
Destacaríamos de este cuento cuatro valores importantes: 
-El lenguaje empleado es muy cuidado, a veces llega a lo poético, siempre procede de una selección estética rigurosa. No existe ganga, todo es significativo. 
-La arquitectura narrativa es sencilla, pero muy eficaz: la trama fluye, pero está jalonada por hitos (encuentro casual del loro y el tigre, la cercanía de la muerte de aquel, su vergüenza posterior por quedar desplumado, su venganza y los chistes cotidianos de Pedrito, el loro, ante la alfombra del tigre, a costa del felino). 
-El humor y la gracia son parte consustancial de este cuento. El modo de hablar de Pedrito, sus diálogos con unos y otros, su imagen de loro pelón, etc., sin duda son elementos humorísticos que, en una primera instancia, provocan risa.  
-La incitación a la reflexión es un valor muy destacable. Tras la sonrisa, viene el pensamiento. ¿Por qué el loro se quiere vengar del tigre? ¿Casi por haberlo matado? Pues no especialmente, sino por haber rechazado su amistad y por haberlo avergonzado ante la familia con la que vive. ¿Tan importante es la amistad y la satisfacción con la imagen de uno mismo? Evidentemente, sí; y para disolver las dudas, que se lo pregunten al loro escondido en el agujero de un eucalipto durante meses para que no lo vieron todo desastrado. 
Quiroga nos ha regalado un delicioso cuento de animales y humanos, con algún toque de fábula y con unas gotas de apólogo, pero con una ambientación moderna e hispanoamericana, lo cual crea un vivo contraste. De este modo, “El loro pelado” resulta una lectura rica e incitadora a la reflexión. Aquí reside su calidad y su actualidad, a pesar de que han transcurrido cien años desde su publicación. 
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el cuento (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos del texto: presentación de los personajes, del marco espacio temporal y de las acciones y el conflicto, desarrollo argumental y conclusión o cierre.  
4) Delimita el espacio y el tiempo en el que discurre la acción. 
5) Analiza los personajes y su relevancia.  
6) Comenta la figura del narrador. 
7) Señala los procedimientos narrativos empleados y una docena de recursos retóricos que sirvan para crear imágenes, expresividad, significación, etc.  
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. Fíjate especialmente en el juego con los sonidos y la repetición de palabras.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué animales aparecen en el cuento? Explica el concepto de antropomorfización. Esos animales, ¿encarnan valores positivos o negativos? 
2) Indica los tipos de emociones que aparecen en el cuento, por ejemplo, el de la venganza.  
3) El loro Pedrito está a punto de morir dos veces. ¿Tiene influencia en su comportamiento?  
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad? ¿Y del desprecio? Indica en qué personajes se verifica su relevancia. 
5) El hecho de que Pedrito quede rabón tras el ataque del tigre, ¿qué repercusiones tendrá?  
6) El final, ¿es duro, cómico, o las dos cosas a la vez?  
7) Los hombres, ¿se conducen con los mismos criterios existenciales que los animales? Razona tu respuesta. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Escribe un poema o texto en prosa, con intervención de animales, en el que se desarrollen conflictos más o menos similares a los del cuento de Quiroga. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el tigre y el loro Pedrito, si el tigre no hubiera tenido hambre.  
3) Realiza una exposición sobre Horacio Quiroga, su literatura y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes –de animales, o de paisajes, por ejemplo–, o localiza melodías musicales que sirvan para ambientar un relato en el que se aprecie el choque de lo salvaje y lo civilizado o domesticado, entre lo natural y lo artificial.
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Rafael Alberti: “El tonto de Rafael”; análisis y propuesta didáctica

RAFAEL ALBERTI: “EL TONTO DE RAFAEL 
Por las calles, ¿quién aquél?      1
¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,                  5
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!                   10
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,            15
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas           20
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?                            25
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.                 30
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael! 
 
Publicado en la revista Lola (1928), luego incorporado a distintos poemarios como Marinero en tierra y otros libros posteriores. 

 

  1. ANÁLISIS 
1. Resumen 
Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902 – 1999) es uno de los más originales y sorprendentes poetas de la Generación del 27. Pasó por varias etapas creativas, en las que dejó libros muy importantes: neopopulismo, surrealismo, poesía social, poesía del exilio tras la guerra civil española, etc. 
El poema que ahora comentamos está a medio camino entre la poesía neopopular, por tema y tono, y la vanguardista, por las imágenes descoyuntadas, la ruptura de las formas métricas clásicas y cierta tendencia al juego poético jocoserio. Muchos de los efectos fónicos y léxicos se producen a través de la paronomasia y la onomatopeya. Lo que crea un vivo contraste con la expresión velada de un sentimiento de malestar personal, que incluye la ruptura de la lógica cotidiana. 
El poema se resume en un “retrato burlesco” (es la etiqueta más repetida entre la crítica) que Alberti realiza de sí mismo. El poeta se transfigura en un yo poético pobre, errabundo, desnortado, risible, aunque con unos pocos amigos que lo sostienen a duras penas. Se dibuja a sí mismo como un individuo que avanza, física y metafóricamente, por la vida sin rumbo, sin criterio, haciendo tonterías porque no sabe hacer otra cosa. El yo poético está desdoblado, lo que significa que los verbos aparecen en tercera persona, y no primera. Es como si se viera en un espejo y describiera fría y, al tiempo, ásperamente, al personaje que ve, sin importarle o sin ser consciente que es él mismo. El nombre del personaje descrito coincide con el del poeta: Rafael. Por cierto, el yo poético se deja ver cuando afirma: “sin plumas, digo, sin pelo” (v. 6); quien se ve en el espejo, también se deja ver en el poema. 
Se llama a sí mismo “tonto” (v.3), por primera vez muy pronto. Luego repite esa palabra siete veces, sin contar “tontaina”, “lila” y “cretino”, adjetivos descalificadores aplicados al “tonto de Rafael”. Las cinco imágenes que, vía metafórica principalmente, le endilga a Rafael también son terribles: “tonto llovido del cielo” (v.3); “mal pollito colipavo” (v.5); “grillo tomatero” (v. 13), “canario de la fresquera” (v. 15), “tonto del higo” (v. 19). Las dos últimas imágenes del poema cierran hiperbólicamente la tontuna que encierra el personaje: es tan idiota que lo raptarán, sin saberlo, para la corte de un santo popular, falso y risible: “San Jinojito el lila” (v.30). Por donde pasa, se levantan voces –acaso de burla, de asombro o de rechazo— que crean un eco “cretino” (v.32), metonimia de la estupidez de Rafael el tonto. 
 
2. Tema 
El asunto principal de este poema es la presentación de un retrato satírico-humorístico de un hombre estúpido, más o menos identificable con el yo poético, que remite al propio poeta, pues la coincidencia del nombre así invita a pensarlo. 
 
3. Apartados temáticos 
Como el poema está dividido por la aparición de un estribillo, es fácil percatarse de que cada estrofa o cada tramo de versos entre el estribillo forma una sección de contenido. Así, tenemos: 
-Una primera parte (vv. 1-2) que, es el estribillo, que luego se repetirá cuatro veces (vv. 9-10, 17-18, 25-16 y 33-34), con pequeñas variaciones. Se pregunta en una interrogación retórica, elíptica en sí misma, sobre alguien que aparece a la vista y resulta ser “¡El tonto de Rafael!”. 
-La segunda parte (vv. 3-8) refiere que Rafael es pobre, feo y blanco de castigos o burlas de los demás (“todos le pican a él”, v. 8). 
-La tercera parte (vv. 11-16) lo presenta como humilde, insignificante (el yo poético lo animaliza comparándolo con un grillo tomatero, pero sin tomate, y un canario nada noble). 
-La cuarta parte (vv. 19-24) lo presenta como doblemente tonto y errando por las calles, sin rumbo y metido en líos. Sin embargo, algunos amigos le ayudan a sacarlo de esos malos pasos. 
-La quinta parte (vv. 27-32) lo presentan como personaje pasivo. Algunos malvados (“patos con gafas”, v. 27) lo raptarán para engrosar la corte de un personaje de ficción popular, carnavalesco y bromista: “San Jinojito el lila”, es decir, el príncipe o santo de los tontos. Luego el yo poético oye un ruido de fondo, como de algo inaudito que ocurre: es el tonto de Rafael que se acerca. 
 
4. Análisis métrico, de rima y estrófico 
Alberti realiza un alarde de originalidad métrica con este poema, mezclando elementos tradicionales y populares con otros más rupturistas y innovadores. Los versos son mayoritariamente octosílabos, excepto el primero del estribillo, que es tetrasílabo (no se respeta en el estribillo primero (v. 1) y último (v. 33), que también son octosílabos). El verso tetrasílabo guarda un parecido lejano con la copla de pie quebrado o sextina manriqueña. 
La rima es muy regular: primero el estribillo, que forma un pareado (a, a); luego una redondilla (b, c, c, b); sigue un verso de vuelta (b) y otro de enlace (a); y así sucesivamente en el resto de las estrofas. Como se puede apreciar, la estructura corresponde, más o menos, a la de un villancico; también recuerda, más lejanamente, la del zéjel. 
 
5. Empleo de los recursos estilísticos 
El poema se basa en el empleo repetido y llamativo de la onomatopeya (“¡Pío-pic!”, v. 7; “bolas, bolindres, pamplinas”, v. 21; etc.), la interrogación y la exclamación retóricas que aparecen en el estribillo (repetido cinco veces): “¿Quién aquel? / ¡El tonto de Rafael!” (vv. 9-10, por ejemplo). Acompañan a estos recursos la derivación o políptoton (“pica” – “pican”, vv. 7-8; “tomate” – “tomatero”, vv. 12-14; tonto – tontamente, vv. 26-2); la repetición (“tomatero”, vv. 12-13); la antítesis (“no imperial, sí tomatero”, v. 12); etc. 
La animalización es evidente, con una intención degradante y jocosa. Al “tonto de Rafael” lo asimila con un “mal pollito colipavo / sin plumas, digo, sin pelo” (vv. 5-6). Luego, lo identifica con un grillo tomatero sin tomate (vv. 12-14). Sigue otra con un canario de la fresquera, más vulgar y distinto al de alcoba o girasol (vv. 15-16). Ahí acaba esta animalización para continuar con imágenes risibles y degradantes, sin perder la figura humana (ahora la pierden otros, como los esbirros de San Jinojito, que son “patos con gafas”). En esta línea, lo adjetiva de “tonto llovido del cielo” (v. 3), “Tontanina tonto del higo” (v. 19). Los versos finales encierran una hipérbole degradante: es tan tonto que por donde pasa levanta un murmullo que es un “cretino eco fiel” (v. 32) de su propia estampa. 
También juega un papel importante la sinonimia (sobre todo, referida al concepto de “tonto”), diseminada a lo largo del poema; y la enumeración (“bolas, bolindres, pamplinas”, v. 21) 
El conjunto del poema muestra imágenes muy poderosas y sensitivas –visuales y acústicas–, incluso un tanto agresivas. Todo ello nos muestra a un poeta con alto dominio del lenguaje poético y virtuoso de la lengua. 
 
 
6. Contextualización socio-histórica y autorial 
Rafael Alberti es un estupendo poeta de la Generación del 27. Como en el resto de los miembros de su grupo poético, se aprecia una poesía inicial neopopulista, para pasar luego a una fuerte influencia de las Vanguardias. Justamente en este poema podemos apreciar ambas corrientes. Alberti era entonces un joven de 26 años, en fase de formación, sometido a fuertes tensiones internas sobre su proyecto de artista (por ejemplo, dudó mucho entre decantarse por la pintura o por la literatura). 
Al lado de una métrica tradicional y de recursos más previsibles, aparecen imágenes de ecos surrealistas (“Patos con gafas, en fila, / lo raptarán tontamente / en la berlina inconsciente / de San Jinojito el lila” vv. 27-30), ruptura del orden lógico del discurso (“bolas, bolindres, pamplinas / y pimientos que no digo”, vv. 21-22). Asociaciones audaces entre términos que a duras penas guardan lógica, como en el ejemplo previo, etc. En esta línea, el choque soterrado pero permanente entre lo serio y festivo, entre la reflexión algo amarga y la imagen graciosa y humorística, circulan por todo el poema y le aportan una enorme riqueza interpretativa. Justamente esta mezcla de ambos elementos hace de este poema un magnífico ejemplo de poesía libre, irreverente, como buscando un espacio de expresión no convencional. 
 
7. Interpretación 
No es fácil contestar a la pregunta: ¿qué me quiere transmitir el poeta? Por momentos, lo festivo y medio carnavalesco parecen primar, pero pronto llegan imágenes sombrías de severa censura contra sí mismo. Parece que se ríe de sí mismo y que lamenta con amargura su tontería. Esta anfibología semántica y significativa está presente en todo el poema y es lo que deja al lector, tras su lectura, un rictus que primero es de risa y luego de pena, o de duda.  
La factura formal del poema es impecable, musical, intensamente visual y muy impactante. Cada imagen se clava en el lector con intensidad y firmeza. Sin embargo, todo se ve cuestionado sobre la intención que le debemos dar a todo ello. ¿Bromas o veras? ¿Verdad o mentira? ¿Juego o reflexión? El lector ha de decidir por sí mimo y, en definitiva, entrar en el juego literario de Alberti: soy y no soy yo, ¿tú, lector, lo sabes mejor que yo? Y con esta interrogante nos deja. 
 
8. Valoración 
Estamos ante un hermoso poema, plurisignificativo, jocoserio y ambiguo. El destrozo que el poeta hace de su propia imagen se ve compensada por el componente lúdico y humorístico del texto. La impecable factura formal y el torrente de imágenes incisivas nos permiten apreciar a un Alberti joven y como despreocupado, pero, al mismo tiempo, preocupado por indagar en su verdadera personalidad. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
 
2.1. Comprensión lectora  
 1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos del poema.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, burlesco, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo las referidas a la imagen del “tonto de Rafael” y su identificación con objetos y animales risibles o despreciables.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. Fíjate especialmente en el juego con los sonidos y la repetición de palabras.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
 1) ¿Qué animales aparecen en el poema? ¿Simbolizan valores positivos o negativos? 
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético sobre sí mismo.  
3) Fíjate en las actividades que realiza el tonto Rafael: ¿son buenas o malas, importantes o insignificantes? ¿Qué importancia poética posee la gente en el poema?  
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad? ¿Y del desprecio? 
5) El poema afirma que Rafael es un “tonto llovido del cielo” (v. 3). ¿Qué quiere decir esa expresión exactamente?  
6) En el poema se aprecia como si el poeta sintiera pena o desprecio por el tonto de Rafael. Localiza expresiones donde se vea esta contradicción.  
7) Explica el sentido de la expresión “Mas nunca le falta un amigo / que le mendigue un clavel” (vv. 23-24). 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Escribe un poema o texto en prosa que exprese el retrato risible de un personaje, que puede ser como una imagen chistosa de uno mismo. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática el tonto de Rafael y el poeta Rafael Alberti.  
3) Realiza una exposición sobre Rafael Alberti, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes –de animales, por ejemplo–, o localiza melodías musicales que sirvan para describir a una persona muy determinada (muy inteligente, muy activo, muy buen deportista, etc.).  
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Gerardo Diego: “Romance del Duero”; análisis y propuesta didáctica

GERARDO DIEGO: “ROMANCE DEL DUERO” 
(1) Río Duero, río Duero,                     1
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
(2) Indiferente o cobarde,                   5
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
(3) Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,             10
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
(4) Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas          15
palabras de amor, palabras.
(5) Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.               20
(6) Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
(7) sino los enamorados                  25
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

 

  1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Gerardo Diego (Santander, 1896 – Madrid, 1987) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Como todos los miembros de este grupo, pasó por una etapa de aprendizaje e iniciación clásica; otra de influencia profunda de las vanguardias –en el caso de Diego, el creacionismo fue la corriente que cultivó con intensidad y acierto–; a continuación, otra de neopopulismo más o menos tradicionalista; y, tras la guerra civil, cada uno de sus componentes buscó su camino y su voz dentro o fuera de España, a causa del desgarrón de la guerra fratricida. En el caso de Diego, su poesía se torna más reconcentrada, esencialista, con preferencia por temas cotidianos y actuales.
El poema que comentamos, “Romance del Duero”, procede del libro Soria. Galería de estampas y efusiones (1923). Tendría otras ediciones ampliadas; la última, de 1947. Recordemos que Gerardo Diego ejerció la cátedra de Literatura del Instituto General y Técnico de Soria –hoy IES “Antonio Machado”– entre el otoño de 1920 y el verano de 1922, es decir, dos cursos escolares. En consecuencia, su conocimiento de la geografía soriana es de primera mano, amplio y profundo. Siendo él cántabro, el impacto de la ciudad, los pueblos y el paisaje soriano fue muy hondo y de inmediato ejerció una fuerte atracción en su sensibilidad poética. Es lo que le había ocurrido a Antonio Machado casi dos décadas antes, aunque de un modo mucho más trágico, pues la muerte de Leonor todo lo ensombreció.
El yo poético contempla y dialoga con el río Duero. El poema es el resultado de esa comunicación intima, afectiva e intensa. El yo poético proclama que el río canta o lleva una canción en sus aguas, pero pocos se detienen a escucharla. La ciudad le da la espalda, pero él lleva palabras de amor. El yo poético lamenta no poseer el don del río de cantar siempre la misma canción, pero con distinta agua, es decir, la letra. Todos parecen haber perdido el interés por la melodía del río. ¿Todos? No, quedan los enamorados, que se acercan a él a buscar respuestas a sus sentimientos y lanzar sus lamentos o dichas de amor al agua, para que las lleve a su destinatario.
2. Tema
El asunto de este poema se puede enunciar así: contemplación dialógica del yo poético con el río Duero a su paso por la ciudad de Soria, en el que muestra su admiración por la música que el río canta a lo largo de los siglos.
3. Apartados temáticos
Este poema se puede considerar de temática unitaria: se trata de una contemplación y de un diálogo –casi monólogo– entre el yo poético y el río Duero, con una línea recurrente: el río posee una melodía propia que pocos desean ya escuchar. Sin embargo, bien mirado, podemos apreciar distintas modulaciones de contenido, que dan como resultado los siguientes apartados temáticos:
A) Las tres primeras estrofas forman una sección de contenido: en la primera estrofa se enuncia un hecho; el río discurre solo y nadie va a escuchar su canción. En la segunda estrofa se aporta la causa: la indiferencia y cobardía de los ciudadanos, que le han dado la espalda. La tercera estrofa establece la consecuencia: el río entona su canción, sin desmayo y con una sonrisa, a la vez que muele las cosechas; él sigue siendo leal al hombre.
B) La segunda sección de contenido lo forma la estrofa 4, que delimita y precisa cómo pasa el río cerca de la ciudad: próximo a edificios religiosos y rodeado por álamos. Ahora también sabemos que el río transporta melodías amorosas.
C) La tercera sección coincide con la estrofa 5: el poeta abre su corazón y muestra la sana envidia que siente por el río. La razón: su canción siempre es nueva y la misma. Esta paradoja encierra el secreto de su admiración por el río.
D) Las dos últimas estrofas (6 y 7) conforman la última sección de contenido. Es una repetición de la soledad del río, pero ahora se introduce un matiz importante: el río no siempre está solo, pues los enamorados acuden a su orilla a encontrar serenidad, comprensión y esperanza a sus desvelos amorosos.
4. Análisis métrico, de la rima y estrófico
La estructura estrófica del poema es extraordinariamente sencilla. Los versos son octosílabos, la rima es asonante en los versos pares y los impares quedan libres (8-, 8a, 8-, 8a, 8-, 8a, …). Estamos, pues, ante un romance, forma poética tradicional de la poesía española; por otro lado, el título del poema ya lo declara explícitamente. Se ha utilizado durante cientos de años por la poesía popular, colectiva, anónima y oral, y también por poetas individuales, a partir del siglo XVI, para expresar sentimientos, contar historias, preguntarse por el sentido de las cosas, adentrarse en el misterio, etc. Gerardo Diego se ha acogido muy felizmente y con acierto a una inmensa tradición poética de expresión del pensamiento y la emoción con sencillez formal, claridad expresiva y discurso fluido. El hecho de que lo estructure en estrofas de cuatro versos no le hace perder su carácter esencial: la rima no cambia y el tema tampoco. Sí cambia, como ya hemos visto, la modulación del contenido, dividido en secciones.
5. Análisis de los recursos estilísticos
El poema está dominado por algunos procedimientos retóricos de gran importancia expresiva. El primero es la repetición retórica, ya bien visible en el verso 1: “Río Duero, río Duero”; se vuelve a repetir en el verso 21, y aun antes, sin repetición se apela al río con una feliz apóstrofe y un epíteto embellecedor: “tú, viejo Duero”. En esta misma línea de recursos de repetición apreciamos la anáfora de “nadie” (vv. 2-3), acentuando la soledad del río cuando bordea la ciudad. El otro recurso de este ámbito es a anadiplosis: “palabras de amor, palabras” (v. 16 y 28).
El segundo recurso importante es la apóstrofe o invocación: se apela a algo o alguien para, de algún modo, provocar una respuesta, o al menos expresar una emoción fuerte por parte del yo poético. En este romance es muy visible en el primer verso, repitiendo el nombre del río, después en el verso 9 (“Tú, viejo Duero”) y en el 21, que repite el verso 1. La naturaleza apelativa del poema es más que evidente. El yo poético le reclama su atención, pues después de todo está expresando su admiración y entusiasmo hacia el río, poseedor de una canción misteriosa y atractiva.
El tercer recurso fundamental es la metáfora en torno al concepto de canción, poema y música, que es la cantada por el río en su paso por la ciudad de Soria. El murmullo del agua al pasar crea una melodía llena de enigmas y mensajes que sólo atentamente se puede captar. Los términos reales son “estrofa de agua” (v. 4 y 24), “moliendo con tus romances” (v. 11), “palabras de amor, palabras2 (v. 16), “cantar siempre el mismo verso” (v. 19) y “palabras de amor, palabras” (v. 24). El término imaginario es siempre el mismo: la canción que canta el Duero alude a sentimientos de amor, esperanza e ilusión.
Otras metáforas muy expresivas son “barbas de plata” (v. 10) para aludir a la espuma y a las algas del río. También emplea “espejo” del río (v. 7) para significar el reflejo de los objetos en la superficie del agua.
La estrofa 5 presenta una doble paradoja de bellísima factura: el río siempre está “a la vez quieto y en marcha” y su melodía descansa en “cantar siempre el mismo verso / pero con distinta agua” (vv. 19-20). En efecto, en la naturaleza misma del río descansa esa aporía irresoluble de ser muy estable, siempre el mismo, pero siempre el mismo, pues el agua se renueva sin cesar. Tal vez por eso, insinúa el yo poético, solo los enamorados pueden entender su melodía y le devuelven palabras de amor, es decir, mensajes positivos, esperanzados, con futuro.
También llama la atención dos metonimias de la estrofa 2 para referirse a los edificios religiosos que bordean el Duero a su paso por Soria (San Juan de Duero y San Saturio, ambos en la margen izquierda): se refiere a ellos como “santos de piedra” (v. 13). La misma operación realiza con la frondosa ribera cargada de árboles y todo tipo de vegetación, recogida en la expresión “álamos de magia” (v. 14). Ello en vivo contraste con los alcores cercanos, pelados y rojizos, como Machado había cantado unos años antes.
La adjetivación es rica y creadora de imágenes muy sugerentes. Por ejemplo, la muralla de la ciudad está “desdentada” (v. 8); y “eterna” (v. 24) aplicado a la estrofa de agua que entona el río Duero.
El conjunto de recursos que hemos explicado nos permite apreciar una pericia poética realmente extraordinaria. Gerardo Diego, con 26 años al componer ese poema, muestra un dominio poético excelente, un lenguaje preciso y sugerente y un conocimiento de la mejor poesía y formas estróficas españolas. Bajo una superficie de aparente sencillez, hemos podido apreciar un intenso y bello poema, muy elaborado en su forma expresiva, para transmitir la admiración del poeta por el río Duero.
6. Contextualización socio-histórica y autorial
Gerardo Diego es uno de los poetas del destacado grupo de la Generación del 27. Poeta-profesor, como casi todos ellos, exhibe una pericia técnica, un rigor compositivo y un tratamiento riguroso de los temas poéticos realmente importantes y significativos. Este grupo aspira a una poesía precisa, enraizada en la tradición española y, al mismo tiempo, abierta a los nuevos vientos vanguardistas europeos.
Este poema de nuestro poeta santanderino pertenece a su primera etapa de formación, más clasicista y académica, justo antes de que los vientos de las Vanguardias arrumbaran las formas y contenidos poéticos más repetidos o manidos. De ahí el uso del romance, de la contemplación y diálogo con la naturaleza, de expresión contenida del sentimiento, sea de la naturaleza que fuere.
7. Interpretación
Bajo la sombra de una simple visión de un río, Gerardo Diego nos muestra su admiración por la naturaleza soriana. Al mismo tiempo, nos sugiere el misterio de la poesía: la canción del río Duero es en sí misma poesía, la sensibilidad de las personas que saben escucharla descubren un misterio fascinante y paradójico: la misma canción de amor, de eternidad, es cantada con “distinta agua”: cambia la forma, tal vez el sonido, pero permanece la belleza secreta íntima del río fluyendo a los pies de Soria.
8. Valoración
Esto bello poema nos ha permitido comprender parte de la belleza natural que presenta el río Duero, como cualquier río, que sólo contemplándolo con atención, dialogando con él y escuchando el fluir de su corriente podemos escuchar. Y la letra nos habla de amor, de misterio, de esperanza, de ilusión y de futuro. Por eso los enamorados la comprenden y le devuelven su mensaje con palabras que lanzan al río.
La belleza que esconden estos versos nos permite escuchar la música del río, compartir con él y con el poeta su hermosa melodía y su mensaje transparente de amor. Gerardo Diego nos da una hermosa lección de belleza poética al compartir con nosotros su escucha contemplativa y transcribirla en un romance simplemente sublime.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, que no tienen por qué coincidir con las estrofas.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a la música del río y a la invocación que de él hace el poeta.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué elementos de la ciudad de Soria aparecen en el poema?
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético.
3) ¿Qué importancia poética posee la naturaleza en el poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del amor?
5) Fíjate en las actividades que desarrolla el río: enuméralas e indica si interviene el hombre en su realización. ¿Es importante el río para la vida cotidiana de la ciudad?
6) En el poema se evidencia una paradoja sorprendente (estrofa 5): explícala.
7) Explica el sentido de la expresión “los enamorados, / que preguntan por sus almas” (vv. 25-26).
2.3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese la admiración por elemento geográfico.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el río Duero y Gerardo Diego.
3) Realiza una exposición sobre Gerardo Diego, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes idóneos para contemplarlos y “dialogar” con ellos, siguiendo el ejemplo de Gerardo Diego.
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Miguel Hernández: “Elegía a Ramón Sijé”; análisis y propuesta didáctica

MIGUEL HERNÁNDEZ: “ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ”
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se 
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, 
a quien tanto quería)
(1) Yo quiero ser llorando el hortelano          1
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
(2) Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,               5
a las desalentadas amapolas
(3) daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
(4) Un manotazo duro, un golpe helado,           10
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
(5) No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.                 15
(6) Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
(7) Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,                       20
temprano estás rodando por el suelo.
(8) No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
(9) En mis manos levanto una tormenta                    25
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
(10) Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.                                30
(11) Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
(12) Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores                          35
pajareará tu alma colmenera
(13) de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
(14) Alegrarás la sombra de mis cejas,                    40
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
(15) Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.                             45
(16) A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910 – Alicante, 1942)
Publicado en el poemario El rayo que no cesa (1936)
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
Este tremendo poema expresa el dolor inconmensurable del yo poético, fácilmente identificable con Miguel Hernández, tras la muerte fulminante de su amigo oriolano Ramón Sijé (su auténtico nombre era José Ramón Marín Gutiérrez) (Orihuela, 1913 – 1935). Mantenían una estrecha amistad y estaban unidos no sólo por el lugar de nacimiento, sino por las aficiones literarias, aunque de estética y trasfondo ideológico muy distinto. Hernández era un joven de 25 años, con apenas experiencia en el mundo literario madrileño, a donde había llegado en 1933. Había publicado un solo libro, aunque de gran resonancia y excelente acogida, Perito en lunas (1933), justamente con un prólogo de su amigo Ramón Sijé. Sin embargo, las biografías más autorizadas sobre el poeta aclaran que, cuando murió Sijé, ambos amigos se habían distanciado por su ideología política –Sijé era conservador y tradicional; Hernández, progresista y republicano más o menos comunista–. Hernández no acudió a su funeral y escribió su carta de pésame a la familia dos semanas después. A veces, la vida real y la literatura discurren por caminos divergentes y no tan ejemplares como deseáramos.
El poema que ahora comentamos, “Elegía a Ramón Sijé” aborda la muerte de su amigo, las circunstancias en que ocurrió, para adentrarse luego en sus efectos devastadores en el ánimo del yo poético: estupor e incredulidad inicial, rabia contenida, dolor desatado, deseo de resucitarlo a cualquier precio, aunque sea en forma de abono para animales y plantas, etc. Extenuado, acaso convencido de su conjuro poético para traerlo de vuelta, le anuncia que, ya juntos, podrán hablar de las cosas que los unían, siempre en comunión con la naturaleza. El texto de encabezamiento (¿dedicatoria, proemio, explicación?) de mano de Miguel Hernández aclara muy bien el contenido: Ramón Sijé ha muerto en Orihuela, pueblo de ambos; y ha muerto “como del rayo”, es decir, fulminado sin contemplaciones ni aviso previo. Y matiza, “a quien tanto quería”; podemos explicar, entonces, el origen del poema: una muerte repentina de un amigo muy querido de su localidad natal.
Linealmente considerado, podemos transcribir el contenido lineal: el yo poético comunica su deseo de revivir a su amigo, ejerciendo de hortelano, a través de árboles y flores (estrofas 1-3). Los dos últimos versos de la estrofa 3 vierte ya directamente el tema central del poema: el dolor por la muerte de su amigo. La estrofa 4 recrea cómo fue la muerte: súbita, violenta y “brutal”. Las estrofas 5 y 6 consignan las consecuencias sobre el yo poético de la muerte de su amigo: desolación, desesperación, ensimismamiento dolorido. Las estrofas 7 y 8 son una vuelta a la expresión de cómo se produjo la muerte: Sijé era joven y vino muy “temprano” para él (sólo tenía 22 años); luego expresa su reacción a este hecho: no perdona a nada ni a nadie por esa muerte injusta. En las estrofas 9, 10 y 11 el yo poético se apresura a realizar acciones desesperadas para tratar de devolver la vida a su amigo: clama al cielo, escarba la tierra y agujerea el suelo para buscar su cuerpo inane. Las estrofas 12, 13 y 14, con verbos en futuro, expresan la fe del yo poético que su amigo “volverá” para alegrar la vida de ambos; son una afirmación desesperada de su anhelo de ver redivivo a su compañero. Las estrofas 15 y 16, finalmente, expresan la ficción y el deseo de que el amigo muerto ha oído el requerimiento de su amigo y, en consecuencia, ha vuelto y él lo llama. Ya juntos, en el campo, podrán comunicarse y compartir todo lo que les une, como los campos de almendros que conocían de su infancia y adolescencia.
2. Tema
Podemos enunciar el asunto central así: lamento desconsolado, doloroso y rabioso por la muerte de un amigo, que genera desesperación y un vivo deseo de traerlo a la vida para seguir con su amistad.
3. Apartados temáticos
El poema posee una visible y sólida unidad temática. Todo el contenido gira en torno al dolor desesperado, a la frustración y rabia provocados por la muerte temprana de un amigo. Los intentos por resucitarlo, siquiera emocional o poéticamente, son un pequeño consuelo, al menos un lenitivo para aliviar su dolor.
Dicho esto, podemos apreciar modulaciones de contenido, que ya esbozamos en el resumen. Ahora las estructuramos ordenadamente:
A) El yo poético comunica su deseo de revivir a su amigo, ejerciendo de hortelano, a través de árboles y flores (estrofas 1-3, excepto los dos últimos versos de esta).El arranque con “Yo quiero” establece muy claro que habla de él mismo, de su dolor.
B) Los dos últimos versos de la estrofa 3 vierte ya directamente el tema central del poema: el dolorinsoportable por la muerte de su amigo.
C) La estrofa 4 recrea cómo fue lamuerte de Ramón Sijé: súbita, violenta, feroz y “brutal”.
D) Las estrofas 5 y 6 consignan las consecuencias sobre el yo poético de la muerte de su amigo: desolación, desesperaciónporque “No hay extensión más grande que mi herida” (13) y ensimismamiento dolorido, como un hombre enajenado (“Ando sobre rastrojos de difuntos”, v. 16).
E) Las estrofas7 y 8 implican una vuelta al subtema anterior, a la expresión de cómo se produjo la muerte: Sijé era joven y vino muy “temprano” para él (sólo tenía 22 años); luego expresa su reacción a este hecho: no perdona a nada ni a nadie por esa muerte injusta. Tal vez, justamente, por haberle cercenado la vida a su amigo tan prematuramente.
F) En las estrofas 9, 10 y 11 el yo poético se apresura a realizar acciones desesperadas para tratar de devolver la vida a su amigo: clama al cielo, escarba la tierra y agujerea el suelo para buscar su cuerpo inane.Son intentos desesperados por rescatar la vida de su amigo.
G) Las estrofas 12, 13 y 14, con verbos en futuroy en segunda persona del singular, cuyo sujeto es Sijé, expresan la fe del yo poético que su amigo “volverá” para alegrar la vida de ambos; son una afirmación desesperada y, a la vez, esperanzada, de su anhelo de ver redivivo a su compañero.
H) Las estrofas 15 y 16, finalmente, expresan el deseo desesperado, pero percibido como próximo, de que el amigo muerto ha oído el requerimiento de su amigo y, en consecuencia, ha vuelto y él lo llama. Ya juntos, en el campo,entre los almendros en flor del campo oriolano, podrán comunicarse (“hablar de muchas cosas”, v. 48) y disfrutar de su amistad.
4. Análisis métrico, de la rima y la estrofa empleada
En perfectos, robustos y sonoros versos endecasílabos, Hernández compone una serie de quince tercetos encadenados (11 A, B, A, 11 B, C, B…, con rima consonante, obviamente). La última estrofa del poema no es terceto, sino serventesio (11 A, B, A, B). Es como si el poeta hubiera necesitado sólo unas palabras más, un verso más, transformando el terceto en serventesio, justamente para expresar lo que le une a Sijé y cómo lo siente, proclamado con rotundidad: “compañero del alma, compañero” (49).
Hernández ha elegido una estrofa clásica, muy adecuada para sus propósitos: expresar con rotundidad y contundencia un estado del alma doloroso y arruinado. Los versos endecasílabos permiten cierta expansión, pero la brevedad de la estrofa impone la contención. El conjunto, al estar encadenados los tercetos, no sólo métricamente, sino por el sentido, permite un fluir, bien que atormentado, de un dolor inconmensurable.
5. Análisis de los recursos estilísticos
Este poema se nos presenta como una tormenta desatada de expresión del dolor. El yo poético siente la necesidad de expresar su angustioso y desesperado estado emocional; para ello, nada mejor que un poderoso y tumultuoso caudal verbal, engarzado con docenas –no es exageración– de recursos retóricos. Por orden de aparición, los desgranamos para que se aprecie el poderío poético de Miguel Hernández, apenas un joven de 26 años cuando compuso esta pieza:
1) En la estrofa 1 aparecen dos palabras clave que luego se repetirán más adelante, pero que adelantan su densa significación: “compañero del alma” (se repite en el último verso) y “temprano” (se repite en los versos 19, 20 y 21). El dolor aparece a través de un breve circunloquio y una elisión: “llorando” (v. 1). Aún no sabemos la causa del lloro, pero el verso 2 lo aclara: “de la tierra que ocupas y estercolas”. Sí, se habla de la muerte de alguien, con el cuerpo ya inhumado.
2) La hipérbole es el recurso más llamativo en la estrofa 2 y el primer verso de la 3: “Alimentando lluvias…” (v.4). Se sigue con una enumeración: “lluvias, caracolas y órganos”, en el que la lógica se tambalea producto de la rabia descontrolada. El yo poético, convertido en hortelano, alimentará amapolas con el corazón de su amigo difunto; de este modo, de alguna manera, él sigue viviendo en esas flores. La hipérbole que ocupa los dos últimos versos enfatiza su sufrimiento, también expresado por la derivación (o políptoton) de “dolor”, “doler” y “duele”.
3) Los dos versos finales de la estrofa 3 contienen una hipérbole llamativa: “por doler me duele hasta el aliento” (v. 9), reforzada por la metonimia de “costado” por el propio cuerpo dolorido del yo poético, y de “aliento” por el sentimiento de pena.
4) La estrofa 4 es intensamente significativa e impactante. Estamos ante una enumeración de cuatro elementos, metafóricos en sí mismos, pues son imagen de la muerte inesperada. Actúan como actos violentos (manotazo, golpe, hachazo y empujón), todos ellos sujetos del verbo “ha derribado”. Los adjetivos que acompañan a esos sustantivos, todos ellos pospuestos a estos, añaden notas de dolor insoportable. La sensación de destrucción violenta es la imagen que predomina en esta dramática estrofa.
5) Un símil hiperbólico abre la estrofa 5: “No hay extensión más grande que mi herida” (v. 13). Adquiere también un matiz sinestésico muy hermoso, al mezclar un término geográfico con otro corporal, “extensión” y “herida”, además metáfora del dolor. Otro símil cierra esa estrofa, estableciendo así un paralelismo que transmite sentimiento agónico. La antítesis “muerte” / “vida” (v. 15) muy bien el desconsuelo que arrasa al yo poético.
6) La imagen que crea la metáfora del verso 16 es muy lúgubre: “Ando sobre rastrojos de difuntos”. El poeta deambula por un campo yermo, sólo poblado por restos cadavéricos, solitario, ensimismado, como expresa con el polisíndeton “y sin calor de nadie y sin consuelo”. Los verbos en primera persona revelan la mirada interior, despavorida, aterrada, sin saber cómo reaccionar ante el paisaje de muerte que se extiende ante él.
7) La estrofa 7 está dominada por efectos de repetición: encontramos la anáfora de “temprano” en los tres versos, junto con los paralelismos correspondientes. Este no es tan evidente en el verso 21 porque utiliza la perífrasis “estás rodando” para crear una sensación de continuidad en el dolor, de agonía inagotable. Los verbos en tercera persona y el segunda cambian el foco del yo poético a la muerte y al amigo agonizante. Una tenebrosa imagen de la muerte y una personificación o prosopografía (“Temprano levantó la muerte el vuelo” y “temprano madrugó la madrugada (vv. 20-21) aportan una lúgubre plasticidad a la muerte como sujeto agente, llevándose ante nuestros ojos el cuerpo de Ramón Sijé.
8) La estrofa 8 está compuesta bajo el patrón de la anterior: tres anáforas y tres paralelismos para expresar el odio hacia la muerte que el yo poético siente a raudales. Su significación está intensificada por adjetivos casi paradójicos: “muerte enamorada” y “vida desatenta”. Los dos últimos sustantivos de la estrofa, “tierra” y “nada”, en gradación descendente, trasmiten muy bien la rabia dolorida del yo poético.
9) Otra hipérbole metaforizada protagonizada por el yo poético ocupa toda la estrofa 9. Éste provoca una “tormenta”, que es la expresión rabiosa de su dolor, de “piedras, rayos y hachas estridentes”, metáforas perfectas de objetos homicidas y destructores, acaso persiguiendo a la muerte, acaso provocando el caos producto de la desesperación. La enumeración de esos tres elementos crea un efecto de acumulación catastrófica que abruman al lector.
10) La estrofa 10 representa un momento de calma en ese caos. Vuelve a la tierra, como ya había hecho antes en la estrofa 1. La anáfora de “quiero” nos trasmite su voluntad de encontrar, o de hacer revivir, a su amigo, aunque sea a “dentelladas secas y calientes”. Estos adjetivos sensoriales, táctiles, algo sinéstesicos, aumentan la sensación de urgencia que apremia al yo poético.
11) En la estrofa 11 observamos una hábil construcción anafórica (el “quiero” del v. 31 se corresponde a los de los versos 27 y 29). Inmediatamente comienza una construcción paralelística y en polisíndeton, perfectamente graduados de modo ascendente, hasta que ocurra el milagro de hacer revivir a su amigo. Los verbos encontrar, besar, desamordazar y regresar (vv.. 31-33) expresan así el vivo anhelo del yo poético de traer a la vida a su amigo Sijé.
12) Una vez producido el milagro, los dos protagonistas se encuentran en el “huerto” y la “higuera” (lugares, seguramente, reales, donde ambos jóvenes hubieron de pasar buenos ratos de plática y amistad); este es el contenido de la estrofa 12 y el primer verso de la 13, pues el encabalgamiento se extiende hasta ahí y la unión semántica, como la sintáctica, es total y sobrepasa el espacio de la estrofa. El alma de Sijé volará, como ave, como abeja, de flor en flor, buscando el alimento. Las bellas metáforas que expresan este contenido, ahora en un paisaje de calma, campestre, de felicidad son: “andamios de las flores” v. 35), “pajareará” (v. 36) y “alma colmenera” (v. 36). Este ambiente de paz se ve reforzada por la hermosa metáfora de “de angelicales ceras y labores” (v. 37), aplicado al alma de Sijé: alude al trabajo de las abejas, noble y creativo, de naturaleza casi celestial, como el alma de su amigo.
13) Los dos últimos versos de la estrofa 13 comienzan con la anáfora y el paralelismo de “Volverás…” (v. 38) y refuerza la imagen de la resurrección de Sijé viviendo en el campo, entre las faenas campestres de los “enamorados labradores”. No por casualidad, el adjetivo “enamorados” metaforiza muy bien la presencia del amor, de la armonía natural, del ritmo cadencioso de las cosas naturales.
14) La estrofa 14, sumamente bella y muy eficaz a efectos comunicativos, gracias a ciertas metáforas y, sobre todo, metonimias. Ya con la presencia asegurada del alma de Sijé, traerá la felicidad a las “cejas” del yo poético, es decir, perderán su ceño sombrío. La “sangre” de Sijé, es decir, él mismo en cuerpo y alma (Hernández recurre a una expresiva metonimia), se dividirá entre el amor a su “novia” (v. 42) y a la actividad creativa, es decir, “las abejas”, metáfora de la noble labor cotidiana que crea productos superiores, como la miel. Significa que Sijé, vuelto a la vida, recupera la felicidad y la vida en su esplendor.
15) Parece que el yo poético se reconcilia con el mundo, pues, de algún modo, su amigo Sijé ha vuelto a la vida. Los verbos ya no están en tiempo futuro, sino en presente, como expresando un tiempo duradero, con pasado y con futuro por delante; es, en realidad, el empleo del presente atemporal: ha sido así, es y será. El corazón de Sijé reclama al yo poético que se junte con él en un campo de “almendras espumosas”, otra vez el paisaje rural idealizado como el lugar de la utopía y del milagro. Ciertamente, funciona como un locus amoenus, un refugio de felicidad. Resulta muy llamativa la imagen creada por una metáfora y una metonimia entrelazadas: “mi avariciosa voz de enamorado”. Esa voz es la del yo poético llamando o conversando con su amigo, que lo desea a su lado, pues siente amor por su persona.
16) La bellísima última estrofa apuntala la significación de la anterior. Comienza con una aliteración del fonema /l/ en los versos 46-47: “a las aladas almas de las rosas / del almendro…”. Crean una sensación de elevación, vuelo, ligereza aérea, etc., a tono con la sensación de que el alma de Sijé flota en el campo de almendros. El yo poético llama a su amigo (“te requiero”) para que se reúna con él en un apacible campo de almendros. La razón de ese exhorto es: “que tenemos que hablar de muchas cosas”; es decir, saciar un deseo de comunicación o comunión entre almas que se aprecian, que se sienten hermanas, como bien declara el verso final con su intensa epanadiplosis: “compañero del alma, compañero”. La expresión “compañero del alma” ya había sido utilizada en el verso 4: se crea así una sensación de viaje circular completo: como que se ha producido el milagro de hacer volver a la vida a su difunto amigo Sijé.
En realidad, esta elegía funciona como un conjuro: es una invocación desesperada al alma de su amigo para que regrese a su lado. Y en las dos últimas estrofas parece que la llamada poética ha surtido efecto, lo que explica el estado de calma y felicidad del yo poético, que parece haber encontrado la serenidad tras tormentosos momentos de rabia y dolor desesperado.
Como se ha podido apreciar en este recorrido –no exhaustivo, sin embargo–, el intenso trabajo retórico de esta elegía nos muestra una perfección formal y una elevación estilísticas asombrosas y en todo punto admirables. El sentimiento de rabia desesperada por la muerte de Ramón Sijé ha movido a Miguel Hernández a componer una de las elegías más bellas, profundas y estremecedoras en lengua castellana. El milagro poético se ha producido, sin duda, en línea con el que el poeta desea que se produzca y ficcionaliza en hermosos tercetos de impecable belleza y elevada perfección.
6. Contextualización socio-histórica y autorial
Miguel Hernández fue privado de una educación superior académica por diversas circunstancias de la vida, bien ajenas a su compromiso con la cultura. Esta carencia la subsanó con ávidas e insaciables lecturas en bibliotecas públicas y privadas de su Orihuela natal, además de la amistad con un grupo de jóvenes contemporáneos oriolanos con quienes compartía afanes literarios. La imposición paterna de dedicarse al negocio caprino, trabajando de pastor en los campos de Orihuela, no lo apartaron de su auténtica vocación, para la que estaba maravillosamente dotado: literato lleno de talento, empuje y originalidad.
Su nacimiento en 1910 lo apartan de la Generación del 27, pero su frecuentación y cierta amistad con algunos de ellos (Vicente Aleixandre, Rafael Alberti) lo unen indefectiblemente a ese grupo, del que es considerado “genial epígono”. También pasó por su breve etapa surrealista, para luego encontrar una voz propia más original y profunda. Su muerte prematura, injusta y absurda en 1942 es un episodio más de la terrible historia de España. Las últimas biografías sobre Miguel Hernández nos muestran que personas que pudieron ayudarle, de un bando y de otro, miraron para otro lado, o, simplemente, ignoraron, no sabemos hasta qué punto deliberadamente, las llamadas de auxilio de un hombre encarcelado que padecía bronquitis, tifus y tuberculosis. Murió en el penal de Alicante con 31 años. Si con esa edad nos dejó cinco poemarios y otras cinco obras dramáticas, ¡qué no hubiera escrito este excelente literato si hubiera gozado de una vida normal! Pero su destino trágico y atroz, en unos tiempos muy oscuros y tristes de la España del siglo XX, cortó su vida en su edad más granada.
En la poesía de Miguel Hernández se puede apreciar una voz potente y original que expresa sentimientos profundos, en cierta comunión telúrica con la tierra, o mejor, su tierra oriolana. Su pasmosa facilidad para la creación de imágenes muy expresivas nos transmite un corazón bullicioso, enamorado y generoso, con la mirada puesta en la mujer amada, en su hijo recién nacido, en las injusticias sociales, en las atrocidades de la guerra, etc.
El dominio que Miguel Hernández exhibe de la técnica poética es muy alto. Maneja os procedimientos retóricos con gran habilidad y naturalidad, lo que se plasma en poemas de significado denso, con poderosas imágenes que impactan en el lector de modo duradero. El empleo de un lenguaje muy variado, basado en un español recio, natural y como algo tradicional y rural imprimen a su poesía un tono clásico y duradero.
7. Interpretación
La elegía es la fórmula clásica para la expresión dolorida de la muerte arrebatadora. Miguel Hernández la emplea con plena consciencia de inscribirse en una corriente antigua y clásica, uno de cuyos hitos es Coplas a la muerte de su padre, del poeta castellano del siglo XV Jorge Manrique. Justamente en este modelo, y otros que ahora no vienen al caso, Hernández hubo de captar el tono solemne y grave, la expresión contenida y dolorida por la pena provocada por la muerte de alguien cercano y, finalmente, el volcado de sentimientos amargos y trágicos del propio poeta.
En efecto, así se percibe en la “Elegía a Ramón Sijé”. Hernández expresa con hondura trágica su dolor y muy subjetivizada, su rabia y su pena. Se centra más en sus aspectos íntimos que en los del finado, del que apenas se dice nada, lo que no deja de ser una pena. Acaso el lector pudiera captar las virtudes o rasgos positivos de Ramón Sijé, pero el poeta prefiere reservarlos para sí y no exponerlos al escrutinio público. El carácter subjetivo de esta elegía constituye, pues, un rasgo caracterizador. El foco poético se desplaza del difunto al dolor rabioso del amigo. Manrique se resignaba a la aceptación de la muerte, pero Hernández, no: trata de obrar un milagro, casi taumatúrgico, a través de la poesía, para que su amigo vuelva a la vida y retomen su amistad.
Las imágenes, asociadas al mundo natural y a las actividades campestres, son de una fuerza muy intensa. Nos representan muy vivamente el desconsuelo dolorido del poeta. Gracias a ellas, compartimos su pena y admiramos su poesía, viva y plena, esta sí, ajena al zarpazo de la muerte.
8. Valoración
“Elegía a Ramón Sijé” es un hermoso ejemplo de sentimiento hondo expresado con una acertada y feliz forma poética. La elección de la elegía en tercetos encadenados cerrados por un serventesio resulta muy eficaces para transmitir, con sinceridad y belleza, un sentimiento de desconsuelo.
La viveza de las imágenes llama la atención y perduran en la mente de lector, señal inequívoca de su eficacia literaria. Hernández ha sabido conjugar tan certeramente tristes sentimientos íntimos, bien reales, con un manejo tan solvente de la lengua y de los artificios poéticos, de naturaleza verbal, que alcanza una suprema forma poética, viva y estremecida, esta sí, perdurable.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, que no tienen por qué coincidir con las estrofas.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) El poema es una elegía: explica por qué.
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la elegía se aprecian en el texto?
2) Indica las distintas fases psicológicas por las que pasa el yo poético.
3) ¿Qué importancia poética posee la naturaleza y la vida agrícola en el poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad?
5) Fíjate en los tiempos y las personas verbales del poema. ¿qué podemos deducir del protagonismo y de la presencia de la muerte?
6) En el poema se produce un pequeño milagro. ¿Por qué?
7) Explica el sentido de la palabra “compañero” en este poema, teniendo en cuenta el complemento del nombre que lo acompaña. ¿Dónde aparece y qué significación posee ese hecho?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa que sea elegíaco.
2) Imagina una conversación o plática entre Miguel Hernández y Ramón Sijé. Puedes darle un carácter teatral.
3) Realiza una exposición sobre Miguel Hernández, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes idóneos para actividades humanas, siguiendo el ejemplo de Miguel Hernández: un campo de almendros en flor para conversar con su amigo.
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Don Juan Manuel: “De lo que le ocurrió a un raposo con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico” (cuento V de “El Conde Lucanor”); análisis y propuesta didáctica

DON JUAN MANUEL: “EL CONDE LUCANORCUENTO V: “DE LO QUE LE OCURRIÓ A UN RAPOSO CON UN CUERVO QUE TENÍA UN PEDAZO DE QUESO EN EL PICO”
VERSIÓN ORIGINAL
Exemplo quinto “De lo que contesçió a un raposo con un cuervo que tenié un pedaço de queso en el pico”
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díxol’ assí:
–Patronio, un omne que da a entender que es mi amigo, me començó a loar mucho, dándome a entender que avía en mí muchos complimientos de onra et de poder et de muchas vondades. Et de que con estas razones me falagó cuanto pudo, movióme un pleito, que en la primera vista, segund lo que yo puedo entender, que paresçe que es mi pro.
Et contó el conde a Patronio cuál era el pleito quel’ movía; et como quier que paresçía el pleito aprovechoso, Patronio entendió el engaño que yazía ascondido so las palabras fremosas. Et por ende dixo al conde:
-Señor conde Lucanor, sabet que este omne vos quiere engañar, dándovos a entender que el vuestro poder et el vuestro estado es mayor de cuanto es la verdat. Et para que vos podades guardar deste engaño que vos quiere fazer, plazerme ía que sopiésedes lo que contesçió a un cuervo con un raposo.
Et el conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, el cuervo falló una vegada un grant pedaço de queso et subió en un árbol porque pudiese comer el queso más a su guisa et sin reçelo et sin enbargo de ninguno. Et en cuanto el cuervo assí estava, passó el raposo por el pie del árbol, et desque vio el queso que el cuervo tenía, començó a cuidar en cuál manera lo podría levar de’l. Et por ende començó a fablar con él en esta guisa:
-Don Cuervo, muy gran tiempo ha que oí fablar de vós et de la vuestra nobleza, et de la vuestra apostura. Et como quiera que vos mucho busqué, non fue la voluntat de Dios, nin la mi ventura, que vos pudiesse fallar fasta agora, et agora que vos veo, entiendo que a mucho más bien en vos de cuanto me dizían. Et porque veades que non vos lo digo por lesonja, también como vos diré las aposturas que en vos entiendo, también vos diré las cosas en que las gentes tienen que non sodes tan apuesto.
Todas las gentes tienen que la color de las vuestras péñolas et de los ojos et del pico et de los pies et de las uñas, que todo es prieto, et por que la cosa prieta non es tan apuesta como la de otra color, et vós sodes todo prieto, tienen las gentes que es mengua de vuestra apostura, et non entienden cómo yerran en ello mucho; ca como quier que las vuestras péñolas son prietas, tan prieta e tan luzia es aquella pretura, que torna en india, como péñolas de pavón, que es la más fremosa ave del mundo; et como quier que los vuestros ojos son prietos, cuanto para ojos, mucho son más fremosos que otros ojos ningunos, ca la propriedat del ojo non es sinon ver, et porque toda cosa prieta conorta el viso, para los ojos, los prietos son los mejores, et por ende son más loados los ojos de la ganzela, que son más prietos que de ninguna otra animalia.
Otrosí, el vuestro pico et las vuestras manos et uñas son fuertes más que de ninguna ave tanmaña como vós. Otrosí, en el vuestro buelo avedes tan grant ligereza, que vos non enbarga el viento de ir contra él, por rezio que sea, lo que otra ave non puede fazer tan ligeramente como vós. Et bien tengo que, pues Dios todas las cosas faze con razón, que non consintría que, pues en todo sodes tan complido, que oviese en vos mengua de non cantar mejor que ninguna otra ave.
Et pues Dios me fizo tanta merçet que vos veo, et sé que ha en vos más bien de cuanto nunca de vos oí, si yo pudiesse oír de vos el vuestro canto, para siempre me ternía por de buena ventura. Et señor conde Lucanor, parat mientes que maguer que la entençión del raposo era para engañar al cuervo, que sienpre las sus razones fueron con verdat. Et set çierto que los engaños et damños mortales siempre son los que se dizen con verdat engañosa.
Et desque el cuervo vio en cuantas maneras el raposo le alabava, et cómo le dizía verdat en todas creó que asíl’ dizía verdat en todo lo ál, et tovo que era su amigo, et non sospechó que lo fazía por levar de’l el queso que tenía en el pico, et por las muchas buenas razones quel’ avía oído, et por los falagos et ruegos quel’ fiziera porque cantase, avrió el pico para cantar.
Et desque el pico fue avierto para cantar, cayó el queso en tierra, et tomólo el raposo et fuese con él; et así fincó engañado el cuervo del raposo, creyendo que avía en sí más apostura et más complimiento de cuanto era la verdat.
Et vós, señor conde Lucanor, como quier que Dios vos fizo assaz merçet en todo, pues beedes que aquel omne vos quiere fazer entender que avedes mayor poder et mayor onra o más vondades de cuanto vós sabedes que es la verdat, entendet que lo faze por vos engañar, et guardat vos de’l et faredes como omne de buen recabdo.
Al conde plogo mucho de lo que Patronio le dixo, et fízolo assí. Et con su consejo fue él guardado de yerro.
Et porque entendió don Johan que este exiemplo era muy bueno, fízolo escrivir en este libro, et fizo estos viessos, en que se entiende avreviadamente la entención de todo este exiemplo. Et los viessos dizen así:
Qui te alaba con lo que non es en ti,
sabe que quiere levar lo que as de ti.
Fuente: http://www.dominiopublico.es/libros/J/Infante_Juan_Manuel/Infante%20Juan%20Manuel%20-%20El%20Conde%20Lucanor.pdf
VERSIÓN ADAPTADA Y MODERNIZADA
Ejemplo quinto “De lo que acontec a un raposo [zorro] con un cuervo que sostenía un pedazo de queso en el pico”
Otra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo así:
–Patronio, un hombre que da a entender que es mi amigo, me comenzó a loar mucho, dándome a entender que había en mí muchos atributos de honra, de poder y de muchas bondades. Y desde que con estas razones me halagó cuanto pudo, me plantó un negocio, que, a primera vista, según lo que yo puedo entender, parece que es en mi provecho.
Contó el conde a Patronio cuál era el asunto que le movía; y, aunque parecía provechoso, Patronio entendió el engaño que yacía escondido bajo las palabras hermosas. Por eso dijo al conde:
–Señor conde Lucanor, sabed que este hombre os quiere engañar, dándoos a entender que vuestro poder y estado es mayor de cuanto en verdad es. Y para que os podáis guardar de este engaño que os quiere hacer, me placería que supieses lo que le ocurrió a un cuervo con un raposo.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
–Señor conde Lucanor –habló Patronio sosegadamente–, el cuervo halló una vez un gran pedazo de queso; subió a un árbol para poder comerlo más tranquilamente, sin recelo y sin inconveniente ninguno. Cuando el cuervo estaba así, pasó el raposo por el pie del árbol; desde que vio el queso que el cuervo tenía, comenzó a pensar de qué manera se lo podría quitar. Por ello, comenzó a hablar con él en esta guisa:
–Don Cuervo –le dijo el zorro, astuta y zalameramente– hace mucho que he oído hablar de usted, su nobleza y de su apostura. Aunque os he buscado mucho, no fue voluntad de Dios, ni mi ventura, que os pudiese hallar hasta ahora que le veo. Bien entiendo que hay mucho más bien en usted de cuanto me decían. Para que vea que no se lo digo por lisonja, le diré las cualidades que le observo y añadiré los defectos que la gente dice que tiene.
–Muchas personas opinan que el color de sus plumas, los ojos, el pico, los pies y las uñas es completamente negro –continuó hablando el zorro con tono dulce–. Y como lo negro no es tan elegante como otros colores, y usted es todo tan negro, opinan que eso rebaja su elegancia. No entienden cómo se equivocan totalmente en esa opinión; porque, aunque sus plumas son negras, tan negra y tan lucida es esta negrura, que se torna en un color brillante. Son como plumas de pavo real, que es la más hermosa ave del mundo. Y aunque sus ojos son demasiado negros, son mucho más hermosos que cualesquier otros, porque lo importante del ojo es que permita ver bien. Además, como todo lo negro es alegre a la vista, los ojos negros son los mejores. Por eso precisamente se alaba los ojos de la gacela, ya que son los más negros de todo el reino animal.
–Además, su pico, sus manos y uñas –continuó el zorro, mientras señalaba con una pata esas partes del cuerpo del cuervo– son los más fuertes de todas las aves de su tamaño. También es cierto que en su vuelo tiene tanta ligereza que no os molesta el viento en contra, aunque sea muy fuerte; eso otra ave no lo podría hacer tan ligeramente como usted. Yo comprendo que, pues Dios todas las cosas hace con razón, no consentiría que, siendo tan perfecto en todo, tuviese usted algún defecto que no le permitiese ser el ave que mejor canta. Y si Dios me ha concedido el regalo de verlo –añadió, en tono respetuoso y zalamero–, y sé muy bien que en usted se guardan más virtudes de las que he oído. Si yo pudiese oír de vos el vuestro canto, me tendría por muy afortunado para siempre.
–Señor conde Lucanor –advirtió Patronio–, pare mientes que, aunque la intención del raposo era la de engañar al cuervo, sus razonamientos eran verdaderos. Sepa que, ciertamente, los engaños y daños mortales siempre son los que se dicen con apariencia de verdad.
Cuando el cuervo hubo visto de cuántas maneras lo alababa el raposo y cómo le decía la verdad en todas, creyó que también le decía la verdad en todo lo demás. Y lo estimó como amigo, sin sospechar el raposo actuaba así para robarle el queso que tenía en el pico. Al fin, por las muchas buenas razones que le había oído y por los halagos y ruegos que le hizo para que cantase, abrió el pico para entonar.
Tan pronto como se abrió el pico para cantar, cayó el queso en tierra. El raposo lo tomó y se fue con él. De este modo quedó el cuervo muy engañado por el raposo, creyendo que tenía más elegancia y perfección de las que en verdad tenía.
–Y usted, señor conde Lucanor –le advirtió Patronio a su señor–, como quiera que Dios le ha concedido tantos bienes, puede ver que aquel hombre que os quiere hacer entender que usted tiene más poder, honra y virtudes que las que usted sabe que, en verdad, posee, lo hace para engañarle. Sepa que lo hace para engañarlo; así que aléjese de él y así actuará como hombre sensato y precavido.
Al conde le encantó lo que Patronio le dijo, y actuó en consecuencia, haciéndole caso. Con su consejo se protegió del error.
Don Juan Manuel, el autor del libro, comprendió que este ejemplo era muy bueno, por eso lo hizo escribir es este libro y compuso este pareado, en el que se expresa con pocas palabras la intención del mismo. Los versos dicen así:
“Quien te alaba con lo que no está en ti,
sabe que quiere llevar lo que sí hay en ti”.
 (Texto adaptado por el autor del blog)
  1. ANÁLISIS
El infante don Juan Manuel (Escalona, Toledo, 1282 – Córdoba, 1348), sobrino de Alfonso X el Sabio y nieto de Fernando III el Santo representa muy bien a la nobleza castellana con una fuerte inclinación por las letras, amor a la literatura y afición a la escritura creativa en lengua española. Lo cual no le quitaba de participar en batallas y liquidar enemigos de su reino, o sus posesiones, o su religión, con la conciencia bien tranquila.
El Conde Lucanor (1331- 1335) es un compendio de 51 “enxiemplos” o cuentos con intención didáctica. No son originales de nuestro Príncipe de Villena, sino que proceden de la tradición cuentística greco-latina y oriental. Él los adaptó en expresión y contenido y los ajustó a una fórmula narrativa muy original e interesante: un ayo y consejero, Patronio, alecciona a su señor, el conde Lucanor, a través de un cuento, para que actúe con rectitud y su propio provecho. Ahora comentaremos el cuento V, uno de los más bonitos e intencionados en cuanto a la carga moral.
  1. Resumen
El conde le pide consejo a su ayo Patronio porque no sabe cómo interpretar los halagos desproporcionados de un conocido. Patronio le aconseja prudencia y escepticismo. Para ello le relata el cuento del zorro que alaba desmedidamente a un cuervo que tenía un trozo de queso en su pico. Lo incita a cantar, pero cuando el ave lo intenta, el queso cae al suelo, el zorro lo recoge y se va con él, con el objetivo cumplido. Patronio le pide a su amo que desconfíe de las loas poco justificadas para que no lo engañen. Este acepta gustoso la lección. A don Juan Manuel le parece el ejemplo provechoso y bonito y cierra su significado moral con un pareado de sus cosecha: si alguien te alaba en exceso, busca obtener su propio beneficio, en tu detrimento.
2. Tema
Advertencia para los jóvenes e incautos: no se deben fiar de halagos exagerados porque quien los hace intenta alcanzar algún provecho a costa del falsamente ensalzado.
3. Apartados temáticos
La estructura de ese cuento es igual que la de los demás, pues es fija; consta de cuatro partes, que han de ser breves, dado que el propio ejemplo es de contenido abreviado:
-El conde Lucanor plantea una duda de comportamiento a su ayo Patronio.
-Este le adelanta algo de su respuesta y le relata un cuento con intención didáctica que aclara y refuerza su consejo.
-Al conde le parece pintiparado y sigue fielmente la advertencia de su ayo.
-A Don Juan Manuel le parece bien el “enxiemplo”, con su cuento y su contenido moral o de comportamiento, y lo comprime en un hermoso pareado en versos de arte mayor.
4. Lugar y tiempo
Este cuento se desarrolla en un ambiente natural. Al estar protagonizado por animales antropomorfizados, es obligatorio que la acción se desarrolle en un entorno campestre, rural. El tiempo de la escritura sabemos que gira en torno a 1331-1335. La acción narrada está fuera de un marco natural; pudo ocurrir ayer, hace mucho, etc. En realidad, no importa tanto. La duración es muy breve: un diálogo entre zorro y cuervo, y entre amo y criado. Todo ello, no es más de media hora. El tiempo está difuminado, pues la acción se “destemporaliza”; pero al mismo tiempo está comprimida, pues interesa entrar cuanto antes al meollo del asunto.
5. Personajes
Los personajes del relato marco son dos y siempre los mismos: el conde Lucanor, joven, inexperto, con mucho patrimonio y en fase de aprendizaje social, político, etc.; el otro personaje es el consejero o criado Patronio: se desprende que es un hombre maduro, experto y leído, aunque de economía limitada; de hecho, se gana la vida sirviendo al conde.
El relato incrustado es un clásico desde Esopo: en realidad, lo podemos calificar de fábula. Son animales que encarnan ideas, vicios y virtudes humanas. El cuervo es listo y logra buena comida. Pero el zorro es astuto y taimado y sabe halagar al cuervo para que éste intente cantar. El queso cae al suelo y el raposo se lo lleva para satisfacer su hambre. Son personajes algo esquemáticos, pero con una verosimilitud más que aceptable. En el fondo, así nos comportamos los humanos.
6. Narrador
Como estamos en una estructura de relato marco, contamos con dos narradores. El del marco es don Juan Manuel, que interviene con su nombre en el cierre del cuento y la composición de un pareado sintetizador del contenido didáctico del relato introducido. El narrador de este segundo relato es, en este y en todos los cuentos, el ayo Patronio. Relata con bastante economía lingüística y dirigiendo claramente su texto hacia una finalidad aleccionadora.
7. Elementos estilísticos
Como obra medieval, su estructura y elaboración es sencilla. Máxime si tenemos en cuenta que don Juan Manuel busca, como declara en el prólogo, la claridad, la precisión y el uso natural y apropiado de la lengua castellana. Nada, pues, de florituras ni de demostrar u ostentar una cultura que no interesa a nadie.
El léxico es natural, propio de un autor leído, pero sin ánimo de brillar: desea enseñar con precisión y elegancia, no con aparatosidad retórica. La sintaxis discurre por el mismo camino: sencillez y simplicidad. De aquí procede el uso continuado de las oraciones copulativas con “y” (“et”, en su época) y la yuxtaposición como procedimiento común de unir oraciones.
Aparecen algunas comparaciones, ciertos adjetivos embellecedores, bimembraciones, hipérboles y, en fin, personificaciones, que vienen demandadas por la naturaleza del propio cuento. Cuando el zorro afirma que “en su vuelo tiene tanta ligereza que no os molesta el viento”, se percibe muy bien la intención estilística del autor y su correlación con la actitud zalamera del vulpino para con el córvido.
8. Contextualización histórica y autorial
Este cuento, como todos los del volumen, responden a una mentalidad medieval que resumimos a continuación:
-El concepto de autoría no existía como hoy lo conocemos. Lo importante no era el creador de una obra artística, sino la obra en sí y el fin que pretendía alcanzar. Don Juan Manuel, en este sentido, es una excepción porque reivindica abiertamente su originalidad y el cultivo intencionadamente estético de la lengua española. El pareado final expresa muy bien su deseo de no permanecer en el anonimato.
-El cuento gozaba de un amplio cultivo. Su caudal, además del greco-latino, se vio ampliado por la afluencia de la literatura oriental, traducida al castellano y latín desde el siglo XII (Sendebar, Calila y Dimna, Diciplina clericalisetc.). Don Juan Manuel poseía un amplio abanico de donde echar mano para seleccionar los que mejor cuadraban con sus intenciones artísticas e ideológicas. El cuento que analizamos no es original de don Juan Manuel, pero sí su engarce en una estructura narrativa superior.
-El texto posee una intención didáctica y moral. Se trata de ofrecer una lección sobre el mejor comportamiento social, de evitar daños económicos o reputacionales irreparables, etc. En este caso, el sentido es evidente: no te fíes de los aduladores, que buscan extraer tus favores o riquezas.
-El lenguaje literario es sencillo, simple y transparente. Nada, pues, de carga retórica para impresionar al lector o alardes de originalidad estilística que nadie podía apreciar (entre otras cosas, porque la literatura se transmitía, casi siempre, oralmente).
-La arquitectura narrativa posee un grado de originalidad y elaboración muy estimable. Un consejero le ofrece consejos a través de un “enxiemplo” a su señor, hombre de la alta nobleza, con el fin de no errar el rumbo –social, económico, político, religioso, etc.– a lo largo de la vida. Los cuentos se insertan en un relato marco de estimable presentación. Si a ello añadimos la intromisión del autor-narrador con su pareado de cierre, apreciamos mejor El Conde Lucanor.
-Don Juan Manuel procede de una estirpe rea y poderosa, muy aficionada a las letras y al cultivo literario del castellano. Sólo con recordar la labor de su abuelo Fernando III y su tío Alfonso X en pro del castellano, nos podemos hacer una idea que no partía de la nada, sino de un ambiente familiar y social propenso al cultivo de las letras.
-En este cuento, como en los demás, la defensa de la sociedad estamental, el inmovilismo entre grupos sociales y el derecho a la honra y fama de la persona como signo de distinción y nobleza es muy visible.
9. Interpretación
Don Juan Manuel desea entretener y enseñar, siguiendo el lema horaciano de prodesse et delectare. Logra los dos objetivos ampliamente porque el cuento es, en sí mismo, divertido y dinámico; asimismo, la intención didáctica también se desprende con facilidad de la lectura, y el autor la expresa por boca de Patronio y él mismo toma la palabra para recordarla en una píldora poética de cierre de capítulo.
El cuidado estilístico es también visible. Don Juan Manuel huye del apresuramiento y redacta con cuidado. Las oraciones son claras y se suceden en yuxtaposición o en coordinación copulativa (a veces, adversativa), avanzando en el significado cabal del contenido.
La intención didáctica no debe oscurecer el enorme esfuerzo literario del autor: crea un marco superior de engaste para un cuento divertido, ambientado en la vida cotidiana, en un espacio natural y una cultura medieval.
10. Valoración
Este cuento de animales antropomorfizados es ameno, divertido y aleccionador. El ritmo es vivo y va derecho al asunto, sin digresiones. No ha perdido la frescura y la expresividad narrativa que lo caracteriza: el lector muy fácilmente puede “ver” la escena de los hombres y de los animales porque todo ello está narrado con palabras apropiadas, expresivas y claras.
Hoy, como ayer, leer una historia de un zorro astuto y un cuervo vanidoso y tontuelo sigue siendo deleitoso, divertido y placentero: la leve sonrisa del lector producto de su inmersión lectora es testigo de ello. Don Juan Manuel, pues, logró lo que se propuso: relatar cuentos divertidos y amenos en buen romance castellano que induzcan al lector a un comportamiento social más sensato.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica la figura del doble narrador.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos de época –Edad Media– se aprecian en el texto?
2) Indica los móviles del comportamiento del conde Lucanor, del zorro y del cuervo.
3) ¿Qué importancia narrativa posee el trozo de queso?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el tipo de vida medieval?
5) Explica cómo captamos en el texto el lema latino prodesse et delectare.
6) ¿Son falsos los razonamientos del zorro? ¿Por qué?
7) ¿Qué defecto le hace perder al cuervo su comida? ¿Ocurre así en nuestros días?
2.3. Fomento de la creatividad sobre el cuento objeto de lectura
1) Escribe un cuento cuyos protagonistas sean animales con una intención didáctica.
2) Cambia el final del cuento en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en una obra dramática para ser representada ente la clase o la comunidad escolar, lo que se puede llevar a cabo si las circunstancias lo permiten.
4) Aporta o crea imágenes de animales, paisajes, pueblos, etc. que pudieran servir para recrear el cuento.

 

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Ana María Matute: “Caminos” (de “Historias de la Artámila”); análisis y propuesta didáctica

ANA MARÍA MATUTE: “CAMINOS” (DE HISTORIAS DE LA ARTÁMILA)
  1. ANÁLISIS DE “CAMINOS”
  1. Resumen
Damián y Timotea, conocidos por los Francisquitos, forman, un humilde y honrado matrimonio; viven en el pueblo con algunas pocas tierras. No tienen hijos, a pesar de que los deseaban. Tenían un caballo muy valioso, “Crisantemo”, de buena planta y porte; es como un seguro de vida. Algunos vecinos del pueblo, entre ellos el juez, el más rico del pueblo, se lo quieren comprar, pero no venden. Un hombre pasa por el pueblo cantando, acompañado de dos niños que bailan. Sufren un accidente fortuitamente. Al niño pequeño, Barrito, lo atropella un carro y le lastima una pierna. Los Francisquitos lo recogen y lo curan en su casa. El supuesto padre desaparece sin más aviso. Los Francisquitos adoptan al niño, Barrito, de unos diez años, que cura y se hace trabajador y obediente. Pronto el padrastro, Damián, le enseña las primeras letras y algo de números. El niño es noble y servicial, aunque poco efusivo o cariñoso, cosa la madre lamenta. Con catorce años, el chico enferma de los ojos y la operación necesaria es cara, pero Damián y Timotea acuerdan vender el caballo para sacar el dinero suficiente, aunque comprenden que el juez le daría mala vida al animal y lo vendería a cualquiera. El niño escucha casi por casualidad esta conversación entre los padres adoptivos. Al día siguiente Barrito va por leña, pero el caballo, ya de noche, vuelve solo.
2. Tema
El tema de este cuento se puede enunciar así: la fatalidad y el amor a un animal conducen al suicido y a la devastación de un joven. Al lado, aparecen subtemas como: la lealtad a los seres queridos con consecuencias trágicas, la generosidad desemboca en el sacrificio de un muchacho, la pobreza parece recompensar a las personas de corazón noble, pero sólo como espejismo. El propio título, “Caminos”, indican la sustancia del cuento: la vida es una ruta desconocida llena de sobresaltos, entre tragedias y lealtades.
 3. Apartados temáticos
La disposición de la materia narrativa es clásica: una breve introducción, que ocupa los primeros nueve párrafos del texto; se presenta al matrimonio, su caballo “Crisantemo” y su decisión de no venderlo bajo ningún pretexto. Acaba en: “–Que no se vende. –Que no”.
Le sigue el desarrollo, la parte más larga, en el que se desenvuelve la intriga hasta llegar al clímax narrativo. Está muy bien desarrollado y la intriga creciente se dosifica con gran maestría narrativa, a base de alusiones y elusiones constantes.
El desenlace ocupa los últimos cinco párrafos, desde “Pero Barrito y Crisantemo habían desaparecido…”, hasta el final.
4. Personajes
Damián y Timotea, los Francisquitos, son los protagonistas, pues en el fondo el cuento trata de su vida común y sus destinos. Se trata de un matrimonio campesino, pobre, de mediana edad, noble y trabajador. El amor de ella a los niños hace que adopten al niño sin dudarlo demasiado.
Barrito también es protagonista, aunque de otro modo. Al principio, es más bien un personaje pasivo, receptor de las actitudes de los demás. Sólo al final emerge con una tremenda fuerza narrativa. Ahí descubrimos el amor a “Crisantemo” y la lealtad a sus padres adoptivos, hasta el punto de sacrificar su vida.
Estos protagonistas están dibujados con algunas pinceladas, pero con una precisión de bisturí. El lector descubre su transparencia, su humildad, su nobleza y su destino trágico. Con asombro y consternación se descubre la fatalidad que planea sobre sus vidas, sin merecerlo en absoluto.
Aparece un antagonista –aunque inconsciente por su parte–, Nemesio, el juez del pueblo, rico y caprichoso. Desea comprar a “Crisantemo” a toda costa, pero los Francisquitos se resisten. Y aquí radica la causa de la tragedia que cae sobre la familia campesina. 00
5. Narrador
El narrador aparece en tercera persona; es omnisciente, aunque con cierta limitación en su conocimiento. Por ejemplo, escamotea el final, que lo deja al albur de la interpretación del lector. Muestra cierta simpatía por Barrito y el matrimonio, aunque manteniendo la distancia necesaria para no perder la objetividad narrativa.
 6. Lugar y tiempo
La acción se desarrolla en Artámila, un lugar imaginario pero muy bien contorneado. Es un pueblo pequeño, aislado, pobre y con un bosque cercano. Como Matute afirmó en muchas ocasiones, es reflejo de Mansilla de la Sierra, el pueblo riojano de donde procedían sus padres y ella pasó largas temporadas de su infancia, incluyendo los veranos. Sus gentes, algo brutas y primitivas, exhiben rasgos de nobleza, sacrificio y abnegación. Solidarios cuando lo estiman, egoístas cerriles a veces, son personajes duros y ásperos que sobreviven en un medio natural bastante hostil. Artámila, ciertamente, no es lugar fácil para vivir, aunque sus habitantes lo llevan con resignación cristiana.
El tiempo de la escritura se remonta a la década de 1950, momento en que el cuento, junto con los otros que componen el volumen –publicado en 1961–, salieron a la luz en diferentes revistas españolas. El tiempo de la acción narrada nos remite a una o dos décadas atrás, es decir, recién finalizada la guerra civil española, entre 1940 y 1950. Pobreza material, miseria intelectual, gentes abandonadas por el poder central, naturaleza inhóspita y poco feraz es el cuadro que nos pinta Matute, en verdad inquietante, espejo de una época muy dura para la mayoría de los españoles. La duración de la acción está bien delimitada: cuatro años, desde los diez a los catorce años de Barrito, es decir, el tiempo de su convivencia con el matrimonio de los Francisquitos.
 7. Aspectos estilísticos
Lógicamente, Matute utiliza variada y atinadamente los tres procedimientos narrativos: narración, descripción y diálogo. El primer párrafo es un ejemplo perfecto de descripción literaria, incluyendo prosopografía y etopeya. En unas pocas líneas, el matrimonio de Damián y Timotea queda perfectamente perfilado. Le sigue un diálogo entre los personajes, que también es caracterizador: sobrio, contenido, popular y expresivo. El final del cuento es un bello ejemplo de narración: “Pero Barrito y Crisantemo habían desaparecido. Un gran fío entró en sus corazones (…). Así estuvieron un rato, hasta que oyeron la campana de la iglesia, dando la hora”.
El empleo que realiza Matute de los recursos estilísticos es acertadísimo, brillante y creativo. Metáforas, personificaciones, comparaciones, epíteto caracterizador, elipsis, etc. Iluminan un texto muy expresivo y con imágenes de una potencia sorprendente. Aportamos un ejemplo que sirve para apreciar el excelente dominio del lenguaje y de los recursos retóricos para embellecer un texto asombrosamente poético y expansivo: “También Barrito estaba orgulloso de Crisantemo. Cuando le llevaba a beber al gamellón, carretera delante, en la entrada del bosque. Cuando le llevaba a la leña. Cuando le llevaba a la tierra. Sólo por Crisantemo se le vio sonreír, con dientes menudos y cariados, una vez que le dijo el juez, viéndole pasar:
–Buen caballo tenéis, Barrito.”
 8. Contextualización del autor y la obra
Ana María Matute (Barcelona, 1925 – 2014) es una de las narradoras más importantes de posguerra. Sin ajustarse a escuelas artísticas ni movimientos a la moda (realismo social, objetivismo, novela estructural, etc.), Matute supo alcanzar un estilo propio caracterizado por el expresionismo y un portentoso dominio de la lengua castellana y de los recursos literarios. Aportan una extraordinaria poeticidad y un lirismo en la construcción de ambientes y personajes llenos de tormentos, dudas y temores, lejos de los héroes de otros tiempos.
Matute aborda la problemática social, las injusticias y los atropellos de toda índole, con valentía y sinceridad, en momentos de censura política importante, pues estamos en pleno franquismo. Por otro lado, la atención que dedica a los niños es extraordinaria. Denuncia sus carencias materiales, intelectuales y emocionales, producto de una sociedad violenta, agresiva y muy poco sensible a las preocupaciones de los niños y adolescentes. Sin educación, sin cultura, sin protección, los niños crecen en el desamparo y el dolor. Con todo, en su interior se esconden valores de amor y lealtad que afloran en los momentos más inopinados con una tremenda fuerza y contundencia. Barrito, al inmolarse, da una lección de su amor a “Crisantemo” y a sus padres adoptivos más allá de toda lógica.
9. Interpretación
“Caminos” es un cuento denso y cargado de significación. El protagonismo recae en una familia humilde, pero noble y consecuente; poseen una dignidad muy alta, pues se respetan a sí mismos y se hacen respetar. Quien mejor capta esto es el niño adoptado, sin papeles ni burocracia. Asimismo, Barrito comparte protagonismo: lo encontramos explotado por un adulto despiadado, al principio; al final, se desaparece para no disgustar a sus padres adoptivos y hacerles vender el caballo “Crisantemo”. Matute realiza una crítica social inteligente e incisiva; denuncia el estado de postración de familias pobres y el abandono e incomprensión de la infancia.
En una España pobre y ruin, en las primeras décadas de posguerra, la situación social y política era realmente penosa para la gran mayoría de la población. Matute refleja con poeticidad esta lamentable realidad a través de una simple anécdota ocurrida en un pueblo perdido. Apela a lo más hondo del lector y plantea interrogantes que desbordan lo literario para entrar en la esfera de lo ético y lo social.
  10. Valoración
Este cuento es un verdadero y hermoso artefacto literario. Lo más sorprendente es cómo de una mera anécdota rural se salta a una reflexión de carácter universal. Ello se logra a través de un uso maestro de la lengua literaria. Matute cuenta con mucho lirismo: las anécdotas adquieren un sentido mucho más profundo gracias a insinuaciones que van jalonando la narración. Los sentidos metafóricos amplían la significación del conjunto hasta límites insospechados al principio de la lectura.
La escritora barcelonesa sabe transcender la anécdota local para lograr un relato de significación universal. Los valores que emergen en la lectura son la lealtad, el amor contenido, tanto a las personas como a los animales. También es muy llamativo el sentido de la generosidad de Barrito, ese niño silencioso que se sacrifica trágicamente para que sus padres adoptivos y su caballo “Crisantemo” sigan unidos. Y justo lo hace el niño explotado por los pueblos desde su más tierna infancia. Recibió egoísmo y devuelve generosidad, aunque dolorosa para sus padres, en sí mismos ejemplo de sencillez rural atravesada de humanitarismo.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica la figura del narrador.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos de época –España de posguerra– se aprecian en el texto?
2) Indica los móviles del comportamiento de los Francisquitos y Barrito.
3) ¿Qué importancia narrativa posee “Crisantemo”?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto las diferencias sociales y económicas?
5) El destino irónico aparece en el texto: ¿cómo?
6) ¿Qué pensar de la actitud de Barrito? Razona plausiblemente.
7) ¿Cómo podemos juzgar la actitud de los padres? Aporta argumentos.
2.3. Comentario de texto específico
Al día siguiente los de la guitarra habían desaparecido del pueblo. En un principio se pensó en seguirles, pero la Timotea habló a su marido, y éste al alcalde.
–Damián, vamos a quedarnos a Barrito.
–¿Y eso, mujer?
–Más a gusto trabajará en nuestra tierra que de caminos. ¡No tenemos hijos, Damián!
El alcalde se rascó la cabeza, cuando se lo dijeron. Al fin, se encogió de hombros:
–Mejor es así, Francisquita, mejor es así. Piero si un día le reclaman…
–Sea lo que Dios quiera –dijo ella.
Y se quedaron con Barrito.
Pasó el tiempo y nadie lo vino a reclamar. Barrito era un niño callado, como si no pudiera quitarse del todo su aire triste, huraño y como amedrentado. Los Francisquitos le tenían como hijo de verdad, del corazón. Barrito aprendió a trabajar. Ayudaba a Damián a sostener el arado e iba con Timotea a cavar, con su pequeña azada al hombro. Enseguida aprendió de simientes y de riegos, de tierra buena y mala, de piedras, árboles y pájaros. Barrito era dócil, ciertamente. Escuchaba en silencio a los Francisquitos, cuando le hablaban, y obedecía. A veces, Timotea hubiera querido verlo más cariñoso, y le decía a su marido:
–Sólo un pero tiene el niño, Damián: que no creo que nos tenga amor. Es bueno, eso sí. Y obediente. Porque agradecido sí parece. ¡Ay, Damián!, pero cariñoso no, cariño no le despertamos.
Damián liaba un cigarrillo, despacio.
–Mujer -decía–, mujer, ¿qué más quieres?
También Barrito estaba orgulloso de Crisantemo. Cuando le llevaba a beber al gamellón, carretera delante, a la entrada del bosque. Cuando le llevaba a la leña. Cuando le llevaba a la leña. Cuando le llevaba a la tierra. Sólo por Crisantemo se le vio sonreír, con dientes menudos y cariados, una vez que le dijo el juez, viéndole pasar:
–Buen caballo tenéis, Barrito.
Barrito cumplió catorce años. Francisquito le enseñó, paciente, durante las noches de invierno, a leer y a escribir. Y también algo de cuentas.
A) Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica cómo aparece la figura del narrador.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al texto.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
B) Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué oficio desarrollan los Francisquitos, a juzgar por el texto?
2) Indica los móviles de la adopción de los Francisquitos.
3) ¿Qué importancia narrativa posee “Crisantemo”?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto las diferencias sociales y económicas?
5) ¿Cómo era la educación de los niños? ¿Era suficiente para afrontar la vida?
6) ¿Qué pensar de la actitud del supuesto padre de Barrito? Razona plausiblemente.
7) ¿Qué sentimientos y en qué grado posee Barrito sobre sus padres y “Crisantemo”? Aporta argumentos.
2.4. Fomento de la creatividad sobre el cuento “Caminos”
1) Escribe un cuento de misterio y aventura como el que has leído, en una época que te guste especialmente, incluida la contemporánea.
2) Cambia el final del cuento en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en una obra dramática para ser representada ente la clase o la comunidad escolar, lo que se puede llevar a cabo si las circunstancias lo permiten.
4) Aporta imágenes de paisajes, pueblos, ciudades, etc. que pudieran ser buenos escenarios en el que ocurrieron los hechos del cuento.

 

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“El jorobado y su increíble muerte” (de “Las mil y una noches”); adaptación, análisis y propuesta didáctica

LAS MIL Y UNA NOCHES: “HISTORIA DEL JOROBADO Y SU INCREIBLE MUERTE” (ANÓNIMO)

Entonces Sherezade dijo al rey Shariar, su marido:
—He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de las edades y de los siglos, hubo en una ciudad de la China un hombre que era sastre y estaba muy satisfecho de su condición. Amaba las distracciones apacibles y tranquilas y de cuando en cuando acostumbraba a salir con su mujer, para pasearse y recrear la vista con el espectáculo de las calles y los jardines. Pero cierto día que ambos habían pasado fuera de casa, al regresar a ella, al anochecer, encontraron en el camino a un jorobado de tan grotesca facha, que era antídoto de toda melancolía y haría, reír al hombre más triste, disipando toda pesar y toda aflicción.
Inmediatamente se le acercaron el sastre y su mujer, divirtiéndose tanto con sus chanzas, que le convidaron a pasar la noche en su compañía. El giboso hubo de responder a esta oferta como era debido; uniéndose a ellos, llegaron juntos a la casa. Entonces el sastre se apartó un momento para ir al zoco antes de que los comerciantes cerrasen sus tiendas, pues quería comprar provisiones con que obsequiar al huésped. Compró pescado frito, pan fresco, limones, y un gran pedazo de tarta para postre. Después volvió, puso todas estas cosas delante del jorobado, y todos se sentaron a comer.
Mientras comían alegremente, la mujer del sastre tomó con los dedos un gran trozo de pescado y lo metió por broma todo entero en la boca del corcovado, tapándosela con la mano para que no escupiera el pedazo, y exclamó:
—¡Tienes que tragarte ese bocado de una vez sin remedio, o si no, no te suelto!
Entonces, el jorobado, tras muchos esfuerzos, acabó por tragarse el pedazo entero. Pero desgraciadamente para él, había decretado el Destino que en aquel bocado hubiese una enorme espina. Y esta espina se le atravesó en la garganta ocasionándole en el acto la muerte.
Cuando el sastre vio morir de aquella manera al jorobado, exclamó:
—¡Sólo Alá él Altísimo y Omnipotente posee la fuerza y el poder! ¡Qué desdicha que este pobre hombre haya venido a morir precisamente entre nuestras manos!
Pero la mujer replicó:
—¿Y qué piensas hacer ahora?
Su marido respondió:
—No sé, en verdad, qué hacer.
Pero su mujer ordenó:
—Levántate, que entre los dos lo llevaremos, tapándole con una colcha de seda, y lo sacaremos ahora mismo de, aquí, yendo tú detrás y yo delante. Y por todo el camino irás diciendo en alta voz: “¡Es mi hijo, y ésta es su madre! Vamos buscando a un médico que lo cure. ¿En dónde hay un médico?”
Al oír el sastre estas palabras, se levantó, cogió al corcovado en brazos, y salió de la casa en seguimiento de su esposa. Y la mujer empezó a clamar:
—¡Oh mi pobre hijo! ¿Podremos verte sano y salvo? ¡Dime! ¿Sufres mucho? ¡Oh maldita viruela! ¿En qué parte del cuerpo te ha brotado la erupción?
Y al oírlos, decían los transeúntes: “Son un padre y una madre que llevan a un niño enfermo de viruelas.” Y se apresuraban a alejarse.
Y así siguieron andando el sastre y su mujer, preguntando por la casa de un médico, hasta que los llevaron a la de un médico judío. Llamaron entonces, y en seguida bajó una criada, abrió la puerta, y vio a aquel hombre que llevaba un niño en brazos, y a la madre que lo acompañaba. Y ésta le dijo:
—Traemos un niño para que lo vea el médico. Toma esta moneda de plata y dásela por adelantado a tu amo, rogándole que baje a ver al niño, porque está muy enfermo.
Volvió a subir entonces la criada, y en seguida la mujer del sastre traspuso el umbral de la casa, hizo entrar a su marido, y le dijo:
—Deja en seguida ahí el cadáver del giboso. Y vámonos a escape.
 El sastre soltó el cadáver del jorobado, dejándolo arrimado al muro, sobre un peldaño de la escalera, y se apresuró a marcharse, seguido por su mujer.
En cuanto a la criada, entró en casa de su amo el médico judío, y le dijo:
—Ahí abajo queda un enfermo, acompañado de un hombre y una mujer, que me han dado para ti esta moneda de plata para que recetes algo que le alivie.
Cuando el médico judío vio la moneda, se alegró mucho y se apresuró a levantarse; pero con la prisa no se acordó de coger una luz para bajar. Y por esto tropezó con el jorobado, derribándole. Y muy asustado, al ver rodar a un hombre, le examinó en seguida. Al comprobar que estaba muerto, se creyó causante de su muerte. Y gritó entonces:
—¡Oh Señor! Por las diez palabras santas! He aquí que acabo de tropezar con este enfermo, y le he tirado rodando por la escalera. Pero ¿cómo salgo yo ahora de casa con un cadáver?
De todos modos, acabó por cogerlo y llevarlo desde el patio a su habitación, donde lo mostró a su mujer, contando todo lo ocurrido. Y ella exclamó aterrorizada:
—¡No, aquí no lo podemos tener! ¡Sácalo de casa cuanto antes! Como continúe con nosotros hasta la salida del sol, estamos perdidos sin remedio. Vamos a llevarlo entre los dos a la azotea y desde allí lo echaremos a la casa de nuestro vecino el musulmán. Ya sabes que es el proveedor de la cocina del rey, y su casa está infestada de ratas, perros y gatos, que bajan por la azotea para comerse las provisiones de aceite, manteca y harina. Por tanto, esos bichos no dejarán de comerse este cadáver hasta no quedar nada de él.
El médico judío y su mujer cogieron al corcovado y lo llevaron a la azotea, y desde allí lo hicieron descender pausadamente hasta la casa del proveedor, dejándolo de pie contra la pared de la cocina. Después se alejaron tranquilamente camino de su casa.
Al poco de que el giboso se hallara arrimado contra la pared, el proveedor, que estaba ausente, regresó a su casa, abrió la puerta, encendió una vela, y entró. Y encontró a un hombre de pie en un rincón, junto a la pared de la cocina. Sorprendidísimo, exclamó:
—¿Qué es eso? He aquí, que el ladrón que acostumbraba a robar mis provisiones no era un bicho, sino un ser humano. Este es el que me roba la carne y la manteca, a pesar de que las guardo cuidadosamente por temor a los gatos y a los perros. Bien inútil habría sido matar a todos los perros y gatos del barrio, como pensé hacer puesto que este individuo es el que bajaba por la azotea.
Y en seguida agarró el proveedor una enorme estaca, yéndose para el hombre; le dio de garrotazos y, aunque le vio caer, le siguió apaleando. Pero como el hombre no se movía, el intendente advirtió que estaba muerto, y entonces dijo desolado:
—¡Malditas sean la manteca y la carne, y maldita esta noche! Se necesita tener toda la mala suerte que yo tengo para haber matado así a este hombre. Y no sé qué hacer con él.
Después lo miró con mayor atención, comprobando que era giboso. Y lo recriminó:
—¿No te basta con ser corcovado? ¿Querías también ser ladrón y robarme la carne y la manteca de mis provisiones? ¡Oh Dios protector, ampárame con el velo de tu poder!
Y como la noche se acababa, el proveedor se echó a cuestas al jorobado, salió de su casa y anduvo cargado con él hasta que llegó a la entrada del zoco. Se paró, colocó de pie al giboso junto a una tienda, en la esquina de una bocacalle y se fue.
Y al poco tiempo de estar allí el cadáver del jorobado, acertó a pasar un cristiano copto que era comerciante. Aquella noche estaba beodo; en tal estado, iba a los baños a asearse. Su borrachera le incitaba a las cosas más curiosas, y se decía: “¡Vamos, que eres casi como el Mesías!” Marchaba haciendo eses y tambaleándose; acabó por llegar adonde estaba el jorobado.
De pronto vio al jorobado delante de él, apoyado contra la pared. Al encontrarse con aquel hombre, que seguía inmóvil, se le figuró que era un ladrón y que acaso fuese quien le había robado el turbante, pues iba sin nada en la cabeza. Entonces se abalanzó contra aquel hombre, y le dio un golpe tan violento en la nuca que lo hizo caer al suelo. En seguida empezó a dar gritos llamando al guarda del zoco. Con la excitación de su embriaguez, siguió golpeando al corcovado y quiso estrangularlo, apretándole la garganta con ambas manos. En este momento llegó el guarda del zoco y vio al copto encima del giboso, dándole golpes y a punto de ahogarlo. Y el guarda dijo:
—¡Deja a ese hombre y levántate!
El comerciante copto se levantó. El guarda del zoco se acercó al jorobado, que se hallaba tendido en el suelo, lo examinó y vio que estaba muerto. Y gritó:
—¿Cuándo se ha visto que un copto tenga la audacia de golpear a un musulmán y matarlo? Y el guarda se apoderó de él, le ató las manos a la espalda y le llevó a casa del walí. El copto se lamentaba y decía:
—¡Oh Mesías, oh Virgen! ¿Cómo habré podido matar a ese hombre? ¡Y qué pronto ha muerto, sólo de un puñetazo! Se me pasó la borrachera, y ahora viene la reflexión.
Llegados a casa del walí, el comerciante y el cadáver del corcovado quedaron encerrados toda la noche, hasta que el walí se despertó por la mañana; interrogó al comerciante copto, que no pudo negar los hechos referirlos por el guarda, del zoco. Y el walí no pudo hacer otra cosa que condenarlo a muerte. Ordenó pregonar por toda la ciudad la sentencia de muerte del copto. Luego mandó que levantasen la horca y se llevasen a ella al sentenciado.
Entonces se acercó el verdugo, preparó la cuerda, hizo el nudo corredizo y se lo pasó por el cuello. Ya iba a tirar de él, cuando, de pronto, el proveedor del sultán hendió la muchedumbre y abriéndose camino hasta el copto, que estaba de pie junto a la horca, dijo al verdugo:
—¡Detente! ¡Yo soy quien ha matado a ese hombre!
El walí le preguntó:
—¿Y por qué le mataste?
El proveedor respondió:
—Vas a saberlo. Esta noche, al entrar en mi casa, advertí que se había metido en ella descolgándose por la terraza, para robarme las provisiones. Y le di un golpe en el pecho con un palo, y en seguida le vi caer muerto. Entonces le cogí a cuestas y le traje al zoco, dejándole de pie arrimado contra una tienda. Y he aquí que ahora, con mi silencio iba a ser causa de que matasen a este comerciante copto, después de haber sido yo quien mató a un musulmán. ¡A mí, pues, hay que ahorcarme!
Cuando el walí hubo oído las palabras del proveedor, dispuso que soltasen al copto. Ordenó al verdugo:
—Ahora mismo ahorcarás a este hombre, que acaba de confesar su delito.
Entonces el verdugo tomó la cuerda que había pasado por el cuello del copto y rodeó con ella el del proveedor y lo llevó juntó al patíbulo. Cuando lo iba a levantar en el aire, de pronto el médico judío atravesó la muchedumbre, y dijo a voces al verdugo:
—¡Aguarda! ¡El único culpable soy yo! —Luego contó así la cosa—: sabed todos que este hombre me vino a buscar para consultarme, a fin de que lo curara. Y cuando yo bajaba la escalera para verle, como era de noche, tropecé, con él y rodó hasta lo último de la escalera, convirtiéndose en un cuerpo sin alma. De modo que no deben matar al proveedor, sino a mí solamente.
Así las cosas, el walí dispuso la muerte del médico judío. El verdugo quitó la cuerda del cuello del proveedor y la echó al del médico judío. De pronto, se vio llegar al sastre, que, atropellando a todo el mundo, dijo:
—¡Detente! Yo soy quien lo maté. Y he aquí lo que ocurrió. Salí ayer de paseo y regresaba a mi casa al anochecer. En el camino encontré a este giboso, que estaba borracho y muy divertido, pues llevaba en la mano una pandereta y se acompañaba con ella cantando graciosamente. Me detuve para contemplarle y divertirme, y tanto me regocijó, que lo convidé a comer en mi casa. Y compré pescado entre otras cosas. Cuando estábamos comiendo, tomó mi mujer un trozo de pescado, que colocó en otro de pan, y se lo metió todo en la boca a este hombre y el bocado le ahogó, muriendo en el acto. Entonces lo cogimos entre mi mujer y yo y lo llevamos a casa del médico judío. Bajó a abrimos una criada, y yo le dije una mentira. Después le di una moneda de plata para su amo. Y mientras ella subía, agarré en seguida al jorobado y lo puse de pie contra el muro de la escalera. Yo y mi mujer nos fuimos a escape. Entretanto, bajó el médico judío para ver al enfermo; pero tropezó con el jorobado, que cayó en tierra, y el judío creyó que lo había matado él.
Y en este momento, el sastre se volvió hacia el médico judío y le preguntó:
—¿No fue así?
El médico repuso:
—¡Esa es la verdad!
Entonces, el sastre, dirigiéndose al walí, exclamó:
—¡Hay, pues, que soltar al judío y ahorcarme a mí!
El walí, prodigiosamente asombrado, afirmó:
—En verdad que esta historia merece escribirse en los anales y en los libros—. Después mandó al verdugo que soltase al judío y ahorcase al sastre, que se había declarado culpable. Entonces el verdugo llevó al sastre junto a la horca, le echó la soga al cuello, y dijo:
—¡Esta vez va de veras! ¡Ya no habrá ningún otro cambio! –-y tomó la cuerda.
El corcovado, no era otro que el bufón del sultán, del que ni una hora podía separarse de él. Se había emborrachado aquella noche y se había escapado de palacio, permaneciendo ausente toda la noche.
Al otro día, cuando el sultán preguntó por él, le contaron la muerte del jorobado y el lío con los asesinos. El sultán, sin querer escuchar más, llamó a un secretario y le dijo:
—Baja en seguida en busca, del walí y ordénale que traiga a toda esa gente que está junto a la horca.
El secretario bajó, y llegó junto al patíbulo, precisamente cuando el verdugo iba a ejecutar al sastre. El secretario, horrorizado, gritó:
—¡Detente!
En seguida le contó al walí que esta historia del jorobado había llegado a oídos del rey. Se llevó ante el sultán al walí, al sastre, al médico judío, al proveedor de palacio y al comerciante copto, mandando transportar también el cuerpo del jorobado.
Cuando el walí se presentó ante el rey, se inclinó, besó la tierra y refirió toda la historia. El sultán, al oír tal historia, se maravilló mucho. Después mandó a los escribas de palacio que escribieran esta historia con aguja de oro. Y luego preguntó a todos los presentes:
—¿Habéis oído alguna vez historia semejante a la del jorobado?
 El comerciante copto avanzó un paso, besó la tierra entre las manos del rey, y dijo:
—¡Oh rey! Sé una historia mucho más asombrosa que nuestra aventura con el giboso. La referiré, con tu venia, porque es más sorprendente, más extraña y más deliciosa que la del jorobado.
Y replicó el rey:
—¡Ciertamente! Desembucha lo que hayas de decir para que lo oigamos.
Entonces, el comerciante copto contó la historia de un joven de Bagdag al que le cortaron la mano derecha en El Cairo, de donde él era, por robar, tras haberse arruinado por el amor de una mujer; la mujer había ahorrado el dinero de los regalos del joven, ahora manco; se casaron, pero ella murió de pena unos meses después; el viudo le cedió parte de sus ganancias al comerciante copto y regresó a El Cairo.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran a todos por haber asesinado al bufón. El proveedor, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del copto. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si era tan inaudita como decía.
El proveedor relató la historia de un hombre de Bagdag que se enamoró de una joven muy bella. Pero en la noche de bodas comió un plato de arroz con fuerte sabor a ajo. La mujer lo rechazó y le mandó cortar los dedos índices de ambas manos, y aun de los pies. Luego lo perdonó y vivieron felices, pero ella murió al año.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran de todos modos. El médico judío, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del proveedor. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si era tan inaudita como decía.
El médico contó la historia de un muchacho que le habían cortado la mano derecha por haber robado un collar de perlas, según una falsa acusación. Sin saberlo, se había enamorado de la hija mayor del gobernador de Damasco; está mató a su hermana por celos. Al fin, se casó con la tercera hermana, sin el brazo derecho.
Al rey no le agradó mucho la historia y mandó que los ahorcaran de inmediato. El sastre, muerto de miedo, solicitó contar una historia más maravillosa que la del judío. El sultán le dio permiso y prometió liberarlos si tan asombrosa era.
El sastre contó la historia de un joven de Bagdag que perdió una pierna huyendo del palacio del gobernador de la ciudad. Estaba allí porque era enamorado de su hija, pero un barbero muy charlatán y presuntuoso lo seguía y descubrió su escondite. Huyendo del palacio, perdió la pierna. Luego el joven se encontró con el barbero en un convite donde estaba el sastre, y relató su historia, pero se quería ir por no coincidir con el causador de su cojera.
En ese convite, el barbero afirmó que era persona juiciosa y contó una historia para demostrarlo. Tras librarse de ser decapitado por su tontería, cuenta la historia de sus seis hermanos: Babuk, el sastre cojo, castigado públicamente por intentar seducir a una mujer casada. El-Haddar, sin oficio, necio, fue ridiculizado por unas mujeres que lo maquillaron como a fémina y lo pasearon en un burro, montado al revés, por Bagdag. Bacbac, el tercer hermano, ciego, era pordiosero, castigado por avaricioso y algo estúpido. El-Kuz, tuerto, carnicero y zapatero, castigado por el engaño inducido por una bruja. El-Aschar, el desorejado y desnarigado por unos ladrones, muy gordo, al que engañó una vieja y le robó todo. Schakalik, el pobre, con los labios cortados; se los mutilaron en una peregrinación a La Meca y fue seducido por la mujer de su amo, que lo expulsó de su casa.
El sastre y los otros invitados encerraron al barbero en una habitación oscura entre ratas. El rey, al oír esta historia, mandó llevar a su presencial al barbero, lo que rápidamente se hizo, siguiendo las indicaciones del sastre.
El barbero era un hombre mayor y de pelo canoso. Agradeció al rey su liberación. Al ver el cadáver del giboso, afirmó:
—Este hombre aún tiene el alma en el cuerpo.
—Pues demuéstralo o pagarás tu majadería por afirmar eso –replicó el rey, irritado.
Ante el asombro de todos, sacó de su zurrón unas largas tenazas de hierro, las introdujo en el garguero del giboso, manipuló en varios sentidos, y las sacó al fin, llevando en ellas el pedazo de pescado y la espina, causa de su ahogamiento. Éste estornudó estrepitosamente, abrió los ojos, volvió en sí, se palpó la cara con las manos, dio un brinco, se puso en pie y exclamó:
—¡Mohamed es el Enviado de Alá!
Y todos los circunstantes quedaron estupefactos y llenos de admiración hacia el barbero. Tras reponerse de su emoción, empezaron a reír a carcajadas al ver la cara del jorobeta. El rey exclamó:
—¡Qué ventura tan prodigiosa! ¡En mi vida he visto nada más sorprendente y extraordinario! —y añadió—: ¡Oh vosotros, aquí presentes! ¿Habéis visto alguno que así se muera un hombre para resucitar después? Si no hubiese estado aquí este barbero el día de hoy habría sido el último de la vida del corcovado. Y sólo por la ciencia y el mérito de este barbero admirable y lleno de capacidad hemos podido salvar su vida –todos los presentes asintieron.
El rey, lleno de júbilo, mandó que inmediatamente se escribieran con letras de oro la historia del jorobado y la del barbero, y que se conservasen en los archivos del reino. Así se ejecutó puntualmente. En seguida regaló un magnífico traje de honor a cada uno de los acusados, al médico judío, al comerciante copto, el proveedor y al sastre, y los agregó al servicio de su persona y del palacio, y les mandó hacer las paces con el jorobeta. A éste le hizo maravillosos regalos, le colmó de riquezas, le nombró para altas cargos y lo eligió como compañero de mesa y bebida. Al barbero le hizo vestir un suntuoso traje de honor y lo nombró barbero y peluquero de su persona y del reino.
Siguieron viviendo la vida más próspera y más dichosa, hasta que puso término a su felicidad la Arrebatadora de todo goce, la Dislocadora de toda intimidad, la Separadora de los amigos.
Al terminar su relato, la discretísima Sherezade dijo al rey:
—No creas, ¡oh rey! que esta historia sea tan notable y sorprendente como la de Ghanem ben-Ayub y su hermana Fetnah.

 

 

  1. ANÁLISIS
El jorobado y su increíble muerte” es uno de los cuentos más interesantes de Las mil y una noches. Este es un libro de origen tradicional oriental; entró en Occidente a través de la literatura española, primero; después, a través de traducciones en francés y otras lenguas a principios del siglo XVIII y centurias siguientes. Este texto recoge una enorme corriente fabuladora de literatura cuentística oral y popular, a través de muchos siglos, en distintos países y culturas. El conjunto abarca doscientos cuentos aproximadamente, lo que nos da una idea de su abrumadora riqueza y variedad. Las lenguas originarias de creación fueron el hindi, el persa, el árabe y el turco, y acaso algunas más. Aquí hemos adaptado libremente uno de los cuentos, con el fin de proporcionar una extensión, variedad y fluidez conforme a los estándares de escritura creativa de hoy.
  1.  Resumen
Sherezade, joven noble y bella, ha contraído matrimonio recientemente con el rey Shariar. Para que no la ejecute, cada noche le relata un cuento con tan buena maña, dosificando la intriga e interrumpiendo el texto en el clímax narrativo, que deja en ascuas al rey, quien pospone su decisión hasta el día siguiente. En este caso, Sherezade le relata la historia del jorobado, un bufón de una corte oriental. Un sastre lo invita a cenar a su casa, pero en una broma el giboso se atraganta y muere. Se deshacen del cadáver en casa del proveedor del gobernador, que piensa que lo ha matado él a golpes. Se deshace del cuerpo en casa de un médico judío, que piensa que lo aniquilado en un tropiezo desgraciado. Abandona el cuerpo en la calle y un comerciante copto lo apalea pensando que le había robado el turbante. La autoridad se dispone a ahorcar a este último, pero aparece el anterior “asesino” y confiesa su culpa, y así los cuatro. Al fin, se entera el rey y manda que los lleven a todos a su presencia. Pronto el rey decide ajusticiarlos a todos por haber liquidado a su bufón preferido. Pero los “asesinos” le piden por gracia contar una historia muy interesante. Entre ellas sobresale la del sastre, que había conocido ese mismo día a un barbero lenguaraz e imaginativo, quien había contado la historia de sus seis hermanos. Un manco también cuenta la suya, harto interesante porque considera al barbero el causante de sus desgracias. El rey pide ahora que busquen al barbero, que había quedado encerrado en una cámara lúgubre. Ante su presencia, aplica un ungüento al cuello del corcovado; tras una hora, le extrae con unas grandes tenazas el pescado atragantado y vuelve a la vida. El rey, agradecido por el milagro, premia a todos dadivosamente. Sherezade anuncia una nueva historia aún más intrigante.
2. Tema
El tema principal se puede enunciar así: el miedo y la valentía, junto con el azar, dan grandes vuelcos a la vida, siempre imprevisible y sometida a la voluntad de los dioses.
Existen otros temas secundarios, que enumeramos: la habilidad para contar historias puede salvar la vida, la codicia acarrea grandes males, la lujuria es parte de la vida y conduce al hombre al abismo, la honestidad suele tener premio para las personas y, finalmente, el milagro y la magia obra consecuencias inesperadas, etc.
3. Apartados temáticos
Este cuento, de autor anónimo y tradición popular, posee una estructura clásica. Por eso encontramos tres partes. Pero como estamos ante un cuento introducido en otro, posee un apartado final donde se anuncia el siguiente relato:
-Una primera parte introductoria donde Sherezade presenta a los personajes e introduce la trama. Este breve apartado ocupa hasta el fin de la primera intervención de Sherezade.
-La segunda parte es muy amplia. Abarca desde el tercer párrafo hasta los cuatro párrafos finales, que quedan excluidos. Aquí hay muchos subapartados, que operan por concatenación. De un personaje con sus acciones o su historia se pasa al siguiente, que surge del anterior. Es una anadiplosis narrativa muy amplia y muy bien trabada.
-La tercera parte vuelve a ser muy breve. Estamos ante el desenlace o conclusión, donde todos los hilos narrativos confluyen.
-La cuarta parte está constituida por la breve intervención de Sherezade, donde anuncia “la notable y sorprendente como la de Ghanem ben-Ayub y su hermana Fetnah”. Es un modo de captar la atención de su marido el iracundo rey Shariar.
Como vemos, estamos ante una división temática lógica y coherente. El lector percibe los cambios de cuento en cuento, perfectamente concatenados. Aunque aquí se ha suprimido en aras a la brevedad, en el original se marcan los cambios de noche y las intervenciones de fin y cierre de narración de cada noche por parte de Sherezade. La voz narrativa está ahí e imprime coherencia al conjunto de cuentos; es un modo eficaz de ordenar y facilitar la lectura.
4. Personajes
Los protagonistas son los cuatro “asesinos” del jorobado: el sastre musulmán, el proveedor también musulmán, el médico judío y el comerciante copto. Nótese la variedad de oficios y religiones. Todos ellos son cobardes y miedosos, pero honestos y valientes a su debido tiempo.
El corcovado ocupa un papel pasivo; no habla en toda la obra, ni apenas actúa: sólo morirse y resucitar. A su mismo nivel está el rey de China, que es quien decide si las historias tienen la suficiente calidad como para salvar la vida de los cuatro “homicidas”. Se muestra bastante colérico, impaciente y severo, pues amenaza con la muerte a los implicados si no aplacan sus ansias literarias –escuchar una buena historia– de modo inmediato y satisfactorio.
También el barbero adquiere una gran relevancia. Es un personaje secundario, pues aparece más tarde y no está involucrado en el “homicidio” inicial del giboso, pero es quien obra el milagro con un aceite y unas buenas tenazas: “resucita” al bufón cuando todos lo daban por muerto. Su carácter es literariamente rico porque oscila entre lo enfadoso y lo gracioso, entre lo repugnante y estúpido, y lo admirable por su inteligencia.
Un personaje significativo, aunque está como entre bambalinas, es la propia narradora, Sherezade. No actúa, solo habla, pero de manera inteligente, dosificada y cautivadora para sus oyentes y para nosotros. Secretamente, vamos admirando su habilidad contadora y su ingeniosa elocuencia, lo que le permite salvar su vida noche a noche.
5. Narrador
Sherezade es la narradora principal, del relato marco. Pero luego muchos personajes cuentan una historia, o varias, como el locuaz barbero. Aquí podemos apreciar el alto grado de elaboración narrativa. Primero tenemos a una narradora general, que dice que desea contar una historia a su marido real, pues es el modo de salvar su vida un día más. Esta misma narradora reaparece en el último apartado, donde anuncia una nueva historia. En el texto original asoma al final de cada noche y al principio de la siguiente.
Los autores anónimos componen con la estructura de relato marco, también conocido como técnica de mise en abyme: un relato dentro de otro relato, y así sucesivamente, a modo de muñecas rusas o cajas chinas. Es una técnica perfecta para potenciar la trama y diversificar el contenido.
6. Lugar y tiempo de la acción narrada
En cuanto al lugar, genéricamente estamos en Oriente. Aparecen ciudades clásicas (El Cairo, Bagdag, Alepo, Mosul, etc.) y el reino de China, el más oriental. Los cuentos nacieron justamente en esas tierras, así que es lógico que la acción narrativa discurra allí. Para el lector occidental, posee un ingrediente de exotismo, misterio, fascinación… pues las diferencias culturales y la lejanía –al menos, en los siglos pasados– abonan la imaginación y la fantasía lectora.
El tiempo de la escritura no se puede determinar con precisión. Estamos ante un libro que ha cristalizado por decantación a lo largo de los siglos, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Muchos cuentos de diversas procedencias y culturas, con modificaciones frecuentes, dieron como resultado este hermoso libro dado a conocer en Occidente, como bloque unitario, en los primeros años del siglo XVIII, gracias a la labor de Jean Antoine Galland.
El tiempo de la acción narrada también ofrece una perspectiva difusa. Estamos en una época primitiva, más o menos antigua, acaso medieval: caravanas de comerciantes, vida urbana en las grandes ciudades orientales y oficios cotidianos propios de lo que en Europa identificamos con la Edad Media, pero bien podían ser anteriores. Aunque dentro de un cuento marco se insertan una docena de cuentos, guardan una evidente unidad cronológica porque muchos cuentos son narrados por personajes del cuento previo; y en muchos casos recrea su vida anterior o la de otros personajes que conoce, presentándose como narrador testigo, o coprotagonista.
La duración de la acción es multiforme y muy rica. El relato marco de Sherezade dura varios días –cuatro o cinco–, en relación al hecho de contar en voz alta para su marido. Inmediatamente surge la extensión temporal del relato principal: la muerte y “resurrección” del corcovado, que dura un día. A continuación, vienen los relatos de muchos personajes, que suelen durar años. Por ejemplo, las biografías de los hermanos del barbero se extienden por treinta o cuarenta años cada una, la edad de sus protagonistas. Observamos así una gran variedad, lo que enriquece la amenidad lectora.
7. Análisis estilístico
Como estamos ante una literatura colectiva, oral y popular, el estilo es sencillo, económico y claro. No podemos hablar de una voluntad de estilo o de una elaboración formal intencionadamente compleja, pues va en contra del origen y naturaleza de estos cuentos. La economía narrativa se percibe muy bien en el ritmo narrativo vivo y ligero. También en la presentación ligera y precisa de los personajes, por lo que tienden al estereotipo. No se profundiza en ellos, el narrador deja que vayan cristalizando con sus acciones y palabras.
El manejo de los recursos estilísticos también es primario: comparaciones, hipérboles, exclamaciones retóricas y muchas elipsis son las herramientas embellecedoras más comunes. El léxico es sencillo y popular; carece de florituras, pero con el sabor de la realidad cotidiana. Evita exabruptos y disfemismos, recurriendo a eufemismos y alusiones, sobre todo en asuntos sexuales y escatológicos, como se aprecia muy bien en el final del cuento. No se mienta la muerte, sino que, a base de circunloquios, se la trae a colación, con todo el temor que provoca. En cuanto a la sintaxis, se aprecia un dominio del periodo corto; las oraciones cortas predominan sobre las largas. También es bien perceptible una cierta tendencia a la concatenación de palabras y períodos, lo cual es lógico porque aportan coherencia y trabazón lógica.
El cuento posee un ritmo bastante vivo. No puede ser de otro modo, si tenemos en cuenta que dentro del cuento marco se incrustan otra docena de ellos. No ha lugar a digresiones o descripciones pormenorizadas. Podríamos decir que el esquema narrativo es: presentación del personaje principal: realiza una acción debido a una causa e inmediatamente sucede una consecuencia, fatal o no. Los golpes de fortuna tienen su importancia (el protagonista gana o pierde una fortuna, se enamora o desenamora, viaja o queda confinado, enferma o sana rápidamente, etc.) e introducen aventura y variedad.
8. Contextualización de la época y del autor
“El jorobado y su increíble muerte” es uno de los centenares de cuentos de Las mil y una noches, libro de tradición oriental, producto de una fértil y poderosa tradición literaria oral, popular y colectiva. En este cuento captamos muy bien los rasgos básicos de esta literatura cuentística popular:
A) Preferencia por motivos y asuntoscontemporáneos: personajes, acciones y modos de vivir y sentir son los propios de civilizaciones orientales en épocas pretéritas. Se presenta la vida en su cotidiano vivir: comer, dormir, amar, odiar, viajar, trabajar en diversos oficios, etc., son las acciones de los personajes. La lectura nos deja una vívida imagen de la vida diaria, real y concreta, con sus miserias y grandezas.
B) Focalización en las peripeciasde la vida cotidiana, mayormente provocados por el deseo de riqueza, de poder, de amor o de diversión. Los impulsos contrarios también aparecen y tienensu importancia.
C) Los personajes, sobre todo los protagonistas, actúan comopersonas delcumún, guiados por el amor en muchas de sus variantes –muchas veces no pasa de un impulso erótico superficial y momentáneo–, la codicia, el poder honor, la valentía y la honra.
D) El marco urbano de ciudades orientales importantes es el preferido en la narración: El Cairo,Bagdag, Alepo, Damasco, etc. son las ciudades que se citan. Conviene tener en cuenta que el relato marco se desenvuelve en China, de la que, sin embargo, no se alude a ninguna ciudad.
E) El final feliz se impone. Tras muchas peripecias, el ejercicio y cultivo de ciertas virtudes (honestidad, pues los cuatro “homicidas” confiesan su “crimen” aun a sabiendas de que pueden ser ejecutados; locuacidad, pues cuentan buenas historias al rey de China, lo que les salva de morir ejecutados, etc.). Algunos finales de los cuentos insertados son tragicómicos, como los que relatan la vida de los hermanos del barbero.
F) El sentimiento religioso posee un peso específico. Los personajes pueden ser miserables, pero todos son temerosos de la ley de Dios. Análogamente, el acatamiento de la autoridad política esindudable: todos obedecen y acatan las leyes civiles sin mayor contratiempo.
G) El misterio, lo desconocidoy los golpes de fortunason elementos constitutivos del relato. Es un modo de potenciar la intriga y la suspensión, para deleite del lector.
H) Si se observa con atención, vemos que los personajes representan a las tres grandes religiones monoteístas y a distintas culturas orientales. Conviven conforme a sus creencias sin mayor contratiempo, aunque con roces. De cualquier modo, todos ellos se emborrachan, muestran lujuria y codicia, temor y cobardía, junto con valentía y honradez a partes iguales.
Este cuento es un ejemplo maravilloso de cómo la literatura universal forma un gran río alimentado de muchos afluentes y fuentes. También de cómo la literatura popular y folclórica se ha cultivado y expandido a lo largo de los siglos. La comunicación entre culturas, pueblos y lenguas asume aquí un sentido estético y de intercambio, favorecedor de la tolerancia, que se constituye en ejemplo de convivencia entre gentes, pueblos y religiones distintos y, a veces, distantes.
9. Interpretación
Este cuento nos relata una historia de aventura, amor, muerte y resurrección. Pero al mismo tiempo, nos desliza un cuadro amplio de la vida cotidiana en ciudades orientales en épocas pretéritas: el mercado, los oficios, los afanes de cada día, los miedos y esperanzas de personas que se esfuerzan por alcanzar o mantener una posición social destacada.
La viveza y expresividad del relato permite que el lector recree un modo de vida, una sociedad heterogénea y bullente. El lector imagina con facilidad otras vidas y otras culturas que, sin duda, enriquecen su visión del mundo.
La factura literaria del cuento es notable: ritmo rápido, aventuras sin fin, relatos que nacen de otros relatos, perfectamente engarzados, proporcionan una intensa satisfacción lectora y estética. La economía narrativa y la predilección por la acción favorecen una lectura vivaz y fluida.
El pensamiento político y religioso es netamente conservador. Todo es tolerable con tal de que se respeten las buenas costumbres, la autoridad con mando (todas son monarquías) y las formas sociales exteriores. De puertas adentro, ya es otro cantar…
10. Valoración
Hemos leído un magnífico cuento de la tradición literaria oriental, lleno de valores artísticos e ideológicos, los cuales nos permiten entender otras culturas y civilizaciones. Los autores anónimos supieron imprimir variedad temática, diversidad anecdótica y una clara preferencia por el suspense, la intriga y lo extraordinario –un muerto resucita— en un marco de vida cotidiana normal y corriente. La lectura es amena y enriquecedora para el lector, que se ve transportado a otros lugares. Al compartir con los protagonistas sus cuitas cotidianas, esas sí, iguales en todo el planeta, se crea una corriente de simpatía y complicidad lectora.
La arquitectura narrativa está muy lograda. El relato marco muestra una alta elaboración y una reflexión narrativa nada desdeñable. Aquí se percibe muy bien el gusto por contar algo divertido, distinto y original, a la par que moralizante. La difuminación de las fuentes de la narración y la variedad de protagonistas y peripecias es un imán para el lector de cualquier tiempo.
Cientos de años después de su escritura, acaso un milenio, este cuento goza de una frescura y una originalidad narrativa inauditas. Hoy, como ayer, cuando surgió del ingenio popular, se lee con gozo y satisfacción lectora porque logra lo que alcanza la buena literatura: trasladar al lector de su mundo cotidiano a otro muy distinto, que conoce y recrea en su imaginación gracias al manejo maestro del lenguaje y la imaginación. Por eso Las mil y una noches forman parte de nuestros clásicos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica cómo funciona la figura de Sherezade.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos orientales se aprecian en el texto?
2) Indica la razón de los cuatro “homicidas” para actuar como lo hacen.
3) Realiza lo mismo respecto del barbero y de Sherezade.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la convivencia entre culturas y religiones distintas?
5) Lo maravilloso aparece en el relato: ¿cómo?
6) ¿Qué pensar de la actitud del rey Shariar, esposo de Sherezade? Razona plausiblemente.
7) ¿Cómo podemos juzgar la actitud del rey, amenazando primero y premiando después a los contadores de cuentos? Aporta hipótesis verosímiles.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento de misterio y aventura como el que has leído, en una época que te guste especialmente, incluida la contemporánea.
2) Cambia el final del cuento en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en una obra dramática para ser representada ente la clase o la comunidad escolar, lo que se puede llevar a cabo si las circunstancias lo permiten.
4) Aporta imágenes de paisajes, palacios, ciudades, etc. que pudieran ser buenos escenarios en el que ocurrieron los hechos del cuento oriental.
5) Realiza una presentación o exposición, con cartel o con medios TIC, ante la clase o la comunidad educativa sobre Las mil y una noches.
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G. A. Bécquer: “El Monte de las Ánimas”; análisis y propuesta didáctica

G. A. BÉCQUER: “EL MONTE DE LAS ÁNIMAS”

 

En la noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.
I
 -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
-¡Tan pronto!
-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
-Ese monte que hoy llaman de las ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.
II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
-Sí.
-Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
-No sé…. en el monte acaso.
-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche…. esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
-Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.
III
Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!
IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

 

2. ANÁLISIS
  1. Resumen
El narrador afirma que escuchó una historia, la que él se dispone a narrar, en el mismo lugar y en la misma noche de difuntos (31 de octubre) en que ocurrieron los hechos relatados. Estos se enmarcan en un tiempo medieval. Alonso está enamorado de su prima Beatriz, que está de visita, pues vive en Francia. En una excursión al Monte de la Ánimas, en los montes cercanos a la ciudad de Soria, Alonso le cuenta a su prima la siniestra leyenda que arrastra el lugar: los cruzados se enfrentaron a muerte con la nobleza soriana por la posesión y usufructo del bosque. El choque fue sangriento y murieron muchos de ambos bandos. El rey de Castilla ordenó enterrarlos a todos juntos en la capilla de ese monte. Los lugareños afirman que en la noche de difuntos se oyen gritos horribles, los animales huyen espantados y, al día siguiente, aún se pueden ver en la nieve las huellas descalzas de los contendientes. Alonso, heredero de los condes de Alcudiel, le desvela su pasión a su prima Beatriz, heredera de los condes de Borges. Está dispuesto a hacer lo que sea para demostrar su valor. Ella, algo malévola, tal vez irresponsable y frívola, le pide a su primo que le busque la banda azul que ha perdido en su paseo por ese mal afamado lugar. Él no lo duda y, en plena noche, toma su caballo y se lanza a tan siniestro lugar. Beatriz durmió muy mal, tuvo pesadillas y creía oír gritos y lamentos horribles. Al día siguiente le informan que habían hallado el cuerpo de Alonso devorado por los lobos. Ella muere también de horror, acaso de remordimiento. El narrador cuenta que le han dicho que un cazador que pasó la noche en el Monte de las Ánimas relató, antes de morir, que en la noche de difuntos, en el momento de la oración, todos los fantasmas de los muertos salen de su tumba y persiguen a una mujer despavorida que da vueltas en torno a la tumba de Alonso.
2. Tema
El tema principal se puede enunciar así: el valor descontrolado y la frivolidad desmedida acarrean consecuencias trágicas.
Existen otros temas secundarios, que enumeramos: el odio sangriento que no cesa ni con la muerte, la posibilidad de que los fantasmas retornen al mundo de los vivos a cumplir sus venganzas, el amor apasionado finaliza en tragedia si carece de control, etc.
 3. Apartados temáticos
Bécquer quiso ser muy didáctico en la composición de este cuento, de modo que separa cada sección de contenido en partes diferenciadas y numeradas con números romanos. Por eso encontramos:
-Una primera parte introductoria donde el narrador justifica y explica cómo conoció la historia y por qué desea contarla (no está numerada en el texto, pues funciona como prólogo).
-La segunda parte (bloque I de la leyenda) se centra en el relato que Alonso le hace a su prima Beatriz sobre el origen de la siniestra fama del Monte de las Ánimas.
-La tercera parte (bloque II del texto) explica cómo Alonso le pide a su prima una prenda de recuerdo y ella lo incita a que busque la banda azul perdida en el Monte de las Ánimas. Él acepta el reto y emprende su búsqueda en plena noche.
-La cuarta parte (bloque III de la leyenda) se concentra en relatar la noche horrible, entre pesadillas y temores, de Beatriz, mientras aguarda a su primo.
-La cuarta y última parte (bloque IV de la división original) retoma otra vez la voz del narrador, que se remite a que unos lugareños le contaron que un extraviado en el lugar contó la imagen siniestra final.
Como vemos, estamos ante una división temática lógica y coherente. El lector percibe los cambios temáticos, incluso los de la voz narrativa, en cada uno de los apartados; es un modo de ordenar y facilitar la lectura.
 4. Personajes
Los protagonistas son Alonso y Beatriz, primos y unidos por una difusa relación sentimental que el narrador no aclara del todo, para aumentar la intriga. De Alonso sabemos que es un joven noble, intrépido, enérgico, muy enamorado de su prima y orgulloso de su estirpe y honra. Justamente este último rasgo será el determinante y lo llevará a una horrible muerte.
Beatriz, también noble, vive en Francia. Se la supone bella, lo que provoca el profundo enamoramiento de su primo. De modales refinados y poseedora de encantos personales, por su origen y educación, nos muestra, sin embargo, ser un tanto manipuladora y frívola. Empuja a su primo a salir en plena noche de difuntos a buscar la banda azul que había extraviado en el Monte de las Ánimas. Pagará las consecuencias, esa misma noche y en la eternidad.
El tercer personaje relevante es el propio narrador, que se nos deja ver al principio, en su insomnio. Recurre a la escritura para combatirlo, de ahí la historia que nosotros leemos. Criados y familiares de ambos rellenan las escenas colectivas, sin apenas significación.
 5. Narrador
Este punto es muy interesante porque nos permite apreciar el alto grado de elaboración narrativa. Primero tenemos a un narrador general, que dice que cuenta lo que le transmitieron los lugareños. Este mismo narrador reaparece en el último apartado, donde afirma que cuenta lo que contó un cazador –que pasó allí una noche y luego murió– a sus conocidos.
Bécquer compone con la estructura de relato marco, también conocido como técnica de mise en abyme: un relato dentro de otro relato, a modo de muñecas rusas o cajas chinas. Es una técnica perfecta para potenciar la trama, diversificar el contenido y rebajar la importancia del narrador. Muestra una gran pericia en su manejo, señal inequívoca de su aprendizaje en el maestro de la narrativa moderna: Miguel de Cervantes.
 6. Lugar y tiempo de la acción narrada
En cuanto al lugar, se insiste en él en varias ocasiones: el Monte de las Ánimas, accidente geográfico realmente existente a las afueras de Soria, camino del Moncayo. Es un lugar bastante abrupto y de aspecto inquietante. De hecho, el narrador, trasunto de Bécquer, afirma en el prólogo que “yo la oí en el mismo lugar en que acaeció”, es decir, visitó el paraje y estuvo atento a los relatos orales populares que daban cuenta de esta leyenda. Crea de este modo un lazo de complicidad con el lector y le lanza un guiño, como queriendo ser algo de narrador testigo.
El tiempo de la escritura lo podemos acotar hacia 1860 (vieron la luz en distintas publicaciones madrileñas entre 1858 y 1864). Bécquer había llegado a tierras sorianas tras su matrimonio con Casta Esteban, cuya procedencia era Noviercas, un pueblo soriano próximo al Moncayo y a la frontera con Aragón.
El tiempo de la acción narrada ofrece una cuádruple perspectiva porque se narran cuatro acciones distintas. Veámoslas de más a menos alejadas en el tiempo: el choque entre cruzados y nobles sorianos pudo ocurrir hacia el siglo XII, aproximadamente. La segunda perspectiva corresponde a Alonso contándole la historia a su prima y la noche de la muerte de ambos; tal vez han pasado siglos respecto de la anterior. La tercera perspectiva se refiere al momento en que el cazador vio a las fantasmas en la capilla del monte del narrador y se lo cuenta a sus vecinos, poco antes de morir. La cuarta y última, que corresponde al primer y último apartado del texto: el narrador, trasunto del autor, cuenta su noche de insomnio y el momento de la escritura, en la misma noche, el 31 de octubre, pero de setecientos años después, hacia 1860.
La duración de la acción también se puede contemplar desde cuatro ángulos, de más a menos extensión temporal: setecientos años es la extensión máxima: desde la pelea primigenia hasta el acto de la narración por el narrador, trasunto de Bécquer. El segundo ángulo ocupa: desde la pelea trágica entre cruzados y nobles hasta que el cazador perdido les cuenta a los paisanos del lugar la persecución entre fantasmas. El tercero va desde el enfrentamiento armado hasta la muerte de los dos jóvenes. Tal vez abarque siglos, pero no sabemos el tiempo que pasó: años, tal vez siglos. El cuarto ángulo de contemplación es el que menos dura, y se centra en la guerra mortal por la posesión y disfrute del monte entre cruzados y nobles.
 7. Análisis estilístico
Bécquer exhibe un dominio muy amplio y feliz de la lengua castellana. El léxico está sometido a una depuración constante, bajo el criterio de la propiedad, la claridad y la expresividad. En sintaxis se aprecia un dominio del periodo corto; las oraciones cortas predominan sobre las largas.
Se percibe muy bien la elaboración literaria a través de un uso feliz de los recursos estilísticos, de los que destacamos algunos ejemplos:
  • ”Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda”: podemos apreciar una metáfora muy expresiva y honda sobre la libertad errática de la imaginación desgobernada en noches de insomnio.
  • ”Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día!”: en este breve ejemplo localizamos el paralelismo, la elipsis, la hipérbole, la metáfora, la personificación o prosopografía, la exclamación retórica, el epíteto embellecedor, etc.
El cuento posee un ritmo vivo, muy rápido, gracias a que omite muchas circunstancias de la narración (por ejemplo, se suprime la terrible muerte del joven peleando contra lobos, la de Beatriz, junto con su entierro, etc.).
 8. Contextualización de la época y del autor
Gustavo Adolfo Bécquer es un autor tardo-romántico. En realidad, encarna en su vida y su obra el paradigma del artista romántico, incluyendo una vida bastante atormentada y la muerte temprana. En esta leyenda captamos muy bien los rasgos básicos del Romanticismo:
A) Preferencia por motivos y asuntos medievales: personajes, acciones y modos de vivir y sentir son los propios de una Edad Media idealizada y, por momentos, agrandada en la imaginación de los románticos.
B) Focalización en los sentimientos y emociones de los personajes, frente a las acciones o pensamiento político, social,
C) Los personajes, sobre todo los protagonistas, actúan como héroes, guiados por el honor, la valentía y la honra.
D) La naturaleza posee un valor en sí misma porque acompaña al estado de ánimo y a las acciones de los héroes y heroínas. Se puede apreciar muy bien en este cuento: noche, ruidos, monte tenebroso, etc. acompañan muy bien a sentimientos de miedo, temor, amor frustrado, etc.
E) Los finales trágicos se imponen sobre los felices: la grandeza del protagonista, incomprendido, se estrella contra la chata realidad y eso acarrea su muerte.
F) El misterio, lo desconocido, la difusa línea entre razón y locura, entre lo racional y lo irracional, son elementos constitutivos del relato romántico.
Este relato es un ejemplo maravilloso de cómo Bécquer asume los presupuestos artísticos del Romanticismo y los vuelca con elegancia y acierto en este cuento de tradición popular.
 9. Interpretación
Este texto becqueriano nos cuenta una historia de aventura, amor, misterio y tragedia. Pero al mismo tiempo, nos desliza una fotografía perfecta del autor en cuanto a sus intereses e inquietudes: soñador, idealista, embargado por la pasión amorosa, etc. Ajeno a intereses materiales o crematísticos, el autor se nos presenta como una persona atenta a las vivencias interiores y a los procesos emocionales y espirituales.
La factura literaria del cuento es impecable: terso, con una construcción narrativa perfecta, donde nada sobra ni falta, con un dominio del lenguaje y de la retórica tan acertado que la lectura se torna placentera y con gran expansión imaginativa: la recreación de las acciones y los personajes en la mente del lector es asombrosamente fácil y fluida.
Ahora bien, Bécquer nos desliza un pensamiento pesimista y cauteloso: el valor irreflexivo puede conducir a la muerte (como le ocurre a Alonso); alguna mujer, por frivolidad más que por malas intenciones, puede actuar de modo fatal para el hombre que la ama (como acontece con Beatriz), etc.
 10. Valoración
Hemos leído un magnífico texto romántico lleno de valores artísticos e ideológicos, los cuales nos permiten entender el Romanticismo en su esplendor. Bécquer es un poeta y narrador de gran calado: su escritura posee una perfección estética muy elevada, tal que la fluidez y la “recreación” textual en la mente del lector fluye con pasmosa naturalidad.
La arquitectura narrativa es perfecta, original y muy acertada: un narrador, que dice que cuenta una leyenda que escuchó de boca de los lugareños, que escucharon el desenlace a través de un cazador perdido, que a su vez Alonso le cuenta una vieja historia a su prima Beatriz… La difuminación de las fuentes de la narración es un acierto brillante y original.
Casi 150 años después de su escritura, este cuento goza de una frescura y una potencia narrativa inauditas. Hoy, como en 1860, cuando se publicó, se lee con gozo y satisfacción lectora porque logra lo que alcanza la buena literatura: trasladar al lector de su mundo cotidiano a otro muy distinto, que conoce y recrea en su imaginación gracias al manejo maestro del lenguaje y la imaginación. Por eso, indudablemente, Bécquer es uno de nuestros clásicos.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el texto.
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos.
4) Analiza los personajes principales.
5) Explica cómo funciona la figura del narrador.
6) Señala los aspectos de lugar y tiempo relativos al cuento.
7) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos románticos se aprecian en el texto?
2) Indica las razones de Alonso para actuar como lo hace.
3) Realiza lo mismo respecto de Beatriz.
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la ambigüedad en cuanto a la separación entre lo racional y lo irracional?
5) El misterio aparece en el relato: ¿cómo?
6) ¿Cuál crees que es la causa principal de la muerte de Beatriz? Razona plausiblemente.
7) ¿Quién llevó la cinta azul a su dormitorio? Aporta hipótesis verosímiles.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento de misterio y terror como el que has leído, en una época que te guste especialmente, incluida la contemporánea.
2) Cambia el final de la leyenda de Bécquer en el sentido que consideres más idóneo.
3) Transforma parte del texto en primera persona, para comprobar cómo cambia la expresión y afecta a la estética del texto.
4) Aporta imágenes de paisajes, castillos, palacios, etc. Que pudieran ser buenos escenarios en el que ocurrieron los hechos de la leyenda becqueriana.
5) Realiza una presentación, con cartel o con medios TIC, ante la clase o la comunidad educativa sobre Bécquer y el Romanticismo.
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Gustavo Adolfo Bécquer: “Yo sé un himno gigante y extraño” (Rima I); análisis y propuesta didáctica

G. A. BÉCQUER: “YO SÉ UN HIMNO GIGANTE Y EXTRAÑO” (RIMA I)
Yo sé un himno gigante y extraño                              1
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre                            5
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar, que no hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,         10
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
  1. ANÁLISIS
Estamos ante un texto metapoético de hondo calado y significación perteneciente a nuestro genial Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870). Pertenece al primer bloque temático de la división clásica de la poesía becqueriana, centrado en la reflexión sobre la naturaleza de la poesía, su origen, su manifestación verbal y las tensas relaciones entre inspiración y razón. En el fondo, Bécquer indaga sobre su oficio de poeta, sobre su vocación de escritor lírico aun en contra de la corriente literaria ya en boga en su edad adulta (el Realismo). En este sentido, Bécquer es un autor posromántico o tardo romántico, lo mismo que Rosalía de Castro.
El poema apenas consta de doce versos dodecasílabos distribuidos en tres estrofas de cuatro versos cada una. Los versos pares riman en asonante y los impares quedan libres. Estamos, pues, ante una estructura próxima al romance heroico; la separación en estrofas, con el consiguiente cambio de rima, es el toque original que Bécquer se ha permitido. Por otro lado, es típico de los poetas románticos introducir variaciones en los versos, las rimas y las estrofas clásicos. Estos autores, como por ejemplo Espronceda, innovaron y ampliaron los márgenes de las formas estróficas de un modo muy apreciable.
El poema presenta un tono elusivo y dialógico sorprendente. El poeta escamotea las palabras que deberían nombrar el asunto del poema: la esencia de la poesía, el misterio de la creación verbal, el difuso origen de la inspiración, todo ello mezclado con sensaciones (en concreto, musicales) y emociones (exactamente, las amorosas). Metaforiza este concepto a través de términos musicales (“himno”, “cadencias”, “notas”), que rápidamente mezcla con el lenguaje (“idioma”), formando un todo inseparable. En el fondo, Bécquer nos desea transmitir que la poesía es un tipo de música, de melodía, tan difícil de captar como de reproducir. La identificación de la naturaleza musical de la poesía la establece claramente en la primera estrofa, cuando enuncia que “estas páginas son de ese himno / cadencias que el aire dilata en las sombras”.
En la primera estrofa juega con el sonido y la luz y los colores. El poeta se encuentra en “la noche del alma” (v. 2), es decir, sumido en la oscuridad, metáfora de la confusión, la angustia y el malestar. Pero “estas páginas”, es decir, sus poemas, son cadencias, esto es, melodías rítmicas de ese himno “gigante y extraño”. La fuerza que se esconde en el magma poético es muy intensa y firme: equivale a una música grandiosa y desconocida que desborda lo conocido, tanto dentro como fuera de la persona. Las dos personificaciones de la primera estrofa aportan una extraordinaria viveza: el himno “anuncia”, como un heraldo, algo grandioso en la oscuridad del alma del poeta. El aire “dilata” (v. 4) en las sombras, esto es, extiende una leve luz de esperanza y optimismo en los oscuros sentimientos del yo poético.
En la segunda estrofa, sometida a unos fuertes hipérbatos y encabalgamientos (con un caso de leísmo, cosa rara en nuestro poeta), el yo poético nos aclara parte del significado elusivo de la primera: su herramienta de trabajo es el idioma; es a través del lenguaje con que crea la música. “Escribir” y “palabras” son los vocablos que nos dan la clave: el himno es verbal, no se escribe en un pentagrama, ni se interpreta con instrumentos musicales: mana de las palabras combinadas, formando el poema.
La tarea no es fácil porque el lenguaje se revela escaso “rebelde, mezquino” son los dos adjetivos aplicados a idioma: es pobre y nada sumiso, de modo que el trabajo poético resulta hercúleo. Si el yo poético pudiera manejarlo a su gusto, expresaría con las palabras, a la vez “suspiros y risas, colores y notas” (v. 8): estos cuatro sustantivos crean un concepto sinestésico, entre lo cromático, lo auditivo, lo alegre y lo triste. Todo eso deberían expresar las palabras, pero no es fácil por su rebeldía y pobreza. Las antítesis aportan una gran intensidad significativa: “suspiros y risas” nos hacen ver el magma emocional del poeta: amarguras y esperanzas se entremezclan en un continuo inextricable.
La última estrofa comienza admitiendo la derrota: no es posible domeñar al idioma, no hay clave que permita eso. Sin embargo, se abre una vía de comunicación de esa melodía a través del amor, del contacto entre los dos amantes (“teniendo en mis manos las tuyas”). El himno se puede cantar, en un acto íntimo y de comunicación privada, entre el yo poético, poseedor de esa melodía, y la mujer amada, receptora del mismo. El poema finaliza, así, en un tono de optimismo contenido, de esperanza vislumbrada: el amor proporciona las herramientas para compartir y entender ese “himno gigante y extraño”. Bécquer nos deja entrever que está compuesto de emoción, comunión amorosa y armonía entre dos almas enamoradas. Lo mismo ocurre con “noche” y “aurora” en la primera estrofa: los claroscuros nos dejan ver un alma en ebullición.
Llama mucho la atención el tono de diálogo con que se cierra el poema. Comprendemos que el yo poético habla, más o menos en un tono real, acaso imaginario, con su amada, a la que invoca con un “¡oh, hermosa!”. La expresión nos permite vislumbrar que el poeta está enamorado y ese himno nace, precisamente, de ese estado emocional. A través de él se puede expresar, y no de otra manera. Genialidad poética y sentimiento amoroso se juntan y se necesitan recíprocamente.
El poema exhibe las típicas notas románticas: mucha subjetividad (las primeras palabras del poema son “yo sé”), intimidad omnipresente, creencia en el genio poético, el amor como fuerza superior que elimina todo tipo de obstáculos y da sentido último a la existencia y, finalmente, una cierta presencia de la naturaleza que acompaña y, en última instancia, presta un marco de comprensión de los vaivenes del alma del yo poético.
La dimensión metapoética es bien evidente: el poeta reflexiona sobre qué es la poesía, su naturaleza, su modo de operar. El poema nos deja una respuesta: es una música oculta, próxima a la región de las emociones, expresada en música, sólo transmisible en un acto de confidencialidad amorosa. Estamos ante un bellísimo poema romántico lleno de emoción amorosa, de reflexión sobre la naturaleza de la poesía y de expresión del ansia de comunicación emocional-poética.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema, anota su tema y sus apartados temáticos.
2) ¿Quiénes son los protagonistas del poema?
3) Realiza un estudio de la métrica y la rima del poema y establece la estrofa utilizada.
4) Localiza media docena de recursos estilísticos y explica cómo crean significado y belleza.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Crees que el poema refleja las angustias e ilusiones del poeta? Aporta razones.
2) ¿Podemos decir que los niños muestran miedo? Aporta razones.
3) Localiza los contrastes o antítesis que aportan viveza al poema
2.3. Fomento de la creatividad
1) Trasforma el texto en un relato en prosa, acompañado de alguna anécdota, en el que aprecie la “genialidad” del artista romántico. Puedes continuar la historia según te parezca oportuno.
2) Escribe una breve pieza literaria sobre el deseo de decir algo profundo y no encontrar las palabras para ello, inspirándote más o menos en el poema de Bécquer.
3) Realiza una presentación ante la clase o la comunidad educativa, ayudándote de medios TIC, sobre la vida y la obra de Gustavo Adolfo Bécquer.
4) Intenta pasar la escena del poema: el poeta y su amada acaso tomados de la mano, a una escena plástica, de dibujo o pintura, en la que se capten detalles sugestivos e interesantes.
5) Selecciona una melodía musical que recoja aproximadamente los sentimientos que se expresan en este poema.
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