Claudio Rodríguez: “Don de la ebriedad, I”; análisis y propuesta didáctica

CLAUDIO RODRÍGUEZ – Don de la ebriedad, I
 DON DE LA EBRIEDAD, I
Siempre la claridad viene del cielo;                    1
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche                         5
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda              10   
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla                    15
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca         20
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
                                              (Don de la ebriedad, 1951)

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Vamos a realizar una exégesis de un ambicioso y original poema del poeta Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999), miembro destacado de la Generación del 50, o del Medio Siglo. El poema se centra en una reflexión sobre la claridad, la luz: qué es, cómo la percibimos y cómo influye en nuestras vidas, en los aspectos externos e internos, en la superficie y en la hondura del alma. El poema posee un tono dialógico muy claro: el yo poético interlocuciona con la claridad, por otro lado, parte consustancial de su vida.
El poema comienza en un tono asertivo: la claridad es un don, un regalo, una dádiva, que ilumina y da sentido a nuestra vida. La ubica espacialmente: por encima de nosotros, en el firmamento. Aclara su carácter repetitivo diario, pues alterna con la noche. La claridad, parece que identificada con el día, lo ocupa todo y lo impregna de amor, de sentido y de sosiego. El yo poético insiste en que la claridad es un regalo, un “don” maravilloso que da sentido a la vida. 
El yo poético habla, de forma ambigua, con un tú que ejercita unos “vuelos”; su interpretación es ambigua: ¿una persona amada, un símbolo de la propia claridad? Podría ser cualquiera de las dos, u otras distintas. El yo poético la siente en y sobre él, en movimiento, como en un abrazo totalizador. Cuando exclama “¡Nada hay tan claro como sus impulsos!” (v. 13) nos desvela la intensa comunicación de la claridad con el yo poético. Los últimos versos de la primera estrofa oscurecen su sentido en el sentido de que el yo poético habla con alguien, pero ignoramos quién. La claridad, el alba, también buscan como un sentido y una forma para alcanzar su perfección. El “tú” se ha llevado la claridad, de modo que el yo poético no espera nada del alba. Parece que existe una identificación indirecta entre la claridad y la vivencia amorosa, o con la persona amada. Percibe la “claridad sola” como una necesidad embriagadora, como una experiencia total que envuelve su vida, “como el abrazo” (v. 23) que al final asfixia al abrazado, pero sentido como necesario e inevitable.
1.2. Tema del poema
El poema indaga sobre la necesidad de la claridad para el yo poético –por extensión, para el ser humano–; se la busca, se la siente por pura necesidad, pues la claridad es como una dádiva que porta felicidad y justifica la propia existencia.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta dos apartados temáticos bien discernibles, pues coinciden con las dos estrofas del poema:
-Existe una introducción y desarrollo del asunto poético, concentrado en dos palabras: claridad y don, que se repiten a lo largo de varios versos. El yo poético describe, explica y transmite cómo es la claridad y qué efectos tiene en su vida. Aporta sentido y bienestar al yo poético, de modo que la alaba y la exalta abiertamente. Por un momento, parece que la claridad es una experiencia amorosa. 
-Cierre o conclusión del poema (2. ª parte, vv.20 – 24 y final): posee un carácter más confesional e intimista. El yo poético admite que no puede vivir sin esa claridad peligrosamente atractiva, pues su abrazo es como el de “las hoces”, que cortan en seco la mies.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por veinticuatro versos agrupados en dos estrofas. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. Los versos pares riman en asonante (ó-a) y los pares quedan libres; apreciamos una ligera desviación en el verso 6, pues rima en é-a . Estamos, pues, ante un romance heroico. Es una estrofa antigua, de larga tradición en la poesía española, pero Claudio Rodríguez la revivifica con temas y tonos. El efecto melódico que provoca es el de una solemnidad no exenta de elementos rupturistas e irónicos, como la introducción de la subjetividad y el tono dialógico. La musicalidad resulta bien perceptible, arrastrando un contrapunto irónico de fondo. 
1.5. Comentario estilístico
El poema gira en torno al concepto de “claridad”, como ya se expresa en el verso 1 (el vocablo se repite tres veces en el poema, señal inequívoca de su importancia). Se le atribuye una naturaleza celestial y se la considera un “don” (v. 2; la palabra aparece tres veces en el poema), es decir, un regalo o dádiva, o, en otro sentido, una habilidad especial para hacer algo; parece que es el primer sentido el que prima en el poema. Personifica la claridad haciendo que se sitúe por encima de las cosas y las ocupe al mismo tiempo; estamos ante un oxímoron para describir la extraña naturaleza de la claridad, metáfora en sí misma de la clarividencia del hombre al abordar o plantear su existencia en el mundo.
Discurre con el ritmo natural de los días y las noches, términos antitéticos que metaforizan el ritmo cíclico de la luz y las sombras. El verso 7 comienza con una aseveración que insiste en el núcleo temático del poema: la claridad es un “don”. Una interrogación retórica (vv. 7-8) nos recuerda que los seres vivos dependemos de esa claridad porque es fuente de vida. Sigue otra interrogación retórica (vv. 8-9) en la que se recuerda, y esto es esencial, que esa claridad contiene, con su “amor” en su “bóveda” (metáfora o metonimia del universo entero) a los humanos. No estamos ante un fenómeno físico o natural, sino ante otro de naturaleza emocional. Una extensa exclamación retórica (vv. 9-13), con tres verbos de movimiento (“llegar”, “cernirse” y “alejarse”), nos hacen advertir que esa claridad está animada y es inteligente. Sus “impulsos” –puede referirse a las distintas manifestaciones de amor o inteligencia de los hombres como reflejo del influjo positivo de la claridad– son “claros” (v. 13), metáfora de su efecto benéfico sobre los hombres. El polisíndeton del v. 12 transmite una sensación de totalidad abarcadora del cosmos; nada queda fuera de la acción benéfica de la claridad. 
La exclamación amortiguada (no aparecen signos de exclamación, pero sí una interjección de esa misma naturaleza) que abre el v. 14 muestra la admiración del yo poético por esa claridad que ansía cristalizar en toda acción u objeto mundano, pues busca “forma” (v. 14), metáfora de lo tangible y sensible; se desea pasar de la abstracción a la concreción. El yo poético también desea anotar que la luminosidad se extingue cuando se corporiza en un objeto o en una realidad, pues desaparece “quemándose a sí misma al cumplir la obra” (v. 15). Parece que “obra” es metáfora de un acto u objeto bien hecho que contribuye a la felicidad del hombre, o del universo entero.
Ahora aparece el pronombre “yo” (v. 17), señal del sesgo personal y existencial que adopta ahora el poema. La anáfora creada con la repetición de “como” precisamente insiste en lo efímero de la existencia. Y ese “yo” dialoga con un “tú”, que parece referirse a la claridad, que ha arrebatado toda la luz, de modo que el amanecer, el “alba” (v. 19) no va a traer nada nuevo. Aquí el poema adopta tintes negativos, trágicos y desesperanzados. No hay posibilidad de encontrar un asidero de felicidad y eternidad, diríamos que es el mensaje de esta sección y que se explicita en la interrogación retórica del verso 19.
La segunda estrofa es breve, en relación a la primera, y posee un carácter conclusivo. A pesar de la oscuridad negativa anterior, el yo poético repite tres veces “espera” (v. 21). Dos metonimias del yo poético (“boca” y “alma”, vv. 20 y 21) para insistir en la perduración de la esperanza. Solo su existencia ya es un “don” (v. 20), pues abre un horizonte de esperanza en la vida. El yo poético ahora se siente dichoso en esa ilusión, por eso se siente en una “ebria persecución”, metáfora de su felicidad interior; esta expresión está en conexión con el título de todo el poemario. Como si, de pronto, su vida adquiriera sentido pleno y superior. Se funde con la claridad en un “abrazo” (vv. 23 y 24) definitivo y mortal, porque lo asfixia sin remedio, pues “nunca afloja” (v. 24), última frase del poema que deja la significación del conjunto como en suspensión.  
Y, al fin, queda la cuestión irresuelta: la claridad, ¿es metáfora o símbolo de algo más o significa por sí misma? El yo poético, ¿dialoga con un elemento físico y sensible, o esconde otra capa de significación más honda? No existe una respuesta única, más bien se ofrece un abanico de posibilidades, desde una visión subjetiva del yo poético y sus avatares sentimentales, hasta otras más existenciales de alcance general y abierto. 
1.6. Contextualización
Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) es uno de los más sólidos y originales poetas españoles de la Generación del 50. Su poesía es reflexiva, meditativa y muy equilibrada entre el interior del poeta y el exterior del mundo, entre la emoción que impacta y la realidad que demanda una reacción. Utiliza formas clásicas sometidas a una puesta al día realmente original y acertada; el léxico, las figuras y el discurso poético nos ofrecen un mundo poético propio, intenso, vibrante, como un reflejo de la vida.
Don de la ebriedad (1953) constituye su primer poemario publicado y, seguramente, el más reconocido de su producción; el poema que comentamos procede de este libro. Combina una mirada contemplativa de la naturaleza con una expresión contenida y honda de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la intimidad que proporciona la amistad, el misterio de la vida, etc. Alianza y condena (1965), supone la consagración de un poeta con una expresión propia, con un contenido hondo, indagador y bastante desasosegante, a tono con la triste y limitada sociedad española de posguerra, aislada y empobrecida.  
1.7. Interpretación y valoración
El poema con el que estamos trabajando (I, de “Don de la ebriedad”) casi parece una declaración de principios sobre el hombre, el mundo y el sentido de todo ello. El yo poético se sitúa en un lugar y un tiempo, aunque de modo difuso, y se contempla en medio de la claridad, acaso metáfora del descubrimiento del mundo o de la comprensión de los entresijos existenciales. El poema mantiene un delicado equilibrio entre la intimidad del yo poético y la percepción exterior de un mundo dominado por la luz y las sombras. 
La luz vence a las sombras y dota de esperanza al yo poético, que se siente dichoso en un universo que aprehende y comprende. Sin embargo, en el mismo momento de ese descubrimiento, se ve envuelto en un abrazo mortal por parte de la claridad. Parece que comprende que la vida, al fin, es muerte; que la felicidad, después de todo, acaba en nada. El poema es ambiguo y polisémico, abierto a distintas interpretaciones, igualmente válidas. El lenguaje fluctúa entre los sustantivos abstractos de significación más metáforica y otros concretos que no acaban de ceñir el significado de algo. El poeta se cuida de ofrecer claves interpretativas precisas, como si quisiera dejar al lector el reto de conocer su propia “claridad”, la cual es un “don” que nos abrazará para siempre. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con la palabra “claridad”? 
2) Observa los efectos cromáticos, como el contraste entre luz /oscuridad. ¿Qué sentido metafórico adquieren?
3) ¿Dónde percibimos al yo poético presente? ¿Es un sujeto activo o pasivo? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el movimiento y la vida?
5) La expresión “abrazo de las hoces”, ¿tiene una interpretación positiva o negativa? Razona tu respuesta. 
6) Solo hay tres palabras que se repiten tres veces. Localízalas y explica esta reiteración.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre un fenómeno natural, como la claridad, la luz, etc., con una significación especial para ti. Puedes dotarlo de un sentido metafórico o imaginario, como ha realizado Claudio Rodríguez en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Claudio Rodríguez a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Claudio Rodríguez, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la claridad como un don que da sentido a la vida. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Claudio Rodríguez: “Ajeno”; análisis y propuesta didáctica

CLAUDIO RODRÍGUEZ – Ajeno
Ajeno
Largo se le hace el día a quien no ama   1
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;    5
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,          10
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,              15
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga          20
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.
                                              Alianza y condena, 1965 (III)

 

 

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Vamos a realizar una exégesis de un denso y original poema del poeta Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 – Madrid, 1999), miembro destacado de la Generación del 50, o del Medio Siglo. El poema se centra en una persona, un solitario que no desea integrarse en la sociedad ni compartir nada con nadie. Ese individuo solitario sale de su casa, con aire hostil y esquivo; evita el contacto con los demás, pero a duras penas puede tapar el hueco de su alma y la soledad de su persona. El yo poético apela al lector y admite que a ese tipo de personas es difícil conocerlas y más todavía perdonarlas, por su egoísmo. Piensa que en el pecado llevan la penitencia, pues los días se le harán eternos, que solo disimulará mintiéndose a sí mismo.
1.2. Tema del poema
El poema denuncia el egoísmo cerril de un cierto tipo de personas que rechaza a sus semejantes, se mienten sobre su felicidad y transitan por la vida con aire de triunfadores, pero son perdedores que no merecen nuestro perdón.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta tres apartados temáticos bien discernibles:
-Existe una introducción del personaje y de su característica esencial (vv. 1-4): la “lejanía” hacia los demás, que desprecia o ignora.
-Sigue un desarrollo de su vida cotidiana (vv. 5 – 1.ª parte del verso 18): nos presenta al personaje protagonista en un día cualquiera de su vida; sale a la calle, aparenta normalidad y plenitud, habla con seguridad y se siente seguro de sí mismo, en su castillo de soledad.
-Cierre o conclusión del poema (2, ª parte del verso 18 – v. 22 y final): se dirige al lector implícito para criticar enérgicamente esa actitud de egoísmo y aislamiento cerril, sin atisbos de empatía o de solidaridad. Ese individuo encastillado sufrirá días y noches en amargura solitaria, lo que parece justo castigo por su falta de generosidad.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por veintiún versos agrupados en una sola estrofa. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. Los versos impares riman en asonante (á-a) y los pares quedan libres. Nos recuerda la estructura del romance heroico, pero la rima es al revés, pues deberían ser los versos pares los que rimaran entre sí. Vemos que el poema es muy original y experimental en sus aspectos formales relativos a la rima. El efecto musical es extraño y contradictorio: se combinan una musicalidad bien perceptible y una sutil estridencia de fondo, como símbolo de la vida del protagonista del poema. 
1.5. Comentario estilístico
El poema exhibe una alta elaboración estilística, al servicio de un mensaje poético a medio camino entre la denuncia, la crítica acerba y la apóstrofe a los lectores para sumarse a la solidaridad entre las personas. El problema de la persona egoísta es su falta de amor, y tiene plena conciencia de ello. Lo expresa a través de una metáfora de uso coloquial: “Largo se hace el día” (v. 1). Algo dentro del organismo exige amor; esa llamada se expresa metafóricamente identificándola con “un tañido / corto y duro” (vv. 2-3), es decir, un golpe de campana, pero los adjetivos, que forman una formidable sinestesia, nos advierten que es desabrido y destemplado; dura poco y es desapacible. Esa llamada interior al amor es una “cascada / canción” (vv. 3-4) en el alma egoísta; la metáfora advierte, así, que no forma melodía, sino ruido desagradable; obsérvese la aliteración del sonido /k/ para subrayar lo desagradable de la canción rota. Su debilidad se muestra con otra bella imagen: “siempre sonando a lejanía” (v. 4). La personificación y la metáfora contenidas en esa expresión nos indican que el impulso amoroso es lejano y difuminado, como en trance de desaparecer.
El verso 5 presenta al personaje en acción en un día cualquiera de su vida. Sale a la calle con la puerta “bien cerrada”; la expresión es un juego de palabras, pues se refiere a la vez a la puerta de la casa y a la puerta del corazón del habitante solitario. Por dentro arrastra dolor, como manifiesta la metáfora “sus rodillas / se le van hacia el suelo” (vv. 6-7); está abatido, pero disimula. Tras la noche, al amanecer, ese individuo solitario se siente rejuvenecido y comienza el día aparentando energía. La personificación de “alba” (v. 7) como fuente de energía es bella y de larga tradición literaria, desde la poesía anónima amorosa medieval castellana y galaico-portuguesa.
Los encabalgamientos son constantes a lo largo de todo el poema, tanto en los versos comentados hasta aquí, como en los sucesivos; son muestras de la ruptura de la armonía natural y del estado de ruina emocional del protagonista del poema. Ahora toman protagonismo las antítesis. La calle es “muy clara” (v. 9), pero la pasea “con pie oscuro” (v. 10). Ambos conceptos son metáforas de la sociedad y la vida, frente al individuo y su obstinado egoísmo. Por eso no es feliz, y “cojea” (v. 11), metáfora del sufrimiento interior, en su discurrir por la vida; es el síntoma de la soledad, pues la única compañía de ese individuo es “su fatiga” (v. 12), metáfora de su lucha interior. 
Luego lo sorprende hablando, buscando comunicación y vida, pero sus palabras están “muertas” (v.13), lo que contrasta con su “boca viva” (v. 13). De nuevo dos metonimias para referirse a la vida y a la muerte, que a su vez forman una viva antítesis, presentes en un individuo que se encastilla cerrilmente en su soledad. El poeta lo percibe como un cautivo de su egoísmo, así que, paradójicamente, solo le resta abrazar su propia soledad, hipérbole de su total aislamiento. Lo percibe “seguro” (vv. 15 y 16), palabra que se repite casi sin discontinuidad, pero es la certeza de que no poseerá “nada” (v. 16) de lo realmente importante: amor, compañía, etc. “Seguro”, que forma una concatenación o anadiplosis, figura en sentido irónico, dotado así de un valor más negro e hiriente. Tanto es su extrañamiento que ese individuo no vivirá en nuestro planeta, sino que será como un alienígena. De nuevo, otra hipérbole de las consecuencias de la soledad egoísta.
La parte final del poema ofrece un contenido más duro e involucra tanto al yo poético como a los lectores implícitos. A través de una interrogación retórica justifica que ni lo reconozcamos como un semejante ni le perdonemos su traición individualista. El paralelismo formado por los versos 18 y 19 expresa vivamente el rechazo a ese tipo de persona. Y a continuación recoge las consecuencias de la vida de esa persona: el tiempo se le hará eterno. Lo expresa con una doble metáfora en forma de quiasmo (“Día largo y aún más larga / la noche”, vv. 20-21). La elipsis, al suprimir el verbo y dejar un enunciado reconcentrado, insiste en la dureza de la vida árida de ese individuo solitario. Ahora el yo poético adivina los actos futuros del protagonista, que no son sino repetición de su vacío interior. Los tres verbos: “mentirá” (v. 21), “entrará” y “(nunca) habitará” (v. 22) presentan una acción física y dos de orden mental o intelectual. Las tres ratifican la farsa de la vida de ese ser vacío, egoísta, contumaz en su individualismo. La metáfora final “Y nunca habitará su casa” (v. 22) es de una extraordinaria dureza: significa el extrañamiento y la soledad extrema de este individuo estéril en su egoísmo. El final del poema casi ofrece un tono colérico e implacable: quien renuncia al amor, no tiene derecho a nada ni a ningún tipo de recompensa.
El poema ofrece una significación in crescendo de sentido negativo y áspero. Primero se describe y narra al solitario egoísta, pero pronto se pasa a un nivel de valoración descalificatoria.
1.6. Contextualización
Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) es uno de los más sólidos y originales poetas españoles de la Generación del 50. Su poesía es reflexiva, meditativa y muy equilibrada entre el interior del poeta y el exterior del mundo, entre la emoción que impacta y la realidad que demanda una reacción. Utiliza formas clásicas sometidas a una puesta al día realmente original y acertada; el léxico, las figuras y el discurso poético nos ofrecen un mundo poético propio, intenso, vibrante, como un reflejo de la vida.
Don de la ebriedad (1953) constituye su primer poemario publicado y, seguramente, el más reconocido de su producción. Combina una mirada contemplativa de la naturaleza con una expresión contenida y honda de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la intimidad que proporciona la amistad, el misterio de la vida, etc. Alianza y condena (1965), poemario del que procede el texto que comentamos, supone la consagración de un poeta con una expresión propia, con un contenido hondo, indagador y bastante desasosegante, a tono con la triste y limitada sociedad española de posguerra, aislada y empobrecida.  
1.7. Interpretación y valoración
El poema “Ajeno” presenta una conmovedora reflexión sobre la necesidad de la solidaridad, de la apertura del alma hacia los demás, etc. El tono es grave, casi áspero; los endecasílabos imprimen un ritmo solemne y serio, en correspondencia con el contenido. El yo poético critica y rechaza al ser solitario hundido en su egoísmo cerril y esterilizante. 
Sin embargo, ¿quién es esa persona? ¿Es solo una imagen abstracta de un ser generalizante, o más bien es alguien de carne y hueso? En este caso, ¿se refiere al propio yo poético, o a un desdoblamiento o proyección de sí mismo? No lo sabemos, aunque a juzgar por el tono áspero y censorio, la respuesta parece que es afirmativa. El poema combina acciones y reflexiones, pensamientos y sentimientos, que se fusionan maravillosamente para crear un contenido denso, cerrado y como sin escapatoria. Es un modo de insistir sobre la necesidad de la apertura al amor, a la solidaridad, a la compartición de la vida con los demás; sin amor no hay felicidad, parece desprenderse de la lectura del poema.
En cierto modo, el poema parece un pasaje de una novela policiaca. El yo poético sigue –y persigue– con su mirada la vida y las acciones de ese anónimo egoísta encerrado en su terquedad individualista. Sin embargo, no es una mirada neutral, ni objetiva: el yo poético lo rechaza por su negatividad y su esterilidad. El poema es equilibrado, denso y profundo, de ahí su impacto lector.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con la palabra del título, “Ajeno”? 
2) Observa los efectos cromáticos, como el contraste entre luz /oscuridad. ¿Qué sentido metafórico adquieren?
3) Localiza las acciones que realiza el “protagonista” del poema. ¿Son positivas o negativas? ¿Qué sensación aportan, de felicidad o de amargura? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la solidaridad con otras personas?
5) Las interrogaciones retóricas destacan por su mensaje, fuerte y contundente. ¿Cómo es ese mensaje? ¿Qué reacciones suscitan en el lector? 
6) Hay algunos verbos que aparecen en tiempo futuro: localízalos  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre la solidaridad, el amor y su relación con la felicidad. Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, grave y meditativo, como ha realizado Claudio Rodríguez en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Claudio Rodríguez a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Claudio Rodríguez, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la solidaridad y el amor, o de otros valores éticos y sentimientos, y de cómo afectan a la felicidad de las personas. Puedes realizar uno y, al lado, su contrario, para contrastar los beneficios y perjuicios de cada uno.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.
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Octavio Paz: “La vida sencilla”; análisis y propuesta didáctica

OCTAVIO PAZ – La vida sencilla
Llamar al pan y que aparezca                   1
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;        5
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido             10
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita                 15
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes –papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento–
no son aún el prometido infierno;            20
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;      25
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;       30
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre          35
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

 

1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Comentamos ahora un poema reflexivo de tono existencial del célebre escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – 1998). El yo poético expone su ideal de vida, imagina su existencia feliz en un entorno de sencillez, autenticidad, nobleza y verdad. En este sentido, el poema está a medio camino entre los tópicos de la literatura clásica del Carpe diem y el Beatus ille.  Imagina un trayecto vital completo, desde la infancia hasta la vejez y la muerte. Primero se refiere a la necesidad del trabajo para obtener el sustento; continúa con la necesidad de amor y de diversión (a través de la metonimia del baile). Se refiere también a la necesidad de la solidaridad entre las personas en los momentos duros (“días de piedra”); insiste en no acobardarse ante la necesidad de amar y de corresponder a la llamada del afecto y del amor; lo pasado, pasado está, pues los remordimientos no nos llevan a ningún lado (“que no me duela más aquel deseo”, v. 21). Retoma el asunto de la compasión y la solidaridad entre las personas, pues aporta un sentido superior a la existencia (“saber partir el pan y repartirlo”, v. 26), desde una visión de optimismo antropológico; así, por ejemplo, alude a la descendencia como un modo de eternidad (“en frutos”, v. 34). Se cierra el poema con una reflexión sobre la muerte, que se ha de aceptar como inevitable; y para recibirla en paz, nos debemos considerar dignos del “perdón” y de la “vida perdurable del polvo” (vv. 37-38); es decir, un modo de eternidad en la nada. 
1.2. Tema del poema
El poema aborda el tema del sentido de la existencia y del mejor ideal de vida: vivir con sencillez, autenticidad, amor y fidelidad a uno mismo y a la naturaleza, bajo un sentido de la compasión amorosa y de la solidaridad, pues es lo que nos concederá el perdón y la eternidad.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
Si nos fijamos en el poema, no existe ni un solo punto y seguido, o punto y aparte. El poema forma un continuo que fluye. Solamente los puntos suspensivos del verso 34 lo podemos entender como un corte. A nuestro entender, siguiendo ese criterio, encontramos:
-Un primer apartado que expone cómo vivir la vida, con sus luces y sus sombras (vv. 1-34). Abarca las actividades propias de toda persona: el trabajo, el alimento, el amor, las malas rachas, propias y ajenas, la solidaridad, la valentía y tenacidad para enfrentarse a las malas pasadas de la vida, etc. Y todo bajo el denominador común de “la vida sencilla”, tal y como se expresa en el título del poema.
-Un segundo apartado se dedica específicamente al asunto de la muerte (vv. 35-38). Se ha de aceptar como parte de la vida, sin grandes aspavientos, pero con un matiz metafísico o espiritual muy interesante: el hombre ha de ser digno del perdón otorgado por el “polvo” y por los “frutos”, es decir, la nada y, acaso, el bien que hizo en vida a los demás 
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por treinta y ocho versos agrupados en una sola estrofa. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. No existe una rima regular perceptible, aunque son frecuentes las repeticiones en forma de pareados  (los versos 3-4 forman el primero) y una clara tendencia a la asonacia en ía, más frecuente en la primera mitad que en la segunda. En conjunto, estamos ante un poema en verso blanco (todos los versos tienen la misma medida, pero existe una rima regular)
1.5. Comentario estilístico
El poema descansa en un juego de metáforas y metonimias, combinadas entre elisiones y alusiones, referidas al recorrido vital de una persona. Los dos primeros versos reconocen que el hombre ha de alimentarse y bregar por la procura del alimento de cada día; alude a ello con dos metonimias: “pan” (v. 1) y “mantel” (v.2). Ello se ganará con “sudor” (v. 3), metonimia del trabajo esforzado. La vida diaria tiene sus momentos de “breve paraíso” (v. 4), metáfora de la felicidad sencilla, pero combinados con otros de “infierno” (v. 4), metáfora del dolor o de la infelicidad. Un poderoso polisíndeton advierte que se acumulan sin solución de continuidad los dichas y las desdichas, a veces de forma inesperada. 
Hace un llamado a la dicha, la alegría y el disfrute; se alude a ello a través de la metonimia de “reír” (v. 6). Se repite cuatro veces la familia léxica de la risa en dos versos; es una derivación o políptoton que expresa con viveza la necesidad del goce en la vida del hombre. La comparación de la risa del hombre con la del mar (v. 6) desea resaltar su poder vivificador; lo cual se ve resaltado con el paralelismo y el símil implícito con la sonrisa del viento. La metáfora “sin que la risa suene a vidrios rotos” (v. 7) alude, creemos, al rechazo de la hipocresía o de la farsa en el momento de la alegría. “Beber” (v. 8) y “bailar” (v. 9) son metonimias de la aceptación el disfrute como parte sustancial de la existencia. “Asir la vida” es metáfora de la invitación a la fruición existencial. 
En el verso 10 cambia de tema porque ahora aborda los momentos negativos y dolorosos de la existencia; se alude a ellos en “un día de piedra y agonía” (v. 11), hermosa sinestesia del sufrimiento. También se exhorta (así lo indica el verbo “tenga”, en modo subjuntivo, frente a los verbos en modo indicativo, todos los anteriores) a la solidaridad entre los hombres. La entereza ante las adversidades se expresa con una potente metáfora: “probar la soledad sin que el vinagre / haga torcer mi boca” (vv. 14-15). El “silencio” (v. 16), metáfora del abandono y de la incomprensión, no han de doblegar al hombre ni hacerle pasar miedo (se expresa con la bella metonimia “ni el silencio / se erice con los dientes que rechinan” (vv. 16-17). El valor, la resistencia y la entereza han de superar a los momentos de amargura, que se dan como inevitables. Y no pensemos que nuestras miserias cotidianas, aludidas con las metonimias del espacio físico que nos envuelve, o que, mejor será decir, rodean al yo poético, es ya una antesala del infierno. Son solo momentos de amargura en una trayectoria a la que volverá la luz. 
Acto seguido rechaza los remordimientos absurdos por lo que quisimos y no hicimos, a lo que refiere la honda metáfora “deseo, / helado por el miedo, llaga fría, / quemadura de labios no besados” (vv. 21-23). La vida sigue, pues “el agua clara nunca se detiene” (v. 24), hermosísima metáfora de que el flujo de la vida continúa en su autenticidad, si es sincero el planteamiento. Las cosas buenas llegarán, como las “frutas maduras” (v. 25), es decir, como consecuencia de una evolución natural de las cosas; pero hay que tener paciencia para saber esperar. 
También llama a la moderación y al sentido de la equidad, como saber compartir los bienes (a lo que se alude a través de la metáfora del “pan”, repetida tres veces, vv. 26, 27 y 28) con los demás, pues, al fin, todos somos iguales, estamos hechos de la misma “levadura” (v. 29). El sentido de la igualdad radical del hombre se expresa con una repetición contundente, con una metáfora implícita: “un semejante entre mis semejantes” (v. 30). 
A partir del verso 31 el poema adquiere un aire recopilatorio. Se establece una antítesis entre la vida y la muerte; por la primera hay que “pelear”, expresado a través de una repetición y derivación que casi raya en la tautología: “dar la vida a los vivos, a la vida” (v.32). Sin ruptura, aborda la muerte, la ajena, primero, y la propia, después. Recomienda una aceptación natural de la misma; a los muertos se los entierra y se los olvida en “frutos” (v. 34), paradoja muy intensa para significar que el recuerdo y la memoria son los que salvan del olvido a las personas ya difuntas. La suspensión que cierra el verso 34 advierte del misterio que aguarda tras la muerte. Y esa es, precisamente, la palabra que aparece en verso 36, aplicada por el yo poético a sí mismo. 
Al comenzar ese verso con la conjunción “y” ya se intuye la naturaleza de cierre del pensamiento del poema entero. La derivación creada entre “muerte” y “morir” ahondan en el carácter grave del asunto del fallecimiento.  En un acto de humildad y sencillez, que es la línea de todo el poema, el yo poético pide morir “como los hombres” (v. 36), es decir, sin sentirse nadie especialmente señalado. A pesar de este tono dramático, asoma un cierto optimismo al afirmar que espera el “perdón” (v. 37), aunque no aclara quién lo otorga ni para qué. También espera “la vida perdurable” (v. 37): aquí parece que el poema adquiere un matiz religioso cristiano, pero todo se diluye con un tremendo quiebro. Lo que quería para lo concede, o acaba en, “el polvo” (v. 38), metáfora y metonimia de la nada y la extinción definitiva. Esta palabra nos recuerda inmediatamente el soneto de Góngora “Mientras por competir con tu cabello”, señal inequívoca de cómo Paz absorbió con gran  inteligencia la tradición poética barroca española de los Siglos de Oro. Sin embargo, esa afirmación desoladora se ve amortiguada, o es  otra vez contradicha por “los frutos”, metáfora de las buenas obras que hicimos en vida. 
Como podemos apreciar, las paradojas son abundantes y jalonan el poema. Y conducen a una verdad poética: la vida sencilla conduce a la felicidad, aunque sabemos que tiene fecha de caducidad, que hay que afrontar con la naturalidad con que se ha vivido; acaso haya un fruto inesperado como premio a una vida desarrollada con sabiduría. El eco de fray Luis de León y su “Oda a la vida retirada” es perceptible, lo que nos permite ver que Paz se inscribe en una corriente literaria clásica de desarrollo de los tópicos Beatus ille y Carpe diem, junto con el de menosprecio de corte y alabanza de aldea (el libro del obispo de Mondoñedo, fray  Antonio de Guevara, con el mismo título, también deja su eco en el poema). El polisíndeton de los versos 35-38 connotan claramente la suma de acciones de un hombre que justifican una muerte con sentido y en paz. La epanadiplosis de la palabra “polvo” en el verso final (38) nos recuerda que la consistencia de la vida es endeble y que la vida acaba en su disolución, si es que nada ni nadie lo puede remediar. La ambigüedad, pues, circula en esta parte final del poema e impregna todo su sentido.
Es importante fijarse en que la mayoría de los verbos importantes del poema (colocados al principio del verso) aparecen en infinitivo. Es un índice claro de la validez universal que el poeta desea imprimir a su poema. Lo que dice no es una anécdota personal, sino una reflexión de validez universal y atemporal.
1.6. Contextualización
Octavio Paz Lozano  (Ciudad de México, 1914 – 1998) es uno de los más agudos e innovadores poetas en lengua castellana en el siglo XX. Dotado de una sólida cultura, lector voraz y atento, supo encontrar su voz propia en la poesía mexicana y española en el turbulento siglo XX. Transitó por el posmodernismo, bebió de las vanguardias, absorbió de la posmodernidad, con el propósito de buscar su propio camino literario, cosa que alcanzó con creces. Su poesía se distingue por la originalidad lírica, la exploración formal y temática y la indagación reflexiva sobre temas existenciales y filosóficos, como el paso del tiempo, el sentido de la vida, a significación del amor, los misterios naturales y esotéricos, etc. La recepción del Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel en 1990 acredita su extraordinaria calidad.
Algunos de sus poemarios más reconocidos son Libertad bajo palabra (1949), Topoemas (1971; se trata de poemas aéreos, como caligramas, donde se fusionan imagen y texto, sentido y disposición espacial de las letras y las palabras; su originalidad es muy alta.) y Árbol adentro (1987). También fue un extraordinario ensayista; sus monografías sobre el pasado mexicano y sobre ciertos autores y obras han adquirido gran prestigio; aquí sobresalen por su hondura  brillantez analítica, con una prosa muy elegante, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) y El laberinto de la soledad (1950).
1.7. Interpretación y valoración
El hermoso y denso poema “La vida sencilla” es la exposición de un ideario de vida, el del yo poético. Funciona como una exposición o declaración de intenciones de cuál es la mejor forma de vivir –y de morir–. Inscrito en la corriente clásica del Beatus ille, el poema alaba la existencia tranquila y consecuente con las leyes de la naturaleza, con una clara defensa del amor y de la solidaridad entre las personas.
Se trata de un poema muy intelectualmente hondo, meditativo y trascendente, pues el poeta intenta alcanzar y exponer el verdadero sentido de la vida y, en consecuencia, el mejor modo de vivirla, en un marco de trabajo, alegría, amor, perdón, solidaridad y sabiduría interior para aceptar la muerte sin demasiadas estridencias.
Seguramente, la palabra más importante del poema es “fruto” (repetida en los versos 34 y 38), referida a las consecuencias de las acciones del hombre, del amor, de la solidaridad, de la compasión, del buen hacer y hasta de saber morir. Acaso la existencia no tenga mucho sentido, pero obrar conforme a la ley natural del respeto garantiza la coherencia interna necesaria para alcanzar un cierto grado de felicidad.
La disposición formal o el plano de la expresión del poema también es muy llamativa. La mayoría de los versos es de arte mayor, lo que dota al poema de un tono grave, cadencioso y solemne; nos advierte, así, de la hondura del asunto y de su trascendencia.  
En conjunto, este poema es un verdadero hallazgo literario porque adentra al lector en la reflexión existencial de un modo poético. La incitación al lector es sutil y persistente: así es mi ideal de vida, ¿coincide con el tuyo?, parece plantearnos el poeta. En este sentido, el poema es filosófico y de raíces senequistas: aceptemos la vida como es, con sus alegrías y sus penas, pero no olvidemos la alegría, el perdón y la amistad como herramientas de goce y significación existencial.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con “el breve paraíso y el infierno” del verso 4? 
2) La vida entera, ¿siempre discurre con felicidad? ¿Dónde se aprecia esa valoración? 
3) Localiza las paradojas con las que se explica el sentido de un poema. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la solidaridad con otras personas?
5) La soledad, ¿aparece en algún momento? ¿Qué reacciones suscita al yo poético? 
6) Una epanadiplosis cierra el poema: localízala  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tu ideal de vida. Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, grave y meditativo, como ha realizado Octavio Paz.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Octavio Paz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Octavio Paz, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar cómo podemos valorar la existencia, es decir, la exposición de un ideal de vida. Puedes realizar uno y, al lado, su contrario, para contrastar los beneficios y perjuicios de cada uno. 
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Octavio Paz: “Decir, hacer”; análisis y propuesta didáctica

OCTAVIO PAZ – “Decir, hacer”
Decir, hacer
                                         A Roman Jakobson
Entre lo que veo y digo,                 1
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido,
La poesía.                                      5
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,                                  10
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer                                  15
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo                              20
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
Palabra                                      25
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.                           30
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.     35
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,                      40
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.                               45
Los ojos
se cierran.
Las palabras se abren.

 

  1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Este denso y hermoso poema del célebre escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – 1998) posee una clara naturaleza metapoética. Se trata de una reflexión sobre la propia poesía, qué es, cómo opera en sí misma y en relación al hombre. Al mismo tiempo que el poema define qué es la poesía, lo ejemplifica en su propia creación. Este asunto se ve muy bien en el título: “decir, hacer”. El poema está hecho de materia verbal, es decir, de palabras, pero adquiere vida, es un elemento agente, cuando esas palabras adquieren un sentido y, en ese momento, operan sobre el lector al construir una nueva realidad de naturaleza mental y emocional. Los cinco primeros versos utilizan cinco verbos en los que se cifra la naturaleza poética: ver, decir, callar, soñar y olvidar; esos son los territorios de la poesía; va de lo puramente sensorial (“ver”), a lo emocional, lo espiritual y lo irrecuperable (“olvidar”). Todo lo que sigue es una glosa o explicación de los cinco verbos señalados, en los que se cifra la paradójica naturaleza poética. Las contradicciones irresolubles marcan los hitos del desarrollo de qué es un poema; en síntesis, la poesía oscila entre lo real y lo irreal, es sensitiva o exterior y emocional o interior y, finalmente, en su creación se produce una fusión entre la percepción, la emoción, la imagen y la palabra, en una relación dialéctica paradójica, esto es, plagada de aparentes sinsentidos y contradicciones insalvables.
1.2. Tema del poema
El poema aborda el tema de qué es la poesía, una creación humana en la que se fusionan las percepciones, las imágenes, las emociones y las palabras para acceder a un conocimiento superior del mundo y de nosotros mismos.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
A nuestro entender, no es posible dividir el contenido en secciones de contenido porque el conjunto es el desarrollo del enunciado de los cinco primeros versos, que, en el fondo, es el desarrollo del título. Al “decir”, esto es, hablar, pasar a oral lo que no tiene nombre, se está construyendo la poesía, es decir, “hacer”; ocurre que el proceso de percepción, creación de imágenes, búsqueda de la palabra exacta que las manifieste y escritura poética es dinámico, vivo y aparentemente contradictorio. Los tres últimos versos lo expresan muy bien: “Los ojos se cierran. / Las palabras se abren” (vv. 46-48).
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por cuarenta y ocho versos agrupados en una sola estrofa. La medida de los versos es variable; oscila entre el bisílabo (“ver”, v. 41; aunque tiene una sílaba, a efectos métricos son dos) y el eneasílabo (“siembra palabras en los ojos”, v.. 35). No existe una rima perceptible, aunque son frecuentes las repeticiones en forma de pareados  tercerillas, casi siempre con la misma palabra (por ejemplo, vv. 14-15). En conjunto, estamos ante un poema en verso libre.
1.5. Comentario estilístico
El poema está sometido a una sutil elaboración que descansa en los recursos de repetición y en las imágenes paradójicas. Comienza con una anáfora y un paralelismo cuádruple, con la palabra “Entre” (vv. 1-4), dando a entender muy bien la naturaleza oscilante y dinámica de la poesía. En esos mismos versos se observa una concatenación o anadiplosis –si bien, algo irregular, pues la palabra repetida no ocupa la primera posición del segundo verso– creada con “digo”, “callo” y “sueño”. Cierra ese encadenamiento léxico y conceptual una elipsis muy eficaz, pues se omite el verbo “está” para unir esos complementos con su sujeto, “La poesía” (v. 5); este sintagma nominal ocupa él solo todo el verso, enfatizando así su significación y relevancia. Estos cinco versos iniciales forman una sola oración, que equivale a un concepto o idea: la poesía es algo grande y poco definible, pues ocupa el territorio de lo que se ve y se dice, lo que se dice y se calla, lo que se calla y se sueña, lo que se sueña y se olvida. Son cinco acciones (ver, decir, callar, soñar y olvidar) sensitivas, emocionales e intelectuales unidas en un magma que es la persona del yo poético, como nos lo advierte el hecho de los verbos están conjugados en primera persona del singular. El carácter atemporal, con validez indefinida, de los enunciados del poema se verifica muy bien en el hecho de todos los verbos del poema están en presente de indicativo, el tiempo de la enunciación firme y sostenida.
En el verso 6 las acciones son realizadas por la poesía, solo que el sujeto está elidido; sin embargo, a partir del verso 7, alternan ambos sujetos (yo/ella). La personificación de la poesía, que “se desliza entre el sí y el no” (v. 6), sirve para aumentar el significado de ese concepto. Los versos que siguen son un razonamiento sobre la naturaleza difusa y contradictoria de la poesía. Aquí las paradojas llaman poderosamente la atención para desvelar que la poesía en realidad es independiente y no obedece exactamente a las órdenes del poeta, sino que adquiere autonomía propia. Paralelismos y quiasmos (vv. 11-12) manifiestan magníficamente la esencia antitética del acto poético:  el yo poético calla, la poesía dice; aquel dice, esta calla; aquel olvida, esta sueña. Y estas acciones, advierte el yo poético, no es solo una operación verbal, sino que es un asunto factual, “es un hacer” (v. 14). Estas afirmaciones son muy elípticas y paralelísticas; se suprimen partes de las oraciones y se coloca el verbo en la posición final del verso. El efecto rítmico y musical es inmediato: aporta viveza, dinamismo, algo ininterrumpido. El quiasmo paradójico, muy hermoso, que se crea entre “hacer” y “decir” (vv. 13-16) insiste en la idea de que la poesía es acción tan pronto como pasa a materia verbal. Y como tal acción, tiene sus efectos sobre el autor y el lector. 
Esta naturaleza tangible y “real” (v. 19) de la poesía, junto con su doble dinámica establecida por “se dice y se oye” (v. 18), es la afirmación contundente de la oración que ocupa los versos 17-19. Pero pronto se advierten las paradojas poéticas, a través de la metanarración poética: tan pronto como el yo poético enuncia que la poesía “es real” (v. 21), la poesía desaparece, pues su naturaleza verbal la hace efímera, por eso “se disipa” (v. 22). Una interrogación retórica riza la paradoja enunciando que, al desaparecer, la poesía demuestra que es real (si no lo fuera, no hubiera desaparecido). El verso 24 es nuclear: enuncia en una metáfora paradójica la realidad poética: es una “idea palpable”, es decir, opera a nivel mental y sensorial al mismo tiempo, aunque parezca increíble. Sin embargo, no acaba ahí la naturaleza compleja y escurridiza de la poesía, pues pronto se nos advierte que también es “palabra / impalpable” (vv. 25-26). La paradoja es chocante: como palabra, la poesía debería ser perceptible por los sentidos, pero impalpable, no se deja asir. Y lo explica en una oración yuxtapuesta de sentido causal (vv. 27-30): todo esto ocurre porque la poesía está en un doble movimiento de ida y vuelta y en una doble dinámica de ser y no ser; esta idea se manifiesta con paralelismos, una personificación aplicado a la poesía y, como siempre, una contundente paradoja. 
También insiste en la naturaleza lúdica, incluso juguetona, de la poesía: “Teje reflejos / y los desteje” (vv. 31-32). Crea visiones, reales o no, según su criterio, y las destruye inmediatamente. No podemos desvelar su secreto, nos quiere decir el yo poético. Unas hermosísimas metáforas ocupan los versos 33-35: ahora, la poesía, en forma de palabra escrita (así nos lo advierte la metonimia de “páginas”, v. 34), ayuda a comprender la realidad y conocer el mundo, pues “siembra ojos en las páginas”, figura que nos indica la capacidad iluminadora de la poesía; pero también posee movimiento de vuelta: dota al lector de las palabras exactas para comprenderse. La doble metáfora, con anáfora, quiasmo y metonimia comprimidas en un solo concepto (vv. 34-35) es de extraordinaria belleza y densidad.
Los siguientes versos (36-38) son una consecuencia de los anterior; expresan en una triple paradoja la interacción entre el autor, la poesía y el lector, a través de tres acciones: hablar, mirar y pensar. Son tres metáforas, con base metonímica, pues ojos aluden al poeta, palabras al poema y miradas al lector, que encierran el secreto de la poesía: la comunicación misteriosa y profunda que se establece entre los elementos de la comunicación (como, por cierto, había establecido a nivel teórico el gran lingüista R. Jakobson, a quien va dedicado el poema). La doble concatenación indirecta también es visible, en forma de quiasmo, y se establece entre hablar y palabras, entre mirar y mirada; de paso, obsérvese la derivación o políptoton de este último concepto, que enfatiza en la capacidad indagadora el acto poético.
Los diez últimos versos poseen cierta naturaleza compendiosa de todo lo dicho hasta aquí. La poesía como instrumento de exploración de la realidad a través de caminos paradójicos y chocantes: por ella se pueden “oír los pensamientos, / ver / lo que decimos / tocar / el cuerpo / de la idea” (vv. 39-45). Lo importante es comprender que a través de la poesía se accede a una forma de conocimiento más sutil y, acaso, superior, sobre el razonamiento cotidiano acerca del hombre y del mundo. Cuando esa comprensión es plena, expresada a través de la metáfora “los ojos / se cierran” (vv. 46-47), entonces, la poesía transmite su conocimiento luminoso y total, lo que el poeta nos comunica con una bella y original metáfora: “Las palabras se abren” (v. 48). Es un modo de expesar la inteligencia sublime encerrada en la actividad poética, que, precisamente, se puede ver en el acto de lectura e intelección sobre qué es la poesía. La paradoja, casi con un guiño de humor, cierra el poema hermosa y conmovedoramente.
1.6. Contextualización
Octavio Paz Lozano  (Ciudad de México, 1914 – 1998) es uno de los más agudos e innovadores poetas en lengua castellana en el siglo XX. Dotado de una sólida cultura, lector voraz y atento, supo encontrar su voz propia en la poesía mexicana y española en el turbulento siglo XX. Transitó por el posmodernismo, bebió de las vanguardias, absorbió de la posmodernidad, con el propósito de buscar su propio camino literario, cosa que alcanzó con creces. Su poesía se distingue por la originalidad lírica, la exploración formal y temática y la indagación reflexiva sobre temas existenciales y filosóficos, como el paso del tiempo, el sentido de la vida, a significación del amor, los misterios naturales y esotéricos, etc.. La recepción del Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel en 1990 acredita su extraordinaria calidad.
Algunos de sus poemarios más reconocidos son Libertad bajo palabra (1949), Topoemas (1971; se trata de poemas aéreos, como caligramas, donde se fusionan imagen y texto, sentido y disposición espacial de las letras y las palabras; su originalidad es muy alta.) y Árbol adentro (1987). También fue un extraordinario ensayista; sus monografías sobre el pasado mexicano y sobre ciertos autores y obras han adquirido gran prestigio; aquí sobresalen Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) y El laberinto de la soledad (1950).
1.7. Interpretación y valoración
El hermoso y denso poema “Decir, hacer” posee una clara naturaleza metapoética. El poeta se pregunta sobre qué es en realidad la poesía. La respuesta que nos envía es original y sorprendente por su densidad. La poesía es herramienta de conocimiento, llave que abre la puerta del misterio, un camino de lo esotérico y desconocido por el hombre común, una rara conjunción de fondo y forma, una bella paradoja donde la palabra se fusiona con el pensamiento para acceder a una intelección superior y luminosa sobre la naturaleza, el hombre y el universo.
Se trata de un poema muy intelectual y reflexivo, metafísico y trascendente, pues el poeta descubre en la poesía un modo de conocimiento y de hasta de vida sublime, luminosa y superior. Por otro lado, el poema demuestra lo que es la poesía en el propio acto de su composición. Es como si dijera: “al leerme, ya estás experimentando lo que es la poesía: una intelección total y elevada del hombre, la existencia y el mundo”. En este sentido, se trata de un poema inteligente y profundo.
La formalidad o expresión del poema también es muy llamativa. La mayoría de los versos es de arte menos, muchas veces de no más de tres sílabas. Los juegos de repetición y las paradojas continuas dotan al texto de una belleza extraordinaria, diríamos que deslumbrante en ciertos momentos. Vemos en el poema un cierto elemento lúdico, festivo, que rebaja la gravedad del contenido. El poeta establece un diálogo con el lector en el que nos quiere advertir de la solemnidad del tema, pero también de su dimensión humana, terrestre, cotidiana. 
En conjunto, este poema es un verdadero disfrute literario porque adentra al lector por el camino de la inteligencia poética a través de su propia práctica. Es decir, el poeta nos establece un reto: si entiendes el poema y su composición, comprenderás por qué la poesía es tan bella y trascendente. Al leer, entendemos cómo “Las palabras se abren” (último verso), esto es, son como una puerta abierta a un espacio nuevo de misterio, conocimiento y quién sabe si un nuevo sentido de nuestra existencia. Todo el poema es muy elíptico, el significado está apretado y densificado casi hasta lo insoportable, lo que nos obliga a leer despacio y, así, disfrutar de un artefacto poético original, brillante y conmovedor.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo las referidas a las percepciones sensoriales, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué palabras son las que más se repiten en el poema y sirve para nuclear el sentido del poema (fíjate en los verbos de los cuatro primeros versos)? 
2) Un poema, ¿es algo sencillo, unidireccional y plano por su propia naturaleza? 
3) Localiza las paradojas con las que se explica el sentido de un poema. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la lectura? ¿De qué es metáfora en sí misma?
5) Un poema, ¿es algo estático o dinámico, sólido y firme o flexible y cambiante? ¿Por qué es así, precisamente? 
6) La concatenación a anadiplosis posee una especial relevancia en este poema. Localízalas  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese qué es la poesía, o la literatura, para ti.  Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, como ha realizado Octavio Paz.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Octavio Paz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Octavio, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar qué significa un objeto, un artefacto, etc., especial para ti; serán reflejo de un asunto especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Octavio Paz.
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Roald Dahl: “Matilda”; analisis y propuesta didáctica

Roald Dahl: “Matilda” (1988)
  1. Resumen
“Matilda” es una inteligente y cáustica novela corta más o menos adscribible al ámbito LIJ, compuesta por el escritor galés Roald Dahl y publicada en 1988, dos años antes de fallecer su autor. Narra la historia de la protagonista, que da nombre a la novela, Matilda, una niña de cinco años extraordinariamente inteligente.
La lectora de libros
Matilda vive en una familia que no la aprecia demasiado; de hecho, la insultan y minusvaloran con frecuencia. Su padre, Su madre, la señora Wormwood se pasa las tardes en el bingo y su preocupación es aparentar una belleza que no posee. Mike, su hermano, mayor que ella, admira a su padre y le obedece ciegamente. Ninguno de los tres aprecia a Matilda ni muestran el más mínimo interés en su persona. La niña acude todas las tardes a la biblioteca del pueblo, y allí pasa horas leyendo, con la ayuda y asesoramiento de la señora Phelps, la bibliotecaria. La niña muestra mucha precocidad y enorme inteligencia; ella lo da por supuesto y lo lleva con naturalidad.
El señor Wormwood, experto vendedor de coches
El señor Wormwood  es un orgulloso propietario de un taller de coches y de negocio de compraventa de los mismos. Falsifica el cuentakilómetros y truca los motores para obtener grandes ganancias en sus ventas. Por eso está muy orgulloso y le explica a su hijo cómo actuar para tener éxito en ese negocio, aunque de modo fraudulento. El hijo está entusiasmado, pero Matilda le reprocha sus trampas y el padre la reprende severamente, con insultos incluidos. La niña decide vengarse de la petulancia y la soberbia de su padre.
El sombrero y el pegamento
Le echa pegamento por el borde interior del sombrero de su padre. Cuando se lo pone, ya no lo puede quitar. Le han de destrozar el sombrero y el pelo para podérselo desprender; queda ridículo y la lección le sirve dos semanas, en las que está humilde y tranquilo. Luego vuelve a su petulancia.
El fantasma
Un día, Matilda lee en casa un libro de la biblioteca, “El pony rojo”, de John Steinbeck. Cuando su padre la ve, le arranca las hojas y lo destroza; dice que ese libro y todos son “porquería”. Matilda ha de pagarlo con su paga, pues es de la biblioteca. Para vengarse, toma prestado el loro de su amigo Fred. Lo lleva a casa y lo mete en la chimenea, apagada en ese tiempo. El loro comienza a hablar, repitiendo ¡Hola, hola! Todo el rato, y todos creen que es un fantasma. El padre tiembla de miedo y queda como cobarde y ridículo ante la familia. Eso le baja los humos unas semanas.
Aritmética
Su padre alardea de hacer cálculos mentales muy rápidos. Le hace una demostración a su hijo, pero Matilda está al lado y le demuestra que sabe calcular más y mejor que su padre, que confiesa que había necesitado papel y lápiz; este no admite la derrota e insulta a la niña, llamándole “tramposa y embustera”.
El hombre rubio platino
A Matilda no le queda más remedio que volver a castigar a su padre. Echa en su bote de tónico capilar teñidor de pelo de su madre, en dosis bien altas. Cuando su padre se lo echa, el pelo toma un color blancuzco grisáceo tirando a rubio, muy desagradable y feo. En casa se arma un pequeño jaleo. El padre ha de acudir inmediatamente a la peluquería. Otras semanas con los humos bajados y tranquilidad en casa. Matilda está así más tranquila.
La señorita Honey
Matilda asiste a la escuela, se llama Escuela Crunchem. Su maestra es una joven delgadita y humilde llamada señorita Honey, de nombre Jennifer. Trata a los niños con cariño y afecto y se esfuerza por que aprendan. Ya el primer día, Matilda da muestras de su profunda inteligencia al saber leer y dominar la aritmética con mucha soltura. Compuso una quintilla de repente ante los compañeros y la maestra y todos quedaron admirados de sus conocimientos. La señorita Honey se lo dice a la directora, una mujer alta, autoritaria, ridículamente vestida a lo militar, llamada señorita Trunchbull.
La Trunchbull
La directora maltrata de palabra y gesto a Honey cuando le comunica que Matilda es muy inteligente y debe acceder a un curso superior. Trunchbull ridiculiza a Matilda, lo mismo que sus padres y no le hace caso a Honey, a quien menosprecia constantemente. Le aconseja que no se deje impresionar y que trate a los niños con mano dura, como hace ella. Odia a los niños, los considera insoportables y repugnantes.
Los padres
Honey permite que Matilda en su clase lea y aprenda en otros libros, pues lo que ella enseña ella ya lo sabe perfectamente. Se entrevista con los padres de Matilda, que la reciben de mala gana. No se creen nada de la inteligencia superior de su hija y hablan mal de ella. Están furiosos porque no les deja ver un programa de televisión, lo que parece una telecomedia. Ni siquiera aprenden su nombre. No piensan que Matilda vaya a la universidad, no lo necesita.
Lanzamiento de martillo
Matilda se hace amiga de una niña esmirriada y espabilada, llamada Lavender. Hortensia, una niña veterana, les cuenta que le ha jugado dos malas pasadas a Trunchbull: le puso algo viscoso en su asiento y se pringó por completo; otra vez le echó polvos irritantes en los calzones de gimnasia a la Trunchbull; hizo el ridículo delante de todos rascándose el trasero con furia. La castigó un día entero en La Ratonera, un armario con los laterales llenos de pinchos, donde no había para sentarse y estaba a oscuras. Hortensia lo considera una hazaña. También les cuenta que arrojó a un niño por la ventana. En el patio, delante de todos, Trunchbull coge de las coletas a Amanda Thripp, una alumna pequeña, la gira y la lanza, como si fuera un martillo, a bastantes metros. Todo porque tenía el pelo largo y llevaba coleta.
Bruce Bogtrotter y la tarta
El niño de este nombre había robado un trozo de tarta de la directora. Delante de todos, en el salón de actos de la escuela, le hace comer una enorme tarta para castigarlo y ridiculizarlo, con la idea de provocarle una congestión. El niño la logra comer sin grandes daños y los compañeros lo aplauden con entusiasmo. Trunchbull le estampa en la cabeza la bandeja donde aún quedaban restos de tarta, pero de algún modo había sido derrotada.
Lavender
Trunchbull se hacía cargo de cada clase un día a la semana para comprobar cómo iban avanzando los niños. Un jueves a las dos le tocaba a la clase de Matilda. Lavender, la niña amiga de Matilda y algo aventurera, captura una salamandra y la arroja en la jarra de agua que le ponen a Truchbull en la mesa.
El examen semanal
Castigó a Nigel por tener las manos y una mancha en la ropa contra la pared, sobre una pierna, además de insultarlo. A Rupert lo alza en el aire cogido por su cabello rubio y algo largo por no saber multiplicar dos por siete. Al niño Erik lo levanta en el aire, cogido por las orejas, por no saber deletrear la palabra “que”. Se encara con Matilda y no cree que haya leído “Nicholas Nickleby”, de Dickens. Le llama timador a su padre por venderle un coche ruinoso.
El primer milagro
Cae la salamandra al agua y Trunchbull grita y queda demudada; piensa que es un cocodrilo. Le echa la culpa a Matilda, pero esta se defiende. Matilda mueve mentalmente el vaso, y este se desparrama por la mesa, mojando a Trunchbull. Esta monta en cólera y está muerta de miedo. Acusa a Matilda, pero no tiene pruebas; los compañeros de clase la defienden. Al fin, se va de la clase con ira y vergüenza entremezcladas.
El segundo milagro
Le cuenta a su maestra Honey que ella es quien hizo volcar el vaso. Le hace una demostración a la maestra y esta queda atónita. Piensa que Matilda tiene poderes especiales. Le dice que no lo cuente a nadie.
La casa de la señorita Honey
La maestra Honey invita a Matilda a tomar té en su casa, tras las clases. Es una casa diminuta, muy pobre y humilde, sin agua corriente ni luz. Vive en la más extrema pobreza y ofrece a Matilda lo poco que tiene.
La historia de la señorita Honey
Le cuenta su vida. Sus padres murieron muy jóvenes. Su padre era médico y, al parecer se suicidó. La crio una tía, que es justamente la señorita Trunchbull, de forma tiránica y cruel. La esclaviza, haciendo las tareas del hogar para ella. Así y todo, pudo estudiar para maestra, por eso ejerce. Sospecha que Trunchbull tuvo que ver con la muerte de su padre. Nunca apareció el testamento y está en la pobreza. En la casa de su padre vive Trunchbull. Tiene que entregar casi todo su sueldo a Trunchbull para resarcirla de los gastos generados. Pasa hambre porque no tiene dinero para comprar la comida básica, solo lo que come en la escuela.
La práctica
Se trata de trazar un plan para ayudar a la señorita Honey, pues su lamentable estado no puede continuar. Está sola en casa porque su padre no ha vuelto del taller de autos y su madre del bingo. Comienza a practicar con un puro. Al fin, hace que se suspenda en el aire y se dirija a donde ella quiere. Se siente feliz.
El tercer milagro
La señora Trunchbull acude a la clase para comprobar cómo han aprendido la tabla del tres. Aterroriza a los niños, en concreto a uno que se llama Wilfred. En pleno interrogatorio, la tiza empieza a escribir sola, en el encerado, el nombre de la directora. Cuando ella se percata, piensa que es Magnus, el padre de Honey. Se desmaya. Nigel, uno de los chicos de clase, le arroja la jarra de agua en su cara. Se despierta; viene la enfermera y un grupo de profesores y la sacan de clase como pueden, dada su corpulencia y peso. Sospecha de Matilda, pero no puede demostrar nada, pues esta se mantiene impasible e inexpresiva.
Un nuevo hogar
La señora Trunchbull estuvo varios días ausente. El director accidental, el señor Trilby, se acerca a la Casa Roja, la antigua de Honey, para ver como está. No hay nadie y la puerta está abierta. Había marchado sin decir nada. Honey recibe una carta del notario diciendo que ha aparecido el testamento de su padre; la Casa Roja es suya, junto con el dinero que había dejado en el banco. Se muda y vuelve a la casa de su infancia. Matilda pierde sus poderes inexplicablemente, de lo que ella se alegra. El padre de Matilda van a ser detenido por numerosos delitos (cambiar matrículas, falsificar motores, trampas económicas, etc.). Hacen las maletas y se van en avión a España. Matilda no quiere ir. Habla con Honey y le proponen a sus padres que se quede a vivir con esta. Los padres lo aceptan. Arrancan el coche y se dirigen al aeropuerto a toda mecha. Matilda y Honey ven cómo se aleja calle adelante y toma la primera bocacalle.
2. Temas de la novela
La novela es muy rica en los asuntos esenciales que aborda:
-La incomprensión y aislamiento de los niños en hogares vulgares y adocenados.
-La violencia en el ámbito escolar como método pedagógico.
-El odio y la avaricia como uno de los motores de la conducta humana.
-Las apariencias de éxito y valor esconden individuos cobardes, ruines y tramposos.
-La inteligencia como arma para defenderse de la hostilidad de familiares, profesores, etc. llenos de resentimiento y envidia.
3. Apartados temáticos
Esta novela posee una estructura clásica en cuanto a la disposición de la materia narrativa; se sigue un orden temporal y lógico, excepto en la ocasión en que la señorita Honey le cuenta su vida a Matilda. Es un caso de analepsis llamativo. De este modo, tenemos:
-Introducción o planteamiento de un conflicto: ocupa los tres primeros capítulos. Matilda, inteligente, paciente y bondadosa, vive con la familia Wormwood como mejor puede. Se esfuerza por leer, aprender y ser feliz, aunque no se lo ponen fácil. Sus padres más bien la odian y ella aprende a ridiculizar a su padre.
-Nudo o desarrollo: estamos ante la parte central; ocupa desde el cuarto capítulo (“El fantasma”), hasta el penúltimo (“El tercer milagro”). La acción se centra en la escuela, en la que los niños sobreviven como pueden a la violencia y odio de la señora Trunchbull. Matilda descubre sus nuevos poderes mentales y alcanza un buen dominio sobre ellos.
-Desenlace: se concentra en el último capítulo (“Un nuevo hogar”). La acción se precipita y el desamor de Matilda y Honey encuentran una solución positiva con la convivencia entre maestra y alumna. Los malos, literalmente, desaparecen, con lo que se alcanza un equilibrio razonable para todos.
4. Narrador
Un narrador en tercera persona cuenta la historia. Pero no es objetivo, ni totalmente externo, ni omnisiciencia total. Valora de vez en cuando, sobre todo a través de adjetivos muy incisivos, la actitud, el carácter y las acciones de los personajes, sobre todo de los más deplorables o negativos. Lógicamente, toma partido por Matilda, por la que muestra simpatía y solidaridad por su situación en casa y en el colegio. Por el contrario, valora negativamente y ridiculiza sin paliativos a la familia Wormwood y a Trunchbull.
5. Lugar y tiempo de la acción narrativa
La acción se desenvuelve en un pueblo o ciudad pequeña de contexto inglés. La gente lleva una vida tranquila y sin sobresaltos, en una atmósfera semi rural. La Escuela Crunchem, donde ocurre la mayoría de las acciones es un lugar desagradable y siniestro por los duros castigos corporales de su directora y su régimen de terror. La crítica implícita a una educación basada en el miedo y el abuso es evidente.
El tiempo de la escritura lo conocemos bien, pues la primera edición de este texto es de 1988; la narración se compuso en los años previos, es decir, penúltima década del siglo XX. La duración de la acción también está bien delimitada, por la edad de Matilda: comienza el relato con algo menos de cinco años y, al acabar, tiene cinco y medio. El conjunto, pues, se extiende a lo largo de un año, que coincide con la escolarización de Matilda en su primer curso escolar.
6. Personajes
El elenco de personajes de la novela es variado y sugestivo para el lector. Analizaremos los más importantes según su protagonismo:
-Matilda: es una niña de aspecto normal, con cerca de cinco años al comenzar el relato. Posee una extraordinaria inteligencia y una gran afición a la lectura. Por otro lado, comprende la estupidez y la fanfarronería de muchas personas, lo que la pone enferma. A esas personas las castiga con travesuras hirientes y pesadas. Sin embargo, busca la amistad y el amor en su ámbito familiar, pero no lo encuentra. Lo hallará posteriormente en la figura de su maestra Honey. Es obvio afirmar que es la protagonista.
-Honey: joven maestra, dulce (como indica su nombre en inglés, “Miel”), tranquila, cariñosa y sufrida. Ha sufrido mucho en la vida a causa de las tropelías de su tía Trunchbull, pero lo ha sabido llevar con dignidad y entereza. Su vocación docente hacen de ella un personaje simpático con el que el lector pronto empatiza.
-Señorita Trunchbull: Es la antagonista en este texto. Mujer de facciones grandes y groseras, con vestimenta y andares ridículos, odia a los niños. Su inquina al mundo infantil, paradójico si tenemos en cuenta que es la directora de la escuela, se manifiesta en insultos constantes, vejaciones violentas y dolorosas a los alumnos y actos sádicos de especial inquina, como arrojar a los niños como si fueran un martillo del juego atlético del lanzamiento de martillo. Finalmente, se descubre su cobardía y su maldad, quedando en ridículo.
-Matrimonio Wormwood: son los padres de Matilda. Él es un mecánico tramposo y vendedor de coches fraudulento. Engaña a los clientes sin parar para lucrarse desvergonzadamente. Carente de ética y de estética, se vanagloria ante su mujer y sus hijos de sus “hazañas” mercantiles. Hombre vulgar e inculto, posee el atrevimiento del zafio que engaña a los demás con facilidad.
-Los niños compañeros de Matilda en la escuela (Nigel, Lavender, Erik, etc.): son infantes totalmente normales, con los rasgos propios de la infancia. Apuntan ciertos caracteres de comportamiento, pero el miedo a Trunchbull los acoca a todos.
7. Comentario estilístico
Dahl es un narrador muy consciente de la importancia de la forma y el estilo para componer un texto eficaz y agradable. La narración, la descripción y el diálogo se alternan a lo largo del texto para dar urdimbre a un texto sugerente y original. Algunas notas compositivas son:
-Brevedad narrativa: el conjunto del texto posee una duración limitada. La acción está comprimida, sin digresiones de ningún tipo. El hilo narrativo se mantiene con firmeza y no existen digresiones, sino que todo conduce al progreso de la acción principal.
-Ironía y sarcasmo: aplicados, lógicamente, a los personajes negativos y deplorables, como la señora Trunchbull. Sus ropas ridículas, casi a modo de dictador, y sus palabras agresivas e insultantes la caracterizan como zafia, vulgar, envidiosa y amargada.
-La hipérbole o exageración es una nota muy llamativa, sobre todo cuando se caracterizan los personajes deshonestos. Cuando este tipo de personaje  habla, suele hiperbolizar mucho, en forma de insulto descalificatorio.
-El símil o comparación es una figura literaria muy empleada: aporta expresividad y plasticidad y el lector puede imaginar mucho mejor la lectura. Se emplea tanto con un matiz positivo como negativo.
-La metáfora y la metonimia también hacen acto de presencia. La identificación de Trunchbull con un animal salvaje se repite en varias ocasiones.
-La interrogación y la exclamación retórica: son dos de los recursos preferidos por nuestro novelista. Aportan frescura, variedad y expresividad.
-Los diálogos, breves e incisivos, sirven para caracterizar a los personajes y para transmitir pensamientos y sentimientos. Aportan frescura y naturalidad.
A continuación se aporta un texto donde se pueden apreciar muchas de las características señaladas:
“Matilda anhelaba que sus padres fueran buenos, cariñosos, comprensivos, honrados e inteligentes, pero tenía que apechugar con el hecho de que no lo eran. No le resultaba fácil. Sin embargo, el juego que se había ingeniado, consistente en castigar a uno o a ambos cada vez que se comportaban repugnante y arbitrariamente con ella, hacía su vida más o menos soportable.
Al ser muy pequeña y muy joven, el único poder que tenía Matilda sobre cualquiera de su familia era el del cerebro. Los superaba en ingenio. Pero seguía inalterable el hecho de que en cualquier familia, una niña de cinco años se veía obligada siempre a hacer lo que decían, por estúpido que fuera. Por eso, siempre tenía que tomar una de esas cenas que anuncian en televisión, frente a la espantosa caja. Entre semana se pasaba todas las tardes sola, y cuando le decían que se callara tenía que callarse.
Su válvula de escape, lo único que impedía que se volviera loca, era el placer de maquinar e infligir aquellos magníficos castigos, y lo curioso era que parecían surtir efecto durante algún tiempo. El padre especialmente se volvía menos fanfarrón e intratable durante algunos días, después de recibir una dosis de la medicina mágica de Matilda”.

 

8. Contextualización
Roald Dahl (Llandaff, Cardiff, 1916 – Oxford, 1990) es uno de los más importantes escritores de LIJ en el ámbito internacional en el siglo XX. Sus obras, de temática infantil-juvenil, no son nada complacientes, pues presentan personas, familias y sociedades con graves defectos morales y de convivencia. Su primera publicación es el cuento “Pan comido”, de 1942; como se ve, Dahl comenzó a escribir muy pronto, y alternaba literatura de adultos con la infantil. Aborda problemas en los que la infelicidad de los niños a causa del maltrato de los mayores y el triunfo de la honestidad y la autenticidad son dos notas repetidas y constantes en sus obras. Aparte de la novela que ahora comentamos, son bien conocidas (sobre todo, desde que se hicieron adaptaciones cinematográficas) Charlie y la fábrica de chocolate, El gran gigante bonachón y Las brujas
9. Interpretación y valoración
La novela Matilda guarda hallazgos muy interesantes para el lector, independientemente de su edad. A continuación los enumeramos para aligerar la lectura:
-Abordamiento de temas actuales, contemporáneos, propios de nuestras sociedades: trampas, engaños, codicia desatada, vanagloria descontrolada, etc. son algunos de los rasgos sociales y personales que aparecen con frecuencia en la novela. Dahl no idealiza la sociedad ni a las personas: las presenta como son, plagadas de imperfecciones y lagunas morales.
-Tensión entre las personas honestas y éticas frente a las deshonestas y tramposas: en esta obra, y en otras del mismo estilo, se observa un pulso soterrado, un enfrentamiento silencioso, pero bien real, entre los individuos más éticos y bondadosos, frente a los malvados, generalmente movidos por la codicia, la fatuidad y la soberbia.
-Indagación en las capas profundas del hombre, sea niño o adulto: nuestro autor no se conforma con una presentación superficial de los personajes; al contrario, ahonda en ellos y nos los muestra con sus virtudes y defectos. Sus personajes protagonistas suelen ser indagadores, analíticos, consecuentes y comprometidos con ellos mismos, es decir, muy coherentes con su propia naturaleza, como en este caso Matilda.
-Crítica a la educación basada en el abuso y el miedo contra los niños: la contraposición entre Honey, bondadosa y comprensiva con los niños, frente a Trunchbull es una de las líneas de fuerza de la novela. Con violencia y terror se vence, pero no se convence a nadie, parece querer transmitir la novela.
-Cierto optimismo antropológico: en el choque entre la gente tramposa y zafia y los honestos y éticos, estos últimos suelen ganar, no sin plantear una batalla importante. Los buenos, en efecto, vencen sobre los malos, que han de huir, como en este caso, o mueren, como ocurre en otras novelas.
-Elemento fantástico que complementa la realidad cotidiana: en los textos de Dahl se aprecia la presencia de la fantasía, o la magia. Aquí, lo apreciamos en los poderes mentales de Matilda, capaz de mover objetos por telepatía. Este rasgo de una fuerza superior es típico en los personajes más humildes y castigados; es como una compensación a las carencias materiales y afectivas que suelen padecer, como Matilda o Charlie en Charlie y la fábrica de chocolate.
La valoración de esta novela es positiva por la valentía con que aborda el abuso escolar, por la denuncia de la soledad de muchos niños en la escuela y en la familia y por el alegato en favor de la honestidad y el cariño en el trato entre las personas. Estilísticamente, la novela es atractiva porque ofrece una concentración de la acción y los temas que invitan a una lectura seguida e inmersiva. Por otro lado, el dominio de las técnicas narrativas y estilísticas por parte de Dahl es tan alto que la lectura es divertida, fresca y, al mismo tiempo, reflexiva.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden realizar en clase o en casa. Pueden hacerse de forma individual o en grupo. También puede elegirse la expresión oral o la escrita, o ambas, combinándolas. La ayuda de medios TIC es recomendable en algunas de ellas).
2.1. Comprensión lectora
  1. ¿Dónde ha de leer libros Matilda? ¿Por qué?
  2. ¿Qué tipo de libros lee Matilda? ¿Son los propios de su edad? ¿Qué se deduce de ese hecho?
  3. ¿Por qué el sombrero se pega en la cabeza del señor Wormwood?
  4. ¿Qué hace el padre con el libro de John Steinbeck que está leyendo Matilda?
  5. ¿Por qué se transforma de color el pelo del señor Wormwood ?
  6. ¿Qué deporte practica la señora Trunchbull con los niños? ¿Por qué?
  7. ¿Cómo muestra su sagacidad la niña Lavender?
  8. ¿Qué tipo de habilidad increíble posee Matilda? ¿Para qué la emplea?
  9. La señorita Honey, ¿ha tenido suerte en su vida?
  10. ¿Quiénes huyen de la ciudad finalmente? ¿Por qué?
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
  1. ¿Por qué Matilda es poco feliz con su vida?
  2. Analiza el grado de honestidad de los padres de Matilda según emplean su tiempo.
  3. ¿Por qué le gasta bromas pesadas Matilda a su padre?
  4. Expón tres ejemplos de humillación de los alumnos por parte de la directora de la Escuela Crunchem.
  5. ¿Por qué Trunchbull maltrata a Honey?
  6. ¿Cómo apreciamos la honestidad en los personajes de la novela?
  7. La huida de las dos personas más tóxicas de la vida de Matilda, ¿es una oportunidad para ella?
2.3. Comentario de texto específico
Cuando se hubo comido la mitad de la enorme tarta, Bruce Bogtrotter se detuvo un par de segundos e hizo varias inspiraciones profundas. La Trunchbull permanecía en pie, con las manos en las caderas, mirándole airadamente. 
—¡Sigue! —gritó—. ¡Acábatela! 
De repente, el chico dejó escapar un tremendo eructo que resonó en el salón de actos como un trueno. Muchos de los espectadores se rieron. 
—¡Silencio! —gritó la Trunchbull. 
El chico cortó otro grueso trozo y comenzó a comérselo rápidamente. Aún no mostraba signos de decaimiento o de querer abandonar. Realmente no parecía que estuviera a punto de detenerse y gritar: «¡No puedo, no puedo comer más! ¡Me voy a poner enfermo!». Aún seguía en combate. 
Se estaba produciendo un sutil cambio en los doscientos cincuenta niños que presenciaban la escena. Hasta entonces habían previsto un inevitable desastre. Se habían preparado para una escena desagradable, en la que el desdichado chico, atiborrado de tarta de chocolate, tendría que rendirse y suplicar perdón y, entonces, verían a la triunfante Trunchbull obligando al jadeante muchacho a engullir más trozos de tarta. 
Nada de eso. Bruce Bogtrotter se había tomado ya tres cuartas partes y aún seguía bien. Podría pensarse que casi estaba empezando a disfrutar. Tenía que escalar una montaña y estaba decidido a alcanzar la cima o a morir en el empeño. Es más, se había dado cuenta de los espectadores y de que, silenciosamente, todos estaban de su parte. Aquello era nada menos que una batalla entre él y la todopoderosa Trunchbull. 
De pronto, alguien gritó: 
—¡Vamos, Brucie! ¡Lo puedes conseguir! 
La Trunchbull se volvió y rugió: 
—¡Silencio! El auditorio observaba atentamente. Estaba cautivado por la contienda. Deseaban empezar a animar, pero no se atrevían. 
—Creo que lo va a conseguir —susurró Matilda. 
—Yo también lo creo —respondió en voz baja Lavender—. Nunca hubiera creído que alguien pudiera comerse una tarta de ese tamaño. 
—La Trunchbull tampoco se lo cree —susurró Matilda—. Mírala. Se está volviendo cada vez más roja. Si vence él, lo va a matar. 
El chico iba más despacio ahora. No había duda de ello. Pero seguía comiendo tarta, con la tenaz perseverancia del corredor de fondo que ha avistado la meta y sabe que tiene que seguir corriendo. Cuando engulló el último bocado, estalló un tremendo clamor en el auditorio y los niños empezaron a dar saltos de alegría y a vitorear, aplaudir y gritar: 
—¡Bien hecho, Brucie! ¡Muy bien, Brucie! ¡Has ganado una medalla de oro, Brucie! 
La Trunchbull permanecía totalmente inmóvil en el estrado. Su rostro de caballo había adquirido el color de la lava fundida y sus ojos fulguraban de rabia. Miró a Bruce Bogtrotter, que seguía sentado en su silla como un enorme gusano ahíto, repleto, comatoso, incapaz de moverse o de hablar. Una delgada capa de sudor adornaba su frente, pero en su rostro se reflejaba una sonrisa de triunfo. 
De repente, la Trunchbull se acercó y cogió la fuente de porcelana vacía que había contenido la tarta. La levantó todo lo que pudo y la dejó caer de golpe en todo lo alto de la cabeza del desdichado. Bruce Bogtrotter y sus trozos se desparramaron por el suelo del estrado. 
El chico estaba tan atiborrado de tarta, que era casi como un saco de cemento húmedo y no le hubiera hecho daño ni un mazo de hierro. Se limitó a mover la cabeza unas cuantas veces y siguió sonriendo. 
—¡Vete al diablo! —dijo airadamente la Trunchbull, y se marchó del estrado, seguida de cerca por la cocinera.
(Del capítulo BRUCE BOGTROTTER Y LA TARTA)

 

2.4. Fomento de la creatividad
  1. Transforma el argumento de la novela en un poema o una breve obra teatral introduciendo las novedades literarias que consideres oportunas.
  2. Escribe un ensayo comparando y contrastando la vida en la Escuela Crunchem con tu propio colegio.
  3. Imagina un diálogo con Roald Dahl. Pregúntale sobre aspectos de la novela que no te hayan quedado claros o indagando en la razón de algún aspecto del argumento, de los personajes, etc.
  4. Realiza una presentación o exposición en clase, con apoyo de imágenes, música, textos, etc., sobre la vida y la obra de Roald Dahl.
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César Vallejo: Poema XXIII de “Trilce”; análisis y propuesta didáctica

CÉSAR VALLEJO: “TAHONA ESTUOSA…” (POEMA XXIII DE TRILCE)

[1] Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos             1
pura yema infantil innumerable, madre.
[2] Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente
mal plañidas, madre: tus mendigos.
Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muerto   5
y yo arrastrando todavía
una trenza por cada letra del abecedario.
[3] En la sala de arriba nos repartías
de mañana, de tarde, de dual estiba,
aquellas ricas hostias de tiempo, para                  10
que ahora nos sobrasen
cáscaras de relojes en flexión de las 24
en punto parados.
[4] Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo
quedaría, en qué retoño capilar,                           15
cierta migaja que hoy se me ata al cuello
y no quiere pasar. Hoy que hasta
tus puros huesos estarán harina
que no habrá en qué amasar
¡tierna dulcera de amor,                                       20
hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo
que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!
en las cerradas manos recién nacidas.
Tal la tierra oirá en tu silenciar,                            25
cómo nos van cobrando todos
el alquiler del mundo donde nos dejas
y el valor de aquel pan inacabable.
Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros
pequeños entonces, como tú verías,                     30
no se lo podíamos haber arrebatado
a nadie; cuando tú nos lo diste,
¿di, mamá?
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Este poema es una evocación de la figura de la madre. Se trata de un recuerdo de la madre, vista ya en la lejanía, pero traída al presente e incluso proyectada al futuro. El yo poético rememora su infancia con sus hermanos, que parece haber sido cuatro,bajo el cobijo de su madre. En la segunda estrofa narra cómo los alimentaba y los cuidaba de la mejor manera posible. La madre también sufría porque algunos de sus hijos murió siendo niño. La tercera estrofa señala que la felicidad de los niños, al cobijo de su madre, duraba todo el día, como un alimento espiritual, aunque no fuera mucho lo que la madre podía ofrecer. La cuarta estrofa, que se sitúa en un tiempo presente, evoca a la madre ya muerta hace tiempo, reducida a polvo. El yo poético se ha atragantado con una miga de pan y eso es lo que le trae a su cabeza la imagen de su madre. Aún siente el pálpito del amor que su madre siempre le dio, desde bebé hasta su separación definitiva, tal era la unión amorosa entre ellos, que llegaba hasta el último rincón de su cuerpo y de su alma. La última estrofa presenta un duro contraste entre la sociedad en la que vive el yo poético, áspera, egoísta y mercantilizada, pues los demás desean recibir el precio del alimento, del pan, que ella les dio de niño. Como si pasaran al cobro una factura vieja de algo que parecía gratis, como es el alimento amoroso de la madre a sus hijos. El yo poético no entiende lo que está pasando y, casi como un niño, le pregunta a su madre para que le aclare o le ayude a comprender su situación de orfandad, de miseria, de abandono en un mundo hostil.
2. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados de contenido bien diferenciados:
-El primer apartado coincide con la primera estrofa (vv. 1-2); es muy breve; resulta un marco temático y conceptual en el que se contiene el desarrollo posterior; se destacan dos rasgos de la madre: proveedora de alimento material y emocional, como un obrador de pan del que salen nuevas piezas para alimentar. También se la invoca, en la última palabra de esa estrofa.
-El segundo apartado está constituido por la segunda y tercera estrofas (vv. 3-13); el yo poético recuerda con añoranza cómo la madre alimentaba a los cuatro hermanos, de los que él era el menor. La madre proveía de pan físico y emocional a los niños; era tan nutritivo que duraba todo el día, de la mañana a la noche.
-El tercer apartado abarca la cuarta estrofa (vv. 14-24); el poeta se sitúa en un tiempo presente. Desde su “aquí” y su “ahora” evoca a la madre, y la llama también. Siente una gran carencia del alimento que su madre le daba, por eso la recuerda insistentemente. Sabe que está muerta, pero la siente hasta en el último rincón de su cuerpo; el amor que los unió aún no está extinguido.
-El cuarto y último apartado temático se expresa en la quinta estrofa, que cierra el poema (vv. 25-33); le cuenta a su madre que “todos” le piden que pague el precio del “alquiler” del mundo; por el mero hecho de vivir, los demás exigen un pago. Es el egoísmo generalizado, en vivo contraste con la generosidad de la madre. Interpela a esta pidiéndole unas palabras de consuelo, acaso una explicación de la crueldad del mundo.  
3. Tema
El tema de este poema se resuelve en una evocación amarga de la madre. Su recuerdo, identificado con el amor generoso, contrasta con el egoísmo y avaricia del mundo en el que el sujeto lírico ha de vivir, huérfano de su madre.
4. Aspectos métricos y de la rima
El poema está compuesto por treinta y tres versos de medida variable. Van de los pentadecasílabos (v. 21) al tetrasílabo (v. 33). Aunque predominan los de arte mayor, se combinan aleatoriamente. No existe una rima reconocible; en la primera estrofa se aprecia una asonancia en é; en la segunda y sucesivas se vislumbra una asonancia en á. Deducimos que estamos ante un poema en verso libre. El ritmo del poema, establecido por el tipo de verso, la rima y la distribución acentual, es lento, triste, por momentos abrupto e irregular, a tono con el contenido; la melodía creada en el poema suena a canto fúnebre y grave.
5. Comentario estilístico
Que el poema es una evocación de la madre y su sentido en la vida del poeta lo revela muy bien que la palabra “madre” se repite tres veces y “mamá” una más. Siempre aparece aislada, al principio o al fin de un verso o estrofa; se interpela a su figura, se la llama, es decir se apostrofa a la madre para que, de algún modo, proteja a su hijo, el yo poético, como lo hizo cuando aquel era un niño.
El poema es de naturaleza vanguardista, lo que implica que tanto la gramática como la construcción literaria está distorsionada o violentada en bastantes ocasiones. Encabalgamientos abruptos, sintaxis descoyuntada, hipérbatos, neologismos, palabras deformadas, etc. aparecen de vez en cuando. Por otro lado, metáforas y símbolos truncados, sin desarrollar, o de significación muy personal o confusa son bastante comunes. Son las características típicas de la poesía vanguardista de las primeras décadas del siglo XX, algunas de ellas heredadas por la poesía actual. Su eficacia estética es discutible.
La primera estrofa es toda ella una metáfora: la madre es un taller de pan y dulces (“tahona”, primera palabra del poema, v. 1): bizcochos y yemas son dos comidas que ella produce y sacia el hambre infantil. La palabra “yema” aparece en un doble sentido (es una dilogía), pues se puede referir al dulce o la parte del dedo de la madre que acaricia a su hijo, el yo poético de niño. La madre nutre material y espiritualmente a sus vástagos. “Estuosa”, que significa “ardiente” o “encendida” es un epíteto que remite al calor del horno, pero también al amor materno.
Los cuatro hijos son aludidos metonímicamente a través de la palabra “gorga” (comida para las aves de cetrería). Tienen hambre, pero eso lloran (a eso alude la metáfora “mal plañidas”, v. 4). Los hijos son cuatro, y son presentados como “mendigos” de la madre: a ella le suplican que los sacie. Uno de los hijos, cuyo nombre es Miguel, ya ha fallecido; luego existen dos hermanas, al parecer más jóvenes. El yo poético está en edad escolar temprana, a lo que alude la metáfora “arrastrando todavía / una trenza por cada letra del abecedario” (vv. 6-7). La segunda estrofa continúa con la rememoración de la vida infantil del yo poético en torno a la madre. Su sentido es más oscuro: la madre repartía “ricas hostias de tiempo” (v. 10); parece una metáfora sobre la felicidad que la madre proveía a sus hijos, tanta que semejaba que nunca iba a faltar, hasta el fin de la vida, a lo que parece aludir la metáfora misteriosa “cáscaras de relojes en flexión de las 24 / en punto parados” (vv. 12-13); pero el hecho de que los relojes solo fueran “cáscaras” deja entrever que era una ilusión vana y vacía. 
La cuarta estrofa repite la palabra “ahora” en su primer verso, lo cual nos transporta al presente del yo poético. Deja la remembranza y se analiza en su actualidad. Existe algo pequeño, como “alveolo” (v. 14), como un trocito de pelo recién nacido (“retoño capilar”, v. 15); se identifica con “cierta migaja” (v. 16) que atraganta al yo poético. Es una sucesión de tres metáforas, una enumeración de imágenes que aluden a su malestar o incomodidad actual; de momento, no ofrece las claves interpretativas. La palabra “hoy” (v. 17), metonimia del presente, nos recuerda que el sujeto lírico habla de su actualidad. Admite que su madre hace mucho que murió, aunque, de algún modo, no está ausente del todo. Y de nuevo vuelven las metáforas del obrador de pan, identificado con la madre; sus huesos son “harina”; ella misma es “dulcera de amor” (v. 20), es decir, repostera de sentimientos, como ya habíamos interpretado en la segunda estrofa. La madre amasó en el “molar” (v. 21), la rueda de arenisca que muele el cereal en el molino; es otra metáfora de la madre como gran nutridora de alimento espiritual a sus crías. Los tres oraciones exclamativas, la primera trunca porque se abre el signo, pero no se cierra, expresan la emoción creciente que siente el yo poético ante la figura de su madre. Alude a su madre y a él mismo a través de dos metonimias, a través del pecho de la madre (eso parece significar “lácteo hoyuelo”, v. 22), y del niño que acaba de venir al mundo (“cerradas manos recién nacidas”, v. 24). Su unión es firme y fuerte desde el inicio de la propia vida, y llega hasta hoy, aunque la madre esté muerta.
La quinta estrofa enuncia acciones presentes y futuras, signo inequívoco de la atemporalidad o la duración más allá del presente de las acciones aludidas. En esta estrofa se ofrecen las claves interpretativas que antes fueron eludidas o confusamente aludidas. El yo poético, junto con otros, englobados en un nosotros (como lo expresan los pronombres “nos”, vv. 26 y 27), acaso referido al yo poético y sus hermanas se siente acosado o agobiado por “todos” (v. 26), los cuales exigen el pago del “alquiler del mundo” (v. 27). Parece un acto absurdo e injusto, pues consiste en pedirles cuentas por el mero hecho de vivir y de amar (a lo que alude “el valor de aquel pan inacabable”, v. 28). La iniquidad de esta exigencia de pago la razona el yo poético recordando que aquel “pan”, metáfora del amor, de cuando eran niños, no se lo quitaron a nadie, sino que surgió del amor materno-filial. El verso final es una oración interrogativa de puntuación irregular y ambigua, como si hablara un niño. El yo poético parece que se ha transformado él mismo en un niño que reclama a su madre para que lo nutra con su amor, pues en el mundo solo encuentra egoísmo y maldad.
Existe una antítesis profunda que recorre el poema entre infancia, madre, amor, generosidad, pasado, enfrentados a madurez, egoísmo, avaricia y presente. Es el dilema en el que vive el sujeto lírico.
6. Contextualización
César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 – París, 1938) es uno de los poetas fundamentales de la poesía en lengua española en el siglo XX. Comenzó su andadura literaria con el poemario Los heraldos negros (Lima, 1919), del que procede el poema objeto de esta exégesis; se suele considerar un libro posmodernista, en la estela de Rubén Darío; desde el punto de vista formal es evidente, pero el contenido es mucho más oscuro, intimista y desgarrador que los temas normales del modernismo; también se observa una evolución formal más compleja y meditada. 
Le siguió el poemario Trilce (Lima, 1922), texto de impronta vanguardista, es decir, experimental, innovador, rupturista y explorador de los recovecos del alma humana, con un lenguaje descoyuntado, caótico, impactante y nada convencional; el poema que ahora comentamos procede de este volumen. Poemas humanos (París, 1939) es un libro póstumo en el que se recoge la poesía de los últimos años de vida de Vallejo; dentro de él merece especial mención el bloque de poemas agrupados bajo el título de España, aparta de mí este cáliz; se trata de un canto a la España republicana que agoniza en la guerra civil, desde un punto de vista entre político y humanitario.
Vallejo también compuso cuentos, obras teatrales y ensayos varios, que publicó accidentalmente a lo largo de su vida. En 1923 viajó a Europa y ya nunca más regresó a su patria (de hecho, sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse, París); su vida europea osciló entre España y Francia. La poesía de Vallejo posee una impronta religiosa inconfundible. Hablando del amor, de la vida cotidiana, de la vida y de la muerte, un cierto sentido trascendente, de fuente cristiana, circula por sus versos. Parece como si la sombra de Dios planeara por su vida entera, infiltrándose en sus rimas; el sentido es ambiguo, difuso e inquietante.
7. Interpretación y valoración
El poema XXIII de Trilce es un emocionado recuerdo de la madre del yo poético. Pero es también un grito desesperado contra el egoísmo y el dolor de sentirse maltratado por “todos”. El poeta anhela recuperar a su madre para que le proporcione el amor que ya no puede tener. La madre era como una tahona donde se producía el alimento necesario para la vida de los hijos.
Existe un duro enfrentamiento entre el pasado y el presente, la felicidad pasada y la desgracia actual. En este sentido, el poema es una súplica dirigida a la madre para que vuelva y distribuya el amor que tanto necesita y del que el mundo lo priva. Tras una sucesión de imágenes bastante caóticas y rayanas en lo ilógico, se esconde una rememoración de la figura de la madre y un grito agónico del hijo, es decir, del yo poético, para que no lo maltraten ni le pidan cuentas por haber sido un niño feliz.
El poema nos revela un hombre solo, amargado y perdido. En este sentido, la sintaxis desconyuntada y la falta de lógica gramatical en muchas partes del poema, son metáforas en sí mismas de la situación absurda y desesperada del yo poético.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿De quién habla el poeta y recuerda insistentemente? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales muestra y en qué situación personal se halla? 
3) Localiza la tensión temporal entre pasado, presente que aparece en el poema a través del uso de los tiempos verbales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la madre y del amor? 
5) Relaciona este poema con la biografía de César Vallejo ¿Qué relevancia posee en este sentido? ¿Tuvo una vida fácil y satisfactoria? 
6) Observa detenidamente el verso final. ¿Es correcto gramaticalmente? ¿Qué expresa o a qué se refiere? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona que añora a otra, real o imaginaria. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado César Vallejo, o más externo y general.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta César Vallejo a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre César Vallejo, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial, como el de la nostalgia; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de César Vallejo.
5) ¿Fue importante la figura de la madre en la vida de Vallejo? Investiga este asunto y llega a conclusiones. Se puede crear una personalidad, o una imagen, más o menos acorde con el contenido del poema.
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César Vallejo: “Idilio muerto”; análisis y propuesta didáctica

CÉSAR VALLEJO: “IDILIO MUERTO” (DE LOS HERALDOS NEGROS, 1918)
Idilio muerto                                                                    
Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita         1
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.                       
Dónde estarán sus manos que en actitud contrita                 5
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.
Qué será de su falda de franela; de sus                              
afanes; de su andar;                                                          10
de su sabor a cañas de mayo del lugar.
Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: “¡Qué frío hay… Jesús!”.
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

 

  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Este poema es un recuerdo agridulce de una mujer. El yo poético rememora a Rita, una persona con la que mantiene una relación afectiva intensa y duradera. Frente a la situación de flojera y confusión del yo poético, inmerso en un ambiente sofisticado y artificioso, la imagen de Rita como una mujer joven, humilde, espontánea, trabajadora y dulce se impone sobre todo lo demás. La imagina planchando, vestida con ropas humildes, observando la calle desde su casa, sintiendo el frescor del ambiente, tanto que la obligará a retirarse a su interior. El emotivo recuerdo se cierra de modo sombrío porque Rita ya no está, pues acaso haya fallecido, lo que provoca el desconsuelo del yo poético.
2) Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados de contenido bien diferenciados:
-El primer apartado, que coincide con las dos primeras estrofas (vv. 1-8), presenta el tema, explica y enuncia las acciones y sus sujetos; que no son otros que la “andina y dulce Rita” y el yo poético. Este se acuerda de aquella, que está lejos de él. Se hallan en ambientes opuestos; ella, en un lugar tranquilo, acaso rural, sencillo; él, seguramente en una ciudad grande, de vida acelerada y artificiosa, lo que se da a entender a través de “Bizancio”. 
-El segundo apartado viene ocupa la tercera estrofa y los dos primeros versos de la cuarta (vv. 9-13): se centra en la mujer, Rita; describe su modo de vestir y narra sus acciones cotidianas, además de su carácter, suave y cariñoso.
-El tercer apartado está constituido por el último verso del poema (v. 14): cambia el sujeto y el foco temáticos. Es un “pájaro salvaje”, imagen de la desolación del poeta que “llora” la ausencia de Rita. Probablemente, está muerta, o se ha olvidado del sujeto lírico definitivamente, lo que es lo mismo a efectos sentimentales.
3) Tema
El tema de este poema se resuelve en una evocación amarga de una mujer amada, y acaso desaparecida, por parte del yo poético en un contexto de tristeza irreparable.
4) Aspectos métricos y de la rima
El poema está compuesto por catorce versos tetradecasílabos (alejandrinos) y heptasílabos, distribuidos en cuatro estrofas. En cuanto a la rima, la  primera estrofa presenta la de un serventesio (AbAB); la segunda repite la rima (ABAb); en la tercera encontramos un terceto algo irregular (CdD); en la cuarta, y última, observamos un terceto (ECE). La medida de los versos no siempre es regular. En arte mayor predomina el verso alejandrino, como ya se dijo, y en menor, el heptasílabo (casi siempre con la licencia poética de suma de sílaba por palabra aguda al final del verso). La estructura se aproxima mucho a la del soneto, sin serlo del todo. Sin embargo, el ritmo del poema, establecido por el tipo de verso, la rima y la distribución acentual, es maravilloso; la melodía creada en el poema suena a música intensa; es tan melódica, suave y dulce que inunda la experiencia lectora.
5) Comentario estilístico
Conviene fijarse en el título del poema: “Idilio muerto”. En el título se encierra una antítesis, casi paradoja, que llama poderosamente la atención: el poema recrea un “idilio”, es decir, una relación amorosa intensa y perfecta, en un marco de armonía y felicidad, entre dos personas; pronto sabremos que son Rita y el yo poético (este la llama “mi”, v. 1). Pero al lado, aparece el adjetivo “muerto”: esa relación ha terminado, ya no existe más. Bajo esta sombría sensación es como afrontamos la lectura del poema.
El primer verso del poema nos presenta a uno de sus protagonistas, una mujer llamada Rita, de la que pronto sabremos un rasgo físico (es andina) y otro psicológico (es dulce). El sujeto lírico está lejos de ella y se pregunta por cómo irá su vida. Es una forma metonímica de expresar su nostalgia por su pérdida. Dos metáforas del mundo natural expresan la belleza tradicional de Rita: está hecha “de junco y capulí” (v. 2); la primera se refiere a la esbeltez y al talle; la segunda, a la frescura, el color y la armonía del conjunto. La siguiente metáfora, “Bizancio” (v. 3), alude a la vida artificiosa y sofisticada en la que se ve inmerso el yo poético. Dos personificaciones (“me asfixia”, v. 3, y “dormita la sangre”, vv. 3-4) insisten en que ese tipo de vida ahoga y anula al sujeto lírico, en contraste o antítesis con la vida natural y rural de Rita. “Como flojo cognac” (v. 4) es un símil potente que incide en la vida desalentada del sujeto lírico lejos de Rita. 
En esta primera estrofa, los verbos conjugados en tiempo futuro expresan incertidumbre o deseo de saber, pero no se refieren a hechos que sucederán en el futuro. Los verbos en presente de los dos últimos versos, referidos al yo poético, inciden en la realidad factual de las acciones a que se refieren (la vida insatisfactoria del yo poético, que se siente ahogado en un entorno artificial y hostil). La repetición de las bimenbraciones son hermosas y expresivas; “andina y dulce” (v. 1) crea una sinestesia expresiva; lo mismo podemos decir de “de junco y capulí” (v. 2). Contribuyen también a crear un ritmo musical suave y muy perceptible en la lectura.
Los recursos estilísticos de repetición añaden significación al poema. Por ejemplo, la segunda estrofa comienza con un pronombre interrogativo, exactamente como se abría la primera estrofa. Las metonimias adquieren relevancia en esta estrofa. Las “manos” (v. 5) de la mujer aluden a su laboriosidad en algunas tareas domésticas, como planchar “blancuras” (v. 6), metonimia de la ropa blanca. También es una metáfora de las ilusiones optimistas sobre el futuro compartido que está “por venir” (v. 6). También vamos conociendo rasgos del carácter de Rita: su “actitud contrita” (v. 5) alude a su humildad y sencillez de carácter. De nuevo, en la segunda parte de esta segunda estrofa el yo poético habla de sí mismo; se presenta como abatido y desalentado, pues no tiene “ganas de vivir” (v. 8). El causante es “esta lluvia” (v. 7), metáfora de la soledad, la tristeza y el fracaso. Los encabalgamientos abundan en estas dos primeras estrofas; sirven para crear una sensación de sentimientos e imágenes sucesivas que se superponen desordenadamente.
La tercera estrofa se abre con una anáfora de un paralelismo (“Qué será de…”, v. 9), lo que sirve para insistir en la ignorancia en que vive el yo poético respecto de la mujer. Esta estrofa es muy descriptiva, ya que ofrecen cuatro características de Rita: su humildad, pues viste “falda de franela”; su laboriosidad, pues está llena de “afanes”; de su elegancia natural, a la que se alude en “su andar” (v. 10); y, finalmente, su belleza o atractivo, pues ella sabe “a cañas de mayo del lugar” (v. 11); el efecto sinestésico es potente e inmediato. Ahora ya podemos tener una imagen física y psicológica completa de Rita: una mujer elegante en su sencillez y humildad propias de la vida humilde de una persona rural. Las anáforas y los paralelismos, dentro de oraciones con elipsis, producen una sensación de acumulación de imágenes positivas, muy sinestésicas en sí mismas, de la mujer, Rita, que es la causa de los desvelos del yo poético.
La última estrofa comienza como las anteriores: evocando a Rita, pero ahora ya no describe, sino que narra acciones que podría estar haciendo; en este caso, algo tan sencillo como mirar desde la puerta de casa y temblar por el frío que hace. La viveza del recuerdo del sujeto lírico es tan intensa que incluso oye las palabras de Rita: “¡Qué frío hay… Jesús!” (v. 13). Ella habla coloquialmente, en un registro familiar. Solo es una oración exclamativa, con una suspensión y una apóstrofe en su interior, pero funciona toda ella como metáfora de su modo de ser y de pensar: sencilla, natural, sin doblez. Dice mucho sobre su carácter espontáneo y transparente. Lo que ella siente es frío, parece que metáfora de algo negativo que sucede o podría suceder: el alejamiento definitivo de él, acaso premonición de su propia muerte, etc.; en realidad, no lo sabemos, pues el poema elude  este asunto. El último verso es una metáfora de interpretación más ambigua, aunque de contenido negativo y siniestro. El hecho de que un pájaro llore en el tejado de la casa de Rita, pero podría ser la del yo poético, u otra, parece señalar la presencia de la muerte. ¿De quién o de qué? Acaso de la mujer, acaso del amor que sintió por el yo poético… No lo sabemos, pero esta significación difusa crea una cierta analogía entre el contenido del poema y el ánimo lector tras su lectura. 
El poema presenta un movimiento del optimismo al pesimismo, de lo risueño a lo lúgubre, de la alegría a la tristeza. Empieza aparentemente bien; acaba definitivamente mal.
6) Contextualización
César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 – París, 1938) es uno de los poetas fundamentales de la poesía en lengua española en el siglo XX. Comenzó su andadura literaria con el poemario Los heraldos negros (Lima, 1919), del que procede el poema objeto de esta exégesis; se suele considerar un libro posmodernista, en la estela de Rubén Darío; desde el punto de vista formal es evidente, pero el contenido es mucho más oscuro, intimista y desgarrador que los temas normales del modernismo; también se observa una evolución formal más compleja y meditada. 
Le siguió el poemario Trilce (Lima, 1922), texto de impronta vanguardista, es decir, experimental, innovador, rupturista y explorador de los recovecos del alma humana, con un lenguaje descoyuntado, caótico, impactante y nada convencional. Poemas humanos (París, 1939) es un libro póstumo en el que se recoge la poesía de los últimos años de vida de Vallejo; dentro de él merece especial mención el bloque de poemas agrupados bajo el título de España, aparta de mí este cáliz; se trata de un canto a la España republicana que agoniza en la guerra civil, desde un punto de vista entre político y humanitario.
Vallejo también compuso cuentos, obras teatrales y ensayos varios, que publicó accidentalmente a lo largo de su vida. En 1923 viajó a Europa y ya nunca más regresó a su patria (de hecho, sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse, París); su vida europea osciló entre España y Francia. La poesía de Vallejo posee una impronta religiosa inconfundible. Hablando del amor, de la vida cotidiana, de la vida y de la muerte, un cierto sentido trascendente, de fuente cristiana, circula por sus versos. Parece como si la sombra de Dios planeara por su vida entera, infiltrándose en sus rimas; el sentido es ambiguo, difuso e inquietante.
7) Interpretación y valoración
“Idilio muerto” es un hermosísimo poema de naturaleza emocional y evocador, pero bajo un signo pesimista. Posee una intensa naturaleza nostálgica y triste, pues ese amor ya terminó irremediablemente. Se establece como un diálogo mudo entre el yo poético y Rita, la mujer amada, que concluye en el portazo de ella, del que no sabemos la causa última.
En el poema se aprecia un movimiento emocional de la esperanza a la desilusión, de la alegría a la pena, de la posibilidad del reencuentro a la separación definitiva. Por otro lado, existe un vivo contraste a lo largo del poema entre el mundo natural, primitivo, originario y auténtico, frente al artificial, artificioso, frío y falso. El primero es el mundo incaico y rural; el segundo está representado por Bizancio; ella vive allí, en la naturaleza; él, aquí, en la ciudad. El enigmático pájaro que llora en el tejado es un símbolo intrigante: ¿acaso es el propio poeta, que lamenta la pérdida de su amada, o solo el recuerdo de la muerte? Las interpretaciones legítimas son variadas y plausibles.
Este soneto, o casi soneto, posee una originalidad compositiva muy alta; desde la forma estrófica hasta el léxico, distinto, atrevido, chocante y contradictorio en sí mismo, contribuyen a una significación honda y fatalista. La originalidad formal es muy destacable y un hallazgo no menor de esta composición. El lenguaje natural, fresco, potente, y la disposición formal en serventesios y tercetos aportan una belleza y originalidad muy altas. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿De quién habla el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales muestra? 
3) Localiza la tensión temporal entre pasado, presente y futuro que aparece en el poema a través del uso de los tiempos verbales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del amor y la muerte? 
5) Relaciona este poema con la biografía de César Vallejo ¿Qué relevancia posee en este sentido? ¿Tuvo una vida fácil y satisfactoria? 
6) Observa detenidamente e interpreta el título “Idilio muerto”. ¿Qué expresan o a qué se refieren? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona que añora a otra, real o imaginaria. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado César Vallejo, o más externo y general.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta César Vallejo a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre César Vallejo, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial, como el de la nostalgia; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de César Vallejo.
5) ¿Existiría Rita en la realidad? Investiga este asunto y llega a conclusiones. Se puede crear una personalidad, o una imagen, más o menos acorde con el contenido del poema.
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César Vallejo: “Piedra negra sobre una piedra blanca”; análisis y propuesta didáctica

César Vallejo
Piedra negra sobre una piedra blanca (de Poemas humanos, París, 1939)

 

Me moriré en París con aguacero,                        1
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso        5
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;                          10
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

 

 

  1. ANÁLISIS
1) Resumen
El yo poético habla sobre sí mismo en el trance de la muerte. Y lo hace de un modo concreto y minucioso. Se ve muriendo en París, un día jueves, con lluvias, con dolor y soledad. Pero tan importante como estos detalles son la explicación de las causas de su fallecimiento: los demás, o mejor, “todos”, le pegaban, es decir, abusaban de él hasta destruirlo. El yo poético ve  o atisba su muerte futura minuciosamente. Su defunción está rodeada de dolor, soledad, violencia y tristeza, tras recorrer muchas rutas sin rumbo cierto. Estas visiones o imágenes las repite, en general, dos o más veces a lo largo del poema. El yo poético recibe nombre, César Vallejo, que es el poeta; la identificación del sujeto lírico, ficcional, con el poeta real de carne y hueso queda asegurada, borrándose la separación entre la la realidad y la imaginación. César Vallejo desea insistir que habla de sí mismo.
2) Apartados temáticos
El poema presenta dos apartados de contenido bien diferenciados:
-El primer apartado, que coincide con las dos primeras estrofas (vv. 1-8), presenta el tema, explica y enuncia las acciones y sus sujetos; que no es otro que el yo poético morirá en un día futuro, que será jueves (palabra que repite tres veces en esas dos primeras estrofas; en la última se repite otra vez), en la ciudad de París, en soledad y dolorido.
-El segundo apartado viene delimitado ocupa la tercera y cuarta estrofas (vv. 9-14): explica por qué y cómo muere: a causa de una gran golpiza, con un palo y una soga, que los demás le propinan. Y pone como testigos de su óbito cinco elementos, que podrían ser más: los jueves, los huesos, la soledad, la lluvia y los caminos.
3) Tema
El tema de este poema es una premonición amarga y detallada de la muerte del yo poético producto del odio y la violencia de los demás. 
4) Aspectos métricos y de la rima
El poema está compuesto por catorce versos endecasílabos, distribuidos en cuatro estrofas. La  primera es un serventesio (ABAB); la segunda es un cuarteto (ABBA); en la tercera encontramos un pareado y un verso suelto (CCD); en la cuarta, y última, observamos un terceto (EDE), versos endecasílabos, rima consonante); obsérvese que el verso suelto de la tercera estrofa rima con el segundo de la última, creándose así una especie de tercetos encadenados. La rima es consonante en todos los casos.
5) Comentario estilístico
Antes de nada, conviene fijarse en el título del poema: “Piedra negra sobre una piedra blanca”. La antítesis llama poderosamente la atención, junto con la capacidad metafórica de “piedra”, que alude a la muerte, lo frío e inane. Parece que en la tierra natal de Vallejo se solía colocar una piedra negra sobre otras blancas en la tumba de un muerto. Todo indica que estamos ante un contenido lúgubre, como en efecto el contenido lo confirma inmediatamente.
El primer verbo del poema, como casi todos los demás, aparece en primera persona del singular; es un modo de expresar que el yo poético habla de sí mismo; el foco ficcional es él mismo. Nótese también el tiempo futuro: se refiere a hechos que ocurrirán en el devenir. Habla de su muerte, como repite a través de la anáfora y el paralelismo  (“Me moriré en París…”, vv. 1 y 3). Muchas imágenes van creando un relato concreto y detallado del momento de la muerte del yo poético. 
Habrá “aguacero” (v. 1), metáfora de tristeza y abandono. Se crea una paradójica ironía entre esta metáfora, y las que siguen, respecto de la ciudad de París, de aquella (dos primeras décadas del siglo XX) considerada la capital de la cultura. El yo poético no se avergüenza de morir en esas circunstancias y añade dos nuevas, de carácter cronológico: será un jueves de otoño, lo que coincide con el día y la estación del año del momento de la escritura (“como es hoy”, v. 4).
El segundo cuarteto repite dos veces el día de la semana, “jueves”, casi en epanadiplosis y en repetición semántica del contenido de lo que el yo poético hace ese día: componer su poema (“proso / estos versos”, vv. 5-6). Nótese la paradoja de la expresión, pues la prosa es incompatible con el verso, en general. Solo existe un verbo en tiempo futuro, el primero (“será” v. 5); los demás, están en presente; hemos pasado de una premonición del futuro a una certeza, la cual es explicada por el yo poético con cierto detalle. 
Sigue una metonimia impactante donde los huesos “húmeros” (v. 6) duelen; representan a su persona entera. Aquí también apreciamos la paronomasia entre “húmero” y “húmedo”; sirve para asociar el cuerpo a la tristeza, la soledad y la muerte. La expresión del dolor se hace una frase hecha coloquial fresca y, por tanto, más incisiva: “me he puesto a la mala”, es decir, que no están en su correcta posición y función. Los dos últimos versos de la segunda estrofa hablan de dos aspectos nuevos, el “camino” (v. 8) y la soledad. El poeta concibe su vida como un arduo itinerario más bien realizado sin compañía, lo que no le agrada, parece deducirse.
En el primer terceto los verbos aparecen en tiempo pasado. La muerte del yo poético (ahora sí, identificado con nombre y apellido, el del poeta, César Vallejo) se enuncia como una realidad pasada, es decir, irreversible, consumada. Ahora se explica cómo murió: por la violencia que “todos” practicaron contra él. “Pegaban” (v. 9) expresa muy bien la brutalidad empleada contra el yo poético. Se ve realzada esa significación con la antítesis “todos” / “nada” (v. 10) en las posiciones inicial y final de ese verso. Los golpes eran propinados con un palo, repetida y fuertemente, como indica la palabra “duro” (v. 11), adjetivo adverbializado, repetida dos veces.
El encabalgamiento que une los dos tercetos expresan cierto ensañamiento en la golpiza contra César Vallejo; ahora se une otro instrumento de los golpes: una soga. El yo poético trata de convencer al lector de la verosimilitud de su relato, por eso pone como testigos de esa golpiza los elementos espacio temporales y su propio cuerpo que sufrieron la agresión: los jueves, los huesos, la soledad, la lluvia y los caminos. Nótese que en esta enumeración reina más bien el caos. Todas las palabras son metonímicas o metafóricas de un significado más hondo y expandido, que se resumen en la muerte anímica y física del yo poético a causa de la violencia de la sociedad contra él. 
La paliza es más figurada que real: alude a su incomprensión y aislamiento, además de la imposibilidad de integrarse en el mundo, de ser aceptado como es. Esta enumeración final también es sinestésica, pues se mezclan percepciones y sensaciones distintas y captadas por distintos sentidos, en el caso de las palabras concretas (“huesos, lluvia”); las abstractas son figuraciones mentales (“soledad”). Esas palabras de la enumeración están personificadas (bello ejemplo de prosopopeya), pues aparecen como observadores de la golpiza, aunque algunos son los causantes (“días”, “lluvia”) y otros las consecuencias (“soledad”, “caminos”). Aparecen todos mezclados en un aparente caos, metáfora de lo que ha devenido su vida. Se cierra el poema con una suspensión muy expresiva, queriendo decir que la enumeración podría continuar, pero es mejor dejarlo así. ¿Por qué? Tal vez porque el protagonista, César Vallejo, ya está muerto, tal vez porque la lista de “testigos” sería inabarcable, así como la amargura del yo poético.
Uno de los hallazgos más hermosos de este poema es la ficcionalización dramática del propio poeta. El poeta real, César Vallejo, crea a un ente de ficción literario, el yo poético, que toma al poeta real como protagonista de su texto. Y aquel habla de este como alguien muerto violentamente. Al principio del poema es una premonición o adivinanza del futuro, pero el fin del poema lo presenta como un hecho consumado; es el camino que va del presentamiento a la realidad irrevocable.
6) Contextualización
César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 – París, 1938) es uno de los poetas fundamentales de la poesía en lengua española en el siglo XX. Comenzó su andadura literaria con el poemario Los heraldos negros (Lima, 1919); se suele considerar un libro posmodernista, en la estela de Rubén Darío; desde el punto de vista formal es evidente, pero el contenido es mucho más oscuro, intimista y desgarrador que los temas normales del modernismo. Le siguió el poemario Trilce (Lima, 1922), texto de impronta vanguardista, es decir, experimental, innovador, rupturista y explorador de los recovecos del alma humana, con un lenguaje descoyuntado, caótico, impactante y nada convencional. Poemas humanos (París, 1939) es un libro póstumo en el que se recoge la poesía de los últimos años de vida de Vallejo; dentro de él merece especial mención el bloque de poemas agrupados bajo el título de España, aparta de mí este cáliz; se trata de un canto a la España republicana que agoniza en la guerra civil, desde un punto de vista entre político y humanitario.
Vallejo también compuso cuentos, obras teatrales y ensayos varios, que publicó accidentalmente a lo largo de su vida. En 1923 viajó a Europa y ya nunca más regresó a su patria (de hecho, sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse, París); su vida europea osciló entre España y Francia. La poesía de Vallejo posee una impronta religiosa inconfundible. Hablando del amor, de la vida cotidiana, de la vida y de la muerte, un cierto sentido trascendente, de fuente cristiana, circula por sus versos. Parece como si la sombra de Dios planeara por su vida entera, infiltrándose en sus rimas; el sentido es ambiguo, difuso e inquietante.
7) Interpretación y valoración
“Piedra negra sobre una piedra blanca” es un hermosísimo poema de naturaleza existencial y religiosa de signo trágico. Posee un carácter reflexivo e introspectivo muy fuerte, pues el poeta habla de sí mismo. En concreto, visualiza su muerte con asombroso detalle: el día, la estación, la climatología, etc. Lo cierto es que Vallejo murió en primavera y en un viernes lluvioso, pero el presentimiento o adivinación de su muerte es asombrosamente realista, aunque el poema parece un ejercicio de imaginación.
En el poema destaca un sentido pesimista de la existencia y una valoración negativa del recorrido vital del yo poético, o de César Vallejo, será mejor decir. El sufrimiento, el dolor físico y la soledad son los elementos que planean sobre todo el poema. Nos indica que el itinerario existencial de Vallejo fue difícil, rodeado de incomprensión y de dificultades tanto materiales como emocionales.
Vallejo reflexiona sobre su vida y su sentido, pero viéndose ya muerto. He aquí la paradoja fundamental de este poema. Comienza como una adivinación de su futuro, pero termina con una constatación del fin de su vida; no ha ocurrido, pero se da como próximo y amargo, como efectivamente lo fue. El poeta se desdobla dos veces: en el yo poético y en César Vallejo protagonista; ambos aparecen en el poema. El juego temporal entre el presente, el pasado y el futuro es sutil y asombrosamente original. Por otro lado, la significación de tristeza, pesadumbre y dolor recorre todos los versos y nos hablan de una vida con pocos momentos de felicidad y muchos de desolación.
Este soneto posee una originalidad compositiva muy alta; desde la forma estrófica hasta el léxico, distinto, atrevido, chocante y contradictorio en sí mismo, contribuyen a una significación honda y fatalista.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿De quién habla el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales muestra? 
3) Localiza la tensión temporal entre pasado, presente y futuro que aparece en el poema a través del uso de los tiempos verbales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la muerte? 
5) Relaciona este poema con la biografía de César Vallejo ¿Qué importancia posee en este sentido? ¿Tuvo una vida fácil y satisfactoria? 
6) Observa detenidamente e interpreta el título “Piedra negra sobre una piedra blanca”. ¿Qué expresan o a qué se refieren? 
 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria, sobre la premonición de la muerte.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado César Vallejo.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta César Vallejo a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre César Vallejo, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de César Vallejo.
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José Martí: “La niña de Guatemala” (poema IX de “Versos sencillos”); análisis y propuesta didáctica

La niña de Guatemala (Poema IX)
Quiero, a la sombra de un ala,     1
Contar este cuento en flor:
La niña de Guatemala,
La que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos,               5
Y las orlas de reseda
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda.  
… Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:              10
El volvió, volvió casado:
Ella se murió de amor.  
Iban cargándola en andas
Obispos y embajadores:
Detrás iba el pueblo en tandas,   15
Todo cargado de flores.  
…Ella, por volverlo a ver,
Salió a verlo al mirador:
El volvió con su mujer:
Ella se murió de amor.                 20
Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente ¡la frente
Que más he amado en la vida!  
…Se entró de tarde en el río,      25
La sacó muerta el doctor:
Dicen que murió de frío:
Yo sé que murió de amor.  
Allí, en la bóveda helada,
La pusieron en dos bancos;       30
Besé su mano afilada,
Besé sus zapatos blancos.  
Callado, al oscurecer,
Me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver       35
A la que murió de amor!
                                                                                    (De Versos sencillos)

 

  1. ANÁLISIS
1. Resumen
José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los más estimables poetas del pre-modernismo hispanoamericano. Poseedor de un rico mundo poético y de una asombrosa facilidad verbal y expresiva, Martí nos dejó poemas inolvidables en los que expresa sus sentimientos, pensamientos e inquietudes más íntimas desde una perspectiva intimista, transparente e inquietante.
El poema que ahora analizamos, “La niña de Guatemala”, cumple bastante estas características, como iremos explicando a lo largo de este texto. El poema posee un marcado carácter narrativo y subjetivo. El yo poético cuenta una historia, pero le afecta directamente, por lo que va intercalando sus propios sentimientos a lo largo del texto. 
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: relato de una historia de amor trágico a causa de una traición.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura realmente original y distinta a lo habitual. De este modo encontramos:
-La primera estrofa es una introducción del contenido, por parte del yo poético, que se dirige a un auditorio ficticio (compuesto por nosotros, los lectores); advierte que el relato es triste y desgraciado.
-A continuación, las estrofas pares (2, 4, 6 y 8,) describe su funeral: desde la salida del féretro a la iglesia hasta la llegada al cementerio, a la que asiste el yo poético. Se despide de ella con un frío beso, arrasado por el dolor.
-En las estrofas impares (3, 5, 7 y 9) narra la historia de amor entre la joven de Guatemala, de la que no se especifican datos concretos de ningún tipo, y el yo poético: se habían conocido y se habían enamorado; él hubo de viajar y ella le entrega como recuerdo “una almohadilla de olor”. Tras un tiempo, él regresa, pero casado con otra mujer. Ella, contrariada, incapaz de superar la situación, se suicida dejándose ahogar en un río. Cuando la sacaron, el médico solo pudo certificar su muerte.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por treinta y seis versos agrupados en doce estrofas. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto; en muchas estrofas la palabra final es aguda, por lo que el conteo silábico da siete, pero sumamos uno al utilizar la correspondiente licencia poética). La rima consonante (coinciden vocales y consonantes desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: abab; rima el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto. Esta estrofa recibe el nombre de cuarteta, y se repite –la estructura, no la rima– en cada una de las estrofas. El conjunto conforma una sucesión de cuartetas, estrofa especialmente apta para la expresión del pensamiento y del sentimiento sintético y comprimido. Es una estrofa de larga tradición castellana, dentro de la poesía italianizante; su cultivo ha sido muy amplio desde el Renacimiento a nuestros días.
  1. Comentario estilístico
Este poema posee un entramado de imágenes de primer orden, creadas a través, sobre todo, de metáforas y símiles. Se abre el poema con un verbo en primera persona, anunciando que es el yo poético quien interviene y dirige la narración. Con la metáfora “a la sombra de un ala” (v. 1), da a entender que se halla bajo el influjo de la muchacha fallecida. La siguiente metáfora, “cuento en flor” (v. 2), alude a que los acontecimientos pasaron hace poco, todavía están frescos y el recuerdo pesa. Acaso se pueda referir también a la edad de la joven, pues estaba en la flor de la vida. Para aumentar el misterio, Martí no concreta nada de ella; la nombra como “la niña de Guatemala”. En el último verso de la primera estrofa anticipa el final: “La que se murió de amor”. La intriga se potencia y un halo de confusión triste rodea el relato.
En la segunda estrofa cambian los tiempos verbales: se pasa del presente al pasado, señal inequívoca de que comienza el relato de los acontecimientos. En concreto, describe cómo era el féretro que contenía el cuerpo de la difunta: caja de seda, ramos de lirio y orlas o adornos de reseda y jazmín. Indica su alta posición social, pues todos los objetos son símbolos de riqueza y poder. Aparece un verbo en primera persona del plural, “enterramos” (v. 7); aquí vemos que el yo poético participa en el sepelio de la joven. 
La tercera estrofa retoma los acontecimientos desde más atrás, cuando se habían conocido ambos. Comienza con una suspensión (creada a través de los puntos suspensivos), dando a entender que el lector ha de suplir lo que falta, o que el narrador prefiere omitir ciertos detalles, o que, simplemente, había pasado mucho tiempo. A la despedida, ella le entregó un símbolo de su amor: una “almohadilla de olor” (v.10), aunque ya sabemos, por el adjetivo “desmemoriado” (v. 9) aplicado al hombre, que él pronto la olvidó. Los dos últimos versos, en lo que se concentra mucho la acción, cuentan el este volvió casado y ella murió; son cuatro verbos en pretérito perfecto simple en los que se condensan los acontecimientos. La repetición de “volvió” (v. 11) aumenta la expresividad, así como la antítesis creada con “Él” (v. 11) y “Ella” (v. 12), colocadas intencionadamente al principio de los respectivos versos.
La cuarta estrofa vuelve al desarrollo del funeral. Insiste en la gran cantidad de flores, pero añade un detalle nuevo: en el funeral de la joven de Guatemala asistieron “obispos y embajadores” (v. 14), lo que confirma que la fallecida poseía un alto estatus social. Pero además era popular y conocida por la gente común, pues detrás de las autoridades “iba el pueblo en tandas” (v. 15). Fue un entierro multitudinario y solemne, podemos deducir.
La quinta estrofa nos retrotrae a los acontecimientos previos a la muerte. Cuando su amado volvió, ella se asomó a un mirador para apreciarlo mejor; sin embargo, cuando lo vio acompañado de su esposa, “Ella se murió de amor” (v. 20). Aquí no se aporta información nueva, sino que repite y profundiza algo en lo que ya sabíamos; el hecho de que ella se acerque a un mirador para verlo a él señala su impaciencia por verlo cuanto antes. Observemos otra vez el empleo de la suspensión al principio de la estrofa para crear un estado de intriga lectora.
La sexta estrofa aporta novedades interesantes. Aquí descubrimos que el amado asistió al funeral y la despidió con un beso en la frente. Pero fue un beso agridulce, como expresa el símil “Como de bronce candente” (v. 21). Es un beso apasionado, ardiente como un metal al rojo, pero, a la vez, frío y lúgubre, pues ella está muerta. El verso 24 adquiere especial relevancia porque nos permite comprobar que el yo poético es el amado, como se aprecia en el verbo conjugado en primera persona, en la oración exclamativa “¡la frente / que más he amado en la vida!” (vv. 23-24). La repetición retórica de “frente”, junto con la metonimia que forma, refiriéndose a la persona entera de la joven, aportan dramatismo lírico; lo mismo se puede decir de la exclamación retórica que recoge esa oración.
La séptima estrofa comienza otra vez con la suspensión, aumentando la densidad significativa. Relata sucintamente que la joven entró al río y se dejó ahogar; nada se pudo hacer; la versión oficial es que murió de frío, pero el yo poético sabe que murió de amor. Es una estrofa muy sintética porque con muy pocas palabras comunica la muerte voluntaria de la joven y el estrecho grado de intimidad que existía entre ellos. Estaban muy enamorados, podemos deducir.
La octava estrofa vuelve al funeral, como corresponde a las pares. Aquí, los adjetivos epítetos, de naturaleza sensitiva, adquieren especial significación. La bóveda de la iglesia donde la enterraron está “helada” (v. 29); la mano está “afilada” (v. 31); sus zapatos son “blancos” (v. 32). Los tres adjetivos son metáforas de la muerte. La repetición retórica y anáfora creadas con la reiteración de “Besé” (vv. 31 y 32) expresan con viveza la pasión amorosa que el yo poético siente por la joven muerta. El contraste o antítesis entre “mano” y “zapato”, que aluden a dos extremidades del cuerpo de ella, también potencian el amor frustrado del yo poético por esa joven malhadada.
La novena y última estrofa es más misteriosa y ambigua en su significación. El enterrador, único personaje concreto que aparece en el poema, aparte los amantes, llama al yo poético , ¿para qué? No lo sabemos, tal vez para ver a su amada por última vez, ya sepultada oficialmente esa misma tarde. Los dos últimos versos forman un epifonema: resumen sintético en una oración exclamativa. Expresan el dolor del yo poético por la muerte de la “niña de Guatemala”. Ella murió de amor, como repite el último verso pero ¿qué responsabilidad le cupo a él, con su actitud falsa y traicionera?
El poema presenta un perfecto equilibrio entre fondo y forma, entre narración y expresión de los sentimientos. De forma sintética, se dosifica la intriga y se cierra el poema muy bellamente haciéndonos saber que el yo poético era el amado y que, al parecer, también estaba enamorado de ella. Poema de factura romántica, se contienen los sentimientos bastante y se crea una estructura zigzagueante muy bien trazada y desarrollada, para contarnos una historia de amor trágica.
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los poetas precursores del modernismo o, simplemente, modernistas más interesantes de la poesía en lengua española en la segunda mitad del siglo XIX. Sus poemas resultan subjetivos y sentimentales, propios del tardorromanticismo, en la senda de Bécquer y Rosalía de Castro. Observamos en la poesía de Martí una preponderancia del yo poético en el contenido, el empleo de la naturaleza como un espejo del alma y la especial predilección por marcar la singularidad poética son rasgos típicos de esta poesía. Sin embargo, no se trata de una expresión torrentosa y verbalmente exagerada, propia del primer romanticismo, sino de otra caracterizada por la contención expresiva, la moderación verbal y cierta introspección existencial que intenta ser trascendente. Martí también escribió poemas de tono más cívico, es decir, aborda temas de contenido social o político. Recordemos, a este propósito, que su posicionamiento en pro de la independencia de Cuba frente al dominio español marcó su vida y su muerte temprana.
Además de poesía, Martí compuso una obra dramática y varios textos en prosa (ensayos de actualidad referidos principalmente a la independencia de Cuba y una novela), interesantes todos ellos, pero eclipsados por la calidad de su poesía. Sus poemarios son Ismaelillo (1882), Versos libres (1882), Versos sencillos (1891), Edad de oro (1878 – 1882) y Flores del destierro (1878 – 1895).
  1. Interpretación y valoración
Estamos ante un bello poema a medio camino entre lo narrativo y lo lírico; se cuenta una historia y los sentimientos que en torno a ella surgen. Esto ocurre porque el yo poético es coprotagonista de la misma. La estructura compositiva es original y sorprendente, además de muy eficaz a efectos estéticos, intercalar la parte narrativa con la lírica es un modo sugestivo de introducir al lector en una experiencia lectora sugestiva.
El poema posee un visible tono romántico. El yo poético domina la acción y la sentimentalidad y expresa con viveza sus emociones, en este caso, trágicas y negativas. La niña de Guatemala es la otra coprotagonista; no la oímos, pero la percibimos al fondo como viva y activa: ama, se esperanza, se frustra y se suicida. Es una historia trágica y triste. El yo poético elude toda responsabilidad, pero su relato nos permite apreciar su irresponsabilidad y su inconsistencia ética. Ha provocado un grave daño a otra persona por su traición, pero no hay atisbos de arrepentimiento en ningún momento. En este sentido, es un poema estrictamente romántico, sin autorreflexión ni ahondamiento por parte del yo poético, trasunto de Martí.
La “niña de Guatemala” parece que se identifica con María García Granados y Saborío (Ciudad de Guatemala, 1860 – 1878), joven con la que, al parecer, Martí mantuvo un romance frustrado que coincide, a grandes rasgos, con el relato del poema. He aquí un ejemplo de transfiguración de la vida en literatura.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A quién se dirige el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos muestra? ¿Y la “niña de Guatemala”? 
3) Localiza los dos polos de la dicotomía o antítesis que plantea el poema, referido a los protagonistas y a los sentimientos. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la fidelidad y el compromiso? 
5) Relaciona este poema con la biografía de José Martí ¿Qué importancia posee en este sentido? ¿Qué podemos deducir de su vida amorosa y su consistencia ética? 
6) Observa y recoge las acciones que realiza “la niña de Guatemala”. ¿Pensó en la mejor manera de afrontar su situación antes de actuar? ¿Su actitud, fue racional o pasional?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que cuente una historia de amor y exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria, en torno a esas vivencias. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado José Martí.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Martí a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre José Martí, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado sentimental o existencial, sea referido al amor o al dolor por la muerte de un ser querido; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de José Martí.
5) Puedes crear la misma historia desde la perspectiva de la chica traicionada, insistiendo en sus sentimientos de frustración abandono.

 

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José Martí: “Cuando me puse a pensar”; análisis y propuesta didáctica

JOSÉ MARTÍ: “CUANDO ME PUSE A PENSAR”
Cuando me puse a pensar                 1
La razón me dio a elegir
Entre ser quien soy, o ir
El ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar                  5
Fuera ley, no nacería
Hombre alguno, pues haría
Lo que antes de él se ha hecho:
Y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!                10
                                          (De Versos libres, 1882)
1. ANÁLISIS
  1. Resumen
José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los más estimables poetas del pre-modernismo hispanoamericano. Poseedor de un rico mundo poético y de una asombrosa facilidad verbal y expresiva, Martí nos dejó poemas inolvidables en los que expresa sus sentimientos, pensamientos e inquietudes más íntimas desde una perspectiva intimista, transparente e inquietante.
El poema que ahora analizamos, “Cuando me puse a pensar”, cumple estas características, como iremos explicando a lo largo de este texto. El poema posee un marcado carácter reflexivo y subjetivo. El yo poético comienza recordando los momentos en que forjó su carácter y se le planteó un dilema: ser auténtico, o solo una copia de los otros; ocupa los cuatro primeros versos. Razona a continuación, en la segunda sección temática, que, justamente, la diversidad, la originalidad y el esfuerzo de cada hombre, distinto a los otros, es lo que garantiza el avance y el progreso de la humanidad. Por eso se determina, resolutivamente, a ser él mismo, con autenticidad y transparencia, sin temor a los posibles peligros.
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: reflexión existencial del yo poético sobre si es mejor afrontar la vida como una copia de los demás, o como un proyecto personal y único marcado por la autenticidad; elige este último camino de la fidelidad a uno mismo.
3. Apartados temáticos
El poema presenta una estructura bimembre, según las dos estrofas. De este modo, tenemos:
-Primera parte (vv. 1-4): es una introducción o presentación del asunto abordado; el yo poético reflexiona sobre qué itinerario seguir en su vida, el de la falsedad repetitiva y copiada, o el de la verdad personal.
-Segunda parte (vv. 5-10): presenta una primera sección argumentativa; si todos copiáramos a los demás, no habría progreso, ni avance, ni siquiera personas, pues no valdría la pena la vida. La segunda sección es una reivindicación firme y exaltada de su idiosincrasia personal, que garantiza la fidelidad a uno mismo.
4. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por diez versos agrupados en una estrofa. Los versos son octosílabos (ocho sílabas; arte menor, por tanto). La rima consonante (coinciden vocales y consonantes desde la última vocal tónica de la última palabra de cada verso) queda establecida así: abbaaccddc; rima el primero con el cuarto, y el segundo con el tercero. Esta estrofa recibe el nombre de redondilla y se repite –la estructura, no la rima– en los cuatro últimos versos. Los versos quinto y sexto son la repetición del primero de cada redondilla. El conjunto conforma una décima, hermosa estrofa especialmente apta para la expresión del pensamiento y del sentimiento sintético y comprimido. Es una estrofa de larga tradición castellana, dentro de la poesía italianizante; su cultivo ha sido muy amplio desde el Renacimiento a nuestros días.
5. Comentario estilístico
Este poema posee un entramado estilítico rico y sugestivo. El carácter subjetivo se manifiesta en el primer verbo del poema, en primera persona; nos indica que el yo poético habla de sí mismo. Los verbos en presente de indicativo señalan el carácter atemporal de su contenido, su validez continua, más allá de la mera cronología compositiva o personal. La personificación de “la razón” claramente el proceso analítico que se ha seguido para dar sentido a su vida.
Sigue una antítesis, entre autenticidad y copia, expresada a través de diversas palabras procedimientos. Por ejemplo, primero aparece una repetición mezclada con derivación (“ser quien soy”, v. 3). El poeta dialoga consigo mismo (“Mas me dije…”, v. 5) y descubre que “copiar” es el camino de las personas rutinarias, falsas o vacías. Eso conduce a la extinción de uno mismo y de la propia humanidad. Por eso apostrofa a su pecho, metonimia de su ser interior o de su alma, para que despierte y opte por el camino de la autenticidad. Este pensamiento se expresa en el último verso, que encierra un hermoso epifonema, de ahí su tono exclamativo. “Sé quien eres” puede resultar tautológico a primera vista, pero no lo es tanto si pensamos en que se apela a la originalidad y verdad que el yo poético lleva dentro. Varios encabalgamientos e hipérbatos imprimen un tono cadencioso, en analogía con el carácter reflexivo del poema. 
“Pecho” y “alma”, metonimias de la persona del yo poético, complementan a la “razón” (v. 2) y así, vemos cómo la parte analítica y sentimental de la persona entran a formar parte del contenido poético. De este modo, el poema resulta ser una reivindicación de la esencia del yo poético, su idiosincrasia propia y su deseo de vivir como es, sin falsificaciones ni mentiras colectivas.         
6. Contextualización
Como ya afirmamos, José Martí (La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895) es uno de los poetas precursores del modernismo o, simplemente, modernistas más interesantes de la poesía en lengua española en la segunda mitad del siglo XIX. Sus poemas resultan subjetivos y sentimentales, propios del tardorromanticismo, en la senda de Bécquer y Rosalía de Castro. Observamos en la poesía de Martí una preponderancia del yo poético en el contenido, el empleo de la naturaleza como un espejo del alma y la especial predilección por marcar la singularidad poética son rasgos típicos de esta poesía. Sin embargo, no se trata de una expresión torrentosa y verbalmente exagerada, propia del primer romanticismo, sino de otra caracterizada por la contención expresiva, la moderación verbal y cierta introspección existencial que intenta ser trascendente. Martí también escribió poemas de tono más cívico, es decir, aborda temas de contenido social o político. Recordemos, a este propósito, que su posicionamiento en pro de la independencia de Cuba frente al dominio español marcó su vida y su muerte temprana.
Además de poesía, Martí compuso una obra dramática y varios textos en prosa (ensayos de actualidad referidos principalmente a la independencia de Cuba y una novela), interesantes todos ellos, pero eclipsados por la calidad de su poesía. Sus poemarios son Ismaelillo (1882), Versos libres (1882), Versos sencillos (1891), Edad de oro (1878 – 1882) y Flores del destierro (1878 – 1895).
7. Interpretación y valoración
Este poema presenta una reflexión sobre qué debe ser una persona, cuál es el mejor camino para su vida plena: la repetición de lo ya visto, o la autenticidad personal. Martí le imprime un tono personal y subjetivo, pues se refiere a él mismo; sin embargo, el texto posee un carácter generalizante y, en cierto modo, universal, de gran importancia. Es como si el yo poético se propusiera como ejemplo reivindicativo del mejor itinerario que se puede seguir en la existencia.
Al ser una décima, el contenido está muy comprimido. Primero cuenta su reflexión y su dilema; luego razona sobre las desventajas de la repetición del camino general y acaba apostrofando a su alma para que sea original y fiel a sí misma. El epifonema final encierra una gran eficacia poética porque comprime y enfatiza la importancia de que cada persona sea como es, más allá de rutinas y presiones.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema y cómo afectan al contenido. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A quién se dirige el poeta? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos existenciales muestra? 
3) Localiza los dos polos de la dicotomía o antítesis que plantea el yo poético referido al camino que puede elegir en la vida. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la autenticidad? 
5) Relaciona este poema con la biografía de José Martí ¿Qué importancia posee en este sentido? ¿Anuncia su participación en la guerra de independencia de Cuba frente a España? 
6) Observa detenidamente y localiza dónde aparecen las palabras “razón”, “pecho” y “alma”. ¿Qué expresan o a qué se refieren? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese el estado interior de una persona, real o imaginaria, sobre la dicotomía que se plantea al elegir el camino de su vida.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado José Martí.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta José Martí a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre José Martí, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar un estado espiritual o existencial; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de José Martí.
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