Francisco de Quevedo: “A Apolo, siguiendo a Dafne”; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: A Apolo, siguiendo a Dafne
Bermejazo Platero de las cumbres            1
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.
Si quieres ahorrar de pesadumbres,          5
Ojo del Cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.
Volvióse en bolsa Júpiter severo,
Levantóse las faldas la doncella              10
Por recogerle en lluvia de dinero.
Astucia fue de alguna Dueña Estrella,
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El poema que ahora analizamos es de naturaleza satírica y burlesca. Posee cierto tono conversacional. El yo lírico se dirige a Apolo, el dios que se identifica con el sol y le sugiere un procedimiento para que pueda “gozar” a Dafne. Según la mitología clásica, Apolo se encapricha de Dafne, hasta el punto de que la persigue con malas intenciones. Dafne huye y le pide socorro a Zeus. Este se apiada de la joven y la transforma en el árbol del laurel. Cuando Apolo le da alcance, ella ya está casi transformada en árbol y la separación es definitiva. Llora su mala suerte, pero ella logra salvarse. Garcilaso de la Vega, cien años antes, ya había tratado el tema desde una óptica más personal, intimista y grave. Ahora, Quevedo ridiculiza al dios, tratándolo de un simple frecuentador de los barrios bajos y de las peores compañías de la ciudad.
En la primera estrofa, yo lírico comienza apostrofando a Apolo de modo ridiculizante, calificándolo de “bermejazo”; el despectivo es evidente y sarcástico. Aprovechan la luz del sol la “canalla”, la gente baja, para “espulgarse”, limpiarse de pulgas. En el último verso le da un consejo terrible, si es que desea estar con Dafne: pagar sus servicios, como si fuera una mujer necesitada, o que comercia con su cuerpo; y así, se ahorra de perder el tiempo alumbrando, iluminando con su luz el día. 
En la segunda estrofa le indica que pague por estar con Dafne. No sería el primero, pues Marte gastó parte de sus bienes para estar con Afrodita, esposa de Efecto. 
En la tercera estrofa le trae el ejemplo de Zeus, el dios de dioses. Se transforma en una lluvia de oro para fecundar a Dánae. La escena es descrita por Quevedo con todo detalle y claridad, así que no necesita aclaración.
En la última estrofa, el yo lírico piensa que tal estratagema de Zeus fue obra de una dama inteligente (acaso de vida poco virtuosa); no pudo ser de una estrella, un astro, sin propietaria (o acaso quiera decir de una mujer que se llama Estrella). Le aconseja a Apolo que, como es sol y vive cerca de ellas, se sirva de ella (de la dueña, mujer que ya no es doncella) para que le monte una estratagema como la de Zeus.
Vemos que el poema es una pura ridiculización de un dios de la mitología greco-latina, Apolo. Lo rebaja a categoría de rufián impulsivo y desvergonzado; y como tal le aconseja, con mucho sarcasmo, que siga el ejemplo de las otras divinidades y concierte un encuentro a través de una medianera; por supuesto, ha de pagar los servicios.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: visión burlesca y ridiculizante de un episodio de la mitología clásica protagonizado por Apolo persiguiendo a Dafne. Lo podemos enunciar de otro modo: Reducción al sarcasmo grosero de Apolo persiguiendo a Dafne, postrofando a aquel para que tome el consejo del yo lírico: pagar por los servicios de Dafne.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas forman la presentación y exposición de una situación, un caso o un problema. En este caso, Apolo se obsesiona con Dafne y la persigue con las peores intenciones. 
– Las dos últimas estrofas conforman la segunda sección temática; se ofrece algún ejemplo y se concluye cómo solucionar esa situación: pagando los servicios de alguien que facilite el encuentro. 
4) Análisis métrico y de la rima
El poema es un soneto. Está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos, todos ellos formados por versos endecasílabos, con rima consonante, conforme a la estructura: 
5) Comentario estilístico
Estamos ante un soneto satírico-burlesco. Quevedo realiza un “contrafactum” de un tema mitológico clásico que ya antes el gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega había tratado en tono serio y solemne y desde una perspectiva personal (la pérdida de Dafne es análoga a la de la dama amada por Garcilaso, ya muerta; por tanto, se puede dar por un amor definitivamente perdido).
Quevedo aplica el sarcasmo, la burla, la ironía y la degradación a unos niveles escandalosos. En el fondo, ridiculiza la mitología clásica. La recrea como una historia sórdida de los bajos fondos de cualquier ciudad europea del siglo XVII. Comienza con un epíteto degradatorio, con un morfema despectivo: “Bermejazo”; Apolo ya no es amarillo, como corresponde al dios sol, sino solo rojo, y un rojo avulgarado. Le llama “platero”, es decir, Apolo ya no se identifica con el amarillo áureo, sino con el blanco de la plata; el oficio no es muy noble que digamos; es un grado más en su ridiculización sistemática. Con todo, emite luz, pero solo sirve para que la “canalla”, la gente baja, mate las pulgas que pueblan su cuerpo. El acto es vulgar y sórdido. El yo lírico presenta a la “ninfa Dafne”, que se va sin hablar, alejándose de Apolo. Pronto le suelta su consejo, tratándolo de “tú”: “Si la quieres gozar, paga y no alumbres” (v. 4). Degrada a Dafne a la categoría de prostituta y le indica al dios el medio de estar con ella: pagando en moneda sus servicios. como podemos ver, la ordinariez de la escena es violenta y cruda.
En el segundo cuarteto incide con el mismo razonamiento. El yo lírico llama “ojo del cielo” (v. 6) a Apolo; es una metáfora que se puede considerar escatológica sin echarle mucha imaginación. Apoya su argumento con el ejemplo de Marte; para estar con Afrodita, tuvo que urdir estratagemas que no le salieron gratis. Véase que la ridiculización es extrema y descendente. Marte, el dios de la guerra y la virilidad, gasta su dinero en “confites”, “pasteles” y unos “azumbres” de vino (vv. 7-8).
En el primer terceto, el yo lírico utiliza otro ejemplo de otra divinidad, nada menos que Zeus o Júpiter, el dios supremo. Narra la poco ejemplar transformación en monedas de oro para poder unirse  a Dánae. La expresión “Levantóse las faldas la doncella” (v. 10) vulgariza al extremo la actitud de ella.
El último terceto, de carácter conclusivo, continúa con la ridiculización. Utiliza un retruécano (“Dueña Estrella” frente a “Estrella sin Dueña”, vv. 12-13), con insinuación o alusión de tono vulgar. Si ya Júpiter hubo de acudir a una alcahueta, no es ningún desdoro que Apolo también lo haga, como el yo lírico le aconseja, en un tono coloquial y dicharachero, como en conversación de taberna.
Como se ve, este soneto es el revés de la mitología clásica. Esta se había utilizado en tono solemne durante el Renacimiento y el Barroco, incluso por el mismo Quevedo en muchas de sus composiciones. Pero ahora, la decepción vital, el desengaño existencial, las calamidades personales y colectivas (de España, se entiende), lo empujan hacia una dirección de degradación de todo el montaje literario greco-latino y seguido a pies juntillas, posteriormente, en el Renacimiento y Barroco. Ahora, a Quevedo solo le queda un cristianismo estoico como único asidero para enfrentar la vida y la muerte. Es el momento de ridiculizar y degradar la cultura greco-latina hasta dejarla reducida a anécdotas risibles, escabrosas y soeces. Ya no hay optimismo vital, ni respeto sacrosanto a la tradición cultural grecolatina. Solo queda el sarcasmo agridulce que pulveriza todo el montaje cultural greco-latino; solo se salva la filosofía estoica de Séneca y Propercio, autores que admiraba profundamente y a quienes tradujo al castellano.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “A Apolo siguiendo a Dafne” es un ejemplo del espíritu barroco. Desengaño y decepción es lo único que queda tras la fase optimista, abierta y triunfante del Renacimiento.
Quevedo toma un motivo mitológico y lo degrada hasta lo escatológico; lo reduce a una anécdota escabrosa y chocarrera. Lo hace con gracia, muy mala leche y ganas de poner patas arriba el armazón mitológico y cultural greco-latino. Para apreciar este ejercicio de cierta rebeldía, conviene recordar que él mismo utilizó muchísimo la mitología y la cultura greco-latina, en poemas y otros textos de tono serio e intención grave. Se trata, entonces, como de un desahogo, como de una broma que el lector sabe apreciar en su justa medida.
El ingenio compositivo es, como siempre en nuestro clásico, apabullante. Utiliza la lengua a su antojo para expresar una situación mitológica en un tono sarcástico que desemboca en lo risible y despreciable. Tutea al dios, en un tono coloquial y despectivo. Lo baja de su pedestal y lo trata de simple frecuentador de lupanares.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante explicar los ejemplos que el yo lírico le ofrece a Apolo para que actúe como ellos.
5) Indica la ironía, el sarcasmo y la parodia que existe en este texto.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Qué pretende Apolo? ¿Quién es Dafne?
3) ¿Cómo podemos inferir que Quevedo ridiculiza la actitud de Apolo?
4) La visión de la sociedad, de la vida y de la cultura antigua que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Muestra Quevedo un conocimiento profundo de la mitología clásica? ¿Por qué se ríe de ella, entonces?  
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre ciertos comportamientos de los dioses clásicos frente a los valores de nuestra sociedad contemporánea.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá tres personajes, el yo lírico, Apolo y Dafne, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos”; análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO:  Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos

 

[1] No he de callar, por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ya la frente,
Me representes o silencio o miedo.
 
[2] ¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
 
[3] Hoy sin miedo que libre escandalice
Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice.
 
[4] En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien amado.
 
[5] Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
Que es lengua la verdad de Dios severo
Y la lengua de Dios nunca fue muda.
 
[6] Son la verdad y Dios, Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
Ni de los dos alguno fue primero.
 
[7] Si Dios a la verdad se adelantara,
Siendo verdad, que rabría de ser hubiera
Verdad, antes que fuera y empezara.
 
[8] La justicia de Dios es verdadera,
Y la misericordia, y todo cuanto
Es Dios es la verdad siempre severa.
 
[9] Señor Excelentísimo, mi llanto
Ya no consiente márgenes ni orillas:
Inundación será la de mi canto:
 
[10] Veránse sumergidas mis mejillas,
La vista por dos urnas derramada
Sobre el sepulcro de las dos Castillas.
 
[11] Yace aquella virtud desaliñada
Que fue, si menos rica, más temida,
En vanidad y en ocio sepultada.
 
[12] Y aquella libertad esclarecida
Que donde supo hallar honrada muerte
Nunca quiso tener más larga vida.
 
[13] Y pródiga del alma, nación fuerte
Contaba en las afrentas de los años
Envejecer en brazos de la suerte.
 
[14] La dilación del tiempo, y los engaños
Del paso de las horas y del día
Impaciente acusaba a los extraños.
 
[15] Nadie contaba cuánta edad vivía,
Sino de qué manera: sola una hora
Lograba con afán su valentía.
 
[16] La robusta virtud era señora,
Y sola dominaba al pueblo rudo:
Edad, si mal hablada, vencedora.
 
[17] El temor de la mano daba escudo
Al corazón, que, en ella confiado,
Todas las armas despreció desnudo.
 
[18] Multiplicó en escuadras un soldado
Su honor precioso, en ánimo valiente,
De sola honesta obligación armado.
 
[19] Y debajo del Sol aquella gente,
Si no más descansado, a más honroso
Sueño entregó los ojos, no la mente.
 
[20] Hilaba la mujer para su esposo
La mortaja primero que el vestido;
Menos le vio galán que peligroso,
 
[21] Acompañaba el lado del marido
Más veces en la hueste que en la cama;
Sano le aventuró, vengóle herido.
 
[22] Todas matronas y ninguna dama,
Que nombres del halago cortesano
No admitió lo severo de su fama.
 
[23] Derramado y sonoro el Oceáno
Era divorcio de las ricas minas
Que volaron la paz del pecho humano.
 
[24] Ni les trajo costumbres peregrinas
El áspero dinero, ni el Oriente
Compró la honestidad con piedras finas.
 
[25] Joya fue la virtud pura y ardiente;
Gala en merecimiento y alabanza;
Sólo se codiciaba lo decente.
 
[26] No de la pluma dependió la lanza,
Ni el cántabro con cajas y tinteros
Hizo el campo heredad, sino matanza.
 
[27] Y España con legítimos dineros,
No amartelaba el crédito a Liguria;
Más quiso los turbantes que los ceros.
 
[28] Menos fuera la pérdida y la injuria
Si se volvieran Muzas los asientos,
Cuanto es peor la usura que la furia.
 
[29] Caducaban las aves en los vientos,
Y espiraba decrépito el venado:
Grande vejez duró en los elementos.
 
[30] Que el vientre entonces, bien disciplinado,
Buscó satisfacción y no hartura,
Y estaba la garganta sin pecado.
 
[31] Del mayor infanzón de aquella pura
República de grandes hombres, era
Una vaca sustento y armadura.
 
[32] No había venido al gusto lisonjera
La pimienta arrugada, ni del clavo
La adulación fragante forastera.
 
[33] Carnero y vaca fue principio y cabo,
Y con rojos pimientos y ajos duros
Tan bien como el señor comió el esclavo.
 
[34] Bebió la sed los arroyuelos puros;
Después mostraron del carquesio a Baco
El camino los brindis mal seguros.
 
[35] El rostro macilento, el cuerpo flaco,
Eran recuerdo del trabajo honroso,
Y honra y provecho andaban en un saco.
 
[36] Pudo sin don un español velloso
Llamar a los tudescos bacanales,
Y al holandés hereje y alevoso.
 
[37] Pudo acusar los celos desiguales
Al italiano; y hoy de muchos modos
Somos copias, si son originales.
 
[38] Las descendencias gastan muchos godos;
Todos blasonan, nadie los imita,
Y no son sucesores, sino apodos.
 
[39] Vino el betún precioso que vomita
La ballena o la espuma de las olas,
Que el vicio, no el olor, nos acredita.
 
[40] Y quedaron las huestes españolas
Bien perfumadas, pero mal regidas,
Y alhajas las que fueron pieles solas.
 
[41] Estaban las locuras mal vestidas,
Y aún no se hartaba de buriel y lana
La vanidad de hembras presumidas.
 
[42] A la seda pomposa siciliana,
Que manchó ardiente múrice, el romano
Y el oro hicieron áspera y tirana.
 
[43] Nunca al duro español supo el gusano
Persuadir que vistiese su mortaja,
Intercediendo el Can por el verano.
 
[44] Hoy desprecia el honor al que trabaja,
Y entonces fue el trabajo ejecutoria,
Y el vicio gradüó la gente baja.
 
[45] Pretende el alentado joven gloria
Por dejar la vacada sin marido,
Y de Ceres ofende la memoria.
 
[46] Un animal a la labor nacido
De paciencia preciosa a los mortales,
Que a Jove fue disfraz y fue vestido;
 
[47] Que un tiempo endureció manos reales,
Y detrás de él los cónsules gimieron,
Y rumia luz en campos celestiales,
 
[48] ¿Por cuál enemistad se persuadieron
A que su apocamiento fuese hazaña,
Y a mieses tan grande ofensa hicieron?
 
[49] ¡Qué cosa es ver un infanzón de España
Abreviado en la silla a la jineta,
Y gastar un caballo en una caña!
 
[50] Que la niñez al gallo le acometa
Con semejante munición apruebo;
Mas no la edad madura y la perfeta.
 
[51] Ejercite sus fuerzas el mancebo
En frentes de escuadrones, no en la frente
Del padre hermoso del armento nuevo.
 
[52] El trompeta le llame diligente,
Dando fuerza de ley al viento vano,
Y al son esté el ejército obediente.
 
[53] ¡Con cuánta majestad llena la mano
La pica, y el mosquete carga el hombro,
Del que se atreve a ser buen castellano!
 
[54] Con asco entre las otras gentes nombro
Al que de su persona, sin decoro,
Antes quiere dar nota que no asombro.
 
[55] Jineta y caña son contagio moro;
Restitúyanse justas y torneos,
Y hagan paces las capas con el toro.
 
[56] Pasadnos vos de juegos a trofeos;
Que sólo grande rey y buen privado
Pueden ejecutar estos deseos.
 
[57] Vos, que hacéis repetir siglo pasado
Con desembarazarnos las personas
Y sacar a los miembros de cuidado,
 
[58] Vos disteis libertad con las valonas,
Para que sean corteses las cabezas,
Desnudando el enfado a las coronas;
 
[59] Y, pues vos enmendasteis las cortezas,
Dad a la mayor parte medicina:
Vuélvanse los tablados fortalezas.
 
[60] Que la cortés estrella que os inclina
A privar sin intento y sin venganza,
Milagro que a la envidia desatina.
 
[61] Tiene por sola bienaventuranza
El reconocimiento temeroso,
No presumida y ciega confianza.
 
[62] Pues os dio el ascendiente generoso
Escudos, de armas y blasones llenos,
Y por timbre el martirio glorioso,
 
[63] Mejores son por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
Os muestre a su pesar campos serenos.
 
[64] Lograd, señor, edad tan venturosa;
Y cuando nuestras fuerzas examina
Persecución unida y belicosa,
 
[65] La militar valiente disciplina
Tenga más practicantes que la plaza:
Descansen tela falsa y tela fina.
 
[66] Suceda a la marlota la coraza,
Y si el Corpus con danzas no los pide,
Velillos y oropel no hagan baza.
 
[67]El que en treinta lacayos los divide,
Hace suerte en el toro y con un dedo
La hace en él la vara que los mide.
 
[68] Mandadlo así, que aseguraros puedo
Que habéis de restaurar más que Pelayo,
Pues valdrá por ejércitos el miedo
Y os verá el cielo administrar su rayo.
 
1.ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. El texto que ahora trabajamos es la Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos (edición póstuma de 1648).
El poema es una epístola, es decir, una carta o misiva, dirigida a una persona muy concreta, el valido del rey de España, el conde-duque de Olivares. A lo largo del poema se observa esta circunstancia; el yo lírico se dirige al poderoso personaje en forma de “vos”, fórmula de tratamiento respetuoso y de honra. Realizaremos un resumen por estrofas para un mayor esclarecimiento del contenido.
1. El yo lírico advierte al destinatario que no va a guardar silencio a pesar de las amenazas de que se calle, o de que puede morir en el intento. El destinatario le indica silencio o, acaso, su sentencia de muerte.
2.Piensa que es necesario reunir la valentía necesaria para decir lo que se siente, sin miedo.
3.En los días que escribe ya no existe el miedo a ser castigado por alguien con más poder, solo por decir la verdad.
4. En los tiempos antiguos, acaso era mejor entregarse al estudio y callarse las verdades, pues se consideraba pecado decir la verdad. 
5. Los que dudan o lo niegan deben recordar que Dios exige decir la verdad, pues es una exigencia ética.
6. La verdad y Dios es uno, forman una unidad indisoluble. 
 7. No fue antes Dios, ni la verdad. Aquel trajo a esta, y por tanto la verdad tiene una validez eterna.
8. Esa verdad divina va unida a la justicia y a la misericordia, otros dos atributos divinos. La verdad suele ser severa, pero necesaria.
9. El yo lírico se dirige a su destinatario, “Señor Excelentísimo”. Le informa que su dolor es tal que ya no lo puede contener y ha de verterlo en palabras.
10. Habrá de llorar mucho, pues es mucho el dolor que siente. España entera está como agonizante, o muerta, ya en el “sepulcro”.
11. La virtud de los españoles está desvirtuada e irreconocible. Fue respetada, aunque pobre. Ahora está enterrada por la vanidad y el ocio, es decir, la petulancia y la vaguería.
12. Los españoles antiguos eran libres para aceptar una muerte con honra antes que una larga vida acaso sin ella.
13. España entera era generosa de ánimo y fuerte para resistir los reveses de todo tipo (“afrentas”); así confiaba en la suerte para durar en su propósito.
 14. La nación señalaba en los extranjeros las tácticas dilatorias, con engaños, para sus propósitos. (Esta estrofa es bastante anfibológica; acaso se pueda interpretar de otra manera; tal vez quiere decir que el español no se preocupaba de la duración de su vida, lo que sorprendía a los “extraños”).
15. No importaba la duración de la vida, sino vivirla con honra; la cual se podía ganar con un hecho heroico en un tiempo corto (como en el campo de batalla, se insinúa).
16. La fuerte virtud se extendía por toda la nación. Incluso las personas más asilvestradas se sometían a ella. Eso explica que fuera un tiempo victorioso.
17. El valor, combinado con el temor, era el mejor escudo contra las adversidades, a las que se despreciaba.
18. Un solo soldado, con su honor, cumpliendo con su obligación, suplía a un escuadrón entero, tal era su valentía y coraje.
19. Y tras el esfuerzo, esos españoles descansaban, pero siempre con la tensión moral en vilo, para no perder nunca la honra.
20. El peligro de muerte era real y permanente, de modo que la esposa se apresuraba a confeccionar una mortaja para su marido; este no se dedicaba a la vida social, sino al peligro, como el de la guerra.
21. Esta esposa era heroica. Acompañaba a su marido a la guerra; le deseaba suerte y lo vengaba si era herido.
22. No eran mujeres frívolas, ni ligeras, sino esposas graves, madres de hijos; se preocupaban más por la honra familiar que por recibir halagos.
23. La riqueza hallada al otro lado del Océano (acaso se refiera a América), hizo que desapareciera la virtud y la paz en estas personas tan ejemplares.
24. De Oriente no vinieron costumbres raras a causa del dinero. Tampoco se perdió la honestidad por la riqueza.
25. La mejor joya para esa gente antigua era la posesión de la virtud. Poseer honra y ser decentes era el mejor merecimiento al que ansiaban.
26. La guerra fue un asunto principal. Los primeros españoles (“cántabro”) lucharon por su independencia y su libertad. No eran tiempos de florituras, escritas o de otro tipo.
27. España (es la primera vez que aparece esta palabra) no daba muchas ganancias a los banqueros italianos, pues vivía de lo suyo. Rechazó a los árabes a golpe de espada, sin preocuparse de la economía.
28. Hubiera sido una injuria para esos españoles antiguos haber sido vencidos de los árabes. Rechazaba las actividades económicas, basadas en la usura, pues era peor considerado que luchar contra los invasores.
29. Los animales gozaban de larga vida. Todos los seres vivos en España vivían, pues, largas vidas.
30. Las personas comían comedidamente, sin abusar. La gula no era un vicio, o pecado, extendido.
31. Incluso los nobles se conformaban con poco, pues eran personas moderadas en comer. Aprovechaban de sus animales hasta el último elemento.
32. Todavía no habían llegado a la nación las exóticas especias (“pimienta arrugada” y “clavo”), que con su fragancia invitaba a su consumo.
33. Toda la población, ricos y pobres, comían digna y sencillamente. Carnero y vaca era toda la carne que consumían, acompañada de pimientos y ajos.
34. Bebían agua de los arroyos. Pero después se aficionaron al vino y sus peligros etílicos.
35. La figura de esos españoles era de gente delgada y enjuta, producto del trabajo fuerte y ganancias escasas, pues en un saco entraba todo.
36. En esa época, un español de aspecto asilvestrado (“velloso”) podía criticar la afición a la fiesta de los alemanes y a la herejía y la traición de los holandeses.
37. También critica la envidia de los italianos. Hoy, sin embargo, los españoles son iguales que los mentados, sino peores.
38. Los actuales españoles presumen de venir de familias de godos, con escudos, pero no imitan a sus antepasados. Solo son sombras de lo que fueron sus antecesores.
39. Se acabó la virtud y los vicios venidos de otras partes se han extendido por la nación.
40. Los ejércitos españoles no estaban bien organizados ni mandados, aunque abundaban los afeites y lo blandengue.
41. Las mujeres se hicieron presumidas y casquivanas. La vanidad andaba suelta. Se vestía con ropa cara, abandonando las sencillas.
42. Se extendieron tejidos caros y exóticos, como la seda. Eran caros, pero la gente rica lo pagaba. El “romano” parece aludir a la curia papal, o acaso a los antiguos romanos.
43. No se aficionó el español al caro tejido de seda, elaborado por el gusano, pues era una persona sobria.
44. En esos buenos tiempos, la persona trabajadora era tenida en estima. Hoy, al laborioso lo desprecian. La gentuza se entregó al vicio.
45. Un hombre castra a un toro y pretende gloria por ello. No es para tanto; incluso la diosa de la agricultura, Ceres, se sentiría ofendida.
46. Así nació el buey, animal fuerte y paciente. Júpiter (“Jove”, el dios supremo romano), lo utilizó como disfraz y como ropa en sus correrías amorosas.
47. Incluso los romanos nobles trabajabann en el campo. Hoy, el toro es una constelación (Tauro).
48. Se pregunta el yo lírico por qué  riña (los romanos, parece) tuvieron por hazaña lo que era una cobardía; también perjudicaron las cosechas. Acaso se refiera a los españoles, que han perdido el pulso vital antiguo.
49. Le parece indigno que un “infanzón”, noble de bajo rango, monte un caballo con estribo corto y piernas dobladas (“a la jineta”), o que gaste el tiempo jugando a cañas con su caballo.
50. Jugar con el caballo a desprender un gallo de un lugar elegido está bien para los muchachos, pero no para los adultos.
51. Los jóvenes deben ejercitarse en ejercicios de guerra, no contra el ganado o los animales (“armento”).
52. El buen joven ha de ser rápido en acudir a su deber bélico, y obediente a sus mandos.
53. Un buen soldado español lleva sus armas blancas o de fuego (la pica y el mosquete) con gallardía y solemnidad.
54. Al sujeto lírico le da asco esos soldados que quieren presumir, no ser valerosos, perdiendo el decoro de su persona.
55. Montar a la jineta y jugar a las cañas han prosperado en España por influencia mora. Pide que vuelvan a celebrarse justas y torneos, diversión viril y enérgica.
56. Volver a las diversiones varoniles no es fácil. Solo lo puede hacer un rey o su valido, con su autoridad.
57. Invoca a su destinatario, apelando a su energía y mando, para que todos vivan tranquilos.
58. Sigue apelando a su destinatario y le recuerda que liberó el modo de vestir (las “valonas” es un cuello vuelto y amplio, por la espalda y el pecho); las cabezas quedan más despejadas; alude a que esta acción tuvo la aprobación real.
59. Lo invoca por tercera vez. Le pide que, ya que arregla lo superficial, ponga el remedio para lo importante. Que cese la diversión y se recuperen las actividades bélicas.
60. Loa al valido, pues ejerce sus funciones con rectitud, sin resentimiento contra nadie; a los envidiosos los descoloca.
61. Este privado o valido busca solo el reconocimiento de su buen hacer, sin presunción ni servidumbre de los demás.
62. Reconoce el yo lírico que este individuo es muy noble por su sangre y ascendencia.
63.Su familia procede de los Guzmanes, personas muy nobles, que él engrandece todavía más. Merece toda loa por su buen gobierno.
64. Aquí llega la petición, con un verbo en imperativo (“lograd, señor”); le ruega que alcance una edad gloriosa para España, todos unidos en el enfrentamiento contra los enemigos.
65. Los ejércitos españoles, disciplinados y valientes, serán muy numerosos; dejarán a un lado las diversiones ligeras y la vida holgada.
66. Pide que se dejen vestidos ligeros y humildes, moriscos, como la marlota, y se sustituya por el guerrero. Adornos elegantes, fuera de alguna celebración solemne, como el Corpus, también hay que dejarlos.
67. Este privado tiene el poder y juicio para imponer este orden militar.
68. El yo lírico lo anima a que actúe de ese modo militar. Sus beneficios para la patria serán mayores que los que hizo don Pelayo en Asturias. El ejército, con su poderío, infundirá temor y será respetado.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: carta al privado o valido del rey para que restaure los viejos valores militares de los españoles y sus moderadas costumbres, para alcanzar la autoridad y poder que se necesita para regir la nación.
3) Apartados temáticos
El poema es una carta. Posee, por tanto, ciertos apartados:
– Un saludo o presentación (estrofas 1-8), en el que justifica su escritura. Es necesario decir la verdad, pues redunda en la mayor gloria de la nación española.
– Una presentación de los motivos (estrofas 9-55) en el que explica el declive de la patria, la pérdida de pulso vital, el abandono de los viejos valores, del código de honor que animaba a las personas a ser valientes y honradas. Ahora, todo es más ligero, superficial y vano. La gente busca la diversión.
– Una petición al valido para que restaure el viejo orden moral y social. Es el único modo de recuperar la gloria antigua y el respeto ante las otras naciones, que ahora no existe. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido los tercetos encadenados como forma estrófica. Se trata de tres versos endecasílabos, con rima consonante, con la estructura: ABA, BCB, CDC…
5) Comentario estilístico
La Epístola es un ejemplo perfecto del estilo conceptista de Quevedo. Por su extensión, puede desplegar su prodigioso dominio de la lengua y elevar su estilo a cotas realmente impresionantes. Las notas más destacadas son:
-El significado aparece reconcentrado y comprimido. Las estrofas comunican mucho más de lo que dicen superficialmente consideradas.
-El dominio en el manejo de los recursos estilísticos es magnífico y evidente. Metáforas, metonimias, símiles, personificaciones y anfibologías (por citar los más comunes) trabajan en la dirección de dotar al texto de una rara expresividad y de una impecable hechura literaria.
-La elipsis y la alusión son dos recursos especialmente empleados; imprimen densidad y expansión significativa, respectivamente, enriqueciendo la experiencia lectora.
-El léxico es preciso, exacto y apropiado. Hoy, muchas de las palabras empleadas son casi arcaísmos, precisamente por la exactitud de su significación (tipo de ropa, modo de montar a caballo, etc.).
-El conjunto del poema ofrece un formidable adensamiento del significado. En realidad, Quevedo realiza un recorrido por la historia de España, desde don Pelayo, para destacar los valores morales de moderación, honra, virtud, orgullo, y los físicos de frugalidad, paciencia y sufrimiento ante las adversidades para superarlas exitosamente. Considera que las costumbres de sus contemporáneos estaban alejadas de los viejos principios castellanos; ahora todo es más ligero, superficial, frívolo e insustancioso. Lamenta la situación política de España en el concierto internacional, donde no es respetada.
-Existe un delicado equilibrio entre el yo lírico y el destinatario, nada menos que el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. Quevedo desea influir en su opinión, pero manteniendo el debido respeto. El formato de misiva o epístola impone ciertas convenciones que afectan a la estructura, como hemos visto. La justificación inicial de su carta es la parte más conocida y célebre porque en ella Quevedo realiza un canto a la libertad de expresión y pensamiento y reivindica su derecho a decir lo que piensa. Es interesante señalar que Quevedo cayó en desgracia ante el conde-duque, justamente por criticar su política. Por eso estuvo prisionero en el antiguo hospital de San Marcos (León), de 1639 a 1643; allí perdió la salud y el ánimo para intervenir en la vida política española.
En conjunto, hemos visto que estamos ante un magnífico poema en cuanto a su construcción; es una obra de largo aliento, donde los aspectos argumentativos pesan tanto como los literarios. En realidad, podríamos decir que es un ejemplo de poesía cívica, pues trata de influir en la situación política de su país. La carga moral es muy fuerte; la satírica, sin embargo, es algo menor.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
La Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares sobre las costumbres de los castellanos es una formidable pieza poética. En forma de misiva o carta, Quevedo realiza su aportación, desde un plano moral, cívico e histórico, para que la nación española recupere el pulso y la importancia debida en el concierto de las naciones europeas.
La epístola discurre fluidamente por la historia de España, fijándose en los aspectos de los usos y costumbres de los “infanzones”, gente algo noble, sin pertenecer a la alta nobleza; para el poeta, constituye el nervio de la nación. Alaba su morigeración, su firmeza moral, su resistencia en la guerra y en la paz, su laboriosidad, su empeño en vivir bajo valores de honra, virtud y valor, siempre bajo el marco general de la religión cristiana.
La epístola ofrece una riqueza literaria extraordinaria. Quevedo despliega toda su abrumadora sabiduría literaria. Su dominio de la lengua, en los diferentes planos, es altísimo. El conjunto nos ofrece un texto denso, grave e incitador para el lector. El hecho de que se dirija específicamente al conde-duque de Olivares no es óbice para que nosotros, lectores de hace casi cuatro siglos después, nos sintamos aludidos por la llamada de Quevedo a recuperar valores que transcienden el tiempo: dignidad (honra), virtud, resiliencia ante las contrariedades, etc.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué Quevedo escribe su epístola? ¿A quién se dirige? ¿Por qué? 
3) ¿Cuál es el ideal de nación al que aspira Quevedo?
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es el tipo de relación que se desprende de la epístola entre Quevedo y el conde-duque de Olivares?  
6) ¿Por qué alude tantas veces a los “infanzones”?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de recuperar valores antiguos de honra y virtud para que la nación sea más fuerte.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y el conde-duque de Olivares platicando sobre el contenido de la epístola. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Pues amarga la verdad” (letrilla); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Pues amarga la verdad
[1] Pues amarga la verdad,                  1
quiero echarla de la boca;
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad                          5      
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.
[2] ¿Quién hace al ciego galán
y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo                    10  
le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero?
El dinero.
[3] ¿Quién con su fiereza espanta,      15
el cetro y corona al rey?
¿Quién careciendo de ley
merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?                         20
La pobreza.
[4] ¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?                        25
¿Quién gasta su opilación
con oro, y no con acero.
El dinero.
[5] ¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?                     30
¿Quién siendo tan cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
La pobreza.                                        35
[6] ¿Quién la montaña derriba
al valle, la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba                  40
vuelve en el mundo ligero?
El dinero.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico realiza una reflexión sobre el dinero y la pobreza. El poema transcurre, pues, entre dos conceptos contrarios. La composición es muy paralelística y se basa en el recurso de la interrogación retórica; es un modo enfático de afirmar. De la pobreza habla en términos positivos y elogiosos; del dinero se expresa con palabras negativas, críticas y descalificatorias. En la primera estrofa el sujeto lírico justifica por qué ha compuesto el poema: desea dar a conocer una verdad que, dentro, le “amarga”; sería estúpido guardarla dentro; ha reunido el valor y la libertad suficiente para decir públicamente lo que piensa justamente porque es pobre y, se entiende, no tiene nada que perder.
La segunda estrofa (y el resto de las pares, la cuarta y la sexta) el yo lírico se centra en el dinero, metonimia de la riqueza; analiza sus causas y consecuencias. La posesión del dinero provoca que la gente cambie el sistema de valores, tanto en los aspectos físicos, como en los morales: al feo lo hace guapo y al necio prudente. El avariento, mal visto en la sociedad, recibe un nuevo bautismo (como Jesucristo cuando fue bautizado por San Juan Bautista). El dinero es milagroso, pues convierte lo inútil, las piedras, en algo codiciado, el pan.
La tercera estrofa se dedica a explicar la pobreza en tres dimensiones: nadie la desea y es aborrecida como una lepra, incluso por los reyes poderosos. Aunque nadie la regula, su “posesión” suele ayudar a ganar el cielo, pues garantiza la humildad y la sabiduría suficiente para vivir con prudencia.
La cuarta estrofa pone el foco en el dinero. El yo lírico primero denuncia que el rico puede sobornar a los jueces y así obtener sentencias; el dinero actúa como una medicina, pues “cura” el corazón del juez severo, ablandándoselo.
La quinta estrofa vuelve, por última vez, a explicar ciertos efectos positivos de la pobreza. Potencia la humildad y sencillez de la persona; aunque el pobre es mal visto y mirado con sospecha, en realidad es muy cristiana. Sin embargo, el pobre se ve rodeado del “desprecio y la tristeza” porque la sociedad reniega de los pobres.
La última estrofa insiste en el poder nefasto del dinero. Su posesión realiza milagros; abate la montaña frente al valle, y la hermosa es destruida por el feo. En un tono más sintético, afirma que el dinero hace posible lo imposible; y, en fin, da la vuelta a la realidad de las cosas con rapidez; tal es su poder.  Como se puede apreciar, la visión que ofrece es pesimista sobre el dinero y melancólica sobre la pobreza. Aquel corrompe, esta abre las puertas de una vida mejor en el otro mundo.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: análisis sobre los efectos de la pobreza y la riqueza; aquella es positiva, aunque mal vista; este es negativo, pero apreciado por todos. Se puede decir con otras palabras: sátira amarga contra el excesivo poder del dinero y alabanza de la pobreza como camino para ser mejores personas y ganar el cielo.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, la letrilla, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las estrofas impares (1, 3 y 5) glosan los distintos aspectos de la pobreza. Se la aprecia como una realidad positiva para el hombre. 
– Las estrofas pares (2, 4 y 6) conforman la segunda sección temática; explican los aspectos negativos que el dinero ha introducido en el mundo. Corrompe a las personas y trastorna el sistema de valores morales.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido la letrilla como forma estrófica. Está formada por una redondilla abba, versos octosílabos y rima asonante), dos versos de enlace (el primero, con la redondilla; el segundo, con el estribillo) y un estribillo. Este está formado por un verso cuatrisílabo, aunque no es siempre el mismo; en las estrofas impares es “la pobreza”; es las pares, “el dinero”; como se ve, cambia la rima.
5) Comentario estilístico
“Pues amarga la verdad” es un poema contra la excesiva influencia del dinero y la demasiado escasa estima de la pobreza en la sociedad en la que se maneja el yo lírico (más parecida a la nuestra de lo que se pudiera pensar en un primer momento). El poema se construye en torno a los recursos de repetición: anáfora, repetición retórica y paralelismo; por otro lado, la interrogación retórica es el recurso clave. Fuera de la primera estrofa, compuesta con enunciados afirmativos, las demás se forman con enunciados interrogativos, excepto el estribillo, que forma una elipsis magnífica (de la oración completa que debería aparecer, solo lo hace el atributo). Como alterna “la pobreza” con “el dinero”, se imprime una dinámica muy hermosa y expresiva.
La primera estrofa se abre con una personificación muy eficaz: la verdad “amarga” (v. 1); nadie desea escucharla, pero ahí está el yo lírico, para manifestarla; no la puede guardar dentro porque es “hiel” (v. 3), metáfora de algo ácido, corrosivo y mortal. El yo lírico ya adelanta en los tres últimos versos de la primera estrofa afirmando que es pobre (la oración es una pura anfibología; se podría entender otra cosa, pues el sujeto de “ha engendrado” puede ser la libertad o la pobreza). No oculta, entonces, la perspectiva desde la que contempla el asunto poético que ahora aborda.
La segunda estrofa (y las demás pares) tienen un tono satírico, irónico y crítico muy marcado; no es de extrañar, pues se dedican a vituperar el dinero. En la estrofa aparecen tres oraciones interrogativas; todas comienzan con el interrogativo “Quién”; la anáfora insiste en el excesivo influjo del dinero. Considera al dinero como milagroso, pues hace que el ciego sea elegante y el descerebrado una persona juiciosa. Otros dos milagros que produce: hace renacer al “avariento viejo” y transforma la realidad, de modo que lo que no vale nada (“piedras”), pasa a ser algo valioso (“pan). La ironía es sarcástica y demoledora. Al dotar al dinero de poderes sobrenaturales de índole religiosa cristiana, Quevedo coquetea con cierta crítica a la Iglesia, pero se detiene en la raya de lo tolerable para la autoridad eclesiástica barroca.
La tercera estrofa pone el foco otra vez en la pobreza. Esta es vista por la gente como algo negativo; todo el mundo huye de ella; incluso los poderosos la temen, como un rey. Sin embargo, es buena, aunque no se rige por leyes. Sirve para salvar el alma y garantizarse la vida eterna; eleva al hombre a un plano de virtud superior, afirma el yo lírico; por tanto, debía ser admirada, pero ocurre todo lo contrario, pues “con su fiereza espanta” (v. 15).
 La cuarta estrofa es el turno del dinero, otra vez. Ahora denuncia cómo con este se corrompen los jueces. Lo expresa con una metáfora irónica. No es una sustancia medicinal, pero, untando el corazón con él, el corazón del juez se ablanda. En la siguiente interrogación retórica explica cómo atrae a la gente, como una medicina curativa. La opilación es el estado fisiológico de obstrucción de las vías (estreñimiento, en román paladino); se producía, sobre todo en las mujeres, cuando se mascaba arcilla para que la piel estuviera blanca, signo de distinción social. La opilación se combatía tomando agua ferruginosa, es decir con “acero”, sinónimo de “hierro”. Pues muchos no combaten la opilación con el metal curativo, sino con oro. Este importa más que recobrar la salud. El mejor medicamento, afirma el yo lírico irónicamente es el oro; ni “ungüentos”, ni “acero”; el metal amarillo es quien cura de veras.
La quinta estrofa vuelve, por última vez, sobre la pobreza. Ahora vemos su efecto benéfico: el hombre se hace humilde y sencillo, aunque los demás lo miren como a un “hereje” (v. 32), es decir, un apestado. Además, cae sobre él el “desprecio y la tristeza” (v. 34) de los demás; socialmente, la pobreza está muy mal vista y acarrea la marginación del individuo.
La última estrofa vuelve, por última vez también, sobre el dinero. Señala tres consecuencias negativas de su excesivo poder: trastorna los valores naturales (“la montaña derriba / al valle”, vv. 36-37), permite cumplir cualquier deseo, aunque sea “imposible” (v. 39). Finalmente, a modo de resumen sintético, el dinero “lo de abajo arriba / vuelve en el mundo ligero” (vv- 39-40). Su poder es, sencillamente, inconmensurable; y ello gracias a la estupidez humana y al desvío moral que sufre la sociedad, despreciando la virtud y fomentando la codicia.
Hemos visto que estamos ante un maravilloso poema en cuanto a su construcción; el equilibrio entre los dos polos antitéticos (dinero y pobreza) es perfecto, tanto desde el punto de vista temático, como desde el compositivo. El hecho de que casi todo el poema esté compuesto a base de interrogaciones retóricas lo dota de un poderoso mensaje connotativo. La ironía, la sátira y el sarcasmo recorren todo el poema.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Pues amarga la verdad” es un extraordinario ejercicio de ingenio conceptista. Quevedo aborda la excesiva influencia del dinero en la sociedad, así como el menosprecio que sufre la pobreza. Son como sinónimos de soberbia y humildad, engreimiento y sencillez, hipocresía y autenticidad, etc. Pero también de privilegio frente a exclusión, lo que es más dramático 
Podemos percibir que este poema ha surgido tras un periodo de reflexión personal, acaso con experiencias negativas sufridas en sus carnes. Lo cierto es que en la época barroca, como hoy, la sociedad concede una enorme importancia a la posesión y acumulación de riqueza. Quevedo denuncia este estado de cosas, contrario a la moral cristiana, a la que él alude en varias ocasiones.
La construcción del poema es original y muy hermosa. Las estrofas, con sus recursos sabiamente dispuestos, crean un efecto lector muy vivo. La interrogación retórica y los recursos de repetición insisten machaconamente en un estado de cosas censurable. El poema posee una carga moral importante, entremezclada con la sátira y la ironía. 
Con la lectura, el lector se siente abrumado y sorprendido ante tanto despliegue de agudeza poética y finura conceptual. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos morales sobre la distribución de la riqueza más brillantes de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas a la riqueza y la avaricia, frente a la pobreza y humildad.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué la sociedad está equivocada en la valoración de la riqueza? ¿Se habla solo de una vida o de más, en este poema?
3) ¿Cómo podemos inferir, por la estructura de la composición, que la balanza va de un extremo a otros, sin posibilidad de un justo medio?
4) La visión de la escala de valores preponderante en esa sociedad española barroca, que se desprende de la lectura, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) ¿Cuál es la “verdad” que le “amarga” (v. 1) al yo lírico y desea hacerla pública cuanto antes? . 
6) ¿Por qué suprime tantas palabras y partes de la oración en el estribillo?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de la riqueza y la pobreza en nuestra sociedad.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero” (letrilla satírica); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Poderoso caballero es don Dinero
[1] Madre, yo al oro me humillo,           1
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo                   5
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[2] Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;             10
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero                              15
Es don Dinero.
[3] Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.                20
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[4] ¿A quién no le maravilla                   25
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,                      30
Poderoso caballero
Es don Dinero.
[5] Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos           35
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.                                       40
[6] Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra                        45
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico reflexiona sobre el dinero, su procedencia, sus movimientos, el cambio de manos y cómo otorga reputación a su poseedor y hunde en la miseria a quien no lo tiene. Nótese que el estribillo repite casi obsesivamente el tema central del poema: el dinero es respetado, deseado y anhelado por todos nosotros.
En la primera estrofa, el yo lírico se comunica con su madre. Le comunica que vive para el dinero, pues le gusta mucho. A su lado, todo se vuelve amarillo (el color del oro, del que estaba hecho las monedas de más valor). La posesión del dinero permite hacer lo que no quiere, pues ya no hay restricciones.
En la segunda estrofa realiza un breve recorrido de la creación de una parte de la riqueza: Indias (por las minas de oro y plata que existían en la época colonial), España (donde se acuñaba) y Génova (donde iba a parar, pues la Monarquía tenía que saldar sus deudas con los banqueros genoveses, que habían anticipado fuertes cantidades a la Monarquía). El yo lírico admite que el dinero es “hermoso”, aunque sea “fiero”, es decir, acarrea disgustos y violencias.
La tercera persona recuerda al lector que parte del dinero nace de Oriente, tradicional fuente de suministro de metales nobles. La sangre del oro es real, venga de donde viniere, pues así lo considera todo el mundo. Por otro lado, advierte que la posesión de la riqueza iguala a todo el mundo, independientemente de su origen.
La cuarta estrofa recuerda que incluso la fracción más pequeña de la moneda, la blanca, es estimada como una reina (Doña Blanca fue una reina de Castilla). Es tal el poder del dinero que “humilla” a cualquier persona, sea cual fuere su estatus social. Es un modo de afirmar que por su posesión cualquiera se envilece.
La quinta estrofa juega con anfibologías. Aunque las monedas se fraccionen, todo el mundo las sigue estimando. Asimismo, advierte que su posesión ennoblece o autoriza a personas bajas, como un gañán o un jornalero. 
La sexta estrofa, de nuevo apoyándose en la anfibología de la palabra “escudo”, que era un tipo de moneda y, en su acepción bélica, como arma defensiva. El primero es mucho más valioso que el segundo. Cierra su razonamiento advirtiendo que su poder es tal que hace extraños a los compatriotas pobres y, por el contrario, naturaliza al extranjero rico. 
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: exposición y reconocimiento irónico del poder del dinero, que trastorna los valores morales e induce a las personas a la traición para poseer riqueza. En otras palabras, el poema reflexiona con amargura sobre la excesiva influencia de la riqueza sobre las personas.
3) Apartados temáticos
El poema se puede dividir en tantas secciones temáticas como estrofas, pues en cada una de ellas explora y enuncia algún aspecto del poder del dinero sobre los individuos. Como se puede apreciar en el resumen, en cada una de ellas el yo lírico ilustra las consecuencias de la posesión, o lo contrario, de la riqueza. La última estrofa posee un carácter conclusivo; se aprecia en el verbo en imperativo (“Mirad”), que funciona como una llamada de atención final. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido la estructura métrica de la letrilla, repetida seis veces, pues cada estrofa cambia su rima. En cada estrofa se halla una redondilla, dos versos de enlace (el primero repite la rima inicial de la redondilla; el segundo coincide con la rima del estribillo, los dos versos que se repiten al final de cada estrofa; el conjunto suma ocho versos. Nótese que el verso final del estribillo no es octosílabo, sino pentasílabo; la ruptura de la cantidad potencia la expresividad del foco temático: “don Dinero”. 
5) Comentario estilístico
El texto posee una doble vertiente dialógica; una es la del yo lírico con su madre, a la que interpela en el primer verso; pero también establece una comunicación con los lectores, a través del imperativo “Mirad”. Es cierto que es un diálogo truncado, pues no hay respuestas, solo habla el yo lírico; sin embargo, la huella conversacional no se pierde en todo el poema.
En el primer verso, el yo lírico admite que está dispuesto a arrastrarse por el oro, pues lo ama intensamente. Eso se lo confiesa a su madre. Le gusta mucho el color amarillo, que simboliza el esplendor el oro. No le importa si son monedas de más valor (“doblón”, v. 5), o de menos; al fin, todas se someten a la voluntad de su poseedor. El estribillo aparece ahora por primera vez: afirma rotundamente que el dinero es un señor noble y poderoso.
La segunda estrofa personifica el dinero y realiza un recorrido por su nacimiento: de las minas de América llega al metal, ya “honrado” (v. 9). Los pasos siguientes se verifican en España, donde viene a “morir” (v. 11), aunque el entierro se verifica en Génova, sede de muchos de los grandes banqueros que financiaban la Monarquía hispánica. Los dos versos de transición, antes del estribillo, suelen exponer una paradoja, a partir de la segunda. Ahora afirma que “Es hermoso, aunque sea fiero” (v. 14); significa que, aunque es muy arduo su acumulación, cuando lo tenemos, nos sentimos satisfechos.
La tercera estrofa metaforiza la riqueza como si fuera un príncipe de sangre real. Por eso explica que sus “padres” (v. 17) son principales. La anfibología con “venas” (v. 19) es muy interesante: se refiere a las vetas de las minas de donde se extrae el oro y, por otro lado, a la sangre familiar, nuestros ancestros. La paradoja de los dos versos de vuelta advierte que el dinero iguala a los ricos y a los humildes, es decir, el “rico” y el “pordiosero” (v. 22).
La cuarta estrofa se abre con una interrogación retórica, que contiene otra anfibología. La blanca, una de las monedas de menos valor, de ahí que se la califique de “lo más ruin de su casa” (v. 27); sin embargo, no por ello es despreciada, pues tiene tanta gloria como la reina castellana medieval Blanca de Castilla. La paradoja esta vez aclara que el dinero humilla “al cobarde y al guerrero” (v. 30), independientemente de su valor, el cual queda anulado ante el dinero. 
La quinta estrofa aclara la nobleza y “calidad” del dinero. Este tiene majestad; aunque provoca quebraderos de cabeza, nadie lo rehúye, aunque se le haga “cuartos” (v. 35); de nuevo otra anfibología referido a la fracción de las monedas en unidades menores, o en repartirlo entre varios propietarios. La paradoja esta vez aclara que la posesión “da autoridad” (v. 37) tanto al gañán, como al jornalero, es decir, gente humilde de pocos recursos.
La última estrofa posee cierto carácter conclusivo. Se aprecia en las afirmaciones generales, como de validez universal, y en el imperativo (“Mirad”, v. 42) con valor de apóstrofe, dirigido precisamente a nosotros, lectores. De nuevo la anfibología es un elemento esencial en la estrofa; se realiza con con la palabra “escudos” (tipo de moneda y arma defensiva). Se refuerza su expresividad con el oxímoron “paz” y “guerra” (vv. 43 y 44). De nuevo otra antítesis, que deriva en paradoja, cierra el poema, entre “natural” y “forastero”. Aquel es visto como un extraño, y este, con dinero, es uno de los nuestros.
Como se ve, el poema tiene un tono pesimista, amargo. El yo lírico denuncia el excesivo poder del dinero, además de su injusticia. Quien lo posee, aunque sea un patán, o un inmoral, es respetado y temido. Quien no lo posee, es visto como un pobre diablo, aunque sea una bella persona. El poeta lamenta con amargura esta situación, que expone y denuncia al mismo tiempo. Un cierto humor negro recorre el poema, que casi desemboca en un sarcasmo permanente. La estructura del poema está muy lograda porque la letrilla posee una inmediata eficacia lectora.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados, densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su humor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
La letrilla “Poderoso caballero es don Dinero” es un sarcástico y amargo ejercicio de ingenio conceptista. Quevedo reflexiona sobre el excesivo poder que se le otorga al dinero. Su antropomorfización contribuye a la compresión del influjo que este ejerce en nuestras vidas. En cada estrofa desarrolla un aspecto distinto de esa influencia, primero; después, plantea una paradoja en la que, en general, se observa una subversión de los valores morales. Es un modo de afirmar cómo la codicia nos hace peores personas.
El empleo de la anfibología es muy intenso. Nos permite disfrutar de muchos y sorprendentes efectos expresivos. Es una demostración del ingenio poético de Quevedo. El lector se siente abrumado ante tanto despliegue de agudeza poética y agudeza conceptual. Qué duda cabe, estamos ante uno de los poemas más brillantes sobre el tema que aborda: el dinero nos trastorna hasta límites insospechados. 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas al poder del dinero.
 5) Explica el empleo de la anfibología a lo largo del poema.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué el dinero nos trastorna? Según el yo lírico, ¿no hay modo de evitarlo?
3) ¿Cómo podemos inferir, por la estructura de la composición, que el dinero hace que el mundo funcione de un modo poco moral?
4) La visión de la sociedad que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) A qué se refiere el yo lírico con “escudos” (v. 14). 
6) ¿Por qué repite el estribillo con esa frase que ya es parte del lenguaje corriente?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la codicia humana y el afán de acumular riqueza.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este amargo poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “A un hombre de gran nariz” (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: A un hombre de gran nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,    1
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.          5  
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,                 10
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
1.ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El poema es de naturaleza satírica y burlesca. El yo lírico caricaturiza e induce a la risa, por ridiculización, al hacer la prosopografía de un hombre narigudo. La operación mental que realiza es la de crear metáforas hiperbólicas referidas al tamaño de la nariz de ese individuo. En cada verso aparece una metáfora (excepto en el 12, sin ninguna; pero en el 13 aparecen dos), de modo que son catorce en total, las que ridiculizan a ese hombre que al yo poético le despierta animadversión; acaso no es real, solo es imaginario; es decir, estamos ante un tipo social, un prototipo de cierta grupo de personas que poseen un apéndice nasal generoso.
Todas las metáforas implican una exageración evidente, muchas veces increíble. Podemos afirmar que cada metáfora es acompañada de su hipérbole. El conjunto crea una prosopografía grotesca, deforme y ridícula; es justo la imagen y la reacción que el yo lírico, que escribe con saña, desea transmitir. 
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: descripción física, exagerada y ridiculizadora, de una persona con una gran nariz. O dicho de otro modo: sátira cruel contra un hombre narigudo.
3) Apartados temáticos
En contra de lo habitual en un soneto, en este no podemos distinguir apartados temáticos. Todo es conjunto gira en torno a la presentación sucesiva de metáforas hiperbolizantes sobre la nariz del personaje descrito. Todo el poema conforma una única sección de contenido. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima encadenada; el segundo verso de la primera estrofa coincide en rima con la del primero y tercero de la segunda. 
5) Comentario estilístico
La anáfora creada por la repetición de “Érase” diez veces nos da idea de la exageración incluso en el empleo de los recursos retóricos. El entendimiento de las metáforas es lineal y sencillo. Hoy los problemas de comprensión proceden del empleo de términos que son arcaico. 
En la primera estrofa las cuatro imágenes son de intelección directa. La “alquitara medio viva” (v. 3). La alquitara es lo mismo que el alambique; posee un conducto que se va estrechando, en forma de uve invertida, por donde se destila una sustancia. “Peje” es lo mismo que “pez”.
En la segunda estrofa aparecen algunos términos poco usados. “Sayón”, entre otros significados, posee el de “Verdugo que ejecutaba las penas a que eran condenados los reos” (DLE). “Escriba” se refiere a “Entre los hebreos, doctor e intérprete de la ley” (DLE). El yo lírico adjetiva al narigudo de verdugo y de judío; ambos aspectos estaban muy mal vistos en la sociedad barroca española. Ovidio Nasón fue un importante poeta latino, autor de las Metamorfosis; su apellido significa “de nariz grande”.
En la tercera estrofa, primer cuarteto, la primera imagen es la del “espolón” de una galera”; aquel es la “Pieza de hierro aguda, afilada y saliente en la proa de las antiguas galeras y de algunos modernos acorazados, para embestir y echar a pique el buque enemigo” (DLE); la imagen es evidente y no necesita mayor aclaración. La siguiente imagen, “Érase una pirámide de Egipto” (v. 10), se refiere a que el el narigudo, boca arriba, se parece a una pirámide egipcia. “Las doce tribus de narices era” (v. 11) es una referencia bíblica. Su nariz equivale a la de todos los miembros de las doce tribus de Israel a las que se les repartió la Tierra Prometida tras el éxodo de Egipto; es decir, son todos los miembros de ese pueblo.
En el último terceto se juega con un superlativo, “naricísimo”; acompañado del adjetivo “infinito” (v. 12) el efecto que provoca es de una ridiculización risible. “Frisón” (v. 13) significa algo grande y corpulento dentro de su género; el adjetivo “caratulera” se refiere a que se asemeja a una carátula o máscara, donde los rasgos del rostro pueden estar exagerados. El “sabañón” (v. 14) es la “Hinchazón o ulceración de la piel, principalmente de las manos, los pies y las orejas, que es causada por frío excesivo y produce ardor y picazón” (DLE). Es aquí donde aparece la única nota de color, pues el sabaón es “morado y frito”; su color resulta repugnante. Vemos que se acumula una imagen tras otra para fijar bien la idea de una nariz descomunal.
Ya hemos comentado el efecto acumulativo de los recursos de repetición. En la misma dirección apuntan los superlativos (“naricísimo” y “archinariz”) y algunas bimembraciones adjetivales (“morado y frito”, v. 14). Nótese que el sujeto solo aparece en la primera oración, en el primer verso. En todos los demás, únicamente aparece el verbo copulativo con su atributo. Las elipsis concentran la acción extraordinariamente.
El soneto es un ejercicio festivo y humorístico de ridiculización de un tipo de cara. ¿Se refiere a alguien en concreto? No lo sabemos; pero eso no rebaja el efecto de risa que produce en el lector, pues la hipérbole sistemática, hasta lo imposible, crea un efecto humorístico irresistible.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “A un hombre narigudo” es todo un alarde de dominio de la lengua y de posesión de un ingenio superior. Se trata de un ejercicio literario de agudeza satírica y burlesca aplicado a un tipo de rostro, el del narigudo.
La composición es un ejemplo práctico de la hipérbole acumulativa hasta límites insospechados, dentro de un contexto literario. El pobre narigudo sale muy malparado del dibujo que realiza el yo lírico, pues este se aplica con saña y muy mala fe. Desea ridiculizar hasta destruir la imagen humana del satirizado. Ciertamente, lo logra.
 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas al narigudo.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué es imposible tener una nariz más grande que la de este narigudo? 
3) ¿Qué aspectos de la vida del siglo XVII utiliza Quevedo que hoy no forman parte de nuestra cultura cotidiana? 
4) La visión del narigudo que se desprende, ¿es amable o cruel? Aporta razones.
5) ¿Cuál es la imagen más exagerada de las quince que emplea el yo lírico? 
6) ¿Por qué suprime tantas palabras y partes de la oración en sus metáforas?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de describir, a base de repeticiones de estructuras sintácticas y de imágenes hiperbólicas, realizadas a través de metáforas, un tipo físico especialmente risible.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Definiendo el amor” (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Definiendo el amor
Es hielo abrasador, es fuego helado,       1
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,        5
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;   10
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico ofrece catorce definiciones del amor, más la final, quince. En todas ellas se contiene una paradoja, o forma otra, o una antítesis con la definición siguiente. El conjunto de ellas desemboca en la misma conclusión: el amor es un estado del hombre generado por un sentimiento difícil de gestionar que provoca dolor y felicidad al mismo tiempo. Nos trae la desdicha, pero lo buscamos; creemos que lo manejaremos, pero eso no es posible porque en amor, en sí mismo es “en todo contrario”. 
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: definición del amor como un sentimiento contradictorio en sí mismo, capaz de llevar al hombre la dicha y la desdicha casi al mismo tiempo. El amor es voluble e impredecible; y cuanto más esquivo se nos muestra, más lo buscamos. 
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las tres primeras estrofas (vv. 1-11) forman la primera sección temática: el yo lírico expone su concepción del amor. Lo define como una fuerza ingobernable, imprevisible y causante de la dicha y la desdicha del hombre, casi al mismo tiempo. 
– La última estrofa (vv. 12-14) conforman la segunda sección temática; posee un carácter conclusivo y causal-consecutivo: advierte que así de paradójico es el amor, se dirige al lector para que se cuide de él y cierra el texto con epifonema donde insiste en la antítesis íntima que arrastra el amor, así que despidamos toda esperanza de gobernarlo.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima encadenada; el segundo verso de la primera estrofa coincide en rima con la del primero y tercero de la segunda. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
En cuanto a la primera estrofa, ya en el primer verso se presenta una doble paradoja, con dos metáforas del amor: hielo y fuego, al mismo tiempo; ambas son de raigambre clásica. El hielo es “abrasador”; el fuego, “helado”. Nótese también que la estructura sintáctica es paralela, lo que se repetirá en la mayoría de los versos siguientes. En el segundo verso se identifica el amor con una “herida”; en el tercero, con un bien y un mal; en el cuarto, con un “breve descanso”. A cada uno de estos conceptos le corresponde un adjetivo o complemento el nombre de significación contraria. Conviene recordar que no aparece el sujeto de ninguna de las oraciones, solo el verbo y su atributo correspondiente; esta elipsis sistemática adensa la significación. También la anáfora de “es” en los cuatro primeros versos, con sus paralelismos (además de los internos) crean una sensación de acumulación abrumadora de significado.
La segunda estrofa se abre con la metáfora de “descuido” aplicada al amor. Un leve desliz y ya somos víctimas. En los tres versos siguientes se suprime el verbo y comienza cada unos de los versos con su atributo encabezado por el indefinido “un”. Las metáforas son cobarde, andar solitario y amar. Es la primera vez que aparecen vocablos de la familia léxica de “amor”, el infinitivo en voz activa, “amar”, y en pasiva, “ser amado” (v. 8).
En la tercera estrofa se recupera la estructura de verbo copulativo más atributo, como ya vimos en la primera estrofa. Ahora la metáfora ocupa dos versos, y no uno. La metáfora “libertad encarcelada”, también de raigambre clásica es muy expresiva. El último verso del primer terceto presenta el amor como una “enfermedad”; se ha suprimido el verbo y se hace más intensa la paradoja: “que crece si es curada” (v. 11).
El último terceto presenta el sujeto y el término real de las oraciones y de las metáforas, respectivamente. “Este es el niño Amor, este es su abismo”. Dentro de la estructura se presentan dos metáforas; el amor es como un niño caprichoso, correspondiente a la imagen de Cupido; y es también un “abismo”, una sima en la que si se cae, no se puede salir. Los dos últimos versos forman un epifonema de mucha intensidad. El amor es, simplemente, incomprensible, pues ni él se entiende. Se lleva mal con todo lo existente porque en sí mismo existe una contradicción irresoluble: “en todo es contrario de sí mismo” (v. 14). Es decir, su esencial antinomia hace que no sea posible entenderlo, ni evitar racionalizarlo para escapar a sus redes, en caso de caer en ellas.
Como vemos, es un poema muy conceptual, adensado, apretado en su significación. Las quince metáforas, coronadas por el epifonema, remiten a una realidad amorosa inextricable y peligrosa, por lo que, indirectamente, se recomienda su alejamiento. Las estructuras de repetición (anáforas y paralelismos) y de supresión (elipsis) adensan extraordinariamente el significado. Todo está sometido a una fuerte presión lingüística, metáfora en sí misma del propio amor; coloca al hombre en una situación extrema e ingobernable.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo del escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Definiendo el amor” es un extraordinario ejercicio de ingenio conceptista. Quevedo asedia la significación del concepto del amor. Lo realiza en un brillante, y deslumbrante, ejercicio de dominio de la lengua española y de los procedimientos retóricos. La acumulación de metáforas con sus correspondientes paradojas dan una idea abrumadora de que no hay modo de gobernar ese sentimiento o estado del alma que es el amor. El cierre con el intenso epifonema viene a aconsejar andar con cautela por esos terrenos y, mejor, evitar su frecuentación. 
La construcción del soneto es bellísima. Las imágenes creadas son brillantes y muy verdaderas, heredadas de la tradición literaria petrarquista. La construcción, tanto conceptual, como sintáctica, es formidable en su efecto lector. Este soneto nos recuerda el que compuso Lope de Vega (“Desmayarse, atreverse, estar furioso”) sobre el mismo asunto, casi con el mismo patrón compositivo y el mismo resultado literario: brillantez ingeniosa y deslumbramiento por la genialidad poética.
 El lector se siente abrumado ante tanto despliegue de agudeza poética y fineza conceptual. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos de amor más brillantes, aunque no tan auténticos, de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema. Es interesante enumerar el número de metáforas aplicadas al amor.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca conceptista visibles en el poema.
2) ¿Por qué es peligroso acercarse al amor? ¿Hay alguna imagen de alguna persona humana?
3) ¿Cómo podemos inferir, por la estructura de la composición, que no hay forma de comprender qué es el amor y cómo gobernarlo?
4) La visión del amor que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
5) A qué se refiere el yo lírico con “abismo” (v. 14). 
6) ¿Por qué suprime tantas palabras y partes de la oración en sus metáforas?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la naturaleza del amor.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al contenido del poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario, si es que es posible en este paradójico poema. 
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos” (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: Retirado en la paz de estos desiertos
Retirado en la paz de estos desiertos,               1
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,     5
o enmiendan o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,                     10
libra, ¡oh gran don Ioseph!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora,
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.
  1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico habla en primera persona desde el primer momento. Anuncia su estilo de vida, solitario, tranquilo y entregado a la lectura, en un lugar poco habitado y poco fértil (“desiertos”). Loa a los libros que estudia afanosamente, pues en ellos encuentra luz para vivir más plenamente. Frente a la tramoya y ruido de la vida diaria, que no pasa de un sueño, en los libros encuentra verdades inconmovibles. 
En el primer terceto alaba a la imprenta, pues salva del olvido a los grandes autores que nos dejaron doctos libros. El tiempo pasa deprisa, qué duda cabe, pero hay un modo de emplearlo juiciosamente: entregarse al aprendizaje de los conocimientos importantes para nuestra vida, pues nos hace mejores.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: descripción del estilo de vida del yo lírico, entregado al estudio y lectura de autores antiguos, sabios y profundos; ello le reporta luz y seguridad para recorrer el camino de la vida, breve e incierto. En otras palabras, presentación de una vida entregada al estudio y la lectura para vivir con más sentido y seguridad moral e intelectual.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas (vv. 1-8) forman la primera sección temática: el yo lírico expone su estilo de vida, enfrascado en la lectura de los buenos autores. Su efecto benéfico es inmediato y le ayudan a comprender la verdad de la existencia, que es poco más que un sueño.
– Las dos últimas estrofas (vv. 9-14) conforman la segunda sección temática: poseen un carácter conclusivo y causal-consecutivo: la imprenta es muy beneficiosa para el hombre porque nos permite leer y aprender de los sabios antiguos. Por otro lado, advierte que, dada la fugacidad de la vida, aprendida en la lectura de esos autores, la mejor inversión del poco tiempo de que disponemos es la del estudio y la lectura. La primera parte es más personal y algo intimista; la segunda es más genérica y de alcance más universal, a pesar de invocar a su amigo don Ioseph, que ya veremos quién es.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima encadenada; el segundo verso de la primera estrofa coincide en rima con la del primero y tercero de la segunda. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
Este maravilloso poema es de una profundidad y belleza inauditas. El yo lírico habla de su actual estilo de vida. Habita un lugar poco poblado, tranquilo y sin grandes sobresaltos. Todo ello se contiene en la hermosa metáfora “la paz de estos desiertos” (v. 1). Su compañía habitual es la de los libros, con cuyos autores “conversa”, a través de la lectura. Justamente esta actividad le permite “escuchar” la voz de esos autores. La sinestesia es magnífica; expresa muy bien cómo el yo lírico siente a su lado a esos hombres, ya muertos, que dejaron sus ideas en libros. La paradoja implícita “escucho con mis ojos a los muertos” (v. 4) tiene una significación clara y fuerte: los libros salvan de la muerte a los autores; estos, de algún modo, siguen vivos entre nosotros a través de sus libros.
En el segundo cuarteto, el foco temático son los autores de esos libros que lo acompañan. Primero reconoce que los tiene siempre a la mano; algunos no son fácil comprensión porque tratan asuntos arduos. Explicita sus efectos positivos: “o enmiendan o fecundan mis asuntos” (v. 6); la lectura siempre es beneficiosa, afirma. Esta lectura es como una música que no se oye, pero se siente (“músicos callados contrapuntos”, v. 7).Y explican al yo lírico el sentido pleno de la vida: esta es un sueño del que conviene despertar. Las dos paradojas que aparecen en estos dos versos potencian la significación del poder de los libros.
En el primer terceto cambia el foco temático. Ahora se loa a la imprenta y se invoca a un amigo, don Ioseph, que no es otro que su editor póstumo José Antonio González de Salas. Aquí surge un tono epistolar e intimista en el poema que antes no se había visto. El poema parece una carta del yo lírico, relatando su estilo de vida y alabando a lo libros y la lectura, a un amigo muy íntimo; por eso existe también un aire confidencial y de amistad estrecha. La imprenta se ve personificada; adquiere vida propia y se venga de la muerte, al permitir que los libros de las “grandes almas” (metonimia de los buenos escritores) sigan entre nosotros. La imprenta, por metonimia, es “docta”, como los libros que lee y “vengadora”, pues burla a la muerte.
El segundo terceto también posee un tono abierto y general. El tiempo, al que se alude metonímicamente como “la hora” (v. 12), se va rápido; aquí se detecta el tópico de Tempus fugit. Sin embargo, la mejor hora empleada es la que dedicamos a la lectura y estudio, pues nos hace mejores, más nobles.
La loa a los libros se erige, en la parte final del poema, como el tema central. Por ellos vale la pena vivir, esforzarse y dar por bueno nuestro paso por este mundo, que es más “sueño”, es decir, engaño, que otra cosa. El tono de serenidad resignada, conformidad con el destino mortal y aceptación humilde del destino del hombre sobresalen poderosamente a lo largo del poema. La alabanza a los libros, a sus autores, a la imprenta y a la aplicación lectora es de una belleza realmente inaudita. Pocas veces se ha expresado con tanta precisión y talento en lengua española. Un poema que comienza siendo un relato de la vida cotidiana de un hombre apartado del ajetreo de la ciudad y sus cuitas se va transformando en una loa bella, profunda y muy bien argumentada dirigida al mundo del libro y la lectura.  
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados, densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compuso sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo de escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su humor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Retirado en la paz de estos desiertos” es de contenido existencial y filosófico, a la vez que redunda en una firme alabanza de los libros, la imprenta y la lectura. El poema también posee un tono epistolar. El yo lírico se dirige a su amigo “don Ioseph” para comentarle su estilo de vida y que qué invierte su tiempo.
Como ya hemos visto en otros poemas, se trata de una reflexión, de carácter existencialista, pero anclado en el yo lirico, sobre la fugacidad de la vida y la proximidad de la muerte. El tono no es tan agónico como en otros poemas. Ahora aparece algo maravilloso: los libros y la lectura; proporcionan sabiduría y juicio para gobernarse en el sueño de la vida; dotan al lector atento de herramientas para sortear las trampas de la existencia. 
El poema alaba la imprenta como un grandísimo invento que permite burlar a la muerte, pues, al tener los libros y disfrutarlos, tenemos a nuestro lado a los autores. Está muy logrado y es sorprendente el tono de amistad, confidencialidad e intimismo que brota de las confesiones del yo lírico dirigidas a su amigo José Antonio González de Salas. Por momentos, el soneto parece una misiva dirigida a un amigo muy estrecho.
La construcción del soneto es bellísima. El movimiento de lo personal y circunstancial hacia lo general y de validez universal está logrado maravillosamente. Lo mismo se puede afirmar de lo personal a lo colectivo, y del libro a la imprenta. El tono conclusivo del soneto se logra magníficamente: el mejor tiempo invertido para el hombre es el del estudio, por eso el yo lírico lo hace en un ambiente de soledad y esencialidad, sin distracciones mundanas.
El conjunto del soneto resulta de una asombrosa belleza, reforzada por el mensaje positivo y noble de alabanza de los libros y la lectura. La paradoja surge en que, siendo la vida breve, su mejor empleo es crear un poema en que se reconoce esta terrible realidad y se crea un artefacto poético que sí burla al tiempo fugaz y a la muerte tenebrosa que nos aguarda, como al yo lírico. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos existenciales y morales de más honda belleza de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención emocional, existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca visibles en el poema.
2) ¿Por qué la lectura es benéfica para el hombre? ¿A qué se contrapone?
3) ¿Cómo podemos comprobar el tono de confidencialidad, como el expresado en una carta a un amigo?
4) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) A qué se refiere el yo lírico “sueño de la vida” (v. 8). 
5) ¿Qué tópicos literarios aparecen en el poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre la importancia de una actividad beneficiosa, como la lectura, dirigida a una persona querida.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario. La loa a la lectura, o a otra actividad, puede ser un buen punto de partida.
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde? (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?

“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?     1
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni a dónde        5
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:       10
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico llama a la vida, al llegar a un lugar (metafórico) desconocido, al igual que se llamaba cuando un viajero alcanzaba un lugar, con el grito: “!Ah, de la casa!”, o “¡Ah, del castillo!”, etc. La única respuesta es el silencio, lo que lo inquieta. En el segundo verso llama a sus iguales en la batalla; cuando un soldado estaba en peligro, gritaba “¡Aquí de los míos!”. Ahora, el yo lírico exclama “¡Aquí de los antaños que he vivido!” (v. 2). Siente que la vida se le va, de ahí que apele a los sucesivos yos que ha vivido (el niño, el joven, el adulto; se entiende que él habla desde la vejez). El tiempo de su vida ha huido de entre sus manos sin darse cuenta. La Fortuna, el destino, ha roído, como un ratón sus tiempo, es decir, sus días, comiéndolas. Pero no tenía un sentido de la realidad, había caído en la locura de creer que siempre sería joven y fuerte. Esa locura ha escondido su realidad: ella roba las horas para no volver jamás.
El yo lírico no puede explicarse de qué modo sus días han pasado, ni a dónde han ido a parar; lo que sí sabe bien es que se ha quedado viejo y achacoso. La evidencia le muestra que los días que le quedan son pocos, y lo vivido y ya pasado pesa más que el presente o el futuro. Como ya es anciano, las calamidades lo acechan, lo que lo abruma. 
El presente prácticamente no existe, pues de sus cavilaciones comprende que “ayer” ya no está y que el futuro todavía no ha llegado, de modo que es irreal. Cuando comprende qué es el presente, lo percibe como un continuo pasar hacia el pasado. Eso le permite comprender que “soy un fue, y un será, y un es cansado” (v. 11); los tres verbos conjugados en pasado, presente y futuro le muestran metafóricamente que la vida es tan fugaz que todo se resume en la brevedad de la vida, que deja cansancio existencial. 
En la última estrofa se refiere a los tres espacios temporales a través de tres adverbios, como antes o había hecho a través de tres verbos conjugados en los respectivos tiempos verbales. El tiempo huye de tal modo que en un solo pensamiento puede unir vida y muerte, niñez y ancianidad, a las que alude con dos metonimias: pañales y mortaja. La única abrumadora conclusión posible es que su tiempo presente son “presentes sucesiones de difunto”, es decir, pasos inapelables hacia la muerte. 
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: una reflexión amarga sobre el implacable paso del tiempo, que nos acerca a la muerte sin pausa y con rapidez. En otras palabras, es una análisis pesimista sobre la fugacidad del tiempo y la brevedad de la vida, cuya final, la muerte, está más próximo de lo que creemos.
3)Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las dos primeras estrofas (vv. 1-8) forman la primera sección temática: se expone, declara o enuncia realidades objetivas observables: ante la soledad del yo lírico, llama a la vida, sus yos previos que ha vivido, pero nadie viene ni le acompaña. De modo genérico enuncia que le falta la vida y solo tiene a su lado el pasado.
– Las dos últimas estrofas (vv. 9-14) conforman la segunda sección temática: poseen un carácter conclusivo y causal-consecutivo: el tiempo es tan fugaz que se puede decir que todo es pasado o un tránsito hacia él. Y ello considerado tanto a nivel general, como particular del yo lírico, pues el verbo en primera persona, “junto”, ya indica que es de su propia persona de quien habla. La única certeza aplastante e inapelable es que la muerte lo aguarda ahí mismo, a la vuelta de la esquina.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima encadenada; el segundo verso de la primera estrofa coincide en rima con la del primero y tercero de la segunda. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
Este bellísimo y estremecedor poema presenta una forma perfecta, ingeniosa, sorprendente e inimitable. El yo lirico comienza apelando a la vida, a quien se dirige como si acabara de llegar a su casa. Es una desconocida y desea saber quién y cómo es. Se trata de una metáfora que transmite la idea de que la vida entera es una incógnita; y es igual que la llamemos, porque no responde; no está, o no puede contestar; cada uno ha de buscar sus respuestas; esto lo transmite en la interrogación retórica “¿Nadie me responde?” (v. 1). 
La segunda imagen de la primera estrofa es de carácter bélico. Como un guerrero en peligro llama a los suyos para que lo socorran con el grito de !Aquí de los míos!, el yo lírico llama a la desesperada a sus “antaños”, es decir a su niñez, juventud y adultez; se entiende que él está situado en la senectud. Constata que la Fortuna y la locura (con mayúscula la primera, personificada e individualizada) ha mordido (como un perro rabioso; obsérvese la metáfora) sus tiempos (metonimia de los años de su vida); la segunda ha escondido sus horas; él las busca, pero no las encuentra porque ya no están; es de locos buscar el tiempo pasado.
En el segundo cuarteto aparece una exclamación atenuada en la que reconoce que, con el paso del tiempo, se han ido los años y la salud, pues ahora se siente achacoso. En los dos versos finales del segundo cuarteto, constata el yo lírico, con oraciones breves y paralelas, que la vida escasea y solo hay constancia de lo pasado; y lo que sí ronda son las enfermedades y desgracias.
Los tercetos poseen un carácter consecutivo y conclusivo. A través de una paradoja, enunciada con un paralelismo, manifiesta que el tiempo huye rápidamente: “Ayer se fue; mañana no ha llegado” (v. 9). Emplea los tres adverbios de tiempo como sujeto de tres oraciones que aluden, con verbos de movimiento, a la marcha rápida del tiempo. Eso le permite afirmar: “soy un fue, y un será, y un es cansado” (v. 11). Este verso es de gran hondura y originalidad; emplea los verbos conjugados en tiempo pasado, futuro y presente, como los atributos de tres oraciones copulativas, en construcción paralela y con el polisíndeton reforzador de la acumulación de todo en un punto; el adjetivo final (“cansado”) advierte de la falta de fuerzas para continuar adelante. La expresividad y belleza de este verso son inigualables.
El último terceto vuelve a jugar con los tres adverbios de tiempo, pero los cambia de orden y de función, pues ahora son complementos circunstanciales en una oración con una metonimia muy expresiva: todo se junta en un único concepto de la vida como algo efímero y breve. Los “pañales y mortaja” (v. 13) son figuras que nos hacen comprender que todo es poco más que un suspiro. La última oración del poema es lapidaria y epigramática. El yo lírico se ha convertido en un muerto viviente, como se manifiesta en la metáfora hiperbólica “presentes sucesiones de difuntos”, v. 14), tal es la velocidad con la que transcurre la vida y se acerca la muerte.
Para montar este constructo filosófico-existencial, Quevedo ha utilizado una serie de tópicos literarios de raíz clásica: tempus fugit, vita brevis y vita lacrimarum valle. El conjunto es de una deslumbrante belleza y eficacia expresiva.
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compus sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo de escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “”¡Ah de la vida!…” es de contenido existencial y filosófico. Se trata de una reflexión, de carácter existencialista, sobre la fugacidad de la vida y la proximidad de la muerte. El tono es agónico, angustiado, como si el yo lírico estuviera sometido a una fuerte presión personal, cerca de lo insoportable. Pide ayuda, pero no la recibe. A cambio, describe minuciosamente su estado de pesimismo existencial porque adivina la muerte cercana. 
La construcción del soneto es bellísima. El juego con los tiempos verbales y los tres adverbios de tiempo es prodigioso y magistral. Transmiten una idea certera de cómo la vida es demasiado breve y cómo el tiempo huye de entre nuestras manos sin darnos cuenta. La metáfora hiperbólica final es muy eficaz porque recoge todos los razonamientos anteriores; el lector queda abrumado por tanta evidencia. 
El conjunto del soneto resulta de una asombrosa belleza, a pesar de su triste mensaje. La paradoja surge en que, siendo la vida breve, su mejor empleo es crear un poema en que se reconoce esta terrible realidad y se crea un artefacto poético que sí burla al tiempo fugaz y a la muerte tenebrosa que nos aguarda, como al yo lírico. Qué duda cabe, estamos ante uno de los sonetos existenciales y morales de más honda belleza de la poesía española.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención emocional, existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la literatura barroca visibles en el poema.
2) ¿Qué adverbios emplea el poeta para referirse al pasado, presente y futuro? ¿Son eficaces y expresivos para lo que desea transmitir?
3) Aclara el sentido de las expresiones o frases hechas de los dos primeros versos del poema.
4) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) A qué se refiere con los pañales y la mortaja ” (v. 13). 
5) ¿Qué tópicos literarios aparecen en el poema? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger una reflexión sobre el sentido de la existencia humana.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario. ¿Es posible la conciliación de los puntos de vista?
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Miré los muros de la patria mía” (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: “MIRÉ LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA”
Miré los muros de la patria mía,              1
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo: vi que el sol bebía        5
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,         10
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico realiza un paseo, acaso físico, acaso mental. Primero detiene su mirada en los “muros de la patria mía”; patria acaso se refiera a la nación española, acaso a su patria chica, Madrid. Sus muros están abatidos, a fuerza de viejos y poco defendidos. En la segunda estrofa la contemplación se extiende al “campo”. Los arroyos están secos, sin agua; los ganados pasan sed y hambre y se quejan, en la hora crepuscular, o acaso de noche.
El yo lírico entra en su casa y la mira detenidamente, buscando una tabla de salvación. Sin embargo, solo encuentra restos inservibles de antiguas glorias. El bastón en el que apoya, el báculo, está más torcido y debilitado que la última vez que lo miró. En la última estrofa su mirada se detiene en la espada, que está “vencida de la edad”, es decir, derrotada por vieja, inservible. Los dos últimos versos poseen un fuerte carácter conclusivo y sumario. Todo lo que ha mirado, mira y podría mirar refleja la muerte, el acabamiento, referido tanto al yo lírico, como a la patria y a su casa.
2) Tema
El tema del poema se puede enunciar así: contemplación desolada del yo lírico dirigida a su patria, a su casa y a sí mismo. En otras palabras, es una visión pesimista del estado natural y moral de su nación.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido, aunque no en su distribución habitual:
– Las tres primeras estrofas y el primer verso de la cuarta (vv. 1-12) forman la primera sección temática: se expone, declara o enuncia realidades objetivas observables: el estado de la patria, el muro y la casa del yo lírico es lamentable, pues todo es ruina, desmoronamiento y destrucción. 
– Los dos últimos versos (vv. 13-14) conforman la segunda sección temática: poseen un carácter conclusivo y causal-consecutivo: todo lo que rodea al yo lírico es imagen de la muerte, pues el estado calamitoso de los objetos y animales es de ruina total. 
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDE, DCE). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima consecutiva, sin repetirse dentro del propio terceto. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
Este bellísimo poeta es un auténtico prodigio compositivo. El yo lírico se anuncia en la primera palabra del poema, “Miré” (v. 1); son actos subjetivos e íntimos que denotan su preocupación por lo contemplado. Los “muros de la patria mía” se puede referir a la nación española, o acaso solo a las murallas de su ciudad, en este caso, Madrid. Anota tres características negativas que denotan ruina y desmoronamiento. Son dos adjetivos, “desmoronados” (v. 2) y “cansados” (v. 3); la tercera característica equivale a “arruinados”, pero se expresa a través de un circunloquio, que ocupa el último verso del primer cuarteto: ya no poseen la valentía suficiente para plantar cara al enemigo.
El segundo cuarteto, en riguroso paralelismo, comienza como el primero: el yo lírico sale al campo. Lo que allí contempla es desolador: la sequía de los cauces (se nombra con una metonimia, “los arroyos”, v. 6) y agostamiento de los campos provoca el lamento de los “ganados”, metonimia de los seres vivos, que no tienen comida ni bebida. El último verso precisa la hora de esta acción: al anochecer, pues los montes proyectan su sombra sobre los campos, robándoles su luz. La personificación de “sol” (v. 5) y “monte” (v. 7) y los hipérbatos crean un efecto estético de acabamiento  y desolación. 
En el primer terceto continúael paralelismo creado por el verbo de movimiento en la primera posición de la estrofa. En concreto, el paralelismo entre los versos 5 y 9 es muy hermoso y crea una sensación de repetición infructuosa, por parte del yo lírico, que busca soluciones ante el estado de alarma que observa a su alrededor. Ahora el movimiento es inverso, pues el yo lírico no va hacia fuera, sino hacia dentro, en este caso de su “casa”. La encuentra arruinada e inservible (el adjetivo metaforizado “amancillada”, v. 9, da una idea exacta de la situación). En ella solo existen “despojos”, es decir, restos despreciables de algo que fue importante. Fija su mirada en el “báculo”, el bastón en el que se apoya, aquí, vía metonímica, podemos inferir que el yo lírico necesita apoyo para moverse; su estado es como el de lo que observa: viejo, impedido y torpe. Esta idea se confirma con los dos adjetivos que le asigna al cayado: corvo y “menos fuerte” (v. 11); la lítote ahonda en la impresión de que fue robusto un día, pero ya no lo es ahora. El paralelismo antítético (formado con “más” y menos”) es muy expresivo.
En el último terceto aún detiene su mirada en otro objeto: la espada. También es metáfora de un pasado guerrero y, presumiblemente, victorioso, pues se alude varias veces a un pasado fuerte y glorioso. El adjetivo asignado a la espada es “vencida” (v. 12): todo es derrota, se afirma metonímicamente. Los dos últimos versos muestran una naturaleza conclusiva cerrada y lapidaria: todo lo que mira el yo lírico es memoria de la muerte, imagen de la derrota final, de la extinción de las glorias pasadas y de la agonía presente. La palabra “cosa” (v. 13) es importante porque expresa que todo, sin excepción, está agotado y perdido. La expresión “poner los ojos” (v. 13) nos confirma el tono contemplativo y reflexivo del poema y de las actividades del yo lírico. Ha estado buscando indicios de que no se acerca el final, pero ha sido inútil,  no halla nada. “Recuerdo de la muerte” (v. 14) es una intensa metáfora que remacha la idea pesimista y agónica que recorre todo el poema: se acerca el final, la extinción (y el yo lírico se refiere tanto a la patria, como a sí mismo) pues nada se puede hacer por remediarlo. 
El poema alcanza un equilibrio perfecto entre la expresión y el contenido. Existe un componente dinámico (las acciones del yo lírico, expresadas a través de verbos de movimiento) muy bien armonizado con otro estático y reflexivo: la situación material de su patria y la emocional propia del yo lírico. Por otro lado, los objetos observados también indica un movimiento, como el “travelling” de una cámara: del exterior al interior, del campo a la casa, de lo más grande a lo más pequeño. El movimiento también es intelectual y emocional: de cierta neutralidad al pesimismo y derrotismo inapelable. 
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compus sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo de escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
Asimismo, dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Miré los muros de la patria mía” es de contenido existencial y cívico. Se trata de una contemplación reflexiva sobre el estado social, político y económico de su patria. El resultado es pesimista y amargo: todo es abandono, acabamiento, ruina y muerte. Y ello referido tanto al ámbito colectivo, como al personal y más subjetivo. 
La construcción del soneto es bellísima. La dinámica interna lo dota de una rara armonía, a pesar de su amargo contenido. Parece que vemos cómo se va desplazando la mirada del yo lírico por los espacios mentados. La elección de los elementos objeto de su mirada y descripción son metonímicos respecto de un estado general de derrota y ruina material y moral.
La adjetivación llama poderosamente la atención porque posee un poder connotativo enorme. Contribuyen mucho a un tono pesimista y derrotista. El conjunto del soneto resulta de una asombrosa belleza, a pesar de su triste mensaje. Estamos ante uno de los sonetos cívicos y morales de más honda belleza de la poesía española.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención emocional, existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la cultura barroca visibles en el poema.
2) ¿Qué objetos físicos de la geografía general y personal que rodean al yo lírico se aprecian en el poema?
3) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) A qué se refiere la expresión “recuerdo de la muerte” (v. 12). 
5) ¿Qué relación exite entre el pasado y el presente del yo lírico? Razona la respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica o recrea en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema. Se trata de recoger objetos o lugares que anuncian un mal futuro de algo o de alguien.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario. ¿Es posible la conciliación de los puntos de vista?
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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Francisco de Quevedo: “Amor constante más allá de la muerte” (soneto); análisis y propuesta didáctica

FRANCISCO DE QUEVEDO: “AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE”
Cerrar podrá mis ojos la postrera                       1
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera                     5
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,         10
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es el máximo ejemplo del conceptismo barroco español. Este poema es un ejemplo de ello en sus múltiples facetas, formales o del plano de la expresión, y de significación o del plano del contenido. En otras palabras, nos sirve muy bien para entender la mentalidad y los presupuestos estéticos barrocos. 
El yo lírico admite que la muerte acabará con su vida; todos sus afanes y preocupaciones también morirán. Sin embargo, hay algo que perdurará, más allá de la muerte: el amor que siente por una persona. De este modo, burlará las leyes naturales. En las dos últimas estrofas explica por qué ocurrirá eso: su amor es tan intenso y profundo que no es posible que se extingan por el hecho de que le sobrevenga la muerte física. Su amor es, pues, eterno; por tanto, seguirá presente incluso en un puñado de polvo al que se reduzca toda su existencia.
2) Tema
El propio título enuncia de maravilla el contenido: su amor burla a la muerte y seguirá con vida tras la extinción de la vida física del yo lírico. En otras palabras: la intensidad y autenticidad del amor que el yo lírico siente por la persona amada es perdurable.
3) Apartados temáticos
Como es de esperar por la estructura estrófica empleada, el soneto, se distinguen muy bien dos secciones de contenido:
– Las dos primeras estrofas (vv. 1-8) forman la primera sección temática: se expone, declara o enuncia realidades incontrovertibles: la muerte lo alcanza todo, también la del sujeto lírico; con ella se extingue todo, aunque algo queda: el fuego de su amor. Nótese los verbos en tiempo futuro: aclara lo que pasará indudablemente.
– Las dos últimas estrofas (vv. 9-14) conforman la segunda sección temática: explica por qué ocurrirá eso y aporta la consecuencia inmediata (es, pues, una estructura lógica causal-consecutiva). La intensidad y profundidad de ese amor es tan elevada que, aun reducido el cuerpo a un puñado de polvo, no se extinguirá.
4) Análisis métrico y de la rima
Quevedo ha elegido el soneto como forma estrófica (ABBA, ABBA, CDC, DCD). Lógicamente, los versos son endecasílabos, la rima consonante y las estrofas se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos; estos tienen una rima cruzada. Es una opción típica de Quevedo, al fin y al cabo deudor de la tradición garcilasiana y petrarquista.
5) Comentario estilístico
El poema se teje a base de metáforas y oxímoros (entre vida y amor, frente a muerte y extinción) de honda significación. En el primer cuarteto, “la postrera / sombra” (vv. 1-2) es imagen de la muerte, que acabará con el “blando día” (v. 2), metáfora de la vida del yo lírico. Ya antes había utilizado una metáfora personificada: “Cerrar podrá mis ojos” (v. 1), indicando que la muerte envía al yo lírico al sueño eterno.  La muerte puede liberar a su alma de su “afán ansioso lisonjera” (v. 4), es decir, del constante amor que ha sentido por alguien, una dama, presumiblemente, a quien ha deleitado o agradado (es el sentido de “lisonjera”) a  lo largo de toda su vida.
El segundo cuarteto introduce una advertencia o salvedad a la afirmación general previa. Es cierto que la muerte acaba con todo, pero su alma no perderá el recuerdo (“la memoria”), incluso en el reino de los muertos (“esotra parte en la ribera”, v. 5), es decir, al otro lado de la laguna Estigia, según la mitología clásica, donde vagan las almas tras la muerte de la persona. El recuerdo es amoroso, eso significa “ardía” (v. 6). Esa pasión es tan fuerte que el amor podrá nadar sobre la laguna de la muerte y volver al mundo de los vivos, para seguir amándola. En efecto, burlará las leyes físicas (se expresa con la metáfora “ley severa”, v. 8) que enuncian que, con la muerte, todo se acaba: vida física, emocional y espiritual.
Los tercetos presentan una construcción muy particular, con unos paralelismos bellísimos y asombrosos. En los tres versos del primer terceto aparecen los predicados de los tres verbos de los tres versos del segundo terceto. Todos ellos son metafóricos, formando casi una alegoría, sobre la eternidad del amor que el yo lírico ha sentido, siente y sentirá por la persona amada. Los sujetos están acompañados por una oración subordinada adjetiva con verbos en pretérito perfecto compuesto; enuncia que la acción comenzó en el pasado y sigue hasta el presente de la enunciación. Los sujetos son tres partes de la persona del sujeto lírico, metonimias de todo su ser: “alma”, “venas” y “médulas” (vv. 9, 10 y 11, respectivamente). Se refieren a las partes más íntimas, esenciales y vitales del ser humano.
La oración subordinada adjetiva aplicada a alma es “a quien todo un Dios prisión ha sido” (v. 9). Se trata de una metáfora amorosa doble. El dios es la mujer amada; la prisión se corresponde con la lealtad amorosa. La oración asignada a venas, “que humor a tanto fuego han dado” (v. 10) se refiere a que la llama del amor ha insuflado vida al yo lírico. La tercera, aplicada a médulas (“sustancia blanda del interior de los huesos”, según el DLE), alude otra vez a la metáfora del amor como una hoguera que arde. Las tres forman una alegoría, insistiendo en la idea del intenso e inagotable amor del yo lírico por la mujer amada. 
Los correspondientes predicados se hallan en el terceto final del poema. A alma le corresponde “su cuerpo dejará, no su cuidado” (v. 12). Vuelven los verbos en tiempo futuro; admite que aquella abandonará el cuerpo, pero el “cuidado”, el amor, seguirá vivo. De las venas se admite que “serán ceniza, mas tendrá sentido” (v. 13), pero no será un fin inútil, pues su significación perdurará. Finalmente, las médulas acabarán reducidas a polvo, “mas polvo enamorado” (v. 14). Es la confirmación suprema de que el amor vence a la muerte. Materialmente reducido a nada, espiritualmente, el yo lírico sigue amando, pues su latido amoroso sigue en ese montón de polvo. 
Es muy interesante comprobar el efecto de los paralelismos de los tres predicados; forman una significación in crescendo que intensifican notablemente la fuerza expresiva de los dos tercetos. Las tres oraciones son adversativas; primero se afirma la fatalidad del fin de la vida material para, inmediatamente, corregirse y reafirmar que incluso en la reducción a la nada sigue vivo el amor. Nótese también la gradación descendente de “ceniza” a “polvo”. Parece que todo acabará pulverizado, pero no es así, sino, justamente, lo contrario.
Este es uno de los más bellos y sublimes poemas de amor en lengua castellana (como en su día afirmó Dámaso Alonso). Su construcción es armoniosa; su estructura sintáctica y semántica es de una belleza y originalidad increíbles. Finalmente, el sentido total del soneto alcanza la expresión perfecta de su contenido, expresado en el título: “Amor constante más allá de la muerte”. Estamos ante el poema más excelso de la poesía amorosa en lengua española.
El poema posee un tono afirmativo y asertivo de enorme eficacia comunicativa. Sí, reconoce el yo lírico, la muerte nos destruye, pero no podrá con el amor incondicional, que es indestructible y ajeno a las leyes biológicas. También se percibe una fuerte tensión interna, soterrada, expresada a base de antítesis, a veces antinomias o contradicciones: muerte frente a vida, ley natural frente a anhelo de amor, reducción a la nada frente al pálpito amoroso indestructible, etc. 
6) Contextualización
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1570 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645) es uno de los más grandes escritores de la literatura española y universal. Su versatilidad es asombrosa, junto con enorme capacidad expresiva sobre temas y formas muy distintas entre sí. Es el ejemplo más firme de la literatura conceptista barroca: expresión reconcentrada, anfibología o doble sentido en los enunciados,densidad significativa, juegos verbales y mentales que exigen un notable esfuerzo del lector para descubrir el ingenio del escritor, etc.
La producción poética es de gran envergadura y calidad. Se calcula que compus sobre 875 poemas, bajo el molde de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, religiosos (donde se incluyen sus célebres Salmos) y fúnebres. Se incluyen  poemas metafísicos y filosóficos de carácter neoestoico. En vida circularon de forma manuscrita muchos poemas. En forma impresa se recogieron póstumamente en dos obras: El Parnaso español (1648, al cuidado de sus amigo José Antonio González de Salas) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670, al cuidado de su sobrino Pedro Alderete).
Sus obras en prosa también son muy abundantes. Según su contenido, se clasifican en varios grupos. Primero, veremos las obras literarias.
Entre las obras satírico-morales, sobresale Sueños y discursos, donde critica oficios, personajes y tipos sociales de su época; su estilo es mordaz, casi cínico, satírico y un punto escéptico. Toma el modelo de escritor griego Luciano de Samósata.
Escribió dos «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono tragicómico; alcanza gran elegancia y virtuosismo. La diosa Fortuna da a cada uno lo que merece; el desbarajuste es tal que es mejor volver al desorden previo. Su  novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626. Alcanzó fama en su época por su estilo expresionista y su homor negro, esperpéntico y corrosivo; la hipérbolización, cosificación y animalización de los inmorales personajes es el procedimiento continuo de degradación de la realidad.
Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras burlescas de los géneros burocráticos-administrativos habituales en las secretarías del gobierno.
En Cartas del caballero de la Tenaza (1625), en forma epistolar, cuenta las argucias y pretextos de un hidalgo tacaño que evita que su enamorada le extraiga dinero. 
El Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
Otro título chocante es Gracias y desgracias del ojo del culo. Se trata de una obra breve en el que describe detalladamente, con humor negro, corrosivo y escatológico, las vicisitudes alegres y tristes relacionadas con el ano y sus aledaños. 
Quevedo también escribió teatro. No existe un catálogo definitivo de sus obras, pero  destacan Cómo ha de ser el privado y un conjunto de entremeses, como  La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Entre las obras no literarias, algunas son de naturaleza política. Destaca España defendida… Argumenta a favor de la calidad y virtudes de las letras españolas y de su cultura humanista, además de la historia hispana, ya por entonces atacada a través de la “leyenda negra”. En Política de Dios, gobierno de Cristo defiende un gobierno regido por los principios cristianos. Defiende la aparición del Apóstol y su patronazgo de España en Memorial por el patronato de Santiago. Su defensa, agresiva y fuerte, de la política económica del valido Conde-Duque de Olivares en El chitón de las tarabillas (1630) es tan mordaz que se retiró al poco de publicarse. Su antijudaísmo lo vertió por escrito en Execración contra los judíos (1633); ahí desliza críticas al Conde-Duque, lo que luego pagaría con su encarcelamiento en San Marcos de León. Critica la revuelta catalana de 1640 en La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. La Vida de Marco Bruto, recrea la vida del hijo y homicida de Julio César.
También compuso obras de contenido religioso y de consejos de una vida cristiana. Son sus obras ascéticas, como Vida de Santo Tomás de Villanueva, ​Providencia de Dios (es un tratado contra los ateos, compuesto bajo el principio de un cristianismo estoico), Vida de San Pablo y La constancia y paciencia del santo Job.
Entre las obras filosóficas sobresale por su densidad, su estilo limpio y su estoicismo un tanto escéptico La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.
Escribió varios volúmenes de crítica literaria, dirigidos a vituperar el estilo culterano y al propio Luis de Góngora, por quien sentía mucha antipatía. El título más célebre es La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día. La culta latiniparla es un libro burlesco y satírico, con “consejos” para dominar el estilo gongorino.
También dejó un jugoso epistolario y muchas traducciones del latín (Propercio y Séneca, a quienes admiraba) y del griego (criticadas por flojas).
7) Interpretación y valoración
El poema “Amor constante más allá de la muerte” es muy bello, profundo e inspirador. La correspondencia entre fondo y forma es absoluta, de modo que el contenido avanza conforme a un sistema poético (el soneto), refrenado y exigente. La concepción del amor, es de raíz petrarquista. Se trata de un sentimiento que justifica la vida y la muerte. Su perdurabilidad puede ser eterna, según manifiesta el yo lírico. 
No se trata tanto de una demostración racional, cuanto de una creencia que insufla ánimos para seguir amando a la persona elegida. La construcción sintáctica y el sistema de imágenes (que reposan en la del amor como fuego inextinguible y como una prisión voluntaria de la que no se puede salir) es de una belleza abrumadora.
Es chocante que un gran misógino impenitente, como lo fue Quevedo, nos haya legado el más sublime poema amoroso. La confrontación de las ideas y la literatura con la vida real a veces nos deja estas chocantes paradojas. Ciertamente, entre la realidad y el deseo, como diría Cernuda, hay un abismo difícil de salvar. Solo el puente que tiende la literatura puede congraciarlos de manera armónica, siquiera sea en el universo literario. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema.
2) Expresa su tema y sus apartados temáticos.
3) Estudia la medida de los versos y la rima, indica las estrofas y la composición estrófica empleada por Quevedo.
4) Explica los recursos estilísticos más interesantes que nos permitan comprender el poema en su intención emocional, existencial y filosófica.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) Indica los rasgos propios de la cultura barroca visibles en el poema.
2) ¿Cómo apreciamos la presencia de la mitología clásica en el poema?
3) La visión de la vida que se desprende, ¿es optimista o pesimista? Aporta razones.
4) A qué se refiere la expresión “ley severa” (v. 8). El contenido del poema, ¿es una realidad o un deseo? Razona la respuesta.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Explica en un texto creativo, en prosa o en verso, el contenido del poema.
2) Imagina una entrevista de tu clase con Francisco de Quevedo. ¿Qué preguntas harías? 
3) Redacta un diálogo teatral más o menos fiel al poema. Tendrá dos personajes, el yo lírico y alguien con un pensamiento contrario. ¿Es posible la conciliación de los puntos de vista?
4) Prepara una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa, con un cartel, o con medios TIC, sobre Francisco de Quevedo y su tiempo barroco.
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