Dámaso Alonso: “La invasión de las siglas”; análisis y propuesta didáctica

DÁMASO ALONSO – La invasión de las siglas 
La invasión de las siglas 
(POEMILLA MUY INCOMPLETO) 
A la memoria de Pedro Salinas, a quien 
en 1948 oí por primera vez la troquelación 
«siglo de siglas». 
USA, URSS.                                                     1                  
  
USA, URSS, OAS, UNESCO: 
ONU, ONU, ONU 
TWA, BEA, K.L.M., BOAC 
¡RENFE, RENFE, RENFE!                                  5 
  
FULASACARASARULASA, 
CAMPSA, CUMPSAKIMPSA; 
FETASAFITUSACARUSA, 
¡RENFE, RENFE, RENFE! 
  
¡S.O.S., S.O.S., S.O.S.,                                   10 
¡S.O.S., S.O.S., S.O.S.! 
  
Vosotros erais suaves formas: 
INRI, de procedencia venerable, 
S.P.Q.R., de nuestra nobleza heredada. 
Vosotros nunca fuisteis invasión.                     15 
Hable 
al ritmo de las viejas normas 
mi corazón, 
porque este gris ejército esquelético 
siempre avanza                                               20 
(PETANZAKUTANZAFUTRANZA); 
frenético 
con férreos garfios (TRACA, TRUCA, TROCA) 
me oprime, 
me sofoca,                                                      25       
(siempre inventando, el maldito, para que yo rime: 
ARAMA, URUMAALIME, 
KINDOKONDAKUNDE). 
Su gélida risa amarilla 
brilla                                                               30 
sombría, inédita, marciana. 
Quiero gritar y la palabra se me hunde 
en la pesadilla 
de la mañana. 
  
Legión de monstruos que me agobia,                 35 
fríos andamiajes en tropel: 
yo querría decir madre, amores, novia; 
querría decir vino, pan, queso, miel. 
¡Qué ansia de gritar 
muero, amor, amar!                                          40 
  
Y siempre avanza: 
USA, URSS, OAS, UNESCO, 
KAMPSAKUMPSAKIMPSA, 
PETANZAKUTANZAFUTRANZA 
  
¡S.O.S., S.O.S., S.O.S.!                                      45 
Oh, Dios, dime, 
¿hasta que yo cese, 
de esta balumba 
que me oprime, 
no descansaré?                                                  50 
  
¡Oh dulce tumba: 
una cruz y un R.I.P.! 
 
                         Dámaso Alonso 
1. ANÁLISIS 
Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas (Madrid, 1898 – 1990) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Fue eminentísimo profesor, historiador agudo de la literatura española, crítico original y teórico de mirada sabia. Al lado, cultivó la poesía con hondura, maestría y perfección. En cualquiera de los campos, ha aportado a la literatura española del siglo XX sustanciales títulos de honda repercusión. 
 
1. Resumen 
El poema que ahora comentamos es una crítica a la invasión de siglas que inunda la vida moderna. Como muy bien recuerda Dámaso Alonso que dijo Pedro Salinas, el siglo XX ya fue el siglo de las siglas. El XXI va por el mismo camino, trufado de acrónimos y anglicismos sin medida. El poema presenta una forma de sátira ridiculizante e imitación burlesca de la enorme cantidad de siglas que nos invaden en tropel. Por ello, podemos afirmar que el poema deviene en una acerada parodia. La primera estrofa está formada por dos siglas, USA y URSS; se repetirán dos veces más. También se repetirá tres veces S.O.S, pero pidiendo auxilio para librarse de la invasión; y RENFE, casi imitando el ruido del tren al marchar por la vía. También se repite una vez, pero escrito con K y no con CAMPSA, CUMPSACIMPSAOAS y UNESCO se repiten una vez. ONU se repite tres veces seguidas, formando un verso. El yo poético las aprecia como “legión de monstruos” que todo lo invaden y devoran. Contrasta con estas las pocas siglas clásicas, serenas y firmes; solo son dos, INRI y S.P.Q.R. Le pregunta a Dios si no se librará de ellas hasta su muerte. Ahí le quedará el consuelo de que en su tumba aparezca un R.I.P., clásico y sereno, que hará de barrera ante las siniestras siglas modernas. En el poema se mezclan siglas y acrónimos; tiene efectos de lectura interesantes y que se deben tener en cuenta para su recta comprensión. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: protesta airada contra la invasión de siglas en el mundo comercial, político, social, etc., lo que resulta irritante.  
 
3. Apartados temáticos 
El poema se presenta muy compacto en su significación; todo el sentido está como comprimido y ordenado lógicamente. No obstante, se pueden distinguir cuatro apartados temáticos: 
-El primer apartado (cuatro primeras estrofas, vv. 1-11) está compuesto por siglas; primero, las políticas; luego, las comerciales; finalmente, la que pide socorro, que es lo que hace el yo poético, harto de tanta sigla.  
-El segundo apartado (quinta estrofa, vv. 12-34) expresa la añoranza por las siglas clásicas, de uso noble y tradicional, llenas de sentido y emoción. Solo trae a colación dos, INRI y S.P.Q.R. La primera alude a la crucifixión de Jesucristo; la segunda, al Imperio Romano. En la última parte de esa estrofa se critica nuevamente la frialdad y el extrañamiento que provocan las nuevas siglas. 
-El tercer apartado (sexta y séptima estrofas, vv. 35-44) expresa el agobio del yo poético, que no puede ni hablar, ni pronunciar las palabras sencillas y elementales que recogen la esencia de la vida. En la séptima estrofa constata que la invasión de la “legión de monstruos” avanza. Nos comunica una nueva ristra chirriante de siglas. 
-El cuarto y último apartado (estrofas octava y novena, vv. 45-52) comienza pidiendo ayuda y acogiéndose al amparo divino para librarse de esa “balumba”. La última estrofa, muy sintética, expresa el deseo del yo poético de librarse, aunque sea muerto, del “gris ejército esquelético” (v. 19). Como un conjuro protector, solo desea en su tumba una cruz y un “R.I.P.”, sencillamente. 
 
4. Aspectos métricos y de rima 
El poema está compuesto por 52 versos de medida irregular. El más pequeño es bisílabo (“brilla”, v. 30). El más largo es el verso 26, de dieciséis sílabas. En medio, aparecen versos de todo tipo, trasmitiendo la imagen de caos y batiburrillo generado por tanta sigla. No se aprecia una rima regular, aunque aparecen pareados (vv. 39-40), alguna tercerilla y a veces una asonancia en los versos pares, lo que nos permite hablar de rima romanceada (vv. 35-40 y 45-50). También se dejan ver tiradas monorrimas tan irritantes como las siglas que recrea onomatopéyicamente (vv. 6-8 y 43-44). El conjunto lo podemos etiquetar como un poema en verso libre. 
 
5. Comentario estilístico 
El poema es una sátira y parodia, es decir, una crítica ridiculizante y humorística de la excesiva tendencia al empleo de siglas para nombrar cualquier cosa: organismos, empresas, países, etc., en el siglo XX, el momento de su escritura. La verdad es que el final de ese siglo y lo que llevamos del XXI esa corriente se ha agudizado mucho más, pues ahora se nombran nombres de enfermedades, aparatos de todo tipo, sobre todo electrónicos, etc. En fin, la invasión se ha recrudecido. 
El hecho de que subtitule su poema como “poemilla muy incompleto” es un modo irónico (hay muchas más siglas que el autor omite por la gracia de la brevedad) y una captatio benevolentiae humorística dirigida al lector avisado. La intencionalidad crítica de todo el poema está sometida a una férrea e inteligente planificación, como a continuación trataremos de mostrar. La primera estrofa está constituida por solo dos siglas, correspondientes a los dos países más poderosos del mundo tras la Segunda Guerra Mundial: USA y URSS. La segunda estrofa comienza por repetir esas siglas y añade otras el ámbito político internacional. En el verso tres repite tres veces ONU, como para recalcar su importancia. El verso cuatro se dedica a marcas comerciales (de aviación). Y el verso cinco repite tres veces, entre exclamaciones, RENFE, creando una onomatopeya divertida con el ruido del tren al circular por las vías. La sensación de acumulación agobiante se crea con la figura del asíndeton. No hay ni una sola conjunción copulativa en todo el poema que conecte siglas. 
La tercera estrofa ridiculiza nombres de empresas cuya sigla termina en “-SA”. Con referente real solo apreciamos CAMPSA; las demás parecen inventadas, aunque verosímiles. Se cierra esta estrofa tercera con la onomatopeya de RENFE ya conocida. La estrofa cuarta es muy original y curiosa. Repite en sus dos versos la sigla S.O.S. nada menos que seis veces, y en un enunciado exclamativo. Adivinamos que es el poeta quien pide socorro ante tanta sigla. 
La estrofa quinta presenta enunciados y oraciones con un empleo natural de la lengua. Expresa su añoranza por dos siglas latinas, INRI y S.P.Q.R., a las que califica de “suaves formas” (la sinestesia es muy original y expresiva). Le inspiran confianza y familiaridad (”nunca fuisteis invasión”, les dice (v.15). La aversión que siente por las siglas modernas la expresa muy bien en la métafora “gris ejército esquelético” (v. 18); son como un ejército de zombis que amenazan con aniquilar todo lo que encuentren a su paso. Introduce, a través de una atrevida metáfora, una imagen metálica y siniestra al identificar las siglas con “férreos garfios” (v. 23) que lo asfixian, lo que expresa con un paralelismo con anáfora muy intenso: “me oprime, / me sofoca” (vv. 24-25). Pero el ejército de siglas no para de avanzar (repite ese verbo en varias ocasiones, para crear sensación de agobio e inevitabilidad). Y lo peor: no paran de surgir nuevas siglas, lo que obliga al poeta (el guiño humorístico es evidente) a inventar nuevas rimas. 
Desde el verso 16 hasta el 28 solo hay una oración, muy larga, que serpentea con encabalgamientos e hipérbatos de un verso a otro: se crea así una sensación de angustia irrespirable muy expresiva. Varias sinestesias y algunas metáforas cromáticas dan el tono de cómo es el ejército: “gélida risa amarilla” (v. 29) indica lo siniestro e inquietante de estas siglas; brilla de modo sombrío (la antítesis es bien llamativa), como si fueran marcianos. Todo ello deviene, pues, en una “pesadilla” (v. 33) en la que el yo poético quiere gritar, ya en pánico, pero no le salen las palabras; hasta ahí llega su angustia.  
A continuación, se crea otra imagen horripilante al identificar las siglas con una “legión de monstruos” (v. 35), metálicos, fríos y agobiantes (las películas de dibujos animados y de ficción futurista actuales no lo hacen mejor). Al yo poético se le vienen a su cabeza palabras nobles, hermosas, naturales: “madre, amores, / (…) vino, pan” (vv. 37-38). Funcionan metonímicamente al referirse a sentimientos intensos y realidades concretas de grato recuerdo. Se cierra esta estrofa quinta con una exclamación retórica que es un grito de liberación. Y lo que quiere exclamar lo expresa con un verbo conjugado, un sustantivo y un infinitivo (“muero, amor, amar”) (v. 40); crea una aliteración muy hermosa y una metáfora con los propios términos, pues expresan el ansia de vivir con naturalidad y autenticidad, lejos de las siglas. 
La séptima estrofa repite la pesadilla: vuelven las siglas, ya repetidas, pues aparecieron en las primeras estrofas, a veces con ligeras variantes (como las acabadas en “-PSA”, que ahora comienzan con “K” y antes lo hacían con “C”. Se cierra con una suspensión (expresada a través del signo de los puntos suspensivos), que es un modo de advertir que esto podría seguir eternamente. 
La octava estrofa con una petición de socorro, a través del irónico S.O.S. repetido tres veces, y en una oración exclamativa. A continuación, el yo poético se dirige a Dios y lo apostrofa preguntándole si toda esa “balumba” (la hipérbole crea una imagen muy viva) no acabará hasta que él muera. Es tal la opresión (ha utilizado “que me oprime” un poco antes, v. 49), que en realidad le hace desear la muerte, para librarse de ese ejército horripilante. En la tumba, que califica sinestésicamente de “dulce”, se ve descansar en paz con solo dos cosas: el símbolo de la cruz y, en ella, escrito, un “R.I.P.”. Irónicamente, lo acompañará una sigla, esta sí, noble, vieja y tranquilizadora, que será su escudo protector contra el “ejército esquelético” y la “legión de monstruos” de las nuevas siglas.  
 El análisis del poema nos confirma que, entre bromas y veras, el poeta rechaza la invasión de siglas que inundan el mundo. Descubrimos un cuidadoso proceso antes de composición y un constante trabajo lingüístico y poético en su construcción. La sátira feroz contra tanta sigla propia de papanatas nos deja ver un hartazgo por ciertos gestos de la modernidad ridículos y rechazables. El poema, divertido, chispeante, humorístico y tremendamente original, es un prodigio compositivo lleno de belleza y significación. Su lectura nos provoca una sonrisa melancólica, acaso más triste de lo que podamos admitir. 
 
6. Contextualización 
Dámaso Alonso es un hondo y magnífico poeta, miembro de la Generación del 27. Su primer poemario, Poemas puros, poemillas de la ciudad (1924) se considera un ejemplo del influjo de Juan Ramón Jiménez y su concepto de “poesía pura” en la joven poesía española a partir de 1920. Otro título de gran transcendencia e influjo porque se considera que inició la poesía social de posguerra, también conocida como “poesía desarraigada” es Hijos de la ira (1944); su poesía adquiere un aire desgarrado y un tono de denuncia social bien visibles, bajo el influjo de la filosofía existencialista. Su último libro de poesía, Duda y amor sobre el Ser Supremo (1985) se mueve en la dirección de la preocupación religiosa, la comunicación con la Divinidad, etc.  
Sus aportaciones como filólogo son de primera magnitud. Por ejemplo, su Estudios y ensayos gongorinos (1955) resultaron decisivos para la reconsideración de Luis de Góngora como uno de los grandes poetas culteranos barrocos. Fundó y aclimató en España la corriente crítica de la Estilística, con su fundamental libro Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos (1950). Su profunda sensibilidad e inteligencia estéticas arrojaron luz y abrieron amplios senderos para el estudio de la obra literaria entendida como un artefacto único y singular que emplea el lenguaje de un modo y con una intención estética, alejado del uso ordinario. Como presidente de la Real Academia de la Lengua, Dámaso Alonso trabajó firmemente para mantener la unidad del español y crear una constante colaboración con el resto de las academias de la lengua del mundo hispano. 
Su poesía es producto de la depuración, la esencialización y de una cierta idea estética sobre el empleo del lenguaje. La contención expresiva, sin embargo, no está reñida con la expresión de sentimientos e ideas de viva actualidad en su momento. En sus poemas aparecen imágenes de hondo impacto que inciden en emociones, situaciones o sentimientos que conmueven al lector, impelido a la reflexión serena bajo criterios estéticos y éticos de envergadura, donde la creencia en Dios (y la protesta contra Él) suele ser un elemento relevante. 
 
7. Interpretación y valoración 
“La invasión de las siglas” es un divertido y bello poema en el que se rechaza el empleo indiscriminado de las siglas para nombrar cualquier cosa para las que pudieran existir palabras patrimoniales exactas y apropiadas.  
Las imágenes generadas muestran una repulsión por las siglas, que avanzan como zombis, sin poder detenerlos. Entre bromas, nostalgias, ironías y sátiras –en fin, los ingredientes de la buena parodia–, Dámaso Alonso nos ha entregado una hermosa poesía que ridiculiza tendencias sociales un tanto risibles.  
La capacidad inventiva de siglas que suenan como feos palabros es uno de los aspectos más llamativos y originales del poema. Los juegos de repetición y el contraste entre lo clásico y lo moderno aportan una ironía chispeante y graciosa que hace de la lectura del poema un acto lúdico y reflexivo, a la vez, de lo más original; es uno de los secretos de la buena poesía. 
  
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué piensa el poeta de la moda de las siglas? Aporta razones. 
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético (y que contrastan entre sí).  
3) Agrupa las siglas según se refieran al mundo político, al empresarial, al de la realidad cotidiana, etc. ¿Cuáles son las más abundantes? ¿Por qué será así? 
4) ¿A quién le pide ayuda el yo poético, finalmente?  
5) ¿Cómo apreciamos la ironía en el subtítulo y en la estrofa final del poema? 
6) Hay tres siglas (vv. 20 y 23) que son sustantivos comunes. Localízalos y explica su significado en el sentido irónico del poema.  
7) ¿Cuáles son las cuatro siglas de significado positivo? Explica su importancia en su sentido global del poema. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese el rechazo de una moda o tendencia social que te parezca ridícula o contraproducente. Utiliza un tono de humor, ironía, sarcasmo y sátira.   
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el ejército de siglas negativas y las positivas. Imagina el desenlace del choque.  
3) Realiza una exposición sobre Dámaso Alonso, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de paisajes o fenómenos naturales (como el volcán) que sirvan para entender un mundo agobiante, tecnologizado, apabullante y no siempre comprensible como el que nos presenta el poema a través del abuso de las siglas, siguiendo el ejemplo de Dámaso Alonso. 
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Dámaso Alonso: “Soneto sobre la libertad humana”; análisis y propuesta didáctica

DÁMASO ALONSO – SONETO SOBRE LA LIBERTAD HUMANA

 

Soneto sobre la libertad humana
Qué hermosa eres, libertad. No hay nada         1
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.
¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?           5
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.
Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo                  10
sobre su pecho, solitaria estrella.
Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella.
                          Dámaso Alonso, de Hombre y Dios (1955)
1. ANÁLISIS
Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas (Madrid, 1898 – 1990) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Fue eminentísimo profesor, historiador agudo de la literatura española, crítico original y teórico de mirada sabia. Al lado, cultivó la poesía con hondura, maestría y perfección. En cualquiera de los campos, ha aportado a la literatura española del siglo XX sustanciales títulos de honda repercusión.
1. Resumen
El poema que ahora comentamos es una reflexión y una proclamación de la libertad humana. La primera cualidad que destaca de ella es la belleza. Y todavía es superior si sus enemigos torturan o amordazan a quienes la reclaman y practican; el yo poético mismo está dispuesto a demostrarlo con su ejemplo. En la segunda estrofa reivindica su libertad a gritos, y no está dispuesto a callar. Se siente seguro porque el pensamiento no se puede amordazar y la libertad no es una palabra pronunciada, sino la “conciencia de hombre sublevada”, es decir, de protesta existencial. La tercera estrofa conecta la libertad con Dios: él la creó desde el primer origen del mundo y desde entonces brilla inmarcesible. La última estrofa, de carácter conclusivo, cuenta que un poco del fuego divino del volcán de la libertad se estableció en su frente, de ahí que la reivindique sin titubeos como algo propio, pues es un regalo de naturaleza divina. Por eso es un fuego bello que nadie puede arrebatar.
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: exaltación firme y sin miedo de la libertad como una característica inherente a cada persona, pues es de origen divino. Su belleza radica en que es como un fuego que alimenta a la persona. De otro modo enunciado, el poema reivindica la bella libertad como un don celestial a toda persona, imposible de arrebatar.
3. Apartados temáticos
El poema se presenta muy compacto en su significación; todo el sentido está como comprimido y ordenado lógicamente. No obstante, se pueden distinguir tres apartados temáticos:
-El primer apartado (vv. 1-8) contiene una proclamación sobre la belleza inigualable de la libertad, y la declaración firme de que no tiene medio a represiones ni castigos por hacerlo público. Y se siente seguro de su razón porque la libertad expresa el pensamiento, y este no es reprimible, pues vive en el corazón del hombre; por otro lado, al ser una cuestión de ética, no es fácilmente anulable.
-El segundo apartado (vv. 9-11) insiste en la hermosura de la libertad y establece su origen divino, pues desde el primer momento de la creación, ya su estrella brillaba.
-El tercer y último apartado (vv. 12-14) establece, a modo conclusivo, que la libertad fue concedida por Dios a los hombres, de ahí su belleza y su inalienabilidad. La poseemos por gracia divina al nacer, así que no hay que renunciar a ella, ni dejar que nos la arrebaten.
4. Aspectos métricos y de rima
El poema está compuesto por catorce versos endecasílabos. Como el título expresa, estamos ante un soneto, formado por dos cuartetos y dos tercetos. La rima consonante queda establecida así: ABBA, ABBA, CCD, EEF. La rima de los tercetos no es la más usual, pero sí conocida; se trata de un pareado seguido de un verso libre.
5. Comentario estilístico
Como el poema es un soneto, el contenido aparece comprimido y quintaesenciado. En el primer verso el yo poético se dirige a la libertad a través de una apóstrofe, en la que la califica de “hermosa” (v. 1). Nada resiste su comparación; esta afirmación se ve potenciada por un encabalgamiento abrupto entre los versos 1 y 2. Acto seguido, el yo poético responde a una posible amenaza de represión que nosotros no escuchamos, pero a la que él reacciona. No tiene miedo a la tortura, pues justo en esa situación aún la libertad resplandece más; lo expresa enfáticamente con la repetición de “más” (v. 3) y “tormento” (vv. 2 y 4), la elipsis del verbo de la segunda oración y un símil trunco, es decir, se elide parte de la oración, condensando su significación. En la primera estrofa también se dirige a sus posibles amenazadores, en un tono retador, como delata la interrogación retórica de tono coloquial “¿Qué?” (v. 2).
El segundo cuarteto comienza con una doble interrogación retórica de naturaleza retadora contra sus posibles torturadores. Los apostrofa con dos imperativos, esperándolos, pues está preparado para todo, “Venid: amordazad”. Como los represores tratan de poner silencio a su pensamiento, y eso no es posible, porque es actividad cerebral interior, se siente seguro de su victoria. Lo expresa definiendo “grito” casi como lo haría un diccionario: “Grito no es vibración de ondas al viento” (v. 7); la musicalidad de este verso se ve realzada con la rima interna establecida entre la primera palabra y la última de ese verso. La metáfora de “grito es conciencia de hombre sublevada” (v. 8) aclara bien la naturaleza reflexiva e interna de la sublevación del “hombre”. La metonimia implícita en “sublevada” advierte sobre el deseo imparable del yo poético de alcanzar su libertad.
En el primer terceto, el yo poético se dirige, a través de una apóstrofe, en un diálogo frustrado, a la libertad, llamándole “hermosa” (es el mismo adjetivo que había empleado en el verso 1). Dios la creó como acto primero de su creación, pues es uno de sus atributos; su importancia se revela en la metáfora “solitaria estrella” (v. 11). La yuxtaposición de oraciones y sintagmas, en asíndeton, contribuyen a crear una sensación de relevancia significativa en torno a la libertad. Atribuirle origen divino entraña consecuencias importantes, como aclara en el último terceto; ahí concluye que él mismo, el yo poético, como hijo de Dios, también posee algo de esa libertad, aludida a través de la metáfora “chispita del volcán ardiente” (v. 12). El mismo Dios la “prendió en mi frente” (v. 13); ello significa que nadie se la podrá arrebatar, pues es “libre llama de Dios” (v. 14). El adjetivo “libre” aplicado a “llama” (metáfora del origen divino) resulta ya casi epíteto, pues es innecesario, por eso realza la imagen de la libertad como un fuego eterno de origen celestial que ningún hombre puede arrebatar a otro. Cierra el poema con una invocación, justo como lo había comenzado, y con un adjetivo de naturaleza estética, “bella”, aplicado a libertad, igual que al principio se había calificado de “hermosa”. El poema resulta, pues, desde el punto de vista de su significación, circular, cerrado; es un modo de expresar la hermosura de la libertad, inherente e inalienable al hombre por el mero hecho de ser hijo de Dios.
 El análisis del poema nos confirma un serio proceso de reflexión antes de su composición y un constante trabajo lingüístico y poético de su construcción. La serie de apóstrofes, repeticiones, tanto sintácticas como semánticas y la importancia que adquieren los verbos en modo imperativo, retando a los represores, nos desvelan un intenso compromiso estético y ético. Y todo ello adquiere una significación más intensa si pensamos que el poema fue escrito en pleno franquismo.
6. Contextualización
Dámaso Alonso es un hondo y magnífico poeta, miembro de la Generación del 27. Su primer poemario, Poemas puros, poemillas de la ciudad (1924) se considera un ejemplo del influjo de Juan Ramón Jiménez y su concepto de “poesía pura” en la joven poesía española a partir de 1920. Otro título de gran transcendencia e influjo porque se considera que inició la poesía social de posguerra, también conocida como “poesía desarraigada” es Hijos de la ira (1944); su poesía adquiere un aire desgarrado y un tono de denuncia social bien visibles, bajo el influjo de la filosofía existencialista. Su último libro de poesía, Duda y amor sobre el Ser Supremo (1985) se mueve en la dirección de la preocupación religiosa, la comunicación con la Divinidad, etc.
Sus aportaciones como filólogo son de primera magnitud. Por ejemplo, su Estudios y ensayos  gongorinos (1955) resultaron decisivos para la reconsideración de Luis de Góngora como uno de los grandes poetas culteranos barrocos. Fundó y aclimató en España la corriente crítica de la Estilística, con su fundamental libro Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos (1950). Su profunda sensibilidad e inteligencia estéticas arrojaron luz y abrieron amplios senderos para el estudio de la obra literaria entendida como un artefacto único y singular que emplea el lenguaje de un modo y con una intención estética, alejado del uso ordinario. Como presidente de la Real Academia de la Lengua, Dámaso Alonso trabajó firmemente para mantener la unidad del español y crear una constante colaboración con el resto de las academias de la lengua del mundo hispano.
Su poesía es producto de la depuración, la esencialización y de una cierta idea estética sobre el empleo del lenguaje. La contención expresiva, sin embargo, no está reñida con la expresión de sentimientos e ideas de viva actualidad en su momento. En sus poemas aparecen imágenes de hondo impacto que inciden en emociones, situaciones o sentimientos que conmueven al lector, impelido a la reflexión serena bajo criterios estéticos y éticos de envergadura, donde la creencia en Dios (y la protesta contra Él) suele ser un elemento relevante.
7. Interpretación y valoración
El “Soneto sobre la libertad” es un hondo y bello poema en el que se exalta la libertad como algo hermoso, necesario e irrenunciable para una vida con sentido. Aunque la razón principal que aporta el poeta, su origen divino, hoy parezca menos importante, es fácil comprender que para Dámaso Alonso reviste gran relevancia. Es, precisamente, la razón por la que enfrentarse sin miedo contra los intolerantes o represores de la libertad del hombre. Para comprender bien el contexto del poema, recordemos que se publicó en pleno franquismo; este texto no pudo gustar a las autoridades políticas del momento, pues se trata de una inequívoca defensa de la libertad humana.
Las imágenes generadas muestran unos sentimientos vivos y unas creencias vivas del poeta en torno al asunto de la libertad. La composición es muy meditada, equilibrada y depurada. Se dice lo que se quiere decir con intensidad y sin expansión retoricista; antes al contrario, se puede percibir una contención y una tendencia a la concentración del significado. Este es uno de sus grandes valores, lo que hace que el soneto exhiba elegancia clasicista, reflexión honda y equilibrio expresivo; son, en efecto, los requisitos para considerarlo clásico.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Deducimos que el poeta se sentía libre al componer su poema? Aporta razones.
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético.
3) ¿A quién interpela el poeta a lo largo del poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la influencia de Dios en las ideas del poeta?
5) Cuando el poeta habla de “tormento” y “mordaza”, ¿a qué se refiere? Piensa en la época histórica española en que se compuso el poema.
6) En el poema aparece la imagen del volcán y del fuego. Explica su sentido y sus connotaciones.
7) ¿Quién actúa o hace cosas en el poema? Explica su importancia en su sentido global.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese la reivindicación de un valor, un sentimiento, una idea, un derecho civil, etc., que consideres amenazado.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre los enemigos de la libertad y el poeta.
3) Realiza una exposición sobre Dámaso Alonso, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes o fenómenos naturales (como el volcán) que sirvan de símbolo metáfora de valores o creencias, siguiendo el ejemplo de Dámaso Alonso.
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Pedro Salinas: “El poema”; análisis y propuesta didáctica

PEDRO SALINAS – “EL POEMA” 
EL POEMA 
Y ahora, aquí está frente a mí.       1
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno        5
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos, los del principio,
de este final asombrados.              10
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,                 15
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.       20
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso          25    
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro. 
                                         Pedro Salinas, de Mucho más claro (Buenos Aires, 1949) 

 

1. ANÁLISIS 
Pedro Salinas (Madrid, 1891 – Boston, Massachusetts, EEUU, 1951) es uno de los poetas más reconocidos de la ya de por sí prestigiosa Generación del 27. Profesor y literato, combinó en su vida la actividad docente, la investigadora y la creadora con excelentes resultados. La guerra civil española lo obligó a un exilio doloroso del que ya no regresó, pues su vida acabó antes que la del régimen franquista. 
 
1. Resumen 
Este poema es una celebración del poema felizmente realizado. El yo poético expresa su satisfacción porque el resultado final del poema compuesto es luminoso, auténtico y significativo. En los cuatro primeros versos confiesa que el proceso de creación ha sido una ardua y laboriosa tarea no exenta de frustraciones (“lucha, afanes, bordes de fracaso”), pero todo eso se olvida ante el éxito final. ¿Y qué contiene el poema? El mundo entero, el hombre, su afán de belleza, su búsqueda de la felicidad y la necesidad de la alegría (“el mundo, la rosa, la piedra, el pájaro”). Todos ellos también están asombrados por el resultado esclarecedor final; cuando parecía que no se podía limar más, aún fue posible perfeccionar el poema. Las palabras y los objetos o emociones nombrados adquieren nueva vida y sentido gracias a su incorporación al poema, que ilumina incluso en condiciones adversas el mundo humano. El resultado final también parece sencillo y transparente, como un milagro; los desvelos previos quedan olvidados. Los últimos versos afirman rotundamente que “todo”, gracias a la belleza poética, resulta luminoso y bello en sí mismo, independientemente de la luz exterior que lo pueda iluminar, sea de día o de noche.   
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar como la afirmación gozosa y jubilosa del triunfo del poema bien hecho. Las palabras perfectamente engarzadas iluminan los objetos y los sentimientos, es decir, el hombre y su entorno. El poema, difícil de realizar, muchas veces a punto de despeñarse, al fin emerge como una luz que aporta belleza y sentido al hombre y a los objetos. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos claramente delimitados conforme se va modulando el contenido. Los explicitamos: 
-El primer apartado (vv. 1-6) presenta el asunto nuclear, la composición del poema perfecto. Esta búsqueda no está exenta de momentos de frustración y desesperación ante las dificultades creativas. 
-El segundo apartado (vv. 7-12) enuncia el triunfo del poema, que permanece. En él se recoge el mundo referencial aludido, mundo, rosa piedra y pájaro; todo lo importante de la vida del hombre, lo consistente y lo delicado, lo bello y lo ordinario, tienen cabida en el poema. La exclamación que cierra esta sección expresa el asombro por la luminosidad que aportan esos elementos cuando forman parte del poema. 
-El tercer apartado (vv. 13-22) expresa el efecto de luz, transparencia y diafanidad que ni siquiera hay noche para ellos. La exclamación que cierra la sección, como en la anterior, insiste en la naturalidad y sencillez con que aparecen los elementos iluminados por la fuerza poética.  
-El cuarto y último apartado (vv. 23-27) es una conclusión breve y comprimida del contenido anteriormente expuesto: “todo está mucho más claro”, desde los sentimientos a los objetos, desde el día a la noche. 
 
4. Métrica, rima y estrofa 
La gran mayoría de los versos son octosílabos, excepto el 24, que ebisílabo. Se aprecia una rima regular identificable con el romance (riman en asonante –solo coinciden las vocales tras la última de estas con acento– los versos pares, quedando los impares libres); la rima es en á-oExiste una excepción; es la formada por los versos 22-24. Ahí se pierde la asonancia perfectamente mantenida y surge otra en ó-o. Además, el verso 24, solo bisílabo, está formado por la palabra “todo”; adquiere mucha relevancia significativa; está significando que nada del mundo escapa a la belleza luminosa del poema. 
 
5. Aspectos estilísticos 
En un poema no excesivamente extenso (27 versos octosílabos, excepto un bisílabo) se condensa una considerable significación poética. Los recursos centrales del poema son la metáfora, referida al efecto luminoso que crea la construcción del poema, y la elipsis, con su correlato del circunloquio, empleada para elidir y, al tiempo, potenciar el significado de la palabra “poema”. Sólo aparece una vez, en el verso 23; sin embargo, el lector va intuyendo que todo gira en torno a ese término porque el título (“El poema”) da pistas suficientes y claras en esa dirección. La otra metáfora central es la “luz” (v. 13) –acompañado el vocablo por una buena cantidad de sinónimos–, referida a la pureza y belleza creada y transmitida por el poema. 
En el primer verso se presenta abruptamente un marco espacio temporal: ahora y aquí; también un sujeto y un objeto: el yo poético y algo que, de momento, ignoramos, pero intuimos, el papel con el poema. De este modo, el lector se ve inmerso en una situación inesperada y sorprendente, pero muy atractiva: el yo poético lucha contra la derrota en la composición de un poema. “Luchas”, “afanes” y “borde del fracaso” son vocablos y expresiones que declaran llanamente el intenso esfuerzo literario de ese yo poético. Pero todo acaba bien; los temores “ya son nada, se olvidaron” (v. 6). Dos verbos en el mismo verso con significación sinónima refuerzan la idea de que todo terminó bien. Y el resultado final se anuncia con una bella metáfora sinestésica: “esplendor sereno” (v. 5); se refiere al poema, que brilla con su belleza. 
El poema permanece; dentro de él se condensan “el mundo, la rosa, la piedra, el pájaro” (vv. 7-8). Son cuatro metáforas metonímicas que aluden, sucesivamente, a la totalidad de las cosas, a la belleza visual, a los rudos y auténticos elementos del mundo y a la belleza cantora. A continuación, se personifican y se muestran “asombrados” (v. 10) de que su final sea tan bello y perfecto. Esta transformación se ve enfatizada con la antítesis establecida entre “principio” y “final” (vv. 9 y 10). Como que todo adquiere vida consciente cuando encuentran su lugar en el poema. 
Los versos 11-12 contienen una exclamación retórica paradójica en sí misma: cuando todo parecía que no podía ser más claro, aún se hace más, por el milagro de la poesía. De nuevo dos metáforas creadas con “luz” y “rayos” (vv. 13 y 14), hiperbolizadas al declarar que ni el sol puede competir, ni hay noche para ellos, dan idea de la belleza luminosa y perenne que todos los elementos han adquirido dentro del poema. El símil comparando la luz poética, que “luce más que la de mayo” (v. 18) insiste en la idea de bella claridad que emana del poema. “A más transparencia alzados” (v. 20) es una metáfora personificada que insiste en la pureza e introduce una nota de movimiento hasta ahora no vista; ha habido como una elevación de esos componentes poemáticos, hacia la pureza y la transcendencia.  
Todo el artefacto creado está dominado por la naturalidad y la sencillez, por lo que se puede equiparar a un “milagro” (v. 22); es una metáfora entreverada de paradoja, dentro de una exclamación retórica. El efecto de adensamiento del contenido es muy llamativo y expresivo. Los cuatro últimos versos, de tono conclusivo, forman una sola oración cuyo sujeto es “todo” (única palabra que forma el verso 23, repetida otra vez en la posición inicial del último verso, el 27); lo que le ocurre es que, gracias al milagro del poema, “está mucho más claro” (v. 27), esto es, adquiere un sentido luminoso y transcendente del que carecía en su estado natural. Ese “todo” incluye acciones y emociones humanas, expresadas en la metonimia de “el más nocturno beso” (v. 25) y también situaciones naturales, como el brillo del sol a mediodía, recogido en la de “cenital esplendor” (v. 26). Entre estos dos elementos se establece una antítesis muy llamativa, aludiendo a la oscuridad y a la luz, justamente para declarar que la luz vence a las tinieblas en la realidad del poema. Por cierto, la palabra “poema” se ve ocultada hasta nada menos que el verso 23; hasta ahí, la suspensión de significado ha ido creando una intriga muy inteligente que contribuyen a espolear la atención lectora. 
Como vemos, este texto posee una meditada y bella construcción que celebra la belleza luminosa del poema bien hecho. En este sentido, el texto funciona como una oda, pues se canta en tono optimista las cualidades del texto poético. Existe un cuádruple juego de yo poético / poema, fracaso / éxito, luz / obscuridad, normalidad / elevación. Al fin, la “luz del poema” (v. 23) triunfa con su naturalidad y sencillez y aporta belleza, sentido y esperanza a “todo”, pues “todo está mucho más claro” (v. 27). “Luz” (v. 13), metáfora de belleza, sentido y plenitud, es lo que desprende el poema; el yo poético lo celebra y nos invita a esa celebración. El juego metapoético es muy bello e intenso: reflexiona sobre lo que es un poema y lo hace reflexionando. Este texto es, sencillamente, asombroso por su originalidad, autencidad y logro literario. 
 
6. Contextualización 
Pedro Salinas es un estupendo poeta, miembro de la Generación del 27. Como el resto de los integrantes, pasó por una poesía inicial de tanteos, pronto bajo el magisterio de Juan Ramón Jiménez. Desde la guerra civil, su poesía se torna más reconcentrada, intensa, dolorida y dramática. La pérdida de sus raíces culturales y la vivencia continuada y sin solución de continuidad en tierras y ámbitos culturales muy distintos al español influyeron en su creación poética. 
A Salinas se le ha llamado el “poeta del amor” porque, en efecto, este suele ser un motivo recurrente y principal en su poesía. Como no podía ser de otra manera, lo vive y lo expresa poéticamente, digamos que al modo becqueriano: descubrimiento y exaltación del amor pleno y dichoso; le sigue una etapa de dudas y miedos; seguida por otra que certifica su fin definitivo, con las correspondientes dosis de amargura. Este poema se inscribe en la fase de madurez creativa. Su sentido metapoético se atempera con la expresión emocional por haber logrado expresar “todo” con autenticidad, belleza y claridad. Si nos fijamos bien, el poema resulta ser casi un manifiesto de su concepción poética: indagación intensa e incansable para acceder a la totalidad y a la luz del conocimiento poético. Logrado con esfuerzo, fracasos parciales y satisfacción final. 
Salinas domina prodigiosamente la lengua española y las técnicas poéticas. Sus poemas poseen una original y rara plasticidad que aportan frescura, sorpresa lectora y una grata sensación de autenticidad expresiva. El poeta dice lo que siente, unido a un cuidadoso y comedido empleo de los procedimientos expresivos. En este texto reflexivo metapoético expresa con enorme belleza y emoción contenida la satisfacción y el triunfo del poema sobre la normalidad cotidiana.  
 
7. Interpretación y valoración 
“El poema” es un hermoso artefacto literario que se centra en la comunicación alegre y casi exaltada (las exclamaciones retóricas van en esa dirección) de la luz, metáfora de la perfección que transmite el poema realizado. A través de elipsis y circunloquios, el poeta comunica su hallazgo, el poema bien hecho: este ilumina la vida, la existencia y el mundo entero. 
Este texto poético es casi una oda, es decir, una celebración del poema como un artefacto estético, producto de la inteligencia literaria, la reflexión y la emoción, que brilla y asombra con su sencillez perfecta, su naturalidad elaborada. 
El poema transmite autenticidad, belleza y originalidad. El poeta celebra con emoción contenida y satisfacción completa la realización de un poema auténtico; lo hace con una expresión poética vibrante y fresca. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Hay un momento en que el yo poético vio en peligro la escritura de su poema? ¿Dónde? ¿Por qué 
2) Indica los componentes propios de un poema, a los que el poeta alude en los versos 7-8 
3) El poeta emplea “claros” y “aclararlos” (vv. 11 y 12). ¿Cómo se denomina ese recurso estilístico? ¿Qué quiere expresar con ello 
4) ¿Por qué es un texto metapoético 
5) ¿En qué persona gramatical aparecen conjugados la mayoría de los verbos? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?  
6) En el poema se evidencia la alegría por la composición del poema. Recopila los procedimientos lingüísticos que emplea el poeta para manifestarla.  
7) Explica el sentido del verso: “Y ahora, aquí está frente a mí” (v1). ¿A quién se refiere? ¿Qué emociones expresa el yo poético: positivas o negativas? ¿Por qué? 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese la satisfacción por haber realizado una tarea o actividad, física o mental, tras un largo y arduo esfuerzo. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre Pedro Salinas y el poema 
3) Realiza una exposición sobre Pedro Salinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes o textos que muestren el estado de satisfacción por la obra bien hecha, como Pedro Salinas ha realizado en su poema. 
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Pedro Salinas: “El contemplado”; análisis y propuesta didáctica

PEDRO SALINAS – “EL CONTEMPLADO”
EL CONTEMPLADO
De mirarte tanto y tanto,                             1
de horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, pasmo a pasmo,                  5
te he dado nombre; los ojos
te lo encontraron, mirándote.
Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados                           10
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.                             15
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día                                                  20
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado!
                                                Pedro Salinas, de El contemplado, 1946

 

1. ANÁLISIS
Pedro Salinas (Madrid, 1891 – Boston, Massachusetts, EEUU, 1951) es uno de los poetas más reconocidos de la ya de por sí prestigiosa Generación del 27. Profesor y creador, combinó en su vida la actividad docente, la investigadora y la creadora con excelentes resultados. La guerra civil española lo obligó a un exilio doloroso del que ya no regresó, pues su vida acabó antes que la del régimen franquista.
1. Resumen
El poema está dirigido a algo o a alguien por la que el yo poético muestra una profunda admiración. Este ha mirado y observado ese paisaje durante muchos días y circunstancias, extasiado y rendido. Pero al mismo tiempo muestra perplejidad porque no encontraba la palabra exacta para comprender y acotar su estado de ánimo. Sin embargo, paulatinamente, fue surgiendo la palabra, como fruta que madura, ese nombre, que se posó en los labios del yo poético. Este se asombra al descubrir que justo ese vocablo era el exacto e inevitable porque recogía en toda su extensión e intensión sus sentimientos. El vocablo es, el “contemplado”, mirado por él sin cesar desde el momento en que vio a la persona contemplada por primera vez. Recoge el término la emoción vibrante e incesante del yo poético, es decir, el amor incondicional, que siente por ese paisaje, que es el mar, pues aparecen elementos metonímicos como “caracol”, “horizonte” y “arena”.
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar como la búsqueda exitosa, por parte del sujeto poético, de un vocablo que recoja la emoción intensa que el yo poético siente por un paisaje marino. El hallazgo del mismo le provoca alegría sin límites y refuerza su sentimiento de dicha.
3. Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos claramente delimitados conforme se va modulando el contenido. Los explicitamos:
-El primer apartado (vv. 1-7) presenta el asunto nuclear, que es la búsqueda de un nombre para el elemento observado, que es el mar (se alude a él por las metonimias creadas con “horizonte” y “arena” y “caracol”, vv. 2 y 4); el poeta desea expresar su emoción intensa. Ya anuncia el desenlace feliz, pues ha dado con él, aunque no lo escribe.
-El segundo apartado (vv. 8-15) narra cómo, por las noches, buscaba, dormido y despierto, el vocablo justo. Y de repente, se le vino a su boca sin buscarlo. No sale de su estupefacción por haber tardado tanto y por lo natural y apropiado del término.
-El tercer apartado (vv. 16-22) expresa con viveza el alborozo que siente por haber dado con la palabra, por otro lado, inevitable, necesaria y lógica: “el contemplado”. Se siente dichoso porque recoge con precisión su actividad contemplativa hacia el paisaje marino.
4. Métrica, rima y estrofa
La gran mayoría de los versos son octosílabos, excepto el 3, 8, 20 y 24, que son tetrasílabos. No se aprecia una rima regular identificable con una estrofa clásica. Es cierto que se percibe cierta asonancia en a-a y en a-o en algunas secciones, por ejemplo, vv. 1-5. Bajo una perspectiva global, estamos ante un poema en verso libre.
5. Aspectos estilísticos
En un poema no excesivamente extenso (24 versos octosílabos o menos) se condensa una considerable significación poética. El yo poético desea dar a conocer que por fin ha dado con el término que mejor la define: el contemplado. Se emplea esta voz dos veces en los dos últimos versos, en una oración exclamativa, a modo de epifonema. En la segunda ocasión, se escribe con mayúscula, dotando al vocablo de identidad propia, individualizada.
En el verso 1 observamos una repetición retórica (“tanto y tanto”) que expresa cómo el yo poético ha mirado repetidamente ese paisaje, de un lado a otro.  “Del horizonte a la arena” (v. 2) resulta hiperbólico y enfatiza bien que esa mirada abarcaba toda la extensión; metonímicamente, descubrimos que se refiere al mar. El paralelismo (“del… al…”) de los versos 2-3 y 4 insiste en la redundancia de la mirada, originada en la admiración más o menos amorosa, intuimos nosotros, que siente por lo observado. Otro paralelismo contenido en el verso 5 expresa el asombro admirativo que le provoca. Y al fin ha aparecido el nombre, pero se elide, para crear tensión poética.
Identifica su mirada con un ser vegetal que “maduró” (v. 11). El vocablo hallado se personifica (“descendió a los labios”, v. 13) y nos lo acota con una sinestesia con símil muy hermoso y expresivo: “este nombre tan redondo” (v. 12). Sin embargo, continúa la elipsis del nombre; a través de las perífrasis comentadas conocemos sus características, pero ignoramos el vocablo.
La repetición en quiasmo de “dicen” (vv. 14-15), que surge de unos “labios” (v. 13) “asombrados” (v. 14) crea tensión verbal y expectativa poética. La metonimia de “labios” aporta una connotación  sensitiva.  A continuación, comienza un paralelismo, unido a anáfora y exclamación retórica (“¡Si era…”); juntos, transmiten el alborozo del yo poético al descubrir la palabra exacta. Una paradoja y una sinestesia amplifican la connotación de dicha (“¡Si antes de la voz, ya estaba / en el silencio tan claro!”, vv. 17-18). La última oración ocupa los cinco últimos versos. Su longitud delata la fuerza significativa y la intención del sujeto poético por expresar esa palabra clave, casi taumatúrgica, pues lo libera de su angustia. La voz es “contemplado”, repetida dos veces en los dos versos finales, lo que la dota de gran intensidad connotativa.
Dos notas circunstanciales, que ya conocíamos, precisan ese vocablo: es producto de la admiración contemplativa del yo poético “desde el día / que mis ojos te estrenaron” (vv. 20-21); con estas metonimia y metáfora indica su ensimismamiento muy desde el origen. El adjetivo que acompaña a la última aparición de contemplado, “constante”, vuelve a insistir en su reiteración contemplativa (que coincide con el “tanto y tanto” del primer verso). En esta última aparición el sustantivo aparece con mayúscula, “Contemplado”, señal inequívoca, como ya dijimos, de su singularidad, su identidad plena y sensitiva, no como una imagen mental. El epifonema final, muy largo, transmite vivamente la emoción del yo poético por encontrar el nombre exacto de su mirada acuciante, repetida y admirativa.
Los verbos de los versos 1 al 11 están en tiempos pasados: narra su afán contemplativo y su deseo de encontrar la voz exacta. Del verso 12 hasta el final los verbos están en presente: indican muy bien la emoción, una vez producido el hallazgo, de haber dado con la voz exacta: “el Contemplado”. Fijémonos que el poema habla de las emociones del sujeto poético, de sus acciones y sentimientos, de su perplejidad inicial y su dicha final. El paisaje contemplado apenas ocupa espacio significativo. El asunto medular del poema es el hallazgo de la palabra exacta y significativa por parte del enamorado para expresar su emoción, hasta ahora amordazada, acaso algo frustrada.
6. Contextualización
Pedro Salinas es un estupendo poeta, miembro de la Generación del 27. Como el resto de los integrantes, pasó por una poesía inicial de tanteos, pronto bajo el magisterio de Juan Ramón Jiménez. Desde la guerra civil, su poesía se torna más reconcentrada, intensa, dolorida y dramática. La pérdida de sus raíces culturales y la vivencia continuada y sin solución de continuidad en tierras y ámbitos culturales muy distintos al español influyeron en su creación poética.
A Salinas se le ha llamado el “poeta del amor” porque, en efecto, este suele ser un motivo recurrente y principal en su poesía. Como no podía ser de otra manera, lo vive y lo expresa poéticamente, digamos que al modo becqueriano: descubrimiento y exaltación del amor pleno y dichoso; le sigue una etapa de dudas y miedos; seguida por otra que certifica su fin definitivo, con las correspondientes dosis de amargura. Este poema se inscribe en la fase de madurez poética. Salinas recrea el efecto de los objetos y paisajes en su observación. No le importa tanto las características de aquel, cuanto cómo los integra y siente.
Salinas domina prodigiosamente la lengua española y las técnicas poéticas. Sus poemas poseen una original y rara plasticidad que aportan frescura, sorpresa lectora y una grata sensación de autenticidad expresiva. El poeta dice lo que siente, unido a un cuidadoso y comedido empleo de los procedimientos expresivos.
7. Interpretación y valoración
“El contemplado” es un hermoso poema que se centra en el acto de la mirada serena e intensa sobre un paisaje admirado, el mar, en concreto, el Mar de Puerto Rico. A través de elipsis y circunloquios, el poeta dilata su hallazgo, que es el de la palabra exacta para nombrar la naturaleza marina. Ello crea una fuerte tensión poética, análoga a la que sintió el yo poético en la búsqueda de esa palabra precisa. Su hallazgo, aparentemente casual, tras un largo y extenso proceso de búsqueda desemboca en la exclamación luminosa de la palabra: “Contemplado”.
El poema presenta una antítesis de fondo entre el yo poético, activo e indagador, y el paisaje contemplado, pasivo y como ajeno a las pesquisas del sujeto. Las exclamaciones paralelísticas y anafóricas, empleando una expresión coloquial (“Si tú has sido…”) contienen una expresividad intensa y original.
El poema transmite autenticidad, belleza y originalidad. Un acto tan aparentemente cotidiano como el de hallar una palabra exacta para nombrar algo próximo, pero que encierra un misterio, se transmuta en una expresión poética vibrante y fresca.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Cuál es la actividad más importante del yo poético y qué significa en el conjunto del poema?
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético, ejemplificándolos.
3) ¿Qué importancia poética posee los ojos en el poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia del paisaje marítimo?
5) ¿En qué persona gramatical aparecen conjugados la mayoría de los verbos? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?
6) En el poema se evidencia la alegría por encontrar la palabra exacta para nombrar al objeto mirado: explica qué procedimientos lingüísticos emplea el poeta para manifestarla.
7) Explica el sentido de los versos: “desde el día / que mis ojos te estrenaron” (vv. 20-21).
2.3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese el gozo por encontrar la palabra exacta que nombre algo de no fácil definición.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre Pedro Salinas y el mar.
3) Realiza una exposición sobre Pedro Salinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes o textos de objetos raros, reales o imaginarios, para contemplarlos y para los que necesitamos un nombre.
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Laura Gallego: exhaustiva presentación y estudio de su obra en la revista “Platero”; (N.º 219, enero-febrero de 2019)

La importante e influyente revista Platero, editada desde Oviedo por un entusiasta y competente grupo de maestros y profesores implicados en la difusión de la literatura infantil y juvenil, dedica el último número a la escritora valenciana Laura Gallego. La breve monografía ha corrido a cargo de quien escribe estas páginas.

Se presenta toda la producción de nuestra insigne escritora, ordenada por tipología textual y cronología, hasta el día de hoy. Se abre el estudio con una exposición de los contenidos, de modo contextualizado, para que resulte más cómodo familiarizarse con los temas y los argumentos de sus libros. A continuación se abordan los temas de las novelas, indagando en su relevancia lectora. Sigue un bosquejo de la tipología de los personajes, atractivos, originales y sugestivos. Se cierra el estudio con un acercamiento al estilo literario de nuestra novelista: fresco, intenso, elaborado y transparente. Todo lector, infantil, juvenil y adulto, puede sumergirse en sus bellas novelas seguro de disfrutar de una experiencia lectora agradable y estéticamente gratificante.

Laura Gallego es, hoy, seguramente, la escritora más destacada de literatura fantástica en lengua española. Su fuerza imaginativa, su habilidad para tejer argumentos densos, reflexivos y connotativos, junto con su asombrosa facilidad para crear mundos distintos, y originales al nuestro cotidiano son muy destacables. La calidad literaria de sus novelas nos zambullen en mundos diversos, tan ásperos como el nuestro, pero también tan luminosos y tiernos como puede ser nuestra Tierra.

Desde aquí animamos a los lectores a acercarse a la revista “Platero” y a los libros de Laura Gallego. El lector exigente no saldrá defraudado de la experiencia lectora, llena de fantasía, emoción, intriga y reflexión.

 

Revista del mes

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Vicente Aleixandre: “El escuchador”; análisis y propuesta didáctica

VICENTE ALEIXANDRE – EL ESCUCHADOR 
 El escuchador 
 
Mueve el viento.    1 
Mueve el velo 
quedo. 
  
Mueve el aire. 
Mueve el arce.      5 
Vase. 
  
Luz sin habla. 
Voz callada. 
Clara. 
Sombra justa.      10 
Suena muda. 
Luna. 
Y él la escucha. 
                                           Vicente Aleixandre, de Retratos con nombre (1965) 

 

1. ANÁLISIS 
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 – Madrid, 1984) es uno de los poetas que forman la Generación del 27. Su poesía evolucionó de una fase de juanrramoniana, depurada, a otra dominada por los postulados surrealistas; después de la guerra civil pasa por una etapa social o antropocéntrica, para desembocar en un período de poesía de madurez final; el poema que comentamos procede de un título de la fase de posguerra. 
 
1. Resumen 
Este poema ofrece una clave interpretativa exacta en el título: “El escuchador”. El yo poético escucha o capta su entorno. Percibe cuatro elementos naturales: el viento, el aire, la luz, la sombra y la luna. De cada uno de estos elementos se ofrece una cualidad, o un estado. El viento mueve silenciosamente la aparente cortina (“velo”) que impide la visión clara. El aire, acaso identificable con el viento, menea un arce. Hay una luz, aparentemente nocturna y silenciosa, que aporta claridad; procede de la luna. Por eso mismo existe una sombra, exacta y como vibrante. En la última estrofa, comprendemos que hay un “él”, tal vez el yo poético, tal vez otra persona, que escucha, metonimia de observa o percibe, todas las acciones de los objetos antes enumerados.   
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar como la expresión de la percepción sensitiva de elementos naturales aparentemente inertes, pero portadores de mensajes. Estamos ante una fotografía como en tres dimensiones de un momento de percepción atenta por parte de una persona.  
3. Apartados temáticos 
El poema presenta cinco secciones de contenido, correspondientes a las cinco estofas. 
-En la primera estrofa (vv. 1-3) se presenta el primer componente observado: el viento; la acción que realiza es mover un velo sigilosamente. 
-En la segunda estrofa (vv. 4-6) se introduce el aire, que mueve un árbol, el arce; luego, se va. 
-En la tercera estrofa (vv. 7-9) se incorpora la luz, que expresa mensajes callada y nítidamente; el movimiento se ha sustituido por la claridad. 
-En la cuarta estrofa (vv. 10-12) aparece la sombra, correlato de la luz; como esta, se expresa calladamente. Conocemos que la fuente de luz es la luna, luego estamos en un ambiente nocturno. 
-La quinta y última estrofa (v. 13), formada por un solo verso, introduce al escuchante, presentado por el pronombre “él”. Acaso se puede identificar con el yo poético o con otra persona ajena. 
4. Aspectos métricos, rima y estrofa 
El poema está formado por versos tetrasílabos, excepto el último de cada estrofa, que es bisílabo. Estamos ante un poema en arte menor, de versos muy cortos (4-4-2-, repetido cuatro veces, más el verso final, que forma estrofa por sí mismo). La rima es muy peculiar: los tetrasílabos forman un pareado, y el bisílabo final de cada estrofa también rima con el anterior, de modo que cada estrofa es monorrima. Como se ve, está a medio camino entre el pareado y la tercerilla. Esta combinación es muy eufónica y dota al poema entero de un ritmo musical alegre y vivaz. 
 
5. Comentario estilístico 
El recurso central del poema es la personificación o prosopopeya, junto con la metáfora. Crean imágenes casi yuxtapuestas, que se suceden sin solución de continuidad. Los recursos de repetición (paralelismos, repetición y anáfora) también abundan, contribuyendo al rimo musical. La primera imagen alude al viento, que mueve un “velo” en silencio (“quedo” puede referirse también al verbo “quedar” conjugado en primera persona, referido, entonces, al yo poético, que se mantiene allí, estático). Comienza a crearse una atmósfera de misterio y suspensión. La segunda estrofa gira en torno al “aire”, que mueve un árbol, el arce, y se va. La antítesis respecto de “quedo” crea un choque de significado original y sorprendente. En la tercera estrofa se mezcla la sensación visual con la auditiva. “Luz sin habla” (v. 7) así lo enuncia. Sigue una paradoja que insiste en el silencio elocuente: “voz callada” (v. 8), que además es “clara”.  
La cuarta estrofa también mezcla percepciones visuales con auditivas, en un juego de sinestesias y paradojas muy expresivo. La sombra es “justa” (v. 10), y “suena muda” (v. 11). Se aclara en el bisílabo final de esta estrofa el origen de este juego de luces y sombras, de voces y silencios: la luna. El último verso “Y él la escucha” (v. 11) es bastante enigmático, pues el pronombre personal carece de referencia previa; ¿es el yo poético? ¿Acaso alude a otra persona misteriosa, sujeto observante? No lo sabemos. El conjunto del poema crea un ámbito de misterio paradójico: se habla sin emitir sonidos, se comunican sin intercambiar mensajes, las cosas se mueven permaneciendo siempre en su sitio, etc. 
Otro recurso muy llamativo por su abundancia en el poema es la elipsis: se eliden o suprimen partes de la oración (sustantivos, verbos, complementos, etc.), comprimiendo la significación hasta el límite. Por eso las palabras presentes en el poema significan más de lo que se podía prever. Se genera así una atmósfera de densidad, de presencia secreta de elementos y acciones que no se perciben, pero están. 
 
6. Contextualización 
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 – Madrid, 1984) es un poeta que forma parte de la Generación del 27. Presenta una trayectoria poética típica del grupo: etapa de poesía pura, seguida de otra surrealista, a continuación otra de poesía más existencial y social y, finalmente, un período de madurez final más personal e intimista. 
Su poesía se centra en la persona y sus vivencias: el amor, la entrega, la soledad, la contemplación de aspectos naturales y el sentido de la existencia del hombre. Las imágenes de Aleixandre tienden a la concreción sensitiva, muchas veces corporal. Son como asedios a la necesidad de amar y de compartir experiencias de la vida. Su tendencia al verso libre y a la creación de imágenes sorprendentes, extraídas del subconsciente más profundo son dos notas caracterizadoras de su poesía. 
 
7. Interpretación y valoración 
“El escuchador” es un poema muy hermoso porque en su extraordinaria brevedad se recoge mucho significado. El yo poético observa a un observador (que puede que sea él mismo). No sabemos si es un paisaje natural, una estancia cerrada, etc., aunque la presencia del velo nos inclina a pensar en la segunda opción, aunque pronto desmentida por un arce, árbol de buen porte.  
El poema resulta un tanto enigmático en sí mismo. Conciso y apretado en su cara semántica, expresa el producto de una observación muy sensitiva, centrada en la vista y en el oído. La presencia de la luna y las constantes paradojas crean un ámbito de misterio solo entrevisto, de enigmas que esperarn otra observación acaso más acuciosa.  
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA  
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Quién es el sujeto observante en este poema?  
2) Recoge los elementos naturales del poema y explica qué connotan.  
3) ¿Cuántos verbos se emplean en el poema? ¿Pasan muchas cosas en él?  
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la presencia de las sombras que encubren la auténtica realidad de las cosas?  
5) Las abundantes paradojas, ¿qué nos quieren decir sobre las cosas del mundo, que todo es claro y entendible o lo contario?  
6) Todos los objetos que se nombran son propios de la vida cotidiana o de la naturaleza, excepto uno, referido a un astro. Localízalo e indica su significado connotativo. 
7) Explica el sentido del último verso “Y él la escucha” (v. 13). 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa o verso que exprese el producto de una observación; intenta utilizar paradojas como las del poema. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el poeta y el observador.  
3) Realiza una exposición sobre Vicente Aleixandre, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de actos de observación y desliza misterios o paradojas sin explicarlos del todo, siguiendo el ejemplo de Vicente Aleixandre. 
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Vicente Aleixandre: “El olvido”; análisis y propuesta didáctica

VICENTE ALEIXANDRE – “El olvido” 
El olvido 
 
No es tu final como una copa vana                             1 
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere. 
  
 Por eso lentamente levantas en tu mano 
un brillo o su mención, y arden tus dedos, 
como una nieve súbita.                                                   5 
Está y no estuvo, pero estuvo y calla. 
El frío quema y en tus ojos nace 
su memoria. Recordar es obsceno, 
peor: es triste. Olvidar es morir. 
  
 Con dignidad murió. Su sombra cruza.                    10 
 
                                                       Vicente Aleixandre, de Poemas de la consumación (1968) 

 

1. ANÁLISIS 
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 – Madrid, 1984) es uno de los poetas que forman la Generación del 27. Su poesía evolucionó de una fase de juanrramoniana, depurada, a otra dominada por los postulados surrealistas; después de la guerra civil pasa por una etapa social o antropocéntrica, para desembocar en un período de poesía de madurez final; se abre precisamente con el libro del que procede el poema que comentamos. 
1. Resumen 
El poema es una reflexión sobre el olvido, palabra con la que se titula el texto. El yo poético se dirige a un interlocutor misterioso, tal vez otra persona que lo ha olvidado a él, tal vez él mismo, que ha olvidado a otro; tal vez se refiera al propio olvido, con quien entabla un diálogo unidireccional; no existen datos para precisar más sobre la figura del interlocutor. En la primera estrofa señala que el olvido no es un acto rápido y drástico, consumado y pasado. En la segunda estrofa acota lo que significa el olvido: melancolía dolorosa (“arden los dedos” cuando aún la imagen es presente); y es pasado irrevocable. El propio acto de recordar lo encuentra impúdico y triste. Sin embargo, el olvido implica la muerte definitiva. Por eso en la última estrofa, compuesta por un solo verso, enuncia que alguien o algo murió dignamente. El cierre es enigmático y confuso. “Una sombra cruza” (¿de quién, es la del olvido, la del sujeto que olvida, la del yo poético?). Acaso desee expresar que el olvido no es definitivo, pues algo queda moviéndose o viviendo entre los demás. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar como una reflexión sobre el olvido, acto inevitable que representa la muerte definitiva, aunque con dudas de que realmente pase así. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres secciones de contenido, correspondientes a las tres estofas. 
-En la primera estrofa (vv. 1-2) acota por vía negativa lo que no es el olvido: un acto radical, drástico y definitivo, como podría ser “una copa vana / que hay que apurar”. 
-En la segunda estrofa (vv. 3-9) recrea lo que podría ser el olvido: un momento doloroso, no exento de nobleza. Olvidar, sin embargo, activa la memoria, que cae en contradicciones aparentemente irresolubles (recordar es impúdico, pero olvidar es morir). 
-En la tercera estrofa (v. 10) se presenta el efecto del olvido: muerte noble de quien olvida, o de lo olvidado, aunque de algún modo sigue vivo, pues su sombra “cruza” en algún tipo de mundo. 
 
4. Aspectos métricos, rima y estrofa 
La medida de los versos es irregular; excepto el verso 5, que es eneasílabo, todos los demás son endecasílabos o superiores. Los versos de arte mayor predominan claramente; incluso adquieren cierto aire de versículo, pues son largo, ofrecen al menos una oración completa y tienen sentido en sí mismos. No existe una rima regular, aunque predomina las asonancias finales de vocales abiertas o semiabiertas (a, e y o). Estamos, pues, ante un poema en verso libre, propio de la poesía contemporánea. 
 
5. Comentario estilístico 
El poema ofrece imágenes ambiguas, confusas y no siempre de fácil referencia a objetos o experiencias reales. Estamos, en este sentido, ante un texto con reminiscencias surrealistas; la ruptura de la lógica normal crea sensaciones, pero pocas certezas. Los dos primeros versos se nuclean en torno a un símil (“como una copa vana”). Como la oración es negativa, deducimos que el olvido es lento y doloroso. Como no sabemos quién es el sujeto de “Arroja el casco, y muere”, solo podemos realizar una aproximación: acaso el individuo, o el yo poético, que intenta olvidar.  
En la segunda estrofa predominan las antítesis y las paradojas sobre el fenómeno del olvido. Este es un acto ritual, meditado; al olvidar, “arden tus dedos, / como una nieve súbita” (vv. 4-5). Se trata de un acto doloroso y difícil que deja cicatrices en el individuo. El olvido provoca paradojas temporales: “Está y no estuvo, pero estuvo y calla” (v. 6); lo que está acaso sea el hueco o la ausencia que deja el olvido, que apenas se percibe porque no se manifiesta (“calla”). Sigue otra paradoja intensa que insiste en los efectos agridulces del olvido: “El frío quema y en tus ojos nace / su memoria” (vv. 7-8). Intentar olvidar produce una alteración emocional desestabilizante. Además, parece que lo que se trata de olvidar se fija en la memoria vivamente.  
Para el yo poético, recordar es algo impúdico y triste, por lo que mejor renunciar a ello. Pero acto seguido consigna otra paradoja: “Olvidar es morir” (v. 9). Ahí apreciamos una serie de paralelismos, elipsis y repeticiones que aumentan la viveza de la paradoja. Entonces, ¿es mejor quedar con los recuerdos? La respuesta es confusa y ambigua, y se ofrece en el último verso. Parece que el sujeto olvida, de ahí que haya muerto, pero su sombra, o la sombra de lo olvidado, cruza por algún lugar, de modo que no ha muerto del todo. He aquí otra paradoja final que refuerza la idea de que el olvido, aunque sea deseable, puede ser peligroso e ingobernable, pues parece que el fantasma de lo olvidado pervive. 
 
6. Contextualización 
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 – Madrid, 1984) es un poeta que forma parte de la Generación del 27. Presenta una trayectoria poética típica del grupo: etapa de poesía pura, seguida de otra surrealista, a continuación otra de poesía más existencial y social y, finalmente, un período de madurez final más personal e intimista. 
Su poesía se centra en la persona y sus vivencias: el amor, la entrega, la soledad, la contemplación de aspectos naturales y el sentido de la existencia del hombre. Las imágenes de Aleixandre tienden a la concreción sensitiva, muchas veces corporal. Son como asedios a la necesidad de amar y de compartir experiencias de la vida. Su tendencia al verso libre y a la creación de imágenes sorprendentes, extraídas del subconsciente más profundo son dos notas caracterizadoas de su poesía. 
 
7. Interpretación y valoración 
“El olvido” es un poema reflexivo, hondo y amargo. El yo poético indaga, o eso parece, en sí mismo, con el propósito de descifrar el enigma del olvido. Halla una naturaleza ambigua y dolorosa en el olvido: queremos olvidar, pero es un proceso lento, paradójico y de resultados más bien confusos e inseguros. No sabemos si podemos olvidar del todo, aunque del intento sí que se experimenta cierta angustia y como desesperación. 
El poema resulta un tanto enigmático en sí mismo. Conciso y apretado en su cara semántica, connota experiencias inciertas por parte del yo poético.  
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA  
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Es fácil o difícil olvidar, según el poema?  
2) El yo poético, ¿se siente contento o triste por tener que olvidar?  
3) ¿Qué importancia poética posee los elementos naturales en el poema?  
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el sentido del fuego que quema en la memoria?  
5) ¿Podemos decir que el poema guarda la lógica racional? Razona tu respuesta, fijándote en las abundantes paradojas.  
6) Los juegos verbales en “Está y no estuvo. Pero estuvo y calla” son intrigantes. Pasado y presente parece que juegan al escondite; explícalo con tus palabras.  
7) Explica el sentido del último verso “su sombra cruza” (v. 10). 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese la significación del olvido; intenta utilizar paradojas como las del poema. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el poeta y el olvido.  
3) Realiza una exposición sobre Vicente Aleixandre, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de actos de inteligencia, como el olvido, y expresa en qué consiste su naturaleza, siguiendo el ejemplo de Vicente Aleixandre. 
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Luis Cernuda: “Elegía española, I” y “Elegía española, II”; análisis y propuesta didáctica

LUIS CERNUDA – “ELEGÍA ESPAÑOLA”  
“Elegía española, I” 
[1] Dime, háblame
Tú, esencia misteriosa…
De nuestra raza
Tras de tantos siglos,
Hálito creador
De los hombres hoy vivos,
A quienes veo laborados del odio
Hasta alzar con su esfuerzo
La muerte como paisaje de tu vida. 
[2] Cuando la antigua primavera
Vuelve a tejer su encanto
Sobre tu cuerpo inmenso,
¿Cuál ave hallará nido
Y qué savia una rama
Donde brotar con verde impulso?
¿Qué rayo de la luz alegre,
Qué nube sobre el campo solitario,
Hallarán agua, cristal de viejo hogar en calma
Donde reflejen su irisado juego? 
[3] Háblame, madre;
Y al llamarte así, digo
Que ninguna mujer lo fue de nadie
Como tú lo eres mía.
Háblame, dime
Una sola palabra en estos lentos días,
En lo días informes
Que frente a ti se esgrimen
Como amargo cuchillo
Entre las manos de tus propios hijos. 
[4] No te alejes así, ensimismada
Bajo los largos velos cenicientos
Que nos niegan tus ojos anchos bellos.
esas flores caídas,
Pétalos rotos entre sangre y lodo,
En tus manos estaban luciendo eternamente
Desde siglos atrás, cuando mi vida
Era un sueño en la mente de los dioses. 
[5] Eres tú, son tus ojos lo que busca
Quien te llama luchando con la muerte,
A ti, remota y enigmática
Madre de tantas almas idas
Que te legaron, con un fulgor de clara piedra,
Su afán de eternidad cifrado en hermosura. 
[6] Pero no eres tan sólo
Dueña de afanes muertos;
Tierna, amorosa has sido con nuestro afán viviente,
Compasiva ante nuestra desdicha de efímeros.
¿Supiste acaso si de ti éramos dignos? 
[7] Contempla ahora a través de las lágrimas:
Mira cuántos traidores,
Mira cuántos cobardes
Lejos de ti en fuga vergonzosa,
Renegando tu nombre y tu regazo,
Cuando a tus pies, mientras la larga espera,
Si desde el suelo alzamos hacia ti la mirada
Tus hijos oscuramente sienten
La recompensa de estas horas fatídicas. 
[8] No sabe qué es la vida
Quien jamás alentó bajo la guerra.
Ella sobre nosotros sus densas alas cierne
y oigo su silbido helado
Y veo los bruscos muertos
Caer sobre la hierba calcinada,
Mientras el cuerpo mío
Sufre y lucha con unos enfrente de esos otros. 
[9] No sé qué tiembla y muere en mí
Al verte así dolida y solitaria.
En ruinas los claros dones
De tus hijos a través de los siglos,
Porque mucho he amado tu pasado,
Resplandor victorioso entre sombra y olvido. 
[10] Tu pasado eres tú
Y al mismo tiempo eres
La aurora que aún no alumbra nuestros campos.
Tú sola sobrevives,
Aunque venga la muerte
Sólo en ti está la fuerza
De hacernos esperar a ciegas el futuro. 
 [11] Que por encima de estos y esos muertos
Y encima de estos y esos vivos que combaten
Algo advierte que tú sufres con todos;
Y su odio, su crueldad, su lucha,
Ante ti vanos son como sus vidas,
Porque tú eres eterna
Y sólo los creaste
Para la paz y gloria de su estirpe. 

 

“Elegía española, II” 
                                                   A Vicente Aleixandre

[1] Ya la distancia entre los dos abierta
Se lleva el sufrimiento, como nube
Rota en lluvia olvidada, y la alegría,
Hermosa claridad desvanecida;
Nada altera entre tú, mi tierra, y yo,
Pobre palabra tuya, el invisible
Fluir de los recuerdos, sustentando
Almas con la verdad de tu alma pura.
Sin luchar contra ti ya asisto inerte
A la discordia estéril que te cubre,
Al viento de locura que te arrastra.
Tan sólo Dios vela sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.

[2] Tus pueblos han ardido y tus campos
Infecundos dan cosecha de hambre;
Rasga tu aire el ala de la muerte;
Tronchados como flores caen tus hombres
Hechos para el amor y la tarea;
Y aquellos que en la sombra suscitaron
La guerra, resguardados en la sombra,
Disfrutan su victoria. Tú en silencio,
Tierra, pasión única mía, lloras
Tu soledad, tu pena y tu vergüenza.

[3] Fiel aún, extasiado como el pájaro
Que en primavera hacia su nido antiguo
Llegaba a ti y en ti dejaba el vuelo,
Con la atracción remota de un encanto
Ineludible, rosa del destino,
Mi espíritu se aleja de estas nieblas,
Canta su queja por tu cielo vasto,
Mientras el cuerpo queda vacilante,
Perdido, lejos, entre sueño y vida,
y oye el susurro lento de las horas. 

[4] Si nunca más pudieran estos ojos
Enamorados reflejar tu imagen.
Si nunca más pudiera por tus bosques,
El alma en paz caída en tu regazo,
Soñar el mundo aquel que yo pensaba
Cuando la triste juventud lo quiso.
Tú nada más, fuerte torre en ruinas,
Puedes poblar mi soledad humana,
y esta ausencia de todo en ti se duerme.
Deja tu aire ir sobre mi frente,
Tu luz sobre mi pecho hasta la muerte,
Única gloria cierta que aún deseo. 
                                     Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – Ciudad de México,  1963)
 
1. ANÁLISIS 
(Por las características compositivas de ambos poemas –longitud considerable y verso libre-, casi versículo-, es aconsejable abordar un análisis global de los mismos, sin distinguir las distintas secciones que solemos realizar en otros poemas. Se puede observar que son dos poemas, pero tan estrechamente interrelacionados en fondo y forma que no separarlos es como amputarlos. Por eso ofrecemos los dos, para apreciar la continuidad y modulación del pensamiento de Cernuda sobre España, su guerra civil y el destino de su patria. La longitud de los poemas aconseja numerar las estrofas, para facilitar la localización de las referencias). 
Los dos poemas con los que trabajamos, “Elegía española, I” y “Elegía española, II” fueron compuestos entre 1937 y 1938. Se publicaron por primera vez en revistas republicanas españolas durante los años de la guerra. Luego fueron incorporados a Las nubes: 1937-1938 (Buenos Aires, 1943). Ocupa la sección VII de la poesía completa de Cernuda, titulada La realidad y el deseo (ya aparece en la primera edición de esta, México, Editorial Séneca, 1940). 
Estrofa 1. El poema se abre con una interpelación, apelación o apóstrofe del yo poético a su patria, España. Los dos imperativos del primer verso expresan la urgencia del sujeto poético por recibir una respuesta que le aclare dos asuntos: la esencia o sustancia de España y la razón de por qué se están matando entre ellos, llenos de odio. El encono es tal que la vida es muerte; en esta paradoja se resume la perplejidad del yo poético. Antes reconoce que su patria es una “raza” antigua cuya médula se le presenta oculta (según expresa la bella metáfora de “esencia misteriosa”, seguida de una suspensión que refuerza la perplejidad). 
Estrofa 2. La segunda estrofa describe un paisaje bucólico. La naturaleza emerge como fuerza hermosa y poderosa. Sin embargo, cuatro interrogaciones retóricas tiñen de nubarrones lo que parecía un marco natural idílico, tejido en torno a la primavera, que ocupa el “cuerpo inmenso” de la patria, pues esta posee mucha extensión geográfica. Enumera a un ave que busca un nido, una savia que inquiere por una rama, un rayo de luz, una nuble, y el agua, donde aquella se refleje. Los adjetivos cromáticos y sensoriales son muy expresivos, creando sinestesias eficaces (“verde impulso”, “rayo de luz alegre”, “campo solitario” e “irisado juego”). Todos ellos connotan paisajes y sensaciones alegres, optimistas y positivas. Pero el efecto de las interrogaciones los vuelve justo al contrario: nada de todos esos elementos encontrarán acomodo en la patria porque está en llamas. 
Estrofa 3. La tercera estrofa retoma el tono imperativo y repite el verbo “háblame”; el yo poético necesita comunicarse con su patria. La llama “madre, y aclara en una interpolación que así la siente él, con un símil hiperbólico (“como ninguna mujer lo fue de nadie”) para recalcar el sentimiento filial que siente por el solar patrio. La repetición anafórica de “háblame”, ahora combinado con “dime”, repite el verso 1, pero invirtiendo el orden, creando así un quiasmo a distancia enfático y angustiado. Solo necesita “una sola palabra” que le den sentido a los días “lentos” e “informes” (ambos adjetivos connotan la angustia que no afloja al ver que el conflicto se alarga). Se alude a la conflagración bélica a través de dos metonimias tenebrosas, “cuchillo”, calificado de “amargo”, metonimia feliz del dolor; y “manos” de tus propios hijos: los españoles se matan entre sí con cruel ferocidad, y no tiene visos de acabar. 
Estrofa 4. Ahora el sujeto poético habla de él en relación a su patria. Primero le suplica a la patria que no se aleje (en realidad, es él quien se está marchando, físicamente, al exilio, del que no volverá). No percibe ya con nitidez los perfiles de España porque “velos cenicientos” (se puede referir metafóricamente a la humareda del campo de batalla en que se ha convertido el país entero). Tampoco puede ver sus “ojos anchos bellos”, donde, como en un rostro bonito, se concentra toda la belleza. Cuando era feliz en su patria (su vida se equiparaba a “un sueño en la mente de los dioses”), veía flores y pétalos radiantes; pero ahora se han convertido en “flores caídas”, “pétalos rotos entre sangre y lodo”: se ha acabado la hermosura y la dicha porque la sangre, metonimia de la guerra, lo ha convertido todo en un lodazal, no sólo físico, sino anímico y existencial. Esta estrofa presenta una viva antítesis entre el antes de la guerra, que se retrotrae a “siglos atrás”, tiempos felices y dichosos, y el ahora sangriento y sucio. 
Estrofa 5. El soldado o combatiente (expresado con una bella y aterradora perífrasis: “Quien te llama luchando con la muerte”) en realidad busca a su patria como razón de su conducta. La califica otra vez de “Madre”, y otra vez la percibe distante e incomprensible (“remota y enigmática”). Muchos compatriotas se entregaron al combate cegados por un ideal hermoso, pero inalcanzable y mortal, pues su vida acabó en el “fulgor de clara piedra”, entendible como la fría muerte. La antítesis sinestésica (fulgor / piedra) resalta la ironía que expresa el último verso de la estrofa: el “afán de eternidad cifrado en hermosura” finaliza en la muerte de los compatriotas. 
Estrofa 6. La sexta estrofa posee un carácter retrospectivo y melancólico. Adjetiva a la patria como “tierna”, “amorosa” y “compasiva” a lo largo de los siglos; vemos que se asimila a una madre cariñosa y comprensiva. Su eternidad, percibida como positiva y consolatoria, contrasta con los afanes de los “efímeros” (que está sustantivado, potenciando su significado metonímico sobre la brevedad de la vida del hombre). Duda que los compatriotas hayan sido dignos de la patria, dada su baja catadura moral. He aquí otra vez el choque entre la patria como lugar (físico y emocional) apacible y los compatriotas, violentos y crueles. 
Estrofa 7. Esta estrofa es más dialógica, incisiva y apremiante. El sujeto poético se dirige a la patria a través de tres imperativos (“contempla”, “mira” y otra vez “mira” en situación anafórica), de naturaleza sensitiva, lo que crea una inmediata personificación de la patria. La apremia a que observe la considerable cantidad de “traidores” y de “cobardes” que huyen ante las dificultades. Los leales, sin embargo, apenas reciben “recompensa”; él mismo se incluye (“alzamos”, el verbo en primera persona del plural lo aclara bien) en el número de los leales a la patria que no “reniegan de tu nombre y tu regazo”. El yo poético desea corresponder con la patria, devolviéndole algo de lo que de ella ha recibido. 
Estrofa 8. De repente, se emplea la palabra central del poema: “guerra”; pero no una cualquiera, sino la de unos españoles contra otros. Crea la imagen de la guerra como un ave que cierne sus alas siniestras sobre las personas, eliminándolas. El otro vocablo clave en esta estrofa es “muertos”. Expresa así las consecuencias del conflicto fratricida, aludido a través de una metonimia sinestésica muy impactante: “silbido helado”. Es el ruido de las balas mortales. La metáfora que genera “hierba calcinada” ofrece un marco físico donde se desenvuelve la guerra; es un lugar arrasado y sin vida. El yo poético habla de sí mismo a través de la metonima “el cuerpo mío”, en situación dolorosa (la bimembración “sufre y lucha” hace hincapié en ello), entre ambos grupos enfrentados. 
Estrofa 9. Esta estrofa presenta un carácter reflexivo y retrospectivo, bajo una atmósfera intimista. La contemplación de la patria destruida (“dolida y solitaria”) lo aturde y confunde. El yo poético se aferra a los logros históricos (“claros dones”) de sus compatriotas en los siglos pasados. Consigna que “mucho he amado tu pasado”, que lo valora muy positivamente (a través de la metáfora “resplandor victorioso”), signo de su devoción a la tierra. Pero ahora solo queda “sombra y olvido”; de nuevo la mezcla de dos percepciones diferentes crea una sinestesia honda y aporta dramatismo. 
Estrofa 10. La estrofa décima mezcla un análisis temporal sobre la significación de la patria, referido al pasado y al presente y la expresión de un anhelo profundo para el futuro. Nos consigna la visión paradójica de que la patria es la “aurora”, metáfora de un porvenir más razonable. No sucumbe a la visita de la muerte porque ella posee la “fuerza” para no perder la esperanza en el “futuro”. El juego temporal pasado/presente/futuro es dinámico; la tensión entre un pasado glorioso y un presente desastroso se alivia en el anhelo de un futuro feliz, de algún modo garantizado por la energía de la patria. 
Estrofa 11. La última estrofa se constituye por una expresión desiderativa y varios oxímoros muy chocantes: hombres de ambos bandos (cosificados despectivamente en “estos y esos muertos”) frente a patria, crueldad de aquellos frente a sufrimiento de esta, efímero de estos y sus acciones contra la eternidad de esta, odio y lucha contra la paz y gloria de esta. Pero el destino, más deseado que asegurado, ha de ser positivo y brillante porque la patria creó a sus hijos “para la paz y gloria de su estirpe”. El final del poema es agridulce: el yo poético reconoce la muerte y el dolor, pero entrevé la paz y la prosperidad futura. 
Comprimimos en varias notas sintéticas algunos rasgos compositivos de este hondo y estremecedor poema: 
Estamos ante un poema en verso libre. El número de sílabas es muy variable, pero predomina el verso de arte mayor. No se aprecia una rima reconocible, aunque sí ciertas asonancias en algunas estrofas (por ejemplo, la a es la rima predominante en la estrofa 7). Los 86 versos de la composición revelan muy bien su carácter reflexivo, profundo y sostenido. Los versos se pueden considerar versículos, pues son largos y ofrecen, en general, una unidad de sentido.  
El ritmo está muy cuidado. Fluye una melodía claramente lúgubre, angustiosa, muy a tono con el contenido elegíaco del texto poético. A esta tensión rítmica entre el fluir cadencioso del versículo y la ruptura violenta contribuye la alta cantidad de encabalgamientos e hipérbatos que pueblan el poema. La ruptura del orden lógico de la oración y del verso establece una analogía con el contenido triste y violento del poema. 
El título, “Elegía”, nos da la pista para entender con qué tipo de composición trabajamos. La elegía es una modalidad poética especializada en la expresión del dolor por la desaparición de seres queridos. Cernuda ha querido asentar desde el principio su queja angustiada por los resultados de una guerra civil especialmente cruel y sangrienta. 
Si nos fijamos en los tiempos verbales, nos permite comprender su naturaleza analítica y, al tiempo, emocional. La mayoría de los verbos están en presente de indicativo: índice claro del tono algo expositivo y argumentativo del poema (aunque los propios españoles no merecen los dones de su patria, esta no se los negará porque es generosa y buena). Los tiempos en pasado aluden a la historia gloriosa de la patria (por ejemplo, “Que te legaron, con un fulgor de clara piedra”). Son importantes las formas verbales en imperativo porque expresan las peticiones, las súplicas del yo poético a la patria para que detenga el conflicto e imponga la cordura. 
El tono dialógico del poema también es perceptible. El poema entero se puede considerar un diálogo frustrado (solo habla un interlocutor y no sabemos si el otro escucha). Esto condiciona su naturaleza, oscilante entre el deseo de comunicarse y la frustración por no completar del todo esa interlocución. 
Se perciben algunos restos del surrealismo, como imágenes más o menos oníricas (“Pétalos rojos entre sangre y lodo”), cierto desconyuntamiento sintáctico (la primera estrofa es un ejemplo bastante claro; repeticiones, elipsis, alusiones, separación de los complementos de sus verbos, etc.). Con todo, la tendencia a cierto clasicismo contenido, al estilo de Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén, imponen ritmo, armonía y lógica poética. 
Finalmente, el poema muestra muy bien ciertos aspectos neorrománticos, de cuño becqueriano. La subjetividad del yo poético late y fluye a lo largo de todo el texto. No se trata, pues, de una argumentación objetiva, antes bien, estamos ante una contemplación intimista, interiorizada y personalizada en el sujeto poético que observa, siente y sufre, al tiempo que anhela un futuro más dichoso. En el poema se observa una tensión entre la subjetivación y la objetivación, la mirada interior y la exterior. Cernuda guarda un difícil equilibrio entre ambos polos, siempre dentro de la contención expresiva y emocional. 
 
“Elegía española, II 
La dedicatoria del poema a Vicente Aleixandre expresa muy bien el respeto de Cernuda por la poesía de su coterráneo y la amistad que los unía.
Estrofa 1. En un tono dialógico, el yo poético se dirige a un tú, “mi tierra”, metonimia de patria, es decir, de España. La distancia (Cernuda ya no está en España cuando compone el poema) ha tenido el efecto de llevarse “el sufrimiento” y “la alegría”, esto es, lo bueno y lo malo de un país en llamas. El sufrimiento es como una nube que descarga su lluvia y luego se olvida; el símil insiste en su carácter pasajero. La alegría, sin embargo, se identifica con “hermosa claridad desvanecida”; la asociación sinestésica de la luz y la hermosura transmite directamente la connotación positiva de la alegría que se ha esfumado. La antítesis entre ambos elementos, sufrimiento y alegría, al borde de la paradoja, aclara los efectos contradictorios de la salida de España, en plena guerra. Hay algo que no cambia, sin embargo, es el “invisible fluir de los recuerdos”. Una corriente de memoria une al poeta con la patria. No casualmente, el yo poético se considera “pobre palabra tuya”: la lengua y sus creaciones lo une a su “tierra”. Ese es el baluarte que “sustenta” su alma en momentos agitados. La fuerza de la patria procede de “tu alma pura”, es decir, la autenticidad sin mácula de un espacio, físico y espiritual, libre de vicios y traiciones. El yo poético declara su carácter pacifista, lo que no lo libra de contemplar la guerra civil, nombrada como “discordia estéril”; tras la lucha, nadie ganará, todos perderán, desea advertir. A continuación indaga en las causas de la “discordia”; encuentra un “viento de locura”, esto es, como un arrebato de enajenación colectivo, que mana del “odio eterno”. Un Dios indiferente o aburrido “vela sobre nosotros”, en clara ironía de que su patria y sus compatriotas están abandonados a su suerte por culpa de sus bajas y violentas pasiones. La estrofa se vertebra en torno a dos antítesis, tú / yo, y sufrimiento / alegría. El resultado de la relación de esos elementos es desalentador y doloroso. 
Estrofa 2. La segunda estrofa ofrece un mensaje más descriptivo y explicativo en torno a la guerra civil. La conflagración ha traído destrucción (nombrada a través de la metonimia del fuego destructor) y hambre (aludida por la metonimia de “cosecha de hambre”). La “muerte” se identifica con un ángel exterminador que aniquila la vida. A continuación, se fija en los “hombres”, destruidos “como flores”; el símil resalta la crueldad de la guerra, pues caen soldados que habían sido destinados para algo más noble, “el amor y la tarea”, metonimia de familia y trabajo, los dos aspectos esenciales de una vida plena. Acto seguido, se critica ferozmente a los instigadores del conflicto, que no mueren ni arriesgan nada porque están “resguardados en la sombra”, porque son taimados cobardes; antes al contrario, “disfrutan de su victoria” en lugar seguro. Lo cual contrasta vivamente con la tierra, “pasión única mía”, que “lloras / Tu soledad, tu pena y tu vergüenza”. La antítesis entre el disfrute de los muñidores de la guerra y el dolor de la patria aporta patetismo extremo. La enumeración final insiste en la idea de patria solitaria, dolorida y avergonzada por las atrocidades de sus hombres. Interesa también insistir en los sentimientos del poeta, que se declara apasionadamente enamorado de la patria, ahora postrada y abandonada. 
Estrofa 3. La tercera estrofa es intimista y subjetiva. El yo poético vierte sus sentimientos de fidelidad y dolor por el estado calamitoso de su “tierra”. Se compara con el pájaro que retorna, en primavera, a su antiguo nido; así lo hace él con su patria. A continuación establece una dicotomía entre “cuerpo” y “espíritu”, correspondida con cielo y tierra, respectivamente. El cuerpo, medio sonámbulo, se arrastra en una zona ignota y confusa, “entre sueño y vida”, con la única percepción del paso del tiempo. Su espíritu se aleja de “estas nieblas” (metonimia e Inglaterra, donde vivió la fase final de la guerra y la primera posguerra) y expresa su “queja” por la pérdida de su tierra, volando mentalmente por su extenso cielo.  
Estrofa 4. En la última estrofa, la más extensa, plantea y se teme un futuro siniestro para él y para su patria. Se nombra metonímicamente a través de “sus ojos”, y a la tierra a través de “sus bosques”, a los que teme no ver más. Si ocurriese esta desgracia (y realmente así fue, pues Cernuda nunca visitó ni regresó a España), solo pide poder soñar su tierra, como ha hacía en su juventud, que califica de “triste”, pues no colmó sus expectativas. Reconoce que solo su tierra, paradójicamente percibida como “fuerte torre en ruinas” puede aliviar su dolor y su soledad, pues cualquier cosa puede faltar, menos su tierra. Cierra el poema con una súplica a su tierra: sentir “su aire ir sobre mi frente” y “tu luz sobre mi pecho”. Es la única recompensa que desea antes de su muerte. “Aire” y “luz” son dos hermosas metáforas referidas, parece, a los aspectos materiales y sensibles (aire) y a los culturales y emocionales propios de su patria (luz). La nostalgia presente y futura que expresan estos versos es muy aguda y aportan gran dramatismo al conjunto del poema. 
Como en el poema anterior, comprimimos en varias notas sintéticas algunos rasgos compositivos de este hondo y estremecedor poema: 
Estamos ante un poema en verso libre. El número de sílabas es muy variable, pero predomina el verso de arte mayor. No se aprecia una rima reconocible, aunque sí ciertas asonancias en algunas estrofas (por ejemplo, la e-e y e-o es la rima predominante en la estrofa 4 y última). Los 45 versos de la composición revelan muy bien su carácter reflexivo, profundo y sostenido. Los versos se pueden considerar versículos, pues son largos y ofrecen, en general, una unidad de sentido.  
El ritmo está muy cuidado. Fluye una melodía claramente lúgubre, angustiosa, muy a tono con el contenido elegíaco del texto poético. A esta tensión rítmica entre el fluir cadencioso del versículo y la ruptura violenta contribuye la alta cantidad de encabalgamientos e hipérbatos que pueblan el poema. La ruptura del orden lógico de la oración y del verso establece una analogía con el contenido triste y violento del poema. 
El título, “Elegía”, nos da la pista para entender con qué tipo de composición trabajamos. La elegía es una modalidad poética especializada en la expresión del dolor por la desaparición de seres queridos. Cernuda ha querido asentar desde el principio su queja angustiada por los resultados de una guerra civil especialmente cruel y sangrienta. 
Si nos fijamos en los tiempos verbales, nos permite comprender su naturaleza analítica y, al tiempo, emocional. La mayoría de los verbos están en presente de indicativo: índice claro del tono algo expositivo, melancólico premonitorio del poema (la separación definitiva del yo poético de su tierra es dolorosa y se atisba definitiva, por eso aquel le suplica que no lo abandone). Los pocos verbos en tiempo en pasado aluden a las calamidades de la guerra (por ejemplo, “Tus pueblos han ardido”). Son importantes las formas verbales en imperativo porque expresan las peticiones, las súplicas del yo poético a la patria para que no lo abandone en su soledad (“Deja tu aire ir sobre mi frente”). 
El tono dialógico del poema también es perceptible. El poema entero se puede considerar un diálogo frustrado (solo habla un interlocutor y no sabemos si el otro escucha). Esto condiciona su naturaleza, oscilante entre el deseo de comunicarse y la frustración por no completar del todo esa interlocución. 
Se perciben algunos restos del surrealismo, como imágenes más o menos oníricas (“Mientras el cuerpo queda vacilante, / Perdido, lejos, entre sueño y vida, / y oye el susurro lento de las horas.”) cierto desconyuntamiento sintáctico (la primera parte de la última estrofa es un ejemplo bastante claro; repeticiones, elipsis, alusiones, separación de los complementos de sus verbos, etc.). Con todo, la tendencia a cierto clasicismo contenido, al estilo de Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén, imponen ritmo, armonía y lógica poética. 
Finalmente, el poema muestra muy bien ciertos aspectos neorrománticos, de cuño becqueriano. La subjetividad del yo poético late y fluye a lo largo de todo el texto. No se trata, pues, de una exposición objetiva, antes bien, estamos ante una contemplación intimista, interiorizada y personalizada en el sujeto poético que observa, siente y sufre, al tiempo que anhela un futuro personal más dichoso. En el poema se observa una tensión entre la subjetivación y la objetivación, la mirada interior y la exterior. Cernuda guarda un difícil equilibrio entre ambos polos, siempre dentro de la contención expresiva y emocional. La súplica final imprime un tono personal y suplicante al conjunto del texto. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen; se pueden realizar con cada poema, por separado, o a la vez).
 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico   
1) Razona si se puede sostener que el poema es un diálogo frustrado. Indica quiénes son sus interlocutores.  
2) Señala las características que el poeta le asigna a la tierra, metáfora de patria.  
3) ¿Por qué el poeta le llama a su tierra “madre”? ¿Qué quiere decir ello?  
4) Cuando escribe su poema, ¿está el poeta en España? ¿Dónde lo percibimos? 
5) ¿Aparece el pronombre “yo” en el algún momento? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?  
6) En el poema se habla “sufrimiento” y “muerte”. ¿A qué se refiere? Busca otras palabras con la misma referencia.  
7) Localiza las referencias sensitivas del poema: vista, oído, tacto y olfato. Indica qué connotaciones crean, positivas o negativas. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que describa un lugar siniestro y tétrico. 
2) Ciertos cementerios poseen una significación especial; localiza alguno, cuanto más próximo geográficamente a ti será más interesante; aporta imágenes y explica su interés.  
3) Realiza una exposición sobre Luis Cernuda, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de paisajes devastados y siniestros tras una guerra; ¿qué podría ocurrir en ellos? Puedes escribir un texto gótico, o de novela negra. 
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Luis Cernuda: “Donde habite el olvido”; análisis y propuesta didáctica

LUIS CERNUDA – DONDE HABITE EL OLVIDO 

 

[1] Donde habite el olvido,                                                                                 1
En los vastos jardines sin aurora; 
Donde yo sólo sea 
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.                                         5

[2] Donde mi nombre deje 
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
Donde el deseo no exista. 

[3] En esa gran región donde el amor, ángel terrible, 
No esconda como acero                                                                                    10
En mi pecho su ala, 
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 

[4] Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
Sometiendo a otra vida su vida, 
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.                                     15

[5] Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; 
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
Disuelto en niebla, ausencia, 
Ausencia leve como carne de niño.                                                                20

[6] Allá, allá lejos; 
Donde habite el olvido. 

                                          Luis Cernuda: “Donde habite el olvido”,  La realidad y el deseo
1. ANÁLISIS 
Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – Ciudad de México, 1963) es uno de los más destacados y hondos poetas de la Generación del 27. Fue un hombre que sufrió mucho en vida, lo que se traslada inmediatamente a su poesía. Su sensibilidad a flor de piel, su disconformidad con el mundo que le rodea y el hecho de partir para el exilio tras la guerra civil son algunas de las causas de que en su poesía se manifieste una constante frustración, que genera amargura. El choque entre “La realidad y el deseo” (título de su obra poética completa) es tan agudo y lacerante que envuelven su poesía amargura y pesimismo. El poema “Donde habite el olvido” procede del libro del mismo título; recoge la poesía compuesta en 1932-1933; cae dentro de la sección de poesía neorromántica. 
1. Resumen   
El poeta imagina dónde estará su tumba. Ese lugar no es otro que “donde habite el olvido”, es decir, dominado por la soledad, el olvido y la paz imperturbable, pues ya no sufrirá ni anhelará nada más. En la primera estrofa acota ese lugar: naturaleza oscura (“vastos jardines sin aurora”); también es desolado y batido por un viento que aúlla su “insomnio”. En la segunda estrofa destaca dos consecuencias de su muerte: la durabilidad del sueño eterno de un cuerpo inerte, que ya no desea nada. La tercera estrofa destaca un beneficio de la muerte: el amor, “ángel terrible”, ya no lo atormentará más con sus traicioneros halagos. La cuarta estrofa ahonda en la naturaleza del amor: exigencia de entrega y exclusividad, los dos amantes se dan el uno al otro, y ese es el núcleo de su felicidad; eso ya no existirá tras la muerte. La quinta estrofa generaliza sobre el efecto de la muerte: ya no habrá ni alegrías, ni penas, ni recuerdos, especialmente el de su España lejana. Al fin, todo será como una niebla liberadora o una ausencia imperceptible. La sexta y última estrofa, muy breve, aunque densa de significado, repite el verso inicial: “Donde habite el olvido”, añadiéndole el matiz de la lejanía (“Allá, allá lejos”). Su muerte solo implica olvido, de él para sí mismo, de los demás para con él, y viceversa. También acarrea un tipo de liberación, sobre todo de la memoria y de la necesidad de amar para ser feliz. 
 
2. Tema 
El tema de este poema lo podemos enunciar así: la muerte traerá el olvido y la liberación del yo poético, libre ya de toda servidumbre humana. Dicho de otra manera: la extinción de la vida se puede entender como un fin de las servidumbres y tormentos del hombre, aunque la negra soledad y el olvido eterno serán el precio a pagar. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta un sentido circular porque la primera y última estrofa se enlazan por su sentido: la muerte del yo poético traerá olvido y soledad eternas, repiten. Dentro de esa circularidad, se aprecian tres secciones de contenido: 
-La primera sección ocupa la primera estrofa (vv. 1-5): se ofrece el hecho y el marco temporal; es decir, la muerte y el lugar donde estará la tumba; es un lugar frío, siniestro y oscuro. Esté mismo significado se repite en la estrofa final, añadiendo el matiz de la lejanía, es decir, apartado de todo contacto humano. 
-En la segunda sección (estrofas 2-4, vv. 6-15) se explica que la muerte conlleva el fin de todo deseo, sobre todo el amoroso. Es visto como una liberación porque el amor es muy exigente, ya que exige la entrega total y sin límites a la otra persona, aunque la traición acecha a cada momento, con la crueldad consiguiente. 
-La tercera sección (estrofa 5, vv. 16-20) aclara que la muerte tiene algo de bueno, pues lleva implícito el fin de las penas y dichas; de los recuerdos y de la memoria, sobre todo, de la patria, España; liberación de toda posible injuria o penalidad; y, en fin, disolución en la niebla o en la nada etérea y casi imperceptible. 
 
4. Métrica, rima y estrofa 
El poema que analizamos está compuesto por 22 versos de medida variable. El más breve es el verso 20, con seis sílabas (hexasílabo); el más extenso es el verso 13, con dieciocho sílabas. En general, predominan los de arte mayor (nueve versos), frente al menor (ocho versos). No existe una rima clásica reconocible; sin embargo, se percibe cierta tendencia a la rima en a y en o en versos alternos, sin orden fijo. Estamos ante un poema en verso libre. 
 
5. Comentario estilístico 
Este poema es el fruto de una extraordinaria y densa elaboración. La lectura crea una sensación de angustia abrumadora. Dos notas estilísticas llaman la atención: el hecho de que todos los verbos estén en presente de indicativo nos indica el sentido de inmediatez y, al mismo tiempo, de atemporalidad: así son las cosas ahora y para siempre, parece querer decirnos. La segunda nota es que todas las estrofas poseen un enunciado, más bien de carácter explicativo, al que le falta un verbo o una expresión que lo dote de sentido completo; ese enunciado puede ser “allí estará mi tumba”, que es, precisamente, el que aparece en el poema de Bécquer (rima LXVI, “¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero”). En él se inspiró Cernuda para componer su maravilloso poema, titulado con el último verso del poema de Bécquer, “Donde habite el olvido”. Cernuda hace explícita su fuente de inspiración, su paisano y gran poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Se crea una complicidad íntima y fuerte que afecta al contenido y al tono. 
La personificación o prosopopeya inicial, que ocupa el primer verso y el último, encierra la esencia del significado del poema: “Donde habite el olvido”; se refiere a la desmemoria, propia y ajena, que implica la muerte del yo poético. Sigue una perífrasis combinada con una sinestesia, honda y terrible: “en los vastos jardines sin aurora” (v. 2); la oscuridad es total; se alude al mundo de las tinieblas perpetuas. El pronombre “yo” (v. 3) introduce el segundo elemento semántico más importante del poema: el poeta habla de sí mismo, de su muerte entrevista. La alusión a la lápida a través de la metonimia “memoria de una piedra sepultada entre ortigas” crea una viva imagen de soledad y abandono. La metáfora personificada del último verso de esta estrofa, “sobre la cual el viento escapa a sus insomnios” introduce un matiz auditivo, casi onírico, que refuerza la idea de un mundo de pesadilla. La repetición anafórica del pronombre “donde”, que se irá reiterando a lo largo de todo el poema, crea una sensación lectora de incertidumbre y congoja, pues nunca aparece el antecedente al que debe referirse, que es lugar de la tumba, pero el poeta lo omite deliberadamente. 
En la segunda estrofa también aparece la misma anáfora, intensificando su significación. Una metonimia y metáfora combinadas para dar idea de la soledad y el olvido del yo poético muerto dominan la estrofa: “Donde mi nombre deje Al cuerpo que designa en brazos de los siglos”. El nombre escrito en la lápida será acunado por el paso del tiempo: es la eternidad vacua. A continuación, se introduce un quiebro del significado; parece que el poeta se siente aliviado de que ese es el lugar “Donde el deseo no exista” (v. 8). 
Ahora comprendemos que el poeta desea que no exista el amor, pues se identifica, a través de una bella imagen metafórica, con un “ángel terrible” (v. 9) que parece amable, pero es cruel y traidor. Su “ala”, que se diría amable, se torna en objeto de tortura, pues crea “tormento” (v. 11). El símil de “como acero”, referido al efecto del amor nos evoca un arma, una daga, por ejemplo, que hiere con crueldad y sin contemplaciones. La paradoja implícita en “sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento” (v. 12) nos permite comprender la naturaleza ambivalente del amor, aunque predominan los aspectos negativos asociados a la sedición, aunque con apariencia amable, felizmente expresada esta con una sinestesia muy bella: “gracia aérea”. 
La estrofa cuarta ahonda en los estragos del amor. Tiene un matiz explicativo, pues el yo poético nos aclara por qué no quiere más amor en su vida: se entrega por completo, como un esclavo que pide un “dueño” (v. 13), “sometiendo” (v. 14) su vida voluntariamente a la otra persona, que pasa a ser su razón de vida, hondamente expresado con la metáfora “sin más horizonte que otros ojos frente a frente”. Esta concepción del amor, intuimos nosotros, le ha hecho sufrir al yo poético y desea que desaparezca para siempre. 
La quinta estrofa posee un sentido conclusivo que ahonda en el carácter negativo y amargo de la significación del poema. En la metonimia de “penas y dichas” (v. 15) se comprime la vida entera, con sus momentos malos y buenos; todos ellos quedan reducidos a cáscaras sin contenido, es decir, “nombres”, metáfora de la pérdida de identidad. Como suele ocurrir en Cernuda, alude a su patria, España, esta vez en un tono comedido. En la metonimia “cielo y tierra nativos” (v. 17), a su vez en construcción paralela con la del verso 15, sintetiza su emoción por su país, definitivamente reducido a “recuerdo”, camino de la nada. Todos los efectos que provoca la muerte solitaria generan algo bueno, nos da a entender el poeta: la libertad y la disolución final. La concatenación o anadiplosis que se crea con el vocablo “ausencia” refuerzan esa imagen del vacío final, la vacuidad; que, por cierto, es “leve” (v. 20); esta sinestesia parece introducir algo de alivio ante la muerte. El símil final es chocante y crudo: “Como carne de niño” (v. 20). Crea una antítesis implícita, pues relaciona vejez y muerte con la niñez y la ligereza.  
La estrofa final, muy breve, pues solo la componen dos versos, adensa y comprime el significado poético total. Insiste en la lejanía a través de la repetición de retórica de “allá” (v. 21), aplicado al adverbio “lejos”. El último verso es repetición del primero: de este modo, se crea una significación cerrada, comprimida y definitiva. “Donde habite el olvido” es algo más que un verso; se trata de la segunda parte de una oración adverbial de la que se ha omitido la oración principal, “mi tumba estará”. Recoge el sentimiento de soledad, de angustia y desamparo que siente el yo poético. 
El conjunto del poema posee una musicalidad muy bella, producto de una distribución acentual acertada y meditada. Se crea un ritmo elegíaco y trágico que imprime una melodía intensa y angustiada. 
Este poema es muy hermoso; presenta una factura poética impecable, limpia, intensa y densamente connotativa. Se trata de una visión del futuro, es decir, una previsión, de lo que pasará con el yo poético tras su muerte. El carácter amargamente pesimista y desolador del mismo se impone sobre el lector. Con todo, como el poema de Bécquer resuena en nuestra cabeza, podemos captar el juego literario, la intertextualidad implícita, el tributo de admiración que Cernuda realiza sobre Bécquer. 
 
6. Contextualización  
Luis Cernuda es un extraordinario y magnífico poeta de la Generación del 27, uno de los grupos poéticos más significativos de la literatura española. Su poesía se ha clasificado en cuatro fases, atendiendo a un criterio cronológico: inicial y de tanteo (1927-1928); neorromántica y surrealista (1929-1939); de madurez y serenidad elegíaca, al estilo garcilasiano (1940-1951); y final o esencial y depurada (1952-1962). El poema que comentamos pertenece a la segunda etapa, neorromántica, becqueriana, con predominio de la sentimentalidad y las imágenes y lenguaje procedentes del surrealismo. 
Cernuda es un poeta con un altísimo dominio de la técnica poética. La influencia de los autores franceses e ingleses que tradujo al español y su reflexión rigurosa y documentada sobre autores y obras le proporcionan una valiosa herramienta para componer su poesía, cualquier cosa menos descuidada o meramente espontánea. Su poesía meditativa, casi siempre elegíaca y muy intimista nos permiten ver un corazón doliente y amargado. Como tituló su último poemario, “Disolución de la quimera”, la vida se reduce a sueños imposibles que se evaporan con la muerte. 
Su aportación a la poesía moderna española es de primer orden. Temas, perspectivas y técnica poética se alían para dejarnos en su obra total, La realidad y el deseo, un ejemplo vivo de lo mejor de la poesía española del siglo XX. La sinceridad de su dolor y amargura se confabulan con una expresión directa, depurada e incisiva, generando un impacto lector de primer orden. 
 
7. Interpretación y valoración 
Donde habite el olvido” es un hermoso y estremecedor poema que nos permite ver lo que Cernuda intuía de su vida y de su muerte. Tomando como pretexto un poema y un verso de su coterráneo Bécquer, supo trazar con intensa belleza imágenes lúgubres y angustiosas de su eternidad.  
La lectura del poema nos permite aprender tanto de su vida real, dominada por la frustración amorosa, como de sus ideas existenciales: solo el olvido y la soledad eternas lo aguardan. La imagen de una piedra entre ortigas, con su nombre, abandonada en un extenso jardín en penumbra perpetua, es tenebrosa y realmente horrible. El conjunto de las imágenes alude al abandono y la disolución final, lo que nos permite percibir cierta concepción romántica del poeta y la poesía: aquel es un ser incomprendido, dotado de cualidades superiores que le permiten ver e interpretar la realidad de un modo más profundo que el común de los mortales. La poesía es un vehículo de comunicación para el poeta, que exterioriza así su “genialidad”. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué parte de la oración falta antes de “donde habite el olvido”?  
2) Indica los sentimientos más importantes a que se refiere el yo poético.  
3) ¿Cómo son el primer y el último verso del poema? ¿Qué quiere decir ello?  
4) ¿Por qué no quiere que haya más amor en su vida o tras su muerte?  
5) ¿Aparece el pronombre “yo” en el algún momento? ¿En qué lugar está situado? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?  
6) En el poema se habla de “niebla” y “ausencia”: explica su sentido metafórico.  
7) Localiza las referencias sensitivas del poema: vista, oído, tacto y olfato. Indica qué connotaciones crean, positivas o negativas. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que describa un lugar siniestro y tétrico. 
2) Ciertos cementerios poseen una significación especial; localiza alguno, cuanto más próximo geográficamente a ti será más interesante; aporta imágenes y explica su interés.  
3) Realiza una exposición sobre Luis Cernuda, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de paisajes raros, siniestros o inquietantes; ¿qué podría ocurrir en ellos? Puedes escribir un texto gótico, o de novela negra. 
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Jorge Guillén: “Mar en brega”; análisis y propuesta didáctica

JORGE GUILLÉN – MAR EN BREGA (Sección IV de Clamor)   
“Mar en brega” 
Otra vez te contemplo, mar en brega      1 
Sin pausa de oleaje ni de espuma,  
Y otra vez tu espectáculo me abruma  
Con esa valentía siempre ciega.  
 
Bramas, y tu sentido se me niega,          5 
Y ya ante el horizonte se me esfuma  
Tu inmensidad, y en una paz o suma  
De forma no termina tu refriega.  
 
Corren los años, y tu azul, tu verde  
Sucesivos persisten siempre mozos      10 
A través de su innúmera mudanza.  
 
Soy yo quien con el tiempo juega y pierde,  
Náufrago casi entre los alborozos  
De este oleaje en que mi vida avanza. 
 
Jorge Guillén (Valladolid, 1893 – Málaga, 1984). DClamor”, sección de “Aire nuestro” 

 

  1. ANÁLISIS 
Jorge Guillén (Valladolid, 1893 – Málaga, 1984) es uno de los más destacados poetas de la Generación del 27. Profesor de literatura, crítico y poeta, nos dejó hermosos poemarios recogidos bajo el título de Aire nuestro; en ellos se integra Cántico, Clamor Homenaje, los títulos más importantes de su producción. Pasa por ser uno de los más directos discípulos de la “poesía pura” defendida por Juan Ramón Jiménez, centrada en la esencialidad y la depuración de la expresión poética. 
 
1. Resumen 
El poema “Mar en brega” procede de Clamor, segundo volumen recopilatorio de toda su producción poética, recogida bajo el título de “Aire nuestro”; abarca la poesía compuesta desde la década de 1940 en adelante. Recoge poemas de tono algo pesimista, sereno y conciliador respecto de la existencia del hombre en comunión con la naturaleza y el universo, desde una perspectiva existencial y espiritual. El poeta contempla también los aspectos negativos y crueles de la vida humana (guerras, muertes de personas queridas, inquietud ante el fin de la existencia, etc.). 
El poema presenta la contemplación reflexiva del mar por parte del yo poético. Destaca del mar elementos visuales: oleaje y espuma en el primer cuarteto; elementos acústicos: bramido en el segundo cuarteto; y, finalmente, elementos cromáticos: azul y verde, en el primer terceto. En medio, se disponen percepciones más abstractas que sirven para acotar el significado del mar para el poeta; como son la pelea o combate contra la costa (“en brega”, v. 1), la reiteración o persistencia (“sin pausa”, v. 2), la “inmensidad” (v. 7), el aspecto juvenil (el mar con años “siempre mozos”, v. 10), y el cambio permanente (“innúmera mudanza”, v. 11). 
En el último terceto aparece el yo poético viéndose a sí mismo en la contemplación marítima. La siente como un juego de carácter existencial en el que él mismo pierde. En ese momento se contempla como un “náufrago” del oleaje de la vida que pasa sin cesar. El mar gana, pues siempre es joven y combativo; el poeta pierde, pues se hace mayor. 
 
2. Tema 
El tema del poema se puede enunciar así: la contemplación del mar levanta sentimientos de admiración por la constancia de su brega o pelea inacabable, pero a la vez hace que el poeta sienta su paso del tiempo, en medio de las tormentas de la vida. De otro modo también lo podemos enunciar: el yo poético y el mar libran una dura batalla de final opuesto; gana aquel, pierde este. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema se presenta muy compacto en su significación; todo el sentido está como comprimido, muy apretado, sin cesiones a la digresión. No obstante, se pueden distinguir tres apartados temáticos: 
-En el primer apartado (vv. 1-11) se describe y explica la contemplación del mar. El poeta destaca elementos sensitivos, pero también otros de naturaleza más intelectual y abstracta. El más importante es la idea de lucha o pelea incesante del mar, sin interrupción, sin desfallecimientos. También nos descubre la paradoja de que el mar cambia constantemente para que todo siga igual. Su “brega” nunca cesa. 
-En el segundo apartado (vv. 12-14) se introduce el yo poético a través del pronombre personal “yo” y de los verbos conjugados en primera persona y se establece una comparación implícita entre este y el mar. Este gana, pues siempre se mantiene joven y firme en su combate, en tanto que aquel envejece por el paso del tiempo y se debilita por las refriegas que ha de mantener en “el oleaje” de la vida. La segunda parte presenta un giro de lo exterior a lo interior, de la contemplación a la reflexión. 
 
4. Aspectos métricos y de rima 
El poema está compuesto por cuatro estrofas de versos endecasílabos. La primera estrofa la forman cuatro versos, con rima consonántica (ABBA); exactamente igual es la segunda estrofa. La tercera estrofa está formada por tres versos con rima consonántica (CDE); la cuarta estrofa es análoga a la tercera. Estamos, pues, ante la composición poética del soneto, formado por dos cuartetos y dos tercetos.  
 
5. Comentario estilístico 
El poema tiene un firme carácter contemplativo y, en su apartado final, reflexivo. En la primera parte se presentan y admiran elementos marítimos, percibidos por la vista y el oído. El poeta trata de desentrañar el sentido de esos elementos y sus acciones, que giran en torno a la “brega” (lucha, combate) del mar contra la costa; la acción es constante, indefinida en el tiempo; sin embargo, no provoca el desgaste ni la fatiga del mar, pues siempre se mantiene joven. En el último terceto el yo poético mira hacia su interior y se compara con el mar. Descubre dos cosas: la primera, que su vida es similar al combate del mar; la segunda, que el mar siempre gana y él pierde, pues se ve como un náufrago castigado por el paso del tiempo. Lo cual no es especialmente negativo, pues la vida discurre entre “alborozos”, es decir, en un ambiente de alegría y contento. 
La mayoría de los procedimientos estilísticos remiten a imágenes del mar, observado con admiración, respeto y lo que hoy llamamos “empatía”. El primer verbo del soneto, “contemplo” expresa la posición activa del yo poético, sujeto contemplador; pero la primera expresión del poema, “otra vez”, indica que es una acción repetida a lo largo del tiempo. Es importante este matiz porque al final veremos que el tiempo ha pasado, que el sujeto observador ha vivido sus tormentas y que, al fin, se puede identificar con el mar en sus aspectos de perseverancia, de vida tenaz y determinada. 
Se dirige al mar a través de una invocación o apóstrofe “mar en brega”, calificando el aspecto combativo del océano, a través de la sustantivación de la cualidad, evitando el adjetivo calificativo. En la misma estrofa primera sobresalen dos metonimias, “oleaje” y “espuma” (v. 2) para referirse al mar; son dos los componentes visuales que el yo poético aprecia en su contemplación. La repetición de “Y otra vez” (v. 3) enfatiza muy bien el movimiento iterativo del oleaje marino; la conjunción “y” añade una sensación de polisíndeton que refuerza el sentido de la repetición de las olas. Esta acción es sentida por el poeta como un “espectáculo” que lo “abruma” (v. 3); de este modo se expresa la grandiosidad marina y el efecto en el yo poético, que se siente asombrado por la escena. Se cierra el primer cuarteto con una sinestesia de gran expresividad: la valentía del mar es “ciega”; es decir, insiste en su acción sin reparar en posibles consecuencias. 
El segundo cuarteto se abre con una percepción acústica, “Bramas” (v. 5), aunque el yo poético no le encuentra el sentido último. El polisíndeton de este cuarteto crea una sensación de acumulación y repetición de no fácil comprensión. El poeta alude a la “inmensidad” (v. 7) que llena el horizonte y a la “refriega” (v. 8) del combate marino, polimorfo y heterogéneo. Los encabalgamientos abruptos y los hipérbatos repetidos insisten en la idea de cierto descoyuntamiento del mar embistiendo contra la orilla. 
El primer terceto está formado por una sola oración cuyo sujeto es el mar, nombrado a través de dos metonimias sinestésicas, “azul” y “verde”; la introducción del elemento cromático aporta más viveza a las imágenes creadas. La personificación inicial del terceto, “corren los años”, nos advierten que ha pasado el tiempo desde la primera contemplación. Ahora nos encontramos con dos adjetivos calificativos de intensa significación; son “mozos”, referidos a los años del mar; e “innúmera” (v. 11) aplicado a la “mudanza” o cambios que efectúa el mar. Se crea una paradoja de fondo muy interesante: son tantas las formas que adopta el mar, que provoca que siempre se muestre joven.  
El último terceto introduce un quiebro semántico de mucha relevancia. El comienzo, con un verbo conjugado en primera persona y su correspondiente pronombre, “Soy yo” (v. 12) colocan de nuevo al yo poético en el centro no de la escena, sino de la contemplación. Y ahora se crea una serie de metáforas, que forman una alegoría, entre el yo poético y el mar; aquel funciona como este, siempre bregando, jugando y perdiendo. No existe un matiz dramático o lúgubre, pues el verbo “juega” imprime una connotación positiva y alegre. El poeta es un náufrago, pero entre penalidades, sino entre “alborozos”, es decir, alegrías, aunque no es del todo, pues “casi” (v. 13) introduce una sombra de duda y titubeo. La última metáfora se crea con “oleaje” (v. 14), es decir, el movimiento de la vida, el ajetreo de la existencia, inherentes al hecho de vivir y del paso del tiempo, pues así “la vida avanza” (v. 14). La vida como una travesía marítima peligrosa, el hombre como un náufrago que ha de esforzarse por salvar su existencia, son imágenes clásicas de largo recorrido en la literatura española clásica, tanto medieval (Jorge Manrique), como renacentista (Fray Luis de León y su “Oda a la vida retirada”). Sin embargo, Guillén despoja la imagen de parte de su dramatismo original y nos la presenta más objetiva y aséptica, como diciendo que es así y no es malo, después de todo. La paradójica expresión del verso 13, “Náufrago casi en los alborozos” explica muy bien cierta valoración ambigua y más bien positiva sobre los tres ejes semánticos del poema: la contemplación del mar, los embates de este contra la orilla y el tiempo que ha pasado de la vida del yo poético, similares a los del propio mar, donde todo adquiere una significación de existencia cabal y dichosa. 
Los verbos en tiempo presente nos indican la dimensión atemporal del acto contemplativo y de lo contemplado. El tiempo pasa para el poeta, pero no es un drama porque es natural, igual que lo es el que ese mismo tiempo no cuente para el mar, siempre joven y combativo. La estructura razonadora y deductiva del poema, implícita en el soneto, refuerzan el tono contemplativo y reflexivo de su contenido. La nominalización aporta también una densificación significativa intensa y permanente. Es indudable que imprime al poema cierta gravedad expresiva, incluso algo de solemnidad declamativa. 
 
6. Contextualización 
Jorge Guillén es uno de los más interesantes poetas de la Generación del 27. Su poesía, en la línea de Juan Ramón Jiménez, maestro de todos los poetas del grupo citado, se inscribe en la línea de depuración expresiva, de esencialización de la expresión y de rigor expresivo, podando elementos accesorios y ornamentales. 
Se aprecia en la poesía de Guillén de esta etapa de después de la guerra civil española, recogida en Clamor, un tono de moderado pesimismo, de cierta desconfianza por la violencia irracional del hombre, visible en la guerra civil española y en las dos guerras mundiales que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XXCon todo, la sensación de vida plena, con sentido y belleza, se impone a los elementos desestabilizadores. La expresión serena, contenida, concentrada y comedida contribuye a una creación poética limpia de adherencias sentimentales u ornamentales que adornan, pero no aportan. 
Las estructuras estróficas elegidas por Guillén suelen ser breves (el soneto, por ejemplo), por lo que exigen una alta densidad de significación. En fin, estamos ante un poeta que expresa la dicha de la existencia, la armonía o analogía del hombre con la naturaleza, en este caso, el mar, incluso con matices negativos o preocupantes, lo que imprime sombras de dudas y de desaliento existencial. 
 
7. Interpretación y valoración 
Jorge Guillén elabora una poesía esencialista, muy sobria en la expresión y reconcentrada en el contenido. “El mar en brega” es un hermoso poema en el que se canta la grandeza oceánica, el embate o combate sin fin del mar contra la orilla; es un espectáculo hermoso y sobrecogedor al mismo tiempo. Esta contemplación sume al yo poético en una reflexión sobre sí mismo, también en lucha, pero entre alborozos y alegrías. El tiempo pasa, es cierto, pero tampoco ha de ser un drama. Muy al fondo, se percibe una armonía sutil que ordena y da sentido a todos los elementos naturales y a la vida del poeta. El poeta contemplador percibe y siente ese “espectáculo” contradictorio, bello y cambiante, de manera plena. Su poema nos trasporta a un estado existencial del poeta, sereno y contento por la dicha de vivir en un mundo a veces incomprensible, siempre bello y alegre. 
La extremada desnudez expresiva, bien perceptible en los enunciados breves, la elipsis como recurso recurrente y la escasez de adjetivos imprimen al poema un tono reconcentrado, con la significación comprimida. No se puede decir más con tan pocas palabras. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen). 
2.1. Comprensión lectora  
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).  
2) Señala su tema principal y los secundarios.  
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.  
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.  
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?  
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a elementos naturales y cómo impactan en el poeta.  
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.  
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Dónde y en qué momento se halla el poeta en su poema?  
2) Indica los tipos de emoción que expresa el yo poético.  
3) ¿Qué importancia poética posee el mar en el poema?  
4) ¿Qué características del mar destaca el poeta en su texto 
5) ¿Aparece el pronombre “yo” en el algún momento? ¿En qué lugar está situado? ¿Es importante la subjetividad del poeta en el conjunto de la significación del poema?  
6) En el poema se evidencia cómo actúan algunos de los cinco sentidos en la captación de la “brega” del mar contra la orilla: explícalos.  
7) Explica el sentido del último terceto, donde el poeta se ve como un “náufrago” en medio de un “oleaje” más bien alegre. 
  
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Compón un poema o texto en prosa que exprese la admiración por elemento geográfico. 
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre el mar y Jorge Guillén.  
3) Realiza una exposición sobre Jorge Guillén, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.  
4) Aporta o crea imágenes de paisajes marítimos idóneos para contemplarlos e identificarse” con ellos, siguiendo el ejemplo de Jorge Guillén.
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