San Juan de la Cruz: “Noche oscura del alma”; análisis y propuesta didáctica

San Juan de la Cruz – Noche oscura del alma (h. 1578)
[1] En una noche oscura                          1
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.                 5
[2] A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
a oscuras, y en celada,
estando ya mi casa sosegada.               10
[3] En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.             15
[4] Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.              20
[5] ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada:
oh noche que juntaste
Amado con Amada.
Amada en el Amado transformada! 25
[6] En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.  30
[7] El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.  35
[8] Quedeme, y olvideme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.      40
                   San Juan de la Cruz: “Noche oscura del alma” (h. 1578)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
Nacido como Juan de Yepes Álvarez, San Juan de la Cruz (Fontiveros, Ávila, 1542 – Úbeda, Jaén, 1591) es uno de los más altos poetas en lengua castellana. Su poesía se adscribe a la literatura renacentista religiosa, en la vertiente de la mística. El Cántico espiritual se compuso en los años 1577 y sucesivos, incluso durante su reclusión en prisión por parte de sus compañeros de la Orden Carmelita contraria a su postura reformista.
El sujeto lírico narra una aventura amorosa de naturaleza espiritual: una escapada de su casa, en una “noche oscura”, para encontrarse con el Amado (la mayúscula indica la individualización de ese ser, que es Dios); este marco temporal es clave para entender el poema; implica sigilo, secreto y furtivismo; lo que hizo no estaba bien visto por los demás. La Amada se aleja sigilosamente cuando su casa ya estaba en silencio. Esta entidad femenina es el alma del sujeto lírico, que va en procura de su Amado, pues está “en amores inflamada”. Lo que busca es su felicidad suprema, que expresa, a modo de estribillo, en el verso tres de varias estrofas: “¡oh dichosa ventura!”.
En la tercera estrofa se insiste en que la huida fue en plena noche, sin testigos, sin luz; no hacía falta porque su pasión era suficiente para guiarse en la penumbra. En la cuarta estrofa insiste en que esa luz interior, amorosa, lucía más que la del día, y la guiaba derecha a donde estaba el Amado. La quinta estrofa es de naturaleza exaltada; alaba la noche por guiarla y por propiciar la unión y la transformación de los amantes.
En la sexta estrofa se avanza en el proceso de consumación de la unión amorosa. El Amado se duerme en el pecho de la Amada, que lo refresca. La séptima estrofa se centra en las sensaciones táctiles, la del aire que orea el rostro, primero; después, las caricias del Amado en el cuello de la Amada. En la octava y última estrofa, la Amada se apoya sobre el Amado y todas sus preocupaciones desaparecen; quedan lejos; se siente dichosa y feliz.
2. Temas del poema
-Expresión de la felicidad suprema, alcanzada en la fusión del alma con Dios, de la Amada con el Amado.
-Representación del camino iluminativo que conduce al hombre al encuentro con la eternidad.
-Recreación del encuentro espiritual del hombre con Dios, la mayor dicha que se puede alcanzar en vida.
3. Apartados temáticos
En el poema podemos distinguir los siguientes apartados temáticos:
-Una primera parte ocupa las cuatro primeras estrofas (vv. 1-20): narra la fuga de la casa a hurtadillas y las circunstancias de su camino de huida.
-La segunda parte coincide con la quinta estrofa (vv. 21-25): posee un tono exclamativo; es un agradecimiento a la noche por haber sido cómplice y guía en su camino de encuentro con el amado.
-La tercera y última parte ocupa las estrofas sexta a octava (vv. 26-30). En ella se detalle cómo ha sido el encuentro amoroso espiritual y se expresan circunstancias sensitivas de esa unión dichosa. El grado de felicidad es tal que la Amada se olvida de todos sus cuidados o preocupaciones.
4. Análisis de la rima y la estrofa
El poema está compuesto por cuarenta versos, agrupados en ocho estrofas. En cada estrofa hallamos la estructura: 7a, 11B, 7a, 7b, 11B; la rima es consonante. Esta combinación de versos forma la estrofa conocida como lira; procede de la poesía italiana; el primer poeta en emplearla en la poesía española, de modo magistral, fue Garcilaso de la Vega, referido a temas profanos. Como podemos ver, estamos en el Renacimiento; en el siglo XVI se produjeron grandes novedades en la poesía italiana, sometida a un fuerte influjo de la italiana. San Juan de la Cruz la adoptó para la expresión de la espiritualidad más elevada.
5. Comentario estilístico
El poema es muy simbólico y alegórico. Una serie de recursos estilísticos configuran un mundo expresivo de naturaleza espiritual. La acción se desarrolla en “una noche oscura”; es algo más que un momento: es la expresión metafórica de un estado emocional de deseo de un encuentro dichoso. Las “ansias” y amores” (v. 2) son metáforas de la fe religiosa acendrada. En el verso 4 aparece el verbo de movimiento “salí”; indica muy bien la traslación espiritual, el abandono de un estado pasivo a otro activo. El alma del sujeto lírico ha iniciado su camino de ascenso hacia Dios. Todo ello es algo satisfactorio y sublime, como expresa la exclamación retórica “¡oh dichosa ventura!” (v. 3), repetida en la siguiente estrofa en la misma posición. Para iniciar esa escapada se necesita quietud, como se expresa en el último verso de esta estrofa “estando ya mi casa sosegada” (v. 5), luego repetido en la siguiente estrofa, como ya vimos que ocurría en el verso anterior. La casa es metáfora de la persona entera del sujeto lírico, es decir, su cuerpo y su alma.
En la segunda estrofa conocemos que el camino de ese encuentro está compuesto por una “secreta escala disfrazada” (v. 7); se trata de una escalera que asciende; está oculta y pocos la conocen porque está disimulada. Ahora se refuerza la idea que ha salido “a oscuras, y en celada” (v. 9); es decir, en total oscuridad y con engaño.
En la tercera estrofa se repite la metáfora de la noche, que sabemos que no es nada peligrosa, sino “dichosa” (v. 11); se insiste en el secretismo de la acción. Y se expresa una paradoja: aunque todo está en oscuridad, no hace falta ninguna luz, porque la que arde en el corazón de la Amada ya es suficiente. Aquí comprendemos que estamos ante un sentimiento de amor divino que lo invade todo e ilumina el camino suficientemente.
La cuarta estrofa ratifica que la luza amorosa que surge del corazón es más potente que “la luz del mediodía” (v. 17); el símil nos permite comprender que la intensidad del amor es inconmensurable. A la Amada la espera alguien del que no se dice el nombre, pues se utiliza un circunloquio (“quien yo bien me sabía”, v. 19); aumenta la intriga del lector, que se pregunta quién será ese amante concertado con la Amada. Han quedado en un lugar apartado e inaccesible para los demás, pues “nadie” puede llegar allí.
La quinta estrofa se abre con una doble exclamación retórica en la que ensalza a la noche; está personificada, pues se ha encargado de guiar el alma hacia el Amado. El epíteto “amable”, en una estructura comparativa, refuerza la complicidad establecida entre la Amada y la noche. De nuevo la paradoja de que la oscuridad es más deseada que la “alborada” nos recuerda la importancia de la noche en la significación del poema, subrayada con la anáfora y el paralelismo (vv. 21-23) de los tres primeros versos de la estrofa. Se crea en los dos últimos versos un quiasmo muy hermoso y significativo entre Amado y Amada, unidos ambos elementos a través de dos verbos especialmente expresivos: “juntar” y “transformar”. La fusión entre ambos ha sido total y perfecta. Esta quinta estrofa constituye, pues, el núcleo semántico del poema.
La sexta estrofa describe el estado de entrega y abandono de ambos amantes tras el encuentro. El Amado se duerme apoyado en el pecho de la Amada. El adjetivo “florido” aplicado a “pecho” resulta metafórico y expresa la belleza y delicadeza de la Amada, entregada al Amado. La anáfora con polisíndetos (a través de la conjunción “y”) de los dos últimos versos crean una sensación de acumulación de los efectos benéficos del amor compartido. La sensación de frescor, en un marco natural idílico –casi estamos ante un locus amoenus—refuerzan el marco natural sereno y hermoso.
La séptima estrofa ahonda en las sensaciones táctiles; ahora es el Amado quien acaricia el cuello de la Amada, transportándola a un arrobamiento superior. La Amada “esparce” los cabellos del Amado, correspondiendo así al intercambio de caricas. Los efectos de estas se expresan con dos verbos metafóricos de honda significación: “herir” y “suspender”; de algún modo, la Amada entra en una situación extática en la que casi no puede comprender lo que está pasando.
La octava y última estrofa cierra el poema insistiendo en la situación de suspensión de los sentidos y de la consciencia en la Amada; ha sido transportada a una dimensión superior y allí encuentra la felicidad suprema; ya no hay “cuidados” (metáfora de preocupaciones terenales); simplemente, goza de la presencia del Amado. Los verbos son estáticos y expresan situaciones físicas y emocionales: “quedarse”, “olvidarse”, “reclinar”, “cesar” y “dejarse” –este último, repetido, en una concatenación muy expresiva (vv.38-39). Conviene notar que el último elemento de significación del poema es una flor, la azucena; es hermosa y fragante y alude a la felicidad que embarga el alma de la Amada.
Ya se ha repetido en varias ocasiones que en la poesía mística se expesa el amor divino, la unión del alma del hombre con Dios, a través de términos y conceptos humanos; sin embargo, conviene insistir en la naturaleza religiosa de la experiencia del sujeto lírico: abandona sus condicionantes físicos para adentrarse en una dimensión espiritual.
6. Contextualización
San Juan de la Cruz (Fontiveros, Ávila, 1542 – Úbeda, Jaén, 1591) representa una de las cimas de la litertatura española; sin duda, es el más sublime poeta místico en lengua española. Sus tres obras poéticas más importantes son Cántico espiritual, Llama de amor viva y Noche oscura del alma, que es la que ahora estamos analizando. Completó los textos en verso con unos Comentarios al Cántico espiritual, de naturaleza más didáctica y explicativa. Su prosa tersa, precisa y expresiva mantienen un alto nivel en todo momento.
En su corta vida, San Juan de la Cruz hubo de lidiar con situaciones feas y complicadas a causa de las reformas religiosas en su orden carmelita. Sin embargo, supo cultivar con increíble acierto su talento poético, movido por sus experiencias espirituales, de orden superior.
7. Interpretación
El poema Noche oscura del alma desea ser la expresión de un viaje espiritual con un final dichoso. El sujeto lírico se transporta, casi lo vemos físicamente, a otra dimensión del conocimiento y escala por regiones desconocidas en la procura de la divinidad, para fusionarse en su interior. Lo logra, en efecto, y eso provoca un éxtasis o arrobamiento, con la conciencia desconectada, donde la dicha es lo único que existe.
Como ya dijimos en otro lugar a  propósito del cántico espiritual, Según la teoría mística, existen tres fases en el camino de la fusión espiritual: la purgativa, la iluminativa y la unitiva; desde el desprendimiento de las pasiones humanas hasta la desnudez total para alcanzar la disolución con Dios, el hombre recorre un camino de desprendimiento y concentración en lo esencial. No es una senda física, sino espiritual. En los momentos intermedios, el alma pasa por una “noche obscura”, como un flotar a ciegas, sin asideros de ningún tipo, hasta alcanzar el reparo de Dios mismo, en cuya esencia se diluye. En un famoso mapa alegórico de esa experiencia –fácilmente accesible en internet, a lo que exhortamos–, San Juan escribió que, en esos territorios, no había ni pasaba “nada”, vocablo repetido en varias ocasiones. Es este camino de fusión espiritual es el que San Juan nos presenta literariamente en el Cántico espiritual (1584).
El lenguaje poético profano es el material más idóneo (y, probablemente, el único) para expresar con palabras esta experiencia espiritual, de por sí inefable. Esto implica que nuestro poeta, que conocía muy bien la poesía castellana de su tiempo, toma temas, tópicos, imágenes y lenguaje poético para su empresa literaria-espiritual. Por supuesto, el influjo de la poesía italianizante y, en concreto, del magistral Garcilaso de la Vega (fallecido casi medio siglo antes para cuando San Juan compone su poema) es continuo e intenso. La poesía amorosa profana es el modelo tomado, pero transcendido, por los poetas místicos.
San Juan de la Cruz utiliza una serie de símbolos básicos que transfiguran completamente la poesía profana: el amado es Dios; la amada es el poeta o el místico; el amor es la fusión de ésta en la naturaleza sublime de Él; la búsqueda de ella, disfrazada de pastora o cualquier otra convención, se identifica con la búsqueda espiritual y el camino místico de las tres fases antes mencionado. Estamos, pues, ante un itinerario físico, de una pastora que, atravesando montes, “fuertes y fronteras”, busca a su amado; luego viene el itinerario amoroso: es tal la pasión encendida en su interior que lo deja todo para buscar a su amado; el tercer itinerario es el espiritual o religioso, verdadera piedra angular de todo el edificio teológico-literario.
La “noche oscura del alma” representa el momento en el que la espiritualidad de nuestro poeta alcanza una dicha mística de naturaleza inefable. Apenas se puede expresar con palabras la sensación de fusión espiritual con Dios. Desde nuestra ladera, como afirmó el eminente filólogo Dámaso Alonso, nos conformamos con admirar su talento poético y con la contemplación de su arrobamiento, entre el asombro y la perplejidad.
8. Valoración
Este bellísimo poema nos presenta la experiencia espiritual más sublime que un alma puede sentir. San Juan de la Cruz compone un texto bajo las convenciones literarias de la época; se apropia de su lenguaje para transmitir una experiencia superior, divina e inefable. Aquí radica la gran belleza y el asombroso hallazgo de nuestro poeta místico. Con palabras propias de la convención poética de su tiempo, nos acerca al inteior de su alma en su fusión con la divinidad.  
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras).
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa?
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada.
4) Distingue entre yo poético, alma, Amada y Amado.
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) El yo poético, ¿qué busca en medio de la noche? Razona la respuesta.
2) Indica las circunstancias de lugar y tiempo en las que se produce el encuentro místico.
3) ¿Quién alcanza más importancia o relevancia el poema, la Amada o el Amado?
4) Al final del poema, se cita una flor. ¿Cuál es? ¿Qué significación metáforica posee?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Documéntate sobre San Juan de la Cruz y realiza una exposición en la clase con ayuda
de medios TIC, creando un póster, etc., sobre su vida y obra literaria.
2) Transforma el poema en un relato en prosa, o teatral, en el que recoja una experiencia mística.
3) Imagina un encuentro de San Juan de la Cruz con tu grupo de clase. Idea preguntas sobre su poesía; otros compañeros pueden dar las respuestas que podrían ser acordes con San Juan.
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de San Juan de la Cruz, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva y la gran musicalidad de los poemas de nuestro principal poeta místico.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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