Delmira Agustini: “Clarobscuro”; análisis y propuesta didáctica

DELMIRA AGUSTINI – Clarobscuro
CLAROBSCURO
Cuando sonriente, la aurora       1
Sus áureos cabellos suelta
Y en el pálido horizonte
Su faz sonrosada muestra,
Y las albas avecillas                      5
De sus manos marfileñas,
Van rasgando de la noche
El amplio manto de niebla,
Un níveo, frágil insecto            
De sus ensueños despierta,       10
Y agitando dulcemente
Sus alas leves, etéreas,
Sediento en busca de flores
Su vuelo ondulante eleva.         
Flores que recién se abran        15
Y en sus copas soñolientas,
Le brinden savia, perfumes
¡Y una llovizna de perlas!
Tenue, vaporoso insecto            
Cuyas alas nacareñas,                20
Del lirio tienen la albura
Y la suave transparencia,
Tal vez de su vara al toque
El hada Delicadeza,                  
Formólo de una sonrisa             25
Un silfo, un sueño, una perla.
¡Y la luz diole por sangre
Una gota de su esencia!
Existe un lúgubre insecto          
De alas pesadas y negras,          30
Que espera ansioso el momento
De silencio y de tinieblas
En que en brazos de la noche
Duerme enlutada la tierra,        
Y entonces alza su vuelo           35
De lentitudes funéreas,
¡Vuelo pesante, fatídico,
De vibraciones siniestras!
¡Tétrico, ominoso insecto!         
¡Animalaña funesta!                  40
Al vivo fulgor del día
Permanece inmóvil, yerta,
La helada sombra nocturna
Da vida a sus alas muertas.        
Es que tal vez de la noche          45
Le brinda la copa inmensa,
De la esencia del misterio
El vivificante néctar,
Esencia que por lo oscura         
Parece su propia esencia!           50
¡Raro, sublime contraste!
¡Atrayente diferencia!
Aquél, una estrella alada,
Éste, un jirón de tiniebla;        
Aquél, graciosa alegría,              55
Éste, fúnebre tristeza;
Aquél tiene la celeste,
La luminosa belleza,
Del astro claro, radiante,         
De una sonrisa arcangélica,      60
Éste tiene la sombría
Severa magnificencia,
La atracción trágica, extraña,  
Irresistible, funesta,                 
Del abismo devorante!              65
De la sima negra, tétrica!

 

1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Delmira Agustini (Montevideo, Uruguay, 1886 – 1914) es una de las voces poéticas más relevantes de la poesía en lengua española en la primera mitad del siglo XX. En un ambiente de postromanticismo y de modernismo, supo encontrar un tono lírico propio, innovando en temas y en tonos de un modo sorprendente. En su poesía se percibe un intimismo apasionado, en una atmósfera de celebración del amor, pero bajo la sombra de la pérdida, de lo efímero y de la muerte. 
El poema al que ahora nos acercamos es original chocante, tanto por su tema como por la perspectiva que adopta el yo lírico. Se trata de la observación de dos insectos, uno diurno, bello y simpático; otro, nocturno, siniestro y repelente. También nos llega la reacción del sujeto poético a esta contemplación: el insecto diurno, una mariposa, lo atrae por su gracia y armonía. Pero el nocturno, en contra de la primera impresión, también le resulta atractivo, precisamente por su aspecto siniestro y misterioso.
En la primera estrofa se establece el momento del día en que el insecto despierta y se activa. Es el primer instante del amanecer, del que destaca el color del cielo y las primeras aves surcando el cielo en procura de sus sustento. En ese instante, un “insecto” muy blanco, seguramente una mariposa, echa a volar buscando flores para libar el néctar de las hermosas flores que se lo ofrecen con generosidad.
La segunda estrofa exalta la hermosura delicada y admirable de la mariposa. Destaca su blancura y la transparencia en algunas partes de su cuerpo. Es tal su encanto que acaso un hada o un silfo (seres mágicos de vida oculta) colaboraron a su perfecta creación. Parece que posee gotas de luz en su interior, tal es su belleza mágica, ligera, casi etérea.
La tercera estrofa cambia bruscamente de contenido, que no de tema. Se presenta a un “lúgubre insecto” que es todo lo contrario al anterior. Ahora estamos ante un insecto negro, de alas “pesadas”, que despierta al caer la noche. Estamos ante escarabajos; son los coleópteros con ese color y hábitos de vida. En la obscuridad nocturna emprenden su vuelo “pesante, fatídico”, es decir, que anuncia malas noticias; además, se oye perfectamente.
La cuarta estrofa muestra la reacción negativa y repulsiva del yo poético hacia este repelente insecto, que provoca miedo. Agustini se inventa un neologismo, “animalaña”, mezcla de animal y de alimaña, para fundir las palabras y su significado: ser vivo dañino y temible (si es que no es una errata de impresión). Narra sus hábitos de vida: de día, no se mueve, está quieto. De noche, al amparo de la oscuridad, confundido con el negro nocturno, emprende el vuelo. Acaso reciba su alimento (“vivificante néctar”) de la propia noche, pues parece que él forma parte de ella.
La quinta y última estrofa expresa la reacción del yo lírico ante estos dos insectos. Advierte del contraste entre ellos, que le resulta bello y atractivo. Señala aspectos concretos de su contraposición: lo blanco frente a lo negro, lo alegre frente a lo triste y, finalmente, la belleza luminosa de aquel frente a la negra ¡belleza! de este. En efecto, en los últimos versos, el yo poético confiesa que también este insecto lúgubre, feo y siniestro es elegante a su manera y lo atrae con su misterio originario de los abismos siniestros del mundo.
  1. Tema
El tema del poema se centra en la cautivadora atracción que provoca la contemplación de dos insectos opuestos en forma y hábitos de vida y, también en la belleza escondida, repulsiva pero real, que el insecto nocturno posee en su misterio y en su fealdad. Existen otros temas secundarios como la descripción exaltatoria de una mariposa y la denigrante de un escarabajo.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta tres apartados temáticos bien reconocibles. Tenemos:
-Primera sección, formada por las dos primeras estrofas (vv. 1-28). Descripción positiva y empática de una mariposa que destaca por sus hábitos diurnos, su estilo de vida, conviviendo con las flores, de las que se alimenta, y su belleza etérea casi sobrenatural.
-Segunda sección, formada por la tercera y cuarta estrofas (vv. 29-50). Descripción negativa y repulsiva de un escarabajo; de él señala su color negro siniestro y sus hábitos nocturnos, pues vuela y vive cuando cae la noche; es un insecto lúgubre y feo, del que conviene alejarse.
-Tercera sección, formada por la quinta y última estrofa (vv. 51-66). Expresión de la reacción del yo lírico. Le cautiva el fuerte contraste que es establece entre ambos animales; no solo por sus colores opuestos, sino por sus hábitos de vida, diametralmente opuestos. El yo lírico encarece el permanente contraste entre ambos bichos; y, sorprendentemente, al final, confiesa que le atraen los dos, pues ambos son, cada uno a su manera, hermosos y portadores de una vida oculta; alegre y visible la mariposa, triste y lúgubre el escarabajo.
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto por sesenta y seis versos octosílabos distribuidos en cinco estrofas de desigual tamaño (de diez a dieciocho versos). Los versos pares riman en asonante, en é-a, en tanto que los impares quedan libre. Estamos, pues, ante un romance. Esta estrofa es de origen popular, colectivo, anónimo y oral; surgió hacia el siglo XV, sin que haya establecido a ciencia cierta su origen. Mucha de la poesía tradicional española se ha compuesto y transmitido a través de esta estrofa. Desde el siglo XVI, los poetas individuales la adoptaron y cultivaron por su versatilidad y su asombrosa naturalidad para la transmisión de todo tipo de mensajes poéticos. Hasta nuestros días, su empleo ha sido continuo y feliz. Recordemos, por ejemplo, a Antonio Machado y a F. García Lorca como dos de sus más eximios cultivadores modernos.  
  1. Comentario estilístico
El poema presenta su contenido en el título: “clarobscuro”. Ahí mismo se señala el meollo del poema: el contraste entre la luz y la oscuridad, la claridad y la negrura, pero todo fusionado, indisoluble, como el haz y el envés de una hoja. Para que exista una, ha de existir la otra; es una relación biunívoca que forma parte de la realidad física o material y psíquica o emocional.
El poema juega profundamente con la suspensión. Se establece un marco, se precisan circunstancias espacio-temporales en las que algo va a ocurrir, pero no sabemos qué pasará. El poema se abre con una  doble prosopografía clásica: “Cuando sonriente, la aurora / Sus áureos cabellos suelta” (vv. 1-2). Sigue en los versos siguientes para expresar que está amaneciendo. La adjetivación con epítetos es muy llamativa: “áureos cabellos” (v. 2), “pálido horizonte” (v. 3) . Observemos que toda la primera estrofa hay dos  oraciones (una hasta el verso 14, inclusive, y la otra los tres versos finales; algo parecido ocurre en las estrofas siguientes. Esto significa que los encabalgamientos y los hipérbatos aparecen con mucha frecuencia. Otro recurso muy abundante es el de la sinestesia. Se fusionan en una sola entidad o realidad percepciones distintas, como vemos en “manos marfileñas” (v.6), “níveo, frágil insecto” (v. 9), “alas leves, etéreas” (v. 12), etc. Los efectos de repetición fonética también contribuyen a la expansión signficativa, como se aprecia en la aliteración de la /l/ en “su vuelo ondulante eleva” (v. 14). Las enumeraciones asedian la significación de un modo más acuciante; se aprecian en “Le brinden savia, perfumes” (v. 17), reforzada por un asíndeton; en general, se presentan en forma de bimembraciones sonoras.. Se cierra la primera estrofa con una exclamación retórica que funciona como un epifonema: “¡Y una llovizna de perlas!” (v. 18). Es una hermosa metáfora para significar las gotas del rocío que reposan en las hojas de las flores.
La segunda estrofa continúa con la descripción admirativa de la mariposa (o eso se puede inferir, pues en el poema solo se nombra como “insecto”), con los correspondientes  efectos sinestésicos (“suave transparencia”, v. 22) y de ruptura del orden sintáctico y versal. Se introducen dos seres fantásticos, el hada y el silfo, para acentuar la naturaleza casi irreal (“un sueño”, v. 26) de la belleza blanca de este insecto. Se cierra la estrofa con un epifonema en el que se comprime una metáfora personificada y una hipérbole: el encanto del insecto es tal que parece que la luz le dio parte de sí misma como sangre.
La tercera estrofa cambia completamente de contenido. Ahora se describe a otro insecto, pero es justo lo contrario del anterior. Este es negro, de vida noctura y de aspecto siniestro y desapacible. Por supuesto, la noche, personificada, es su mejor aliada: “En brazos de la noche” (v. 33). Otra vez abundan los epítetos, pero ahora evocan oscuridad, miedo y fealdad: “lúgubre” (v. 29), “pesadas y negras” (v. 30), etc. Véase en este último ejemplo el efecto sinestésico y la bimembración, como ya antes comentamos. También se cierra la estrofa con una exclamación retórica que insiste en los siniestro de este insecto nocturno que hasta su mismo vuelo causa pavor, pues está lleno de “vibraciones siniestras” (v. 38). El efecto de repulsión y asco queda, así, muy marcado. Como ya vimos antes, en la estrofa solo existen dos oraciones; el tiempo está como paralizado; los sujetos son más importantes que las acciones que puedan realizar.
La cuarta estrofa continúa la descripción de este “tétrico, ominoso insecto” (v. 39). Se abre con dos exclamaciones retóricas que muestran la repulsión del yo poético ante su contemplación. Lo metaforiza muy bellamente nombrándolo como “helada sombra nocturna” (v. 43). La noche es su mejor aliada, de ahí que este insecto (que parece un escarabajo nocturno, de color negro) la necesita casi como alimento, pues de ella viene el “vivificane néctar” (v. 48). Se repite tres veces la palabra “esencia” en los versos finales, repetición que refuerza la idea de la identificación de este insecto con la nocturnidad; forma un quiasmo llamativo, casi como epanadiplosis (vv. 47-50). Aquí aparece una palabra especial, “misterio” (v. 47); da a entender que una parte de la vida de este insecto es una incógnita no exenta de atractivo. Se cierra también la estrofa con una interrogación trunca (no se abrió) que afecta a todo el enunciado.
La quinta y última estrofa cambia bruscamente de tono. Ya no hay ni descripción, ni narración, sino la expresión de la viva emoción positiva del yo lírico ante la contemplación de la antítesis que forman estos dos animales. Lo expresa a través de cuatro exclamaciones retóricas repartidas a lo largo de la estrofa. Los dos primeros versos son muy elípticos (falta el verbo y el sujeto; solo aparece el atributo), y forman un paralelismo enfático. Continúa estableciendo la antítesis con las palabras “Este / Aquel”, situadas, alternativamente, al principio de cinco versos (vv. 53-57). Se crea así una anáfora en quiasmo de mucha belleza y significación. Hasta el verso 61 no aparece un solo verbo. Toda la significación está comprimida en sustantivos y adjetivos; la elipsis tan recurrente crea una significación de tensión máxima. En el verso 57 (“Aquel tiene la celeste”) comienza una oración que forma un paralelismo de honda significación con la que comienza en el verso 61 (“Este tiene la sombría”). La primera oración ocupa cuatro versos (vv. 57-60); la segunda, seis versos (vv. 61-66). Parece que gravita la significación hacia este último insecto, que es, precisamente, el nocturno y tétrico. Pero la percepción de este animal cambia. Ahora, el escarabajo desprende una “atracción trágica, extraña, / irresistible”, vv. 63-64) que hace que el yo lírico lo contemple elogiosamente, a pesar de reconocer que procede del “abismo devorante” (v. 65) y de la “sima negra, tétrica” (v. 66). Le da miedo, pero lo atrae y no puede rechazarlo. La repulsión y la atracción se fusionan en una emoción ambigua y peligrosa.
El poema, por tanto, nos ofrece una pintura externa de dos insectos contrapuestos. Pero en paralelo, o por debajo, corre una reacción del yo poético ambigua y cambiante. Primero alaba al diurno y rechaza al nocturno. Sin embargo, finalmente, alaba a los dos y admira exaltatoriamente su contraste. La rara atracción por el insecto nocturno nos dice mucho del alma del yo poético, inclinado a la luz, pero también a la oscuridad; a la belleza diurna, pero también a la fealdad misteriosa nocturna; etc.
  1. Contextualización
Delmira Agustini (Montevideo, Uruguay, 1886 – 1914) es una de las voces poéticas más relevantes de la poesía en lengua española en la primera mitad del siglo XX. Recibió una educación esmerada, lo que unido a su talento natural y a su vocación poética, dio como resultado una de las voces líricas más originales y sugestivas de la poesía en lengua española en los albores del siglo XX. En 1900 ya aparecieron sus primeras colaboraciones en prensa, índice de su don natural en el manejo de la palabra. 
Su vida, sin embargo, fue muy accidentada y con un final trágico. Su matrimonio en 1913 con Enrique Job Reyes resultó un fracaso al poco tiempo. En los pasos finales de su separación legal, en 1914, él la mató y luego se suicidó. Apenas contaba con 27 años y ya había alcanzado una gran madurez poética. Fue una terrible pérdida para la poesía en lengua española.
Escribió y publicó tres poemarios en vida (desde los 21 años hasta el año previo a su muerte; en una cadencia de uno cada tres años, lo que es asombroso): El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910) y Los cálices vacíos (1913). Se recogieron en varios libros póstumos otros poemas, prosa y correspondencia particular en el que se desvelan sus sentimientos más íntimos, teñidos de erotismo y sexualidad. Desgraciadamente, esta faceta se ha impuesto sobre sus otros méritos literarios, en claro perjuicio de su formidable calidad poética. Agustini  posee un mundo poético propio: percibe el mundo y lo interioriza con extraordinaria sensibilidad, analiza sus emociones, sus filias y fobias y las vierte en hermosos poemas que rezuman sentimientos ahogados, ansias de felicidad y miedo a lo desconocido y misterioso, aunque también la atraen poderosamente. Destacamos cuatro notas compositivas de su poesía, que fue evolucionando de un tardorromanticismo becqueriano a un modernismo avanzado, casi a las puertas de las vanguardias, lo que se aprecia muy bien en su último libro Los cálices vacíos:
-Mirada intimista hacia el mundo: todo lo exterior lo contempla con mucho cuidado, atenta a los mínimos detalles; e inmediatamente lo interioriza y vierte en su poesía su reacción emocional y espiritual ante lo contemplado, sea una mera flor, a la gente pasar, el mar, los usos sociales, como el carnaval, etc.
-Expresión plástica y visual: sus poemas nos permiten crear imágenes en nuestra mente sobre lo que está escribiendo, sea de tono más narrativo, o más lírico, no importa. Se imbrican en armonía los aspectos externos del contenido y los elementos sentimentales, reflexivos o espirituales que los acompañan.
-Preferencia por las formas poéticas sencillas y la expresión transparente. Siguiendo la huella de Bécquer, de Machado, de Juan Ramón Jiménez, algo mayores que ella, opta por una expresión más natural, lejos de la sofisticación, más cercana a la poesía popular. Es algo más que un capricho compositivo, pues se acerca más a una expresión esencialista, honda, popular en el más genuino sentido de esta palabra (ella lo expresó muy bien en el poema donde reflexiona sobre su herencia española y germánica).
-Lirismo comunicativo subjetivo: Agustini se centra en la recepción interior del mundo, en su asimilación y en cómo determina su modo de vivir. La naturaleza, la sociedad, la historia mitificada son elementos que la conmueven. En sus poemas, nos transmite con un gran deseo de comunicación por qué ha observado y vivido de una determinada manera. Agustini desea contarnos sus pliegues íntimos más recónditos con el fin de entenderse y de ser entendida. Muchos de estos poemas están al borde de lo dialógico, pues establecen un diálogo sutil entre el yo lírico y el mundo, entre el emisor y el receptor, o entre aquel y algún protagonista de sus versos.
  1. Interpretación y valoración
El poema “Clarobscuro” es un hermoso ejemplo de cómo la contemplación del mundo exterior nos comunica mucho sobre cómo es el alma del ser contemplante. Los dos bichos contemplados son contrapuestos, lo que levanta la admiración del yo poético. Se inclina por el luminoso y diurno, pero a medida que avanza el poema ocurre un movimiento contrario. 
Agustini describe con precisión poética ambos insectos. Pero lo que a ella le interesa es transmitir su reacción ante su presencia, real o imaginaria, poco importa. Cuando en la quinta estrofa nos hace saber que lo realmente hermoso es el contraste que se establece entre ambos bichos, el lector da un respingo de sorpresa, pues pensaba que el poema discurriría por el sendero abierto de alabanza del diurno y denigración del nocturno. Pero aún hay otra sorpresa; en la parte final del poema, el yo poético muestra aprecio y admiración por el insecto nocturno, de quien destaca su grandiosidad, dentro de su naturaleza oscura y siniestra.
Agustini siente cierta atracción por el lado oscuro del mundo, por los seres de las sombras. Nos viene a decir que son parte de la vida; que, en su fealdad o en horrorosidad hay una belleza escondida, un secreto de majestuosidad poco conocida que merece la pena conocer.
La composición del poema guarda un perfecto equilibrio entre las partes:una para el bicho diurno, otra para el nocturno y otra para expresión del impacto emocional de ambos en el yo poético. Podemos apreciar, por tanto, la armonía compositiva y el equilibrio entre las partes y el todo.
El lenguaje poético es muy apropiado: evocador, preciso y expresivo. La lectura del poema causa una grata impresión estética, una de las metas de la buena literatura, como la poesía de Agustini.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a las percepciones sensoriales al mar, y cómo impactan en el poeta y, después, en el lector. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué dos objetos o seres se oponen en el poema? Localiza cuatro cualidades de cada uno en las que se aprecie esa antítesis. 
2) La poeta, ¿qué sentimientos muestra hacia ellos, teniendo en cuenta que puede ser cambiante? 
3) Localiza las imágenes naturales con las que se explica la belleza de ambos “insectos”. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Qué es lo que más aprecia el yo poético del mundo de la luz y de las sombras ? ¿Ejerce una influencia positiva o negativa sobre él?
5) Explica el tipo de vida del bicho diurno, referido a acciones, y confróntalo con el nocturno. 
6) Observa detenidamente el cierre del poema. ¿Le resulta repulsiva la nocturnidad y lo lúgubre al yo poético? ¿Qué podemos deducir de su sentido de la realidad? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la predilección por un elemento natural o un ser vivo, en contraposición con su contrario; describe cómo es y narra qué hace. Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Delmira Agustini.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y la poeta Delmira Agustini a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Delmira Agustini, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la predilección por un elemento natural, como un animal, por ejemplo, que se oponga a otro diametralmente opuesto; serán reflejo de  un sentimiento especialmente relevante para ti, como el de admiración por el equilibrio, siguiendo el ejemplo de Delmira Agustini.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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