Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis…”; análisis y propuesta didáctica

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ – “Hombres necios que acusáis…”

[1] Hombres necios que acusáis          1
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
[2] Si con ansia sin igual                       5
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
[3] Combatís su resistencia
y luego con gravedad                          10
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
[4] Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.                        15
[5] Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
[6] ¿Qué humor puede ser más raro  20
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
[7] Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,                        25
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
[8] Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,                30
y si os admite, es liviana.
[9] Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.                    35
[10] ¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
[11] Mas entre el enfado y pena      40
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.
[12] Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas                        45
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
[13] ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada                       50
o el que ruega de caído?
[14] ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?                55
[15] ¿Pues para qué os espantáis   
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
[16] Dejad de solicitar                      60
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
[17] Bien con muchas armas fundo  
que lidia vuestra arrogancia,            65
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Sor Juana Inés de la Cruz: Inundación castálida de la única poetisa, Musa Décima, sor Juana Inés de la Cruz…, Madrid, 1690

 

  1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una de las más grandes poetas en lengua castellana. Su valor se acrecienta todavía más si consideramos su época (el Barroco) y su condición de mujer, en general, supeditada al hombre, cosa que con ella no ocurrió, pues se rebeló y triunfó frente a una sociedad estamentalizada y rígida en muchos aspectos.
El poema que ahora analizamos es un lúcido y áspero análisis sobre la negativa valoración de la mujer en relación a su papel en el cortejo, es decir, en el juego de las relaciones sentimentales y sus consecuencias. En la primera estrofa –ya podemos adelantar que son redondillas, cuatro versos octosílabos con rima consonante abba– tilda a los hombres de “necios”, es decir, persistentes en sus errores producto de la poca inteligencia; los hombres no quieren ver que culpan a la mujer de algo (no lo especifica todavía) que provocan ellos mismos. En la segunda estrofa denuncia la doble tabla de medir del hombre. Pregunta al hombre cómo esperan que la mujer actúe bien si la induce al mal, a pesar de él mismo espera una actitud de desprecio de ella respecto de sus pretensiones.
La tercera estrofa se aproxima un poco más al núcleo temático, pero todavía da algún rodeo. Comprendemos, con todo, que habla del empeño amoroso del hombre para seducir a la mujer. Y cuando lo ha logrado, opina que la mujer fue deshonesta y la rechaza. La cuarta estrofa desarrolla enteramente un símil donde retrata la incoherencia del hombre: actúa como el niño que quiere tener el coco, el monstruo que da miedo, pero cuando lo ve delante le da pánico por su fealdad.
La quinta estrofa evidencia la hipocresía del hombre; si busca una mujer fácil, prefiere que sea accesible, como una vulgar prostituta, a ejemplo de Tais, la meretriz griega que acompañó a Alejandro Magno en sus conquistas. Pero cuando la mujer es su esposa y la siente como parte de su honra, le exige que se comporte como la célebre mujer romana Lucrecia, que se suicidó tras haber sido violada. En la sexta estrofa, a través de una interrogación retórica que ocupa toda ella, tilda a los hombres de estúpidos, pues realiza acciones que luego lamenta, al recibir un claro perjuicio; se refiere a que si se difama a una mujer, y resulta que puede ser la esposa o familiar del difamador, la honra de este queda en entredicho; o que los demás van a actuar como lo hace ese hombre idiota e impulsivo, además de ilógico, pues no se puede pretender consecuencias de actos que son contrarios.
La séptima estrofa afea la actitud quejica y lastimera del hombre, quejándose igualmente si la mujer le hace caso o no se lo hace; al fin, la culpará o de ser desdeñosa si ella se mantiene firme,  o de ser casquivana si accede a las pretensiones del hombre. En todo caso, desarrolla ya en la octava estrofa, la mujer pierde en su imagen pública, pues será tratada de ingrata o de ligera de cascos, según acceda a las pretensiones del hombre.
La novena estrofa repite el contenido de la anterior, pero cambiando las palabras. De nuevo califica al hombre de “necio”, pues no alcanza a comprender que su comportamiento es ridículo e injusto. En la estrofa décima (sintácticamente igual que la sexta, un enunciado interrogativo en su totalidad) justifica que la mujer esté harta e irritada ante este comportamiento de los hombres, pues aplicará su doble rasero: la mujer que no accede a las pretensiones amorosas del hombre “ofende” al hombre; la que sí accede, enfada, de modo que el hombre siempre tendrá motivo de queja.  
El yo poético, trasunto de Sor Juana, toma partido en la undécima estrofa: felicita a la mujer que rechaza al hombre y la considera afortunada en su decisión. En la duodécima estrofa vuelve al tema de la incongruencia del comportamiento del hombre, dando un paso más: es el hombre quien convierte a las mujeres en “malas”, pero luego las quiere hallar “muy buenas”, es decir, de buena reputación. La mujer no es culpable, solo víctima de la hipocresía masculina y de su comportamiento atolondrado e injusto.
En la décimo tercera estrofa desarrolla un retruécano muy ingenioso para echar la “culpa” de la pérdida de la virtud a ambos, o, en todo caso, al hombre, pues este ha sido el elemento agente en una “pasión errada” (v. 49). La  décimo cuarta estrofa plantea el mismo asunto, pero ahora desde la perspectiva de la prostitución. Duda que la mujer que vive del comercio carnal sea culpable de nada, más bien es el hombre que paga por acceder a esos servicios.
La décimo quinta estrofa sube el tono del enfado del yo poético, y echa la culpa al hombre de esta situación de hipocresía irritante. Y lo somete a una tesitura: o aceptan las mujeres según lo que hacen de ellas, o, si las desean de otra manera, que contribuyan para que así sea. La décimo sexta estrofa es una petición, más bien orden, dirigida al hombre: es mejor que dejen en paz a las mujeres; así, al menos, tendrán razón para quejarse de que una mujer los requiebre a él.
La última estrofa, la décimo séptima, posee un cariz personal muy grande. El yo poético habla en primera persona y sentencia la actitud masculina. La encuentra presuntuosa (“arrogancia” alude a ello) y, entre palabras de amor y de apremio a la mujer para que acceda a sus deseos, encuentra al hombre una mezcla explosiva y peligrosa de pecado, condena y concupiscencia. Es decir, un auténtico peligro para él mismo y para la sociedad.
1.2. Temas del poema
Este poema aborda los siguientes asuntos:
-Protesta contra los hombres por su cinismo e hipocresía al exigir a las mujeres lo que ellos no ofrecen o se encargan de destruir.
-Denuncia del rol social de la mujer, sometida a unas pautas de comportamiento perniciosas para ellas, atrapadas en una contradicción.
-Apelación a la sociedad, especialmente al sector masculino, pues la domina, para que proporcione a la mujer un trato justo e igualitario respecto del hombre.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta tres apartados temáticos bien discernibles:
-Las dos primeras estrofas son una presentación del asunto y una toma de posición: los hombres oscilan entre la estupidez y la hipocresía cuando reclaman a la mujer lo que ellos evitan que ellas den.
-Desde la tercera a la decimoquinta estrofa: es todo un cuerpo argumentativo en el que demuestra que la actitud del hombre es inconsecuente, cínica e hipócrita, además de inmadura. Exigen lo que no dan, reclaman lo que evitan cultivar en la mujer y protestan por todo.
-Las dos últimas estrofas (16 y 17) representan el cierre, con una estructura conclusiva. El imperativo con que se abre la estrofa 16 (“Dejad…”) abre un enunciado imperativo dirigido a los hombres, a los que se les pide, casi ordena, que no molesten a las mujeres con requerimientos sensuales, aunque tiene sus dudas, dada la “arrogancia” de los hombres. 
Conviene tener en cuenta que otras divisiones son posibles e igualmente legítimas, pues muchas veces depende de la perspectiva adoptada.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por sesenta y siete versos octosílabos agrupados en diecisiete estrofas de cuatro versos. La rima consonante, que se repite en cada estrofa, es: abba;  va cambiando la terminación en cada estrofa, señal del talento poético de su autora. La estructura estrófica utilizada es la redondilla; es de origen italiano y se introdujo en España en el Renacimiento, gracias al esfuerzo adaptador del maestro Garcilaso de la Vega y otros poetas.
1.5. Comentario estilístico
Sor Juana Inés de la Cruz hace alarde de un talento poético descomunal en la composición de este poema. Emplea una estrofa breve y, sin embargo, en cada una de ellas, desarrolla una idea, un pensamiento o un argumento en torno a un mismo asunto: la irritante desigualdad con que es tratada la mujer en la sociedad de su época y el terrible cinismo en el comportamiento del hombre. 
El poema posee un tono apelativo, apostrófico, buscando remover la inteligencia y la conciencia de los hombres. El enfado del yo poético, trasunto de Sor Juana Inés, es mayúsculo. En el primer verso se apela a los hombres (siempre se dirige a ellos en plural, tratados, pues, como un grupo donde no hay excepciones). Se los califica inmediatamente de “necios”, es decir, estúpidos o cerriles en su propio error. Lamenta que el hombre acuse a la mujer de algo provocado por los mismos hombres. No entra en el núcleo del asunto, pues de momento todo son circunloquios o perífrasis. La sinonimia (“acusáis”, “culpáis”) insiste en la actitud repetida del hombre, que responsabiliza a la mujer. En la segunda estrofa las perífrasis concreta un poco más el tema principal: los hombres solicitan el “desdén” (v. 6) de las mujeres a pesar de que las incitan al “mal”. He aquí una paradoja irritante; apela a la razón de los hombres a través de una interrogación retórica y de una antítesis chocante, establecida entre “bien” y “mal”. 
En la tercera estrofa narra el comportamiento de los hombres, que ahora ya descubrimos que se refiere a las relaciones sentimentales y sensuales entre ambos sexos. Los hombres luchan por que la mujer no oponga resistencia a sus pretensiones; y, cuando lo logra, piensa que fue un acto de frivolidad o lascivia de las mujeres. Es una contradicción muy grave y culpa indirectamente a los hombres de haberla provocado, luego es el culpable. Esa actitud, desarrolla en la estrofa 4 a través de un símil que la ocupa enteramente, es como la actitud del niño que desea e insiste por tener al lado algo feo o temeroso (el “coco”) y, cuando se lo conceden, muestra miedo y lo rechaza. Es una actitud inconsecuente e infantil, deducimos inmediatamente. 
En la estrofa quinta recurre a la clasicidad grecolatina para afear la actitud contradictoria de los hombres. Desea que las mujeres se porten, según sus deseos, de modo casquivano, como meretrices, o, si lo que buscan es la “posesión” (v. 19), terrible palabra, metáfora de matrimonio, como ejemplos acabados de fidelidad. En efecto, Tais fue una legendaria mujer de vida alegre que acompañaba a Alejandro Magno en sus expediciones militares, y Lucrecia era una esposa noble, romana, que optó por el suicidio después de ser violada. La sexta estrofa es toda ella una interrogación retórica que se resuelve en una metáfora sobre la estupidez de los hombres, pues se hacen daño a sí mismos sin saberlo. La metáfora es muy explícita: empañan el espejo en que desean mirarse y luego lamentan que no se pueden ver bien. Es un buen ejemplo de la estupidez cínica de los hombres.
La séptima estrofa es una acusación directa a los hombres, concretada en el “favor y el desdén” (v. 24), metáforas del acogimiento o rechazo de las mujeres a las pretensiones sentimentales de los hombres. Establece una paradoja, con una doble antítesis y dos paralelismos de bella factura, sobre la mente quejica e infantil de los hombres. En la estrofa 8 alude, por primera vez, a las mujeres a través de la perífrasis “la que más se recata”. Observemos que aún no ha empleado la palabra “mujer” u otra sinónima. La imagen de la mujer ante la sociedad siempre será negativa por ese sistema de valores impuesto por los hombres. Si rechaza al hombre es desagradecida, pero si lo acoge es voluble. Y la causa de esta absurda vara de medir es el caprichismo de los hombres.
La novena estrofa es una repetición, en términos argumentativos, de la anterior. Repite el adjetivo “necios” (v. 32) aplicado a los hombres y desarrolla la paradoja ya conocida que revela la inconsistencia de los hombres. La metáfora “con desigual nivel” (v. 33) se refiere a la errónea escala de valores masculinos. “Culpáis” (vv. 34-35) y los sintagmas que acompañan al vocablo forman un expresivo quiasmo. La décima estrofa está ocupada toda ella por una interrogación retórica, como vimos en la sexta. Ahora justifica la irritación femenina, a través de otro quiasmo y una paronomasia de “ofende” y “enfada”. Los adjetivos “ingrata” y “fácil” (vv. 38 y 39) se usan con significación metafórica referida a la respuesta femenina.
La undécima estrofa presenta un cambio sustancial de significación. Se repite dos veces el recurso de la sinonimia para felicitar y alabar a la mujer que rechaza al hombre. La “queja” (v. 43) del hombre es bienvenida porque eso significa el descanso de la mujer. El reproche, cada vez más áspero, continúa en la es décimo segunda estrofa. Los hombres hacen malas a las mujeres, “a sus libertades [dan] alas” (v. 45), es decir, abonan su comportamiento desenfadado, pero luego las quieren “muy buenas” (v. 47). De nuevo una paradoja y una antítesis –llamativa porque malas/buenas son las palabras finales de los versos 46-47– para expresar el cinismo hipócrita de los hombres. El adjetivo “amantes” aplicado a “penas” acota un poco más el contenido a través de una metáfora: el galanteo de los hombres hacia las mujeres.
Las estrofas 13 y 14 son en sí mismas dos interrogaciones retóricas, cada una de ellas, y ambas redundan en el mismo significado: los hombres son tan culpables o más que las mujeres en el supuesto comportamiento inadecuado de estas. La derivación “rogada” y “ruega” (vv. 50 y 51) inciden en la responsabilidad del hombre, impertinente asediando a la mujer. El retruécano de los versos 53-54 es muy expresivo y sirve para culpar igual a la prostituta que al que induce o paga por la prostitución. Como siempre, Sor Juana Inés alude a ello a través de perífrasis y un bello quiasmo.
La estrofa décimo quinta es especialmente relevante en su sentido. Atribuye la “culpa” (v. 57) de esa situación a los hombres. Y luego les dirige dos verbos en modo imperativo de valor terminante; a través de un retruécano y un paralelismo conmina a los hombres a que sean coherentes con lo que hacen con las mujeres, y abandonar su doble rasero. Sigue la estrofa décimo sexta en el mismo tono, pues comienza con otro imperativo, en esta ocasión pidiendo a los hombres que cesen en sus galanteos o proposiciones, de este modo podrán comprender mejor la situación de la mujer que decida “rogar” (v. 63) a un hombre.
La última estrofa es personal, pues el verbo en primera persona del singular (“fundo”, v. 64) así lo exige. Posee también un carácter conclusivo evidente. Y concluye afirmando que entre “promesa” (v. 66, metáfora de palabras bonitas y protestas de amor) e “instancia” (v. 66, metáfora de la presión o apremio a que someten a las mujeres en sus requiebros amorosos), se fusionan la tentación y el pecado, el deseo sexual y la vida alegre mundana (expresado a través de una triple metonimia muy expresiva, en forma de enumeración: “diablo, carne y mundo”, v. 67). El cierre es contundente en cuanto al mandato dirigido a los hombres para que no importunen más a las mujeres, pues en ese apremio engañoso se juega el destino de estas en esta vida y en la ultraterrena. Es interesante recordar que en el poema no aparece la palabra “mujer” (a la que se refiere por circunloquios siempre en singular), ni “amor”. Habla a los “hombres”, en plural, lo que significa que no se salve de su diatriba ni uno solo, habido o por haber.
1.6. Contextualización
Sor Juana Inés de la Cruz (Neplanta, México, 1648 – Ciudad de México, 1695) es una extraordinaria poetisa, poseedora de un excelente dominio de la lengua y de las técnicas literarias. Fue una mujer a disgusto con los tiempos que le tocaron porque no podía desarrollar todo su potencial vital y creativo. Abrazó la vida religiosa como mal menor para un ser inteligente, sensible y talentoso. Su vocación artística cristalizó en varios poemarios, dramas y varios textos ensayísticos de naturaleza religiosa. Hija de su tiempo, siguiendo el camino de Calderón de la Barca y otros escritores barrocos, adoptó un estilo conceptista, con lo que significa de un uso ingenioso de la lengua: apartamiento del decir común, incorporación de cultismos y latinismos, uso de la mitología y el mundo clásico, búsqueda de una significación oscurecida y sorprendente… En su época se la conoció como “la décima musa”, en un gesto de reconocimiento de su valía. 
Entre sus obras teatrales recordamos con especial gusto Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Su obra alegórica Primero sueño es de lo más destacado de su poesía. Otra parte de ella fue recogida en el libro del que procede este poema, Inundación castálida…
1.7. Interpretación y valoración
El poema con el que estamos trabajando es de una hermosura elevada y de un contenido desasosegante por valiente y firme. Sor Juana Inés denuncia la difícil situación de la mujer en el juego social y sentimental de la sociedad barroca. Critica ásperamente el cinismo de una sociedad que tolera una hipocresía irritante por parte de los hombres, calificados como “necios” (estúpidos y contumaces en su imbecilidad), todos y sin paliativos. Para escribir así, hay que estar muy cansada y enfadada del trato recibido como mujer.
Sor Juana Inés razona con una lógica implacable y transmite un contenido de denuncia claro y contundente; sin embargo, da rodeos o lo aborda metafóricamente  a la mujer y al acoso al que se ve sometida en eso que llaman amor, y que ella parece que solo ve lujuria. También le fastidia enormemente la tontuna inveterada del hombre, hasta el punto de que se hace daño a sí mismo con su papel de impertinencia en sus requerimientos o galanteos hacia la mujer.
Este poema pasa por ser la primera reivindicación femenina en la literatura de la mujer y su integridad moral, emocional y física. Nuestra poetisa no vacila en exigir un cambio radical en las reglas sociales del galanteo y las costumbres sexuales, claramente denigratorias e injustas para la mujer. En el fondo, Sor Juana Inés solo exige que a la mujer se le permita un comportamiento igual al del hombre, porque el doble rasero es injusto e intolerable para toda mujer.
La composición funciona, a nuestro parecer, como un serio tirón de orejas a “los hombres necios” que abusan de su posición y de un sistema de valores hipócrita y cínico que los favorece injustificadamente. El poema entero es toda una máquina de razonar, con lógica y razón. Allá al fondo, podemos ver el enfado de la poeta y su gesto de hartazgo ante una sociedad muy discriminatoria para las féminas. Y es bien real, como que lo sufría en sus carnes.  
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario, áspero y recriminatorio? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Quiénes son los sujetos actantes del poema? 
2) La poeta, ¿toma partido en su exposición? ¿A quién defiende y a quién critica? 
3) ¿Dónde percibimos al yo poético presente? ¿Es un sujeto objetivo o subjetivo? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la rabia y el cansancio por el trato que se le da a la mujer?
5) Los versos  “Queredlas cual las hacéis / o hacedlas cual las buscáis.” (vv. 58-59), ¿a qué se refiere exactamente? Razona tu respuesta. 
6) ¿Por qué en el primer verso se califica a los hombres de “necios”? ¿Está en correpondencia con el contenido ulterior del poema?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Puedes dotarlo de un sentido metafórico o imaginario, como ha realizado Sor Juana Inés de la Cruz en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta sor Juana Inés de la Cruz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre sor Juana Inés de la Cruz, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de unas relaciones sociales sanas y equilibradas para favorecer el desarrollo personal. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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