Claudio Rodríguez: “Don de la ebriedad, I”; análisis y propuesta didáctica

CLAUDIO RODRÍGUEZ – Don de la ebriedad, I
 DON DE LA EBRIEDAD, I
Siempre la claridad viene del cielo;                    1
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche                         5
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda              10   
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla                    15
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca         20
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
                                              (Don de la ebriedad, 1951)
1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Vamos a realizar una exégesis de un ambicioso y original poema del poeta Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999), miembro destacado de la Generación del 50, o del Medio Siglo. El poema se centra en una reflexión sobre la claridad, la luz: qué es, cómo la percibimos y cómo influye en nuestras vidas, en los aspectos externos e internos, en la superficie y en la hondura del alma. El poema posee un tono dialógico muy claro: el yo poético interlocuciona con la claridad, por otro lado, parte consustancial de su vida.
El poema comienza en un tono asertivo: la claridad es un don, un regalo, una dádiva, que ilumina y da sentido a nuestra vida. La ubica espacialmente: por encima de nosotros, en el firmamento. Aclara su carácter repetitivo diario, pues alterna con la noche. La claridad, parece que identificada con el día, lo ocupa todo y lo impregna de amor, de sentido y de sosiego. El yo poético insiste en que la claridad es un regalo, un “don” maravilloso que da sentido a la vida. 
El yo poético habla, de forma ambigua, con un tú que ejercita unos “vuelos”; su interpretación es confusa: ¿una persona amada, un símbolo de la propia claridad? Podría ser cualquiera de las dos, u otras distintas. El yo poético la siente en y sobre él, en movimiento, como en un abrazo totalizador. Cuando exclama “¡Nada hay tan claro como sus impulsos!” (v. 13) nos desvela la intensa comunicación de la claridad con el yo poético. Los últimos versos de la primera estrofa oscurecen su sentido en el sentido de que el yo poético habla con alguien, pero ignoramos quién. La claridad, el alba, también buscan como un sentido y una forma para alcanzar su perfección. El “tú” se ha llevado la claridad, de modo que el yo poético no espera nada del alba. Parece que existe una identificación indirecta entre la claridad y la vivencia amorosa, o con la persona amada. Percibe la “claridad sola” como una necesidad embriagadora, como una experiencia total que envuelve su vida, “como el abrazo” (v. 23) que al final asfixia al abrazado, pero sentido como necesario e inevitable.
1.2. Tema del poema
El poema indaga sobre la necesidad de la claridad para el yo poético –por extensión, para el ser humano–; se la busca, se la siente por pura necesidad, pues la claridad es como una dádiva que porta felicidad y justifica la propia existencia.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
El poema presenta dos apartados temáticos bien discernibles, pues coinciden con las dos estrofas del poema:
-Existe una introducción y desarrollo del asunto poético, concentrado en dos palabras: claridad y don, que se repiten a lo largo de varios versos. El yo poético describe, explica y transmite cómo es la claridad y qué efectos tiene en su vida. Aporta sentido y bienestar al yo poético, de modo que la alaba y la exalta abiertamente. Por un momento, parece que la claridad es una experiencia amorosa. 
-Cierre o conclusión del poema (2. ª parte, vv.20 – 24 y final): posee un carácter más confesional e intimista. El yo poético admite que no puede vivir sin esa claridad peligrosamente atractiva, pues su abrazo es como el de “las hoces”, que cortan en seco la mies.
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por veinticuatro versos agrupados en dos estrofas. Los versos son de once sílabas, es decir, versos endecasílabos; es un verso noble, musical, amplio para expresar pensamientos y sentimientos completos, pero sometidos a cierta contención. Los versos pares riman en asonante (ó-a) y los pares quedan libres; apreciamos una ligera desviación en el verso 6, pues rima en é-a . Estamos, pues, ante un romance heroico. Es una estrofa antigua, de larga tradición en la poesía española, pero Claudio Rodríguez la revivifica con temas y tonos. El efecto melódico que provoca es el de una solemnidad no exenta de elementos rupturistas e irónicos, como la introducción de la subjetividad y el tono dialógico. La musicalidad resulta bien perceptible, arrastrando un contrapunto irónico de fondo. 
1.5. Comentario estilístico
El poema gira en torno al concepto de “claridad”, como ya se expresa en el verso 1 (el vocablo se repite tres veces en el poema, señal inequívoca de su importancia). Se le atribuye una naturaleza celestial y se la considera un “don” (v. 2; la palabra aparece tres veces en el poema), es decir, un regalo o dádiva, o, en otro sentido, una habilidad especial para hacer algo; parece que es el primer sentido el que prima en el poema. Personifica la claridad haciendo que se sitúe por encima de las cosas y las ocupe al mismo tiempo; estamos ante un oxímoron para describir la extraña naturaleza de la claridad, metáfora en sí misma de la clarividencia del hombre al abordar o plantear su existencia en el mundo.
Discurre con el ritmo natural de los días y las noches, términos antitéticos que metaforizan el ritmo cíclico de la luz y las sombras. El verso 7 comienza con una aseveración que insiste en el núcleo temático del poema: la claridad es un “don”. Una interrogación retórica (vv. 7-8) nos recuerda que los seres vivos dependemos de esa claridad porque es fuente de vida. Sigue otra interrogación retórica (vv. 8-9) en la que se recuerda, y esto es esencial, que esa claridad contiene, con su “amor” en su “bóveda” (metáfora o metonimia del universo entero) a los humanos. No estamos ante un fenómeno físico o natural, sino ante otro de naturaleza emocional. Una extensa exclamación retórica (vv. 9-13), con tres verbos de movimiento (“llegar”, “cernirse” y “alejarse”), nos hacen advertir que esa claridad está animada y es inteligente. Sus “impulsos” –puede referirse a las distintas manifestaciones de amor o inteligencia de los hombres como reflejo del influjo positivo de la claridad– son “claros” (v. 13), metáfora de su efecto benéfico sobre los hombres. El polisíndeton del v. 12 transmite una sensación de totalidad abarcadora del cosmos; nada queda fuera de la acción benéfica de la claridad. 
La exclamación amortiguada (no aparecen signos de exclamación, pero sí una interjección de esa misma naturaleza) que abre el v. 14 muestra la admiración del yo poético por esa claridad que ansía cristalizar en toda acción u objeto mundano, pues busca “forma” (v. 14), metáfora de lo tangible y sensible; se desea pasar de la abstracción a la concreción. El yo poético también desea anotar que la luminosidad se extingue cuando se corporiza en un objeto o en una realidad, pues desaparece “quemándose a sí misma al cumplir la obra” (v. 15). Parece que “obra” es metáfora de un acto u objeto bien hecho que contribuye a la felicidad del hombre, o del universo entero.
Ahora aparece el pronombre “yo” (v. 17), señal del sesgo personal y existencial que adopta ahora el poema. La anáfora creada con la repetición de “como” precisamente insiste en lo efímero de la existencia. Y ese “yo” dialoga con un “tú”, que parece referirse a la claridad, que ha arrebatado toda la luz, de modo que el amanecer, el “alba” (v. 19) no va a traer nada nuevo. Aquí el poema adopta tintes negativos, trágicos y desesperanzados. No hay posibilidad de encontrar un asidero de felicidad y eternidad, diríamos que es el mensaje de esta sección y que se explicita en la interrogación retórica del verso 19.
La segunda estrofa es breve, en relación a la primera, y posee un carácter conclusivo. A pesar de la oscuridad negativa anterior, el yo poético repite tres veces “espera” (v. 21). Dos metonimias del yo poético (“boca” y “alma”, vv. 20 y 21) para insistir en la perduración de la esperanza. Solo su existencia ya es un “don” (v. 20), pues abre un horizonte de esperanza en la vida. El yo poético ahora se siente dichoso en esa ilusión, por eso se siente en una “ebria persecución”, metáfora de su felicidad interior; esta expresión está en conexión con el título de todo el poemario. Como si, de pronto, su vida adquiriera sentido pleno y superior. Se funde con la claridad en un “abrazo” (vv. 23 y 24) definitivo y mortal, porque lo asfixia sin remedio, pues “nunca afloja” (v. 24), última frase del poema que deja la significación del conjunto como en suspensión.  
Y, al fin, queda la cuestión irresuelta: la claridad, ¿es metáfora o símbolo de algo más o significa por sí misma? El yo poético, ¿dialoga con un elemento físico y sensible, o esconde otra capa de significación más honda? No existe una respuesta única, más bien se ofrece un abanico de posibilidades, desde una visión subjetiva del yo poético y sus avatares sentimentales, hasta otras más existenciales de alcance general y abierto. 
1.6. Contextualización
Claudio Rodríguez García (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) es uno de los más sólidos y originales poetas españoles de la Generación del 50. Su poesía es reflexiva, meditativa y muy equilibrada entre el interior del poeta y el exterior del mundo, entre la emoción que impacta y la realidad que demanda una reacción. Utiliza formas clásicas sometidas a una puesta al día realmente original y acertada; el léxico, las figuras y el discurso poético nos ofrecen un mundo poético propio, intenso, vibrante, como un reflejo de la vida.
Don de la ebriedad (1953) constituye su primer poemario publicado y, seguramente, el más reconocido de su producción; el poema que comentamos procede de este libro. Combina una mirada contemplativa de la naturaleza con una expresión contenida y honda de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la intimidad que proporciona la amistad, el misterio de la vida, etc. Alianza y condena (1965), supone la consagración de un poeta con una expresión propia, con un contenido hondo, indagador y bastante desasosegante, a tono con la triste y limitada sociedad española de posguerra, aislada y empobrecida.  
1.7. Interpretación y valoración
El poema con el que estamos trabajando (I, de “Don de la ebriedad”) casi parece una declaración de principios sobre el hombre, el mundo y el sentido de todo ello. El yo poético se sitúa en un lugar y un tiempo, aunque de modo difuso, y se contempla en medio de la claridad, acaso metáfora del descubrimiento del mundo o de la comprensión de los entresijos existenciales. El poema mantiene un delicado equilibrio entre la intimidad del yo poético y la percepción exterior de un mundo dominado por la luz y las sombras. 
La luz vence a las sombras y dota de esperanza al yo poético, que se siente dichoso en un universo que aprehende y comprende. Sin embargo, en el mismo momento de ese descubrimiento, se ve envuelto en un abrazo mortal por parte de la claridad. Parece que comprende que la vida, al fin, es muerte; que la felicidad, después de todo, acaba en nada. El poema es ambiguo y polisémico, abierto a distintas interpretaciones, igualmente válidas. El lenguaje fluctúa entre los sustantivos abstractos de significación más metáforica y otros concretos que no acaban de ceñir el significado de algo. El poeta se cuida de ofrecer claves interpretativas precisas, como si quisiera dejar al lector el reto de conocer su propia “claridad”, la cual es un “don” que nos abrazará para siempre. 
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada, si es posible. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes o recursos estilísticos más importantes que jalonan el poema, sobre todo los referidos a los sentimientos del hombre, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿A qué se refiere el poema con la palabra “claridad”? 
2) Observa los efectos cromáticos, como el contraste entre luz /oscuridad. ¿Qué sentido metafórico adquieren?
3) ¿Dónde percibimos al yo poético presente? ¿Es un sujeto activo o pasivo? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el movimiento y la vida?
5) La expresión “abrazo de las hoces”, ¿tiene una interpretación positiva o negativa? Razona tu respuesta. 
6) Solo hay tres palabras que se repiten tres veces. Localízalas y explica esta reiteración.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese tus pensamientos sobre un fenómeno natural, como la claridad, la luz, etc., con una significación especial para ti. Puedes dotarlo de un sentido metafórico o imaginario, como ha realizado Claudio Rodríguez en su poema.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Claudio Rodríguez a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Claudio Rodríguez, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar la importancia de la claridad como un don que da sentido a la vida. Relaciónalo con valores éticos y sentimientos, y destaca cómo afecta a la felicidad de las personas.  
5) Transforma el contenido del poema en un relato o breve pieza teatral que recoja su esencia. Puedes cambiar los elementos que consideres necesarios.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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