Octavio Paz: “Decir, hacer”; análisis y propuesta didáctica

OCTAVIO PAZ – “Decir, hacer”
Decir, hacer
                                         A Roman Jakobson
Entre lo que veo y digo,                 1
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido,
La poesía.                                      5
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,                                  10
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer                                  15
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo                              20
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
Palabra                                      25
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.                           30
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.     35
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,                      40
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.                               45
Los ojos
se cierran.
Las palabras se abren.

 

  1. ANÁLISIS
1.1. Resumen
Este denso y hermoso poema del célebre escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – 1998) posee una clara naturaleza metapoética. Se trata de una reflexión sobre la propia poesía, qué es, cómo opera en sí misma y en relación al hombre. Al mismo tiempo que el poema define qué es la poesía, lo ejemplifica en su propia creación. Este asunto se ve muy bien en el título: “decir, hacer”. El poema está hecho de materia verbal, es decir, de palabras, pero adquiere vida, es un elemento agente, cuando esas palabras adquieren un sentido y, en ese momento, operan sobre el lector al construir una nueva realidad de naturaleza mental y emocional. Los cinco primeros versos utilizan cinco verbos en los que se cifra la naturaleza poética: ver, decir, callar, soñar y olvidar; esos son los territorios de la poesía; va de lo puramente sensorial (“ver”), a lo emocional, lo espiritual y lo irrecuperable (“olvidar”). Todo lo que sigue es una glosa o explicación de los cinco verbos señalados, en los que se cifra la paradójica naturaleza poética. Las contradicciones irresolubles marcan los hitos del desarrollo de qué es un poema; en síntesis, la poesía oscila entre lo real y lo irreal, es sensitiva o exterior y emocional o interior y, finalmente, en su creación se produce una fusión entre la percepción, la emoción, la imagen y la palabra, en una relación dialéctica paradójica, esto es, plagada de aparentes sinsentidos y contradicciones insalvables.
1.2. Tema del poema
El poema aborda el tema de qué es la poesía, una creación humana en la que se fusionan las percepciones, las imágenes, las emociones y las palabras para acceder a un conocimiento superior del mundo y de nosotros mismos.
1.3. Apartados temáticos o de contenido
A nuestro entender, no es posible dividir el contenido en secciones de contenido porque el conjunto es el desarrollo del enunciado de los cinco primeros versos, que, en el fondo, es el desarrollo del título. Al “decir”, esto es, hablar, pasar a oral lo que no tiene nombre, se está construyendo la poesía, es decir, “hacer”; ocurre que el proceso de percepción, creación de imágenes, búsqueda de la palabra exacta que las manifieste y escritura poética es dinámico, vivo y aparentemente contradictorio. Los tres últimos versos lo expresan muy bien: “Los ojos se cierran. / Las palabras se abren” (vv. 46-48).
1.4. Aspectos métricos, de la rima y estróficos
El poema está compuesto por cuarenta y ocho versos agrupados en una sola estrofa. La medida de los versos es variable; oscila entre el bisílabo (“ver”, v. 41; aunque tiene una sílaba, a efectos métricos son dos) y el eneasílabo (“siembra palabras en los ojos”, v.. 35). No existe una rima perceptible, aunque son frecuentes las repeticiones en forma de pareados  tercerillas, casi siempre con la misma palabra (por ejemplo, vv. 14-15). En conjunto, estamos ante un poema en verso libre.
1.5. Comentario estilístico
El poema está sometido a una sutil elaboración que descansa en los recursos de repetición y en las imágenes paradójicas. Comienza con una anáfora y un paralelismo cuádruple, con la palabra “Entre” (vv. 1-4), dando a entender muy bien la naturaleza oscilante y dinámica de la poesía. En esos mismos versos se observa una concatenación o anadiplosis –si bien, algo irregular, pues la palabra repetida no ocupa la primera posición del segundo verso– creada con “digo”, “callo” y “sueño”. Cierra ese encadenamiento léxico y conceptual una elipsis muy eficaz, pues se omite el verbo “está” para unir esos complementos con su sujeto, “La poesía” (v. 5); este sintagma nominal ocupa él solo todo el verso, enfatizando así su significación y relevancia. Estos cinco versos iniciales forman una sola oración, que equivale a un concepto o idea: la poesía es algo grande y poco definible, pues ocupa el territorio de lo que se ve y se dice, lo que se dice y se calla, lo que se calla y se sueña, lo que se sueña y se olvida. Son cinco acciones (ver, decir, callar, soñar y olvidar) sensitivas, emocionales e intelectuales unidas en un magma que es la persona del yo poético, como nos lo advierte el hecho de los verbos están conjugados en primera persona del singular. El carácter atemporal, con validez indefinida, de los enunciados del poema se verifica muy bien en el hecho de todos los verbos del poema están en presente de indicativo, el tiempo de la enunciación firme y sostenida.
En el verso 6 las acciones son realizadas por la poesía, solo que el sujeto está elidido; sin embargo, a partir del verso 7, alternan ambos sujetos (yo/ella). La personificación de la poesía, que “se desliza entre el sí y el no” (v. 6), sirve para aumentar el significado de ese concepto. Los versos que siguen son un razonamiento sobre la naturaleza difusa y contradictoria de la poesía. Aquí las paradojas llaman poderosamente la atención para desvelar que la poesía en realidad es independiente y no obedece exactamente a las órdenes del poeta, sino que adquiere autonomía propia. Paralelismos y quiasmos (vv. 11-12) manifiestan magníficamente la esencia antitética del acto poético:  el yo poético calla, la poesía dice; aquel dice, esta calla; aquel olvida, esta sueña. Y estas acciones, advierte el yo poético, no es solo una operación verbal, sino que es un asunto factual, “es un hacer” (v. 14). Estas afirmaciones son muy elípticas y paralelísticas; se suprimen partes de las oraciones y se coloca el verbo en la posición final del verso. El efecto rítmico y musical es inmediato: aporta viveza, dinamismo, algo ininterrumpido. El quiasmo paradójico, muy hermoso, que se crea entre “hacer” y “decir” (vv. 13-16) insiste en la idea de que la poesía es acción tan pronto como pasa a materia verbal. Y como tal acción, tiene sus efectos sobre el autor y el lector. 
Esta naturaleza tangible y “real” (v. 19) de la poesía, junto con su doble dinámica establecida por “se dice y se oye” (v. 18), es la afirmación contundente de la oración que ocupa los versos 17-19. Pero pronto se advierten las paradojas poéticas, a través de la metanarración poética: tan pronto como el yo poético enuncia que la poesía “es real” (v. 21), la poesía desaparece, pues su naturaleza verbal la hace efímera, por eso “se disipa” (v. 22). Una interrogación retórica riza la paradoja enunciando que, al desaparecer, la poesía demuestra que es real (si no lo fuera, no hubiera desaparecido). El verso 24 es nuclear: enuncia en una metáfora paradójica la realidad poética: es una “idea palpable”, es decir, opera a nivel mental y sensorial al mismo tiempo, aunque parezca increíble. Sin embargo, no acaba ahí la naturaleza compleja y escurridiza de la poesía, pues pronto se nos advierte que también es “palabra / impalpable” (vv. 25-26). La paradoja es chocante: como palabra, la poesía debería ser perceptible por los sentidos, pero impalpable, no se deja asir. Y lo explica en una oración yuxtapuesta de sentido causal (vv. 27-30): todo esto ocurre porque la poesía está en un doble movimiento de ida y vuelta y en una doble dinámica de ser y no ser; esta idea se manifiesta con paralelismos, una personificación aplicado a la poesía y, como siempre, una contundente paradoja. 
También insiste en la naturaleza lúdica, incluso juguetona, de la poesía: “Teje reflejos / y los desteje” (vv. 31-32). Crea visiones, reales o no, según su criterio, y las destruye inmediatamente. No podemos desvelar su secreto, nos quiere decir el yo poético. Unas hermosísimas metáforas ocupan los versos 33-35: ahora, la poesía, en forma de palabra escrita (así nos lo advierte la metonimia de “páginas”, v. 34), ayuda a comprender la realidad y conocer el mundo, pues “siembra ojos en las páginas”, figura que nos indica la capacidad iluminadora de la poesía; pero también posee movimiento de vuelta: dota al lector de las palabras exactas para comprenderse. La doble metáfora, con anáfora, quiasmo y metonimia comprimidas en un solo concepto (vv. 34-35) es de extraordinaria belleza y densidad.
Los siguientes versos (36-38) son una consecuencia de los anterior; expresan en una triple paradoja la interacción entre el autor, la poesía y el lector, a través de tres acciones: hablar, mirar y pensar. Son tres metáforas, con base metonímica, pues ojos aluden al poeta, palabras al poema y miradas al lector, que encierran el secreto de la poesía: la comunicación misteriosa y profunda que se establece entre los elementos de la comunicación (como, por cierto, había establecido a nivel teórico el gran lingüista R. Jakobson, a quien va dedicado el poema). La doble concatenación indirecta también es visible, en forma de quiasmo, y se establece entre hablar y palabras, entre mirar y mirada; de paso, obsérvese la derivación o políptoton de este último concepto, que enfatiza en la capacidad indagadora el acto poético.
Los diez últimos versos poseen cierta naturaleza compendiosa de todo lo dicho hasta aquí. La poesía como instrumento de exploración de la realidad a través de caminos paradójicos y chocantes: por ella se pueden “oír los pensamientos, / ver / lo que decimos / tocar / el cuerpo / de la idea” (vv. 39-45). Lo importante es comprender que a través de la poesía se accede a una forma de conocimiento más sutil y, acaso, superior, sobre el razonamiento cotidiano acerca del hombre y del mundo. Cuando esa comprensión es plena, expresada a través de la metáfora “los ojos / se cierran” (vv. 46-47), entonces, la poesía transmite su conocimiento luminoso y total, lo que el poeta nos comunica con una bella y original metáfora: “Las palabras se abren” (v. 48). Es un modo de expesar la inteligencia sublime encerrada en la actividad poética, que, precisamente, se puede ver en el acto de lectura e intelección sobre qué es la poesía. La paradoja, casi con un guiño de humor, cierra el poema hermosa y conmovedoramente.
1.6. Contextualización
Octavio Paz Lozano  (Ciudad de México, 1914 – 1998) es uno de los más agudos e innovadores poetas en lengua castellana en el siglo XX. Dotado de una sólida cultura, lector voraz y atento, supo encontrar su voz propia en la poesía mexicana y española en el turbulento siglo XX. Transitó por el posmodernismo, bebió de las vanguardias, absorbió de la posmodernidad, con el propósito de buscar su propio camino literario, cosa que alcanzó con creces. Su poesía se distingue por la originalidad lírica, la exploración formal y temática y la indagación reflexiva sobre temas existenciales y filosóficos, como el paso del tiempo, el sentido de la vida, a significación del amor, los misterios naturales y esotéricos, etc.. La recepción del Premio Cervantes en 1981 y el Premio Nobel en 1990 acredita su extraordinaria calidad.
Algunos de sus poemarios más reconocidos son Libertad bajo palabra (1949), Topoemas (1971; se trata de poemas aéreos, como caligramas, donde se fusionan imagen y texto, sentido y disposición espacial de las letras y las palabras; su originalidad es muy alta.) y Árbol adentro (1987). También fue un extraordinario ensayista; sus monografías sobre el pasado mexicano y sobre ciertos autores y obras han adquirido gran prestigio; aquí sobresalen Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982) y El laberinto de la soledad (1950).
1.7. Interpretación y valoración
El hermoso y denso poema “Decir, hacer” posee una clara naturaleza metapoética. El poeta se pregunta sobre qué es en realidad la poesía. La respuesta que nos envía es original y sorprendente por su densidad. La poesía es herramienta de conocimiento, llave que abre la puerta del misterio, un camino de lo esotérico y desconocido por el hombre común, una rara conjunción de fondo y forma, una bella paradoja donde la palabra se fusiona con el pensamiento para acceder a una intelección superior y luminosa sobre la naturaleza, el hombre y el universo.
Se trata de un poema muy intelectual y reflexivo, metafísico y trascendente, pues el poeta descubre en la poesía un modo de conocimiento y de hasta de vida sublime, luminosa y superior. Por otro lado, el poema demuestra lo que es la poesía en el propio acto de su composición. Es como si dijera: “al leerme, ya estás experimentando lo que es la poesía: una intelección total y elevada del hombre, la existencia y el mundo”. En este sentido, se trata de un poema inteligente y profundo.
La formalidad o expresión del poema también es muy llamativa. La mayoría de los versos es de arte menos, muchas veces de no más de tres sílabas. Los juegos de repetición y las paradojas continuas dotan al texto de una belleza extraordinaria, diríamos que deslumbrante en ciertos momentos. Vemos en el poema un cierto elemento lúdico, festivo, que rebaja la gravedad del contenido. El poeta establece un diálogo con el lector en el que nos quiere advertir de la solemnidad del tema, pero también de su dimensión humana, terrestre, cotidiana. 
En conjunto, este poema es un verdadero disfrute literario porque adentra al lector por el camino de la inteligencia poética a través de su propia práctica. Es decir, el poeta nos establece un reto: si entiendes el poema y su composición, comprenderás por qué la poesía es tan bella y trascendente. Al leer, entendemos cómo “Las palabras se abren” (último verso), esto es, son como una puerta abierta a un espacio nuevo de misterio, conocimiento y quién sabe si un nuevo sentido de nuestra existencia. Todo el poema es muy elíptico, el significado está apretado y densificado casi hasta lo insoportable, lo que nos obliga a leer despacio y, así, disfrutar de un artefacto poético original, brillante y conmovedor.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido, si ello es posible. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo las referidas a las percepciones sensoriales, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué palabras son las que más se repiten en el poema y sirve para nuclear el sentido del poema (fíjate en los verbos de los cuatro primeros versos)? 
2) Un poema, ¿es algo sencillo, unidireccional y plano por su propia naturaleza? 
3) Localiza las paradojas con las que se explica el sentido de un poema. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la lectura? ¿De qué es metáfora en sí misma?
5) Un poema, ¿es algo estático o dinámico, sólido y firme o flexible y cambiante? ¿Por qué es así, precisamente? 
6) La concatenación a anadiplosis posee una especial relevancia en este poema. Localízalas  y explica su sentido.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese qué es la poesía, o la literatura, para ti.  Puedes dotarlo de un sentido reflexivo, como ha realizado Octavio Paz.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Octavio Paz a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Octavio, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes que sirvan para expresar qué significa un objeto, un artefacto, etc., especial para ti; serán reflejo de un asunto especialmente relevante para ti, siguiendo el ejemplo de Octavio Paz.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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