Antonio Colinas: “Riberas del Órbigo”; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO COLINAS – “RIBERAS DEL ÓRBIGO”
Riberas del Órbigo
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz                  1
por vez primera, dejo también el corazón. 
No pasará otra onda rumorosa del río, 
no quedará este chopo envuelto en fuego verde, 
no cantará otra vez el pájaro en su rama,                   5
sin que deje en el aire todo el amor que siento. 
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano 
la nieve de las cumbres, planto sueños hermosos. 
Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas, 
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.            10
Hojas o llamas, fuegos diminutos, resol, 
crisol del soto oscuro cuando amanece lento. 
Qué fresca placidez, que lenta luz suave 
pasa entonces al ojo, que dulzura decanta 
el oro de la tarde en el cuerpo cansado.                     15
Hojas o llamas verdes por donde va la brisa, 
diminuto carmín, flor roja por el césped. 
Y, entre tanta hermosura, rebosa el río, corre, 
relumbra entre los troncos, abre su cuerpo al sol, 
sus brazos cristalinos, sus gargantas sonoras.              20
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz 
por vez primera, miro arder todas las tardes 
las copas de los álamos, el perfil de los montes, 
cada piedra minúscula, enjoyada del río, 
del dios río que llena de frutos nuestros pechos.         25
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz 
por vez primera, dejo también el corazón.
                                                         De Poemas de la tierra y la sangre (1969)

 

1. ANÁLISIS
  1. Resumen
Antonio Colinas Lobato (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la generación de los “Novísimos”. Su original voz poética combina percepción natural, reflexión trascendente y recuerdo intimista, tamizados por un sentimiento de nostalgia y de construcción de su mundo interior.
El poema “Riberas del Órbigo” ofrece una contemplación casi extasiada de las márgenes del río Órbigo, el mismo que baña las tierras de su población natal. El poema posee un tono de despedida, como si el yo poético se acercara para decirle adiós al río que tanto ama. Él se va,pero “Aquí … dejo mi corazón” (v. 2). Tres elementos naturales, “chopo”, “onda” y “pájaro” son testigos de su admiración por el lugar, que en realidad es “el amor que siento” (v. 6). El agua del río, que antes fue nieve en las montañas lejanas, fertilizan la ribera, donde “planto sueños hermosos” (v. 8), metáfora de las ilusiones que el yo poético lleva en su interior. El siguiente elemento que llama la atención del yo poético son las piedras, de las que destaca su brillo, pulidas por el agua. A continuación, el poema se centra en un momento: el amanecer, que hace que todo parezca un incendio de vida y luz; las hojas parecen “llamas” (v. 11) en ese instante. El siguiente bloque poético se centra en la tarde, manteniendo así el paso de las horas. En la ribera se siente la “fresca placidez” (v. 13) del río, acompañada del “oro de la tarde” (v. 15), alivio para el “cuerpo cansado” del contemplador. La contemplación de las hojas, flor y césped, junto con la percepción de la brisa completan un cuadro de naturaleza armoniosa y bella.
El conjunto se recoge bajo el concepto de “hermosura” (v. 18), donde el río irrumpe con cuatro acciones (“rebosa”, “corre”, “relumbra” y “abre”) que transmiten una idea de su poder y vigor. A partir del verso 21, el poema aporta una localización espacial y temporal que completan el sentido: “Aquí” (adverbio que ya había aparecido antes) y “todas las tardes” señalan claramente la ubicación del yo poético y su presencia en las riberas del río. Indica que nació y se crio en ese lugar; por eso se siente tan unido a él. Y ahí mirá “arder” (metáfora del fulgor de la luz solar) las copas de los árboles, los perfiles de los montes y las piedras del río. Este recibe el calificativo de “dios río” (v. 25), sustentador de las personas que allí viven, pues es “llena de frutos nuestros pechos” (v. 25). Los dos últimos versos coinciden con los dos primeros: el yo poético se hace presente, recuerda su infancia y su felicidad (evocada a través de la “luz”) y sugiere un adiós, acaso breve, de un día para otro, tal vez mucho más largo, pues el yo poético anuncia que “dejo también el corazón”. Es un modo de expresar su nostalgia anticipada, casi a modo de despedida.
  1. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: contemplación intimista de las riberas del río Órbigo, en la que el yo poético se siente feliz en un lugar tan bello; en él construye sus sueños y de él se despide colmado de paz y esperanzas.
  1. Apartados temáticos
El poema presenta cuatro apartados temáticos, con la particularidad de los que el primero y el último son repetición de los mismo dos versos. Cada una de las partes comienza con el adverbio “Aquí”. Esta proporciona una estructura circular, un sentido cerrado y completo en sí mismo. De este modo, tenemos:
-Primer apartado (vv. 1-6): funciona como presentación y despedida. Localiza el espacio, el tiempo y el vínculo del yo poético con el lugar donde se halla. También explica el vínculo emocional con ese lugar, que no es otro que el amor.
-Segundo apartado (vv. 7-20): estamos ante una descripción subjetiva e intimista de las riberas del río y del propio río. Los distintos elementos contemplados provocan una reacción, en general, de admiración y asombro.
-Tercer apartado (vv. 21-25): posee cierto carácter consecutivo y de agradecimiento. Aparece el elemento del río, que le da coherencia a todo y explica que es percibido como un dios que alimenta a sus habitantes pródigamente.
-Cuarto y último apartado (vv.26-28): estos dos versos repiten los dos primeros. Imprimen la idea de cierre de todo el sentido. El yo poético reafirma su afición e identificación con las riberas del Órbigo, al tiempo que anuncia una despedida. Los tiempos verbales evocan un pasado feliz, un presente con idea de instantaneidad y un futuro apenas aludido ya lejos del río. 
  1. Aspectos métricos y de rima
Este poema está compuesto de veintisiete versos tedradecasílabos o alejandrinos (14 sílabas, con cesura intermedia). No se aprecia una rima regular, aunque algunas asonancias, como á-o, se perciben de vez en cuando. Llama la atención la repetición, no casual, de la palabra “luz” en la posición final de tres versos (1, 21 y 26). El monosílabo aporta viveza y especial significación sobre esa palabra, erigida así en núcleo semántico del conjunto poemático. En consecuencia, el poema está compuesto en versos blancos. 
  1. Comentario estilístico
Como ya señalamos antes, el deíctico “aquí” señala la presencia del yo poético en el lugar que describe. Se trata, pues, de una contemplación presente, no evocadora. El sujeto y el objeto poéticos están frente a frente. El lugar adquiere especial relevancia porque es donde “atisbé la luz” (v. 1), metáfora del descubrimiento inicial, diríamos que sensitivo, de la realidad circundante. El sintagma “dejo también el corazón” (v. 2) es una metáfora de la fuerte unión del yo poético con “estas riberas”, también de un preludio de despedida, como que ha de alejarse de allí inmediatamente.
El amor que el yo poético siente por ese lugar es tan intenso que una onda del agua del río, un chopo de su ribera, o un pájaro no dejarán de percibirlo y, de algún modo, celebrarlo, con su murmullo, su luz, o su canto, respectivamente. Esta hermosa enumeración dan fe de la hondura de su amor por este lugar.
A continuación, ya en la segunda parte, el yo poético comprueba cómo el río acerca el agua a tierras llanas; pero lo importante es que es ahí donde “planto sueños hermosos” (v. 8); esta metáfora agrícola nos deja apreciar que el yo poético vierte sus ilusiones y construye sus anhelos en las riberas del Órbigo. A continuación fija su mirada en elementos naturales que desprenden un mensaje especial: las piedras del lecho del río “relucen” (v. 9); otra vez la luz, connotando cierto optimismo y alegría, impacta sobre el yo poético. El río está personificado a lo largo de todo el poema, sobre todo en la parte final. Aquí ya vemos que “corroe” (v. 11) las piedras. Los versos siguientes nos permiten acotar el momento del día en que el yo poético contempla el río: el amanecer, cuya expectación se expresa con metáforas cromáticas de luz y fuego: “hojas o llamas, fuegos diminutos” (v. 11); sigue en el verso siguiente otra metáfora aplicada al amanecer, en antítesis: “crisol del soto oscuro”, y una personificación que expresa como la detención del tiempo: “amanece lento” (v. 12). 
Las tres exclamaciones retóricas siguientes, formando un paralelismo expresivo, entreverado de sinestesias, sirven para conocer la sensación de bienestar del yo poético, en armonía con el lugar. La “fresca placidez” (v. 13), la “lenta luz suave” y la “dulzura” (v. 14) son un regalo para el “cuerpo cansado” (v. 15) del sujeto enunciante, que nos desliza otra nota temporal: se halla en el “oro de la tarde”. El verso 16 guarda una relación anafórica con el 13, al repetir “Hojas o llamas”, insistiendo así en el cromatismo del lugar, pero inmediatamente relacionado sinestésicamente con la brisa, sensación táctil, pero percibida visualmente como “diminuto carmín, flor roja por el césped” (v. 16). Y en ese momento aparece el elemento vertebrador de esa naturaleza y su contemplación, el “río” (v. 18), que “rebosa”, “corre” (v. 18) y “abre” (v. 19), tres acciones simultáneas para expresar su generosidad y su belleza espontánea. Se antropomorfiza con términos como “cuerpo”, “brazos” “gargantas”. Es como un ser vivo sintiente, bueno y servicial.
El verso 21 se abre, anafóricamente, con el deíctico “Aquí”, insistiendo en la singularidad de ese lugar. Es una repetición del primer verso del poema, por lo que su significación se revela especial. De nuevo las sensaciones de luz y color son las predominantes; ahora también sabemos que el yo poético contempla ese paisaje, metonimizado en los álamos, los montes lejanos, y las piedras minúsculas, “todas las tardes” (v. 22). También surge otra significación honda en torno al “río” (vv. 24 y 25), divinizado con el sustantivo “dios”; es una deidad buena que “llena de frutos nuestros pechos” (v. 25), metáfora de su fertilidad y de su aportación a la feracidad de la tierra.
Los dos últimos versos del poema son repetición de los dos primeros. Adquiere así un sentido circular y cerrado. Se remacha la significación de la profunda armonía entre el yo poético y el río Órbigo. Se aprecia como una contemplación extasiada del paisaje ribereño, vista con un ligero toque elegíaco, pues la expresión “dejo también el corazón” parece anunciar una despedida.
Como se ha podido apreciar, estamos ante un poema grave, hondo e intimista. La visión de un paisaje aparentemente anodino se transforma en un acto de belleza y comunicación íntima y fructífera.      
  1. Contextualización
Como ya afirmamos, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) es uno de los más sugestivos y originales poetas del grupo de los “Novísimos”, y eso a pesar de no aparecer en la famosa antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (1970). Los distinto poemarios de Colinas han ofrecido un poeta sereno, grave, profundo y dueño de un lenguaje y un estilos poéticos personales. La contemplación, la reflexión y la intertextualidad son notas comunes a todos ellos. El poema comentado procede de su primer libro publicado, a la edad de veintitrés años. Sorprende su comedimiento expresivo, su hondura indagatoria y su pulcritud expresiva.
 Algunos de sus poemarios más importantes son: Sepulcro en Tarquinia (1975), Noche más allá de la noche (1983) y Amor que enciende más amor (1999).
Algunas notas de su poesía son:
-Equilibrio y contención: en la poesía de Colinas se aprecia una tendencia a la armonía expresiva, lejos de estridencias o salidas de tono epatantes.
-Intertextualidad y sincretismo cultural: estamos ante una poesía que recoge, quintaesenciada, distintas tradiciones poéticas y filosóficas. Colinas somete estas corrientes en una experiencia poética personal, honda y enriquecedora.
-Diálogo del poeta y el mundo, el interior y el exterior, lo subjetivo personal y lo objetivo colectivo: de modo sereno, pero firme, Colinas abre su mirada al mundo natural y social. 
  1. Interpretación y valoración
Este poema nos presenta la contemplación emocionada de un paisaje humilde y singular al mismo tiempo. Es la ribera de un río, donde el poeta pasó momentos de felicidad. Observamos una casi identificación con las riberas del Órbigo, río que al poeta le ha aportado serenidad y dicha. Su acercamiento es emocional, sensitivo e intenso. En el análisis hemos podido descubrir una arquitectura poética original y eficaz a efectos estéticos. 
La selección léxica, referido al mundo natural, sobre todo, es evidente; el uso sutil y potente de las figuras retóricas nos permiten descubrir un texto intimista, hondo y con una enorme autenticidad: fondo y forma, contenido y expresión se alían para crear un hermoso poema sutil y bello.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente). 
2) Señala su tema principal y los secundarios. 
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido. 
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada. 
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario? 
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas a los elementos de la naturaleza, y cómo impactan en el poeta. 
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado. 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Qué elemento natural nuclea el sentido del poema? 
2) El poeta, ¿qué sentimientos desarrolla ante la contemplación de la ribera? 
3) Localiza las percepciones auditivas y visuales. ¿Qué sensación aportan? 
4) ¿Cómo se aprecia en texto la importancia de la luz?
5) ¿Qué momentos del día aparecen en el poema? ¿Por qué será así? 
6) ¿Dónde se repiten los dos primeros versos? ¿Qué sentido aportan? 
2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese la contemplación de un paisaje especialmente significativo.  Puedes imprimir un sentido intimista, como ha realizado Antonio Colinas.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Antonio Colinas a propósito de su poema y de su vida. 
3) Realiza una exposición sobre Antonio Colinas, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc. 
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un sentimiento especialmente relevante para ti,, siguiendo el ejemplo de Antonio Colinas.
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Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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