Pío Baroja: “Mala hierba” (“La lucha por la vida”, 2); análisis y propuesta didáctica

PIO BAROJA: Mala hierba (1904)
  1. ANÁLISIS
  2. Resumen
Primera parte
Esta novela continúa con el relato de la vida de Manuel, desde los dieciocho hasta quizá los veinte años. En un ambiente madrileño, asistimos a las andanzas de este joven desorientado y holgazán, pero de buen corazón. Su hermana, casada con un bombero, le regala ropa vieja de su marido. Acude al consejo y ayuda de su antiguo amigo Roberto Hasting, ahora periodista de “El mundo” y profesor de clases particulares; sigue luchando por esclarecer su herencia de un pueblo de Álava. Lo acoge en su piso, una buhardilla compartida con un escultor fracasado, envidioso y presumido, Alejo Monzón. Le recomienda que busque un trabajo, que sea de voluntad fuerte y moral recta, pero el chico no quiere entender. 
Bernardo Santín, un escritor vago, charlatán y embaucador, se casa con una chica mona y con ahorros, Esther Volowitch. Se casa con ella y le saca los ahorros para montar un estudio de fotografía, pero su vagancia hace que acabe arruinado al poco tiempo; solo le preocupaba que su padre, ya viudo, estuviera bien, sin hacer caso a su mujer. Manuel vive con la pareja, como ayudante de fotógrafo, pero todo acaba en ruina, a pesar de la ayuda de Roberto.
Ayuda a Bonifacio Mingote, un agente de colocación, a redactar anuncios publicitarios. Lo coloca al servicio de la baronesa de Aynant, doña Paquita de Figueroa, criolla que malbarató la fortuna de su padre por Europa; se había casado con un flamenco, pero se aburrió de aquella vida y ahora disfruta de Madrid, ya durante doce años, con el poco dinero que le queda. Su marido había muerto y vuelve a Madrid con su hija, Kate, que estudia en un internado. Manuel la conoce porque había estado hospedada en casa de doña Casiana. Falsifican papeles para hacerlo pasar por hijo de esta, que vive con una criada mulata, Niña Chucha. Con la ayuda de Mingote extorsionan a un comerciante rico, Sergio Redondo (diciéndole que tenía un hijo con la baronesa, del que hacía Manuel), que le pasa una cantidad al mes. Llega Navidad; Roberto se enamora de Kate durante las vacaciones, que la chica pasa en casa de su madre. Asiste a una fiesta en casa de la Coronela, una mujer bestial, aunque bastante rica. Lulú, una de sus hijas, quiere ser artista y baila un tango de modo ridículo. Hay juego de cartas, con trampas y dinero de por medio. Horacio, primo de la condesa, también está en la fiesta. Van a un café los dos primos; Horacio defiende sus teorías de frenología (el carácter y destino de la persona se aprecia en la forma y volumen de su cráneo y cabeza) y se considera un hombre superior. A la condesa le hacen gracia estas ideas extravagantes.
Los primos flirtean, sin llegar a nada. Sigue el engaño a don Sergio, que quiere a la condesa, pero se escama por las visitas de Horacio. Chucha se va a servir a un rico. La baronesa, con Manuel, alquilan una casa en Cogolludo; es una vivienda de pueblo vieja y medio arrumbada. Manuel escribe un documento donde reconoce que no es Sergio, hijo de la baronesa  y se lo da a Mingote, que le promete una ganancia. Pasan el verano y el otoño en Cogolludo, también con Kate, que saca del colegio, pero don Sergio se entera del engaño y deja de enviar dinero. Vuelven a Madrid; la baronesa, completamente arruinada, pide ayuda a sus familiares flamencos, que le mandan dinero. Se va para Flandes con su hija y Manuel queda triste; más Roberto, al perder a Kate.
Segunda parte
Manuel entra de aprendiz en una imprenta, propiedad del cojo Sánchez, hombre malhumorado y malhablado, y se hace cajista. Sus compañeros de trabajo son Yaco, abreviatura de Jacob, sefardí casado, y Jesús, un joven avispado e inquieto, anarquista y descreído de la religión y de los usos sociales. Duerme en la imprenta, en una esquina infecta. Sánchez Gómez, el Plancheta, el impresor, publicaba nueve periódicos, de ideologías contrarias. Conoce a redactores y periodistas pobres, malhumorados y pensando que se los infravalora. Langairiños era el más célebre; nietzschiano, le llaman el Súper, porque creía en la llegada del superhombre. Manuel asciende a cajista y gana nueve reales al día. Va a vivir al parador de Santa Casilda, con Jesús. Ve cómo unos padres maltratan a los hijos gratuitamente. La Fea, hermana de Jesús, queda embarazada. Este vive con Sinforosa; le roban el sueldo a la Fea y abusan del alcohol. Varios miembros de la Congregación de San Vicente de Paul llevan ayuda a vecinos del bloque de Jesús y Manuel. Recogen a la Salvadora, que malvive con un hermano pequeño. Va a vivir con la Fea y Jesús les ayudará económicamente. Un hombre necrómano va de un funeral a otro para velar a muertos pobres.
Esther se encara con Fanny, su antigua protectora, mujer rica y prima de Roberto. Fanny le había birlado el novio, Oswald, y Esther se siente muy ofendida. Roberto tercia y hace que Fanny indemnice económicamente a Esther, que se divorcia de Santín; le declara su amor a Roberto, pero este no cede. Jesús y Manuel, una noche de invierno, van a cenar y se emborrachan; Manuel se lía con una vendedora de periódicos y prostituta, llamada Petra, aunque le decían Matilde; la seguía un perrillo. Van al baile nocturno del Frontón. Ve a su primo Vidal y se citan. Lo echan del trabajo de la imprenta y, con Jesús, se emborracha perdidamente. Se encuentra con Alonso, el hombre-boa, que los invita a comer y a cenar en una chabola a las afueras. Pasan hambre Jesús y Manuel y duermen en chamizos, cerca de golfos, mendigos y gente de malvivir. Pasan una noche en el asilo de Delicias; les dejaban dormir una noche y les daban algo de comer. Escenas de violencia entre los mendigos miserables y cínicos. Allí ven peleas y otros mendigos les cuentan su vida trashumante y sufrida. Se hacen porteadores provisionales en la estación para sacar algo de dinero. Duermen otra vez con Alonso en una casa abandonada, entre otros mendigos, todos amontonados. La Casa Negra, se llama. Hacen un fuego para espantar el frío; se va de las manos y la casa arde; huyen, por el Paseo de los Pontones, despavoridos para que no los coja la policía.
Van a dormir a la iglesia de San Sebastián, pero el sacristán los entrega a una pareja de policías. Los detienen y, en el calabozo, los vejan de palabra; entra una mujer joven pidiendo ayuda porque su madre había caído, pero los policías no le hacen caso y la mandan a la Casa de Socorro. No les dan de comer, los llevan a unos calabozos siniestros en otro edificio. Manuel sale de allí diciendo que es cajista de “El Mundo”. Se junta con un repatriado de Cuba; van a un convento cerca de Getafe, donde les dan de comer de las sobras de los frailes. Duermen en un cobertizo, a las afueras. Un joven se suicida por despecho de amor; el repatriado le roba unas sortijas y un reloj al ya cadáver. Buscan a un colega de Cuba, Marcos Calatrava, con una pata de palo, que introduce en el mercado objetos robados. Allí encuentra a su primo Vidal, que trabaja para Calatrava. Duerme en su casa. Hablan del Bizco, que había matado a Dolores la Escandalosa; le tienen miedo. Se cruzan con La Chata y la Rabanitos. En un teatro una mujer hace bailes lúbricos mientras una empleada le cuida a su hijo. Se va a vivir con su primo Vidal, que lo introduce en su modo de vida; entre otras cosas, es jugador tramposo, proxeneta, o embaucador de mujeres.
Tercera parte
Vidal, Manuel y Calatrava, el Cojo, comen en el círculo. En la planta de arriba hay un garito y un medio lupanar. Manuel entra en el negocio como soplón, jugador de cartas marcadas y otras faenas irregulares. Sobornan a las autoridades para que Manuel no entre en quintas y no vaya al servicio militar. Nos enteramos de la vida de Calatrava, un timador, estafador, embaucador, ladrón, etc. Ve a una chica que dice no creer en el amor y es anarquista, con unos hombres cenando, al lado de Manuel y Vidal, y aquel la sigue por la calle; se llamaba Flora. Al día siguiente van a un merendero, al lado del Manzanares, los primos y Calatrava, con Flora, Justa y otra amiga, Petra la Aragonesa. Eran mujeres honradas que la mala suerte, las violaciones y otros atropellos las lanzaron a la vida de la prostitución. Justa había sido engañada por el Carnicerín, que le pasó una enfermedad venérea. Luego se echa a la vida sucia. Pasan la noche juntos. Justa ejerce la prostitución y Manuel vive con ella. La Coronela prostituye a su hija y la quiere hacer vedette, con el nombre artístico de Chuchita.
Asisten a la ejecución de un soldado en los muros de la cárcel Modelo. Gran gentío expectante por la trágica escena. Van al merendero de la señora Benita Vidal y Flora, Manuel y Justa, Calatrava y la Aragonesa. El Bizco mata a Vidal en una riña en un islote del Manzanares. Los demás huyen y vuelven a Madrid. La Justa lo abandona; lo detienen por el crimen de Vidal. En su confesión ante el juez, cuenta todo lo que sabe de Calatrava, el Maestro y todos la gente de mala vida, incluido el Garro, un policía corrupto. Lo sacan de los calabozos este y Calatrava; le recriminan haberlo contado todo ante el juez. Lo dejan libre si ayuda a encontrar, con el cabo de la policía Ortiz, al Bizco. La Salvadora y la Fea le llevan comida a la salida de la cárcel. El Garro cambia la declaración de Manuel ante el juez sobornando a un escribiente. Vuelve a trabajar de cajista unos días, en tanto su amigo Jesús está en el hospital por una enfermedad. La Fea y la Salvadora lo reciben bien en su casa; ellas son costureras y viven dignamente. Indaga mucho con Ortiz por los arrabales madrileños más sórdidos y pobres, pero no encuentran al Bizco; Manuel se pelea con Calatrava, pero el Maestro los separa. Da un paseo con Jesús, ya fuera del hospital. Este es anarquista, odia la familia y no encuentra el modo de ser feliz.
  1. Tema
Esta novela aborda varios temas en diversos grados de importancia. Los más importantes son:
-La pérdida de juicio moral y existencial de una parte importante de la población.
-La situación material de miseria y pobreza de un sector importante de los españoles de la época.
-La carencia de valores éticos que rijan una sociedad podrida, cínica, tramposa y moral y socialmente resquebrajada.
-La dura situación de la mujer, muchas veces prostituida, en una sociedad muy violenta.
-La falta de atención a la infancia, abandonada y hambrienta.
  1. Apartados temáticos
Como la novela está dividida en tres partes, nos indica muy bien las secciones de contenido del conjunto. Así, tenemos:
-Introducción o presentación de las situaciones, personajes, ambientes y conflictos. Ocupa la primera parte (siete capítulos). Parece que Manuel va a enderezar su vida y organizarse conforme a criterios razonables.
-Nudo o desarrollo: Manuel vuelve a recaer miserablemente en sus vicios materiales y morales, como alcoholismo, prostitución, vagancia, etc. Ocupa la segunda parte (9 capítulos) y casi toda la tercera (siete de los ocho capítulos).
-Desenlace: último capítulo de la tercera parte. Manuel pierde el trabajo, rompe con los corruptos profesionales (Calatrava, el Maestro) y deambula por Madrid, con su amigo Jesús, soñando en una sociedad mejor.
  1. Lugar y tiempo de la acción narrativa
La acción se sitúa en Madrid, sobre todo en los barrios del sur y del este, aunque también el centro y la zona histórica tienen relevancia. En conjunto, es una ciudad sucia, pobre y destartalada. La vida nocturna de farándula y actividades turbias es abundante y bulliciosa.
La novela se publicó en 1904 (Madrid, Librería de Fernando Fé), como segunda parte de la trilogía denominada “La lucha por la vida” (los otros dos títulos son La busca y Aurora roja, publicadas también en 1904). El tiempo de la acción narrada ocupa aproximadamente los años intermedios de la década de 1890. España aún no ha perdido las últimas colonias; aparecen los conflictos armados en Cuba y la vida colonial de Filipinas.
La acción dura aproximadamente tres años, los que van de los dieciocho a los veintiuno de la vida del protagonista, Manuel Alcázar. El paso del tiempo se marca a través de las estaciones y, a veces, de celebraciones, como la Navidad.
  1. Figura del narrador
El narrador en esta novela aparece en tercera persona, externo y más o menos objetivo; es heterodiegético. Centra su mirada en los ambientes más turbios y sórdidos de Madrid; los personajes, salvo algunas excepciones, también son señalados por su ínfima calidad moral. Su mirada es, pues, crítica, a veces satírica y muchas veces irónica. Se percibe su disconformidad con una sociedad encanallada, inmoral y arruinada moral y económicamente considerado.
  1. Personajes
-Manuel Alcázar: pasa de adolescente a joven a lo largo de la novela. El narrador no lo describe, pero lo vemos por las opiniones de los demás. Es un chico de estatura media, gesto serio y aplomado. En general, es prudente y parco de palabras, pero el desarrollo de la novela nos deja ver su inconsistencia de carácter, su pusilanimidad y su flojera moral, que se traduce en vagancia. Huelga decir que es el protagonista de la novela.
-Jesús: su mejor amigo; es cajista en una imprenta. De ideas anarquistas y libertarias, oscila entre la generosidad y la irresponsabilidad. Se amanceba periódicamente y más bien odia a la familia, aunque luego ayuda a su hermana la Fea a criar a su niño y la obedece. Alcohólico por temporadas.
-Marcos Calatrava: hace honor a su apellido de tramposo, vividor, mentiroso y egoísta. Vive de engañar a la gente y dar sablazos, a hombres y mujeres indistintamente.
-Vidal: primo de Manuel, se entrega a la vida turbia e inmoral sin ningún remordimiento. A medio camino entre tahúr, proxeneta y farsante. Le va bien hasta que el Bizco lo mata de un navajazo en el cuello en un islote del Manzanares. 
-Justa: la hija del trapero fue abandonada por su novio; se echó a la vida porque en casa la rechazaron. Algo cínica y amargada, se hace prostituta para sobrevivir en un ambiente hostil y muy duro para las mujeres.
-Salvadora: es el personaje femenino más íntegro y firme. Cuida de su hermano pequeño, se gana la vida de costurera y se asocia y convive con la Fea, hermana de Jesús, que a su vez debe sacar adelante a su hijo, producto de una violación.
-Roberto Hasting: periodista y traductor, es un joven enérgico y con firmes propósitos morales y existenciales. Ayuda a Manuel y lo acoge en caso de necesidad. Le da buenos consejos, pero no los suele poner en práctica.
-Esther Volowitch: típico ejemplo de mujer educada y atractiva que se deja embaucar por un charlatán con la ayuda de su enemiga, Fanny, enamorada del mismo hombre. Su trayectoria de trabajo e ideas firmes sucumbe en parte cuando su marido, Santín, le funde los ahorros y ella descubre que no la quiere en absoluto. Declara su amor a Roberto, pero este no la corresponde porque está enamorado de Kate, la hija de la baronesa.
  1. Análisis estilístico
El estilo barojiano se caracteriza por:
-Narraciones breves y rápidas: la acción se presenta con economía y concentración expresiva. La narración es bastante objetiva, seca y concentrada en el asunto principal.
-Descripciones detalladas, caracterizadoras de un lugar o un personaje y moderadas. Baroja huye de la morosidad y la lentitud, de modo que presenta el objeto descrito con pocas palabras y mucha contención.
-Variedad de paisajes y personajes, dentro de un ambiente urbano madrileño: la acción cambia con bastante frecuencia, lo mismo que los personajes que intervienen en ella. Son bastantes y heterogéneos.
-Lenguaje preciso y claro: Baroja utiliza un castellano rico en su léxico y variado en su uso. Tanto las descripciones precisas de enfermedades, por ejemplo, como la forma de hablar del hampa, se recoge con mucha propiedad y expresividad.
-Estilo fotográfico: el novelista presenta ambientes y personajes mirándolos de modo objetivo y aséptico. No duda en ofrecer los aspectos más feos y desagradables del objeto descrito; lo realiza con cierto distanciamiento y mirada fotográfica.
-Intención crítica de orden social y existencial: Baroja presenta una realidad bastante deprimente de la España decimonónica con una intención de crítica social. Rechaza la brutalidad ambiente, la incultura generalizada, la sordidez moral en muchos ámbitos de la sociedad, la hipocresía y el cinismo de los pudientes, el egoísmo generalizado,etc. A continuación ofrecemos un ejemplo elocuente (1.ª parte, cap. II):
Bernardo [Santín] no tenía más preocupación que su padre; lo demás le era completamente indiferente; había sacado el dinero a su novia y vivía con aquel dinero y lo gastaba como si fuera suyo. Cuando llegaron la máquina y los demás artefactos de fotografía de Alemania, al principio se entretuvo en impresionar placas, que reveló Roberto; pronto se aburrió de esto y no hizo nada. 
Era torpe y bruto hasta la exageración; no hacía más que necedades: abrir la linterna cuando se estaban revelando las placas, confundir los frascos. Roberto se exasperaba al ver que no ponía ningún cuidado. Mientras tanto, adelantaban los preparativos de boda. Manuel y Bernardo fueron varias mañanas al Rastro y compraron fotografías de actrices hechas en París por Reutlinger, despegaron de la cartulina el retrato y lo volvieron a pegar en otros cartones con la firma «Bernardo Santín, fotógrafo», puesta al margen con letras doradas.
En noviembre se celebró la boda en la iglesia de Chamberí. Roberto no quiso asistir; pero el mismo Bernardo fue a buscarle a su casa, y no tuvo más remedio que tomar parte en la fiesta. Después de la ceremonia fueron a comer a un café de la glorieta de Bilbao. 
Los comensales eran: dos amigos del padre del novio, uno de ellos militar retirado; la patrona en cuya casa vivía la novia, con su hija; un primo de Bernardo, su mujer y Manuel.
Roberto comenzó a hablar con la novia y le pareció muy simpática y agradable; hablaba muy bien el inglés y cambiaron los dos algunas frases en este idioma. 
«Es una lástima que se case con este mastuerzo», pensó Roberto. En la comida, uno de los viejos comenzó a soltar una porción de indecencias, que hicieron ruborizar a la novia. Bernardo, que bebió demasiado, dio bromas a la mujer de su primo, y lo hizo con la pesadez y falta de gracia que le caracterizaba. 
La vuelta de la boda a la casa, al anochecer, fue melancólica. Bernardo se sentía valiente y quería hacer graciosidades. Esther hablaba con Roberto de su madre, que había muerto, de la soledad en que vivía. Al llegar al portal se despidieron los invitados de los novios, y al ir a marcharse Roberto, Bernardo se le acercó; con voz apagada y débil le confesó que tenía miedo de quedarse solo con su mujer. 
–Hombre, no seas idiota. Entonces, ¿para qué te has casado? 
–No sabía lo que hacía. Anda, acompáñame un momento. 
–Pues ¡vaya una gracia que le haría a tu mujer! 
–Sí, le eres muy simpático –Roberto contempló con atención a su amigo, y no le miró la frente porque no le gustaban las bromas. 
–Sí, hombre, acompáñame. Hay otra cosa, además. 
–¿Pues qué hay? 
–Que no sé aún nada de fotografía, y quisiera que vinieras una semana o dos. ¡Por favor te lo pido! 
–No puede ser; yo tengo que dar mis lecciones. 
–Ven, aunque no sea más que a la hora de comer. Comerás con nosotros. 
–Bueno. 
–Y ahora sube un instante, por favor. 
–No, ahora no subo –y Roberto dio media vuelta y se fue. 
En los días posteriores, Roberto fue a casa del recién casado y charló un rato con el matrimonio durante la comida. 
Al tercer día, entre Bernardo y Manuel retrataron a dos criadas que aparecieron por la fotografía. Roberto reveló los clisés, que por casualidad salieron bien, y siguió acudiendo a casa de su amigo. 
Bernardo continuaba haciendo la misma vida de antes de casado, dedicándose a pasear y divertirse. A los pocos días no se presentó a la hora de comer. Tenía una falta de sentido moral absoluta; habla notado que su mujer y Roberto simpatizaban, y pensó que éste, por seguir adelante y hacerle el amor a su mujer, trabajaría en su lugar. Con tal que su padre y él viviesen bien, lo demás no le importaba nada. 
Cuando lo comprendió, Roberto se indignó. 
–Pero oye, tú –le dijo–. ¿Es que tú crees que yo voy a trabajar por ti mientras tú andas golfeando? Quia, hombre. 
–Yo no sirvo para estas porquerías de reactivos –replicó Bernardo, malhumorado–; yo soy un artista. 
–Lo que tú eres es un imbécil, que no sirves para nada. 
–Bueno, mejor. 
–Es indigno. Te has casado con esa muchacha para quitarle los pocos cuartos que tenía. Da asco. 
–Si ya sé yo que tú defenderás a mi mujer. 
–No, hombre, yo no la defiendo. Ella ha sido también bastante idiota la pobre para casarse contigo. 
–¿Eso quiere decir que no quieres venir a trabajar? 
–Claro que no. 
–Pues me tiene sin cuidado. He encontrado un socio industrial. De manera que ya sabes; y a nadie le pido que venga a mi casa. 
-Está bien. Adiós.
Dejó Roberto de aparecer por la casa; a los pocos días se presentó el socio, y Bernardo despidió a Manuel
                                                                                                                Pío Baroja: “Mala hierba”, Madrid, 1904

 

  1. Interpretación
Esta hermosa novela de Baroja nos deja una imagen vívida tras su lectura. En primer lugar, conviene destacar la fotografía realista y ferozmente crítica del Madrid de 1890. Todos los ambientes, personajes y actitudes circulan por la novela. De los artistas fracasados y ridículos, a los truhanes más violentos e inmorales, circulan por la novela dejando una imagen terrible de un país moralmente descompuesto y de una sociedad carente de una guía moral firme y compartida.
Las personas de carácter dubitativo, como el protagonista, Manuel, reciben una mala influencia y acaban por el camino de perdición a causa de carencias educativas, familiares y sociales. Baroja no es neutral ante esta lacerante sociedad: la critica, la ridiculiza; y, en fin, satiriza tipos y situaciones moralmente rechazables. Su escepticismo sobre las posibilidades de progreso y estabilidad es patente. Desconfía de una sociedad muy podrida en su médula moral y existencial. Los que tienen ideas de progreso, como Jesús, son holgazanes e inconsistentes; los que no piensan en eso, se esfuerzan por timar y robar, explotando a los demás sin escrúpulos.
La variedad de ambientes y personajes es una característica muy llamativa de la narrativa barojiana. En sus páginas vemos la sociedad entera: niños y adultos, hombres y mujeres, ricos y pobres, desfilan por su narración dejándonos un fondo de verdad, aunque desagradable y cruda.
El estilo barojiano, breve, sucinto, muy concentrado, hace que la acción avance deprisa. Esto evita todo despiste lector y aumenta la tensión narrativa notablemente. La lectura de esta novela es también documental: nos ofrece una fotografía, bien que ácida, del Madrid finisecular, lleno de sordidez y pobreza. Desde luego, conocemos mucho mejor cómo era y qué sentían las personas de esa época. También nos invita a una reflexión personal sobre nuestra sociedad y nuestro papel en ella. ¿Hemos avanzado algo? ¿La inmoralidad y el egoísmo siguen campando por sus respetos?
  1. Contextualización
Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) es uno de los grandes escritores españoles, miembro de la Generación del 98, junto con Unamuno, Azorín, Maeztu, Machado y Vall-Inclán. Comparte con los miembros de su generación su preocupación por España, una crítica fuerte a los vicios sociales, búsqueda de un estilo renovado y más natural y, finalmente, una conciencia estética y ética que pretende regenerar un país, España, sumido en cierta parálisis socio-económica y cultural, sobre todo a raíz de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las últimas colonias del imperio.
Baroja transmite un sus obras un enorme escepticismo acerca del hombre y sus posibilidades de mejora. Su ideología, entre el anarquismo conservador y el nihilismo escéptico, se deja ver muy bien en sus novelas. Los finales más bien amargos y tristes, muchas veces trágicos, nos presentan un autor desengañado respecto de la sociedad de su tiempo.
El estilo barojiano es muy peculiar: su brevedad descriptiva, su narración rápida y directa son bien conocidos. La frase corta, la adjetivación exacta y más bien parca obligan a una lectura atenta, que fluye a buen ritmo hacia desenlaces más bien amargos. Los personajes, de cualquier clase y condición social, están bien dibujados; los conocemos más por lo que hacen y dicen que por la mediación del narrador.
  1. Valoración
Esta novela de Baroja posee un gran atractivo para el lector porque le ofrece una imagen completa de una sociedad más próxima a nosotros de lo que, seguramente, nos gustaría. El estilo terso, dinámico, preciso y enfocado en la acción rápidamente atrapa al lector y lo lleva, casi literalmente, por un recorrido de la capital de España en los últimos años del siglo XIX. La creación de los personajes es verosímil y literariamente feliz porque estos ofrecen una consistencia notables. Parece que Baroja se ensaña con la sociedad de su tiempo y su novela, en este sentido, funciona como una protesta firme y clara contra la degeneración moral y existencial de un país a la deriva. El escritor vasco, escéptico y huraño, nos ofrece un documento feroz de una ciudad terrible, Madrid, en un momento histórico de crisis. Los valores estéticos y la reflexión de fondo se maridan para crear un fuerte impacto lector.
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en
casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren
material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.
6) Analiza la figura del narrador a lo largo de la novela.
7) Explica por qué este texto pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación
del 98 de modo más específico.
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la novela moderna aparecen en este texto?
2) ¿Se puede decir que el destino opera realmente sobre las personas, a tenor de lo que
leemos en Mala hierba? Razona la respuesta.
3) ¿Qué importancia posee el amor, en distintas variantes, en esta novela?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto la importancia de la pobreza?
5) En la novela aparecen dos casos de muerte violenta; explícalas e interpreta su sentido. 
6) ¿Cómo aparece el mundo del periodismo y de los artistas en la novela? ¿Qué opinión tenía Baroja de ellos, a juzgar por los textos? Razona la respuesta con ejemplos.
7) Explica la importancia de la amistad y deduce su papel en el resto de la novela.
8) Analiza el papel de los padres y las madres ante sus hijos a lo largo de la novela.
Compara sus actitudes: ¿hacen lo que pueden para proteger y educar a su prole? En caso afirmativo, ¿alcanzan el éxito en sus desvelos? Razona tu respuesta.
2.3. Comentario de texto específico
(Capítulo IV, 3.ª parte)
Lo hicieron así. A las doce salieron Manuel y la Justa, y fueron al merendero; todavía no había llegado nadie. 
Se sentaron los dos en un banco; la Justa estaba malhumorada. Compró diez céntimos de cacahuetes y se puso a comerlos. 
–¿Quieres? -le dijo a Manuel. 
–No; se me meten en las muelas. 
–Pues yo tampoco –y los tiró al suelo. 
–¿A qué los compras para tirarlos? 
–Me da la gana. 
–Bueno, haz lo que quieras. Pasaron los dos bastante tiempo esperando, sin hablarse; la Justa, impacientada, se levantó. 
–Me voy a casa -dijo. 
–Yo voy a esperar –replicó Manuel. 
–Anda y que te zurzan con hilo negro, ladrón. 
Manuel se encogió de hombros. 
–Y que te den morcilla. 
–Gracias. 
La Justa, que iba a marcharse, se detuvo al ver que llegaban Calatrava con la Aragonesa y Vidal al lado de la Flora. Calatrava traía una guitarra. 
Pasó un organillo por delante del merendero. El Cojo lo hizo parar y bailaron Vidal y la Flora, la Justa y Manuel. 
Llegaron nuevas parejas, entre ellas una mujer gorda y chata, vestida de un modo ridículo, que iba acompañada de un hombre de patillas de hacha y aspecto agitanado. La Justa, que se sentía insolente y provocativa, comenzó a reírse de la mujer gorda; la otra contestó con despreciativo retintín y recalcando la palabra: 
–Estos pericos… 
–¡La tía gamberra! -murmuró la Justa, y cantó a media voz, dirigiéndose a la chata, este tango: 
Eres más fea que un perro de presa,
y a presumida no hay quien te gane
–¡Indecente! –gruñó la gorda. 
El hombre con facha de gitano se acercó a Manuel para decirle que aquella señora (la Justa) estaba faltando a la suya, y que él no podía permitir esto. Manuel comprendía que tenía razón; pero, a pesar de esto, contestó insolentemente al hombre. Vidal se interpuso, y después de muchas explicaciones por una y otra parte, se decidió que allí no se había faltado a nadie, y se arregló la cuestión. Pero la justa estaba con humor de pelea y se trabó de palabras con uno de los organilleros, desvergonzado por razón de oficio. 
–Calla, ¡leñe! –gritó Calatrava, dirigiéndose a la Justa-, y tú calla también –dijo al organillero-, porque si no te voy a arrimar un estacazo. 
–Vamos nosotros adentro –indicó Vidal. 
Pasaron las tres parejas a un cobertizo con mesas y bancos rústicos y un barandado de palitroques que daba al Manzanares. 
En medio del río había dos islas cubiertas de un verdín brillante, y entre éstas unas cuantas tablas que servían de paso desde una orilla a otra. 
Trajeron la comida, pero la justa no quiso comer, y a las preguntas que la hicieron no contestó; y luego, sin saber por qué, empezó a llorar amargamente entre las burlas de la Flora y de la Aragonesa. Luego se tranquilizó y quedó alegre y jovial. 
Comieron allá opíparamente y salieron un momento a bailar a la carretera al son del organillo. Manuel creyó ver pasar varias veces al Bizco por delante del merendero. 
–¿Será él? ¿Qué buscará por aquí? –se preguntó. 
Al anochecer volvieron las tres parejas adentro, encendieron luz en un cuarto y mandaron traer aguardiente y café. Hablaron durante largo rato. Calatrava contó con verdadera delectación horrores de la guerra de Cuba. Había satisfecho allí sus instintos naturales de crueldad, macheteando negros, arrasando ingenios, destruyendo e incendiando todo lo que se le ponía por delante. 
Las tres mujeres, sobre todo la Aragonesa, le escuchaban con entusiasmo. De pronto, Calatrava calló, pensativo, como si algún recuerdo triste le embargara. 
Vidal tomó la guitarra y cantó el tango del Espartero con un gran sentimiento, después tarareó el de La Tempranica con mucha gracia, cortando las frases para dar más intención y poniendo la mano en la boca de la guitarra, para detener a veces el sonido. La Flora marcó unas cuantas posturas jacarandosas, mientras Vidal, echándoselas de gitano, cantaba: 
¡Ze coman los mengues 
mardita la araña 
que tie en la barriga 
pintá una guitarra! 
Bailando ze cura 
tan jondo doló… 
¡Ay! Malhaya la araña 
que a mí me picó. 
Luego fue Marcos Calatrava el que cogió la guitarra. No sabia puntear como Vidal, sino que rasgueaba suavemente, con monotonía. Marcos cantó una canción cubana, triste, lánguida, que daba la nostalgia de un país tropical. Era una larga narración que evocaba los danzones de los negros, las noches espléndidas del trópico, el sol, la patria, la sangre de los soldados muertos, la bandera, que hace saltar las lágrimas a los ojos, el recuerdo de la derrota…, algo exótico y al mismo tiempo íntimo, algo muy doloroso, algo hermosamente plebeyo y triste. 
Y Manuel sentía al oír aquellas canciones la idea grande, fiera y sanguinaria de la patria. Y se la representaba como una mujer soberbia, con los ojos brillantes y el gesto terrible, al lado de un león… 
Después, Calatrava entonó, acompañándose del rasguear monótono de la guitarra, una canción de insurrectos muy lánguida y triste. Una de las coplas, que Calatrava cantaba en cubano, decía: 
Pinté a Matansa, confusa, 
la playa de Viyamá,
y no he podio pintá 
el nido de la lechusa, 
Yo pinté por donde crusa 
un beyo ferrocarrí, 
un machete y un fusí 
y una lancha cañoera, 
y no pinté la bandera 
por la que voy a morí.
No sabía Manuel por qué, pero aquella reunión de cosas incongruentes que se citaban en el canto le produjo una tristeza enorme… 
Afuera anochecía. A lo lejos la tierra azafranada brillaba con las últimas palpitaciones del sol, oculto en nubes encendidas como dragones de fuego; alguna torre, algún árbol, alguna casucha miserable rompía la línea del horizonte, recta y monótona; el cielo hacia poniente se llenaba de llamas. 
Luego oscureció: fue ennegreciéndose el campo, el sol se puso. 
Por el puentecillo de tablas, tendido de una orilla a otra, pasaban mujeres negruzcas, con fardeles de ropa bajo el brazo. 
Manuel experimentaba una gran angustia. A lo lejos, de algún merendero, llegaba el rasguear lejano de una guitarra. 
Vidal salió del cobertizo. 
–Ahora vengo –dijo. 
Un momento… y se oyó un grito de desesperación. Todos se levantaron. 
–¿Ha sido Vidal? –preguntó la Flora. 
–No sé –dijo Calatrava, dejando la guitarra sobre la mesa. 
Rumor de voces resonó hacia el río. Se asomaron todos al balcón que daba al Manzanares. En una de las islillas verdes dos hombres luchaban a brazo partido. Uno de ellos era Vidal; se le conocía por el sombrero cordobés blanco. La Flora, al conocerlo, dio un grito de terror; poco después los dos hombres se separaron y Vidal cayó a tierra, de bruces, en silencio. El otro puso una rodilla sobre la espalda del caído y debió de asestarle diez o doce puñaladas. Luego se metió en el río, llegó a la otra orilla y desapareció. 
Calatrava y Manuel se descolgaron por el barandado del cobertizo y se acercaron por el puente de tablas hacia el islote. 
Vidal estaba tendido boca abajo y un charco de sangre había junto a él. Tenía clavada la navaja en el cuello, cerca de la nuca. Calatrava tiró del mango, pero el arma debía de estar incrustada en las vértebras. Después Marcos hizo dar al cuerpo media vuelta y le puso la mano en el pecho sobre el corazón. 
–Está muerto –dijo tranquilamente. 
Manuel miró el cadáver con horror; las últimas claridades de la tarde se reflejaban en los ojos, muy abiertos. Calatrava puso el cadáver en la misma posición que lo había encontrado. Volvieron al merendero. 
–¡Hala!, vámonos –dijo Marcos. 
–¿Y Vidal? –preguntó la Flora. 
–Ha espichado
La Flora comenzó a chillar; pero Calatrava la agarró violentamente del brazo y la hizo enmudecer. 
-Vaya…, ahuecando –dijo, y con gran seriedad pagó la cuenta, cogió la guitarra y salieron todos del merendero. 
Había oscurecido; a lo lejos, Madrid, de un pálido color de cobre, se destacaba en el cielo azul, melancólico y dulce, surcado en el poniente por grandes fajas moradas y verdosas; las estrellas comenzaban a lucir y a parpadear con languidez; el río brillaba con reflejo de plata. 
Pasaron silenciosos el puente de Toledo, cada uno entregado a sus pensamientos y a sus temores. Al final del paseo de los Ocho Hilos encontraron dos coches; Calatrava, la Aragonesa y la Flora entraron en uno; la Justa y Manuel, en otro.
                                                                                                                         Pío Baroja: “Mala hierba”, Madrid, 1904
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de
contenido.
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después? 
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.
b) Interpretación
1) Analiza el contraste entre la diversión y el horror, entre la la alegría y la pena según aparece en este pasaje.
2) La muerte es un trance especialmente duro y grave. Explica cómo lo encajan cada uno de los personajes que lo perciben, teniendo en cuenta que Marcos Calatrava era amigo del difunto, y Manuel, su primo.
3) Analiza y valora el ambiente social y cultural que se desprende del fragmento (canciones populares, guitarras, merendero a las afueras de la ciudad…).
4) ¿Estamos ante una sociedad pacífica y civilizada que resuelve sus problemas dialogando? Justifica tu opinión.
2.4. Fomento de la creatividad
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso, con un contenido más o menos inspirado en Mala hierba.
2) ¿Es común el estilo de vida juvenil que se desprende del relato? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida de un niño o joven como tú hoy. Puedes cambiar el final del relato para hacerlo, a tu juicio, más verosímil.
3) Realiza una exposición sobre Pío Baroja, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de la vida urbana madrileña de finales del siglo XIX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar esta novela y comenta su significación.
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.
 

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Actividades prácticas de aula de Lengua y Literatura, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Pío Baroja: “Mala hierba” (“La lucha por la vida”, 2); análisis y propuesta didáctica

  1. Pingback: La lista tonta de los jueves: ¡Madrid! – Cisterna de sol

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