Ángel González: “Primera evocación” (de “Tratado de urbanismo”); análisis y propuesta didáctica

ÁNGEL GONZÁLEZ – “PRIMERA EVOCACIÓN” (DE TRATADO DE URBANISMO)
PRIMERA EVOCACIÓN
Recuerdo                                                                      1
bien   
a mi madre.
Tenía miedo del viento,
era pequeña                                                                  5
de estatura,
la asustaban los truenos,
y las guerras
siempre estaba temiéndolas                                     10
de lejos,
desde antes
de la última ruptura
del Tratado suscrito
por todos los ministros de asuntos exteriores.    15
Recuerdo
que yo no comprendía.
El viento se llevaba
silbando
las hojas de los árboles,                                           20
y era como un alegre barrendero
que dejaba las niñas
despeinadas y enteras,
con las piernas desnudas e inocentes.
Por otra parte, el trueno                                         25
tronaba demasiado, era imposible
soportar sin horror esa estridencia,
aunque jamás ocurría nada luego:
la lluvia se encargaba de borrar
el dibujo violento del relámpago                          30
y el arco iris ponía
un bucólico fin a tanto estrépito.
Llegó también la guerra un mal verano.
Llegó después la paz, tras un invierno.                
Ni la lluvia                                                               35
pudo borrar las huellas de la sangre.
Perdido para siempre lo perdido,
atrás quedó definitivamente
muerto lo que fue muerto.                                              
Por eso (y por más cosas)                                     40
recuerdo muchas veces a mi madre:
cuando el viento
se adueña de las calles de la noche,
y golpea las puertas, y huye, y deja                   
un rastro de cristales y de ramas                        45
rotas, que al alba
la ciudad muestra desolada y lívida;
cuando el rayo
hiende el aire, y crepita,                                  
y cae en tierra,                                                        50
trazando surcos de carbón y fuego,
erizando los lomos de los gatos
y trastocando el norte de las brújulas;
y, sobre todo, cuando                                        
la guerra ha comenzado.                                    55
Lejos -nos dicen- y pequeña
-no hay por qué preocuparse-, cubriendo
de cadáveres mínimos distantes territorios,
de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños…   
                                             Ángel González: Tratado de urbanismo, 1967

 

1. ANÁLISIS
1. Resumen
Ángel González Muñiz (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la Generación del 50 o del Medio Siglo. Se trata de un grupo de poetas nacidos entre 1930 y 1930; vivieron o padecieron la guerra de niños, “asombrados” (en expresión de la extraordinaria novelista Ana María Matute). Su poesía combina con acierto la coloquialidad, la confesión intimista y la franca confesión delicada, a veces irónica, a veces nostálgica.
El poema gira en torno a un recuerdo, la madre del poeta, como claramente anuncia el título. Ofrece un mínimo retrato y una etopeya sentida y respetuosa: era pequeña de estatura y temía a las tormentas y las guerras. El yo poético va introduciendo sus propios pensamientos: no comprendía el sentido de las cosas, ni la razón de que sucedieran acontecimientos fuera de su alcance, como las ruidosas tormentas, con rayos, truenos, viento y lluvia, que acababan con un arco iris. Ya se anuncia que una guerra, algo lejana, amenaza el horizonte; es una alusión a la Primera Guerra Mundial. En los versos 34-35 se produce una transición temática brusca: llegó la guerra (se entiende, la civil española) y dejó un hondo reguero de destrucción, dolor y muerte. Aquí el agua ya no puede borrar las secuelas: miedo, horror y muerte. Justo por eso recuerda a su madre, cuando hay tormentas o cuando se desatan guerras (la Segunda Guerra Mundial había dejado amarga memoria; las de Corea y de Vietnam se produjeron por esa época). Ambas realidades lo remiten a experiencias dolorosas que elude. En el verso 57 comienza una conclusión, centrada en la experiencia bélica. A pesar de que se diga de que es un pequeño distante conflicto, el yo poético sabe que dejará sus “cadáveres”, “crímenes” y “huérfanos” por el camino. El yo poético, de algún modo, habla de sí mismo, pues perdió un hermano en la guerra civil y quedó huérfano en edad muy temprana. Como podemos apreciar, la rememoración de la madre es casi un pretexto para reflexionar sobre las guerras y sus consecuencias. Si pensamos que el poemario donde vio la luz este poema se publicó en pleno franquismo, podemos deducir la valentía de nuestro poeta y su desafío a la censura.

 

2. Tema
El tema de este poema se puede enunciar así: rememoración de la figura de la madre, de su propia infancia y de la experiencia de la guerra y sus consecuencias: dolor incomprensible, muertes inesperadas y sufrimiento por doquier, aunque parece que son lejanos y no nos afectan. También lo podemos expresar de otro modo igualmente válido: recuerdo doloroso de la madre y el tiempo en que ella vivía, dominado por la guerra y sus nefastas consecuencias.

 

3. Apartados temáticos
El poema presenta los siguientes apartados temáticos:
-Presentación de la madre y su caracterización (vv. 1-15). Pequeña de estatura y temerosa de las tormentas y de las guerras, que ella ya oteaba en el horizonte.
-Introducción del yo poético, siendo un niño (vv. 16-32). Centra sus recuerdos justamente en torno a las tormentas y sus secuelas, que más bien le traen emociones e imágenes positivas, pues todo acababa en un escenario de “bucólico fin”.
-Presentación de la guerra, de un modo bastante elusivo (vv. 33-40). Sus consecuencias negativas ya no las llevó el viento ni las borró la lluvia; de hecho, permanecen en la memoria del yo poético.
-Reafirmación del recuerdo de la madre a través de las tormentas, que en realidad son metáforas de la guerra (vv. 41-56). Alude  a los “surcos de carbón y fuego”, metáfora del horror, que dejan los conflictos, solapados en la metáfora “cuando el viento / se adueña de las calles de la noche” (vv. 43-44).
-Cierre paradójicamente abierto (vv. 57-60). El yo poético vuelve a su presente, y teme las guerra que se desarrollan en su entorno. Aunque dicen que es “lejos” y “pequeña”, él posee la certeza de que provocará mucho dolor y sufrimiento a mucha gente, por lo que no cree en esas palabras de calma. El final es abierto y con una punta de angustia. Lo que acontezca en el futuro inquieta, pues las guerras nada bueno traen, como el yo poético sabe y transmite por su experiencia.

 

4. Aspectos métricos y de rima
La estructura métrica y de rima de este poema resulta extraordinariamente original. Son sesenta versos dispuestos en una sola estrofa. Nos obliga a leerlo como un continuo, una letanía de recuerdos asociados que se suceden sin solución de continuidad (es decir, sin discontinuidad). El verso más pequeño es de una sílaba (“bien”, verso 2), transformado en bisílabo por el efecto del acento. El más grande es tetradecasílabo (14 sílabas, “de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños”, v. 60 y último). Se observa un movimiento creciente de menos a más sílabas. El adensamiento y la gravedad, junto con la visión pesimista, va avanzando conforme progresa el discurso poético.
No se aprecia una rima regular, aunque aparezcan ciertas asonancias (é-a) es la más recurrente, creemos. Estamos por tanto, ante un poema en verso libre, tipo de composición muy abundante en la poesía de la segunda mitad del siglo y hasta nuestros días.

 

5. Recursos estilísticos
Este poema atesora una alta cantidad de figuras retóricas que aportan significación y belleza. Lo primero que llama la atención es el tono subjetivo, intimista y confesional de todo el discurso. La primera palabra, que es el primer verso, “Recuerdo”, marca el tono a todo lo demás: estamos ante un conjunto de evocaciones del yo poético en torno a su madre y su temor a tormentas y a guerras; este último asunto va ocupando cada vez más atención y se erige en el asunto principal. En este sentido, el poema es una recusación de la guerra civil española y al régimen posterior.
El encabalgamiento es un recurso central en este texto, sobre todo en la primera mitad. La primera oración ocupa tres versos. La segunda, doce; todos ellos forman parte de un enunciado que va goteando el significado esforzadamente. Esta disposición es metafórica en sí misma, pues resulta una imagen de la actitud emocional del yo poético: va recordando a pequeños golpes (cada verso) unidos por una misma sensación de angustia y miedo.
“Recuerdo”, se vuelve a repetir en el verso 16; es un modo de insistir en el carácter evocador del poema: todo parte de un acto de memoria del yo poético. La personificación del viento, que se “llevaba / silbando / las hojas de los árboles” (vv. 17-19) nos presenta una naturaleza turbulenta y desapacible. Sigue un símil en el que el viento se transforma en “alegre barrendero” (v. 20) que ahora sí trae algo hermoso y agradable: la imagen de las niñas confiadas y hermosas que alegraban ese paisaje desapacible (vv, 21-24). Esta idea de algo bello en un marco siniestro se refuerza con la repetición de dos bimembraciones adjetivales de tono optimista (“despeinadas y enteras”; y “desnudas e inocentes”, referido primero a las niñas, después a sus piernas). Del verso 25 al 32 se extiende otra oración, con los consiguientes encabalgamientos e hipérbatos. El viento es el sujeto, metáfora de lo peligroso y negativo. Una aliteración de sonidos fuertes (“trueno”, “tronaba”, “estridente” y “estrépito”) contribuye a crear una atmósfera desapacible. El campo semántico creado, en torno al “horror” anuncian algo negativo. Pero era una falsa alarma porque la lluvia y el arco iris (metáforas de la calma acogedora) ponían fin a la tormenta inquietante. Se crea así una antítesis conceptual chocante y original, pues todo tuvo un “bucólico fin” (v. 32).
En los versos 33 y 34 se crean dos paralelismos y antítesis, con un efecto alusivo muy alto: llegó y pasó la guerra (civil española, debemos entender). Los términos “guerra” y “paz”, y “verano” e “invierno” confrontan su significado advirtiendo que las tormentas anteriores ahora son más intensas, no proceden de la meteorología y sus efectos son más dolorosos.
La lluvia se personifica para señalar que ahora ya no pudo borrar la “sangre” (v. 36), metonimia de los crímenes de la guerra. La repetición, en forma de obviedad o perogrullada de “perdido” y “muerto” advierte de que nada podrá cambiar los horrores bélicos y las infamias sufridas. Es importante señalar el tono alusivo que se mantiene a lo largo de esta parte del poema: no se citan directamente las atrocidades de la guerra; el sentido está ligeramente señalado, elidido casi siempre, para que el lector avisado sepa interpretar.
Otra vez se repite “recuerdo … a mi madre” (v. 41), que es el comienzo del poema. Aquí podemos comprobar cómo esa evocación ha desencadenado multitud de pensamientos críticos sobre la guerra civil. De nuevo el viento, personificado (“cuando el viento / se adueña de las calles de la noche”, vv. 42-43), es el elemento natural que desencadena los recuerdos negativos. Entonces, “ y golpea las puertas, y huye y deja” (v. 44): lo que hace el viento son acciones dolorosas y temerosas que asustan al yo poético. El polisíndeton enfatiza la insistencia de las acciones del viento destructor. En realidad, del verso 40 al 55 nos encontramos con tres oraciones yuxtapuestas, separadas por puntos y coma, que pueden muy bien ser expresión de la propia guerra civil. Los sujetos son el viento, el rayo y la guerra. Esto nos permite identificar toda la secuencia como una narración de la brutalidad de la guerra. Las imágenes creadas por metáforas originales y audaces lo confirman fehacientemente: “rastro de cristales y de ramas / rotas” (v. 45-46), “la ciudad muestra desolada y lívida” (v. 47), el rayo, al caer violentamente traza “surcos de carbón y fuego” (v. 51). El caos que introduce esta “tormenta” (metáfora de guerra) se expresa con una bella metáfora: “trastocando el norte de las brújulas” (v. 53). Cierra esta secuencia una oración trunca, con el sentido sin completar: “y, sobre todo, cuando / la guerra ha comenzado” (v. 54-55). Tenemos que releer toda la secuencia, desde el verso 40, para comprender que es cuando el yo poético recuerda a su madre, quien seguramente sufrió lo suyo en la guerra.
Los giros coloquiales y modismos (“Por otra parte”, “por eso (y por más cosas)”, “y, sobre todo”, etc.) imprimen un tono familiar, conversacional y como de confesión entre amigos. Este rasgo es propio de la poesía de la Generación del 50.
Se cierra el poema con una ironía sarcástica sobre los que minimizan el alcance y dolor de las guerras. Dicen que una guerra cualquiera está “lejos” y es “pequeña” (v. 56). El sarcasmo doloroso surge cuando adjetiva a los cadáveres de “mínimos” (v. 58), a los territorios de “distantes”, a los crímenes de “lejanos”, y a los huérfanos de “pequeños” (v. 59). Son ironías de todo lo contrario. Pero la propaganda de los interesados lo minimizan, como en su día se hizo con la otra guerra. La suspensión final deja el sentido abierto, para que el lector complete una significación mucho más honda y dolorosa de lo que aparenta.
Como hemos podido apreciar, el yo poético realiza un acto de memoria, aparentemente inocuo, para transmitirnos una reflexión grave y amarga sobre las guerras. Como a él mismo y a su madre, acarrean mucho más dolor y sufrimiento de lo que oficialmente se difunde. La evocación de su madre, que es bien real, da pie a un amargo análisis de su experiencia de la guerra.

 

6. Contextualización
Como ya afirmamos, Ángel González Muñiz (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) es uno de los más sugestivos y originales poetas de la Generación del 50 o del Medio Siglo. Su experiencia vital de niño asombrado de la guerra civil española explica buena parte de sus trayectoria poética. Un padre muerto cuando él tenía menos de dos años, un hermano fallecido en la guerra civil y una tuberculosis que hubo de curar en Páramo del Sil (León) son algunos detalles de su infancia dolorida y poco risueña. Aunque por su formación y trabajo inicial de burócrata lo apartaban de la poesía, renunció a ello y se desplazó a Madrid y Barcelona, donde entró en contacto con los grupos y literatos de ese momento, incardinándose plenamente en las inquietudes literarias e intelectuales de la posguerra española. Adquirió prestigio al ser incluido en la célebre antología de Josep María Castellet Veinte años de poesía española (1939-1959) (1960)
Vivió durante décadas en la ciudad de Albuquerque (EEUU), pues ejercía de profesor de Literatura Española en la Universidad de Nuevo México. Como reconocimiento de su excelencia poética, recibió numerosos premios literarios y fue miembro de la Real Academia Española. Algunos de sus poemarios más importantes son: Áspero mundo (1956), Tratado de urbanismo (1967) y Deixis en fantasma (1992).
Algunas notas de su poesía son:
-Contenido social: preocupación por las pésimas condiciones de vida de un amplio porcentaje de la población española después de la guerra civil. La crítica, a veces, es clara y pasa a denuncia, también de tono político, contra la dictadura franquista.
-Sesgo subjetivo: nuestro poeta imprime una visión intimista y subjetiva sobre los asuntos que trata. Personaliza las situaciones y las refiere a su propia experiencia.
-Tono conversacional: los poemas están construidos como si fueran un intercambio de impresiones y recuerdos entre amigos, unidos en torno a una afición. De ahí cierto coloquialismo y sencillez discursiva.
-Ironía y humor son partes consustanciales de sus poemas: incluso exponiendo los temas más dolorosos o graves, Ángel González introduce unas notas desdramatizadoras que suelen inducir a una risa, o sonrisa, por parte del lector. Es señal de cierto optimismo existencial y alegría contemplativa de la existencia.

 

7. Interpretación y valoración
Este poema parte de una evocación, esto es, un recuerdo, aparentemente intrascendente. Sin embargo, a medida que avanzamos en la lectura detenida del poema, descubrimos un pensamiento denso y grave. Estamos ante una triste y melancólica rememoración de la infancia y de la guerra civil como acto más relevante de la misma.
El tono coloquial, sencillo y conversacional van deslizando anécdotas que acaban en una reflexión irónica y dura sobre los estragos de los conflictos bélicos en las víctimas inocentes. En el análisis hemos podido descubrir una labor de lima poética de primer orden. La selección léxica es evidente y el uso sutil y potente de las figuras retóricas nos permiten descubrir un texto intimista, hondo y con una enorme autenticidad: fondo y forma, contenido y expresión se alían para crear un hermoso poema sutil y bello.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Las siguientes actividades se pueden realizar de modo individual o en grupo; de manera oral o escrita; en clase o en casa; utilizando medios tradicionales o recursos TIC, según las circunstancias lo aconsejen).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, atendiendo a las modulaciones de sentido.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) ¿Qué tono tiene el poema: positivo, optimista, esperanzado, o todo lo contrario?
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema, sobre todo referidas al dolor y la angustia, y cómo impactan en el poeta.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.

 

2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué figura humana y qué fenómeno natural poseen especial importancia en el poema?
2) El poeta, ¿tuvo una infancia feliz, a juzgar por sus palabras?
3) ¿Qué importancia poética posee la guerra civil española y la época de posguerra?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor del recuerdo, ya desde el primer momento?
5) ¿Qué fenómeno meteorológico posee importancia especial? ¿Por qué será así?
6) ¿Es importante la confesionalidad en el conjunto de la significación del poema?

 

2.3. Fomento de la creatividad
1) Elabora un poema o texto en prosa que exprese un recuerdo o evocación de algún momento, real o ficticio, de tu vida.  Puedes imprimir un sentido irónico, como ha realizado Ángel González.
2) Imagina y transcribe una conversación o plática entre la clase y el poeta Ángel González a propósito de su poema y de su vida.
3) Realiza una exposición sobre Ángel González, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes, lugares o edificios, que sirvan de metáfora de un recuerdo que signifique otra cosa, como la tormenta en el poema, siguiendo el ejemplo de Ángel González.
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Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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