Juan Ramón Jiménez: “Otoño”; análisis y propuesta didáctica

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: “OTOÑO” (DE SONETOS ESPIRITUALES, 1917) 
“Otoño” (soneto V)
Esparce octubre, al blando movimiento              1
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.
Qué noble paz en este alejamiento                    5
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!
¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,    10
echado en el verdor de una colina!
En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina. 
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958) es uno de los más completos poetas en lengua española y la figura literaria más señera de la Generación del 14. Recibió el reconocimiento del premio Nobel de literatura en 1956. El poema “Otoño” procede de Sonetos espirituales (1917), un sustancioso poemario agrupado por la composición estrófica empleada –el soneto–, las líneas compositivas –depuración, esencialidad, belleza transcendente— y los temas: cierta comunión del hombre con la naturaleza o el mundo y una búsqueda del sentido de las cosas. 
“Otoño” presenta una contemplación y el impacto sensorial y espiritual de la estación otoñal en la persona enunciadora del poema. En el primer cuarteto se alude al viento y a la caída de las hojas, ya amarillas y marrones, de los árboles, lo que provoca el ensimismamiento del yo poético. En la segunda estrofa se presenta casi el mismo asunto, pero a la inversa: la inmersión en el otoño provoca un apaciguamiento de la persona, que se siente alejada, en medio de una pradera con flores deshojadas y una lluvia refrescante y benefactora.  
La tercera estrofa expresa el impacto del color en el yo poético; el amarillo y el verde se apoderan de todo el paisaje, provocando un sentimiento de ternura en el sujeto observante. Cierra el poema una estrofa en la que se expresa la envolvente belleza otoñal de la naturaleza que se desprende de sus hojas y brilla lo sublime de la autenticidad universal. 
 
2. Tema 
El tema o asunto principal del poema es la percepción extasiada del otoño, que se extiende en toda su belleza silenciosa y total, hasta el punto de que su hermosura lo eleva todo a la categoría de magnificencia. Enunciado de otro modo: el otoño expresa la belleza y verdad del mundo de forma total y sublime. 
 
3. Apartados temáticos 
El poema presenta tres apartados temáticos, que son los siguientes: 
-En el primer apartado (dos primeras estrofas, vv. 1-8) se presenta directamente el objeto poético, el otoño, en una de sus acciones más visibles, la caída de las hojas en otoño, llevadas por el viento. También se introduce en el pensamiento del yo poético, que es llevado “al infinito”. 
-En el segundo apartado (tercera estrofa, vv. 9-11) el yo poético percibe el otoño como una visión mágica, donde el cuerpo se transfigura en alma y siente ternura por el mundo, mientras está echado en la pradera de una colina. 
-El tercer apartado (cuarta estrofa, vv. 11-14) la vida se muestra en su verdad y en su belleza a través de la “decadencia” y ahí se percibe toda su hermosura, que posee algo de sublime y de espiritual. 
 
4. Aspectos métricos, de rima y estrofa 
El poema consta de dos cuartetos y dos tercetos; son, por tanto, versos endecasílabos de rima consonante; el esquema de la rima es el siguiente: ABBA, ABBA, CDE, CDE. Estamos, por tanto, ante un soneto de corte clásico. 
 
5. Análisis estilístico 
El poema ofrece una extraordinaria riqueza compositiva, como a continuación trataremos de exponer. El poema es una celebración del otoño, de modo que en torno a él aparecen varias personificaciones, metonimias y metáforas que asedian su sentido y expresan su belleza y su verdad esencial. El soneto se abre con una metonimia personificada: “esparce octubre, al blando movimiento / del sur, las hojas áureas y las rojas” (vv. 1-2). Es una sensación visual, dominada por el cromatismo de las hojas; esta acción del viento ocupa los dos primeros versos, con un encabalgamiento abrupto que imita la ráfaga del aire. La sinestesia contenida en “blando movimiento” (v. 1) crea una sensación de acogimiento y bienestar. Lo mismo podemos decir de la siguiente sinestesia, “la caída clara de sus hojas”; en este caso, la connotación positiva es tanto sensorial como intelectual. Lo cual se ve confirmado por la personificación que cierra el primer cuarteto: “se lleva al infinito el pensamiento”. La percepción del otoño primero se capta por los sentidos; después se siente en el interior y, finalmente, se instala en un nivel de intelección, pues la conciencia se expande hacia todos los confines. 
El segundo cuarteto forma una oración exclamativa en sí mismo. Este tono admirativo expresa muy bien el estado de bienestar del yo poético. Este siente “noble paz en este alejamiento” (v. 5); la sinestesia metaforizada sugiere una comunión en la apacibilidad del yo poético y la naturaleza. A continuación, dos apóstrofes, dirigidas al prado y al agua, tildados de “bello” y “fría”, respectivamente, declaran muy bien la mirada admirativa del yo poético hacia la naturaleza. La metáfora final de ese cuarteto, “que mojas / con tu cristal estremecido el viento!” indica la mirada penetrante y absorta del poeta, pues percibe cómo la lluvia moja al viento; entendemos que él lo siente en su cuerpo, de ahí esa sensación de bienestar. Prado y agua son las dos metonimias que representan al mundo natural al completo, con el que el yo poético se siente identificado. 
El primer terceto se abre con una metáfora profunda: el yo poético se siente tan bien en la naturaleza que queda como enjaulado en ella, aunque está “echado en el verdor de una colina!” (v. 11). La paradoja es sorprendente, pero aclara estupendamente el poder de atracción de la naturaleza, que arrastra al observador, lo envuelve y como que este queda aprisionado en su interior. Aquella es una “cárcel pura” (v. 9), nada pues de significación negativa, sino todo lo contrario. Además, el cuerpo se transforma en alma, otra paradoja que insiste en el poder transformador de la observación del otoño. Se desea expresar que lo material cede ante lo intelectual y emocional; todo lo físico se metamorfosea en un estado intelectual y espiritual de pureza, belleza y perfección. Así, entendemos muy bien la hipérbole inicial del cuarteto “¡Encantamiento de oro!”: como si el otoño tuviera el poder taumatúrgico de apoderarse del observador y elevarlo a una esfera superior del ser y del sentir. 
El último terceto resume y concluye el contenido anterior comprimiendo los dos elementos clave del poema: verdad y belleza. Una paradoja inicial, “En una decadencia de hermosura” (v. 12) aclara el eje semántico central del poema. Todo es belleza, contenida en las cosas que mueren por el otoño, que es lo que significa aquí “decadente”. La personificación metaforizada de “la vida se desnuda” (v. 13) da otra pista sobre la naturaleza de esa belleza: la esencialidad íntima, pura y perfecta de la vida entera, en sus elementos naturales y también humanos, pues el yo poético está contenido en ella. Una última metáfora con adherencias hiperbólicas y sinestésicas, “resplandece / la excelsitud de su verdad divina” aprietan el significado total del poema: la naturaleza contemplada es maravillosamente bella, es verdadera y refulge plenamente, ocupando el mundo entero. 
Como se puede observar, estamos ante un bellísimo y denso soneto que expresa la belleza del mundo natural, en este caso en su manifestación del paisaje otoñal. Inspira un sentimiento de admiración e identificación del yo poético, que inmediatamente se fusiona con él, formando una unidad en la “verdad divina”. 
 
6. Contextualización 
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan, Puerto Rico, 1958), premio Nobel de Literatura en 1956, es uno de los más intensos y significativos poetas españoles del siglo XX. Como miembro de la Generación del 14, aspira a una depuración verbal y conceptual de la poesía para que adquiera una transcendencia y transparencia que, a su juicio, se había perdido en las décadas anteriores, sobre todo a partir de ciertos excesos románticos y modernistas. 
Su producción poética se divide en una etapa sensitiva (1898 – 1916), justamente bajo los efectos del tardorromanticismo y del modernismo simbolista, sentimental, sensitiva y simbolista; una etapa intelectual (1916 – 1936), dominada por una poesía más esencialista, reconcentrada e intelectualizada; y, finalmente, una etapa “suficiente o verdadera” (1936 – 1958), bajo el signo de una poesía metafísica, autorreferencial e integradora de todos los aspectos humanos, incluyendo la vida y la muerte. El poema que hemos comentado se ubica en la etapa intelectual porque presenta una concepción esencialista de la naturaleza; los elementos más sensitivos están depurados, transcendidos; el poeta busca integrar en una realidad superior la naturaleza y sus sentimientos. El trabajo poético de búsqueda, lima y composición verbal rigurosa, precisa y suficiente saltan a la vista; es una de las características de ese período poético juanrramoniano. 
 
7. Interpretación 
Estamos ante un poema densamente significativo. Nos presenta una contemplación extática del otoño. El yo poético, echado en una colina, observa y admira el viento, la lluvia y la caída de las hojas, extasiado por su belleza y su verdad. Pronto se funde en esa contemplación envolvente. El otoño incita y despierta sentimientos sumidos en el fondo del alma del poeta. La belleza es tal que aprisiona a este en una espiral de belleza, que para nada es falsa; todo lo contrario, es la “verdad divina”, la auténtica y permanente, aunque de difícil contemplación, acceso y expresión.   
El poeta se integra en ese cuadro como un elemento más. Recostado en la hierba de una colina, sus emociones lo envuelven en una espiral de paz y bienestar, donde es acogido con delicadeza y amor. El juego de elisiones y alusiones es muy interesante y forma parte de la dinámica textual: el lector se ve obligado a una reconstrucción del sentido, más o menos conscientemente, y a una contemplación no tan lejana de la experimentada por el yo poético. Al tiempo, se percibe muy bien el esfuerzo poético por matizar la contemplación natural con justeza y naturalidad, lo que se logra plenamente. 
Belleza verdadera, envolvimiento en ella y sentido pleno transcendido, es decir, espiritual, son los valores que se desprenden de la contemplación del otoño. Que coinciden, he ahí la magia de la poesía, con lo que surgen de la lectura detenida de este hermoso poema, sencillo en la forma, transparente en la disposición, pleno y expansivo en el sentido. 
Por cierto, este poema nos recuerda a “Otoño”, el texto del mismo título compuesto por el excelente poeta inglés John Keats. Coinciden no solo en temática, sino en el mundo emocional evocado. Acaso sea un ejemplo de cómo la literatura se comunica por canales sorprendentes y cómo las coincidencias e influencias benéficas traspasa barreras temporales y espaciales para entregarnos, como en este caso Juan Ramón ha realizado, un bellísimo poema, intenso y vibrante. 
 
8. Valoración 
Como suele ocurrir con la lectura de la buena poesía, el texto expande su significación inicial para ofrecer al lector un itinerario conceptual y estético nuevo y fascinante en sí mismo. La apariencia de una mera anécdota, como la contemplación de un paisaje otoñal, rápidamente se ve superada por un impacto estético de honda significación emocional y existencial. 
Juan Ramón Jiménez es un poeta muy laborioso y exigente. Depura sus textos hasta límites casi intolerables para la lengua. El resultado es un artefacto verbal que parece que se abre en la mente del lector como una fruta madura. El acto de lectura conlleva una exploración no solo estética, sino existencial y verbal. He aquí el milagro de la poesía lograda, esperando ser degustada por un lector atento. 
 
2. PROPUESTA DIDÁCTICA 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC). 
2.1. Comprensión lectora 
1) Resume el poema (aproximadamente, 100 palabras). 
2) Señala su tema y sus apartados temáticos. Para ello, contesta a la cuestión ¿de qué se habla y cómo se expresa? 
3) Establece la métrica, la rima y la forma estrófica utilizada. 
4) Existen tres elementos naturales que conforman el cuadro visual del poema. Explícalos y establece su relevancia. 
5) Localiza una docena de recursos estilísticos y explica su eficacia significativa y estética. 
 
2.2. Interpretación y pensamiento analítico 
1) ¿Por qué el yo poético afirma que “¡Encantamiento de oro! Cárcel pura… ” (v. 9)? Explica la paradoja que late en su interior. 
2) La sinestesia es un recurso importante en el poema, como se observa en “blando movimiento” (v. 1). Busca otros ejemplos y explica qué tipo de emociones desea transmitir. 
3) El poeta solo se deja ver una vez en el poema, al final del primer terceto. Localiza exactamente la expresión y explica qué tipo de sentimientos se establecen entre el yo poético y la naturaleza observada. 
4) Indica los rasgos de la poesía de Juan Ramón Jiménez, miembro de la Generación del 14, perceptibles en este poema. 
 
2.3. Fomento de la creatividad 
1) Documéntate sobre el poeta Juan Ramón Jiménez y realiza una exposición en la clase con ayuda de medios TIC, creando un póster, etc. 
2) La naturaleza despierta admiración y un intenso grado de comunicación por parte del poeta. Expresa las emociones que despierta en ti la contemplación de una estación del año. Puedes hacerlo en papel, por imagen –dibujo, fotografía–, con música, o todos los medios combinados a la vez. 
3) Escribe un relato basado en la contemplación de una estación del año, en un ambiente concreto, al estilo del poema. Trata de expresar las emociones que te sugiere. 
4) Se puede realizar un recital poético o una declamación de poemas de Juan Ramón Jiménez, acompañado de imágenes alusivas y música, ante la clase o la comunidad educativa. Ahí se pondrá de manifiesto la enorme hondura expresiva de los poemas de nuestro poeta.
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Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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