Ramón Mª. del Valle-Inclán: “Divinas palabras”; análisis y propuesta didáctica

 VALLE-INCLÁN: DIVINAS PALABRAS 
  1. ANÁLISIS 
  1. Resumen 
Divinas palabras es una excelente y perturbadora obra teatral que se encuentra entre lo más granado del teatro español del siglo XX. La pieza se organiza en tres jornadas, con cinco, diez y cinco escenas en cada una de ellas, respectivamente. El número romano indica la jornada; el árabe, la escena. 
(I, 1) Lucero es un tipo palabrero y atildado que anda por las ferias gallegas a salto de mata. Se gana la vida turbiamente, adivinando el futuro con su perro Coimbra y con un pájaro en una jaula que lleva a sus espaldas. Lo acompaña Poca Pena, su “manceba” (según se afirma en el dramatis personae), con un bebé en brazos. Lucero se muestra duro, violento y amenazante contra Poca Pena y su hijo, de quien quiere deshacerse. Proclama su libertad por encima de todo. Es descreído y cínico; su perro Coimbra adivina que Pedro Gailo, el sacristán de la iglesia de San Clemente, en Viana del Prior, será engañado por su mujer. 
(I, 2) Juana Reina muere de enfermedad, sola, en un camino cualquiera. Deja a un hijo idiota e hidrocéfalo, que lleva en un carretón, por las ferias, para pedir limosna, con lo que gana bastante dinero como para vivir desahogadamente. Rosa la Tatula, limosnera, encarga a Miguel el Padronés, un leñador, y al Compadre Miau (que es Lucero, pero ahora se hace llamar por este nombre; ya no va con la mujer del niño) que den aviso a la familia. 
(I, 3) La Tatula informa a Mari-Gaila (mujer de Pedro Gailo; tienen una hija, Simoniña) que Juana Reina ha muerto. Gaila y Simoniña, que parece algo lerda, hacen un planto y lamentan su muerte, muy teatreras. La Tatula le propone alquilar el carretón con el idiota (“vale un horno de pan”, le dice), pero Gaila le da largas y no se pronuncia. 
(I, 4) El alcalde pedáneo del pueblo le pone guardas al cadáver de Juana Reina. Marica del Reino, hermana de la difunta y de Pedro Gailo hace un planto exagerado y falso sobre las bondades de la hermana. Se inicia una pequeña discusión sobre quién se quedará con el idiota en su carretón. 
(I, 5) Velan el cadáver de Juana Reina en el atrio de la iglesia de San Clemente. Todos beben aguardiente y se cuentan consejas. Con la ayuda del pedáneo, los familiares Mari-Gaila, mujer bebedora y con donaire, por un lado, y Marica del Reino, por otro, llegan a un acuerdo sobre el reparto del idiota para su explotación comercial. Tres días a la semana cada una, y los domingos, alternando. Al final, el idiota emite gruñidos y le contesta un sapo.  
(II,1) Marica del Reino está enfadada porque su cuñada Gaila no le devuelve el carretón, aunque ya le tocaba. Una vecina le cuenta que gana mucho dinero, que bebe por todas las ferias, que es aguda hablando y que se deja requebrar por los hombres. Sospecha que está en la feria de Viana. Marica dice que, cuando se lo traiga, no se lo devuelve; odia a su cuñada. 
(II, 2) Los romeros y pordioseros descansan en su camino. El ciego de Gondar le propone a Mari Gaila que conviva con él, que la quiere y harían buenos dineros, pero ella se niega. El vendedor de agua de limón apostilla el asunto; también lo hace la Tatula, que se mueve con ellos. Llega un peregrino, muy humilde y devoto; lo invitan a comer los demás. Aparece una pareja de guardias civiles; buscan al Conde Polaco, pero nadie lo conoce. 
(II, 3) Feria en Viana del Prior, al lado de la colegiata. Mari-Gaila toca el pandero y canta una canción; se arrima al Compadre Miau (es el antiguo Lucero, que había huido de la prisión de Ceuta), ahora con un ojo tapado; toca la flauta, la perra Coimbra baila a dos patas y el pájaro echa suertes. Lo acompaña el leñador Miguelín, a quien trata de maricuelo. El compadre Miau requiebra a Mari-Gaila, que se deja hacer. Aquel se muestra partidario de la república. 
(II, 4) Pedro Gailo y su hermana Marica del Reino conversan al lado de la tumba de la hermana muerta. Marica le informa a Pedro que su mujer lleva mala vida por las ferias y que él, en consecuencia, está deshonrado porque la otra se acuesta con hombres. Le pide que ponga orden y se vengue. Este no quiere creerla, pero al final sí lo hace. Se siente angustiado y confuso. 
(II, 5) Estamos en una chabola medio caída, al lado de la playa, cerca del puerto de Viana, se entiende. Séptimo Miau, un “farandul”, según se dice en la acotación, requiebra a Mari-Gaila; ambos parecen algo bebidos. Al final, se meten a la chabola y se acuestan. El carretón lo dejan fuera; cohetes de fuegos artificiales. 
(II, 6) La acción se centra dentro de la humilde casa de Pedro Gailo, en una mano un cuchillo y en la otra una frasca de aguardiente. Gailo está borracho; le dice a su hija que matará a Gaila para recuperar su honra. Le propone a Simoniña que se acueste con él, como venganza, pero ésta se niega y logra llevarlo a la cama. 
(II, 7) En un hostal a la salida de Viana. Rosa la Tatula aparece con una peseta que le dio el Miau para que cuidara del idiota, Laureano. Miguelín invita a una copa al idiota, que paga a Ludovina, la ventera. Luego le siguen dando de beber alcohol en grandes cantidades; Laureano el idiota muere. Ludovina quiere que lo saquen del hostal por miedo a los guardias. Llega Mari-Gaila y hace un planto y lamenta que ya no obtendrá más beneficio económico. 
(II, 8) Encuentro de Mari-Gaila con el macho cabrío, que aparece en un risco y en el campanario de una iglesia. Berrea “Jujurujú”, pero luego habla de verdad. La invita a ir al baile, pero ella se resiste. Ella se desvanece y se siente llevar por los aires. Aparece, sin saber cómo, a la puerta de su casa. 
(II, 9) Plena noche, en la humilde casa de Gailo. El matrimonio Gailo riñe, pero la hija los calma. Simoniña lleva el carromato con el cadáver del idiota a la puerta de la casa de Marica del Reino. 
(II, 10) Marica del Reino se encuentra el carretón en la puerta de su casa al amanecer. Los cerdos le han comido la cara y las manos. Está enscandalizada. Serenín de Bretal, campesino que oficia de razonador y sereno, deduce que lo trajeron a escondidas y se lo dejaron allí. 
(III, 1) Los rapaces tiran piedras al tejado de los Gailo y a ella le cantan “puta” y a él “cornudo”. Llega la Tatula y habla en secreto con Mari-Gaila. Después aparece Marica del Reino con el cadáver del idiota diciendo que no quiere saber nada. Acuerdan adecentarlo y pedir lismosna a la puerta de la iglesia tres días con el fin de obtener dinero para un entierro. Se recriminan el desenlace del desdichado; la Tatula maniobra a solas con Mari-Gaila. 
(III, 2) La Tatula le da unas medias de regalo a Mari-Gaila, de parte de Séptimo Miau. Las acepta de buena gana. Le cuenta la verdad sobre la muerte del baldado. Miau se había burlado de Miguelín echándolo a los caminos en calzoncillos. El maricuelo lo incitó a beber hasta el final. Queda concertada una cita con Miau. 
(III, 3) A la puerta de San Clemente, con el cadáver del idiota, pidiendo, está Simoniña. Va sacando algo de dinero. Séptimo Miau la enreda con su palabrería y alaba al difunto como fuente de dinero y a su madre por hermosa. Habla con tensión con Gailo, que no quiere saber nada de él. Tatula le da la cita a Miau con Gaila, lo que le agrada mucho. 
(III, 4) Miguelín el Padronés, el Maricuela, descubre a Miau y a Gaula fornicando en las brañas. Se lo dice a todo el mundo, para que los escarnezcan. La persiguen, ella medio desnuda, por el campo. Le sale Milón de Arnoya, un hombre grande y fornido, que pretende violarla. Ella le da una pedrada, pero no le vale de nada. Luego le dice que su mujer, en casa, no es tan fiel. Milón queda confundido y la suelta. El gentío la obliga a quitarse la ropa y queda desnuda. La suben al carro cargado de heno de Milón y la llevan desnuda a casa. 
(III, 5 y último) Gailo oficia una oración por el idiota, que allí sigue, ya hediendo, pero los jóvenes lo interrumpen tocando las campanas de la iglesia. Le dicen que su mujer es prostituta. Se da de cabezadas contra las tumbas. Sube al campanario y ve cómo viene su mujer desnuda en el carro de Milón. Se tira del campanario abajo, pero no muere. La gente se ríe de él y le llaman cornudo y castrado. Él, en tono solemne, dice en latín: “Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat”. La gente queda como transfigurada y cambian de actitud. Todos se vuelven a sus casas y quehaceres y deciden cerrar la boca por si la justicia los sigue. Gailo mete a Gaila, de la mano y desnuda, a la iglesia. Todo está como sobrecogido por el poder de las divinas palabras, en latín. 
 
2. Tema de la tragicomedia 
Valle-Inclán aborda varios temas, pues estamos ante una obra ambiciosa: 
-La ignorancia del pueblo llano, producto de la falta de educación, acarrea la milagrería y la credulidad absurda. 
-La miseria moral y física produce personas de comportamiento muy inmoral, injusto, mezquino y violento. 
-La violencia física se suele desatar a causa de la frustración, la incultura y la sujeción a unas normas tradicionales ridículas. 
-La venganza, producto del rencor, es una motivación principal entre personas amargadas y frustradas. 
-La ignorancia produce milagros aparentes, producto del temor atávico a las fuerzas espirituales fuera de nuestro control. 
 
3. Apartados temáticos 
En esta ocasión, Valle-Inclán ha optado por un desarrollo temático clásico, regido por la lógica y la secuenciación temporal: 
-Primera parte, o jornada: presentación de los personajes y el conflicto. Accedemos a un mundo mítico, medio onírico, con personajes alucinados y conflictos casi increíbles: la discusión por quién se queda con el cadáver del idiota, fuente de ingresos de primer orden para gente muy pobre. 
-Segunda parte o jornada: desarrollo del conflicto, con algunas ramificaciones argumentales. Mari-Gaila se hace con el carromato y se echa a la vida de ferias y romerías. Le gusta y entra en líos amorosos, haciendo buenos dineros. Una consecuencia lógica es la muerte del pobre muchacho impedido. 
-Tercera parte o jornada: el desenlace o resolución de la intriga. Es muy sorprendente, triste y amarga. Se obra como un milagro. Es verdad que nadie muere, también que la gente parece que recapacita, pero no por un proceso de pensamiento, sino por el taumatúrgico de unas palabras en latín: quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.  
 
4. Personajes 
Esta obra está poblada por muchos personajes cuya relevancia argumental es similar. No podemos hablar de un protagonista, sino que media docena larga de figuras poseen la misma importancia. Veamos las más relevantes: 
-Mari-Gaila: es la esposa de Pedro Gailo y madre de Simoniña. Primero realiza un planto aparatoso y gesticulante por la muerte de su cuñada Juana Reina, pero pronto desvela que su interés es quedarse con el idiota para lucrarse, en un primer momento, y vivir una vida libre y sin ataduras, de feria en feria, inmediatamente después. Deja atrás a su familia y recorre con éxito distintas poblaciones, donde muestra su inteligencia práctica. Al enamorarse de Séptimo Miau, busca su perdición, pues los vecinos la vejan violentamente. Se muestra firme de carácter, fría y calculadora, pero todo se le va de las manos porque no sabe esquivar la manipulación sentimental y los pequeños sobornos de Miau. Su afición desmedida al aguardiante contribuirá a su ruina final. 
-Pedro Gailo: es el sacristán de la iglesia de San Clemente; viste sotana y parece que comprende algo de latín. Cuando puede, se las da de hombre de iglesia y leído, acompañado de su libro religioso. Su hermana Marica del Reino le malmete por los andares de su mujer y le exige reparación de su honra. Es pusilánime, de modo que cede, a lo que ayuda su tendencia a la bebida, que le nubla el juicio. En un momento de confusión, amaga con atacar a su propia hija. Atrabiliario e imprevisible, las palabras finales que pronuncia en latín amedrentan a la concurrencia y le permiten rescatar a su mujer de la turba. 
-Simoniña, la hija de los Gailo, es quien más sentido común muestra. Imita a su madre de palabra y de hecho, pero mantiene una conducta más o menos coherente. Que sea miedosa no le impide desembarazarse del acoso de su padre, o de pedir lismosna con cierta dignidad para enterrar a su primo el idiota. 
-Marica del Reino: hermana de Pedro Gailo y de Juana Reina, también es avariciosa y desea quedarse con el idiota y su carretón, pero las argucias de su cuñada se lo vedan. Aun con todo, reconoce que ha logrado alguna ganancia. Sus arteras intenciones se aprecian bien cuando malmete a su hermano contra su esposa por ser infiel. 
-Rosa la Tatula: es una mendiga de gran inteligencia práctica y muy mala bilis. Anda con el resto de los pordioseros de feria en feria. Quiso quedarse con el carretón, pero no pudo porque Mari-Gaila no quiso tratos con ella. Parece que de ese rencor le viene su deseo de venganza contra aquella, que lo logra buscando su perdición. Hace de celestina y fomenta la relación de Mari-Gaila con Miau para que ella pierda su reputación y acabe mal, como de hecho acaba. Digamos que es una de las triunfadoras del drama, pues todo acaba a su satisfacción. 
-Séptimo Miau: estamos ante el personaje más cínico y taimado de toda la pieza. Medio embaucador, medio brujo, cruel y lujurioso, se porta guiado por su egoísmo atroz. Abandona cruelmente a Poca Pena, en la primera escena, cuando se hacía llamar Lucero, con un bebé en brazos. Se gana la vida adivinando el futuro de la gente con una perra y un pájaro enjaulado; es muy artero e inteligente. Alguien le llama el castellano, de donde deducimos que no era gallego; había estado en prisión en Ceuta por delitos mayores años antes. Esta luego aparecerá muerta, y él ni niega ni acepta haber sido el asesino, aunque parece haber sido el peregrino. Muy palabrero, embauca a Mari-Gaila y logra enamorarla. Una vez que yace con ella, se desentiende, pues en las escenas finales no hace acto de presencia. 
-Miguel el  padronés, mozo leñador: tiene un papel relevante porque provoca la muerte del idiota a base de alcohol, en un acto irresponsable. Por esta acción, lo ridiculiza Miau, que le llama maricuelo, cosa que él no niega, echándolo a la calle en paños menores. Luego, por venganza, descubre a la gente del pueblo dónde yacen Miau y Gaila. Está será escarnecida y él se sentirá satisfecho con esta traición. 
-El hijo idiota, Laureano: es el muchacho con hidrocefalia a quien su madre, Juana Reina, lleva por las ferias, para recaudar dinero por su exhibición. No puede hablar, pero lo hacen alcohólico y por ello muere. Realmente, es quien paga los platos rotos de un mundo degradado, cruel, alcoholizado e irracional. 
-El ciego de Gondar, enamorado de Gaila, pero rechazado por esta; un alcalde pedáneo que se las da de leguleyo y oficia como un juez; un peregrino falsamente devoto que es quien mata a Poca Pena; un vendedor de agua de limón chismoso; la ventera de Viana, solo preocupada por su negocio, sin que se le dé un ardite por la muerte del idiota; etc., son otros personajes de menor relevancia que pueblan la obra. Todos ellos muestran una pésima catadura moral, siniestras intenciones y un cinismo egoísta estremecedor. 
 
5. Lugar y tiempo de la acción dramática 
Divinas palabras es una pieza de ambientación galaica en su totalidad. La acción discurre en una población gallega costera, Viana de Prior, y en un pueblo con su colegiata y la iglesia adosada de San Clemente, cuyo sacristán es Pedro Gailo. El campo de los alrededores, con casucas diseminadas, también es un escenario que se repite frecuentemente. Dentro de este espacio geográfico amplio, cada escena suele optar por un lugar concreto bien preciso: la humilde casa de Gailo, el lavadero, el atrio de la iglesia, un hostal a la salida de Viana, cruce de caminos donde reposan los mendigos, etc. Todos ellos son de un reconocible ámbito gallego: cruceros, maizales, caminos estrechos que “galguean” por las colinas, etc. 
La pieza que comentamos fue publicada en 1919, de modo que su composición sería simultánea o inmediatamente anterior a ese año. La obra recrea un tiempo contemporáneo al de la escritura: unos pueblos y aldeas atrasados, atávicos, bastante hambrientos, incultos y supersticiosos dan la medida de esa época. Se iluminan con candiles, se desplazan andando o en carros y carretones: estos rasgos señalan la época de principios del siglo XX. 
 
6. Aspectos estilísticos 
En Divinas palabras aparecen los rasgos estilísticos propios de Valle-Inclán; en sí mismos son muy caracterizadores y originales. A continuación, presentamos los más llamativos:  
1) Esta es una de las obras valleinclanescas del ciclo mítico. Centradas en su Galicia natal, ofrece una fotografía tragicómica y risible por su deformación gesticulante y ridiculizadora y amarga del mundo rural. Es el paso previo a la estética del esperpento. Ya aparecen aquí la presentación la realidad en sus aspectos grotescos, feos, histriónicos e hirientes a los sentidos. El autor trata a los personajes deñ drama como muñecos de guiñol, deformados, desfigurados física y moralmente hasta hacerse repelentes. En este sentido, son personajes bastante planos, sin apenas evolución. El autor los utiliza para denunciar una realidad sórdida y fea en sí misma, además de injusta y egoísta. La fórmula y su presentación literaria tuvo tanto éxito que ahora “esperpento” es un sustantivo de uso normal en la lengua española.  
2) Las acotaciones (sobre todo, las iniciales de cada cuadro) son verdaderos textos literarios en sí mismos. Casi podrían pasar por relatos independientes, pues se presenta con una precisión estética un marco y unos personajes que quedan totalmente dibujados en la mente lectora. Veamos, a modo de ejemplo, las dos acotaciones iniciales de la primera jornada, escena I: 
San Clemente, anejo de Viana del Prior. Iglesia de aldea sobre la cruz de dos caminos, en medio de una quintana con sepulturas y cipreses. PEDRO GAILO, el sacristán, apaga los cirios bajo el pórtico románico. Es un viejo fúnebre, amarillo de cara y manos, barbas mal rapadas, sotana y roquete. Sacude los dedos, sopla sobre las yemas renegridas, las rasca en las columnas del pórtico. Y es siempre a conversar consigo mismo, huraño el gesto, las oraciones deshilvanadas.  
PEDRO GAILO.- …Aquéllos viniéronse a poner en el camino, mirando al altar. Éstos que andan por muchas tierras, torcida gente. La peor ley. Por donde van muestran sus malas artes. ¡Dónde aquéllos viniéronse a poner! ¡Todos de la uña! ¡Gente que no trabaja y corre caminos!…  
PEDRO GAILO se pasa la mano por la frente, y los cuatro pelos quédanle de punta. Sus ojos con estrabismo miran hacia la carretera donde hacen huelgo dos farandules, pareja de hombre y mujer con un niño pequeño, flor de su mancebía. Ella, triste y esbelta, la falda corta, un toquillón azul, peines y rizos. El hombre, gorra de visera, la guitarra en la funda, y el perro sabio sujeto de un rojo cordón mugriento. Están sentados en la cuneta, de cara al pórtico de la iglesia. Habla el hombre, y la mujer escucha zarandeando al niño que llora. A esta mujer la conocen con diversos nombres, y, según cambian las tierras, es Julia, Rosina, Matilde, Pepa la Morena. El nombre del farandul es otro enigma, pero la mujer le dice LUCERO. Ella recibe de su coime el dictado de POCA PENA.   
La selección de objetos que aparecen en el cuadro nos pinta una realidad total y detallada, denotada y connotada con gran precisión poética. La adjetivación ciñe los objetos, los dota de ecos sinestéticos muy impactantes. La fuerza caracterizadora es incisiva y expansiva en la imaginación lectora. La naturaleza, viva y variada, juega un papel muy relevante con personificaciones audaces que enriquecen la significación total. La ironía, la hipérbole y las metonimias multiplican la significación de retratos de individuos siniestros y de lugares medio lunáticos. 
3) Los recursos estilísticos se emplean con un acierto total. Una enorme cantidad de procedimientos retóricos felizmente usados crean un texto muy bello, connotativo, sorprendente y original. Veamos un ejemplo extraído del cuadro XII, en el que Max expone la teoría del esperpento:   
Escena Cuarta (Jornada I) 
El robledo, al borde del camino real. JUANA LA REINA está tendida de cara al cielo, y tiene sobre el pecho una cruz formada por dos ramas verdes. Los pies descalzos y las canillas del color de la cera, asoman por debajo de la saya como dos cirios. BASTIÁN DE CANDÁS, alcalde pedáneo, pone guardas a la muerta, y da órdenes con una mano en el aire, como si fuese a bendecir. 
EL PEDÁNEO.- Vosotros, rapaces, aquí firmes, sin desviaros del pie de la finada difunta. No habéis de consentir por cosa del mundo que muevan el cuerpo antes de comparecer el Ministro de la Ley.  
Algunas mujerucas aldeanas llegan haldeando. Resplandor de faroles, negrura de mantillas. Viene, entre ellas, una vieja encorvada que da gritos con el rostro entre las manos. Por veces se deja caer en tierra abriendo los brazos, y declama las frases rituales de un planto. Es MARICA DEL REINO, hermana de la difunta. 
 MARICA DEL REINO.- ¿Dónde estás, Juana? ¡Callaste para siempre! ¡Nuestro Señor te llamó, sin acordar de los que acá quedamos! ¿Dónde estás, Juana? ¿Dónde finaste, hermana mía?  
UNA MOZA.- ¡Conformidad, tía Marica!  
TÍA MARICA, ayudada por las mujeres y cubierta con el manteo, camina encorvada. Cuando llega al pie de la difunta, se abraza con ella.  
MARICA DEL REINO.- ¡Ay Juana, hermana mía, qué blanca estás! ¡Ya no me miran tus ojos! ¡Ya esa boca no tiene palabras para esta tu hermana que lo es! ¡Ya no volverás a detenerte en mi puerta para catar los bollos del pote! ¡Cegabas por ellos! ¡Inda esta segunda feria los merendamos juntas! ¡Qué bien te sabían con unto y con nebodas!  
Después del planto, queda recogida sobre las rodillas, gimiendo monótonamente. Las mujeres se sientan en torno, refiriendo azares de los caminos, casos de muertes repentinas, cuentos de almas en pena. Y cuando decae el interés de aquellas historias, renueva su planto MARICA DEL REINO. Atravesando la robleda, llega el matrimonio de los GAILOS. La mujer, echada sobre los hombros la mantilla; y el marido, con capa larga y bastón señoril de dorada contera y muleta de hueso. La hermana, viéndolos llegar, se alza en las rodillas y abre los brazos en dramática expresión.  
MARICA DEL REINO.- ¡Tarde vos dieron el aviso! Yo llevo aquí el más del día, casi que estoy tullida de la friura de la tierra.  
PEDRO GAILO.- El hombre que tiene cargo no dispone de sí, Marica. Y ¿cómo fue que aconteció esta incumbencia?  
MARICA DEL REINO.- ¡Ordenado estaría en la divina proposición!  
PEDRO GAILO.- ¡Cabal! Pero ¿cómo fue que ello aconteció?  
MARICA DEL REINO.- ¿Y a mí me lo preguntas? ¡Vírate para la difunta, que ella solamente puede darte la respuesta! 
 PEDRO GAILO.- ¡Difunta, hermana mía, mucho te tiraba el andar por caminos, y andando por ellos topaste la muerte! 
MARICA DEL REINO.- ¡Las mismas consideraciones le tengo hechas! ¡Dios nos ampare!  
EL SACRISTÁN, limpiándose los ojos, donde el estrabismo parece acentuarse, se acerca al dornajo del idiota 
PEDRO GAILO.- ¡Ya eres huérfano, y no puedes considerarlo, Laureano! ¡Tu madre, la hermana mía, es finada, y no puedes considerarlo, Laureano! ¡Por padre tuyo putativo me ofrezco!  
MARICA DEL REINO.- El cargo del inocente a mí me cumple.  
MARI-GAILA.- Nosotros tampoco lo abandonamos, cuñada.  
MARI-GAILA tiene el gesto de desenfado y una luz provocativa en los ojos parleros. La otra tuerce la cabeza mostrando desdén.  
MARICA DEL REINO.- A mi hermano, que lo es, me refería.  
MARI-GAILA.- Mas yo te respondía.  
EL PEDÁNEO.- Muera el cuento.  
PEDRO GAILO.- ¿Qué esperamos, Bastián?  
EL PEDÁNEO.- Esperamos la comparecencia de la Justicia.  
PEDRO GAILO.- Poco tiene que esclarecer. Para mí, la difunta bebió alguna agua corrompida, y eso la mató. Es probado que los sulfatos de las viñas emponzoñan las aguas y producen muertes.  
EL PEDÁNEO.- ¿Recordáis aquella mi vaca pintada?  
MARI-GAILA.- ¡Una vaca como una reina!  
EL PEDÁNEO.- Pues a la muerte la tuve, que la saqué adelante con cocimientos de genciana. Por cima de siete reales gasté en la botica. 
UNA VIEJA.- Hay aguas mortales. 
PEDRO GAILO.- Que las hay no tiene duda, y al cuerpo adolecido más pronto lo dañan. Le corrompen el interior.  
MARI-GAILA.- Entre el señorío, tanto mirar mal el aguardiente, y no decir cosa ninguna contra las aguas.  
EL PEDÁNEO.- El señorío mira mal el aguardiente porque se regala con otros resolios.  
MARI-GAILA ¡Anisete escarchado!  
Por el camino real vese venir al juez, caballero en un rucio de gayas jalmas y anteojeras con borlones. El alguacil zanquea al flanco, como espolique. Las mujerucas, alzadas sobre las rodillas y soplándose los dedos, avivan la luciérnaga de sus faroles. Comienza un planto solemne.  
MARICA DEL REINO.- ¡Juana, hermana mía, si en el mundo de la verdad topas con mi difunto, dirásle la ley que le guardé! ¡Dirásle que nunca más quise volver a casar, y que no me faltaron las buenas proporciones! Ahora soy una vieja, pero me dejó bien lozana. Dirásle que un habanero de posibles me pretendía, y que jamás le viré cara. ¡Un mozo como un castillo!  
MARI-GAILA.- ¡Cuñada, flor de los caminos, ya estás a la vera de Dios Nuestro Señor! ¡Cuñada, que tantos trabajos pasaste, ya tienes regalo a su mesa! ¡Ya estás en el baile de los ángeles! ¡De hoy más, tu pan es pan con huevos y canela! ¡Ay cuñada, quién como tú pudiese estar a oír los cuentos divertidos de San Pedro!  
Son evidentes las metáforas (“Cuñada, flor de los caminos”, “ya tienes regalos a su mesa”), metonimias (“tu pan es pan con huevos y canela”), paralelismos y anáforas (“Dirasle…, dirasle…”), ironías (“el señorío mira mal el aguardiente porque se regala con otros resolios”), interrogaciones y exclamaciones retóricas, elipsis, animalizaciones y personificaciones (“¡Una vaca como una reina!”, “¿Dónde estás, Juana? ¡Callaste para siempre”), etc. Todas estas figuras literarias contribuyen a la creación de una red de significado muy rica, connotativa y de gran expansión imaginativa. Los onomatopeyas, en boca del idiota, del perro y del macho cabrío (especialmente “Jujurujú”, son de gran expresividad). El acierto estilístico de Valle-Inclán es, efectivamente, indiscutible.  
4) Valle-Inclán mezcla deliberadamente dos registros de la lengua: el coloquial, rural y popular de los habitantes de Viana, y el pseudo formal o falso nivel culto de Pedro Gaila, a veces imitado por el Pedáneo y por Miau, con el objeto de dárselas de cultos e impresionar a sus vecinos. El registro coloquial a veces, pocas, desciende al vulgar, propio de la gente de aldea alcoholizada; la jerga o argots campesino, rural, propio de comunidades aisladas e inmovilistas también tiene cabida.  
Coloquialismos, vulgarismos, modismos, palabras y expresiones gallegas, etc. se emplean con agudeza y oportunidad. También se debe incluir un falso uso culto por parte de Pedro Gailo, que resulta cómico por extravagante. Veamos un ejemplo extraído de la escena sexta de la segunda jornada, en un dramático diálogo entre Pedro Gailo y su hija Simoniña sobre la supuesta venganza que Gailo quiere tomar contra su mujer por ser infiel:  
  La casa de los Gailos. En la cocina, terreña y a teja vana, ahuma el pabilo sainoso del candil, y las gallinas se acogen bajo la piedra morna de las llares. SIMONIÑA, dando cabezones tras un cañizo, soltábase los refajos para dormir, y el sacristán bajaba del sobrado, descalzo y cubierto con una sotana vieja. En una mano trae negro cuchillo carnicero, y en la otra un pichel. Hablando con su sombra se sienta a canto de la piedra larera.  
PEDRO GAILO.- ¡He de vengar mi honra! ¡Me cumple procurar por ella! ¡Es la mujer la perdición del hombre! ¡Ave María; si así no fuera, quedaban por cumplir las Escrituras! ¡De la mujer se revira la serpiente! ¡Vaya si se revira! ¡La serpiente de las siete cabezas!  
SIMONIÑA.- ¿Qué barulla mi padre? ¡Ande a dormir!  
PEDRO GAILO.- Callar la boca es obediencia.  
SIMONIÑA.- Hoy achicó fuera de ley. ¡Ande a dormir, borrachón!  
PEDRO GAILO.- Tengo que sacar filo al cuchillo.  
SIMONIÑA.- ¡Borrachón!  
PEDRO GAILO.- ¡Toda la noche a la faena!… ¡Para vengar mi honra! ¡Para procurar por ella! ¡Ya va dando los filos! ¡Es mi suerte que me pierda! ¡Sin padre y sin madre te vas a encontrar, Simoniña! ¡Considera! ¡Mira cómo el cuchillo da los filos! ¡Tiene lumbres de centellón! Y tú, tan nueva, ¿qué harás en este valle de lágrimas? ¡Ay Simoniña, el fuero de honra sin padre te deja!  
SIMONIÑA.- ¡Condenada tema diole la aguardiente!  
PEDRO GAILO.- ¡Sin padre te quedas! Con este cuchillo he de cortar la cabeza de la gran descastada, y con ella suspendida por los pericos iré a la presencia del Señor Alcalde Mayor: Usía ilustrísima mandará que me prendan. Esta cabeza es la de mi legítima esposa. Mirando por mi honra se la rebané toda entera. Usía ilustrísima tendrá puesto en sus textos el castigo que merezco.  
SIMONIÑA.- ¡Calle, mi padre, que toda la sangre se me hiela! ¡Levantáronle la cabeza con cuentos! ¡Ay, qué almas tan negras!  
PEDRO GAILO.- La mujer que se desgarra del marido, ¿qué pide? Y los malos ejemplos, ¿qué piden? ¡Cuchillo! ¡Cuchillo! ¡Cuchillo!  
SIMONIÑA .-¡No se encienda en malos pensamientos, mi padre!  
PEDRO GAILO.- ¡Está escrito! ¡Mujer, pagarás tu vilipendio con la cabeza rebanada!… Te quedas huérfana, y lo mereces por rebelde. No me da ningún dolor de tu orfandad. Pues a lo mío. ¡Mira cómo el cuchillo reluce!  
SIMONIÑA.- ¡Arrenegado! Usted no es mi padre. El Demonio revistióse en su forma. ¡Tres veces arrenegado! ¿Qué gran culpa es la de mi madre? ¿Dónde se manifiesta ?  
PEDRO GAILO.- ¡Su culpa tú no la ves! ¡Cacheas por ella, y no la ves! ¿Y ves el viento que levanta las tejas? ¡Tu madre tiene sentencia de muerte!  
SIMONIÑA.- ¡Ay mi padrecito, esperemos que Dios se la mande! Usted no se cubra las manos de sangre. ¡Mire que habrá de verlas siempre manchadas! ¿Y quién nos dice que mi madre no volverá? PEDRO GAILO.- ¡Oveja que descarría, clamará en cortaduría! No te pongas de por medio, Simoniña. ¡Desapártate! ¡Déjame que prenda de los pericos a esa mala mujer! ¡He de arrastrarla por la cocina! ¡Berrea, gran adúltera! Llevarás una piedra entre los dientes, como los puercos.  
SIMONIÑA.-  Repórtese mi padrecito. Beba otra copa y duérmase.  
PEDRO GAILO.- ¡Calla, rebelde! ¿Por qué abriste la puerta para que se esvaneciese? Enterrada al pie del hogar, nunca descubierta sería…   
Del conjunto de esta breve exposición, se evidencia muy bien que, con Divinas palabras, estamos ante una obra estilísticamente densa, feliz y de gran eficacia artística.   
7. Contextualización cultural y autorial  
Ramón María del Valle-Inclán (Vilanova de Arousa, 1866 – Santiago de Compostela, 1936) es uno de los más destacados escritores españoles del Modernismo y de la Generación del 98. Su creación literaria abarca la narrativa, la lírica y el teatro, género este donde alcanzó cotas de gran calidad y originalidad. Su prosa preciosista, a veces exótica, a veces retoricista, lo acerca a la corriente modernista, que Rubén Darío había traído a España a principios del siglo XX; lo mismo ocurre con los temas, que avanzan del estudio de personajes y ambientes decadentes, aislados, rurales, donde la trama descansa en escaramuzas sentimentales del Marqués de Bradomín, a una observación aguda y acerada de la realidad social y política española de las primeras décadas del siglo XX. Posteriormente, evoluciona hacia un estilo más depurado y temas de contenido actual, social y cultural.  
Valle-Inclán muestra un dominio profundo de la lengua castellana en sus distintos registros y niveles. En sus obras, los personajes hablan como en la calle, en la taberna, en el campo, etc. Su prosa, depurada extraordinariamente, es una extensión natural del español en sus diversos ámbitos de uso, principalmente el rural campesino y milagrero-pordiosero de feria.  
Valle-Inclán evoluciona notablemente en su concepción artística, no solo teatral: comienza con tanteos modernistas bajo la impronta de Rubén Darío; luego se centra en ambientes y caracteres gallegos, en su etapa mítica; comienza a perfilar personajes risibles y tragicómicos en su etapa de la farsa; luego sucede la etapa del esperpento, en la que se ubica la obra que comentamos: personajes casi guiñolescos en un mundo violento y egoísta; sigue la etapa final, en la que apura la estética esperpéntica en personajes, temas y tratamientos: figuras ridículas, acartonadas, como de retablo, actuando irreflexiva y estúpidamente, con consecuencias trágicas.   
Supo encontrar un camino artístico propio en el que confluyen una mirada crítica y satírica de la realidad social con la creación de personajes grotescos y desfigurados. Los hace hablar y actuar con una gran precisión y desaliento: siguen causas perdidas, hacen cuestión de honor de asuntos menores, etc. El manejo del lenguaje, conviene insistir, es magistral; alcanza una gran originalidad con su combinación de registros y niveles, con una expresión concisa y sintética, pero de gran poder evocador. Por todo ello, estamos ante uno de los grandes escritores del siglo XX español.  
8. Interpretación de la obra
 
Divinas palabras nos ofrece una reflexión satírica, irónica y amarga sobre la España rural, versión gallega, de la década de 1910. Frente a la anécdota sangrienta y triste de la vida cotidiana de la trama (fallece una mujer andariega que se gana la vida exhibiendo a un hijo discapacitado por las ferias), se levanta una contemplación muy crítica de la situación social y política de la época.  
Valle-Inclán nos recuerda que existe: el engaño y la trampa como medio de subsistencia de gente pícara y ambulante, la terrible inmoralidad desesperada de los que tratan de ganar dinero a costa de un pobre hombre idiota, la concupiscencia descontrolada de algunos individuos, mezclado con la venganza y el rencor, etc. Al lado, vemos hermanos (los Gailo) que se odian, un padre que amaga con abusar de su hija, una esposa que abandona a su marido e hija para entregarse a la vida despreocupada, etc. La Tatula, que parecía un personaje denso y, aparentemente bondadoso, resulta una mujer taimada, astuta y malvada. Miguelín el padronés embriaga al idiota hasta que muere. Luego se vengará de Séptimo Miau, pero pagando las consecuencias Mari-Gaila. No hay piedad, solo egoísmo y dolor, producto de la ignorancia embrutecida y la falta de horizontes. Al pobre idiota los cerdos le comen la cara y las manos: acto máximo de crueldad repugnante de la que todos, sin excepción, son culpables. 
La pieza resulta, pues, amarga y desesperanzada. Más que Divinas palabras, título a todas luces irónico, debería haberse titulado “Amargas y absurdas palabras”, pues nadie sabe lo que significan, aunque las temen y por eso se muestran repentinamente sumisos. El subtítulo, “Tragicomedia de aldea” proporciona claves interpretativas de primer orden: estamos ante lances risibles y absurdos de desenlace trágico; la ubicación de la acción, en la “aldea”, indica que en cualquier lugar, incluso en los más remotos e incomunicados, la vida ofrece sus dosis de dolor y amargura a sus habitantes, que lo aceptan con resignación mítica y fatalista. La visión terriblemente pesimista de Valle-Inclán sobre la Galicia rural, milagrera y absurda, también tiene que ver con su situación personal: penurias económicas, falta de reconocimiento literario, etc. Si observamos el final, podemos apreciar su completo absurdo: el populacho veja a Mari-Gaila, pero todos reculan ante las palabras latinas, de un texto religioso, que nadie entiende. El temor a un castigo divino les hace cambiar de humor, aunque la causa es insustancial. La entrada a la iglesia de Pedro Gailo y su mujer, desnuda, es un espectáculo grotesco y absurdo. ¿Allí encontrará ella su perdón y él alivio a su comezón por verse deshonrado? 
Evidentemente, todo en la obra resulta exagerado, aunque con mucha sutileza. Si Galicia fuera eso a la altura de 1910, ahí no se podría vivir y las cosas hubieran ido mucho peor de lo que fueron. El esperpento, aquí ya casi desarrollado, exagera, deforma, ridiculiza, guiñoliza y trata como a un guiñapo a las personas y a la sociedad en la que viven. Es como un aldabonazo a la conciencia lectora, que no puede permanecer impasible y se le pide una reacción para enderezar el rumbo de una sociedad egoísta y moralmente deficitaria. En este sentido, su eficacia artística y su vigencia literaria se mantienen totalmente, y eso es lo que justifica su valoración de clásico moderno.

 

 9. Valoración
 
Divinas palabras es una profunda y magnífica pieza tragicómica que nos introduce en una época agitada de la historia de España. La lectura provoca una sensación agridulce de pena, dolor y rabia. Los personajes son patéticos, realizan acciones poco justificadas, guiados por la desesperación o por el egoísmo. Por otro lado, se expresan con una frescura y una propiedad asombrosas, lo que contribuye a una intelección significativa y fluida.  
La lectura resulta sorprendente lingüísticamente porque transmite la sensación de que el autor ha salido a las aldeas con un micrófono para recoger el modo de pensar y hablar del mundo rural, ignorante, aislado y abandonado. Por otro lado, el autor desliza una reflexión permanente sobre aspectos negativos de la vida cotidiana. El egoísmo cerril de casi todos provoca un ambiente inhóspito e irrespirable. Los pocos buenos, o menos malos, sucumben ante la fuerza de una sociedad un tanto embrutecida.  Por el contrario, Séptimo Miau, Miguelín y Tatula, los grandes urdidores de todos los males, no reciben castigo ni muestran mala conciencia en absoluto.
Desde luego, el acercamiento a esta magnífica pieza deja una memoria indeleble sobre Pedro Gailo y Mari-Gaila, sobre Séptimo Miau y otros. Su complemento es un paseo por la historia más dura de la España de las dos primeras décadas del siglo XX. Esto es justamente lo que hace que Divinas palabras pertenezca a la categoría de los clásicos: una lección de arte literario plena y significativa que nos hace disfrutar y nos obliga a reflexionar sobre nuestra historia y nuestra alma, incluso aunque sea doloroso.  
  
  
  1. PROPUESTA DIDÁCTICA
 
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).  
  
2.1. Comprensión lectora   
1) Resume la obra en su trama principal (300 palabras, aproximadamente).   
2) Señala su tema principal y los secundarios.   
3) Delimita los apartados temáticos o secciones de contenido.   
4) Analiza los personajes y establece su relevancia argumental.   
5) Explica los aspectos de lugar y tiempo en los que se desenvuelve la acción narrada.   
6) Analiza las acotaciones y resúmelas brevemente.   
7) Explica por qué esta pieza pertenece a la literatura contemporánea y a la Generación del 98 de modo más específico.   
8) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.   
  
2.2. Interpretación y pensamiento analítico  
1) ¿Qué rasgos propios de la tragicomedia moderna aparecen en este texto?   
2) ¿Se puede decir que existían muchas injusticias y poca moral, a juzgar por lo que leemos en Divinas palabras? Razona la respuesta.   
3) ¿Qué importancia posee el hambre y la inmoralidad, en sus distintas variantes, en este drama?  
4) Analiza el comportamiento de Pedro Gailo y Séptimo Miau, frente a Mari-Gaila y la Tatula. Anota similitudes y diferencias. Exprésalo en enunciados antitéticos cuando sea posible.   
5) El egoísmo es atroz en toda la pieza. Explica cómo se percibe en cuanto a personajes y acciones.  
6)  La muerte juega un papel interesante en el texto. Señala las personas que mueren, sus causas y consecuencias.  
7) Explica la importancia de las creencias míticas y la importancia del lenguaje religioso en esta tragicomedia.  
8) Compara y contrasta la vida de una persona como el idiota en la época recreada por Valle-Inclán y en la actualidad.   
  
2.3. Comentario de texto específico  
MIGUELÍN.- Es para lucido en una verbena del propio Madrid. Ludovina, dale una copa, que yo la abono, y trae papel, que le haré un bonete.  
EL SOLDADO.- Para una cabeza tan gorda, será solideo.  
EL IDIOTA.- ¡Hou! ¡Hou!  
EL SOLDADO.- Tú como sacabas dinero era con barbas, una joroba y el bonete colorado.  
EL IDIOTA.- ¡Hou! ¡Hou!  
MIGUELÍN.- Y con todo te verás, si caes en la mano del Compadre Miau.  
LA TATULA.- Págale otra copa, y estaos atentos. Cuando tiene dos copas se pone un mundo de divertido. Haz la rana, Laureano.  
EL IDIOTA ¡Cua! ¡Cua!  
MIGUELÍN ¿Quieres otra copa, Laureano?  
EL IDIOTA.- ¡Hou! ¡Hou!  
MIGUELÍN.- Dale otra, Ludovina.  
LUDOVINA.- Ya van tres por tu cuenta, tres perras.  
MIGUELÍN.- Cóbrate de ese machacante.  
LUDOVINA.- ¡Viva el rumbo!  
MIGUELÍN, la boca rasgada por una mala risa, y la lengua sobre el lunar rizoso del labio, hace beber al enano, que, hundido en las pajas del dornajo, se relame torciendo los ojos. Bajo la campana de la chimenea resuena deformado el grito epiléptico.  
EL IDIOTA.- ¡Hou! ¡Hou!  
MIGUELÍN.- Bebe, Napoleón Bonaparte.  
EL SOLDADO.- Píntale unos bigotes como los del Caiser.  
MIGUELÍN.- Voy a afeitarle una corona.  
LA TATULA.- Tienes ideas del pecado. A canto del hogar, un matrimonio de dos viejos, y una niña blanca con hábito morado, reparten la cena. Rosquillas, vino y un pañuelo con guindas. La niña, extática, parece una figura de cera entre aquellos dos viejos de retablo, con las arrugas bien dibujadas y los rostros de un ocre caliente y melado, como los pastores de una Adoración. El grito del idiota pone la flor de una sonrisa en la boca triste de la niña.  
LA NIÑA.- ¿Quieres pan de la fiesta, Laureaniño? ¿Y un melindre?  
EL IDIOTA.- ¡Releche!  
LA TATULA.- Se encandila viendo a la rapaza. ¡Es muy pícaro!  
EL IDIOTA agita las manos con temblor de epilepsia, y pone los ojos en blanco. La niña deja sobre el dornajo guindas y roscos, y vuelve a sentarse en medio de los padres, abstraída y extática. Con su hábito morado y sus manos de cera, parece una virgen mártir entre dos viejas figuras de retablo. LA MADRE Ludovina, no consientas que tanto le den a beber. ¡A pique de que lo maten!  
LA TATULA.- ¡Maldita palabra!  
EL IDIOTA, los ojos vueltos y la lengua muerta entre los labios negruzcos, respiraba con ahogado ronquido. La enorme cabeza, lívida, greñuda, viscosa, rodaba en el hoyo como una cabeza cortada. MIGUELÍN EL PADRONÉS, sesgando la boca sacaba la punta de la lengua y mojaba de salivilla el rizo de su lunar. Las otras sombras se inclinaban sobre el dornajo 
LUDOVINA.- No le quitéis el aire.  
MIGUELÍN.- Metedlo de cabeza en el pozo, que eso se le pasa.  
LUDOVINA.- Tatula, sácalo para fuera. Aquí no quiero más danzas.  
Con la boca cada vez más torcida, araña la colcha remendada del dornajo, y sus manos, sacudidas de súbitos temblores, parecen afilarse. La niña y los viejos guardan una actitud cristiana, recogidos tras la llama del hogar 
EL PADRE.- Lo acontecido no le acontece a la finada. Aquella tenía mano, pero este pronunciamiento de darle cada uno su copa…  
LUDOVINA Saca para fuera el carretón, Tatula.  
MIGUELÍN Mételo en el pozo, que eso no es nada.  
EL SOLDADO ¡Nada más que la muerte!  
LUDOVINA ¡Centellón! ¡Que no lo quiero bajo mis tejas!  
LA TATULA ¡Acaso no sea muerte total!  
LUDOVINA Yo miro por mi casa: ¡Y tú tienes toda la culpa, Maricuela!  
MIGUELÍN Después de que pago las copas, aún me vienes con apercibimientos.  
El enano había tenido el último temblor. Sus manos infantiles, de cera oscura, se enclavijaban sobre la colcha de remiendos, y la enorme cabeza azulenca, con la lengua entre los labios y los ojos vidriados, parecía degollada. Las moscas del ganado acudían a picar en ella. LUDOVINA había dejado el mostrador.  
LUDOVINA.- ¡Que no quiero compromisos en mi casa! ¡Centellón! ¡A ver cómo os ponéis todos fuera! LA TATULA.- Fuera me pongo. Pero conviene que todos se callen la boca de cómo pasó este cuento. LUDOVINA.- Aquí ninguno vio nada.  
LA VIEJA rueda el dornajo, y en el umbral de la puerta, blanco de luna, aparece la MARI-GAILA. Su sombra, llena de ritmos clásicos, se pronuncia sobre la noche de plata.  
MARI-GAILA.- ¡Salud a todos!  
LUDOVINA.- Oportuna llegas.  
MARI-GAILA.- ¿Qué misterio se pasa?  
LA TATULA.- Que la muerte no tiene aviso.  
MARI-GAILA.- ¿El baldadiño?  
LUDOVINA.- Espichó.  
MARI-GAILA ¡Espadas son desgracias! ¿Cómo a Séptimo le daría aviso? ¡Bien quisiera pedirle consejo!  
MIGUELÍN.- ¿Dónde quedó?  
MARI-GAILA.- Fue llamado del Casino de los Caballeros.  
LUDOVINA.- El consejo es darle tierra.  
MARI-GAILA.- ¿Tierra bendita? 
 LUDOVINA.- ¡No vas a enterrarlo al pie de un limonero!  
EL PADRE DE LA NIÑA EXTÁTICA.- Cumple en conciencia, y pon al hijo bajo la cruz de la madre.  
MARI-GAILA.- Habré de caminar toda la noche con el muerto en el carro. ¡Arrenegado el Demonio sea! Échame una copa, Ludovina. Tragos con tragos. Échame otra para que sea medio real. Si por mí preguntase Séptimo…  
LUDOVINA.- Tendrá respuesta. ¡Mari-Gaila, pónteme fuera! ¡No quiero más sobre mis bienes el aire del muerto!  
MARI-GAILA.- ¡Nuestro Señor Misericordioso, te llevas mis provechos y mis males me dejas! ¡Ya se voló de este mundo quien me llenaba la alforja! ¡Jesús Nazareno, me quitas el amparo de andar por los caminos, y no me das otro sustento! ¡No harás para mí tus milagros, no me llenarás el horno de panes, Jesús Nazareno! 
  
a) Comprensión lectora
1) Resume el texto, señala el tema e indica los apartados temáticos o secciones de contenido.  
2) Analiza brevemente los personajes que intervienen y su papel en la obra.  
3) ¿Qué ha ocurrido antes de este fragmento? ¿Y después?  
4) Indica el lugar y el momento donde se desarrolla la acción.  
5) Localiza y explica media docena de recursos estilísticos que embellecen el mensaje.  
  
b) Interpretación 
1) Analiza la importancia del alcohol en este fragmento y en la pieza teatral en su conjunto.  
2) ¿Qué provocó la muerte del “baldadiño”? ¿Quién es el principal responsable? ¿Da muestras de arrepentimiento?  
3) ¿Podemos afirmar que la sociedad de la época era humanitaria y solidaria?   
4) La Tatula incita a los presentes a darle más alcohol al idiota. ¿Por qué lo hace? ¿Qué consecuencias tendrá? ¿Qué pensar de la actitud de Ludovina, a todo esto?   
5) ¿Qué sentimientos muestra el Padre de la niña extática? ¿Es lo común en esta pieza? Explica las consecuencias que tendrá.  
  
2.4. Fomento de la creatividad  
1) Escribe un cuento, en prosa o en verso o forma dramática, con un contenido más o menos inspirado en Divinas palabras 
2) ¿Sigue existiendo el tipo de vida que se recrea en la tragicomedia? Razona tu respuesta y narra el tipo de vida, focalizando en la vida rural y mendicante que se lleva hoy.  
3) Realiza una exposición sobre Ramón del Valle-Inclán, sus obras y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.   
4) Aporta o crea imágenes de la vida rural gallega a principios del siglo XX (lugares, ambientes, etc.), en los que se pudo desarrollar este drama y comenta su significación.  
5) Leed algún fragmento del texto, de forma dramatizada, en grupos, ante la clase, acompañada la declamación de música e imágenes apropiadas.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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Una respuesta a Ramón Mª. del Valle-Inclán: “Divinas palabras”; análisis y propuesta didáctica

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