Miguel Hernández: “Elegía a Ramón Sijé”; análisis y propuesta didáctica

MIGUEL HERNÁNDEZ: “ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ”
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se 
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, 
a quien tanto quería)
[1] Yo quiero ser llorando el hortelano          1
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
[2] Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,               5
a las desalentadas amapolas
[3] daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
[4] Un manotazo duro, un golpe helado,           10
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
[5] No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.                 15
[6] Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
[7] Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,                       20
temprano estás rodando por el suelo.
[8] No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
[9] En mis manos levanto una tormenta                    25
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
[10] Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.                                30
[11] Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
[12] Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores                          35
pajareará tu alma colmenera
[13] de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
[14] Alegrarás la sombra de mis cejas,                    40
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
[15] Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.                             45
[16] A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910 – Alicante, 1942)
Publicado en el poemario El rayo que no cesa (1936)
  1. ANÁLISIS
1. Resumen
Este tremendo poema expresa el dolor inconmensurable del yo poético, fácilmente identificable con Miguel Hernández, tras la muerte fulminante de su amigo oriolano Ramón Sijé (su auténtico nombre era José Ramón Marín Gutiérrez) (Orihuela, 1913 – 1935). Mantenían una estrecha amistad y estaban unidos no sólo por el lugar de nacimiento, sino por las aficiones literarias, aunque de estética y trasfondo ideológico muy distinto. Hernández era un joven de 25 años, con apenas experiencia en el mundo literario madrileño, a donde había llegado en 1933. Había publicado un solo libro, aunque de gran resonancia y excelente acogida, Perito en lunas (1933), justamente con un prólogo de su amigo Ramón Sijé. Sin embargo, las biografías más autorizadas sobre el poeta aclaran que, cuando murió Sijé, ambos amigos se habían distanciado por su ideología política –Sijé era conservador y tradicional; Hernández, progresista y republicano más o menos comunista–. Hernández no acudió a su funeral y escribió su carta de pésame a la familia dos semanas después. A veces, la vida real y la literatura discurren por caminos divergentes y no tan ejemplares como deseáramos.
El poema que ahora comentamos, “Elegía a Ramón Sijé” aborda la muerte de su amigo, las circunstancias en que ocurrió, para adentrarse luego en sus efectos devastadores en el ánimo del yo poético: estupor e incredulidad inicial, rabia contenida, dolor desatado, deseo de resucitarlo a cualquier precio, aunque sea en forma de abono para animales y plantas, etc. Extenuado, acaso convencido de su conjuro poético para traerlo de vuelta, le anuncia que, ya juntos, podrán hablar de las cosas que los unían, siempre en comunión con la naturaleza. El texto de encabezamiento (¿dedicatoria, proemio, explicación?) de mano de Miguel Hernández aclara muy bien el contenido: Ramón Sijé ha muerto en Orihuela, pueblo de ambos; y ha muerto “como del rayo”, es decir, fulminado sin contemplaciones ni aviso previo. Y matiza, “a quien tanto quería”; podemos explicar, entonces, el origen del poema: una muerte repentina de un amigo muy querido de su localidad natal.
Linealmente considerado, podemos transcribir el contenido lineal: el yo poético comunica su deseo de revivir a su amigo, ejerciendo de hortelano, a través de árboles y flores (estrofas 1-3). Los dos últimos versos de la estrofa 3 vierte ya directamente el tema central del poema: el dolor por la muerte de su amigo. La estrofa 4 recrea cómo fue la muerte: súbita, violenta y “brutal”. Las estrofas 5 y 6 consignan las consecuencias sobre el yo poético de la muerte de su amigo: desolación, desesperación, ensimismamiento dolorido. Las estrofas 7 y 8 son una vuelta a la expresión de cómo se produjo la muerte: Sijé era joven y vino muy “temprano” para él (sólo tenía 22 años); luego expresa su reacción a este hecho: no perdona a nada ni a nadie por esa muerte injusta. En las estrofas 9, 10 y 11 el yo poético se apresura a realizar acciones desesperadas para tratar de devolver la vida a su amigo: clama al cielo, escarba la tierra y agujerea el suelo para buscar su cuerpo inane. Las estrofas 12, 13 y 14, con verbos en futuro, expresan la fe del yo poético que su amigo “volverá” para alegrar la vida de ambos; son una afirmación desesperada de su anhelo de ver redivivo a su compañero. Las estrofas 15 y 16, finalmente, expresan la ficción y el deseo de que el amigo muerto ha oído el requerimiento de su amigo y, en consecuencia, ha vuelto y él lo llama. Ya juntos, en el campo, podrán comunicarse y compartir todo lo que les une, como los campos de almendros que conocían de su infancia y adolescencia.
2. Tema
Podemos enunciar el asunto central así: lamento desconsolado, doloroso y rabioso por la muerte de un amigo, que genera desesperación y un vivo deseo de traerlo a la vida para seguir con su amistad.
3. Apartados temáticos
El poema posee una visible y sólida unidad temática. Todo el contenido gira en torno al dolor desesperado, a la frustración y rabia provocados por la muerte temprana de un amigo. Los intentos por resucitarlo, siquiera emocional o poéticamente, son un pequeño consuelo, al menos un lenitivo para aliviar su dolor.
Dicho esto, podemos apreciar modulaciones de contenido, que ya esbozamos en el resumen. Ahora las estructuramos ordenadamente:
A) El yo poético comunica su deseo de revivir a su amigo, ejerciendo de hortelano, a través de árboles y flores (estrofas 1-3, excepto los dos últimos versos de esta).El arranque con “Yo quiero” establece muy claro que habla de él mismo, de su dolor.
B) Los dos últimos versos de la estrofa 3 vierte ya directamente el tema central del poema: el dolorinsoportable por la muerte de su amigo.
C) La estrofa 4 recrea cómo fue lamuerte de Ramón Sijé: súbita, violenta, feroz y “brutal”.
D) Las estrofas 5 y 6 consignan las consecuencias sobre el yo poético de la muerte de su amigo: desolación, desesperaciónporque “No hay extensión más grande que mi herida” (13) y ensimismamiento dolorido, como un hombre enajenado (“Ando sobre rastrojos de difuntos”, v. 16).
E) Las estrofas7 y 8 implican una vuelta al subtema anterior, a la expresión de cómo se produjo la muerte: Sijé era joven y vino muy “temprano” para él (sólo tenía 22 años); luego expresa su reacción a este hecho: no perdona a nada ni a nadie por esa muerte injusta. Tal vez, justamente, por haberle cercenado la vida a su amigo tan prematuramente.
F) En las estrofas 9, 10 y 11 el yo poético se apresura a realizar acciones desesperadas para tratar de devolver la vida a su amigo: clama al cielo, escarba la tierra y agujerea el suelo para buscar su cuerpo inane.Son intentos desesperados por rescatar la vida de su amigo.
G) Las estrofas 12, 13 y 14, con verbos en futuroy en segunda persona del singular, cuyo sujeto es Sijé, expresan la fe del yo poético que su amigo “volverá” para alegrar la vida de ambos; son una afirmación desesperada y, a la vez, esperanzada, de su anhelo de ver redivivo a su compañero.
H) Las estrofas 15 y 16, finalmente, expresan el deseo desesperado, pero percibido como próximo, de que el amigo muerto ha oído el requerimiento de su amigo y, en consecuencia, ha vuelto y él lo llama. Ya juntos, en el campo,entre los almendros en flor del campo oriolano, podrán comunicarse (“hablar de muchas cosas”, v. 48) y disfrutar de su amistad.
4. Análisis métrico, de la rima y la estrofa empleada
En perfectos, robustos y sonoros versos endecasílabos, Hernández compone una serie de quince tercetos encadenados (11 A, B, A, 11 B, C, B…, con rima consonante, obviamente). La última estrofa del poema no es terceto, sino serventesio (11 A, B, A, B). Es como si el poeta hubiera necesitado sólo unas palabras más, un verso más, transformando el terceto en serventesio, justamente para expresar lo que le une a Sijé y cómo lo siente, proclamado con rotundidad: “compañero del alma, compañero” (49).
Hernández ha elegido una estrofa clásica, muy adecuada para sus propósitos: expresar con rotundidad y contundencia un estado del alma doloroso y arruinado. Los versos endecasílabos permiten cierta expansión, pero la brevedad de la estrofa impone la contención. El conjunto, al estar encadenados los tercetos, no sólo métricamente, sino por el sentido, permite un fluir, bien que atormentado, de un dolor inconmensurable.
5. Análisis de los recursos estilísticos
Este poema se nos presenta como una tormenta desatada de expresión del dolor. El yo poético siente la necesidad de expresar su angustioso y desesperado estado emocional; para ello, nada mejor que un poderoso y tumultuoso caudal verbal, engarzado con docenas –no es exageración– de recursos retóricos. Por orden de aparición, los desgranamos para que se aprecie el poderío poético de Miguel Hernández, apenas un joven de 26 años cuando compuso esta pieza:
1) En la estrofa 1 aparecen dos palabras clave que luego se repetirán más adelante, pero que adelantan su densa significación: “compañero del alma” (se repite en el último verso) y “temprano” (se repite en los versos 19, 20 y 21). El dolor aparece a través de un breve circunloquio y una elisión: “llorando” (v. 1). Aún no sabemos la causa del lloro, pero el verso 2 lo aclara: “de la tierra que ocupas y estercolas”. Sí, se habla de la muerte de alguien, con el cuerpo ya inhumado.
2) La hipérbole es el recurso más llamativo en la estrofa 2 y el primer verso de la 3: “Alimentando lluvias…” (v.4). Se sigue con una enumeración: “lluvias, caracolas y órganos”, en el que la lógica se tambalea producto de la rabia descontrolada. El yo poético, convertido en hortelano, alimentará amapolas con el corazón de su amigo difunto; de este modo, de alguna manera, él sigue viviendo en esas flores. La hipérbole que ocupa los dos últimos versos enfatiza su sufrimiento, también expresado por la derivación (o políptoton) de “dolor”, “doler” y “duele”.
3) Los dos versos finales de la estrofa 3 contienen una hipérbole llamativa: “por doler me duele hasta el aliento” (v. 9), reforzada por la metonimia de “costado” por el propio cuerpo dolorido del yo poético, y de “aliento” por el sentimiento de pena.
4) La estrofa 4 es intensamente significativa e impactante. Estamos ante una enumeración de cuatro elementos, metafóricos en sí mismos, pues son imagen de la muerte inesperada. Actúan como actos violentos (manotazo, golpe, hachazo y empujón), todos ellos sujetos del verbo “ha derribado”. Los adjetivos que acompañan a esos sustantivos, todos ellos pospuestos a estos, añaden notas de dolor insoportable. La sensación de destrucción violenta es la imagen que predomina en esta dramática estrofa.
5) Un símil hiperbólico abre la estrofa 5: “No hay extensión más grande que mi herida” (v. 13). Adquiere también un matiz sinestésico muy hermoso, al mezclar un término geográfico con otro corporal, “extensión” y “herida”, además metáfora del dolor. Otro símil cierra esa estrofa, estableciendo así un paralelismo que transmite sentimiento agónico. La antítesis “muerte” / “vida” (v. 15) muy bien el desconsuelo que arrasa al yo poético.
6) La imagen que crea la metáfora del verso 16 es muy lúgubre: “Ando sobre rastrojos de difuntos”. El poeta deambula por un campo yermo, sólo poblado por restos cadavéricos, solitario, ensimismado, como expresa con el polisíndeton “y sin calor de nadie y sin consuelo”. Los verbos en primera persona revelan la mirada interior, despavorida, aterrada, sin saber cómo reaccionar ante el paisaje de muerte que se extiende ante él.
7) La estrofa 7 está dominada por efectos de repetición: encontramos la anáfora de “temprano” en los tres versos, junto con los paralelismos correspondientes. Este no es tan evidente en el verso 21 porque utiliza la perífrasis “estás rodando” para crear una sensación de continuidad en el dolor, de agonía inagotable. Los verbos en tercera persona y el segunda cambian el foco del yo poético a la muerte y al amigo agonizante. Una tenebrosa imagen de la muerte y una personificación o prosopografía (“Temprano levantó la muerte el vuelo” y “temprano madrugó la madrugada (vv. 20-21) aportan una lúgubre plasticidad a la muerte como sujeto agente, llevándose ante nuestros ojos el cuerpo de Ramón Sijé.
8) La estrofa 8 está compuesta bajo el patrón de la anterior: tres anáforas y tres paralelismos para expresar el odio hacia la muerte que el yo poético siente a raudales. Su significación está intensificada por adjetivos casi paradójicos: “muerte enamorada” y “vida desatenta”. Los dos últimos sustantivos de la estrofa, “tierra” y “nada”, en gradación descendente, trasmiten muy bien la rabia dolorida del yo poético.
9) Otra hipérbole metaforizada protagonizada por el yo poético ocupa toda la estrofa 9. Éste provoca una “tormenta”, que es la expresión rabiosa de su dolor, de “piedras, rayos y hachas estridentes”, metáforas perfectas de objetos homicidas y destructores, acaso persiguiendo a la muerte, acaso provocando el caos producto de la desesperación. La enumeración de esos tres elementos crea un efecto de acumulación catastrófica que abruman al lector.
10) La estrofa 10 representa un momento de calma en ese caos. Vuelve a la tierra, como ya había hecho antes en la estrofa 1. La anáfora de “quiero” nos trasmite su voluntad de encontrar, o de hacer revivir, a su amigo, aunque sea a “dentelladas secas y calientes”. Estos adjetivos sensoriales, táctiles, algo sinéstesicos, aumentan la sensación de urgencia que apremia al yo poético.
11) En la estrofa 11 observamos una hábil construcción anafórica (el “quiero” del v. 31 se corresponde a los de los versos 27 y 29). Inmediatamente comienza una construcción paralelística y en polisíndeton, perfectamente graduados de modo ascendente, hasta que ocurra el milagro de hacer revivir a su amigo. Los verbos encontrar, besar, desamordazar y regresar (vv.. 31-33) expresan así el vivo anhelo del yo poético de traer a la vida a su amigo Sijé.
12) Una vez producido el milagro, los dos protagonistas se encuentran en el “huerto” y la “higuera” (lugares, seguramente, reales, donde ambos jóvenes hubieron de pasar buenos ratos de plática y amistad); este es el contenido de la estrofa 12 y el primer verso de la 13, pues el encabalgamiento se extiende hasta ahí y la unión semántica, como la sintáctica, es total y sobrepasa el espacio de la estrofa. El alma de Sijé volará, como ave, como abeja, de flor en flor, buscando el alimento. Las bellas metáforas que expresan este contenido, ahora en un paisaje de calma, campestre, de felicidad son: “andamios de las flores” v. 35), “pajareará” (v. 36) y “alma colmenera” (v. 36). Este ambiente de paz se ve reforzada por la hermosa metáfora de “de angelicales ceras y labores” (v. 37), aplicado al alma de Sijé: alude al trabajo de las abejas, noble y creativo, de naturaleza casi celestial, como el alma de su amigo.
13) Los dos últimos versos de la estrofa 13 comienzan con la anáfora y el paralelismo de “Volverás…” (v. 38) y refuerza la imagen de la resurrección de Sijé viviendo en el campo, entre las faenas campestres de los “enamorados labradores”. No por casualidad, el adjetivo “enamorados” metaforiza muy bien la presencia del amor, de la armonía natural, del ritmo cadencioso de las cosas naturales.
14) La estrofa 14, sumamente bella y muy eficaz a efectos comunicativos, gracias a ciertas metáforas y, sobre todo, metonimias. Ya con la presencia asegurada del alma de Sijé, traerá la felicidad a las “cejas” del yo poético, es decir, perderán su ceño sombrío. La “sangre” de Sijé, es decir, él mismo en cuerpo y alma (Hernández recurre a una expresiva metonimia), se dividirá entre el amor a su “novia” (v. 42) y a la actividad creativa, es decir, “las abejas”, metáfora de la noble labor cotidiana que crea productos superiores, como la miel. Significa que Sijé, vuelto a la vida, recupera la felicidad y la vida en su esplendor.
15) Parece que el yo poético se reconcilia con el mundo, pues, de algún modo, su amigo Sijé ha vuelto a la vida. Los verbos ya no están en tiempo futuro, sino en presente, como expresando un tiempo duradero, con pasado y con futuro por delante; es, en realidad, el empleo del presente atemporal: ha sido así, es y será. El corazón de Sijé reclama al yo poético que se junte con él en un campo de “almendras espumosas”, otra vez el paisaje rural idealizado como el lugar de la utopía y del milagro. Ciertamente, funciona como un locus amoenus, un refugio de felicidad. Resulta muy llamativa la imagen creada por una metáfora y una metonimia entrelazadas: “mi avariciosa voz de enamorado”. Esa voz es la del yo poético llamando o conversando con su amigo, que lo desea a su lado, pues siente amor por su persona.
16) La bellísima última estrofa apuntala la significación de la anterior. Comienza con una aliteración del fonema /l/ en los versos 46-47: “a las aladas almas de las rosas / del almendro…”. Crean una sensación de elevación, vuelo, ligereza aérea, etc., a tono con la sensación de que el alma de Sijé flota en el campo de almendros. El yo poético llama a su amigo (“te requiero”) para que se reúna con él en un apacible campo de almendros. La razón de ese exhorto es: “que tenemos que hablar de muchas cosas”; es decir, saciar un deseo de comunicación o comunión entre almas que se aprecian, que se sienten hermanas, como bien declara el verso final con su intensa epanadiplosis: “compañero del alma, compañero”. La expresión “compañero del alma” ya había sido utilizada en el verso 4: se crea así una sensación de viaje circular completo: como que se ha producido el milagro de hacer volver a la vida a su difunto amigo Sijé.
En realidad, esta elegía funciona como un conjuro: es una invocación desesperada al alma de su amigo para que regrese a su lado. Y en las dos últimas estrofas parece que la llamada poética ha surtido efecto, lo que explica el estado de calma y felicidad del yo poético, que parece haber encontrado la serenidad tras tormentosos momentos de rabia y dolor desesperado.
Como se ha podido apreciar en este recorrido –no exhaustivo, sin embargo–, el intenso trabajo retórico de esta elegía nos muestra una perfección formal y una elevación estilísticas asombrosas y en todo punto admirables. El sentimiento de rabia desesperada por la muerte de Ramón Sijé ha movido a Miguel Hernández a componer una de las elegías más bellas, profundas y estremecedoras en lengua castellana. El milagro poético se ha producido, sin duda, en línea con el que el poeta desea que se produzca y ficcionaliza en hermosos tercetos de impecable belleza y elevada perfección.
6. Contextualización socio-histórica y autorial
Miguel Hernández fue privado de una educación superior académica por diversas circunstancias de la vida, bien ajenas a su compromiso con la cultura. Esta carencia la subsanó con ávidas e insaciables lecturas en bibliotecas públicas y privadas de su Orihuela natal, además de la amistad con un grupo de jóvenes contemporáneos oriolanos con quienes compartía afanes literarios. La imposición paterna de dedicarse al negocio caprino, trabajando de pastor en los campos de Orihuela, no lo apartaron de su auténtica vocación, para la que estaba maravillosamente dotado: literato lleno de talento, empuje y originalidad.
Su nacimiento en 1910 lo apartan de la Generación del 27, pero su frecuentación y cierta amistad con algunos de ellos (Vicente Aleixandre, Rafael Alberti) lo unen indefectiblemente a ese grupo, del que es considerado “genial epígono”. También pasó por su breve etapa surrealista, para luego encontrar una voz propia más original y profunda. Su muerte prematura, injusta y absurda en 1942 es un episodio más de la terrible historia de España. Las últimas biografías sobre Miguel Hernández nos muestran que personas que pudieron ayudarle, de un bando y de otro, miraron para otro lado, o, simplemente, ignoraron, no sabemos hasta qué punto deliberadamente, las llamadas de auxilio de un hombre encarcelado que padecía bronquitis, tifus y tuberculosis. Murió en el penal de Alicante con 31 años. Si con esa edad nos dejó cinco poemarios y otras cinco obras dramáticas, ¡qué no hubiera escrito este excelente literato si hubiera gozado de una vida normal! Pero su destino trágico y atroz, en unos tiempos muy oscuros y tristes de la España del siglo XX, cortó su vida en su edad más granada.
En la poesía de Miguel Hernández se puede apreciar una voz potente y original que expresa sentimientos profundos, en cierta comunión telúrica con la tierra, o mejor, su tierra oriolana. Su pasmosa facilidad para la creación de imágenes muy expresivas nos transmite un corazón bullicioso, enamorado y generoso, con la mirada puesta en la mujer amada, en su hijo recién nacido, en las injusticias sociales, en las atrocidades de la guerra, etc.
El dominio que Miguel Hernández exhibe de la técnica poética es muy alto. Maneja os procedimientos retóricos con gran habilidad y naturalidad, lo que se plasma en poemas de significado denso, con poderosas imágenes que impactan en el lector de modo duradero. El empleo de un lenguaje muy variado, basado en un español recio, natural y como algo tradicional y rural imprimen a su poesía un tono clásico y duradero.
7. Interpretación
La elegía es la fórmula clásica para la expresión dolorida de la muerte arrebatadora. Miguel Hernández la emplea con plena consciencia de inscribirse en una corriente antigua y clásica, uno de cuyos hitos es Coplas a la muerte de su padre, del poeta castellano del siglo XV Jorge Manrique. Justamente en este modelo, y otros que ahora no vienen al caso, Hernández hubo de captar el tono solemne y grave, la expresión contenida y dolorida por la pena provocada por la muerte de alguien cercano y, finalmente, el volcado de sentimientos amargos y trágicos del propio poeta.
En efecto, así se percibe en la “Elegía a Ramón Sijé”. Hernández expresa con hondura trágica su dolor y muy subjetivizada, su rabia y su pena. Se centra más en sus aspectos íntimos que en los del finado, del que apenas se dice nada, lo que no deja de ser una pena. Acaso el lector pudiera captar las virtudes o rasgos positivos de Ramón Sijé, pero el poeta prefiere reservarlos para sí y no exponerlos al escrutinio público. El carácter subjetivo de esta elegía constituye, pues, un rasgo caracterizador. El foco poético se desplaza del difunto al dolor rabioso del amigo. Manrique se resignaba a la aceptación de la muerte, pero Hernández, no: trata de obrar un milagro, casi taumatúrgico, a través de la poesía, para que su amigo vuelva a la vida y retomen su amistad.
Las imágenes, asociadas al mundo natural y a las actividades campestres, son de una fuerza muy intensa. Nos representan muy vivamente el desconsuelo dolorido del poeta. Gracias a ellas, compartimos su pena y admiramos su poesía, viva y plena, esta sí, ajena al zarpazo de la muerte.
8. Valoración
“Elegía a Ramón Sijé” es un hermoso ejemplo de sentimiento hondo expresado con una acertada y feliz forma poética. La elección de la elegía en tercetos encadenados cerrados por un serventesio resulta muy eficaces para transmitir, con sinceridad y belleza, un sentimiento de desconsuelo.
La viveza de las imágenes llama la atención y perduran en la mente de lector, señal inequívoca de su eficacia literaria. Hernández ha sabido conjugar tan certeramente tristes sentimientos íntimos, bien reales, con un manejo tan solvente de la lengua y de los artificios poéticos, de naturaleza verbal, que alcanza una suprema forma poética, viva y estremecida, esta sí, perdurable.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el poema (100 palabras, aproximadamente).
2) Señala su tema principal y los secundarios.
3) Delimita los apartados temáticos, que no tienen por qué coincidir con las estrofas.
4) Analiza los aspectos métricos y de rima; deduce la estrofa empleada.
5) El poema es una elegía: explica por qué.
6) Señala las imágenes más importantes que jalonan el poema.
7) Localiza y explica una docena de recursos estilísticos y cómo crean significado.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
1) ¿Qué rasgos propios de la elegía se aprecian en el texto?
2) Indica las distintas fases psicológicas por las que pasa el yo poético.
3) ¿Qué importancia poética posee la naturaleza y la vida agrícola en el poema?
4) ¿Cómo se aprecia en el texto el valor de la amistad?
5) Fíjate en los tiempos y las personas verbales del poema. ¿qué podemos deducir del protagonismo y de la presencia de la muerte?
6) En el poema se produce un pequeño milagro. ¿Por qué?
7) Explica el sentido de la palabra “compañero” en este poema, teniendo en cuenta el complemento del nombre que lo acompaña. ¿Dónde aparece y qué significación posee ese hecho?
2.3. Fomento de la creatividad
1) Compón un poema o texto en prosa que sea elegíaco.
2) Imagina una conversación o plática entre Miguel Hernández y Ramón Sijé. Puedes darle un carácter teatral.
3) Realiza una exposición sobre Miguel Hernández, su poesía y su tiempo, para ser presentada ante la clase o la comunidad escolar, con ayuda de medios TIC o pósteres, fotografías, pequeña exposición bibliográfica, etc.
4) Aporta o crea imágenes de paisajes idóneos para actividades humanas, siguiendo el ejemplo de Miguel Hernández: un campo de almendros en flor para conversar con su amigo.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
Esta entrada fue publicada en Actividades prácticas de aula de Lengua y Literatura, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Miguel Hernández: “Elegía a Ramón Sijé”; análisis y propuesta didáctica

  1. Santos Gómez Juárez dijo:

    Yo creo que el poeta quiere ser el hortelano de la tierra que ocupa y estercola su amigo del alma, para convertirse en el guardián de sus vapores y efluvios, que luego se convertirán en savia, llegará a las flores, a la miel, a los pétalos, a los brotes…que los caracoles comerán, y que se convertirá en un todo en su huerta y su higuera…

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    • Su interpretación es razonable y plausible, Sr. Gómez. Un saludo.

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      • Santos Gómez Juárez dijo:

        Muchas gracias por su atención, pero tengo otra cosa que aclarar, el poeta no dice (En Orihuela, su pueblo y el mío, se
        me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
        a quien tanto quería), dice, “con quien tanto quiero”, y de ahí sale todo lo que el poeta luego escribe que quiere, “yo quiero ser el hortelano, yo quiero esto, o quiero lo otro”…
        saludos.

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      • Santos Gómez Juárez dijo:

        Perdón, quería decir, (con quien tanto quería) en lugar de (con quién tanto quiero)…

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