Antonio Machado: “Retrato”; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: Retrato
[1] Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,        1
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
[2] Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido         5
–ya conocéis mi torpe aliño indumentario–,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
[3] Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;                          10
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
[4] Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,                 15
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
[5] Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.                       20
[6] ¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
[7] Converso con el hombre que siempre va conmigo   25
–quien habla solo espera hablar a Dios un día–;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
[8] Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago                              30
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
[9] Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,                       35
casi desnudo, como los hijos de la mar.
1. ANÁLISIS
1) Resumen
Este poema, incluido en Campos de Castilla (1912) es uno de los más hermosos, hondos y completos de ese libro singular, auténtica piedra de toque de la poesía moderna española. “Retrato” es una visión intimista, reflexiva, global y existencial del propio poeta. Acaso debería haberse titulado “Autorretrato”, que es lo que realmente ofrece el contenido. Los verbos en primera persona nos indica muy bien que el poeta habla de sí mismo. Se describe, se analiza, se explica, se valora y, finalmente, establece un balance final de su vida, afortunadamente muy prematuro, pues Machado contaba con 32 años cuando escribió el poema y habría de vivir más de otros tantos. La extrañeza del título quizá proceda del deseo del poeta de objetivarse, como si intentase salir de sí mismo y verse desde fuera, como un mero observador de sí mismo.
El poema, denso y más largo de la habitual en Machado en este tipo de tema (íntimo y subjetivo; no nos referimos a los poemas narrativos como “La tierra de Alvargonzález”, incluido en ese mismo libro).
Por el contenido, el poema ofrece una estructura lógica muy coherente. Primero utiliza el eje cronológico: la primera y última estrofas se refieren a su infancia y niñez en Sevilla y su juventud y vida adulta en Madrid, respectivamente. El poeta recuerda con nostalgia su felicidad infantil en el “patio de Sevilla”; sabemos que ese patio es el correspondiente al palacio de las Dueñas, donde vivía su familia en régimen de alquiler. Su juventud y primera fase adulta nos la escamotea porque no debió de ser de su agrado algunas de sus vivencias (“casos”), acaso decepcionantes para la conformación de su personalidad y proyecto vital, ahora ya encauzado con la seguridad económica de ser catedrático de francés en el instituto de Soria; y también con el descubrimiento del amor verdadero y correspondido en la persona de Leonor Izquierdo. En la última estrofa se ve a sí mismo en el fin de su vida con la satisfacción de haber cumplido con sus deberes.
Las siete estrofas restantes ofrecen un cuadro completo de sus ideas e ideales; sueños, y ensueños; etc. En la segunda estrofa nos presenta su ideario amoroso: hombre cabal, ha huido de la imagen de conquistador donjuanesco, aunque también ha probado las mieles y las hieles del amor, pues de ambos ingredientes se componen las flechas de Cupido. Por cierto, ahí confiesa su “torpe aliño indumentario”, aspecto constatado por los que lo conocieron en vida. Machado no se preocupaba de la elegancia en el vestir y más bien era descuidado. Lo cual va a tono con su persona, más preocupado por el meollo que por la corteza, el contenido que el continente.
La tercera estrofa aclara su ideario político: hombre progresista, decididamente a favor del progreso, el avance en la construcción de un país más educado y equitativo. Sin embargo, huye de los extremismos revolucionarios y la templanza y la bondad son los criterios que rigen su vida política “buen” y “bueno” aplicado a su persona se repiten en el verso 12. Se resume su idea en la bella imagen del verso 10: “mi verso brota de manantial sereno”. El poeta no busca la soflama política ni el grito reivindicativo, sino la reflexión auténtica y meditativa.
Las estrofas cuatro, cinco y seis resumen su poética de modo claro y preciso: es poeta de contenido, hondura y reflexión, frente a los artistas “del nuevo gay trinar” y los “tenores huecos”. Parece que alude a los poetas modernistas más atentos a la forma y al efecto sensorial que al significado más auténtico. Con su poesía, indaga, explora, busca (“A distinguir me paro las voces de los ecos”): la verdad, la comprensión del misterio, el sentido de la vida. La sexta estrofa resume, a través de una interrogación retórica, las dos anteriores: más allá de etiquetas, nombres, movimientos, desea que su “verso” (feliz metonimia para nombrar toda su poesía) sea recordado por lograr hazañas poéticas, es decir, alcanzar cimas estéticas nuevas y perdurables.
La séptima estrofa nos presenta al poeta en su vertiente filosófica: es hombre que indaga, comunica y mantiene viva la esperanza. Entre dos paradojas de gran expresividad (conversa consigo mismo y soliloquio que lo conduce a la filantropía, el amor y afición a los demás), el yo poético se nos revela como un hombre preocupado por los demás… desde su intimidad bien cultivada
La penúltima estrofa, la novena, posee un extraño aire reivindicativo. A mi juicio desentona un tanto con el resto del poema, pues lo que era presentación ponderada y honda, se torna en reclamación casi airada, digamos que enfadada, de sus méritos (de escritor). Los elementos puramente materiales (“trabajo, dinero, traje, mansión, pan, lecho”) llenan una escena de la vida material de un profesor de vida ordenada y administrada. El tono concluyente que imprime “Y al cabo” (v. 29) nos indica que el poeta hace balance de su cuenta y haber para con la sociedad. La derivación creada con el verbo “deber”, dos veces en ese mismo verso, nos advierte de que el resultado final es muy favorable a él. Este juicio se entiende mejor si pensamos que Machado alcanza entonces su autonomía financiera y un sueldo que le permite vivir con dignidad como catedrático de instituto.
La última estrofa, muy conocida por su metáfora de la vida equiparable a un barco que no regresa y a sí mismo como un marinero “hijo de la mar”, retoma el tono existencial y se introduce en un terreno espiritual y casi metafísico, pues “el último viaje”, la muerte, imprime una gravedad transcendente a su contenido. Se ve a sí mismo en el trance de la muerte como se ha visto en vida: sencillo, elemental, concentrado en lo esencial, que prefiere eludir su formulación. Con esta estrofa cierra temporalmente el contenido poemático: había comenzado con la infancia y termina con la vejez, al pie del “último viaje”.
2) Temas y estructura
El poema aborda varios temas de gran enjundia:
– Análisis y reflexión del yo poético sobre la trayectoria de su vida, sopesando aspectos positivos y negativos.
– Contemplación ensimismada del sentido de la propia vida y de la significación del camino recorrido, bajo una perspectiva existencial y espiritual.
– Reivindicación de su persona y de su trayectoria como persona y como artista en relación a la sociedad en la que vive el yo poético.
El poema presenta una estructura de desarrollo lógico bien perceptible:
Un primer apartado se refiere a su infancia sevillana; es la primera estrofa.
Un segundo apartado (estrofas 2-8) consiste en un repaso de sus valores artísticos, de su poética y de su sentido existencial e ideológico de la vida.
El tercer apartado coincide con la última estrofa. Se trata de un balance de su existencia, pero visto en perspectiva, como viéndose de anciano y agonizando.
3) Aspectos métricos y de rima
El poema consta de  treinta y seis versos distribuidos en nueve estrofas de cuatro versos alejandrinos con rima en asonante ABAB. Estamos, por tanto, ante la estrofa del serventesio, pero no en endecasílabos ni rima consonántica, sino en tetradecasílabos y rima en asonante; Rubén Darío ya había compuesto sonetos en alejandrinos en Azul…; acaso influyó sobre Machado en esta elección métrica, poco frecuente, a lo que sabemos, en la poesía española. Se adapta muy bien a los contenidos graves, densos y de cierto carácter explicativo, más que deductivo o subjetivo, pongamos por caso.
4) Comentario estilístico
Machado crea imágenes de gran belleza e impacto lector. En la primera estrofa evoca su infancia a través de una bella metáfora: toda la infancia son “recuerdos” de un patio con dos elementos naturales: un huerto claro y un limonero. Ambos son metáforas de la felicidad, la alegría y el optimismo. Cuando pasa a la juventud, que la abrevia a través de una elipsis (la oración del verso 3 carece de verbo), escamotea el sentido a base de elipsis, desarrolladas en un paralelismo hermoso en los versos 3 y 4. Se establece un vivo contraste entre Sevilla y Castilla, entre la luz del sur y cierta oscuridad del centro y norte peninsular; tan triste es, que el yo poético se niega a recordar.
En la segunda estrofa aborda su vida sentimental. Nos confiesa que las conquistas amorosas no son parte de su carácter (lo expresa con dos antonomasias muy expresivas, referidas a dos conquistadores femeninos célebres en la historia literaria de España), siendo descuidado en su vestir, también conoció las amarguras del amor. Nos lo comunica con una bella metáfora, muy clásica, con las “flechas de Cupido” (v. 7).
La tercera estrofa plantea una reflexión ética. En el primer verso nos recuerda cierta punta de revolucionario, como lo declara la metáfora de “gotas de sangre jacobina” (v. 9). Aunque pronto se apresura a recordarnos que su talante es de quietud, pues su poesía brota “de manantial sereno” (v. 10); es esta una bellísima metáfora en la que declara la transparencia de su actitud existencial. La repetición de “buen” y “bueno” del verso 12 nos indica muy bien la importancia de la bondad en el carácter del yo poético.
En la cuarta estrofa establece sus presupuestos estéticos, bien simples, por cierto: la hermosura, la profundidad y la aversión a la superficialidad vocinglera. Lo transmite a través de varias metonimias y metáforas de bella factura (su aversión a la poesía entendida como adorno superficial, o como un gorjeo de pájaros desafinados y poco elegante). Insiste en su tendencia a la armonía y a la sencillez expresiva, pues se instala en la poesía esencial y equilibrada del poeta francés Ronsard.
La quinta estrofa continúa con la misma línea. Ahora identifica a los poetas superficiales con “coro de los grillos” (v. 18). Establece una bella metáfora con los términos “voces” (lo auténtico” y “ecos” (la repetición huera). Se preocupación por la autenticidad artística la expresa cuando dice que busca solo una “voz”, la suya, la auténtica personal.
 Cierra este apartado –sexta extrofa– con una interrogación retórica antitética en sí misma, pues no sabe si es clásico o romántico. Identifica la palabra con la espada del guerrero y expresa su deseo de pasar a la historia como un buen “guerrero” de la palabra.
 La séptima estrofa recupera un tono existencial y espiritual bien visible. A través de una bella paradoja se declara solitario  y buen escuchante de sí mismo. Su posición religiosa es algo ambigua, pero confía en un Dios bondadoso que no abandona al hombre que lo buscó.
La octava estrofa salda cuentas con la sociedad, desde un punto de vista más material. Utiliza la metonimia del “dinero”, “traje”, “mansión”, “pan” y “lecho” para explicar que trabaja como todos los demás para ganarse el sustento. Lo hace con respeto y acaso algo de decepción.
La novena y última estrofa es realmente sobrecogedora. Desarrolla una alegoría, con las metáforas de la vida como un río, el mar como la muerte y el viaje como el decurso vital. Se presenta a sí mismo como un hombre sencillo, libre y “casi desnudo, como los hijos de la mar”. En este intenso símil nos trasmite su llaneza y su generosidad en su planteamiento existencial. Su hondura deja al lector atónito y boquiabierto. En efecto, este supremo poeta se nos presenta a corazón abierto y, con versos sencillos, nos deja entrever el interior de un hombre bueno y sabio. No ha necesitado tantos recursos, pero la selección léxica es tan acertada que el mensaje se nos queda fijado con gran viveza en nuestra mente. Por eso Machado es un clásico de nuestra literatura: su pureza y autenticidad poéticas son, simplemente, indelebles.
5) Interpretación y valoración
Y de este modo, el retrato que el poeta ofrece de sí mismo es de una enorme hondura y significación. Se analiza y nos trasmite sus pesquisas sobre sí mismo con una radical honestidad y sencillez. Vida y muerte, poesía y diversión, amor y cansancio: todos los polos del humano vivir son tocados y fijados por el poeta con una mirada entre melancólica y reivindicativa.
La extraña armonía entre la forma y el fondo conforman un artefacto poético denso, serio y hondo. El lector, al final de la lectura, puede afirmar, “Así que este es Machado”. En efecto, es él, con su elegancia cadenciosa, su confesión a media voz, su reivindicación comedida. En conclusión, este retrato existencial y metafísico (casi nada físico; sólo se da una nota de su fisonomía en todo el poema), que es autorretrato, constituye una de las cimas de la poesía española por su hondura significativa, su elegancia formal y su densidad poética.
 2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Comprensión lectora
1) Un retrato suele ofrecer rasgos físicos y psicológicos. ¿Es este el caso? Razona tu respuesta.
2) Resume el contenido del poema recogiendo en una frase el contenido de cada estrofa.
3) Analiza la métrica y la rima y presenta tus conclusiones argumentadas al respecto.
4) ¿Qué persona predomina en los tiempos verbales y en los pronombres personales y posesivos? ¿Qué se deduce de ahí?
5) La conjunción “y” se repite al principio de varios versos que son el principio de sus estrofas. Localízalas y explica qué podemos inferir de ello?
6) Los versos 31 y 32 son un ejemplo de oraciones con la misma disposición de sus palabras. Aportan musicalidad y significación. Indica cómo se llama el recurso retórico y ofrece tu interpretación.
2.2. Actividades de ABP y Aprendizaje Basado en el Pensamiento
1) Documéntate sobre la vida de Antonio Machado y ofrece una biografía, presentada en una línea del tiempo, o con un programa de presentación tipo Power Point, que sea total y explicativa de sus diversos y dolorosos trances. También se puede realizar a través de un texto expositivo-argumentativo.
2) Machado afirma: “Y al cabo nada os debo; debéisme cuanto he escrito”. Recoge los escritos del poeta sevillano y razona si tenía motivos para estar orgulloso de su producción textual.
3) “Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar” es una imagen creada a través de una metáfora en la que vemos que la vida finaliza en un viaje en barco hacia la otra orilla, de la que no se regresa. ¿Es nueva esta imagen? Documéntate e indica su origen y su influencia en la literatura.
4) Localiza la parte del poema donde Machado expresa su opinión más bien negativa sobre la poesía de su tiempo y la posición de su poesía en ese contexto.
2.3. Fomento de la creatividad
1) Transforma en prosa el poema manteniendo su sentido.
2) Imagina un encuentro con Machado; tú eres periodista; realiza una entrevista para un periódico o revista.
3) Escribe tu propio “retrato” inspirado más o menos en el modelo de Machado, en la forma literaria que te parezca adecuada.
4) Realiza una exposición o presentación ante la clase o la comunidad educativa sobre la vida y la obra de Antonio Machado. Fotografías, dibujos propios, carteles y medios TIC enriquecen el contendio y aumenta el interés por la exposición.

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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