Antonio Machado: “Soñé que tú me llevabas” (poema CXXII de “Campos de Castilla”); análisis y propuesta didáctica

ANTONIO MACHADO: “SOÑÉ QUE TÚ ME LLEVABAS” (POEMA CXXII DE “CAMPOS DE CASTILLA”)
Soñé que tú me llevabas                 1
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,                 5
una mañana serena.
  Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,           10
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza, ¡quién sabe     15
lo que se traga la tierra!
1. ANÁLISIS
1. Resumen
He aquí uno de los poemas más bellos, intensos y hondos en lengua española, nacido del manantial creativo del excelso Antonio Machado. El poema relata un sueño que ha tenido el yo poético. Se dirige implícitamente a la persona con la que soñó –identificable con su esposa Leonor Izquierdo, recientemente fallecida–. El sueño consiste en un paseo por un paisaje bello, una especie de “locus amoenus” (campos verdes, sierras, cielo, mañana agradable, etc.). El yo poético destaca dos elementos de su amada: su voz y su mano, metonimia de la persona entera. El sueño fue muy intenso y el yo poético confiesa que fue como vivirlo en la realidad. Le ordena a su esperanza que siga firme, creyendo que ella volverá. La razón es que no sabemos lo que ocurre después de la muerte; acaso se produzca el reencuentro de los amantes en vida, en algún lugar y momento.
2. Tema
El tema del poema se puede enunciar así: anhelo porque la persona muerta vuelva a la vida para vivir felices ella y el yo poético. Acaso los sueños se puedan volver realidad, de modo que no debemos perder la fe.
3. Apartados temáticos
El poema presenta dos secciones de contenido claramente discernibles:
– Primera parte (vv. 1-12): relato de un sueño de un paseo idílico del yo poético con la persona que ama :  describe el lugar y narra las acciones; cogidos de la mano y hablando, pasean por un campo verde, en un día agradable.
– Segunda parte (vv. 13-16): confesión y lamento de que todo fue solo un sueño, y orden a su esperanza para que se mantenga firme y no pierda la fe de un reencuentro con la amada, pues los misterios de la vida y de la muerte son grandes y se podría producir el milagro.
4. Métrica y rima
El poema está compuesto por cuatro estrofas de seis versos las dos primera y dos versos las dos siguientes y últimas. Los versos octosílabos y la rima asonante en los pares, quedando libres los impares (8-,8a,8-,8a…), nos conducen al romance, forma estrófica muy cara de Machado, propia de la tradición poética oral española, de raíces hondas y antiguas.
5. Comentario estilístico
El poema que comentamos apareció con el número CXXII de “Campos de Castilla” (1912), uno de los libros de poesía más decisivos y hermosos de nuestra literatura. Sus contemporáneos ya lo vieron así, y nuestro juicio no ha cambiado un ápice. Se trata del poemario que recoge el cambio del Machado simbolista y modernista al Machado más intimista, personal, sensible a la realidad exterior, “noventayochista”, preocupado por el presente de España y el futuro de sus gentes. También manifiesta con una belleza asombrosa, por descontado, el descubrimiento de Castilla y del amor, en la persona de Leonor, su esposa prematuramente fallecida en 1912, poco después de la publicación de la primera edición de “Campos de Castilla”.
La estructura externa del poema es sencilla y de una eficaz inmediatez comunicativa.  En su elementalidad expresiva se puede contener el contenido más profundo, como en efecto ocurre aquí. Dos estrofas de seis versos octosílabos y otras dos de dos versos: eso es todo, pero es mucho. Con muy pocas palabras (menos de las que contiene un soneto, por ejemplo), nos invita a una reflexión sobre la necesidad de las ilusiones y los límites de la existencia. Como no podía ser de otro modo, nuestro poeta somete el lenguaje a un ejercicio de ductilidad y simplificación pasmoso. El resultado es evidente: pureza de sentido, hondura de significación, transparencia expresiva: un diamante poético que fulge incesantemente.
El texto poético recorre un camino de reducción exterior, el marco, digamos, reduciendo el campo conceptual, para aumentar la tensión significativa. El poema es como un embudo filtrador: al principio, caben varias sustancias, pero asistimos a un proceso de decantación y al final sólo queda la esencia misma: la posibilidad de que nuestros sueños pueden hacerse realidad. Existe un movimiento de lo más general a lo concreto: el marco físico, las montañas, y dos paseantes, el poeta, Machado y ella, presuntamente Leonor. En las dos últimas estrofas existe otro movimiento, pero no físico, sino conceptual: ahora son hechos frente a sueños; en la última estrofa, realidad frente a esperanza. No sabemos lo que hay tras la muerte, luego tenemos derecho a soñar para mantener viva la ilusión del amor y la dicha.
 El contenido se presenta a través de una anécdota: el yo poético sueña que pasea con su amada por las montañas, con un tiempo apacible. Sólo dos elementos físicos de ella atraen la atención: las manos amigas (se repite tres veces el vocablo) y la voz suave y prístina (se repite dos veces). A continuación, nos encontramos con la reacción del yo poético: aunque fuera un sueño, esos dos elementos físicos eran verdaderos, lo que aumenta su emoción y su deseo de creer que fue verdad, y no sólo un sueño; el poeta es el primer sorprendido, de ahí la entonación exclamativa de la frase entera que compone la estrofa. La suspensión que la cierra deja una puerta abierta a la expectativa.
La última estrofa posee un imperativo dirigido a la esperanza: “vive”. Tal es el deseo del poeta, que no quiere olvidar, ni dar por volátil su sueño. La razón última de su es el misterio de la existencia y el desconocimiento de lo que hay tras la muerte, que expresa con una perífrasis elusiva de mucha significación: “lo que se traga la tierra”.
La exclamación final, a modo de epifonema, sobrecoge al lector. ¿Puede ser verdad que un sueño se materialice? La esperanza de que el amor perdure más allá de la muerte (los ecos quevedianos son evidentes) puede ser mantenida incluso contracorriente porque ignoramos el destino último del hombre. Si pensamos en que Machado pensaría en Leonor, muy cerca de la muerte, o ya muerta, al componer este poema (si es de los que incorporó después de 1912), comprendemos en su cabalidad este bellísimo poema. Melancolía, dolor contenido, esperanza…
Un mero sueño, en el que se vive un paseo con ella (Leonor, sin duda, recreada con dos metonimias hermosas: mano y voz) y un paisaje montañoso: suficiente, en su esencialidad, para sobrecogernos con la reflexión final, cargada de anhelo, sin resignarse a aceptar que su presencia ya no es posible. El lector, de pronto, descubre que en una frase hecha del lenguaje familiar, se esconde el meollo de un anhelo profundo cargado de transcendencia. “¡Quién sabe lo que se traga la tierra!”.
El juego dialéctico de yo / tú (a veces traspasado en los posesivos mi / tu) señorea las tres primeras estrofas. En la última, sin embargo, el imperativo “vive” imprime un nuevo rumbo: el yo poético ordena a su ilusión que no se derrumbe porque el futuro de ultratumba no está escrito.
La construcción estilística es muy comedida y diáfana. Machado se dirige al fondo del asunto sin recovecos retóricos. Los epítetos cromáticos de la primera estrofa (“blanca”, “verde” y “azul”), aplicados a elementos naturales (“vereda”, “campo” y “monte”), dejan paso en la segunda estrofa a otros adjetivos más conceptuales y polisémicos (“nueva” y “virgen” aplicados a voz). Sin embargo, en la segunda estrofa son más abundantes las nominalizaciones adjetivales, lo que adensa y dota de cierta gravedad al contenido (mano “de compañera”; voz “de niña”; y alba “de primavera”). Y en las dos últimas estrofas, sencillamente, desaparecen los adjetivos porque ya no son necesarios. Es el momento de iluminar o desvelar el sentido poemático último de todo el contenido, y con sustantivos y verbos se sustancia expresa enteramente: la esperanza debe vivir porque ignoramos el futuro.
6. Contextualización
Antonio Machado (Sevilla, 1875 — Colliure, Francia, 1939) es miembro de la Generación del 98 y, por su cronología, le tocó vivir una etapa terrible en la historia de España. Su exilio final, a causa de la guerra civil española, con su madre ya anciana y, finalmente, su fallecimiento fuera de España atestiguan el dolor y desgarro con que acabó su vida. Con todo, su esencialidad poética, su pasmoso artístico para llegar a la médula de las cosas hace pensar que Machado hubiera sido un clásico de nuestra literatura en cualquier tiempo que le hubiera tocado vivir.
Antonio Machado es uno de los más profundos y sublimes poetas en lengua española. Se casó con Leonor Izquierdo en 1909, profundamente enamorados a pesar de los casi veinte años de diferencia entre los cónyuges. Sin embargo, el fallecimiento fulminante de Leonor, por tuberculosis, en 1912, truncó esa felicidad. Machado cayó en una duradera y honda etapa de dolor y melancolía. Su muerte en el exilio por la Guerra Civil puso fin a una vida realmente sobrecogedora, llena de tribulaciones y desgracias, que Machado supo encajar con paciencia y sabiduría.
Su poesía, delicada, grave, armónica y dotada de una hermosura sobrecogedora, figura entre los frutos más granados de la poesía española. Citaremos, de entre sus obras, su primer libro de poesía, Soledades (1903), el bellísimo y profundo Campos de Castilla (1912); es, en nuestra opinión, uno de los libros más hermosos de creación poética en cualquier lengua, momento y lugar. Las siguientes composiciones poéticas se fueron sumando a las distintas ediciones de Poesías completas (1928, la primera edición). Machado también escribió teatro poético al alimón con su hermano Manuel (por ejemplo, la primera pieza compuesta: Desdichas de la fortuna, o Julianillo Valcárcel, 1926). En los últimos años de su vida, Machado se entregó a la prosa poética, filosófica y reflexiva, utilizando dos heterónimos, Abel Martín y Juan de Mairena. Los dos títulos más importantes de este período son Juan de Mairena (1936) y el póstumo Los complementarios (1957).
7. Interpretación y valoración
La emoción contenida del poema respecto de Machado, las suaves alusiones y elisiones a su propio destino sentimental, seguramente con Leonor recién fallecida, contribuyen a la creación de una atmósfera intimista, naturalmente resignada, íntimamente dolorosa. En este sentido, el texto tiene algo de confesión de un dolor a duras penas amordazado, de rebelión ante el destino, de grito de la necesidad de mantener la ilusión contra viento y marea. He aquí un poema sublime en su significación y construcción, perla poética en su sencilla e inmarcesible transcendencia.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
(Estas actividades se pueden desarrollar y realizar de modo oral o escrito, en el aula o en casa, de modo individual o en grupo. Algunas de ellas, sobre todo las creativas, requieren material o herramientas complementarias, como las TIC).
2.1. Actividades de comprensión lectora
a) Resume el contenido del poema (100 palabras)
b) Señala su tema y los apartados temáticos en que se puede estructurar.
c) Fíjate en la persona en que están conjugados los verbos. ¿Qué se puede deducir de ello?
d) ¿Qué elementos de la mujer amada nombra el poema? ¿Cómo lo podemos interpretar?
e) ¿Cuáles son las frases exclamativas del poema?¿Qué sentido poseen?
f) El poema, ¿es optimista o pesimista?
2.2. Actividades de interpretación y pensamiento analítico
a)¿Por qué el paseo en sueños se da en “una mañana serena”? ¿Es la apropiada para el tipo de sueño del poeta?
b) ¿Quién habla en la última estrofa? ¿Cómo lo podemos interpretar?
c) Machado sufrió duros avatares en su vida personal. Documéntate y relaciónalos con el contenido del poema.
2.3. Actividades de Aprendizaje Basado en Proyectos
a) Un recital poético machadiano, acompañado de música e imágenes de los paisajes que frecuentó en vida y pudieron influir en su composición poética sería una actividad muy adecuada para entender y disfrutar de Machado.
b) Existen dos Machado íntimamente unidos y trágicamente separados, Antonio y Manuel. Se puede establecer, en un panel, cartel, o presentación digital, dos líneas del tiempo paralelas que incluya temas y estilo para comprender las concomitancias y divergencias de la poesía de ambos hermanos y la inverosímil separación final entre ambos.
2.4. Fomento de la creatividad
a) Identifica una esperanza que tú mismo, en contra de toda evidencia, te resistes a que muera definitivamente. Explica, en un escrito, tus causas y las consecuencias derivadas. Luego léelo a tus compañeros.
b) Machado muestra una predilección por el color azul (“el azul de las sierras, los montes azules”). Escribe un texto de la naturaleza que prefieras explicando tu color favorito. Después se puede leer para tus compañeros.
c) Transforma el poema en un texto narrativo o dramático manteniendo su esencia.
d) Realiza una exposición o presentación en clase sobre la vida y la obra de Antonio Machado. La combinación de texto, música e imagen suele proporcionar unos resultados estimables.

 

Acerca de Simón Valcárcel Martínez

Catedrático de enseñanza secundaria de Lengua Castellana y Literatura en Castilla y León. Doctor en Filología Española por la Universidad de Salamanca. Autor de novelas, cuentos y obras teatrales del ámbito infantil-juvenil. En la actualidad, es asesor de formación en el CFIE de León y profesor asociado en la Universidad de León, área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica. En este blog se puede encontrar: - Filología: artículos y monografías sobre temas y autores de la literatura española. - Didáctica de la Lengua y la Literatura: reflexiones, pautas y sugerencias para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, dirigidas a maestros y profesores de la materia. - Creación literaria: novelas y cuentos originales del autor, dirigidos especialmente a niños y jóvenes, pero también a adultos. - Actividades de aprendizaje de lengua y literatura: análisis textuales realizados acompañados de propuestas didácticas para mejorar y perfeccionar la competencia comunicativa.
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